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Páginas de la ciencia y la cultura soviéticas: EL CINE (1917-1929)

marzo 7, 2014 por  
Publicado en: Artículos, Cultura

C. Hermida. Aunque el cine ya era en las grandes ciudades rusas un medio de entretenimiento  bastante popular a la altura de 1917 (1.400 salas de exhibición y 18 empresas), su impulso y rápido desarrollo se produjo tras la revolución de Octubre. En un país donde la mayoría de la población era analfabeta, el cine ofrecía unas posibilidades propagandísticas y pedagógicas inmensas. Así lo entendió el propio Lenin cuando afirmó en 1922 que “el cine es para nosotros la más importante de todas las artes”.
El lenguaje de la imagen y la posibilidad de llegar a millones de personas lo convertían no solamente en un arte verdaderamente popular, democrático, sino en una poderosa herramienta para  la construcción del socialismo. La afinidad entre el nuevo poder  y el cine eran evidentes, se complementaban.  La revolución necesitaba transformar, educar, difundir nuevos ideales, y el cine, fenómeno revolucionario en sí mismo, era el medio ideal de transmisión de los valores revolucionarios.
En marzo de 1918 se creó el Comité de Cine de Moscú. Los operadores que trabajaban para el Comité se dedicaron a recorrer el país filmando en los frentes de batalla, las sesiones de los soviets, la actividad en las fábricas y las granjas, las campañas contra el analfabetismo, etc.  De esta actividad surgió el primer noticiero soviético, Cine-semana, A pesar de las enormes dificultades económicas y de la escasez de material, durante la guerra civil (1918-1921), se hicieron decenas de películas y documentales cuya temática se ceñía fundamentalmente a la actividad bélica y a las transformaciones que experimentaba el país. La nacionalización de la industria cinematográfica en 1919 permitió a los directores más jóvenes y creativos contar con la ayuda estatal para llevar a cabo su trabajo, sin la cual hubieses sido imposible mantener la actividad fílmica en las circunstancias bélicas del momento.
El decidido apoyo del gobierno bolchevique,  el nuevo ambiente revolucionario que propiciaba la experimentación artística y el talento de los jóvenes cineastas hicieron posible la aparición durante los años veinte de una escuela cinematográfica que creó algunas de las obras maestras más importantes de la historia del cine. Dziga Vertov, Alexander Dovzhenko, Lev Kuleshov, Sergei Eisenstein y Vsevolod Pudovkin, entre otros, son los directores que colocaron al cine soviético en la vanguardia artística del cine mundial y cuya influencia llega hasta nuestros días. El nexo común entre todos ellos es  la experimentación técnica en el trabajo de montaje y entender el cine como un instrumento al servicio de la revolución.
Dzigha Vertov(1896-1954) fue el punto de arranque del cine de vanguardia soviético. Sus primeros trabajos consistieron en montar el material documental que se enviaba desde los frentes de batalla durante la guerra civil. Defendía la superioridad del documental sobre la ficción y elaboró la teoría del “cine-ojo”. Para mostrar la realidad había que prescindir de todo lo accesorio, como el guión, los actores profesionales o los decorados artificiales, porque la cámara era por sí misma capaz de mostrar la realidad a través del montaje. Sus elaboraciones teóricas quedaron plasmadas en El hombre de la cámara (1929), su película más emblemática.
Lev Kuleshov (1899-1970) es considerado el padre del cine soviético. Se incorporó a la Escuela de Cine de Moscú en 1921, donde montó el Laboratorio Experimental, en el que se formaron Pudovkin y Eisenstein. Su teoría del montaje parte de la base de que cada plano tiene un significado distinto según el contexto en el que está situado en relación con el plano anterior y el siguiente, conformando  la percepción del espectador. El mismo plano, en una secuencia diferente, tendrá un significado distinto. En una de sus clases tomo el plano  neutro de un actor y lo asoció, primero, a un plano en el que se veía un plato de sopa; en segundo lugar, a una mujer muerta en un ataúd, y, en tercer lugar, a una niña jugando. Aunque el plano del actor era el mismo, sus alumnos afirmaron que la primera imagen transmitía hambre; la segunda, tristeza; y la tercera, alegría. Entre sus películas destacan Las extraordinarias aventuras de Mr. West en el país de los bolcheviques (1924), El rayo de la muerte (1925) y Por ley (1926).
Alexander Dovzhenko (1894-1956)  comenzó su carrera como cineasta en 1926 y mostró sus grandes cualidades como director en la denominada trilogía ucraniana: Zvenigora (1928), Arsenal (1929)  y La Tierra (1930). Esta última, una reflexión sobre la vida, la muerte, la naturaleza y el amor, destaca por el innovador montaje y la originalidad de la fotografía, y está catalogada como uno de las mejores películas de la historia del cine.
Vsevolod Pudovkin (1893-1953) es, junto con Eisenstein, el gran maestro del cine soviético. En 1920 se inscribió en la Escuela de Cine de Moscú y sus primeras realizaciones fueron La fiebre del ajedrez y La mecánica del cerebro. En 1926 dirigió su primera obra maestra, La madre, a la que siguió El fin de San Petesburgo (1927). Influido por el cineasta norteamericano Griffith, Pudovkin condensó en esas dos obras los elementos fundamentales de su forma de ver el cine. En primer lugar, la esencia del tema es la acción colectiva, pero personificando la trama en personajes concretos,  alternando en acciones paralelas los relatos individuales con la temática colectiva. En segundo lugar, el uso de los denominados “guiones de hierro”, que contenían los escenarios, la iluminación, el desplazamiento de la cámara y el montaje que se iba a realizar; y, finalmente  el montaje como elemento central de la película:  El montaje es la base estética del filme (…)es preciso reconocer que el concepto de montaje no es siempre entendido en su amplitud e interpretado en su verdadero significado: es frecuente la concepción ingenua que entiende por montaje la simple operación de encolar los vanos trozos de película según el orden cronológico; para otros, existen solo dos tipos de montaje, uno lento y otro rápido, olvidando o ignorando que el ritmo, es decir, la ley que determina la duración o la brevedad de los trozos de película a montar, está en realidad muy lejos de agotar todas las posibilidades del montaje (…) la expresión “rodar una película” es del todo falsa y debe desaparecer del uso. Un filme no es rodado, sino construido con cada uno de los fotogramas y con las escenas que constituyen su materia prima…  (Pudovkin: Argumento y montaje: bases de un filme).
Una película –El acorazado Potemkin —  y una de sus escenas (la matanza en la escalinata de Odessa perpetrada por las tropas del zar) representan el culmen del cine soviético en su etapa muda. Realizada en 1925 por Serguéi Eisenstein (1898-1948), esta obra fue considerada en la Exposición Universal de Bruselas de 1958 como la mejor película de la historia del cine. Basada en un hecho real, Eisenstein introduce al espectador en los acontecimientos revolucionarios de 1905, haciéndole partícipe de la lucha. Con un montaje impresionante, el director es capaz de crear una diversidad de sentimientos, emociones y estados de ánimo, cuya máxima tensión dramática se alcanza en la escena de la escalinata.  Es un filme épico en el que las masas son las protagonistas.
Eisenstein constituye  el punto culminante de la evolución del montaje en la escuela soviética. Al igual que Pudovkin, considera que la materia prima del cine no es la realidad, sino el medio cinematográfico. Los planos sueltos  no tienen significado y solo adoptan un sentido cuando se relacionan entre sí por medio del montaje, distinguiendo cinco tipos: métrico, rítmico, tonal, armónico e intelectual. Entre sus grandes obras destacan también La huelga (1924), Octubre (1928), Alexandr Nevski (1938) e Iván el terrible (1944).

*   *   *   *   *

 Con este artículo termina la serie dedicada a la Ciencia y la Cultura soviéticas. Ha sido una breve muestra de los logros que en el campo científico y cultural alcanzó la URSS desde 1917 hasta su desintegración en 1991. El socialismo y la economía planificada de los años treinta fueron capaces de convertir a la Rusia soviética en un corto espacio de tiempo en una gran potencia mundial y su victoria sobre la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial  quedará como una de las grandes hazañas en la historia de la Humanidad.
Cientos de brillantes escritores, matemáticos, físicos, historiadores, artistas e intelectuales en general no han aparecido en estos artículos, pero tampoco queríamos cansar a los lectores de Octubre. Nuestra intención ha sido mostrar una faceta de la Unión Soviética que en el mundo capitalista se oculta y  tergiversa  y contribuir en la medida de lo posible a la formación de los militantes del PCE (m-l) para afrontar el combate ideológico contra la burguesía.
A todos los que han seguido estos artículos, mi más sincero agradecimiento  por su atención y su paciencia.  

Páginas de la ciencia y la cultura soviéticas: M.A. SHÓLOJOV, por Carlos Hermida (Octubre nº 64)

agosto 1, 2013 por  
Publicado en: Artículos, Cultura

MIJAÍL ALEKSÁNDROVICH SHÓLOJOV nació   el 24 de mayo de 1905 en la aldea de Kruzhílino, a orillas del río Don, en el seno de una familia de campesinos cosacos. Comprometido desde su juventud con la revolución bolchevique,  se alistó en el Ejército Rojo y participó en la guerra civil. Tras el final de la guerra se trasladó a Moscú,  desempeñando diversos trabajos, aunque pronto regresó a su pueblo natal, donde  inició su carrera literaria.  En 1932 se afilió al partido comunista y en 1937 fue elegido diputado del Soviet Supremo.
La primera manifestación de su talento fue la publicación de Cuentos del Don (1925), en los que narraba algunas de sus experiencias en la guerra civil, pero su obra maestra fue, sin duda, El Don apacible, escrita entre 1928 y 1940, y compuesta de cuatro volúmenes (El Don apacible, La guerra continúa, Rojos y blancos  y El color de la paz). Esta novela, una de las mejores de la literatura del siglo XX, constituye un enorme fresco histórico sobre el pueblo cosaco desde 1914 a 1920.
El Don apacible es un relato épico semejante a Guerra y Paz. Al igual que en la novela de  Tolstoi,  Shólojov combina escenas de batallas con descripciones de la vida cotidiana, sentimientos individuales  y tradiciones colectivas. Concebida como la epopeya del pueblo cosaco, la novela tiene un enorme interés histórico por el carácter de documento fidedigno sobre el comportamiento de los cosacos ante la revolución. En este marco histórico perfectamente reconstruido se mueven unos personajes enfrentados a unos acontecimientos que alumbran un nuevo mundo. El protagonista es Grigori Melejov, un cosaco del Don que lucha al servicio del zar en la Primera Guerra Mundial, para después combatir a los comunistas en la guerra civil, unirse a ellos temporalmente, y volver a combatirlos tras el asentamiento del poder bolchevique en la zona del Don. Sus vicisitudes, dudas y miedos  son también las del pueblo cosaco ante una revolución que amenaza sus formas de vida, pero que anuncia la modernización del país y un nuevo poder de obreros y campesinos.
El Don y la estepa son el marco espacial en el que Shólojov, con una extraordinaria maestría literaria, dibuja con una técnica objetiva y naturalista sentimientos, emociones y comportamientos políticos, alejándose de planteamientos maniqueos: no hay bolcheviques  buenos    frente a malvados contrarrevolucionarios (cosacos), sino hombres  y mujeres con matices, claroscuros, actores todos ellos que viven, luchan y mueren sobre el fondo histórico de una revolución que encarna el progreso, la justicia social y el avance histórico.
En 1932 apareció la primera parte de Campos roturados, en la que el autor defendía la colectivización agraria. La segunda parte se demoraría hasta 1960. Durante la Gran Guerra Patria sirvió como corresponsal y en 1942 publicó Lucharon por la Patria, novela en la que exaltaba el heroísmo de los soldados soviéticos frente al ocupante nazi.
Shólojov fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1965 y en la URSS recibió todo tipo de honores, entre ellos el “Premio Stalin” en 1941. Miembro del Comité Central del PCUS desde 1961, formó parte de la Academia de Ciencias de la URSS y fue sin duda el escritor más influyente en la Unión Soviética desde los años treinta hasta su fallecimiento en 1984. Sus obras han sido traducidas a treinta idiomas y de ellas se han  vendido decenas de millones de ejemplares.
En los cenáculos literarios anticomunistas de la Guerra Fría se le acusaba de ser un autor oficial, que escribía de acuerdo con los dictados del denominado “realismo socialista”, intentando de esta forma  menospreciar y rebajar la calidad literaria de sus novelas. Estas afirmaciones solo pueden ser pronunciadas por reaccionarios,  ignorantes o escritores de medio pelo fracasados y corroídos por la envidia, que desconocen lo que es el realismo socialista y no han leído ni la portada de El Don apacible. Shólojov unía a su condición de comunista una extraordinaria calidad como novelista, algo que los prebostes del mundo literario capitalista no le perdonaban. Vano intento el de los profesionales del anticomunismo. Shólojov figura entre los mejores escritores de todos los tiempos. Es un clásico.

Páginas de la ciencia y la cultura soviéticas: S.S. PROKOFIEV, por C. Hermida (Octubre nº 63)

julio 9, 2013 por  
Publicado en: Artículos, Cultura

Sergéi Sergeievich Prokofiev (1891-1953) fue, junto con Dimitri Shostakovich, el mejor representante de la escuela de composición soviética  y uno de los más importantes  compositores del siglo XX, autor de una música en el que se conjugaron armónicamente  la tradición y la modernidad.
Prokofiev nació el 23 de abril de 1891 en la localidad de Sontsovka (Ucrania) y recibió de su madre las primeras lecciones de piano, revelándose como un verdadero niño prodigio, capaz de escribir con nueve años una pequeña ópera en tres actos (El Gigante).  En 1902 comenzó a recibir clase privadas con el compositor Reinhold Glière y en 1904 ingresó en el Conservatorio de San Petesburgo, teniendo como profesor, entre otros, a Rimski-Korsakov. Durante sus años de formación se interesó por los compositores contemporáneos  y escribió la Sonata nº 1 para piano, una obra con la que se abre un ciclo de diez sonatas que son fundamentales en el legado del compositor. Con 18 años consiguió su diploma de graduación, pero siguió estudiando piano durante cinco años, ya que su objetivo era convertirse en concertista de ese instrumento.
En 1914 viajó a Londres, donde conoció a Sergéi Diaghilev, el empresario de  ballets , quien le propuso la música para un ballet sobre el antiguo paganismo ruso. El resultado fue la Suite Escita nº 20 (1915), una obra cargada de pasajes violentos y visiones fantasmagóricas. Los años 1916 y 1917 fueron muy productivos en la carrera del compositor, cultivando diversos géneros: música para piano, música vocal, sinfónica y ópera. De estos años datan dos obras importantes: la Sinfonía clásica en re mayor, opus 25 y la cantata para tenor, coro y orquesta Siete, ellos son siete, opus 30.
A diferencia de otros intelectuales y artistas, Prokofiev no estaba tan comprometido políticamente con la revolución bolchevique, y en 1918 marchó a Estados Unidos, donde se dio a conocer rápidamente y compuso la ópera El amor de las Tres Naranjas y el magnífico Concierto para piano nº 23. Pero su salida del país no se debió a motivos políticos, sino a la necesidad de trabajar con tranquilidad. Entre 1919 y 1923 vivió en Estados Unidos, Alemania y Francia, y desde 1929 a 1936 realizó diversos viajes a la Unión Soviética. Las creaciones más importantes durante estos años fueron los encargos que recibió desde la URSS. En 1936 el teatro Infantil de Moscú le encargó una obra pedagógica para niños y Prokofiev compuso el cuento musical Pedro y el Lobo, opus 67, para orquesta y relator, alcanzando una inmediata popularidad. En respuesta a un encargo del director de escena Radlov, realizó el ballet Romeo y Julieta.
A finales de 1936 se instaló en Moscú y al año siguiente recibió la ciudadanía soviética. En 1937 compuso la Cantata para el Vigésimo Aniversario de la Revolución de Octubre, opus 47, para dos coros, acordeones y orquesta. Tras el ataque alemán contra la URSS, Prokofiev fue evacuada al Caúcaso y posteriormente a Alma-Atá, en Kazajastán. Tras el final de la contienda terminó varias obras esbozadas durante los años de guerra, como la Sinfonía nº 5, opus 50, y el ballet La Cenicienta, opus 87.
El definitivo asentamiento en la Unión Soviética supuso un cambio compositivo. Su obra, que había experimentado con la politonalidad y las armonías disonantes, se volvió más melódica, lírica y popular, derivando hacia un mayor clasicismo, aunque algunas de sus obras fueron criticadas desde instancias oficiales. En 1952 recibió el “Premio Stalin”.
A partir de 1950 su salud se resintió y pasó largas temporadas hospitalizado, falleciendo a consecuencia de un derrame cerebral el 5 de marzo de 1953, el mismo día de la muerte de Stalin.

PRINCIPALES OBRAS
8 Óperas,  destacando El Amor de las tres naranjas  y Guerra y paz; 7 Ballets, destacando Romeo y Julieta y La Cenicienta; 7 Sinfonías, destacando la Nº 1 Clásica  y la  Nº 5; 5 Conciertos para piano, destacando el Nº 3; 2 Conciertos para violín; 2 Conciertos para violonchelo; 10 sonatas para piano; 2 Cuartetos de cuerda.

Páginas de la ciencia y la cultura soviéticas: D. D. SHOSTAKOVICH (Octubre nº 62)

abril 30, 2013 por  
Publicado en: Artículos, Cultura

Dmitri Dmitrievich Shostakovich ha sido uno de los grandes compositores del siglo XX y el más importante de los sinfonistas soviéticos, autor de una amplia obra musical en la que destacan sus 15 sinfonías, 24 preludios y fugas para piano, sonatas, ópera, música para cine, conciertos para piano, etc. Toda su producción musical estuvo marcada por la época histórica que le tocó vivir: la revolución bolchevique,  la construcción del régimen socialista y la consolidación de la URSS. Su inmenso talento y las nuevas necesidades musicales generadas por los acontecimientos históricos que transformaron la vieja Rusia en un país socialista se combinaron para crear un lenguaje musical brillante. Shostakovich fue un autor prolífico y diverso, que  experimentó con la atonalidad y fue a la vez capaz de elaborar brillantes composiciones dedicadas a epopeyas revolucionarias. Una de sus facetas fue su estrecha colaboración con el cine, componiendo 38 bandas cinematográficas de indudable calidad que abarcan desde 1929 hasta 1970.
La revolución bolchevique abrió un nuevo horizonte para  la música, al igual que ocurrió con todas las actividades culturales y científicas. Desde el Comisariado del Pueblo de Instrucción, la música recibió un impulso extraordinario, acercándola a los trabajadores y permitiendo el acceso a los conservatorios de todos los estudiantes que tuvieran talento. Es  este nuevo contexto revolucionario, en el que conservatorios y escuelas musicales se integraron en la red estatal de enseñanza y la educación dejó de ser un privilegio elitista, el que explica la proliferación de compositores soviéticos, reconocidos algunos de ellos como figuras clave de la historia de la música.
Shostakovich  nació  el 25 de septiembre de 1906 en San Petesburgo (al comenzar la Primera Guerra Mundial la ciudad pasó a denominarse Petrogrado y posteriormente Leningrado). Era el segundo de un matrimonio de tres hijos y creció en un ambiente familiar de bienestar económico e interés cultural. A los nueve años recibió lecciones de piano de su madre, Sofía Vasilievna, y a los trece ingresó en el Conservatorio  de Petrogrado, dirigido por el famoso compositor Glazunov. Debido a sus grandes dotes para la música, Shostakovich progresó rápidamente en sus estudios y en 1926 compuso su Primera Sinfonía, un trabajo de final de curso para concluir sus estudios en el Conservatorio y que fue considerada, por su madurez, una obra maestra. Con 19 años, Shostakovich recibió el reconocimiento unánime de la crítica.
En 1927 fue estrenada la Sinfonía nº 2, compuesta para conmemorar el décimo aniversario de la Revolución de Octubre. La obra tiene un único movimiento y se caracteriza por el sentimiento revolucionario.
Tras componer la Sinfonía nº 3 ”Primero de Mayo” (1930) , estrenó en 1934 su ópera “Lady Macbeth de Mtsensk”, dedicada a su esposa Nina Verzak, que fue objeto de duras críticas en el diario “Pravda”, donde apareció  un editorial titulado “Caos, no música”. Acusado de oscuridad, sofisticación, formalismo decadente y abandono del realismo, Shostakovich decidió que no se interpretara su vanguardista Sinfonía nº 4 e inició una reflexión musical profunda que se plasmó en la  Sinfonía nº 5 (1937), a la que subtituló “Réplica de un artista soviético a una justa crítica”, quizás la más popular del autor, obra más clásica y sencilla, estructurada en cuatro movimientos y aclamada por la crítica.
Aunque algunos autores especulan con que este cambio de estilo fue debido al intento de congraciarse con el régimen y que en sus partituras hay elementos escondidos que reflejarían críticas contra Stalin, lo cierto es que Shostakovich se identificaba con la revolución y en 1960 ingresó en el Partido Comunista. El hecho de que recibiera críticas en determinados momentos de su vida no convierte al compositor en la víctima de un sistema opresor que controlaba estrechamente a los intelectuales. Las interpretaciones paranoicamente anticomunistas de la “Guerra Fría” son inservibles para entender la sociedad y la política de la URSS.
El patriotismo de Shostakovich y su identificación con el régimen soviético quedaron claramente de manifiesto al iniciarse la agresión nazi contra la Unión Soviética en junio de 1941. Shostakovich estaba en Leningrado y se negó a ser evacuado. Intentó alistarse en el ejército, pero fue rechazado por su mala visión, siendo asignado a una unidad de bomberos. La ciudad estuvo sitiada por las tropas alemanas durante dieciocho meses y perecieron más de 600.000 personas de hambre y frío. Durante el asedio compuso los tres primeros movimientos de su extraordinaria Sinfonía nº 7 “Leningrado”. En el mes de octubre de 1941 fue evacuado por vía aérea. Una vez terminada, la sinfonía fue estrenada en Leningrado por una orquesta improvisada el 5 de marzo de 1942 y transmitida en directo a todo el país, Gran Bretaña y Estados Unidos  Fue un acto de valentía, coraje y dignidad, que elevó la moral de los combatientes en todo el país y demostró a los nazis la voluntad inquebrantable de resistencia del pueblo soviético. La sinfonía era más que un homenaje a los defensores de la ciudad y se convirtió en el estandarte de la lucha contra el invasor.
Tras el final de la guerra, Shostakovich y otros compositores fueron acusados en 1948 de desviaciones formalistas, pero eso no le impidió seguir componiendo y realizar numerosos viajes al extranjero. En 1949 visitó Estados Unidos como miembro de la delegación soviética en la “Conferencia para la Paz Mundial”, celebrada en New York, y en 1950 viajó a Varsovia y Leipzig, donde asistió a los actos conmemorativos del bicentenario de la muerte de J. S. Bach.
En 1949 compuso el “Canto de los bosques”, un oratorio en siete movimientos inspirado en los proyectos de reforestación tras los daños ambientales producidos por la guerra. Por esta obra fue galardonado con el “Premio Stalin”. Entre julio y octubre de 1953 realizó la Sinfonía nº 10, considerada por algunos críticos como la mejor de todas las sinfonías del compositor.
Durante los años sesenta continuó componiendo, a pesar de que estuvo aquejado de mielitis y sufrió graves problemas coronarios. De estos años datan las Sinfonías 13, 14 y 15.  Poco antes de su muerte, acaecida en Moscú en agosto de 1975, compuso la “Sonata para viola y piano”, que corrigió cuando ya estaba ingresado en hospital.
Sus méritos fueron ampliamente reconocidos tanto en el ámbito nacional como internacional: recibió varios “Premios Stalin”; en 1951 se convirtió en diputado del Soviet Supremo; en 1956 recibió la “Orden de Lenin” y en 1966 fue el primer compositor en recibir la condecoración de “Héroe del Trabajo Socialista”.  Fue investido en 1957 “Doctor Honoris Causa” por la universidad de Oxford y en Francia recibió la “Orden de las Letras y las Artes”.

Páginas de la ciencia y la cultura soviéticas: V.V. MAIAKOVSKI, por C. Hermida

abril 30, 2013 por  
Publicado en: Artículos, Cultura

a_maiakoskiVladímir Vladímirovich Maiakovski   nació el 7 de junio de 1893 en la ciudad caucásica de Bagdadi. Su padre, guardia forestal, falleció en 1906 y la madre decidió trasladar a  la familia a Moscú.  Maikovski, de  trece años de edad, y sus dos hermanas llegaron a la ciudad cuando todavía estaban muy vivos los acontecimientos de la revolución de 1905. Pronto entró en contacto con el movimiento revolucionario estudiantil y en 1908 se afilió al Partido Bolchevique. Acusado de repartir octavillas, fue detenido, saliendo en libertad al poco tiempo debido a su corta edad. En 1909 volvió a ser detenido en dos ocasiones y paso once meses en la prisión de Butyrki.
Tras su salida de la cárcel se apartó temporalmente de la lucha política y en 1911 se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de Moscú, donde trabó amistad con D. Burliuk, fundador y organizador del grupo futurista “Hylea”. Aunque sus grandes pasiones eran la pintura y la literatura, Miakovski terminó decantándose por esta última.
En 1912 firmó La bofetada al público, el manifiesto colectivo del grupo futurista, y comienza a publicar sus primeras poesías en el los almanaques “la Bofetada” y “El vivero de los peces”. En 1913 publicó “Yo”, su primer poemario, y ese mismo año estrena en el teatro “Luna Park” de San Petesburgo su tragedia “Vladimir Maiakovski”, interpretada por estudiantes aficionados y con el propio Maiakovski interpretando el papel principal.
A comienzos de 1915 se trasladó a Petrogrado, donde realizó  el servicio militar y vivió hasta 1919. El mismo año de su llegada a la capital    escribe “Una nube con pantalones”, poema dividido en cuatro partes que constituye una protesta contra la sociedad burguesa y el capitalismo, y “La flauta vertebrada”, dedicado a Lili Brik, el gran amor de Maiakovski y esposa de Ossik Brik, amigo y editor del poeta.
Maiakovski se identificó inmediatamente con la revolución bolchevique y su poesía  adquiere  una nueva estética condicionada por los ideales comunistas y la exaltación de los valores revolucionarios. Coincidiendo con el primer aniversario de la revolución escribe la obra teatral “Misterio bufo”. En 1919 se traslada a Moscú y comienza a trabajar en la Agencia Telegráfica de Rusia (ROSTA), donde se dedica   a elaborar cientos de carteles de propaganda revolucionaria. Con una prodigiosa capacidad de creación, simultanea diversas actividades: cine, circo, teatro, propaganda política y poesía, mostrando en todas ellas un inmenso genio y un espíritu vanguardista que rompía con los cánones estéticos tradicionales. El nuevo mundo que estaba creando la revolución socialista era propicio para la experimentación artística e intelectual de Maiakovski.
Entre 1919 y 1922 escribe cuatro de sus mejores poemas: “150.000.000”, “Acerca de esto”,  “Segunda orden al ejército del Arte” y “La canalla”. En 1922 Maiakovski colaboró en la creación del Frente de Izquierdas del Arte (LEF), en el que trabajaron, entre otros, los cineastas Dziga Vertok y Sergei Eisenstein. El LEF consideraba el arte como un fenómeno social que debía exponer la realidad con un estilo revolucionario, ajeno a los clichés academicistas.
En 1924 compuso “Vladimir Ilich Lenin”, en honor del gran dirigente bolchevique. Tras sus viajes por Europa  (1922) y  Estados Unidos (1925), de vuelta a la URSS escribió dos de su piezas satíricas más famosas: “La chinche” (1929)  y “El baño” (1930), en las que se criticaba a la pequeña burguesía surgida con la  Nueva Política Económica (NEP) y a la burocracia.
La crítica fue muy dura con  “El baño”, que consideraba la obra como ininteligible para los obreros. Estos juicios, combinados con cuestiones amorosas, debieron sumir a Maiakovski en una depresión que le condujo al suicidio. El 14 de abril de 1930 se disparó un tiro en el corazón.   Aunque hay autores que han querido ver en su suicidio una clara motivación política derivada de su decepción por el curso de la revolución, no hay ninguna prueba que avale esta opinión. De hecho, en la nota escrita dos días antes de su suicidio afirma que no se debe culpar a nadie de su muerte:
¡A todos!
No se culpe a nadie de mi muerte y, por favor,
nada de chismes. Lili ámame.
Camarada gobierno, mi familia es: Lili Brik, mi madre, mis hermanas y Verónica Vitaldovna Polonskaya.
Si se ocupan de asegurarles una existencia decente, gracias.
Por favor den los poemas inconclusos a los Brik,
ellos los entenderán.
Como quien dice
la historia ha terminado.
El barco del amor
se ha estrellado
contra la vida cotidiana
Y estamos a mano
tú y yo
Entonces ¿para qué
reprocharnos mutuamente
por dolores y daños y golpes recibidos?

Para los que quieren ver oscuras maquinaciones estalinistas en la muerte del poeta, en 1936 el propio Stalin afirmó que  Maiakovski había sido “el mejor poeta de la era soviética”.
Maiakovski fue el gran poeta de la revolución bolchevique, realizando una inmensa labor de agitación cultural, aunque en ocasiones no fue comprendido desde algunas instancias oficiales. Dio charlas y conferencias a lo largo de la Rusia soviética, leyó sus obras en las fábricas, debatió con los obreros, los estudiantes, los campesinos y los soldados del Ejército Rojo. La poesía fue para él un arma de lucha en la forja de una nueva sociedad, en el camino hacia el socialismo. Rechazando los formalismos académicos, sus innovadores ritmos y rimas le sirvieron para transmitir con intensidad emocional tanto el sentimiento amoroso como la voluntad revolucionaria.

PRINCIPALES OBRAS

Yo mismo, colección de versos, 1913 (Я!)
¡Vea Ud.!, 1913 (Нате!)
Vladímir Maiakovski, 1914 (Владимир Маяковский)
Una Nube con Pantalones, 1915 (Облако в штанах)
La Flauta Vertebrada, 1915 (Флейта-позвоночник)
Guerra y paz, 1917 (Война и мир)
Hombre, 1918 (Человек)
Misterio bufo, 1918 (Мистерия-буфф)
150 000 000, 1920
Amo, 1922 (Люблю)
Acerca de Esto, 1922 (Про это)
Vladímir Ilich Lenin, 1924 (Владимир Ильич Ленин)

El Problema de las nacionalidades en España

noviembre 8, 2012 por  
Publicado en: Biblioteca, Cultura

nacionalidadesPresentamos el nuevo libro de Aurora 17 “El problema de las nacionalidades en España”, con prólogo del camarada Raúl Marco.

Este folleto es una reedición, casi cuarenta años después de la primera edición, sin que el tema haya perdido la menor actualidad. Antes al contrario, el paso de los años mantiene en primera línea de los problemas políticos e ideológicos esta cuestión sobre las nacionalidades y las naciones que conforman España.
Como se dice en él: “…sólo en el marco de una República Popular se podrá resolver correctamente este problema con arreglo a los intereses de los respectivos pueblos, e insistimos, de los pueblos, de la clase obrera, de los trabajadores, no según dictados y maniobras de las burguesías y oligarquía de cada lugar, incluida la centralista y españolista que manipulan la cuestión para escamotearla a los pueblos”.

Pedidos a Aurora 17
(aurora17edito@gmail.com)

Páginas de la ciencia y la cultura soviéticas: la exploración del cosmos, por C. Hermida

mayo 30, 2011 por  
Publicado en: Artículos, Cultura

El comienzo de la exploración del Cosmos se sitúa el 4 de octubre de 1957, cuando la Unión Soviética realizó el lanzamiento del primer satélite artificial, que durante 92 días orbitó alrededor de la Tierra. A pesar de la gigantesca devastación que sufrió el país durante la Segunda Guerra Mundial, la economía planificada permitió una rápida recuperación y la URSS se colocó por delante de Estados Unidos en la que pronto se denominaría carrera espacial. La furiosa propaganda burguesa, con su campaña de difamaciones y mentiras, ha intentado por todos los medios tergiversar la realidad social, económica y cultural de la desaparecida Unión Soviética, a la que presentaba como un país dominado por una tiranía comunista que había implantado un modelo económico ineficaz y mantenía a los ciudadanos en una situación de escasez crónica. Pero los hechos son tozudos y demostraban una y otra vez que la revolución bolchevique de 1917 y el socialismo habían convertido a uno de los países más atrasados de Europa en una potencia mundial. La industrialización de los años treinta, la victoria sobre la Alemania nazi y los éxitos científicos desmentían de manera contundente las falsedades vertidas por las clases dominantes del mundo capitalista. Si el socialismo era un fracaso completo, ¿qué hacía un satélite soviético en el espacio?
El fundador de la cosmonáutica moderna fue el científico ruso Konstantin Eduárdovich Tsiolkovsky (1857-1935). En 1879 obtuvo el título de maestro y desde 1880 explicó matemáticas y física en las ciudades de Borovski y Kaluga. Desde 1885 trabajó en dos proyectos sobre un dirigible y un avión de carcasa metálica, aunque sus trabajos teóricos no pudieron llevarse a la práctica por falta de medios. En 1895 construyó el primer túnel aerodinámico de Rusia.
Sus trabajos más valiosos tratan sobre la teoría del movimiento reactivo, planteando en 1883 la idea de utilizar ese movimiento en un aparato volador interplanetario. En 1903 publicó “Investigación de los espacios universales mediante aparatos reactivos”, donde exponía las leyes del movimiento del cohete como un cuerpo de masa variable en un espacio sin gravedad y en un campo de gravitación, y fundamentaba la posibilidad de utilizar cohetes en las comunicaciones interplanetarias.
Tras la Revolución de Octubre, las investigaciones de Tsiolkovsky recibieron un gran apoyo del Estado soviético. En 1929 publicó el trabajo “Un tren cósmico de cohetes”, en el cual se expone la teoría sobre un tipo especial de cohetes de varias fases. Entre sus muchas aportaciones científicas destacan las bases teóricas sobre la construcción de cohetes de propulsante líquido.
En el avance de la cosmonáutica soviética destaca también la figura de Iván Vsevolodovich Meshchersky (1859-1935), cuya producción teórica trató fundamentalmente sobre la dinámica de una masa variable.
El triunfo de la revolución bolchevique abrió una nueva etapa en la investigación científica en general y en la cosmonáutica en particular. La ciencia y la cultura fueron impulsadas decisivamente por el gobierno bolchevique para sacar al país del atraso secular causado por la autocracia zarista. A principios de 1921 se creó en Moscú el primer Laboratorio Soviético de Investigación, Pruebas y Diseño de Cohetería, fundado por Nikolái Ivánovich Tijomirov. En 1927 se trasladó a Leningrado, pasando a denominarse “Laboratorio de Dinámica de los Gases” (GDL).
En junio de 1932 se organizó en Moscú el Grupo de Estudio del Movimiento Reactivo (GIRD), bajo la dirección de S. P. Korolev (1906-1966), cuyas investigaciones fueron la base para la construcción de los primeros cohetes de propulsante líquido. El nombre de Korolev está vinculado directamente a la exploración espacial. Tras la contienda mundial, se dedicó al diseño de de diferentes prototipos de cohetes que culminaría en el lanzamiento del Sputnik en 1957. Este primer satélite artificial pesaba 83,6 kg, tenía forma esférica y un diámetro de 580 mm. Estaba dotado de 4 antenas y las emisiones de radio funcionaban con una frecuencia de 20,005 y 40,002 MHz. El siguiente paso fue enviar un animal al espacio (la perra Laika), el 3 de noviembre de 1957, y el 12 de abril de 1961 Yuri Gagarin realizó el primer vuelo espacial tripulado. En junio de 1963 la soviética V.V Tereshkova se convirtió en la primera mujer cosmonauta. Dos años más tarde, el cosmonauta A.A. Leonov salió de la nave Vosjod-2 y realizó el primer paseo espacial.
Los éxitos soviéticos provocaron la reacción de Estados Unidos. Con un presupuesto gigantesco, los norteamericanos lograron colocar un hombre en la Luna en 1969 y asegurarse de este modo un éxito propagandístico que intentó minusvalorar y ocultar los avances soviéticos; pero, antes de que el Apolo XI realizara su histórico vuelo, el programa espacial de la URSS había lanzado sondas automáticas de exploración lunar. La sonda Luna-3 envió las primeras fotografía de la cara oculta de la Luna y el Luna-9 realizó en 1966 el primer alunizaje en la superficie del satélite. Posteriormente, se acometió el programa LUNAKHOD, que consistió en situar en la superficie lunar vehículos teledirigidos que disponían de paneles solares para cargar sus baterías y se desplazaban mediante ruedas. Llevaban incorporadas cámaras de televisión y transmitieron a la Tierra imágenes de elevado valor científico.
El Lunakhod estaba formado por un compartimento tipo bañera redonda, cubierto por una tapa integrada por células fotovoltaicas que le suministraban energía. Tenía unas dimensiones de 135 cm de alto, 170 de largo y 160 de ancho, con un peso de 840 kg. Se movía con un sistema de ocho ruedas metálicas que contaban con motores, sistemas de amortiguación y frenos independientes. Podía pasar obstáculos de  hasta 40 cm de altura o cavidades de hasta 60 cm. Un conjunto de controles automáticos lo hacían detenerse en los casos de inclinación peligrosa, bloqueo de alguna rueda o sobrecalentamiento. Para sus comunicaciones con la Tierra, contaba con una antena cónica omnidireccional y una antena altamente direccional helicoidal. Además de cuatro cámaras de televisión, los instrumentos científicos comprendían un detector de rayos X solares, un astrofotómetro para medir los niveles de luz, un magnetómetro, un radiómetro, un fotodetector para los experimentos de detección láser y dispositivos extensibles para estudiar la densidad del suelo lunar.
El primer Lunakhod comenzó su recorrido lunar el 17 de noviembre de 1970 y terminó su misión el 30 de septiembre de 1971, tras haber enviado más de 20.000 imágenes. El segundo vehículo se posó en suelo lunar el 16 de enero de 1973 y hasta el 9 de mayo del mismo año recorrió 37 kilómetros.
La última hazaña soviética en la exploración del Cosmos fue el lanzamiento de la estación espacial MIR en 1986, que constituyó la culminación del programa espacial de la URSS. Fue la primera estación permanente de investigación en el espacio. Diseñada para que funcionase durante 5 años, estuvo operativa 13 años, hasta su destrucción controlada en 2001. La MIR fue ensamblada en órbita, conectando de forma sucesiva varios módulos desde el 19 de febrero de 1986 hasta el año 1996. Los módulos acoplados fueron: MIR 1, KVANT, KVANT-2, KRISTALL, SPEKTR, DOCKING, MODULE y PIRODA.
En la estación MIR se realizaron trascendentales investigaciones científicas y se batieron marcas de permanencia en el espacio. En 1988 comenzaron las misiones conjuntas con cosmonautas de países socialistas, a las que siguieron tripulaciones integradas por franceses, británicos, alemanes y estadounidenses.

Lanzamiento de aparatos espaciales soviéticos entre 1957 y 1969

AÑO                    NÚMERO  DE APARATOS
1957……………………………………. 2
1958……………………………………..1
1959……………………………………..3
1960……………………………………..4
1961……………………………………..6
1962…………………………………….18
1963…………………………………….15
1964…………………………………….34
1965…………………………………….67
1966…………………………………….44
1967……………………………………113
1968…………………………………….74
1969…………………………………….21

FUENTE: Enciclopedia Soviética. Cosmonáutica. Moscú, editorial Mir, 1969. Págs. 556-608.

Cualquier persona medianamente informada sabe que fue un estadounidense el primer hombre que pisó la Luna, pero probablemente ignore el papel pionero de la URSS en la exploración espacial. Sirvan estas líneas para rendir homenaje a todos los cosmonautas soviéticos y también para tratar de recuperar, frente a la amnesia programada, la memoria histórica de la Unión Soviética.

Páginas de la ciencia y la cultura soviéticas: A. I. Oparin , por C. Hermida

abril 30, 2011 por  
Publicado en: Artículos, Cultura

El problema del origen de la vida ha sido, sin duda alguna, una de las cuestiones fundamentales del pensamiento humano en todas las épocas. Hasta el siglo XIX, la teoría de la generación espontánea fue ampliamente aceptada. Se basaba en la observación empírica de que en cualquier sustancia orgánica, colocada en un recipiente durante cierto tiempo, aparecían los más diversos organismos. De esa experiencia se deducía que esos organismos se formaban espontáneamente, sin necesidad de haber sido engendrados o creados por otros. Los experimentos de Louis Pasteur en 1860 demostraron sin ningún género de dudas que todos los seres vivos proceden necesariamente de otros seres vivos. Al ser desmontada definitivamente la generación espontánea, quedó abierto de nuevo el problema científico del origen de la vida.
En 1924, el bioquímico ruso Alexander Ivánovich Oparin (1894-1980) publicó un pequeño folleto en el que formulaba sus tesis fundamentales sobre el tema. De forma esquemática planteaba la posibilidad de la síntesis primaria, sin intervención de organismos vivos, de los compuestos orgánicos más elementales (los hidrocarburos) en nuestro planeta. Posteriormente, la evolución de esas sustancias habría conducido a la formación de compuestos albuminoideos y, ulteriormente, de sistemas coloidales susceptibles de experimentar un progresivo perfeccionamiento de su organización interna merced a la selección natural. Estas tesis fueron ampliamente desarrolladas años más tarde en su libro Origen de la vida sobre la Tierra, publicado en 1936. Oparin se había graduado en la Universidad de Moscú en 1917 y en 1927 consiguió la cátedra de Bioquímica. En 1935 fundó el Instituto Bioquímico, que dirigió hasta 1946, y en 1970 fue nombrado Presidente de la Sociedad Internacional para el Estudio de los Orígenes de la Vida.
Según Oparin, la vida era el resultado de complejos procesos químicos que habían tenido lugar en la Tierra en condiciones muy diferentes a las actuales:
«Una fracción considerable de los miliardos de años transcurridos entre su aparición como astro independiente y el origen de los primeros seres vivos estuvo ocupada por los procesos de evolución abiógena de los compuestos del carbono. Los hidrocarburos y sus derivados azoados y oxigenados más sencillos comenzaron a formarse desde los primeros instantes de su existencia» (Oparin, A. I.: Origen de la vida sobre la Tierra. Madrid, Tecnos, 1970).
La primitiva atmósfera terrestre estaba formada por metano, amoníaco, hidrógeno y vapor de agua, era reductora y anaerobia. Bajo la acción de descargas eléctricas y rayos ultravioleta, esos componentes reaccionaron y se formaron sustancias orgánicas de molécula compleja. Estos compuestos (azúcares, aminoácidos, proteínas, polisacáridos y ácidos nucleicos, entre otros) pasaron a formar parte de la hidrosfera al ser arrastrados por la lluvia, dando lugar a una disolución espesa de agua y moléculas orgánicas e inorgánicas. En ese “caldo primitivo” algunas moléculas formaron membranas, originando estructuras esféricas (coacervados):
«La aparición de los coacervados en aguas de la hidrosfera primitiva representó una importantísima etapa en el desarrollo evolutivo de los compuestos orgánicos primarios y en el proceso del origen de la vida. Hasta aquel momento, la sustancia orgánica se había encontrado inextricablemente confundida con el medio, hallándose distribuida de manera uniforme en su seno. Pues bien, la formación de los coacervados hizo que las moléculas de los polímeros orgánicos se concentrasen en puntos definidos del espacio, al tiempo que se separaban del medio envolvente merced a unos límites más o menos concretos. De esta forma, surgieron sistemas polimoleculares de carácter integral (gotas coacervadas), cada uno de los cuales dotado de cierta individualidad claramente distinguible del mundo exterior restante. Asimismo, estas gotas poseían una estructura definida y propia. Con anterioridad a su aparición, las sustancias orgánicas habían existido tan solo bajo el aspecto de partículas aisladas en movimiento desordenado, cuyas propiedades venían simplemente determinadas por su estructura molecular. En el interior de la gota coacervada, por el contrario, estas partículas se dispusieron las unas con respecto a las otras conforme a un plan bien organización espacial. Como resultado de ello, a los factores puramente organoquímicos vinieron a sumarse unos procesos nuevos, de naturaleza coloidoquímica, basados en la interacción entre sustancias de molécula pesada de un sistema pluricompuesto (integrado por numerosos componentes)».
Algunos de estos coacervados concentraron en su interior enzimas con las que fabricar sus propias moléculas y obtener energía. Finalmente, algunos pudieron adquirir su propio material genético y la capacidad de reproducirse, originando los primitivos procariotas. Los primeros organismos vivos fueron, por tanto, el resultado del «perfeccionamiento progresivo de unas tramas químicas situadas en el interior de unos sistemas coloides individualizados y en permanente interacción con el medio exterior. Como resultado de las continuas transformaciones sufridas por estos sistemas (dentro de los límites de su estabilidad dinámica) y la selección interrumpida de los mismos, se produjeron las siguientes consecuencias: en primer lugar, los distintos catalizadores se perfeccionaron funcionalmente, adquiriendo una elevada potencia y una mayor especificidad de acción. Más adelante, se establecieron ciertas correlaciones entre la función de estos últimos, surgiendo así las diferentes cadenas y ciclos de reacciones fermentativas que constituyen las porciones aisladas del metabolismo. Más tarde todavía, se produjo un perfeccionamiento de la organización espacial de los sistemas y de la localización de los procesos, lo cual tuvo como consecuencia la racionalización de las conexiones entre los fenómenos energéticos y sintetizantes del metabolismo (lo que a su vez garantizaba la autopreservación y autorreproducción del sistema vivo dentro de ciertos límites)».
Con la aparición de esos organismos primarios quedaba resuelta la cuestión del origen de la vida. A partir de ese momento se iniciaba la evolución que daría lugar a los animales y a los vegetales. Oparin demostró brillantemente de forma teórica que la vida representa una forma especial del movimiento de la materia, regida por las leyes de la dialéctica. Los planteamientos idealistas y las concepciones religiosas eran puras especulaciones oscurantistas e irracionales.
No obstante, las teorías deben ser demostradas en la práctica. El enorme despliegue de erudición y conocimientos químicos que Oparin desarrollaba en su obra necesitaba una comprobación experimental. Y ésta llegó en 1953, cuando Stanley Miller, joven estudiante de Química en la Universidad de Chicago y alumno del profesor Harold Hurey, realizó un experimento trascendental. Diseñó un dispositivo compuesto por dos recipientes de vidrio. En el más grande se introdujeron metano, amoniaco, hidrógeno y vapor de agua, los componentes primitivos de la atmósfera terrestre, y en el pequeño había agua hirviendo. La mezcla de gases fue sometida a una serie de descargas eléctricas mediante electrodos y posteriormente pasaba al recipiente menor. Al cabo de varios días, al tomar las muestras del agua, Miller encontró una gran cantidad de compuestos orgánicos, entre ellos varios aminoácidos, que son la base de las proteínas.
Las hipótesis de Oparin quedaron corroboradas por la experimentación de Miller, pero el mundo académico, las instituciones religiosas y los aparatos ideológicos de la burguesía no pueden aceptarlas, porque supondría reconocer el triunfo del materialismo dialéctico como método de análisis, interpretación y transformación del mundo, algo sumamente peligroso para el capitalismo. Las teorías creacionistas, que niegan la evolución, y las interpretaciones metafísicas con pretendidos mantos científicos son ampliamente difundidas para contrarrestar la influencia del marxismo. El escepticismo o el abierto rechazo de los postulados de Oparin encubren la lucha abierta que la burguesía mantiene contra las posiciones revolucionarias del proletariado.

Ciclo de documental proletario en Madrid

abril 2, 2011 por  
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El MNCARS ha programado este ciclo de cine en el contexto de la exposición Una luz dura, sin compasión. El movimiento de la fotografía obrera, 1926-1939, que traza la historia del documental fotográfico proletario amateur. Este movimiento debe entenderse en el contexto de las prácticas documentales en el cine y la fotografía que eclosionaron hacia 1930 a escala internacional, y cuya principal misión era la representación de la crisis económica posterior a 1929 y sus efectos sociales, particularmente entre las clases desfavorecidas. El género documental surgió como tal en ese momento, precisamente con la misión de visibilizar a las clases populares emergentes, pero reflejando en su discruso los conflictos entre revolución y reformismo.

El documental reformista encontró su forma cinematográfica clásica en el Movimiento Documental Británico de John Grierson, mientras que la identificación de movimientos sociales revolucionarios y nuevo cine surgió de los experimentos soviéticos de Vertov y Eisenstein y del documental poético de Joris Ivens, así como de las producciones de las organizaciones amateurs obreras, como la Workers’ Film and Photo League norteamericana. El cine documental proletario produjo dos retóricas principales. Por un lado, planteaba una alianza entre los cineastas y los movimientos sociales. En este sentido, era característico el tono épico de las producciones soviéticas. Por otro lado, la consigna programática de mostrar la fealdad y el horror de la miseria y la explotación llevaba a retóricas naturalistas que formalizaban la identificación entre abyección y vida proletaria. Se trataba de mostrar la indignidad del proletariado en el capitalismo, y particularmente bajo las condiciones de la crisis económica de la época de Weimar, de cara a favorecer las políticas revolucionarias. Éste, en definitiva, sería uno de los efectos más decisivos e influyentes del documental proletario a lo largo de los años treinta: la interiorización y diseminación de una producción visual enraizada en la descripción de la vida popular y de los desposeídos, más allá de las redes del propio movimiento.

El ciclo tendrá lugar del 11 al 19 de mayo, en el Edificio Sabatini (Auditorio) a partir de las 19 h.

Programa

Sesión 1: Sinfonías proletarias
Fecha: 11 de mayo

Dziga Vertov. Entuziazm: Simfoniya Donbassa (Entusiasmo. Sinfonía del Donbass), 1931. Película 35 mm., 67’, b./n., sonido.

Joris Ivens. Komsomolsk (Komsomol o El canto de los héroes), 1932. Película de 35 mm. transferida a DVD, 50’, b./n., sonido.

Sesión 2: Weimar en crisis
Fecha: 12 de mayo

Phil Jutzi. Um’s Tägliche Brot/ Hunger in Waldenburg (El pan de cada día / Hambre en Waldenburg), 1928-29. Película 35 mm., 37’, b./n., muda.

Slatan Dudow. Kuhle Wampe, oder: Wem gehört die Welt? (Kuhle Wampe o ¿A quién pertenece el mundo?), 1932. Película 35 mm., 71’, b./n., sonido.

 

Sesión 3: Poéticas de desposesión
Fecha: 13 de mayo

Mijail Kalatozov. Sol’ Svanetii(La sal de Svanetia), 1930. Película 35 mm., 74’, b./n., muda.

Joris Ivens y Henri Storck. Misère au Borinage (Miseria en el Borinage), 1934. Película 35 mm. 34’, b./n., muda.

Luis Buñuel. Las Hurdes/Tierra sin pan, 1933. Película 35 mm. 28’, b./n., sonido.

Sesión 4: La Workers’ Film and Photo League y Paul Strand
Fecha: 18 de mayo

The Film and Photo League. Compilación: Programas 1 y 2, 1931-34. Película 16 mm., 66’, b./n., muda.

Leo Hurwitz y Paul Strand. Native Land (Tierra natal), 1942. Película 16 mm., 89’, b./n., sonido.

Sesión 5: La Guerra Civil española
Fecha: 19 de mayo

Roman Karmen y Boris Makasseiev. K sobytiyam v Ispanii(Sobre los sucesos de España nº 10), 1936. Película de 35 mm. transferida a DVD, 8’. b./n., sonido.

Joris Ivens. The Spanish Earth(Tierra española), 1937. Película de 35 mm. transferida a Betacam SP, 52’, b./n., sonido.

Herbert Kline. Heart of Spain (El corazón de España), 1937. Película de 35 mm. transferida a betacam, 30’, b./n., sonido.

Fuente: MNCARS

Páginas de la ciencia y la cultura soviéticas: V.I. Vernadsky, por C. Hermida

marzo 30, 2011 por  
Publicado en: Artículos, Cultura

La revolución de Octubre de 1917 abrió una nueva etapa en la historia de la humanidad. Era la primera vez que los obreros y los campesinos conquistaban el poder y comenzaban la edificación de una sociedad socialista. El socialismo pasaba de ser un planteamiento teórico, contenido en las obras de Marx y Engels, a convertirse en una realidad. En medio de inmensas dificultades, los bolcheviques destruyeron la autocracia zarista y transformaron la Rusia semifeudal de 1917 en un país moderno, poderoso y dueño de sus propios destinos. Bajo la dirección de Stalin, la  planificación económica y la colectivización del campo de los años treinta  convirtieron a la Unión Soviética en una gran potencia en los ámbitos económico, militar y científico.
El entusiasmo que despertó la revolución bolchevique entre los trabajadores de todo el mundo y el peligro que suponía para el capitalismo, provocó la reacción de la burguesía a escala mundial. Desde la intervención militar en los años 1918-1920 hasta las campañas más infames de intoxicación ideológica, las clases dominantes ensayaron todos los medios para destruir y desprestigiar la experiencia soviética.
Los aparatos de propaganda burgueses se dedicaron durante decenios a tergiversar groseramente la realidad económica, social, política y cultural de la Rusia Soviética., negando sus evidentes logros sociales y su espectacular avance científico. La difamación y las burdas mentiras, o el simple ocultamiento, se utilizaron para impedir la difusión de la cultura soviética. Tras la desintegración de la URSS, un espeso manto de silencio ha venido a cubrir la experiencia socialista de la Unión Soviética. El resultado es que la ciencia y la cultura soviéticas son, con algunas excepciones, completamente desconocidas en la actualidad. En cualquier país del mundo, prácticamente todos los ciudadanos saben que los estadounidenses llegaron a la Luna, pero esos mismos ciudadanos ignoran que los primeros vuelos espaciales los realizaron los soviéticos. Y lo mismo ocurre con los grandes matemáticos, físicos, biólogos, poetas, dramaturgos, historiadores… ¿Cuántos científicos, escritores o pintores de la URSS sabría citar un universitario español? En la inmensa mayoría de los casos, ninguno.
La lucha de clases se libra en todos los niveles y es imprescindible que los jóvenes militantes y cuadros comunistas adquieran una sólida formación intelectual que les permita rebatir los planteamientos ideológicos burgueses. Parte fundamental de esa formación es el conocimiento del espectacular desarrollo que experimentó la ciencia en la Rusia soviética. Fue la economía socialista la que puso las bases materiales que permitieron a un país dominado por  analfabetismo, la ignorancia  y el oscurantismo situarse a  la cabeza del desarrollo científico.
Con el título de «Páginas de la ciencia y la cultura soviéticas» iniciamos una serie de breves semblanzas biográficas y profesionales de figuras clave del pensamiento soviético, cuya obra forma parte del patrimonio intelectual de la humanidad, y que han sido ninguneados,  intencionadamente ignorados  y tergiversados  por los mandarines culturales de las denominadas democracias occidentales, fieles servidores de laboratorios multinacionales, fundaciones patrocinadas por grandes empresas y universidades privadas.
Uno de los científicos más brillantes de la desaparecida Unión Soviética fue VLADÍMIR IVÁNOVICH VERNADSKI (1863-1945). En 1885 se graduó en Física y Matemáticas por la Universidad de San Petesburgo, continuó su formación en varias universidades europeas y desde 1900 fue profesor de mineralogía y cristalografía en la universidad de Moscú. Perteneció a  la Academia Rusa de Ciencias desde 1912 y en 1918 fundó la Academia Ucraniana de Ciencias. Vernadsky fue miembro del Partido Kadete, viceministro de Educación en el gobierno de Kerenski y no se identificaba con los bolcheviques, pero, aun teniendo oportunidad de quedarse a vivir en Francia tras residir en París entre 1922 y 1926, volvió a la Unión Soviética y colaboró en la planificación económica. El hecho de que un científico que no apoyó la revolución decidiera permanecer en su país y recibiera todo el apoyo material del régimen para sus investigaciones, contradice una vez más la imagen de unos intelectuales implacablemente controlados por el gobierno y amenazados permanentemente con el encarcelamiento si se desviaban un ápice de la ortodoxia ideológica.
Vernadsky fue un investigador multidisciplinar que trabajó en diversos campos. En 1924 publicó “Geoquímica”, donde puso las bases de esa disciplina científica, pero sin duda su obra más importante es “La Biosfera” (1926), a la que definía como la única envoltura terrestre en la que puede existir la vida. En la biosfera diferenciaba la materia viva de la inerte. Esta última predominaba en gran medida en forma de masa y volumen, produciéndose una interacción dialéctica entre ambas, una migración continua de átomos desde la materia inerte hacia la viva y viceversa.
Sus investigaciones sobre la relación entre la actividad humana y la biosfera desembocaron en la formulación de un concepto nuevo, la Noosfera, a la que definió como un estado geológico provocado por el trabajo del hombre:
«Vivimos una época geológica brillante y totalmente nueva. El hombre, por medio de su trabajo -y su relación consciente con la vida- transforma la envoltura de la Tierra, la región geológica de la vida, la biosfera. El hombre la lleva a un nuevo estado geológico: a través de su trabajo y su conciencia, la biosfera está en proceso de transición a la noosfera. El hombre crea hoy en día procesos bioquímicos que nunca antes habían existido. La historia bioquímica  de los elementos químicos -un fenómeno planetario-  cambia drásticamente. Se crean en la Tierra enormes masas de metales libres (como el aluminio, el magnesio y el calcio) y sus aleaciones, que nunca antes existieron aquí. Se cambia y altera la vida vegetal y animal de la manera más drástica. Se crean nuevas especies y razas. La faz de la Tierra cambia profundamente. Se está creando la fase de la noosfera. Dentro de la biosfera de la Tierra, un intenso florecimiento está en marcha, cuya historia posterior, nos parece, será grandiosa».
(«Sobre la distinción energético-material esencial entre cuerpos naturales vivos y no vivos en la biosfera», 1938).
Esta nueva fase abría al género humano la posibilidad de alcanzar los ideales de liberación y justicia. En el artículo titulado «La biosfera y la noosfera», publicado en enero de 1945 en el número 33 de la revista “American Scientist”, planteaba esa perspectiva de futuro: «En el siglo XX, el hombre, por vez primera en la historia de la Tierra, ha conocido y abarcado la biosfera en su totalidad, ha completado el mapa geográfico del planeta Tierra y ha colonizado toda su superficie. La humanidad se ha convertido en una sola totalidad en la vida de la Tierra. No hay lugar alguno en la Tierra en que el hombre no pueda vivir si así lo desea. Por vez primera en la historia de la humanidad, los intereses de las masas por un lado, y el libre albedrío de los individuos, por otro, determinan el curso vital de la humanidad y proporcionan estándares para las ideas humanas de justicia. Tomada en su conjunto, la humanidad se está convirtiendo en una poderosa fuerza geológica. Se plantea entonces el problema de la reconstrucción de la biosfera en interés de la humanidad librepensadora como totalidad. Este nuevo estado de la biosfera, al que nos aproximamos sin darnos cuenta, es la noosfera… La noosfera constituye un nuevo fenómeno geológico en el planeta. En él, y por vez primera, el hombre deviene una fuerza geológica de enorme magnitud. Puede y debe reconstruir su campo vital por medio de su trabajo y de su inteligencia, debe reconstruirlo de forma radical en comparación con el pasado. Ante él se abren posibilidades creativas cada vez más amplias. Podría ser que la generación de nuestros nietos se acercase a la plenitud…
Parece que será posible realizar en el futuro los bellos sueños contenidos en los cuentos: el hombre está intentando traspasar los límites de este planeta para entrar en el espacio cósmico, y probablemente lo logrará…»
La preocupación por el impacto del hombre en la naturaleza convierten a Vernadsky en un precursor de la ecología, pero muy alejado de las corrientes que hoy reclaman esta denominación, porque el investigador soviético no habla de crecimiento cero ni de volver a estadios previos. Por el contrario, la noosfera representa un escalón superior evolutivo de la biosfera. Cuando en 1926 regresó a Leningrado después de su estancia en Francia, donde estuvo en contacto con Marie y Pierre Curie, organizó un laboratorio de bioquímica, y en 1934 presentó en Moscú los resultados de sus primeras investigaciones sobre la influencia de determinados minerales, como el estroncio y el bario, en la salud humana. Posteriormente trabajó sobre los efectos de las radiaciones en los organismos vivos y demostró la posibilidad de datar los estratos geológicos con elementos radiactivos, lo que más tarde constituirá el método del carbono 14 utilizado por os paleontólogos. También realizó investigaciones relacionadas con el uranio y la energía atómica.
Pionero y fundador de la geoquímica, la biogeoquímica y la radiogeología, Vardnesky es indudablemente uno de los grandes científicos del siglo XX. Sin embargo, en España hubo que esperar hasta 1997 para que apareciese traducida al castellano “La biosfera”, editada en 1926 y, como ya hemos indicado más arriba, su obra fundamental. Aquí, en el solar hispano, ese desconocimiento hay que atribuirlo a una doble causa: el anticomunismo visceral y la indigencia intelectual que, desde 1939, ha caracterizado a los máximos responsables políticos de nuestro sistema educativo

La revolución de Octubre de 1917 abrió una nueva etapa en la historia de la humanidad. Era la primera vez que los obreros y los campesinos conquistaban el poder y comenzaban la edificación de una sociedad socialista. El socialismo pasaba de ser un planteamiento teórico, contenido en las obras de Marx y Engels, a convertirse en una realidad. En medio de inmensas dificultades, los bolcheviques destruyeron la autocracia zarista y transformaron la Rusia semifeudal de 1917 en un país moderno, poderoso y dueño de sus propios destinos. Bajo la dirección de Stalin, la planificación económica y la colectivización del campo de los años treinta convirtieron a la Unión Soviética en una gran potencia en los ámbitos económico, militar y científico.

El entusiasmo que despertó la revolución bolchevique entre los trabajadores de todo el mundo y el peligro que suponía para el capitalismo, provocó la reacción de la burguesía a escala mundial. Desde la intervención militar en los años 1918-1920 hasta las campañas más infames de intoxicación ideológica, las clases dominantes ensayaron todos los medios para destruir y desprestigiar la experiencia soviética.

Los aparatos de propaganda burgueses se dedicaron durante decenios a tergiversar groseramente la realidad económica, social, política y cultural de la Rusia Soviética., negando sus evidentes logros sociales y su espectacular avance científico. La difamación y las burdas mentiras, o el simple ocultamiento, se utilizaron para impedir la difusión de la cultura soviética. Tras la desintegración de la URSS, un espeso manto de silencio ha venido a cubrir la experiencia socialista de la Unión Soviética. El resultado es que la ciencia y la cultura soviéticas son, con algunas excepciones, completamente desconocidas en la actualidad. En cualquier país del mundo, prácticamente todos los ciudadanos saben que los estadounidenses llegaron a la Luna, pero esos mismos ciudadanos ignoran que los primeros vuelos espaciales los realizaron los soviéticos. Y lo mismo ocurre con los grandes matemáticos, físicos, biólogos, poetas, dramaturgos, historiadores… ¿Cuántos científicos, escritores o pintores de la URSS sabría citar un universitario español? En la inmensa mayoría de los casos, ninguno.

La lucha de clases se libra en todos los niveles y es imprescindible que los jóvenes militantes y cuadros comunistas adquieran una sólida formación intelectual que les permita rebatir los planteamientos ideológicos burgueses. Parte fundamental de esa formación es el conocimiento del espectacular desarrollo que experimentó la ciencia en la Rusia soviética. Fue la economía socialista la que puso las bases materiales que permitieron a un país dominado por analfabetismo, la ignorancia y el oscurantismo situarse a la cabeza del desarrollo científico.

Con el título de «Páginas de la ciencia y la cultura soviéticas» iniciamos una serie de breves semblanzas biográficas y profesionales de figuras clave del pensamiento soviético, cuya obra forma parte del patrimonio intelectual de la humanidad, y que han sido ninguneados, intencionadamente ignorados y tergiversados por los mandarines culturales de las denominadas democracias occidentales, fieles servidores de laboratorios multinacionales, fundaciones patrocinadas por grandes empresas y universidades privadas.

Uno de los científicos más brillantes de la desaparecida Unión Soviética fue VLADÍMIR IVÁNOVICH VERNADSKI (1863-1945). En 1885 se graduó en Física y Matemáticas por la Universidad de San Petesburgo, continuó su formación en varias universidades europeas y desde 1900 fue profesor de mineralogía y cristalografía en la universidad de Moscú. Perteneció a la Academia Rusa de Ciencias desde 1912 y en 1918 fundó la Academia Ucraniana de Ciencias. Vernadsky fue miembro del Partido Kadete, viceministro de Educación en el gobierno de Kerenski y no se identificaba con los bolcheviques, pero, aun teniendo oportunidad de quedarse a vivir en Francia tras residir en París entre 1922 y 1926, volvió a la Unión Soviética y colaboró en la planificación económica. El hecho de que un científico que no apoyó la revolución decidiera permanecer en su país y recibiera todo el apoyo material del régimen para sus investigaciones, contradice una vez más la imagen de unos intelectuales implacablemente controlados por el gobierno y amenazados permanentemente con el encarcelamiento si se desviaban un ápice de la ortodoxia ideológica.

Vernadsky fue un investigador multidisciplinar que trabajó en diversos campos. En 1924 publicó “Geoquímica”, donde puso las bases de esa disciplina científica, pero sin duda su obra más importante es “La Biosfera” (1926), a la que definía como la única envoltura terrestre en la que puede existir la vida. En la biosfera diferenciaba la materia viva de la inerte. Esta última predominaba en gran medida en forma de masa y volumen, produciéndose una interacción dialéctica entre ambas, una migración continua de átomos desde la materia inerte hacia la viva y viceversa.

Sus investigaciones sobre la relación entre la actividad humana y la biosfera desembocaron en la formulación de un concepto nuevo, la Noosfera, a la que definió como un estado geológico provocado por el trabajo del hombre:

«Vivimos una época geológica brillante y totalmente nueva. El hombre, por medio de su trabajo -y su relación consciente con la vida- transforma la envoltura de la Tierra, la región geológica de la vida, la biosfera. El hombre la lleva a un nuevo estado geológico: a través de su trabajo y su conciencia, la biosfera está en proceso de transición a la noosfera. El hombre crea hoy en día procesos bioquímicos que nunca antes habían existido. La historia bioquímica de los elementos químicos -un fenómeno planetario- cambia drásticamente. Se crean en la Tierra enormes masas de metales libres (como el aluminio, el magnesio y el calcio) y sus aleaciones, que nunca antes existieron aquí. Se cambia y altera la vida vegetal y animal de la manera más drástica. Se crean nuevas especies y razas. La faz de la Tierra cambia profundamente. Se está creando la fase de la noosfera. Dentro de la biosfera de la Tierra, un intenso florecimiento está en marcha, cuya historia posterior, nos parece, será grandiosa».

(«Sobre la distinción energético-material esencial entre cuerpos naturales vivos y no vivos en la biosfera», 1938).

Esta nueva fase abría al género humano la posibilidad de alcanzar los ideales de liberación y justicia. En el artículo titulado «La biosfera y la noosfera», publicado en enero de 1945 en el número 33 de la revista “American Scientist”, planteaba esa perspectiva de futuro:

«En el siglo XX, el hombre, por vez primera en la historia de la Tierra, ha conocido y abarcado la biosfera en su totalidad, ha completado el mapa geográfico del planeta Tierra y ha colonizado toda su superficie. La humanidad se ha convertido en una sola totalidad en la vida de la Tierra. No hay lugar alguno en la Tierra en que el hombre no pueda vivir si así lo desea. Por vez primera en la historia de la humanidad, los intereses de las masas por un lado, y el libre albedrío de los individuos, por otro, determinan el curso vital de la humanidad y proporcionan estándares para las ideas humanas de justicia. Tomada en su conjunto, la humanidad se está convirtiendo en una poderosa fuerza geológica. Se plantea entonces el problema de la reconstrucción de la biosfera en interés de la humanidad librepensadora como totalidad. Este nuevo estado de la biosfera, al que nos aproximamos sin darnos cuenta, es la noosfera…

La noosfera constituye un nuevo fenómeno geológico en el planeta. En él, y por vez primera, el hombre deviene una fuerza geológica de enorme magnitud. Puede y debe reconstruir su campo vital por medio de su trabajo y de su inteligencia, debe reconstruirlo de forma radical en comparación con el pasado. Ante él se abren posibilidades creativas cada vez más amplias. Podría ser que la generación de nuestros nietos se acercase a la plenitud…

Parece que será posible realizar en el futuro los bellos sueños contenidos en los cuentos: el hombre está intentando traspasar los límites de este planeta para entrar en el espacio cósmico, y probablemente lo logrará…»

La preocupación por el impacto del hombre en la naturaleza convierten a Vernadsky en un precursor de la ecología, pero muy alejado de las corrientes que hoy reclaman esta denominación, porque el investigador soviético no habla de crecimiento cero ni de volver a estadios previos. Por el contrario, la noosfera representa un escalón superior evolutivo de la biosfera.

Cuando en 1926 regresó a Leningrado después de su estancia en Francia, donde estuvo en contacto con Marie y Pierre Curie, organizó un laboratorio de bioquímica, y en 1934 presentó en Moscú los resultados de sus primeras investigaciones sobre la influencia de determinados minerales, como el estroncio y el bario, en la salud humana. Posteriormente trabajó sobre los efectos de las radiaciones en los organismos vivos y demostró la posibilidad de datar los estratos geológicos con elementos radiactivos, lo que más tarde constituirá el método del carbono 14 utilizado por os paleontólogos. También realizó investigaciones relacionadas con el uranio y la energía atómica.

Pionero y fundador de la geoquímica, la biogeoquímica y la radiogeología, Vardnesky es indudablemente uno de los grandes científicos del siglo XX. Sin embargo, en España hubo que esperar hasta 1997 para que apareciese traducida al castellano “La biosfera”, editada en 1926 y, como ya hemos indicado más arriba, su obra fundamental. Aquí, en el solar hispano, ese desconocimiento hay que atribuirlo a una doble causa: el anticomunismo visceral y la indigencia intelectual que, desde 1939, ha caracterizado a los máximos responsables políticos de nuestro sistema educativo.

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