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Hay que hacer lo que debemos, por J. Romero

abril 11, 2014 por  
Publicado en: Artículos

frente-popular

Muchos militantes, incluso cuadros de las organizaciones de izquierda, se hacen la misma pregunta: ¿por qué todavía no ha sido posible, a pesar de la urgencia, la unidad? Y es que, pese a que en los últimos meses, y más aún en las últimas semanas, ha habido multitud de reuniones, iniciativas y encuentros unitarios, en los que parecía plantearse con sinceridad el compromiso de aparcar lo secundario para centrarse en la construcción de una alternativa unitaria, sobre la base de unos acuerdos mínimos, que permitiera enfrentar a la derecha cada vez más brutal y envalentonada, la realidad es que, en las elecciones al Parlamento Europeo del próximo 25 de mayo, la izquierda se presenta más dispersa probablemente que nunca antes.

Es cierto que las características de estas elecciones dificultan la confluencia al facilitar el control de las listas y de los programas por los aparatos. Es cierto también que, aunque no se reconozca abiertamente, las diversas fuerzas políticas consideran estas elecciones un trámite menor, habida cuenta de la escasa capacidad política del Parlamento Europeo, anulado por el entramado institucional de la UE, marcadamente antidemocrático.

Pero hay otra razón más de peso que explica este aparente contrasentido: la dispersión de candidaturas expresa un debate de fondo que se está librando en el campo de la izquierda y de cuyo desenlace dependerá la posibilidad y el alcance de la unidad que se logre. Realmente cabría decir que asistimos no a uno sino a muchos debates, que la urgencia electoral ha ocultado, aunque se sigan dando, cada vez con más virulencia.

Vayamos por partes. En primer lugar, venimos repitiendo que la crisis afecta a los fundamentos mismos del sistema y del régimen. E insistimos en diferenciar ambos términos en la medida que expresan aspectos diferentes del mismo problema: si bien es cierto que en última instancia es el sistema capitalista el que se encuentra en crisis, una más, pero probablemente la más profunda de las que provoca su ley fundamental del máximo beneficio, que lo enfrenta periódicamente a la destrucción masiva de fuerzas productivas, también lo es que en España esta crisis es más grave aún por coincidir con la descomposición del régimen monárquico continuista, que es la forma particularmente reaccionaria que adquiere en nuestro país la explotación capitalista.

En España, a la crisis económica se une una crisis aún más profunda, si cabe, del modelo político y de las fuerzas institucionales que lo sustentan, y que afecta tanto a la derecha como a la izquierda. Por eso, la cuestión democrática constituye la clave de bóveda de cualquier alternativa que pretenda unir a toda la izquierda en un gran bloque popular: la izquierda de clase, la que representa los intereses e inquietudes de sectores de la burguesía golpeados por el régimen, la nacionalista, etc.

La izquierda institucional se enfrenta a un proceso de recomposición que pasa no solo, aunque también, por el cambio de los aparatos que han controlado hasta ahora sus organizaciones (acostumbrados a hacer y deshacer al margen de la militancia, por lo tanto implicados conscientemente en el sostenimiento del statu quo, y que son vistos como responsables del lamentable estado actual) sino, también, por recuperar el programa político transformador que abandonó al asumir los límites que aquellos aceptaron en la transición. Y ambos cambios no se dan con el mismo ritmo.

La cuestión es que esa pelea de fondo se libra confundida con enfrentamientos por intereses políticos y largas historias de malquerencias personales entre los jefes de filas de las diversas familias. Y todo ello, en un ambiente general de descrédito de la acción política generado por la práctica de sumisión y consenso de los representantes institucionales de las principales fuerzas de izquierda, junto a la nula experiencia organizativa de amplios sectores populares empujados a la lucha.

Las diversas corrientes oportunistas han visto como cambiaba bruscamente el contexto en el que estaban acostumbrados a dirimir sus diferencias (la conspiración interna), y buscan mejorar su situación en la recomposición del campo de la izquierda, utilizando todos los recursos que la nueva situación pone a su alcance. No dudan para ello en confundir sobre los verdaderos problemas planteados, desplazando deliberadamente el centro del debate hacia aspectos secundarios, cuando no procedimentales: la supuesta obsolescencia de la forma “clásica de partido” (1); la confusión entre el carácter interclasista que debe tener el Frente Popular, si quiere aunar a toda la izquierda, con su “neutralidad” ideológica; o los procedimientos de elección de los candidatos (se hace así depender la participación de la gente, fundamentalmente, de la elección supuestamente libre de representantes individuales de sus intereses a los que nadie conoce realmente, ignorando aspectos, estos sí, básicos de la relación entre la representación institucional y la organización: listas abiertas, posibilidad de revocación de los cargos, subordinación de las representaciones institucionales a las decisiones de la organización y no al revés como hasta ahora, etc.) .

Apoyándose en premisas parecidas, el aparato actual y quienes le disputan el control del campo político de la izquierda institucional han dado respuestas diferentes que, sin embargo, incluyen la misma aceptación del statu quo político: el aparato ha elaborado una lista que acoge a los representantes de las corrientes más derechistas, ya que el voto disciplinado de su izquierda lo tiene asegurado; y quienes aspiran a remover los sillones de aquellos, aprovechan el florecer de la movilización espontánea para reforzar su posición interna.

Particularmente nociva es la propuesta de algunos conspicuos representantes de las corrientes más ultraizquierdistas, que han convertido en mantra la conocida cantinela «ni de izquierdas, ni de derechas: la pelea se da entre los de arriba y los de abajo».

En un reciente artículo titulado “Podemos” en Ucrania, el filósofo S. Alba Rico resumía alguno de los argumentos esgrimidos por estas corrientes, estableciendo una curiosa relación entre las revueltas de la plaza Maidan y los riesgos que enfrenta el movimiento popular en España. En su artículo escribe lo siguiente: «Lo que necesitamos -nos dicen con razón- es una gran organización revolucionaria con conciencia de clase y una estrategia clara de transformación radical. Aceptando que “conciencia de clase” sea un concepto menos confuso que “dictadura de los bancos”, estoy seguro de que necesitamos una organización así. Pero hay que recordar que […] esa ausencia [la de una organización revolucionaria] está llena: llena de mercado, de paro, de desahucios, de televisión, de partidos de derechas, de hartazgo institucional, de miedo, de ganas de echar la culpa a alguien, de ganas de querer a alguien. Está llena también de gente común, ideológicamente gelatinosa, que podrá ser anticapitalista, pero que en ningún caso -en ningún caso- será ya jamás “soviética”. Ese fondo anticapitalista, alimentado por la crisis y la ética común, permite trazar unas líneas rojas y, al mismo tiempo, politizar el malestar desde la recuperación de una práctica democrática que el doble bipartidismo de la “transición” no ha dejado de erosionar desde 1978. Un poquito de democracia (frente a la dictadura estructural) y un poquito de anticapitalismo (frente al capitalismo total) son prácticas colectivas mucho más claras y revolucionarias de facto que la invocación onanista del mantra de la “lucha de clases” y la “revolución”.»

En estas líneas está sintetizada la autolimitada y peligrosa visión de esa corriente surgida del entorno de la izquierda institucional reformista que equivoca la solución al problema apoyándose en un relativismo absoluto (“indeterminación cuántica” lo llama Alba Rico), para proponer como remedio la: «recuperación de una práctica democrática que el doble bipartidismo de la “transición” no ha dejado de erosionar desde 1978» (2).

Es cierto que algunos sectores sociales, «las “clases medias precarias” y su “juventud sin futuro”», han pasado bruscamente, con la profundización de la crisis, a un estado de ansiedad política. Es cierto también que la práctica de la izquierda institucional y la desidia del resto de la izquierda nos han alejado de las masas (y, en particular, de los sectores más jóvenes) y que, por lo tanto, no sabemos «qué comen, qué leen, qué miran, qué desean».

Sí, es verdad que, tras el movimiento espontáneo que recorre de una punta a otra el Estado español, existe, como señala el autor, mucho de «ganas de echar la culpa a alguien, de ganas de querer a alguien»; es cierto que la primera reacción ante la agresión que sufre la mayoría social desde hace seis años fue la respuesta directa, impulsiva y por tanto manipulable; pero tras ella se está dando una intensa búsqueda de alternativas (3).

La razón por la que esa fuerza arrolladora no logra imponerse la señala también Alba Rico: se necesita «una gran organización revolucionaria con conciencia de clase y una estrategia clara de transformación radical». La cuestión, sin embargo, es que en lugar de trabajar por ella, en lugar de avanzar por construir objetivos comunes de transformación radical, la inmensa mayoría de las candidaturas que en el espacio de la izquierda se presentan a estas elecciones han apostado, como Alba Rico, por rebajar los objetivos políticos e ignorar la cuestión democrática, para centrarse en rellenar la ausencia de esa referencia transformadora radical con más indefinición, sin tocar los pilares de un modelo de Estado que hace aguas a ojos vista, ni informar sobre las soluciones que puedan permitir superar el estado de cosas actual.

La apuesta por construir un Frente Popular tiene riesgos, desde luego; el primero de ellos, superar primero la desconfianza que la inopia política de la izquierda ha generado en la mayoría trabajadora y la resistencia de una dirección que apuesta por defender el statu quo del régimen (que es también el suyo). Pero dirigirse a la «gente común, ideológicamente gelatinosa» (sic), para ofrecer «un poquito de democracia» y «un poquito de anticapitalismo» (4), ocultando las causas y pasando por encima de las alternativas, no contribuye precisamente a «politizar el malestar», y menos aún a trazar las líneas rojas en un contexto como el actual, de brutal ofensiva del capital monopolista y descomposición de sus estructuras políticas. Deja abierta la puerta a la frustración, porque la democracia se conquista y no a poquitos, lo mismo que se supera el capitalismo. Aunque hoy no estemos en condiciones de hacerlo, habrá que trabajar por ello.

La historia está llena de ejemplos de adónde conducen estos ejercicios de relativismo y pragmatismo políticos. Y ninguno de ellos invita a seguirlos.

 

 


(1)
No es sorprendente que alguna candidatura que hizo del carácter “abierto” de su organización el detalle esencial de su propuesta, no tardara en cerrarla, constituyéndose en partido antes de tener consolidada siquiera una estructura mínima que lo hiciera necesario.

(2) Así, la cuestión se reduce a su aspecto formal, procedimental: acabar con el bipartidismo, como si este no fuera la expresión, además de una de las causas (y no la fundamental) de un modelo político, jurídico y administrativo hecho para mantener el mismo bloque social en el poder: la oligarquía asentada en el franquismo.

(3) Qué diferencia entre las primeras movilizaciones del 15M, de un simplismo e ingenuidad política patentes, y las Marchas por la dignidad del pasado 22M, en las que fueron abrumadoras las muestras de interés político: gritos de Gobierno dimisión, miles de banderas republicanas y rojas, etc.).

(4) Un término, por cierto, que dicho así, es tan “gelatinoso”, tan indefinido y relativo que ha servido de cobertura también a las corrientes fascistas.

EMEP: Sobre las elecciones municipales en Turquía

abril 9, 2014 por  
Publicado en: Comunicados

emep_maniEmek Partisi (Partido del Trabajo) |

No han sido una sorpresa los resultados de las elecciones municipales del 30 de marzo en Turquía. El partido gubernamental del AKP, apoyado por los Estados Unidos, ha ganado con el 44’19% de los votos, mientras que el partido nacionalista socialdemócrata del CHP ha logrado tener un 28’66; el partido ultranacionalista del MHP ha obtenido el 15’83% y el Partido Democrático de los Pueblos (HDK-HDP), una alianza política democrática uno de cuyos componentes es nuestro partido, ha logrado el 6’8% de todos los votos.

Con estos resultados, no ha ocurrido un cambio significativo en la distribución de los votos en todo el país, ahora bien, hay algunas diferencias en los gobiernos municipales y provinciales. El CHP ha ganado a grandes rasgos los votos de las clases medias laicas de la costa, mientras que el HDP ha aumentado su resultado en más de 120 municipios del Kurdistán con lo que ha aumentado sus alcaldías en un 20%.

Poco antes de que las elecciones tuvieran lugar, el proceso electoral se centró completamente en los escándalos de corrupción del partido gubernamental del AKP y en las grabaciones telefónicas de las autoridades y del Primer Ministro donde se les escucha hablar sobre estos actos de corrupción. Debido a esto, tuvimos un proceso electoral municipal con un clima de elecciones generales. Es evidente que la discusión sobre quién ha salido reforzado y debilitado de las elecciones durará un tiempo largo. Sin embargo, teniendo en cuenta las expectativas y necesidades del pueblo, y más allá del problema de qué partido ha ganado qué alcaldías, es más útil analizar los resultados políticos de este proceso.

Los resultados han demostrado la realidad de que la democracia no nace de los conflictos entre las fuerzas hegemónicas. También en las recientes elecciones, todos los partidos del sistema han tratado a a la clase obrera y a todos los trabajadores como simple fuente de votos; no han creado programas políticos que pueden responder a su anhelo de democracia o sus necesidades.

La insistencia del Primer Ministro Recep Tayyip Erdoğan de generar una política polarizadora y la preferencia de profundizar esta polarización en la sociedad para poder aglutinar su base electoral a su alrededor, ha introducido una fractura que va causando una peligrosa separación y enemistad en la sociedad. Las elecciones han dado como resultado la profundización de la crisis política en lugar de resolverla. El Primer Ministro, en su discurso de la noche electoral, expresó su intención de seguir luchando contra los sectores disidentes (disidentes contra su gobierno y contra sí mismo), así como también dio muestras del plan de incrementar la tensión con Siria.

El Primer Ministro, quien regularmente señala a la urna como criterio básico de la democracia, ha gastado un esfuerzo especial para no cumplir las reglas más básicas del proceso electoral. Además de los obstáculos ordinarios que encuentran las fuerzas populares y democráticas que se presentan a las elecciones, se produjeron algunos intentos de linchamiento contra el Partido Democrático de los Pueblos (HDP), antes y durante de las elecciones. Destacó, además, el esfuerzo del AKP por usar todos los recursos públicos y todas las oportunidades como partido del gobierno para impedir la propaganda electoral del HDP.

Es evidente que las urnas y el parlamento no son los únicos medios de establecer y practicar la democracia. A menos que se cumplan las demandas de libertad y derechos humanos de los sectores excluidos de la política, esta lucha deberá ir abriendo nuevos canales y el pueblo seguirá encontrando nuevas vías alternativas para ser escuchado. Como plataforma de alianza para la lucha por la libertad y los derechos humanos de todos los sectores populares y de los trabajadores, el HDP seguirá trabajando para mejorar y desarrollar su desarrollo y organización hasta llegar a ser el centro activo de la lucha por resolver la cuestión de la ausencia de democracia como problema básico de Turquía. En el Emek Partisi (Partido del Trabajo) también somos conscientes de la responsabilidad y la misión política que suponen estos resultados electorales. Por ello, continuaremos con nuestra lucha por crear una fuerte alternativa política del pueblo.

Elecciones entre manipulaciones, trampas y miedos

abril 1, 2010 por  
Publicado en: Artículos

29 de marzo de 2010

Las elecciones no le salieron bien al gobierno y a la oligarquía que, con sus partidos y los medios de comunicación monopolizados, trataron de ponerlas como centro y vía de la solución a los afanes y penurias populares. Fueron elecciones carentes de debates de interés popular y sólo ganaron resonancia el hundimiento de la reelección, la inmoralidad en la composición de las listas como la del Partido de Integración Nacional (narco paramilitares) y la trampa en las urnas que a muchos incrédulos les demostró que “quien escruta elige”.

Las elecciones le salen mal al régimen cuando de 29´853.299 millones de ciudadanos sólo participaron 13´203.762, es decir el 44.23% de la población apta para votar. O sea que la abstención fue de 55.77%, que 16 millones 649 mil 537 ciudadanos colombianos no votaron.

Quitémosle a la cifra de participación los 1´403.913 votos nulos y los 473.351 tarjetones no marcados, el alcance de los resultados electorales se agravan. Fácilmente concluimos que de la minoría que salió a votar a cerca de dos millones (al 14%) el sistema no les permitió expresar su voluntad y muchos más le expresaron su protesta votando por fuerzas distintas a las de Uribe o en blanco (391.456). Y los votos comprados por el narco paramilitarismo y el empresariado, la clientela por puestos y la miseria tratada por el Estado con asistencialismo tipo “Familias en Acción”, son la reproducción vegetativa –pero con más debilidades- de la burocracia del Estado y de las demás instituciones políticas, económicas y sociales de la burguesía pro imperialista. El “uribismo” logra mejor votación pero disminuye las 70 curules del 2006, dato exacto que se tendrá cuando termine el reconteo.

La “irrupción electoral” del partido verde (de los tres ex alcaldes de Bogotá) y del movimiento del ex alcalde de Medellín, Sergio Fajardo, ha tenido una gran difusión en medios burgueses e intencionadamente englobada con “encuestas de opinión” como parte de la estratagema para romper el avance del Movimiento de Oposición al Régimen, en general, y del Polo Democrático Alternativo (PDA), en particular. Pero vale mirar que aunque el PDA logra aumentar ligeramente su base social y mantenerse en pié luego de las calumnias de Uribe, sin embargo lo presentan como “desmoronado” y se realza la votación del partido verde que es la mitad de la del Polo. Realmente el PDA mantiene el lugar logrado en el 2006 porque el corrupto PIN es una bien conocida “desagregación táctica” del “uribismo”.

Así las cosas, el Congreso de Colombia elegido el 14 de marzo en medio de ilegalidades y de la ilegitimidad, tiene las mismas características del actual. Esto es, no hay renovación política y mucho menos la depuración ética que tímidamente pregonan líderes de la burguesía y su gobierno. De todas maneras, es necesario tener presente que la elección del Congreso arroja una correlación de fuerzas que no le da la mitad mas uno a ninguno de los partidos derechistas, que deja en aprietos al llamado “uribismo” si se dividen los conservadores y si opera “la silla vacía” por acción penal de la Corte Suprema. Estas situaciones van a incidir mucho en las conductas políticas de las fuerzas burguesas en las elecciones presidenciales y en los procesos unitarios del pueblo.

La burguesía trabajó duro no sólo para asegurar con la escandalosa compra-venta de votos, las amenazas y el clientelismo con el presupuesto del Estado a favor de sus candidatos, también actuó –y con mucha saña- para cerrar espacios en lugares donde la corriente democrática, progresista, de izquierda y los revolucionarios tenían posibilidades de obtener curules. Entre otros sitios, esto se vio en los departamentos de Nariño, Cauca y Norte de Santander; en el último se dieron redadas y detuvieron primero 26, luego a 34, activistas polistas, además se dieron 6 asesinatos y el cierre de la frontera con Venezuela para impedir el paso a votar. El trabajo contra la oposición pasa por la penalización de la protesta social y las amenazas de muerte, incluye calumniar llamando “colaboradores del terrorismo” a destacados dirigentes para iniciarles procesos penales y administrativos con la Procuraduría, entre otros ataques lanzados por el propio presidente Uribe para aterrorizar al pueblo y alejarlo de las filas opositoras. Esa votación por el Polo, que es una de las organizaciones políticas de la oposición, da una señal –desde lo electoral- de la existencia en Colombia de la corriente progresista, democrática y de izquierda que recorre a América Latina y el Caribe.

Pero ni la represión ni la farsa electoral lograron desactivar el momento propicio para el avance del conjunto del movimiento popular en el 2010, como lo indican los aprietos del gobierno por la pelea contra la “emergencia social” que agrava más la salud pública. Persisten las movilizaciones estudiantiles por presupuesto. Los pequeños y medianos transportadores enfrentaron con paros a voraces monopolios. Y cuando otros sectores populares rechazan los nuevos impuestos sobre la vivienda y la canasta familiar, llegaron las noticias sobre los combates de la insurgencia que rompen el mito gubernamental de su derrota.

Crece la Colombia de batalla y “tropel”, no sucumbe ante el engaño, pero no es menos cierto que por razones históricas y políticas los resultados de las luchas de esa Colombia no siempre desembocan en votos en las urnas de las convocatorias del régimen. Si, las elecciones no resumen toda la riqueza de la vida y el momento político que continua marcado con el elemento fundamental de la tendencia al ascenso de la lucha popular.

Es evidente que si los oligarcas pro imperialistas (mafiosos o no) sólo logran la mayoría entre la minoría que votó y la lucha popular tiende al ascenso, no cabe hablar de “derechización o conservatización nacional”. Que si salen exitosas las luchas y se preparan más batallas no se puede hablar de la “indiferencia popular”. Lo electoral no es la única lente para mirar la realidad de Colombia.

Sigue la tarea de construcción desde la base de una fuerza capaz de constituirse en alternativa de poder, sin circunscribirse a lo institucional, priorizando lo extra institucional.

Es posible avanzar hacia la convergencia unitaria de los sectores democráticos y antiimperialistas para derrotar al fascismo y la dominación de nuestra patria, de allí que en la campaña presidencial la tarea clave es construir unidad y acumular fuerza popular sin ilusiones en triunfos de la oposición en este episodio electoral. Tarea a desarrollar sin limitarse al vaivén del discurso y la promoción de la candidatura presidencial de Gustavo Petro, que apoyamos críticamente porque tiene rasgos progresistas pero está plagada de vacilaciones y falta de interés en unirse y sintonizarse con la lucha popular, con la acción de las masas.

Haremos campaña con energía y empeñados en difundir las posturas de la corriente progresista, democrática y de izquierda (en especial las nuestras) ella tiene condiciones para acumular fuerzas para luchar, por distintas vías, por un gobierno táctico y por el poder.

Combatiendo Unidos Venceremos!
Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Colombia (marxista-leninista)

FRANCIA: El 21 de Marzo, la derecha ha sido duramente golpeada

marzo 24, 2010 por  
Publicado en: Artículos

Las elecciones regionales han castigado duramente al gobierno de Sarkozy, su política, sus contrarreformas de regresión social. Es él mismo quien escogió a los principales candidatos y envió a sus ministros y viceministros a la batalla electoral; él impuso su estrategia, pero ante la derrota se niega a revisar su política de hacernos pagar la crisis. Al contrario, apelando a la crisis quiere seguir desmontando el sistema de jubilación, continuar suprimiendo servicios públicos, continuar con los despidos y la supresión de puestos de trabajo.

No es solamente un «mensaje» lo que le han enviado los electores: es un grito de cólera. Es el negarse a pagar por los ricos, por los grandes detentores de acciones, por los bancos que se han enriquecido antes de la crisis, y ahora han sido salvados por miles de millones de dinero público. Es el rechazo de un futuro sin perspectivas para los jóvenes, de la intensificación del paro, de la pobreza y la miseria de los ancianos, y de la generalización de bajos salarios.

LA UNIÓN: CONDICIÓN PARA LA VICTORIA

Es también un principio de esperanza: la esperanza lograda por la unidad de las fuerzas de la izquierda de transformación social, de la izquierda de la resistencia, de lucha, de la izquierda que trabaja para desarrollar las movilizaciones en las fábricas y empresas, en la calle, en los barrios, la izquierda que se ha unido para estas elecciones regionales. La izquierda son las fuerzas que se han aliado para presentar las listas «Juntos por regiones de izquierda, solidarias, ecológicas, ciudadanas». No solamente han contribuido al éxito del 21 de marzo, también han hecho avanzar las posiciones de resistencia y de ruptura con la política neoliberal; han asumido las exigencias y las medidas urgentes obreras y populares, como la de la defensa de la jubilación a los 60 años con pleno salario, sin descuentos.

APLICAR LOS COMPROMISOS DE LA CAMPAÑA

Reforzar e implantar este frente político y social, es condición esencial para que las esperanzas, los deseos y las exigencias obreras y populares se tomen, no sólo en cuenta, sino sobre todo para que sean aplicadas con medidas concretas obviadas en esta campaña:

  • Protección social en las regionaes para las capas afectadas por la crisis.
  • Transporte gratuito para los jóvenes, los parados y los trabajadores en precario.
  • Ninguna subvención para las subcontratas.
  • Apoyo a las luchas de los trabajadores por un aumento de los salarios, contra las reestructuraciones, los despidos, la precariedad, la flexibilidad, por la regularización de los trabajadores sin papeles, contra la criminilación de la actividad sindical.
  • Apoyo a la demanda de prohibir los despidos en las subcontratas.
  • Alto a la disminución de los servicios públicos de la enseñanza, de la sanidad, de la energía, transportes, desarrollo de esos servicios en las regiones.
  • Dotar de medios a las masas populares para que puedan organizarse, para que puedan movilizarse.

ORGANIZARSE PARA RESISTIR E IMPONER NUESTRAS DEMANDAS

Duros son los combates que se anuncian: no estamos a salvo de un programa de gran austeridad, como el que el gobierno socialista quiere imponer a los trabajadores, al pueblo griego, a instancias de la Unión Europea y del FMI. Además, aunque la derecha reconoce a regañadientes su derrota política, no cesa en utilizar la crisis para justificar de antemano las medidas que tratará de imponer para hacérnosla pagar.

En una crisis tan profunda del sistema capitalista, el gran capital está interesado en colocar en posiciones avanzadas a los grupos y partidos de la extrema derecha, para así tratar de dividir el rechazo de esa política y poder utilizarlo. Son Sarkozy, Besson, Hortefeux y cía. los que favorecen al FN[1] que en estas elecciones resurge con nuevos bríos.

Celebramos la derrota política propinada a la derecha, derrota a la que hemos contribuido con las fuerzas de las listas «Juntos por las regiones de izquierda». Es un primer paso y un estímulo para movilizarse. Para todas las fuerzas implicadas es un aliento para movilizarse. Es, para todas las fuerzas que han contribuido un compromiso para continuar el combate unidos contra la política reaccionaria de Sarkozy, una política al servicio exclusivo del gran capital, de los bancos y los accionistas.

París, 23 de marzo de 2010

Partido Comunista de los Obreros de Francia-

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