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Las secuelas de la guerra del 14

noviembre 16, 2014 por  
Publicado en: Artículos

PGMPor Carlos Hermida

La guerra que comenzó en 1914 fue conocida en su momento como “La Gran Guerra”, debido a la enorme movilización de recursos humanos y materiales, al número de países participantes y, por supuesto, por las consecuencias que tuvo. Fue una contienda que cambió el mundo, hasta el punto de que puede afirmarse, como hizo el historiador Eric Hobsbawm, que el siglo XX comenzó en 1914.

La guerra fue una hecatombe demográfica. Nueve millones de muertos y veintiún millones de heridos fue el balance de cuatro años de sangrientos combates, que dejó en los principales contendientes inmensos desequilibrios por sexo y edad. En Francia y Alemania, la mayoría de las familias habían perdido a alguno de sus miembros o habían sufrido lesiones de consideración. Las ciudades se llenaron de hombres lisiados, sin piernas, brazos o con el rostro terriblemente desfigurado. Fue el resultado de una guerra imperialista y de la actuación criminal de los Estados Mayores, empecinados en una táctica de guerra de trincheras que muy pronto se demostró incapaz de alcanzar una victoria definitiva. Las ofensivas y contraofensivas se convirtieron en picadoras de carne humana.

Desde el punto de vista territorial, el final de la guerra produjo una transformación radical del mapa de Europa. El imperio austro-húngaro se desintegró y en su lugar surgieron Austria, Hungría y Yugoslavia. Polonia se convirtió en país independiente, Rumanía amplió sus fronteras y, a consecuencia de le revolución rusa, Estonia, Letonia, Lituania y Finlandia adquirieron la independencia. Alsacia y Lorena volvieron a Francia y Alemania sufrió algunas pérdidas territoriales. La cartografía política de 1914 era inservible tras los tratados de paz de 1919.

En el orden político, los cambios fueron trascendentales. Los cuatro imperios existentes en 1914 desaparecieron. La “Caída de las Águilas”, convirtió a los imperios alemán y turco en Repúblicas, el imperio austro-húngaro desapareció como entidad territorial y política y una buena parte de los nuevos países adoptó el régimen republicano. Con relación a 1914 se había producido una democratización de la vida política. Pero, sin duda, la consecuencia política decisiva fue la revolución bolchevique. La revolución socialista de Octubre impactó decisivamente en la marcha de la guerra. La firma de la paz con Alemania en marzo de 1918 (Paz de Brest-Litovsk) y la publicación por el gobierno bolchevique de los tratados secretos firmados por el zar con sus aliados causó una tremenda conmoción en las masa de combatientes. El año 1917 se rompió el consenso social alcanzado por la burguesía en 1914 gracias a la traición de los partidos socialdemócratas, proliferaron las huelgas en las fábricas de armas y en el ejército francés hubo motines entre los soldados. La ilusión de la guerra patriótica se desvanecía a marchas aceleradas y se creaba una situación revolucionaria. En noviembre de 1918, un movimiento revolucionario de marineros y soldados derrocó en Alemania al emperador, fue proclamada la República y el nuevo gobierno aceptó la rendición. Incluso en los países vencedores la agitación social fue la tónica de los primeros años de posguerra. Los ecos de la revolución rusa llegaron a todos los rincones del mundo y el comunismo se expandió con rapidez entre el proletariado. Sin embargo, la guerra tendría otra consecuencia política de signo contrario. La crisis económica, social y política de los años 1919-1923 engendró el fascismo. Entre los excombatientes que retornaban a sus pueblos y ciudades, habituados a la violencia extrema de la guerra y que ahora se hallaban sin trabajo, prendió un mensaje nacionalista, anticomunista y “anticapitalista” que prometía una regeneración revolucionaria. No es una casualidad que Hitler y Mussolini fueran excombatientes y que los primeros grupos fascistas surgieran en 1919.

La guerra también provocó cambios políticos en las colonias. La contienda debilitó a las potencias europeas y los líderes nacionalistas comprendieron que esa debilidad suponía una oportunidad para lograr la independencia o mayores cotas de autonomía. Hubo otro factor que incidió en el auge del nacionalismo anticolonial. La burguesía había justificado el imperialismo con la coartada ideológica de que los europeos estaban llevando la civilización a regiones bárbaras y atrasadas. Esa supuesta superioridad moral se derrumbó con la guerra mundial. Los civilizados europeos se habían masacrado durante cuatro años en una contienda que nunca había tenido lugar en otros continentes. Después de la batalla de Verdún, ¿quiénes eran los bárbaros?

En el orden militar las consecuencias fueron notables. Los militares estudiaron a fondo la guerra y comprendieron que la victoria de la Entente se debió a la superioridad de recursos humanos y económicos; es decir, fueron el esfuerzo industrial y el mantenimiento de la moral entre los ciudadanos los factores de la victoria. En consecuencia, en la siguiente guerra el objetivo sería destruir el potencial económico del enemigo y destruir la moral de sus ciudadanos. Atacar la retaguardia iba a constituir un elemento tan importante como ganar batallas en el frente. Es muy significativo que en el período de entreguerras las grandes potencias se dotaran de una fuerza aérea capaz de bombardear ciudades, arrasar fábricas y destruir infraestructuras.

El arte, la literatura y el mundo de la cultura en general se vieron afectados por la Gran Guerra. Cundió el pesimismo y la fe en el progreso y la democracia sufrieron un duro golpe tras cuatro años de matanzas. En ese contexto de desilusión y frustración se extendió el fascismo entre las clases medias y la pequeña burguesía. Solo la Rusia soviética aparecía como valladar frente a la reacción y el oscurantismo y ofrecía un modelo alternativo a la barbarie capitalista. De las entrañas de la guerra surgió la luz de Octubre que nos sigue iluminando y marcando el camino hacia la liberación de la humanidad.

El “nobel de la paz” toca tambores de guerra

abril 10, 2014 por  
Publicado en: Artículos, Internacional

J. Romero. En nuestros últimos documentos, hemos venido insistiendo en que la situación internacional se vuelve, conforme se alarga y profundiza la crisis económica, más y más fluida. El surgimiento de nuevos actores en la escena internacional, el incremento de las contradicciones inter imperialistas, la pugna entre las potencias, “evanescentes” y emergentes, etc; todos ellos son fenómenos que marcan claramente la evolución de la política internacional hacia la inestabilidad, el enfrentamiento económico y la guerra.

Se producen cambios en esta tendencia general, desde luego, pero el sentido descrito permanece. En los últimos meses, por ejemplo, hemos asistido a una serie de novedades “sorprendentes “ y en ocasiones contradictorias entre sí: viraje hacia el Pacífico del área de tensión inter imperialista; apuesta aparente por las vías diplomáticas en el próximo oriente (Irán, Siria, etc); vuelta de Rusia de la mano del heredero de Yeltsin,  Putin, al primer plano internacional; declive permanente de la Unión Europea sumida en una crisis interna que parece no tener fin, enfrentada desde hace años a la contradicción de construir una estructura política eficaz y conjugar el interés de las diversas oligarquías nacionales con el del núcleo central, etc.

La crisis en Ucrania ha venido a provocar otro cambio no determinante de la tendencia general, trasladando la tensión de nuevo a Europa. Y es que, la pugna del imperialismo alemán por expandirse hacia el este (el “espacio vital”: lebensraum,  de los nazis) ha sido  causa de carnicerías en Europa, la última provocada por la desmembración de Yugoeslavia iniciada con el reconocimiento unilateral de Croacia y Eslovenia por la UE presionada por Alemania.  Por eso, cuando empezó la revuelta contra el gobierno de Yanúkovich, no era de extrañar el baile de altos cargos del bloque imperialista europeo a Kiev, azuzando la revuelta de Maidan, ni lo es la reacción de la oligarquía mafiosa de Putin, alarmada por la presión en sus fronteras occidentales.

El caso es que los acontecimientos en Ucrania se han utilizado para catalizar el campo del imperialismo europeo y fundirlo con su aliado yanqui en una reedición de la guerra fría, frente a Rusia, cuya lectura va mucho más allá, si tenemos en cuenta que, con sus proclamas guerreras, Obama intenta mejorar su propia posición como indiscutido “primus inter pares” en la arena internacional apoyándose en sus aliados frente a los nuevos competidores.

A veces, solo a veces, la burguesía imperialista expone claramente sus objetivos aunque los adorne con dulces palabras de libertad y democracia. Fue un fogonazo de claridad, solo un fogonazo, que en seguida se ha apagado, pero que ayuda a entrever el devenir de la potencia imperialista del viejo continente, sumida en un constante declive en la arena internacional.

El caso es que, a dos meses de la celebración de las elecciones al Parlamento Europeo, el editorial del pasado domingo 30 de marzo, de uno de los principales portavoces periodísticos de la clase dominante,  “El País”, no pudo ser más explícito sobre la verdadera “hoja de ruta” que seguirá la UE, atendiendo la “amigable contundencia” (sic) de su amigo americano.

Y es que poco se dice de la Europa que realmente se construye en Bruselas. Por un lado, está la Europa de papel, la de las bellas palabras, las declaraciones de unidad, solidaridad y democracia,  presente en los programas de todas las fuerzas, incluidas aquellas, la mayoría, que las utilizan para ocultar su verdadero  objetivo, que han cumplido (este sí) a rajatabla cuando han estado en el gobierno: más Europa para el capital, menos Europa para los pueblos.

Y por el otro, está la Europa de Hierro, la que cuenta en la palestra internacional, la que se construye en las instituciones que controlan el poder efectivo, marcan la agenda y establecen los objetivos centrales, ritmos y tiempos en la aplicación de las políticas que no suelen aparecer en los programas electorales de los representantes políticos de la oligarquía, pero condicionan las vidas de los trabajadores y los pueblos europeos.

El editorial al que nos referimos viene a cuento de las contundentes declaraciones que el presidente yanqui, Obama, realizó en su reciente gira europea, en relación a la crisis de Ucrania. “El País”, felicitaba al “amigo americano” por sus reproches, recordando las palabras de aquel: “Es preocupante el bajo nivel del gasto en defensa de algunos países de la OTAN. La crisis ucrania nos recuerda que la libertad tiene un precio” *(1) Y agradecía, su “generosa” oferta en materia económica, al comprometerse a suministrar gas “de novedosa extracción”, a cambio de suscribir el acuerdo de libre comercio entre EEUU y la UE, en estos términos: “La Unión debe examinar sus propias fuentes de energía además de ver cómo Estados Unidos le puede suministrar gas. Europa debe acelerar su independencia energética”, advirtió. Además, instó a Bruselas a olvidarse de sus reticencias para firmar el acuerdo comercial transatlántico con EE UU, ya que Obama aseguró que el gas estará disponible una vez se firme dicho acuerdo.*(2)

 

Pero, el editorialista es aún más claro, cuando expone su propio punto de vista, el de la oligarquía española, que, al fin y al cabo, es de lo que se trata en vísperas de unas elecciones “… La atención y la tensión que se habían trasladado al área del Pacífico, retornan, siquiera temporalmente, al Atlántico. Para que este vaivén se convierta en tendencia positiva a largo plazo, Europa debe convertirse en actor políticoEs hora de que los europeos aceleren su compromiso militar…La única receta practicable reside hoy en la contención, …la disuasión…y la amenaza...Si hoy los países del euro no se unen para enfrentarse a la amenaza de Rusia, Europa cesará como jugador en el escenario internacional”. Ç

Es difícil resumir en las líneas de un editorial, tanta carga política. Este sí que es un programa: imperialista, militarista y antisocial, que no se someterá a decisión de los trabajadores europeos., pero que las instituciones antidemocráticas de la UE, aplicarán a rajatabla, si no lo impedimos. Por una vez, solo por una vez, la política de la Europa del Capital y de la Guerra se expresa más allá de los programa electorales, en toda su crudeza.

*(1).- Curiosa “recomendación” si tenemos en cuenta que, sumando el gasto militar de todos los países de la UE, resulta superior a los 200.000 millones de euros anuales. El segundo mayor del mundo tras el de EEUU.
*(2).-El editorial se refiere en tono eufemístico como un gas “de novedosa extracción”, al gas de esquisto que se extrae por el denominado método de fractura hidráulica o fracking que, además de inyectar aditivos químicos altamente tóxicos y de fórmula secreta, provoca la sospecha fundada de inducir seísmos (recuérdese el reciente caso de la planta Castor en Castellón)

marzo 28, 2010 por  
Publicado en: Artículos

Ha sido revelador seguir en los últimos días la cobertura internacional de los medios de comunicación y la actitud de determinados dirigentes políticos e intelectuales. Para aquéllos que quieran conocer el carácter y a qué intereses sirven algunos actores de la vida política y cultural, vale la pena prestar atención a las noticias reciente sobre Cuba e Israel.

La semana pasada, en función de las declaraciones de presidente Lula defendiendo la autodeterminación de la justicia cubana, se organizó una amplia campaña de denuncias contra una supuesta falta de respeto a los derechos humanos en la isla caribeña. Pero no hubo, en los medios más importantes, ni una sola noticia o discurso significativo sobre cómo Israel, nuevo destino del presidente brasileño, trata a sus presos, a sus minorías nacionales y a sus vecinos.

Vayamos a los hechos. En el caso cubano, Orlando Zapata, un supuesto “disidente” en huelga de hambre por mejores condiciones carcelarias, detenido y condenado por delitos comunes, fue atendido en un hospital público por orden del gobierno pero no resistió y falleció. Nadie ha formulado acusaciones de tortura o ejecución extra legal. A lo sumo hubo insinuaciones de opositores sobre un retardo en la atención médica, aunque es posible imaginar el escándalo que se habría armado en el caso de que el prisionero hubiese sido alimentado por la fuerza.

Aún no teniendo la menor evidencia de que la muerte del disidente, lamentada por el propio presidente Raúl Castro, hubiera sido provocada por el Estado, los principales medios y agencias de noticias se lanzaron contra Cuba con el puñal entre los dientes. Y después continuaron el Parlamento Europeo y el gobierno estadounidense amenazando al país con nuevas sanciones económicas.

La industria del martirio

Otro opositor, Guillermo Fariñas, en cuya biografía se combinan muchos actos delictivos y alguna militancia anticomunista, aprovechó el momento de conmoción para declararse también en ayuno, apareciendo demacrado en fotografías que dieron vuelta al mundo, protestando contra la situación en los presidios cubanos y exigiendo la libertad de los presos políticos. Así, rápidamente, se convirtió en el mascarón de proa de una industria del martirio que con mucha frecuencia ponen en marcha los enemigos de la revolución cubana.

El gobierno le ofreció un permiso para emigrar a España para recuperarse allí, pero Fariñas, que no está preso y hace su huelga de hambre en su casa, rechazó la oferta. Sus apoyos políticos, conscientes de que la Constitución cubana determina la absoluta libertad individual para someterse o no a un tratamiento médico, lo incitaron a intensificar su sacrificio, ya que no le atenderán por la fuerza hasta que su colapso convierta en imperativa su hospitalización. Porque, ¿de que le sirve Fariñas vivo a la oposición?

El presidente Lula hizo público, en su estilo, su rechazo al chantaje contra el gobierno cubano. Quizás su actitud habría sido diferente, aunque de manera discreta, si hubiera tenido la evidencia de que la situación de Zapata o de Fariñas habían sido el resultado de actitudes inhumanas o arbitrarias de las autoridades.

Para ir al fondo del asunto, compárese la actitud de los disidentes con una hipotética revuelta de delincuentes comunes brasileños. Después de todo no se puede considerar a nadie inocente o injustamente condenado porque así se autoproclame o porque se exponga como víctima por medio de gestos dramáticos.

El silencio de los medios

Sin pruebas categóricas de que un gobierno constitucional violó normas internacionales, es razonable que el presidente de otro país guíe sus actitudes basado en el principio de la autodeterminación de las naciones en el manejo de sus asuntos internos. El presidente brasileño actuó con la misma prudencia con respecto a Israel, país al que llegó el pasado día 14, a pesar de la abundante evidencia que compromete a los sionistas con la violación de derechos humanos.

Pero las palabras de Lula en relación con Cuba y su silencio sobre el gobierno israelí se trataron de manera notablemente diferente. En el primer caso, los apóstoles de la democracia occidental no han perdonado la negativa del presidente de Brasil a unirse a la ofensiva contra La Habana y a legitimar el uso de los derechos humanos contra un país soberano. En el segundo caso aceptaron respetuosamente el silencio presidencial.

A decir verdad, no sólo los articulistas y políticos de derecha tuvieron ese comportamiento hipócrita. Porque de la misma manera se comportaron algunos parlamentarios y blogueros considerados progresistas pero temerosos de enfrentarse al poderoso monopolio de los medios de comunicación y dispuestos a pagar el peaje de la demagogia para lograr un éxito personal, aun a costa de renunciar a cualquier reflexión crítica sobre los hechos en cuestión.

Un observador imparcial advertiría fácilmente que, al contrario de los sucesos de Cuba, en los que el resultado fatal fue consecuencia de las decisiones individuales de las propias víctimas, los que se refieren a Israel son consecuencias de una política deliberada de sus instituciones gubernamentales.

El sionismo y los derechos humanos

El Estado sionista es uno de los países con mayor número de presos políticos del mundo, con cerca de 11.000 prisioneros incluyendo a niños y, en su mayoría, sin que hayan tenido un juicio. Más de 800.000 palestinos han sido encarcelados desde 1948. Aproximadamente el 25% de los palestinos que permanecen en los territorios ocupados por el ejército israelí han estado en la cárcel en algún momento. Las detenciones han afectado asimismo a los dirigentes palestinos: 39 diputados y 9 ministros han sido secuestrados desde junio de 2006.

En ese país la tortura está legitimada por una sentencia de la Corte Suprema que autorizó el uso de “técnicas dolorosas para el interrogatorio de prisioneros bajo custodia del gobierno”. Nada de esto ni siquiera se ha insinuado contra Cuba, tampoco por parte de organizaciones que no tienen la más mínima simpatía por su régimen político.

Pero las violaciones de los derechos humanos en Israel no se limitan al tema carcelario, que sólo es una parte de la política de agresión contra el pueblo palestino. La resolución 181 de las Naciones Unidas, que creó el Estado de Israel en 1947, disponía que la nueva nación tendría un 56% de los territorios coloniales británicos sobre la ribera occidental del río Jordán, mientras que el restante 44% se destinaría a la construcción de un Estado del pueblo palestino, que antes de esa resolución ocupaba el 98% del área objeto de esa partición. El régimen sionista, violador reiterado de las leyes y acuerdos internacionales, controla hoy más del 78% del antiguo Mandato Británico si se excluye la parte ocupada por Jordania.

Más de 750.000 palestinos fueron expulsados de su país desde entonces. Israel demolió más de 20.000 casas de ciudadanos no judíos entre 1967 y 2009. Además Israel está construyendo, desde 2004, un muro de 700 Km. de longitud que aislará a 160.000 familias palestinas y controla más del 85% de los recursos hídricos de las áreas que corresponden a la actual Autoridad Palestina.

Por lo menos 600 puestos de control fueron instalados por el ejército israelí dentro de las ciudades palestinas. Las leyes aprobadas por el parlamento sionista impiden la reunificación de las familias que viven en diferentes municipios, además de incentivar los asentamientos judíos más allá de las fronteras internacionalmente reconocidas.

Doble moral

Ésas son algunas de las características que definen el sistema sionista de apartheid, en el que los derechos soberanos del pueblo palestino están limitados a verdaderos bantustanes, como en la antigua y racista Sudáfrica. El resultado de este panorama es una escalada represiva cada vez más brutal promovida como política de Estado.

Sin embargo los principales medios de comunicación guardan silencio ante estos hechos. También permanecen mudos los líderes políticos conservadores. Y tampoco se oye nada de algunas personas, presumiblemente progresistas, siempre dispuestas a apuntar con el dedo acusador a la revolución cubana.

Quizás porque los derechos humanos sólo provocan indignación a esta gente hipócrita cuando la supuesta violación de esos derechos humanos se vuelve contra las voces de la civilización judeocristiana, de la democracia liberal, del libre mercado y del anticomunismo. No le faltó razón al presidente Lula cuando reaccionó enérgicamente contra el cinismo de los ataques al gobierno de La Habana.

Breno Altman es periodista y director editorial del Sitio Web Opera Mundi (www.operamundi.com.br)

Contra el Imperialismo Inglés, junto al Pueblo Argentino

marzo 1, 2010 por  
Publicado en: Comunicados

Las distintas potencias imperialistas están muy activas en nuestra América Latina, se unen y disputan los recursos naturales y la explotación de las masas trabajadoras. Hoy, el imperialismo inglés, en las ocupadas Islas Malvinas, pasando por encima de todos los derechos del pueblo argentino, de su soberanía, saquea los recursos naturales.

Desde Chile, los comunistas nos solidarizamos con los trabajadores y pueblo argentino, con el Partido Comunista Revolucionario de Argentina – PCR – y comprometemos toda nuestra solidaridad internacionalista, para que amplios sectores de trabajadores y pueblos de Chile asuman la hermandad y solidaridad con el hermano pueblo argentino y sus derechos soberanos sobre las Islas Malvinas.

Comisión Nacional de Comunicaciones
Partido Comunista Chileno (Acción Proletaria
PC(AP)

www.accionproletaria.com

Imperialismo “ecológico” (y 2)

febrero 14, 2010 por  
Publicado en: Artículos

España, a verlas venir

Santiago Baranga

En el número anterior señalábamos el sector de las energías “limpias” como un posible motor de desarrollo económico para los próximos años. Así lo han advertido tanto la Comisión Europea como las grandes empresas de la energía y la construcción de infraestructuras; y de ahí la expectación creada por la cumbre de Copenhague: al no haber objetivos ambiciosos y firmes de reducción de gases de efecto invernadero, las industrias emisoras de CO2, no se ven forzadas a tomar medidas, «a menos que cuenten con ayudas estatales», según afirmaban desde Iberdrola.

Primera premisa: las grandes corporaciones del sector (Iberdrola, Endesa, Gas Natural-Unión Fenosa) fían sus resultados, cómo no, a los apoyos económicos estatales, tal y como sucediera ya con Aznar, y al igual que han hecho el automóvil y buena parte de la banca desde el estallido de la crisis. Y de esos resultados dependen las inversiones en las nuevas energías. De acuerdo con eso, entre 2009 y 2013 el sector energético dejará de invertir más de 27.000 millones de euros. Unos recortes que también tienen que ver con la salida de las constructoras de este negocio, un nuevo pelotazo en su ya extensa cuenta: Acciona vendió a Enel su participación en Endesa obteniendo un beneficio de 1.850 millones, mientras que la ACS de Florentino Pérez dejó Unión Fenosa con plusvalías de 2.300 millones.

Esta merma de la inversión hará que, cuando la demanda de energía se recupere, el sistema energético sea incapaz de hacerle frente, produciendo “cuellos de botella” que dispararán los precios. Para evitarlo, el presidente de Repsol, Antonio Brufau, apuntaba el año pasado que hay que «impulsar la colaboración público-privada en el sector». Por su parte, tanto la secretaria de Estado de Cambio Climático como el conseller de Economía catalán se hicieron eco de este temor al señalar que «la crisis no puede ser la excusa para no hacer las inversiones que necesitamos», allanando así el camino para la próxima remesa de “ayudas”. Y, sin embargo, las empresas “españolas” no dejan de abordar múltiples proyectos en Reino Unido, EEUU, Marruecos, Egipto…

La segunda premisa es que «no podemos querer muchas renovables y querer también la tarifa más barata de Europa», según afirmaba hace un año Salvador Gabarró, presidente de Gas Natural y Unión Fenosa. En octubre, el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, afirmaba que «aún hay hueco para subir la tarifa eléctrica de cara a ajustarla al coste real». Así, pues, pese a las buenas palabras del imperialismo “ecológico”, lo que tienen claro los oligarcas de la energía es que la conservación del medio ambiente no la van a pagar ellos. El dejar el desarrollo de las energías renovables en manos de las empresas privadas redundará en nuevas cargas para la clase obrera, ya sea a través de los presupuestos del Estado o mediante la tarifa de la electricidad.

¿Y el Estado? Especuladores e instituciones financieras aumentan sus presiones para que España recupere el «equilibrio» de las finanzas públicas. Lo cierto es que el Estado español está pagando con creces (y, con él, todos los trabajadores) las consecuencias de la política económica dictada por los Botín, Díaz Ferrán, Ybarra… Son los mismos que han defendido (por su cuenta o a través de sus portavoces en el Gobierno y en el Congreso) la disminución del gasto público, no para propiciar una «mejor gestión», sino para asegurar unos impuestos bajos sobre las rentas del capital y fomentar la privatización de los servicios públicos. Con estas políticas, y como tantas otras veces, el capital “español” se ha dedicado a rapiñar la riqueza del país y el trabajo de la clase obrera, fomentando el pelotazo, debilitando el sistema productivo y haciéndolo cada vez más dependiente del capital exterior. Gabarró afirmaba hace unos meses sentir «frustración cuando veo a Endesa italiana y pública». Ese ha sido el resultado de la liberalización y privatización emprendidas por unos gobiernos más papistas que el Papa en cuestión de ortodoxia liberal (1): grandes corporaciones con sede en Madrid o en Nueva York, tanto da, que manejan sus capitales (y los de los demás) totalmente ajenas a los intereses de la inmensa mayoría de la población. Como contrapunto de esto, la evolución de la deuda y el déficit públicos en varios países muestra a las claras en qué ha redundado la «austeridad» que esta chusma ha pregonado durante años: mientras Francia y Alemania parecen salir de la recesión, a pesar de haber mantenido una deuda y un déficit mayores que España durante años, en nuestro país 2009 produjo un millón de parados, 40.000 establecimientos cerrados, una caída del 4% del PIB y la recesión más larga de la UE; además, sectores estratégicos enteros han ido cayendo en manos de estos tiburones financieros.

El Plan E ha seguido esa misma línea de política a corto plazo, empleando 8.000 millones de euros en salvar las cuentas de un puñado de empresas de la construcción (muchas veces, mediante prácticas fraudulentas, como señalan estudios sindicales). Ahora, el Gobierno se ha sacado de la chistera una Ley de Economía Sostenible que no presenta una propuesta real y coherente de cambio del sistema productivo, como pregona; a lo sumo, algunas propuestas sueltas, cuando no son claramente perniciosas y cicateras: así, los artículos dedicados a la Formación Profesional, que pretenden introducir su privatización por la puerta de atrás, al margen de la negociación del Pacto Educativo con los sindicatos. En cuanto al tema que nos ocupa, el Plan de Energías Renovables 2005-2010 (PER) estima el apoyo público al conjunto de las áreas renovables en casi 8.500 millones de euros para unas inversiones totales de casi 23.600 millones, que servirán para crear 95.000 empleos netos. Pero, si comparamos los planes de estímulo “verde” aplicados por diversos países (España, 0,13% del PIB; Australia, 0,7%; China, 0,76%; Alemania, 1%; Corea, 1,47%), o si confrontamos el citado PER con el Plan E, podemos concluir que, pese a los anuncios triunfalistas, no hay una clara apuesta por utilizar este sector para reindustrializar nuestra economía, ni siquiera desde una óptica capitalista. En Brasil, por ejemplo, se ha optado por utilizar los nuevos yacimientos marinos de petróleo como recurso estratégico y motor de la industrialización del país, exigiendo a las empresas concesionarias transferencias tecnológicas y la fabricación en el propio Brasil de buena parte de las infraestructuras necesarias, con lo que se generará hasta 250.000 empleos. Como señalaba a El País un responsable de Acciona, el Estado alemán «invirtió 100 millones de euros en un área experimental y 300 más en infraestructuras», y ahora «tiene tres fabricantes de máquinas de 5 MW, y un auténtico cluster de eólica marina, que incluye a la industria naval».

En España, en cambio, el Gobierno se hunde en la autocomplacencia y la inacción, asumiendo su papel de potencia de segunda fila: mientras el Reino Unido empezó a programar sus parques marinos en 2000, España sólo presentó su mapa de recursos eólicos en la mar en 2009; mientras Dinamarca y Noruega se sitúan a la vanguardia de la tecnología eólica marina, España sólo empezará a producir en 2017 ó 2018, si es que empieza ya a tomar medidas. De los 10.851 MW previstos en Europa hasta 2013, ni uno estará en España. Esto, lógicamente, preocupa a los capitalistas del sector porque les hace perder cuota de mercado; pero tanto las empresas como el Gobierno están de acuerdo en que la caída de la demanda de energía por la crisis hace que haya un «exceso de capacidad eléctrica». Olvidan, al parecer, los efectos que tendrá en un futuro cercano la previsible subida de los precios del petróleo, si no se empieza a reducir ya la dependencia hacia este recurso. Tales retrasos redundarán también sobre el resto de los sectores productivos y, especialmente, sobre los trabajadores: oligarcas y gobierno están restando capacidad tecnológica e industrial al país en un campo para el que sí se dispone de recursos naturales; y, además, la parálisis colabora a agravar el déficit cuando vuelva a subir el petróleo, lo que les dará un argumento para reducir aún más las prestaciones sociales y servicios públicos. Con ello, en fin, se afianzarán nuestra dependencia respecto a los países más desarrollados y nuestro papel de proveedor de servicios de escaso valor.

En nuestros documentos sobre la crisis, nos hemos referido a la imposibilidad de que se dé en España un «cambio de modelo productivo» mientras no haya una transformación del marco político; y ello se debe a que el entramado de intereses oligárquicos en el que se basa el régimen actual imposibilita cualquier cambio profundo que afecte al control que éstos ejercen sobre la economía y las decisiones políticas en nuestro país. El caso de las energías renovables, al igual que el de la banca en estos meses de crisis, pone de relieve hasta qué punto el caos de la producción capitalista, los intereses de las corporaciones y la servidumbre de sus representantes políticos son perniciosos para el desarrollo económico, social y medioambiental de nuestros pueblos. Son, en definitiva, obstáculos que habrá que remover si de verdad queremos conquistar la justicia social y el bienestar para la gran mayoría que somos los trabajadores.

(1) En el sector energético, Cantábrico está en manos del capital portugués; Viesgo, del alemán (E.ON), y Endesa, del italiano (Enel, con participación pública). La francesa Total posee la mitad de CEPSA.