AVISO:

Esta es nuestra web antigua.
La hemos dejado aquí para que todo el mundo pueda consultar
los artículos escritos antes de Noviembre de 2014 que todavía
no hemos copiado a su ubicación definitiva.

Para ver todos los artículos escritos desde Diciembre de 2014 en adelante,
por favor visita nuestra nueva página web.

A Vuelapluma #38

septiembre 4, 2010 por  
Publicado en: Artículos

Julio Calafat

Ajustes salariales contra el obrero, congelaciones , recortes sociales para ahorrar, práctica liberalización del despido con cualquier pretexto por fútil que sea, más de cuatro millones de parados, familias enteras sin medios mínimos de subsistencia, es decir, abocados a la hambruna, privatizaciones a destajo a favor de los buitres del capital y donaciones multimillonarias a los bancos para asegurar sus beneficios. Este es el panorama que nos deja el neoliberalismo tan bien gestionado por los pretendidos socialistas del gobierno. Hay que “ahorrar, reducir gastos” de la sanidad, la educación, .etc., etc.

Se prepara la venida a las Españas del farsante de Roma: derroche de millones de euros del dinero público, unos 40 millones de euros para la primera visita, y unos 300 para la segunda. Son muchos millones que se van a tirar literalmente de los que algunos pillastres con o sin sotana sacarán tajada. En Gran Bretaña los que quieran a asistir a las representaciones del Jefe del Vaticano, deberán pagar entre 12 y 30 euros. Debería el Gobierno tomar ejemplo y así, no sólo se ahorraría todos esos millones, además con los impuestos que se cobra a los espectáculos, (los montajes de súbditos vaticanistas de estos pagos son fastuosos) entrarían en las arcas públicas unos cuantos milloncejos que no vendrían nada mal. Y para empezar que sea la Propia Iglesia y su caterva de meapilas, los que cubran los gastos de los viajes de su jefe.

* * *

. El arzobispo de Burgos, que es algo así como un general de brigada, se lanza a la guerra contra la ley del aborto con más descaro y osadía que sus conmilitones tonsurados y llama a la insumisión. Desautoriza e insulta al Gobierno, al Parlamento, al Tribunal Constitucional. Con la prepotencia que caracteriza a estos gerifaltes vaticanistas declara que esa ley del aborto «…ha destruido más personas que las que hay en las ciudades de Zaragoza, Córdoba y Burgos.»No dice cuáles son sus fuentes informativas, seguramente una de ellas sea las declaraciones en confesión de sus feligresas. Este siervo del Gran Farsante comete, entre otros, el delito de la calumnia. Pero ni sus superiores, ni el gobierno (es difícil comprender tanta cobardía) han criticado a Francisco Gil Hellín, que así se llama el energúmeno arzobispo. El periodista Manuel Saco, en su columna de Público del 21de julio, denuncia la hipocresía de la Iglesia, recoge palabras de este arzobispo: «La falacia consiste en atribuir a políticos, jueces o ciudadanos un derecho que no tienen.» y concluye mordaz el periodista: «Lo dice todo un demócrata, representante de la Iglesia que prefiere la muerte por sida de millones de africanos antes que permitirles utilizar el preservativo en sus relaciones sexuales… ¿Quién es el asesino, monseñor mío?»

* * *

«Cuanto más pequeño sea el niño más posibilidades hay de que comulgue creyendo en la naturaleza del sacramento, creyendo que de verdad Cristo viene a vivificar su fe para siempre.» (Cardenal Cañizares). Cinismo canallesco. Se comprende que estén contra el aborto, y contra los preservativos y contra todo lo que pueda privar a los farsantes vaticanistas de materia prima…

Ya disponible el Número 36 de Octubre

mayo 24, 2010 por  
Publicado en: Prensa de la CIPOML

Accede a las noticias desde la Web o descárgalo en PDF.

El Dos de Mayo del Partido Popular

mayo 22, 2010 por  
Publicado en: Artículos

Carlos Hermida

Un año más, la conmemoración de los hechos del 2 de mayo de 1808 ha servido para que el Partido Popular difunda a gran escala el rancio nacionalismo españolista del que es fiel abanderado. El Ayuntamiento y la Comunidad –Gallardón y Esperanza Aguirre– nos han obsequiado con una orgía de patrioterismo castizo que presenta aquellos hechos como el inicio de una nueva Reconquista, la Covadonga madrileña, cuando la España eterna se alzó contra los nuevos infieles, pérfidos musulmanes en el 711 y malignos franceses en 1808.

La charanga patriotera, los desfiles militares, las ofrendas florales y las tergiversaciones históricas dejan en penumbra los aspectos revolucionarios de la guerra y la enorme responsabilidad de la monarquía en el desencadenamiento de la contienda. La Guerra de la Independencia no fue un levantamiento unánime de los españoles contra el invasor en defensa de la monarquía tradicional y la fe católica, tal y como difunde cierta historia oficial. Fue un proceso mucho más complejo en el que se entrecruzaron proyectos políticos diferentes en una coyuntura de crisis del Antiguo Régimen, y los orígenes del conflicto bélico no hay que buscarlos solamente en la ambición imperial de Napoleón Bonaparte y su proyecto de hegemonía francesa sobre el continente europeo. Están ligados también, y de forma muy directa, a las luchas internas de la monarquía española.

En la noche del 17 al 18 de marzo de 1808 se produjo el denominado motín de Aranjuez, instigado por el príncipe Fernando, hijo de Carlos IV, sectores de la nobleza y del clero, con el objetivo de apartar del gobierno a Manuel Godoy, responsable de la política española desde 1793, y conseguir la abdicación de Carlos IV en su hijo. Los amotinados lograron sus dos objetivos. Godoy fue detenido y depuesto de sus cargos y Carlos IV se vio obligado a abdicar. De esta forma, Fernando VII se convirtió momentáneamente en rey, arrebatando el trono a su padre, quien recurrió a Napoleón para recuperar lo que había perdido de tan mala manera. La carta que dirigió al emperador francés no tiene desperdicio:

Señor mi hermano: V.M. sabrá sin duda con pena los sucesos de Aranjuez y sus resultas, y no verá con indiferencia a un rey que, forzado a renunciar la corona, acude a ponerse en los brazos de un gran monarca, aliado suyo, subordinándose totalmente a la disposición del único que puede darle su felicidad, la de toda su familia y de sus fieles vasallos.

Yo no he renunciado a favor de mi hijo sino por la fuerza de las circunstancias (…)

Yo fui forzado a renunciar, pero asegurado con plena confianza en la magnanimidad y el genio del hombre que siempre ha mostrado ser amigo mío, yo he tomado la resolución de conformarme con todo lo que este hombre quiera disponer de nosotros y de mi suerte, la de la Reina y la del Príncipe de la Paz.

Dirijo a V.M.I. una protesta contra los sucesos de Aranjuez, y contra mi abdicación. Me entrego y enteramente confío en el corazón y amistad de V.M.I. (…)

Ante estas circunstancias, Napoleón, cuyas tropas habían entrado en España tras la firma del Tratado de Fontainebleau (1807), consideró que la incapacidad y corrupción de la monarquía española permitiría sin grandes dificultades la anexión de España al imperio francés. Llamados por el emperador a Bayona, Carlos IV y Fernando VII acudieron con presteza a la cita y allí, en presencia de Napoleón, padre e hijo discutieron, se insultaron, y terminaron abdicando en Bonaparte, a cambio de varios castillos en Francia y una renta de 30 millones de reales. De esta manera bochornosa, los Borbones traicionaron y vendieron a su propia patria, cuando eran los máximos responsables de su defensa e independencia. Napoleón nombró rey de España a su hermano José I y Fernando VII pasó a vivir un exilio dorado en Francia.

La sublevación madrileña del 2 de mayo, simultánea a los acontecimientos de Bayona, fue un levantamiento popular. La nobleza permaneció encerrada en sus palacios y los militares en sus cuarteles, a excepción de un puñado de oficiales que decidió enfrentarse a los franceses desobedeciendo las órdenes de sus superiores. Los jefes militares hicieron gala de cobardía, indignidad y traición.

La guerra adoptó desde sus inicios planteamientos revolucionarios. Frente a la parálisis y colaboracionismo de las autoridades tradicionales, surgieron unos nuevos órganos de gobierno que asumieron el poder y la soberanía. Fueron las Juntas, en principios locales y poco después provinciales, hasta la formación de la Junta Suprema Central, quienes se encargaron de organizar y dirigir la resistencia. Aunque en la mayoría de los casos estaban integradas por personas notables que provenían de los grupos dirigentes del Antiguo Régimen, su propia existencia suponía una ruptura con la organización política del anterior absolutismo monárquico. Por otra parte, la temprana derrota del ejército propició una nueva forma de lucha: la guerrilla. Se trata de un tipo de guerra irregular en el que partidas integradas fundamentalmente por campesinos, artesanos y miembros del clero hostigaban de forma continuada al ejército francés, atacando los destacamentos que protegían cargamentos de víveres o municiones, cortando vías de comunicación, destruyendo almacenes, etc. Contando con el apoyo de la población y el conocimiento del terreno, y evitando siempre los enfrentamientos a campo abierto, los guerrilleros obligaron a Napoleón a mantener en España un fuerte contingente de tropas para asegurar las principales ciudades.

Es evidente que la mayor parte de los españoles rechazaron la presencia francesa, pero hubo una minoría, los afrancesados, que colaboraron con José I. Algunos lo hicieron por oportunismo político, pero otros pensaban sinceramente que la nueva monarquía pondría en marcha reformas económicas y administrativas y modernizaría el Estado. Y no les faltaba razón. Dentro de sus limitaciones, José I suprimió la Inquisición, abolió la jurisdicción señorial, eliminó las aduanas interiores e inició la desamortización eclesiástica. Además, España tuvo durante esos años su primer texto constitucional, el Estatuto de Bayona, concedido por el propio Napoleón, en el que se suprimían los privilegios estamentales. El hecho de que la mayoría de los españoles rechazara la monarquía josefina no debe ser un obstáculo para reconocer que estas reformas constituyeron un claro avance respecto al absolutismo de Carlos IV, y el cruel despotismo aplicado por Fernando VII a partir de 1814 nos inclina a pensar, con la perspectiva que dan doscientos años de distancia, que el triunfo sobre los franceses fue un auténtico desastre para la mayoría de los españoles.

Los que decidieron enfrentarse con los franceses mantenían posiciones políticas e ideológicas muy diferentes. El clero, que tuvo una participación importantísima en la resistencia, luchaba por la continuidad del Antiguo Régimen, el absolutismo monárquico, los privilegios de la Iglesia y el mantenimiento de la Inquisición. Clérigos y frailes, como el cura Merino o “El Trapense”, para quienes Napoleón era la encarnación del mal, llamaron a la lucha y participaron activamente en la guerrilla.

En el sector opuesto figuraban los liberales, quienes comprendieron que la situación revolucionaria abierta por la guerra ofrecía el marco adecuado para desmantelar el Antiguo Régimen, establecer en España una monarquía constitucional y poner en marcha las reformas necesarias para la implantación plena del capitalismo. Representantes de los intereses de la burguesía, su programa político se concretó en la Constitución de 1812 y en la inmensa labor legislativa de las Cortes de Cádiz. Sin embargo, los decretos, las leyes y la propia Constitución elaborada por las Cortes gaditanas sólo podrían aplicarse tras la expulsión de los franceses y el retorno de Fernando VII. Y aquí residió el gran error y la enorme tragedia de esos liberales. Mientras combatían por la vuelta del que consideraban el rey legítimo, Fernando VII , conocido como El Deseado, vivía tranquilamente en el castillo-palacio de Valencay, enviando escritos de adhesión a José I, felicitando a Napoleón por sus victorias y solicitando al emperador que le convirtiese en su hijo adoptivo.

Los liberales no sólo pecaron de ingenuos al confiar en un individuo tan indeseable como Fernando VII, sino que tampoco fueron capaces de romper la influencia de la Iglesia sobre el campesinado. Para ello hubiese sido necesario dar una salida revolucionaria a la propiedad señorial de la tierra. La abolición de los señoríos, sin hacer distinción entre los jurisdiccionales y los territoriales, y la entrega de la tierra a los campesinos, habría permitido forjar una alianza entre las masas campesinas y la burguesía urbana, privando a los sectores absolutistas de los apoyos que disfrutaban en el mundo rural. Sin esa alianza, el primer intento de revolución liberal-burguesa iniciado en Cádiz estaba condenado al fracaso. Al liberarse del dominio francés, el pueblo español se encadenaba al despotismo fernandino. Una amarga victoria.

Madrid está hoy invadido por un ejército de especuladores inmobiliarios y corruptos políticos neoliberales dedicados a destruir los servicios públicos básicos. Capitaneados por Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre, los nuevos invasores privatizan la sanidad y la enseñanza, provocando un desastre social de incalculables consecuencias. El mejor homenaje que podemos rendir a los combatientes del 2 de mayo es iniciar un movimiento de rebeldía cívica que expulse a estos bárbaros que destruyen nuestro futuro. Construyamos un fuerte movimiento republicano para recuperar Madrid sobre la base de los principios de la justicia, la igualdad y la solidaridad.

¡¡¡ MADRID POR LA III REPÚBLICA!!!

Ya Disponible el Nº35 de Octubre

abril 20, 2010 por  
Publicado en: Prensa de la CIPOML

Accede a las noticias desde la Web o descárgalo en PDF.

Debates del Congreso: Leninismo frente a Revisionismo

abril 18, 2010 por  
Publicado en: Artículos, Prensa de la CIPOML

El campo de los comunistas está hoy muy disperso ideológicamente, organizativamente dividido y con escasa influencia entre las masas. Mas frente a la división, la propia reconstrucción de nuestro Partido es la prueba de que es posible la unidad sobre una base de principios, tras un debate y una práctica común, sin concesiones a una concepción formal de la unidad. Frente a la dispersión ideológica, nuestro Partido está empeñado en una pelea de principios contra las diversas deformaciones del leninismo que desorientan a muchos comunistas y les apartan de las que debieran ser nuestras tareas prioritarias en el momento actual.

El revisionismo moderno, en su versión carrillista, particularmente virulenta, ha inoculado en el comunismo español dos virus muy nocivos, de corte anarquizante: El primero de ellos es el cantonalismo, en sus dos versiones: el localismo y el caudillismo. Ambas desviaciones, bajo el barniz del ultrademocratismo, debilitan la participación de los militantes en la vida del Partido y en la orientación de su trabajo entre las masas; en un caso, al despreciar la política general y en el segundo al delegar en un jefe de filas, la dirección que debiera ser colectiva. En ambos casos, se termina por minar al partido y su vida colectiva, se facilita que su dirección caiga en manos de una pequeña camarilla y se anula la participación de los militantes en la vida interna.

El otro vicio, está íntimamente ligado al anterior y no es menos pernicioso. Se trata del sectarismo burocrático que aparece con el disfraz del liberalismo. El adocenamiento político que predica el revisionismo y su renuncia al carácter revolucionario del marxismo, suele ir acompañado de una concepción relajada y liberal del Partido y su relación con las masas. Para los revisionistas, el Partido es una organización de masas más, que disputa a las otras su hegemonía. El papel de los comunistas no es el de dirigir, sino el de suplantar a las masas, lo que lleva en momentos de reflujo de la lucha, como los actuales, a justificar su abandono político en el pretendido desinterés de la gente.

Como conclusión de este proceso, la izquierda institucional que se autodefine como comunista, está hoy debilitada hasta el extremo, la mayoría de su dirección y aparato controlados por camarillas que imponen su criterio a una militancia utilizada para la actividad diaria y para apoyar a tal o cual corriente en las continuas peleas internas.

Sus grupos parlamentarios y municipales (al menos en los Ayuntamientos más importantes) funcionan de manera autónoma, sin control de la organización, pregonando de puertas para afuera, sobre todo cuando se acercan las citas electorales, una retórica progresista, mientras la política práctica es contemporizadora y a menudo, de colaboración con el régimen.

Y, aunque el equipo del viejo traidor ya no está en activo, sus epígonos ideológicos siguen contaminando, no sólo a una parte sustancial de la dirección del PCE, sino a la de otras organizaciones surgidas de él tras la transición, que, aunque en algunas cuestiones (particularmente las referidas a la política internacional) continúan defendiendo el eclecticismo carrillista, en otras, atinentes a la política nacional y a la táctica de los comunistas, suelen apuntarse a un oportunismo izquierdista, particularmente sectario hacia las masas, cuyo atraso político se desprecia, con una actitud de desdén aristocrático.

Para ellos, la única movilización que existe es la que ellos encabezan, por muy marginal que sea. Se consideran a sí mismos como “demiurgos” de la lucha y terminan por frustrar así cualquier intento de avanzar en la unidad.

Es cierto que hoy las masas desconfían de la organización y de la política y por eso proliferan las formas más primitivas de coordinación: foros virtuales, movilizaciones puntuales, sin continuidad, etc. Pero, a la vista del panorama de la izquierda actual en España, ¿quién puede reprochárselo?

En esta situación, el movimiento de masas se enfrenta a una pelea muy dura, en una coyuntura marcada por la crisis capitalista; que no es sólo una crisis económica, sino también una profundísima crisis política que la oligarquía pretende afrontar acercándose peligrosamente al fascismo. Y lo hace en condiciones de extrema debilidad y con una izquierda institucional también debilitada, sin alternativas, al haber abandonado la perspectiva de clase y controlada por elementos degenerados y cómplices de la burguesía.

Hoy, nuestro Partido, encara su próximo congreso y debemos tener muy presente esta situación, porque los debates de nuestro congreso no sólo sirven a la organización para profundizar en el análisis de la situación y de nuestra intervención política; van a servir también de referencia a muchos comunistas desorientados y sin perspectivas, muchos de ellos, hoy manipulados por el revisionismo.

Hemos insistido muchas veces en la necesidad de reforzar nuestra ligazón con las masas e implicarnos activamente en sus luchas para orientarlas hacia la coordinación, la superación del localismo y de la despolitización, que son lastres que impiden alcanzar mayores objetivos.

Ese es, junto al reforzamiento ideológico y político de nuestro Partido, el eje central de los debates de nuestro congreso. Se ha avanzado mucho. La pelea ideológica contra las tendencias “radical oportunistas” y su tendencia disgregadora, y el reformismo conciliador, ha contribuido a abrir un debate en el campo comunista, en el que nuestra posiciones son vistas con respeto. La realidad ha venido a confirmar que tenemos razón al insistir en la necesidad de reforzar la unidad del movimiento popular y al exigir con la misma contundencia, claridad y firmeza de principios en el campo comunista.

Pero no somos conformistas: debemos avanzar mucho más en la articulación colectiva de nuestro trabajo entre las masas. Hay miles de trabajadores que están movilizándose por sus problemas inmediatos, a los que debemos llegar a través de sus organizaciones propias: sindicales, vecinales, culturales, estudiantiles, etc.

Hay miles de trabajadores que, faltos de orientación, buscan coordinarse a través de las más diversas formas, para unificar sus reivindicaciones. Son estadios primitivos de la organización, sin duda; pero hoy constituyen la parte más numerosa del movimiento popular que se separa cada vez más de la izquierda institucional y es una fuerza formidable cuando logra actuar al unísono. Es ahí donde está el germen de formas superiores de lucha que está en nuestra mano contribuir a crear.

Los comunistas no competimos con las organizaciones que se dan las masas; por el contrario, somos un elemento más en sus luchas, un elemento consciente y disciplinado, sí, pero no separado de sus experiencias prácticas.

En los combates por venir, el proletariado y las clases populares van a necesitar el máximo de unidad y los comunistas debemos trabajar denodadamente por ella, con nuestra capacidad de análisis dialéctico y nuestra vida colectiva.

No es pecado, es delito (de siglos)

abril 18, 2010 por  
Publicado en: Artículos, Prensa de la CIPOML

“A Dios rogando y con el mazo dando”
A. B.

“A Dios rogando y con el mazo dando”, máxima del clero que guía su quehacer cotidiano. Y lo llevan hasta las acciones más viles con los seres más inocentes, los niños. Se toman muy al pie de la letra las bíblicas palabras de Jesús: “dejad que los niños se acerquen a mí”. Más bien se acercan ellos. Y mucho. Bien para abusar sexualmente, bien para maltratar, o para ambas cosas.

La prensa y resto de medios tratan últimamente el tema con profusión y la jerarquía católica española y mundial se solivianta e, indignada, ofendida e insultada (?), muestra su “dolor y repulsa por la campaña difamatoria e injusta desencadenada en estas fechas contra su persona (el Papa)” (Ramón del Hoyo, Obispo de Jaén) y clama al cielo porque dicha “campaña de denigración y calumnias” “persigue manchar al Papa” (André VingtTrois, cardenal y arzobispo de París).

Aparte de que este señor Papa tiene muchas indelebles manchas, entre ellas una de sangre (1), la cuestión es que delitos de maltrato y abusos sexuales han salpicado a su “inmaculada” vestimenta. Su hermano, también capitoste de la Iglesia, maltrataba a los niños a su cargo del coro de la catedral de Regensburgo (2) y está, posiblemente, relacionado con delitos sexuales. Él mismo, siendo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (actual Inquisición), ocultó la profanación que el jefecillo de Los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, cometió durante décadas con el cuerpo de sus seminaristas (amén de las mujeres que se benefició) (3). Además, como tal prefecto (24 años en el cargo) conocía, y por tanto ocultó, todos los delitos sexuales de los clérigos, que quedaban bajo “Secretum pontificium”, cuya vulneración implica el castigo eclesiástico. “Hoy por ti, mañana por mi”, es otra de sus democráticas máximas, porque todo debe quedar en casa, ¡y es en casa donde hay que lavar la ropa sucia! (ingente). Y cuando la cosa transciende se compra el silencio de las víctimas, que para algo está el dinero, pingüe, del Vaticano. “Una buena capa, todo lo tapa”, y el manto de la Iglesia católica es rico y vasto como pocos, ¿verdad, señor Ratzinger? Mas, señor Ratzinger, se es ladrón, criminal aquí, por acción u omisión: tan delincuente es el que comete el delito como el que lo oculta.

A pesar de tanto silencio y velo, la mierda rebosa y lo hace por doquier: EE.UU., Alemania, Irlanda, Austria, Suiza, Italia, España,… Y eso que sólo se ve ésa, la que rebosa. A nuestro juicio la punta del iceberg, a tenor de esa “buena capa” y la complicidad o indiferencia de las autoridades civiles. Sin embargo el gallinero se revuelve y la clerigalla dice que la pederastia no es cosa de curas; recriminan (la mejor defensa es un ataque) que se presente “como un pecado del clero católico” (J. Sanz Montes, Arzobispo de Oviedo). Cierto es que habrá curas, y seguro que no pocos, que no sean pedófilos. Ahora bien, aparte de lo apuntado, de los casos denunciados (por cientos) y de los probados, las condiciones de vida de la casta sacerdotal, así como la impunidad de la que disfrutan (eclesiástica y civil), favorece esa moral y actos degenerados, pervertidos. La Iglesia católica es fuente de pecado, perdón, de delito. Como anillo al dedo viene la sabiduría popular: “La ocasión hace al ladrón”, “Fruta prohibida, más apetecida”, “Agua estancada, agua envenenada”.

La vileza de estos príncipes de la Iglesia llega a su cenit cuando metamorfosean el delito en pecado. Es el eje fundamental de su retórica, de su defensa. Nótese, por ejemplo, cómo el citado Sanz Montes habla, hábilmente, de “pecado” y no de “delito”. El mismísimo Petrus, parafraseando a la Biblia, dijo hace unos días en la oración del Ángelus: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Porque el pecado siempre se absuelve y al pecador, una vez arrepentido, ya se sabe… se le perdona (hay que ser “indulgente”) y punto. Y “cada uno a su casa y Dios en la de todos”. Como mucho se le aplica al susodicho el Código de Derecho Canónico.

Tampoco nos engañemos sobre la edad de este “pecado”, que es de siglos. La pederastia, el maltrato y las licencias sexuales en el seno de la Iglesia católica han sido siempre un “secreto a voces”; cosa de toda la vida. Quién no ha conocido, en persona o por transmisión oral, al cura del pueblo, o del barrio, que hacía tocamientos a los monaguillos u otros menores (se me viene a la cabeza la película de “La mala educación”). No pocas mozas y mujeres, a lo largo y ancho de esta piel de toro, han recibido los “favores” sexuales del párroco del lugar, luego llamado tío por su hijo/a. Tampoco han sido pocas las monjas que eran “agraciadas” por el clero, bajo y alto, que a veces se tenían que deshacer del fruto de su vientre.

A estos extremos lleva las condiciones de existencia del clero católico, la impunidad del aparato eclesiástico, y del civil, y su ideología, que proclama la virtud, la moral, la vida y su defensa, pero en realidad lleva en sus entrañas su contrario, la degeneración, la depravación moral y la muerte. Y puesto que “muerto el perro se acabó la rabia”, ya sabemos el Camino.

__________

(1) Recuérdese, entre otras cosas, su pasado nazifascista.

(2) Benedicto XVI fue ocho años catedrático de Teología en Regensburgo.

(3) Ya Papa, ordenó al pederasta Maciel que se retirara a una vida de “oración y penitencia”. Ahí quedó la cosa. Murió en 2008 sin ser condenado por la Iglesia Católica.

Síntomas Inquietantes

abril 18, 2010 por  
Publicado en: Artículos, Prensa de la CIPOML

Carlos Hermida

El diario EL PAÍS, en su número del día 2 de abril, publicaba un artículo del escritor Juan Goytisolo titulado “¡Viva la democracia corporativista!, en el que el renombrado novelista se mostraba perplejo por la escasa respuesta ciudadana ante los gravísimos casos de corrupción protagonizados por políticos del Partido Popular o la querella interpuesta por Falange Española contra el juez Garzón, y mostraba su preocupación ante la perspectiva de una victoria de los populares en las próximas elecciones generales, quienes implantarían en España el modelo político clientelar y caciquil de la Italia de Berlusconi. Aunque compartimos la inquietud del autor de “Juan sin Tierra”, consideramos que sus planteamientos describen sólo los síntomas, pero no la causa de la enfermedad.

Si la corrupción en nuestro país se ha convertido en un elemento estructural del sistema político, y no en algo excepcional como afirman desvergonzadamente los dirigentes del Partido Popular, enfangados por la red Gurtel y el caso Matas; si un juez es capaz de admitir a trámite una querella de la organización fascista Falange Española contra el juez Baltasar Garzón por investigar los crímenes del franquismo; si los partidos de la izquierda abertzale son sistemáticamente prohibidos; si los poderes públicos ignoran los informes de Amnistía Internacional sobre la tortura en España; si el sistema parlamentario es solamente una fachada que encubre realidades siniestras, todo ello tiene una explicación política que nos remite al período histórico de la Transición (1975-1978).

Fue en aquellos años donde se incubó el huevo de la serpiente. El vergonzoso pacto al que llegaron el PSOE y el PCE con las fuerzas franquistas impidió una verdadera ruptura democrática y permitió la continuidad del aparato de estado franquista con la monarquía a la cabeza. Al renunciar a la República, al permitir que los protagonistas de la represión de la dictadura — policías torturadores, jueces del Tribunal de Orden Público y militares– continuaran en sus puestos, incluso ascendiendo en el escalafón profesional, al dar su bendición a la Constitución antidemocrática de 1978, la izquierda oficial se hizo cómplice de una maniobra política mediante la cual la dictadura fascista conservó sus elementos estructurales encubiertos por un decorado formalmente democrático.

La corrupción franquista ha vuelto a aflorar, sin solución de continuidad, en el sistema parlamentario porque nunca ha existido la voluntad de perseguirla ni combatirla. Las corruptelas urbanísticas que han destruido nuestras costas, la malversación de caudales públicos, el cohecho, todas las prácticas delictivas que hoy saltan a las primeras páginas de los periódicos, no son otra cosa que la continuación de los turbios negocios de la dictadura. Y la querella contra Garzón es el fruto de la Ley de Amnistía que dejó en la impunidad a los asesinos franquistas, del pacto de silencio que permitió mantener cerrados durante decenios los archivos que albergan documentación sobre la represión, de la ignominia legal que ha imposibilitado exhumar las fosas comunes en las que están enterrados decenas de miles de republicanos, de la amnesia histórica programada y planificada para que los ciudadanos aceptaran todas estas iniquidades sin protestar.

¿Por qué siguen siendo legales los partidos fascistas en España cuando en sus páginas web se exalta el racismo, se lanzan proclamas contra el sistema democrático, se glorifica a Hitler, y muchos de sus afiliados han cometido asesinatos? ¿Por qué no se persigue el fraude fiscal? ¿Por qué no se considera terrorismo los accidentes laborales con resultado de muerte cuando la causa es el incumplimiento de las medidas de seguridad por parte de los empresarios? ¿Por qué se ha establecido una férrea censura en torno a todas las actividades del Rey y sus negocios? ¿Por qué el gobierno financia generosamente a la Iglesia Católica si estamos en un estado teóricamente no confesional? ¿Por qué se permite el desmantelamiento de la enseñanza y la sanidad públicas?

Demasiadas preguntas y una sola respuesta. No vivimos en un sistema democrático ni parlamentario, sino en un sistema bipartidista parecido al diseñado por Cánovas del Castillo en 1875, al comenzar la restauración monárquica. Allí era la monarquía alfonsina el fundamento del tinglado oligárquico y caciquil que en su momento denunciara Joaquín Costa, y aquí y ahora es la monarquía juancarlista impuesta por Franco, un asesino de masas, la pieza maestra del modelo político.

Se asombra Goytisolo de la pasividad ciudadana, y tiene razón. Hay apatía y desinterés, pero ha sido inducida por los partidos mayoritarios, que han visto en la desmovilización ciudadana la mejor baza para cometer impunemente sus trapacerías. Desde los medios de comunicación, y en especial desde las televisiones, se ha fomentado el individualismo y la insolidaridad, difundiendo mensajes reaccionarios a través de una programación demencial que coloca en las horas punta los llamados “programas del corazón”. Pero también ha influido notablemente la falta de una alternativa política clara. Izquierda Unida tiene en este sentido una responsabilidad enorme porque ha sido incapaz de constituirse en referente de la izquierda real; incapaz de dotarse de un programa capaz de aglutinar a los hombres y mujeres de izquierda.

La desorientación política y la frustración de amplias masas de la población, castigadas por la crisis económica, son el caldo de cultivo que permite el avance del fascismo. Que los falangistas pretendan ser víctimas de una persecución política y se querellen contra el juez que investiga el genocidio cometido por la dictadura franquista, es un síntoma de que entramos en un proceso de fascistización de gravísimas consecuencias. No pretendemos ser alarmistas, sino constatar un hecho objetivo. Hay elementos más que suficientes para afirmar que los derechos civiles y las libertades están sufriendo un retroceso notable, un recorte significativo. Por otra parte, cuando hablamos de fascismo y de fascistización no nos referimos al mismo modelo del período de entreguerras del siglo XX. Lo que afirmamos es que se están imponiendo formas de control de la población y actitudes políticas propias del sistema político e ideológico fascista.

Para frenar este proceso, para cambiar radicalmente la situación política, para solucionar los múltiples y graves problemas de este país, es indispensable articular una alternativa política republicana. Sólo la república popular y federal puede traer la verdadera democracia, devolvernos la soberanía nacional, la dignidad y la libertad. La lucha por la III República es el único camino político para construir un futuro de solidaridad, igualdad y justicia social.

El PP valenciano impone la especulación a porrazos en El Cabanyal

abril 18, 2010 por  
Publicado en: Artículos, Prensa de la CIPOML

Santiago Baranga

En Valencia ya hemos podido ver, sólo en los primeros días de abril, dos cargas policiales contra vecinos de El Cabanyal que se resistían a la destrucción de edificios de este barrio. Rita Barberá y los suyos imponen de esta forma su modelo urbanístico, haciendo caso omiso de las leyes, de los tribunales y, por supuesto, de las razones que asisten a los vecinos afectados.

Es sabido que, en el País Valenciano, las autoridades autonómicas y locales (con mayor énfasis en el caso del PP, pero no sólo) parecen creerse los argumentos con que han ido encubriendo sus incontables atropellos urbanísticos: a saber, y resumiendo, que el modelo desarrollista (léase franquista) basado en la construcción (y en la especulación, la prevaricación y el nepotismo, como se ha ido viendo) aporta riqueza, empleo y bienestar. Tanto da que dos años de crisis hayan demostrado sobradamente la nula validez de tanto “progreso”; el PP valenciano persiste en su línea en El Cabanyal y a lo grande, a golpe de porra y de bulldozer.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? El Cabanyal-Canyamelar es un barrio popular, originariamente un pueblo de pescadores, que ha mantenido vivas sus raíces. Allí pintó Sorolla, y allí se formó también, a principios del siglo XX, un notable “modernismo popular” que imitaba las arquitecturas burguesas de la capital. Los sucesivos planes de ordenación urbana respetaron, en general, la configuración original del barrio; pero esa franja litoral era un bocado demasiado apetitoso para los tiburones de la especulación.

Los orígenes del conflicto actual se remontan a 1988, cuando el Ayuntamiento del PSOE, siempre reticente a contrariar de forma decidida los intereses especulativos, dejó sin resolver el planeamiento del Cabanyal-Canyamelar. La derrota electoral en 1991 truncó incluso sus ambiguas resoluciones al respecto; sin embargo, el interés que no tuvo durante sus doce años de mayoría en Valencia se manifestó en 1993, cuando la Generalitat Valenciana de Joan Lerma declaró Bien de Interés Cultural (BIC) al Cabanyal. A pesar de esto, el Ayuntamiento del PP proyectó en 1998 (ya con el PSOE desalojado de la Generalitat) la prolongación de la Avenida Blasco Ibáñez hasta la playa, lo que incluía abrir nuevos espacios para levantar bloque de pisos. Ello supondría la desaparición de 1.651 viviendas, partir en dos el barrio y, por tanto, condenarlo a la desintegración: no sólo cultural, por la pérdida de su identidad como barrio, sino también física, porque así lo debía determinar la especulación subsiguiente.

El nuevo plan para El Cabanyal, denominado cínicamente Plan Especial Protección y de Reforma Interior (PEPRI), concitó de inmediato la oposición de los vecinos, que lo llevaron a los tribunales, que lo paralizaron desde 2002 hasta 2004, cuando el Tribunal Superior de Justicia valenciano dio la razón al Ayuntamiento, considerando «perfectamente legítima la actuación prevista». La plataforma Salvem El Cabanyal y la asociación de vecinos Pavimar recurrieron al Tribunal Supremo, que también dio vía libre al plan del PP en 2008. Fue una muestra más de hasta dónde llega la responsabilidad del “independiente” poder judicial en el crecimiento de la burbuja inmobiliaria y la corrupción que la ha acompañado, pero que nadie parece dispuesto a denunciar. Y es que aun hoy, tras las inhibiciones practicadas con el caso Gürtel y el bochornoso proceso iniciado por los fascistas de Manos Limpias, la judicatura sigue siendo intocable y se permite amenazar a quien ponga en duda su integridad (como hizo la portavoz del CGPJ hace unos días, a cuenta del proceso a Garzón); y eso, a pesar de no haber sido jamás depurada de elementos franquistas.

Pero, mientras el Ayuntamiento se aseguraba el visto bueno de la justicia, iba preparando los mecanismos necesarios para desarrollar su plan, siguiendo las técnicas mafiosas tan bien conocidas por los promotores del país. En julio de 2005 se constituyó la sociedad Cabanyal 2010, con un 50% de capital público y el resto en manos de inmobiliarias. Varias de ellas tienen como presidentes o principales accionistas a miembros del anterior Consejo del Valencia CF y de la Familia Real, ex ministros del PSOE y ex miembros del Consell del PP (1). Esta empresa mixta fue adquiriendo las viviendas de los vecinos que no quisieron esperar a las expropiaciones forzosas, sabedores de que las compensaciones ofrecidas suelen ser bien exiguas; de hecho, los vecinos afectados, generalmente ancianos, están siendo obligados a abandonar sus casas con míseras indemnizaciones de 500 euros por m2, cuando el precio de mercado ronda los 2.350 euros por m2.

Mientras llegaban los derribos, la empresa alquiló estas casas, sin luz, agua ni cédula de habitabilidad, a población marginal y personas sin recursos, incapaces de mantenerlas en condiciones adecuadas, para propiciar el deterioro de la convivencia entre los vecinos. La degradación así inducida se fue transmitiendo a los diversos sectores del barrio, incluidos los que no están afectados por la prolongación de Blasco Ibáñez. Y, además, se fomentaba la creencia de que el barrio seguiría siendo un foco de delincuencia y marginalidad si no se producía la reforma propuesta por el Ayuntamiento. Por si esto no bastara, desde 1998 el Consistorio ha venido denegando la concesión de licencias de rehabilitación; más aún, la alcaldesa ha ido retrasando la rehabilitación del barrio, condicionándola a una resolución judicial favorable, y ha culpado a los opositores por el retraso. Todo ello no ha hecho sino crear una verdadera fractura social en el barrio y acelerar su degradación durante estos doce años, provocando la marcha de muchos de sus antiguos habitantes, lo que ha allanado el terreno a los especuladores.

Está en juego la protección de un conjunto que constituye un paisaje urbano y que, como tal, quedaría gravemente dañado si se llevara a cabo el plan del Ayuntamiento. Pero, ante todo, el conflicto de El Cabanyal pone sobre la mesa las complicidades de un sistema corrompido hasta los cimientos, que viola sistemáticamente los derechos de los sectores populares sin permitirles siquiera que expresen su opinión sobre decisiones tan importantes para sus vidas. Más aún, en cuanto estos ciudadanos expresan su indignación, se les acusa de «violentos» y de estar manipulados, y finalmente se manda a los antidisturbios contra ellos. El Gobierno central, por su parte, sólo reaccionó con una Orden del Ministerio de Cultura del pasado 29 de diciembre de 2009, que consideraba el PEPRI como una expoliación y conminaba al Ayuntamiento de Valencia a suspenderlo inmediatamente. Pero ni esta Orden, ni la paralización decidida por el Tribunal Constitucional, han servido para frenar a un PP que no tiene ningún empacho en violar la legalidad del «Estado de Derecho» cuando le conviene. Algo similar cabe decir de un PSOE al que se le acaba la «firmeza democrática» en cuanto se trata de impedir atropellos a los ciudadanos. En este sentido, es notoria la hipocresía de un partido cuyo delegado del Gobierno colabora con el Ayuntamiento, enviando a la policía a cargar contra los vecinos, mientras sus concejales supuestamente apoyan a éstos frente a las excavadoras.

Durante la carga del 6 de abril, los vecinos concentrados imprecaban a los antidisturbios encargados de asegurar los derribos: «Vosotros, fascistas, sois los terroristas». Desde luego, no les faltaba razón en una Valencia donde, tras acabar prácticamente con la huerta, los especuladores han vuelto sus insaciables apetitos hacia el mar para llevar a cabo una auténtica deportación programada. Una infamia que, sin duda, ha mostrado a muchos los límites de esta falsa democracia, en la que las declaraciones públicas pueden variar al compás de las campañas electorales, pero donde los ganadores son siempre los mismos, asistidos fielmente por los partidos del régimen, la “justicia” y la policía. Una vecina declaraba, tras la carga policial, que no pensaba que estas cosas sucedieran en España. No sólo suceden, sino que se irán agravando en tanto se intensifique la crisis del sistema, a menos que pongamos fin a tantos desmanes con un profundo cambio político y social, que devuelva las riendas de sus destinos a hombres y mujeres como los de El Cabanyal.

(1) Véase el interesante reportaje “Cabanyal: presente, pasado, futuro”, en www.cabanyal.com.

A Vuelapluma #35

abril 18, 2010 por  
Publicado en: Artículos

Julio Calafat

Ante la avalancha de denuncias contra altos, medianos y pequeños miembros de la Iglesia, su Jefe el Papa, que fue nazi en su juventud y ahora se hace llamar Benedicto no sé cuántos, hace días soltó aquello de “ El que no haya pecado que tire la primera piedra….) La frase la dijo Jesucristo a propósito de una ramera. Nos queda la duda de a qué se refería el tal Benedicto, a las rameras o a los niños violados y toqueteados por los tonsurados. Y como él no ha tirado la piedra, pues surge la duda, ¿ha frecuentado las putas, o se hay cepillado a unos cuantos angelitos? ¿O ambas cosas a la vez? Con un cinismo increíble, mas viene de un Papa por lo cual es totalmente creíble, ha pedido a sus huestes que «no hagan caso de las mezquinas habladurías de la opinión dominante». O sea los miles de niños y niñas, y no tan niños y niñas, que han sufrido abusos sexuales en Irlanda, EE.UU. Alemania, Austria…etc., etc. incluida la catolicona España, son «habladurías». Lo de cinismo es poco.

Un columnista del diario «Público», con gran sagacidad ha encontrado la razón por la que el cardenal Cañizares (otro que tal) sale en defensa de su Jefe y afirma que la pederastia es menos grave que el aborto: «Se trata de [una razón] muy simple: si no nacen niños, los curas no pueden abusar de ellos cuando crezcan. Es un problema estricto de materia prima….» (29.3.10)

* * *

La bestia está viva, no murió como algunos ilusos creían. Esta viva, al acecho y suelta el zarpazo a la menor ocasión. Garzón tuvo la osadía de enfrentarse a ella, de tratar de sacarla de su covacha. Le cuesta un zarpazo. La justicia es un cachondeo, soltó el andaluz Pacheco hace años. Estaba equivocado, en manos de esos jueces que juraron fidelidad al franquismo, que con el apoyo vergonzoso del PSOE y otros partidos de «izquierdas» impusieron la indecente Ley de Amnistía, (o sea, borrón y cuenta nueva para el franquismo, sus crímenes, sus terribles años de dictadura) en manos de esa gente, incluidos algunos leguleyos de cara al sol, de una caterva de periodistas serviles y podridos, la justicia es un arma, no un cachondeo. Un arma que utilizan los asesinos de ayer (y sus descendientes) contra los que tratan de que no se olvide, que no se pierda la memoria. Faltan calificativos, en la prensa no domesticada, surgen los de infamia, vergüenza, canallada. Pero a estos fascistas, apenas camuflados, no les importa. Ellos, impasible el ademán, defienden, ¡faltaría más! La memoria de los felones Franco, Mola, Sanjurjo, Varela (¿es una coincidencia el nombre?) He ahí a los nazis de Falange, a los incalificables elementos de las llamadas Manos Limpias refocilándose en su propia mierda.Y los aznáridos, con el «insufrible hombrecillo» a la cabeza, sonríen beatíficamente.

* * *

Mientras tanto en el Cabanyal, pintan bastos, y de qué manera. La cachigorda y grosera amante de los bolsos de lujo, se pasa por donde le da la gana las resoluciones del Ministerio de Cultura. Fiel a sus principios ¿? soluciona las diferencias con los vecinos a porrazos. Pues menuda es ella, como para dejarse intimidar.

A Vuelapluma #34

marzo 14, 2010 por  
Publicado en: Artículos

Julio Calafat

La declaración de bienes del Sr. Camps, el de los trajes, es un modelo de cinismo y caradura. Al parecer sufre para llegar a final de mes, igual que la pizpireta y zafia lideresa madrileña Condesa de Murillo, más conocida como «la Espe». Con lo poco que gana el tal Camps, pagar esos lujosos trajes que viste es un milagro. O se los paga su «amiguito del alma», que para eso están los amiguetes. Bueno, lo único importante de este asunto, es la falta de respeto y consideración a sus votantes a los que toma por imbéciles (el «trepa» Rafael Blasco- del FRAP al PP pasando por el PSOE- afirma que servir al pueblo cuesta mucho dinero…). ¿Todos los que votan a Camps y cía. son imbéciles? Cuesta trabajo creer que haya tantos. Habría que saber cómo son los porcentajes: un % de aprovechados correligionarios que comparten ideas y prácticas; otro % de ingenuos, gilimasoquistas, perdularios, etc. Y otro % de la beatería y legión de meapilas seguidores acérrimos del vaticanismo rouquista que veneran al beatífico presidente de la Generalitat como un santo más. Sabido es que lo de la trama Gürtel es una invención del juez Garzón que va a ir de cabeza al infierno.

***

El insigne Vustrid Kalminari interroga:

-¿Cuál es el principal problema de España?

– ¡Los Estados Unidos!

-¿Y el segundo?

– ¿Más aún?

* * *

Acoso y derribo a Garzón: Por los honorables capitostes del PP; por los no menos honorables cabecillas de la Gürtel; por los archidemócratas de Falange y de esas manos que se dicen limpias aunque hieden; con todo respeto, faltaría más, por las ilustrísimas señorías afines al PP, que copan el TS. Demasiadas fuerzas coaligadas contra el Juez. Son los más fuertes. ¿Se equivocó Platón al declarar que «la justicia no es otra cosa que la conveniencia del más fuerte.»?

¿Van sólo a por Garzón? Son fascistas declarados unos, vergonzantes otros, gente de buen, muy buen vivir. Camanduleros, turiferarios, camastrones, bellacos, santurrones, pícaros doblados de cazurro… Son una de las dos Españas que decía Machado, aunque no son dos, son tres, pues la tercera la formamos los que nos rompen el corazón. No, no es sólo Garzón el objetivo.

Página siguiente »