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La actitud ante los sindicatos

mayo 1, 2014 por  
Publicado en: Artículos

ccoo_1977 logoPor Muti

Nuestro Partido defiende la participación de sus militantes en Comisiones Obreras, concretamente en el Sector Crítico. Esto nos lleva a tener que defender, ante muchos de los elementos más conscientes de la clase obrera, el porqué de esta postura, en vista de lo claudicante de la dirección de dicho sindicato ante la burguesía, del dominio de los derechistas, traidores a la clase trabajadora.

Lo primero a resaltar es que Comisiones Obreras cuenta con 1.200.000 afiliados, y millones de votantes en las elecciones sindicales. ¿Acaso debemos abandonar a estos trabajadores? ¿Debemos dejarlos en manos de los oportunistas traidores? ¿Acaso no es mejor disputar dicho dominio, disputar el control del sindicato a esa burocracia vendida?

Se nos dice que es imposible, que no hay resultados con esa política, pero ¿acaso esos mismos que nos echan eso en cara les dicen a los militantes de la CNT que disuelvan el sindicato, que lo suyo es una batalla perdida? ¿Les dicen a los múltiples sindicatos minoritarios, que después de años siguen siendo minoritarios, que abandonen la lucha?

Se puede decir que la batalla que tenemos que librar en Comisiones Obreras no la podemos ganar, pero ¿acaso no se presenta hoy como irrealizable la Revolución Proletaria, con el dominio del capital y la ideología burguesa en su apogeo? ¿O debemos rendirnos en eso también?

Y digamos también que, aunque no consiguiéramos el objetivo de volver a convertir Comisiones Obreras en un sindicato útil para la lucha de clases, podemos ganarnos a una parte de sus militantes; y tengamos en cuenta que una parte pequeña de los afiliados a Comisiones Obreras es ya, numéricamente, superior a la mayoría de los sindicatos minoritarios, y eso ya sería un paso adelante.

¿Y si nos vamos a los sindicatos minoritarios y más radicales? Pues en un principio nuestro trabajo sería mas fácil, incluso, al principio, podríamos obtener resultados positivos, pero nos veríamos limitados en nuestro trabajo por el hecho de que estos sindicatos son “minoritarios”, no llegaríamos a las grandes masas, tendríamos, aun dominando alguno de esos sindicatos, una proyección escasa. Aparte de que en ellos nuestro trabajo es menos necesario, puesto que muchos de sus militantes, digamos, ya están “convencidos”, ya están ganados para la causa del proletariado.

También comentar aquí, que los sindicatos minoritarios, hoy por hoy, no representan una alternativa a Comisiones Obreras y UGT, no han avanzado apenas en su unión, para crear un “tercer sindicato”, que pueda disputar la hegemonía en el movimiento obrero a los dos mayoritarios, para obtener la representatividad legal, que depende de la obtención de un porcentaje de delegados que ninguno de ellos, por sí solo, siquiera sueña con obtener.

También se nos dice a veces a los militantes: «Si vais a Comisiones, ¿por qué no al PSOE?». Esto ya es pura miopía política. El PSOE es una organización política, no sindical, alejada totalmente de la lucha de clases del proletariado, con un Programa netamente burgués, con una burocracia dirigente íntimamente unida a la oligarquía; es una organización interclasista y, como decíamos, alejada de los más mínimos intereses obreros, que no participa de la lucha de clases o, mejor dicho, participa del lado de la burguesía; mientras que Comisiones Obreras es una organización sindical que, quieran su dirigentes o no, por este motivo, está encadenada a la lucha de clases, aunque sea solo empresa por empresa o en un sector, por un convenio, siempre tendrá que luchar por los intereses obreros, independientemente de quien la dirija, aunque solo sea en la lucha de clases más elemental, en la simple lucha salarial. Además agrupa solo a trabajadores, es una organización puramente obrera, insisto, la dirija quien la dirija. Los sindicatos pueden estar más a la derecha o más a la izquierda, pero son organizaciones creadas para la lucha de clases, es inherente a ellos, es su propia naturaleza.

Aunque la tarea se presente compleja, aunque nos pondrán mil zancadillas los jefes sindicales traidores, no serán las dificultades las que nos echen para atrás.

El trabajo en Comisiones Obreras es necesario y ha de hacerse. Considero que lo contrario es irresponsable.

 

Muti

Hay que hacer lo que debemos, por J. Romero

abril 11, 2014 por  
Publicado en: Artículos

frente-popular

Muchos militantes, incluso cuadros de las organizaciones de izquierda, se hacen la misma pregunta: ¿por qué todavía no ha sido posible, a pesar de la urgencia, la unidad? Y es que, pese a que en los últimos meses, y más aún en las últimas semanas, ha habido multitud de reuniones, iniciativas y encuentros unitarios, en los que parecía plantearse con sinceridad el compromiso de aparcar lo secundario para centrarse en la construcción de una alternativa unitaria, sobre la base de unos acuerdos mínimos, que permitiera enfrentar a la derecha cada vez más brutal y envalentonada, la realidad es que, en las elecciones al Parlamento Europeo del próximo 25 de mayo, la izquierda se presenta más dispersa probablemente que nunca antes.

Es cierto que las características de estas elecciones dificultan la confluencia al facilitar el control de las listas y de los programas por los aparatos. Es cierto también que, aunque no se reconozca abiertamente, las diversas fuerzas políticas consideran estas elecciones un trámite menor, habida cuenta de la escasa capacidad política del Parlamento Europeo, anulado por el entramado institucional de la UE, marcadamente antidemocrático.

Pero hay otra razón más de peso que explica este aparente contrasentido: la dispersión de candidaturas expresa un debate de fondo que se está librando en el campo de la izquierda y de cuyo desenlace dependerá la posibilidad y el alcance de la unidad que se logre. Realmente cabría decir que asistimos no a uno sino a muchos debates, que la urgencia electoral ha ocultado, aunque se sigan dando, cada vez con más virulencia.

Vayamos por partes. En primer lugar, venimos repitiendo que la crisis afecta a los fundamentos mismos del sistema y del régimen. E insistimos en diferenciar ambos términos en la medida que expresan aspectos diferentes del mismo problema: si bien es cierto que en última instancia es el sistema capitalista el que se encuentra en crisis, una más, pero probablemente la más profunda de las que provoca su ley fundamental del máximo beneficio, que lo enfrenta periódicamente a la destrucción masiva de fuerzas productivas, también lo es que en España esta crisis es más grave aún por coincidir con la descomposición del régimen monárquico continuista, que es la forma particularmente reaccionaria que adquiere en nuestro país la explotación capitalista.

En España, a la crisis económica se une una crisis aún más profunda, si cabe, del modelo político y de las fuerzas institucionales que lo sustentan, y que afecta tanto a la derecha como a la izquierda. Por eso, la cuestión democrática constituye la clave de bóveda de cualquier alternativa que pretenda unir a toda la izquierda en un gran bloque popular: la izquierda de clase, la que representa los intereses e inquietudes de sectores de la burguesía golpeados por el régimen, la nacionalista, etc.

La izquierda institucional se enfrenta a un proceso de recomposición que pasa no solo, aunque también, por el cambio de los aparatos que han controlado hasta ahora sus organizaciones (acostumbrados a hacer y deshacer al margen de la militancia, por lo tanto implicados conscientemente en el sostenimiento del statu quo, y que son vistos como responsables del lamentable estado actual) sino, también, por recuperar el programa político transformador que abandonó al asumir los límites que aquellos aceptaron en la transición. Y ambos cambios no se dan con el mismo ritmo.

La cuestión es que esa pelea de fondo se libra confundida con enfrentamientos por intereses políticos y largas historias de malquerencias personales entre los jefes de filas de las diversas familias. Y todo ello, en un ambiente general de descrédito de la acción política generado por la práctica de sumisión y consenso de los representantes institucionales de las principales fuerzas de izquierda, junto a la nula experiencia organizativa de amplios sectores populares empujados a la lucha.

Las diversas corrientes oportunistas han visto como cambiaba bruscamente el contexto en el que estaban acostumbrados a dirimir sus diferencias (la conspiración interna), y buscan mejorar su situación en la recomposición del campo de la izquierda, utilizando todos los recursos que la nueva situación pone a su alcance. No dudan para ello en confundir sobre los verdaderos problemas planteados, desplazando deliberadamente el centro del debate hacia aspectos secundarios, cuando no procedimentales: la supuesta obsolescencia de la forma “clásica de partido” (1); la confusión entre el carácter interclasista que debe tener el Frente Popular, si quiere aunar a toda la izquierda, con su “neutralidad” ideológica; o los procedimientos de elección de los candidatos (se hace así depender la participación de la gente, fundamentalmente, de la elección supuestamente libre de representantes individuales de sus intereses a los que nadie conoce realmente, ignorando aspectos, estos sí, básicos de la relación entre la representación institucional y la organización: listas abiertas, posibilidad de revocación de los cargos, subordinación de las representaciones institucionales a las decisiones de la organización y no al revés como hasta ahora, etc.) .

Apoyándose en premisas parecidas, el aparato actual y quienes le disputan el control del campo político de la izquierda institucional han dado respuestas diferentes que, sin embargo, incluyen la misma aceptación del statu quo político: el aparato ha elaborado una lista que acoge a los representantes de las corrientes más derechistas, ya que el voto disciplinado de su izquierda lo tiene asegurado; y quienes aspiran a remover los sillones de aquellos, aprovechan el florecer de la movilización espontánea para reforzar su posición interna.

Particularmente nociva es la propuesta de algunos conspicuos representantes de las corrientes más ultraizquierdistas, que han convertido en mantra la conocida cantinela «ni de izquierdas, ni de derechas: la pelea se da entre los de arriba y los de abajo».

En un reciente artículo titulado “Podemos” en Ucrania, el filósofo S. Alba Rico resumía alguno de los argumentos esgrimidos por estas corrientes, estableciendo una curiosa relación entre las revueltas de la plaza Maidan y los riesgos que enfrenta el movimiento popular en España. En su artículo escribe lo siguiente: «Lo que necesitamos -nos dicen con razón- es una gran organización revolucionaria con conciencia de clase y una estrategia clara de transformación radical. Aceptando que “conciencia de clase” sea un concepto menos confuso que “dictadura de los bancos”, estoy seguro de que necesitamos una organización así. Pero hay que recordar que […] esa ausencia [la de una organización revolucionaria] está llena: llena de mercado, de paro, de desahucios, de televisión, de partidos de derechas, de hartazgo institucional, de miedo, de ganas de echar la culpa a alguien, de ganas de querer a alguien. Está llena también de gente común, ideológicamente gelatinosa, que podrá ser anticapitalista, pero que en ningún caso -en ningún caso- será ya jamás “soviética”. Ese fondo anticapitalista, alimentado por la crisis y la ética común, permite trazar unas líneas rojas y, al mismo tiempo, politizar el malestar desde la recuperación de una práctica democrática que el doble bipartidismo de la “transición” no ha dejado de erosionar desde 1978. Un poquito de democracia (frente a la dictadura estructural) y un poquito de anticapitalismo (frente al capitalismo total) son prácticas colectivas mucho más claras y revolucionarias de facto que la invocación onanista del mantra de la “lucha de clases” y la “revolución”.»

En estas líneas está sintetizada la autolimitada y peligrosa visión de esa corriente surgida del entorno de la izquierda institucional reformista que equivoca la solución al problema apoyándose en un relativismo absoluto (“indeterminación cuántica” lo llama Alba Rico), para proponer como remedio la: «recuperación de una práctica democrática que el doble bipartidismo de la “transición” no ha dejado de erosionar desde 1978» (2).

Es cierto que algunos sectores sociales, «las “clases medias precarias” y su “juventud sin futuro”», han pasado bruscamente, con la profundización de la crisis, a un estado de ansiedad política. Es cierto también que la práctica de la izquierda institucional y la desidia del resto de la izquierda nos han alejado de las masas (y, en particular, de los sectores más jóvenes) y que, por lo tanto, no sabemos «qué comen, qué leen, qué miran, qué desean».

Sí, es verdad que, tras el movimiento espontáneo que recorre de una punta a otra el Estado español, existe, como señala el autor, mucho de «ganas de echar la culpa a alguien, de ganas de querer a alguien»; es cierto que la primera reacción ante la agresión que sufre la mayoría social desde hace seis años fue la respuesta directa, impulsiva y por tanto manipulable; pero tras ella se está dando una intensa búsqueda de alternativas (3).

La razón por la que esa fuerza arrolladora no logra imponerse la señala también Alba Rico: se necesita «una gran organización revolucionaria con conciencia de clase y una estrategia clara de transformación radical». La cuestión, sin embargo, es que en lugar de trabajar por ella, en lugar de avanzar por construir objetivos comunes de transformación radical, la inmensa mayoría de las candidaturas que en el espacio de la izquierda se presentan a estas elecciones han apostado, como Alba Rico, por rebajar los objetivos políticos e ignorar la cuestión democrática, para centrarse en rellenar la ausencia de esa referencia transformadora radical con más indefinición, sin tocar los pilares de un modelo de Estado que hace aguas a ojos vista, ni informar sobre las soluciones que puedan permitir superar el estado de cosas actual.

La apuesta por construir un Frente Popular tiene riesgos, desde luego; el primero de ellos, superar primero la desconfianza que la inopia política de la izquierda ha generado en la mayoría trabajadora y la resistencia de una dirección que apuesta por defender el statu quo del régimen (que es también el suyo). Pero dirigirse a la «gente común, ideológicamente gelatinosa» (sic), para ofrecer «un poquito de democracia» y «un poquito de anticapitalismo» (4), ocultando las causas y pasando por encima de las alternativas, no contribuye precisamente a «politizar el malestar», y menos aún a trazar las líneas rojas en un contexto como el actual, de brutal ofensiva del capital monopolista y descomposición de sus estructuras políticas. Deja abierta la puerta a la frustración, porque la democracia se conquista y no a poquitos, lo mismo que se supera el capitalismo. Aunque hoy no estemos en condiciones de hacerlo, habrá que trabajar por ello.

La historia está llena de ejemplos de adónde conducen estos ejercicios de relativismo y pragmatismo políticos. Y ninguno de ellos invita a seguirlos.

 

 


(1)
No es sorprendente que alguna candidatura que hizo del carácter “abierto” de su organización el detalle esencial de su propuesta, no tardara en cerrarla, constituyéndose en partido antes de tener consolidada siquiera una estructura mínima que lo hiciera necesario.

(2) Así, la cuestión se reduce a su aspecto formal, procedimental: acabar con el bipartidismo, como si este no fuera la expresión, además de una de las causas (y no la fundamental) de un modelo político, jurídico y administrativo hecho para mantener el mismo bloque social en el poder: la oligarquía asentada en el franquismo.

(3) Qué diferencia entre las primeras movilizaciones del 15M, de un simplismo e ingenuidad política patentes, y las Marchas por la dignidad del pasado 22M, en las que fueron abrumadoras las muestras de interés político: gritos de Gobierno dimisión, miles de banderas republicanas y rojas, etc.).

(4) Un término, por cierto, que dicho así, es tan “gelatinoso”, tan indefinido y relativo que ha servido de cobertura también a las corrientes fascistas.

El “nobel de la paz” toca tambores de guerra

abril 10, 2014 por  
Publicado en: Artículos, Internacional

J. Romero. En nuestros últimos documentos, hemos venido insistiendo en que la situación internacional se vuelve, conforme se alarga y profundiza la crisis económica, más y más fluida. El surgimiento de nuevos actores en la escena internacional, el incremento de las contradicciones inter imperialistas, la pugna entre las potencias, “evanescentes” y emergentes, etc; todos ellos son fenómenos que marcan claramente la evolución de la política internacional hacia la inestabilidad, el enfrentamiento económico y la guerra.

Se producen cambios en esta tendencia general, desde luego, pero el sentido descrito permanece. En los últimos meses, por ejemplo, hemos asistido a una serie de novedades “sorprendentes “ y en ocasiones contradictorias entre sí: viraje hacia el Pacífico del área de tensión inter imperialista; apuesta aparente por las vías diplomáticas en el próximo oriente (Irán, Siria, etc); vuelta de Rusia de la mano del heredero de Yeltsin,  Putin, al primer plano internacional; declive permanente de la Unión Europea sumida en una crisis interna que parece no tener fin, enfrentada desde hace años a la contradicción de construir una estructura política eficaz y conjugar el interés de las diversas oligarquías nacionales con el del núcleo central, etc.

La crisis en Ucrania ha venido a provocar otro cambio no determinante de la tendencia general, trasladando la tensión de nuevo a Europa. Y es que, la pugna del imperialismo alemán por expandirse hacia el este (el “espacio vital”: lebensraum,  de los nazis) ha sido  causa de carnicerías en Europa, la última provocada por la desmembración de Yugoeslavia iniciada con el reconocimiento unilateral de Croacia y Eslovenia por la UE presionada por Alemania.  Por eso, cuando empezó la revuelta contra el gobierno de Yanúkovich, no era de extrañar el baile de altos cargos del bloque imperialista europeo a Kiev, azuzando la revuelta de Maidan, ni lo es la reacción de la oligarquía mafiosa de Putin, alarmada por la presión en sus fronteras occidentales.

El caso es que los acontecimientos en Ucrania se han utilizado para catalizar el campo del imperialismo europeo y fundirlo con su aliado yanqui en una reedición de la guerra fría, frente a Rusia, cuya lectura va mucho más allá, si tenemos en cuenta que, con sus proclamas guerreras, Obama intenta mejorar su propia posición como indiscutido “primus inter pares” en la arena internacional apoyándose en sus aliados frente a los nuevos competidores.

A veces, solo a veces, la burguesía imperialista expone claramente sus objetivos aunque los adorne con dulces palabras de libertad y democracia. Fue un fogonazo de claridad, solo un fogonazo, que en seguida se ha apagado, pero que ayuda a entrever el devenir de la potencia imperialista del viejo continente, sumida en un constante declive en la arena internacional.

El caso es que, a dos meses de la celebración de las elecciones al Parlamento Europeo, el editorial del pasado domingo 30 de marzo, de uno de los principales portavoces periodísticos de la clase dominante,  “El País”, no pudo ser más explícito sobre la verdadera “hoja de ruta” que seguirá la UE, atendiendo la “amigable contundencia” (sic) de su amigo americano.

Y es que poco se dice de la Europa que realmente se construye en Bruselas. Por un lado, está la Europa de papel, la de las bellas palabras, las declaraciones de unidad, solidaridad y democracia,  presente en los programas de todas las fuerzas, incluidas aquellas, la mayoría, que las utilizan para ocultar su verdadero  objetivo, que han cumplido (este sí) a rajatabla cuando han estado en el gobierno: más Europa para el capital, menos Europa para los pueblos.

Y por el otro, está la Europa de Hierro, la que cuenta en la palestra internacional, la que se construye en las instituciones que controlan el poder efectivo, marcan la agenda y establecen los objetivos centrales, ritmos y tiempos en la aplicación de las políticas que no suelen aparecer en los programas electorales de los representantes políticos de la oligarquía, pero condicionan las vidas de los trabajadores y los pueblos europeos.

El editorial al que nos referimos viene a cuento de las contundentes declaraciones que el presidente yanqui, Obama, realizó en su reciente gira europea, en relación a la crisis de Ucrania. “El País”, felicitaba al “amigo americano” por sus reproches, recordando las palabras de aquel: “Es preocupante el bajo nivel del gasto en defensa de algunos países de la OTAN. La crisis ucrania nos recuerda que la libertad tiene un precio” *(1) Y agradecía, su “generosa” oferta en materia económica, al comprometerse a suministrar gas “de novedosa extracción”, a cambio de suscribir el acuerdo de libre comercio entre EEUU y la UE, en estos términos: “La Unión debe examinar sus propias fuentes de energía además de ver cómo Estados Unidos le puede suministrar gas. Europa debe acelerar su independencia energética”, advirtió. Además, instó a Bruselas a olvidarse de sus reticencias para firmar el acuerdo comercial transatlántico con EE UU, ya que Obama aseguró que el gas estará disponible una vez se firme dicho acuerdo.*(2)

 

Pero, el editorialista es aún más claro, cuando expone su propio punto de vista, el de la oligarquía española, que, al fin y al cabo, es de lo que se trata en vísperas de unas elecciones “… La atención y la tensión que se habían trasladado al área del Pacífico, retornan, siquiera temporalmente, al Atlántico. Para que este vaivén se convierta en tendencia positiva a largo plazo, Europa debe convertirse en actor políticoEs hora de que los europeos aceleren su compromiso militar…La única receta practicable reside hoy en la contención, …la disuasión…y la amenaza...Si hoy los países del euro no se unen para enfrentarse a la amenaza de Rusia, Europa cesará como jugador en el escenario internacional”. Ç

Es difícil resumir en las líneas de un editorial, tanta carga política. Este sí que es un programa: imperialista, militarista y antisocial, que no se someterá a decisión de los trabajadores europeos., pero que las instituciones antidemocráticas de la UE, aplicarán a rajatabla, si no lo impedimos. Por una vez, solo por una vez, la política de la Europa del Capital y de la Guerra se expresa más allá de los programa electorales, en toda su crudeza.

*(1).- Curiosa “recomendación” si tenemos en cuenta que, sumando el gasto militar de todos los países de la UE, resulta superior a los 200.000 millones de euros anuales. El segundo mayor del mundo tras el de EEUU.
*(2).-El editorial se refiere en tono eufemístico como un gas “de novedosa extracción”, al gas de esquisto que se extrae por el denominado método de fractura hidráulica o fracking que, además de inyectar aditivos químicos altamente tóxicos y de fórmula secreta, provoca la sospecha fundada de inducir seísmos (recuérdese el reciente caso de la planta Castor en Castellón)

Páginas de la ciencia y la cultura soviéticas: EL CINE (1917-1929)

marzo 7, 2014 por  
Publicado en: Artículos, Cultura

C. Hermida. Aunque el cine ya era en las grandes ciudades rusas un medio de entretenimiento  bastante popular a la altura de 1917 (1.400 salas de exhibición y 18 empresas), su impulso y rápido desarrollo se produjo tras la revolución de Octubre. En un país donde la mayoría de la población era analfabeta, el cine ofrecía unas posibilidades propagandísticas y pedagógicas inmensas. Así lo entendió el propio Lenin cuando afirmó en 1922 que “el cine es para nosotros la más importante de todas las artes”.
El lenguaje de la imagen y la posibilidad de llegar a millones de personas lo convertían no solamente en un arte verdaderamente popular, democrático, sino en una poderosa herramienta para  la construcción del socialismo. La afinidad entre el nuevo poder  y el cine eran evidentes, se complementaban.  La revolución necesitaba transformar, educar, difundir nuevos ideales, y el cine, fenómeno revolucionario en sí mismo, era el medio ideal de transmisión de los valores revolucionarios.
En marzo de 1918 se creó el Comité de Cine de Moscú. Los operadores que trabajaban para el Comité se dedicaron a recorrer el país filmando en los frentes de batalla, las sesiones de los soviets, la actividad en las fábricas y las granjas, las campañas contra el analfabetismo, etc.  De esta actividad surgió el primer noticiero soviético, Cine-semana, A pesar de las enormes dificultades económicas y de la escasez de material, durante la guerra civil (1918-1921), se hicieron decenas de películas y documentales cuya temática se ceñía fundamentalmente a la actividad bélica y a las transformaciones que experimentaba el país. La nacionalización de la industria cinematográfica en 1919 permitió a los directores más jóvenes y creativos contar con la ayuda estatal para llevar a cabo su trabajo, sin la cual hubieses sido imposible mantener la actividad fílmica en las circunstancias bélicas del momento.
El decidido apoyo del gobierno bolchevique,  el nuevo ambiente revolucionario que propiciaba la experimentación artística y el talento de los jóvenes cineastas hicieron posible la aparición durante los años veinte de una escuela cinematográfica que creó algunas de las obras maestras más importantes de la historia del cine. Dziga Vertov, Alexander Dovzhenko, Lev Kuleshov, Sergei Eisenstein y Vsevolod Pudovkin, entre otros, son los directores que colocaron al cine soviético en la vanguardia artística del cine mundial y cuya influencia llega hasta nuestros días. El nexo común entre todos ellos es  la experimentación técnica en el trabajo de montaje y entender el cine como un instrumento al servicio de la revolución.
Dzigha Vertov(1896-1954) fue el punto de arranque del cine de vanguardia soviético. Sus primeros trabajos consistieron en montar el material documental que se enviaba desde los frentes de batalla durante la guerra civil. Defendía la superioridad del documental sobre la ficción y elaboró la teoría del “cine-ojo”. Para mostrar la realidad había que prescindir de todo lo accesorio, como el guión, los actores profesionales o los decorados artificiales, porque la cámara era por sí misma capaz de mostrar la realidad a través del montaje. Sus elaboraciones teóricas quedaron plasmadas en El hombre de la cámara (1929), su película más emblemática.
Lev Kuleshov (1899-1970) es considerado el padre del cine soviético. Se incorporó a la Escuela de Cine de Moscú en 1921, donde montó el Laboratorio Experimental, en el que se formaron Pudovkin y Eisenstein. Su teoría del montaje parte de la base de que cada plano tiene un significado distinto según el contexto en el que está situado en relación con el plano anterior y el siguiente, conformando  la percepción del espectador. El mismo plano, en una secuencia diferente, tendrá un significado distinto. En una de sus clases tomo el plano  neutro de un actor y lo asoció, primero, a un plano en el que se veía un plato de sopa; en segundo lugar, a una mujer muerta en un ataúd, y, en tercer lugar, a una niña jugando. Aunque el plano del actor era el mismo, sus alumnos afirmaron que la primera imagen transmitía hambre; la segunda, tristeza; y la tercera, alegría. Entre sus películas destacan Las extraordinarias aventuras de Mr. West en el país de los bolcheviques (1924), El rayo de la muerte (1925) y Por ley (1926).
Alexander Dovzhenko (1894-1956)  comenzó su carrera como cineasta en 1926 y mostró sus grandes cualidades como director en la denominada trilogía ucraniana: Zvenigora (1928), Arsenal (1929)  y La Tierra (1930). Esta última, una reflexión sobre la vida, la muerte, la naturaleza y el amor, destaca por el innovador montaje y la originalidad de la fotografía, y está catalogada como uno de las mejores películas de la historia del cine.
Vsevolod Pudovkin (1893-1953) es, junto con Eisenstein, el gran maestro del cine soviético. En 1920 se inscribió en la Escuela de Cine de Moscú y sus primeras realizaciones fueron La fiebre del ajedrez y La mecánica del cerebro. En 1926 dirigió su primera obra maestra, La madre, a la que siguió El fin de San Petesburgo (1927). Influido por el cineasta norteamericano Griffith, Pudovkin condensó en esas dos obras los elementos fundamentales de su forma de ver el cine. En primer lugar, la esencia del tema es la acción colectiva, pero personificando la trama en personajes concretos,  alternando en acciones paralelas los relatos individuales con la temática colectiva. En segundo lugar, el uso de los denominados “guiones de hierro”, que contenían los escenarios, la iluminación, el desplazamiento de la cámara y el montaje que se iba a realizar; y, finalmente  el montaje como elemento central de la película:  El montaje es la base estética del filme (…)es preciso reconocer que el concepto de montaje no es siempre entendido en su amplitud e interpretado en su verdadero significado: es frecuente la concepción ingenua que entiende por montaje la simple operación de encolar los vanos trozos de película según el orden cronológico; para otros, existen solo dos tipos de montaje, uno lento y otro rápido, olvidando o ignorando que el ritmo, es decir, la ley que determina la duración o la brevedad de los trozos de película a montar, está en realidad muy lejos de agotar todas las posibilidades del montaje (…) la expresión “rodar una película” es del todo falsa y debe desaparecer del uso. Un filme no es rodado, sino construido con cada uno de los fotogramas y con las escenas que constituyen su materia prima…  (Pudovkin: Argumento y montaje: bases de un filme).
Una película –El acorazado Potemkin —  y una de sus escenas (la matanza en la escalinata de Odessa perpetrada por las tropas del zar) representan el culmen del cine soviético en su etapa muda. Realizada en 1925 por Serguéi Eisenstein (1898-1948), esta obra fue considerada en la Exposición Universal de Bruselas de 1958 como la mejor película de la historia del cine. Basada en un hecho real, Eisenstein introduce al espectador en los acontecimientos revolucionarios de 1905, haciéndole partícipe de la lucha. Con un montaje impresionante, el director es capaz de crear una diversidad de sentimientos, emociones y estados de ánimo, cuya máxima tensión dramática se alcanza en la escena de la escalinata.  Es un filme épico en el que las masas son las protagonistas.
Eisenstein constituye  el punto culminante de la evolución del montaje en la escuela soviética. Al igual que Pudovkin, considera que la materia prima del cine no es la realidad, sino el medio cinematográfico. Los planos sueltos  no tienen significado y solo adoptan un sentido cuando se relacionan entre sí por medio del montaje, distinguiendo cinco tipos: métrico, rítmico, tonal, armónico e intelectual. Entre sus grandes obras destacan también La huelga (1924), Octubre (1928), Alexandr Nevski (1938) e Iván el terrible (1944).

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 Con este artículo termina la serie dedicada a la Ciencia y la Cultura soviéticas. Ha sido una breve muestra de los logros que en el campo científico y cultural alcanzó la URSS desde 1917 hasta su desintegración en 1991. El socialismo y la economía planificada de los años treinta fueron capaces de convertir a la Rusia soviética en un corto espacio de tiempo en una gran potencia mundial y su victoria sobre la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial  quedará como una de las grandes hazañas en la historia de la Humanidad.
Cientos de brillantes escritores, matemáticos, físicos, historiadores, artistas e intelectuales en general no han aparecido en estos artículos, pero tampoco queríamos cansar a los lectores de Octubre. Nuestra intención ha sido mostrar una faceta de la Unión Soviética que en el mundo capitalista se oculta y  tergiversa  y contribuir en la medida de lo posible a la formación de los militantes del PCE (m-l) para afrontar el combate ideológico contra la burguesía.
A todos los que han seguido estos artículos, mi más sincero agradecimiento  por su atención y su paciencia.  

75º aniversario de la muerte de Antonio Machado

marzo 7, 2014 por  
Publicado en: Artículos

Efrén H. El 22 de febrero de 1939 falleció en la localidad francesa de Colliure Antonio Machado, poeta español y universal. A finales de enero había cruzado la frontera junto con cientos de miles de españoles que marcharon al exilio ante la ocupación de Cataluña por las tropas franquistas.

Machado no fue solo un extraordinario poeta, sino que constituye el paradigma del patriotismo republicano, de una forma de entender España desde una posición radicalmente diferente al nacionalismo de la derecha, que identifica lo español con el catolicismo y el imperio del siglo XVI.    En la izquierda había un patriotismo que demandaba en primer lugar una profunda transformación del país y denunciaba con amargura el atraso económico y cultural de nuestro país. A lo largo del siglo XIX y primer tercio del XX se crea ese sentimiento nacional unido a la necesidad de un profundo cambio. Va tomando forma el patriotismo republicano, que no reniega de España, como afirmaba y afirma la derecha, sino que desea otra España y se identifica con lo mejor de nuestro pasado.
España no es para el poeta sevillano una abstracción, sino algo concreto, material, tangible: son sus hombres y mujeres, el pueblo, con el que se identifica plenamente en su lucha y en su sufrimiento, lamentando la decadencia y la postración del país.
Por esa razón, el patriotismo machadiano se asocia a la lucha por la República, el régimen capaz de regenerar España, de dignificar la vida de los españoles, condenados por la monarquía borbónica al hambre y al analfabetismo. La obra poética de Antonio Machado es inseparable de su opción política e ideológica, de su postura vital republicana. Cuando el 14 de abril de 1931 se proclama la  República, el poeta iza la bandera tricolor en el ayuntamiento de Segovia, en cuyo instituto de enseñanza media es catedrático de francés. El anhelo de millones de españoles se hace realidad ese día. La II República acomete un amplio programa de reformas en un intento de modernizar España y de nacionalizar a las masas en un patriotismo cívico que tiene como ejes la soberanía nacional, la justicia social, la dignidad y la fraternidad.
Machado se identifica plenamente con el proyecto republicano y cuando un sector del ejército se subleva en julio de 1936, se colocará inmediatamente  al lado de la legalidad republicana y pondrá su pluma al servicio de la lucha contra el fascismo. A diferencia de otros intelectuales traidores, que salen del país o apoyan la criminal rebelión militar, él permanece en España, uniendo su suerte a la de millones de hombres y mujeres que combaten al fascismo nacional e internacional. Machado entiende que la contienda  tiene un carácter nacional revolucionario. Es una guerra nacional porque se combate contra la agresión del fascismo italiano y del nacionalsocialismo alemán. En ese sentido tiene una dimensión de guerra de liberación. Y es revolucionaria porque va acompañada de profundas transformaciones económicas y sociales.
Nuestro insigne poeta escribe durante en la contienda  en diferentes publicaciones, forma parte de la Alianza de Intelectuales Antifascistas  y participa en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, inaugurado el 4 de julio de 1937 en el salón de sesiones del Ayuntamiento de Valencia,  ciudad que entonces era la capital de la República.
En 1937 aparece su último libro –La Guerra– en el que se recogen diversos artículos y poemas escritos entre agosto de 1936 y mayo de 1937, acompañados de dibujos de su hermano José.  En esta obra nos deja Machado una  declaración que resume su concepto de patriotismo: En España lo mejor es el pueblo. Por eso la heroica y abnegada defensa de  Madrid, que ha asombrado al mundo, a mí me conmueve, pero no me sorprende. Siempre ha sido lo mismo. En los trances duros, los señoritos invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva. En España no hay modo de ser persona bien nacida sin amar al pueblo. La demofilia es entre nosotros un deber elemental de gratitud.
Inmarchitable Machado, te seguimos escuchando mientras sueñas caminos de la tarde, y el viento de tu lira perenne, despierto entre los iberos encinares, restituye tu voz llena de esencias a través de esta noche de ira y miedo. Nos dejaste la emoción de tu verbo y el ejemplo de tu vida.

Pasado y presente del Frente Popular en España

marzo 7, 2014 por  
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Pokrovski. El triunfo del Frente Popular en las elecciones del 16 de febrero de 1936 fue un acontecimiento trascendental en vida política de la II República española. Era la primera vez en la historia contemporánea de España que un amplio abanico de fuerzas políticas de izquierda, desde el republicanismo pequeñoburgués hasta el comunismo, se unían en una coalición electoral sobre la base de un programa común.
Los orígenes del Frente Popular se sitúan en el bienio negro (1934-1935),  cuando los gobiernos integrados por el Partido Radical y la CEDA desmantelaron las reformas  realizadas por el gobierno de Azaña  entre 1931 y 1933 y llevaron a cabo una salvaje represión contra los trabajadores que protagonizaron la revolución de Octubre de 1934. Las organizaciones de izquierda iniciaron una reflexión profunda sobre la forma de hacer frente a un derecha fascistizada cuyo objetivo era la destrucción del régimen republicano. Los protagonistas de esa reflexión fueron Manuel Azaña, el socialista Indalecio Prieto y el Partido Comunista de España.
Azaña inició durante la segunda mitad del año 1935 una serie de mítines multitudinarios que culminaron en la concentración de Comillas (Madrid), a la que asistieron medio millón de personas. En estas intervenciones Azaña subrayó la necesidad de una  la coalición electoral para rescatar la República de sus enemigos. Por su parte,  Indalecio Prieto mantenía la necesidad de reeditar la alianza entre republicanos de izquierda y el PSOE  que se había establecido durante el primer bienio (1931-1933). En cuanto al Partido Comunista de España, a raíz del VII Congreso de la Internacional  Comunista, defendía la formación de un frente popular capaz de hacer frente al fascismo y defender la democracia parlamentaria.
Cuando se disolvieron las cortes el 7 de enero de 1936, el proceso a favor de la unidad estaba ya muy avanzado en las organizaciones de izquierda, y el 15 de enero se formalizó el pacto del Frente Popular, suscrito por Unión Republicana, Izquierda republicana, PSOE,  UGT,  Juventudes Socialistas, PCE, Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) y partido Sindicalista. La izquierda supo ver el peligro, se unió y elaboró un programa común. Superando diferencias ideológicas, las organizaciones que integraron el Frente Popular fueron capaces de ponerse de acuerdo en lo que les unía, sobre la base de unos puntos programáticos claros y nítidos: defensa de la República, cerrar el paso al fascismo, amnistía para los presos de la revolución de 1934 y reanudación del programa reformista iniciado por el gobierno de Azaña entre 1931 y 1933.
El 16 de febrero el Frente Popular venció a la coalición de fuerzas derechistas y el nuevo gobierno, presidido primero por Manuel Azaña y posteriormente por Casares Quiroga, puso en marcha inmediatamente el programa pactado. Se decretó una amnistía  que puso en libertad a los 30.000 presos políticos detenidos  durante la revolución de Octubre; se restableció el Estatuto de Autonomía de Cataluña, comenzaron a tramitarse los de Galicia y el País Vasco,  se obligó a las empresas a readmitir a los obreros despedidos por causas políticas entre 1934 y 1935 y se intensificó la reforma agraria, aunque el gobierno cometió el gravísimo error de no tomar las medidas contundentes para prevenir para golpe militar que venía gestándose desde el triunfo electoral de la izquierda.  Iniciada la guerra civil, el Frente Popular será el fundamento político que permitió resistir al fascismo durante los tres años de la contienda
La situación actual de España es distinta a la de 1936, pero hay algunas similitudes. La derecha entonces quería destruir la República y hoy el Partido Popular tiene el proyecto de implantar un nuevo modelo económico, social y político que pasa por desmantelar el estado del bienestar privatizando los servicios públicos,   eliminar la mayoría de los derechos sociales conquistados por la lucha de los trabajadores y limitar al máximo los derechos civiles. El gobierno de Rajoy ha recorrido ya un trecho importante de este camino. Aunque las protestas  son continuas y ganan en intensidad, el movimiento popular no ha sido capaz de variar en lo esencial la política del Partido Popular, aunque se han obtenido algunos triunfos, como ha ocurrido en la sanidad madrileña.  Proliferan las huelgas y las manifestaciones, pero la crisis golpea cada vez con más fuerza a la inmensa mayoría de los ciudadanos, aumenta el desempleo y  la pobreza.  Y también se incrementan la desesperación, el miedo y la resignación, que son el perfecto caldo de cultivo para el crecimiento del fascismo.
Se están perdiendo batallas, pero el resultado final de esta guerra, puesto que  de eso se trata, de una guerra declarada por la oligarquía contra los trabajadores, no está aún decidido. Todo dependerá de la actitud de las organizaciones de izquierda. ¿Qué necesitamos para cambiar la relación de fuerzas y desbaratar los planes de la oligarquía? Necesitamos unificar las luchas, dotarlas de un contenido político y tener un objetivo claro.
No hay ninguna posibilidad de cambiar la situación dentro de este sistema político. La monarquía juancarlista, heredera directa del franquismo, es el elemento fundamental que cohesiona un modelo político y económico basado en la corrupción, el caciquismo y la falta de democracia. El Partido Popular y el PSOE son las dos caras de una misma moneda, y defienden el mismo entramado de intereses económicos. No hay posibilidad de regeneración democrática porque el régimen proviene del fascismo y contiene elementos estructurales irreformables. El objetivo no puede ser otro que su superación mediante la proclamación de la República. Y para hacer realidad este objetivo, las organizaciones de izquierda deben unirse y forjar un bloque popular, una alianza de clases que incluya a los trabajadores, pequeña burguesía, clases medias e intelectuales. Esa es la tarea prioritaria y urgente, porque si la izquierda es capaz de unirse en torno a la lucha por la República, con un programa claro y coherente de profundas reformas económicas basado en la defensa de los servicios públicos, entonces las masas que hoy están en la calle, pero carecen en su mayoría de orientación política, se aglutinarán en torno a esa izquierda y constituirán una fuerza formidable capaz de doblegar a la oligarquía.
La República Popular y Federal es el común denominador que puede unir a todos los que aspiramos a un profundo cambio en nuestro país, a los que deseamos una verdadera ruptura democrática. Esa República colocará todos los recursos económicos del país al servicio de los ciudadanos, asegurará la sanidad y la educación públicas y universales, fomentará la cultura, protegerá el patrimonio artístico y cultural y restablecerá la soberanía nacional. Esa República hará realidad la justicia y la reparación para las víctimas de la criminal dictadura franquista. Esta es la tarea de los comunistas, la tarea del PCE (m-l), de nuestro heroico partido que cumple este año el  50º aniversario de su fundación. Forjemos el Frente Popular .

EL 22M: La juventud unida para tumbar a un gobierno corrupto

marzo 7, 2014 por  
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JCE(m-l). El proximo 22 de Marzo en Madrid confluiran miles de personas que dias antes habran salido caminando desde sus respectivas localidades para exigir trabajo digno, servicios publicos de calidad, el fin de los recortes y la represion, la dimision de un gobierno corrupto y mentiroso.
El 22 de Marzo es una cita marcada en rojo para nuestra organizacion. Miles de personas estan participando en las cientos de asambleas y reuniones que se estan celebrando en toda España para preprar esta gran movilizacion. El 22M debe ser el punto y aparte para reconquistar nuestra vida, para construir una sociedad al servicio de las personas y no de los beneficios.
Hablamos con Anabel  de la JCE(m-l) y Maria Jose del Frente Civico, que estan participando en la organizacion de las marchas en su localidad.
Que son las Marchas de la Dignidad y que pretenden?
Son un movilización que se esta organizando a nivel estatal de la cual saldrán diferentes columnas que confluirán el 22 de mayo en Madridde personas que marcharán a pie hacia Madrid desde diferentes puntos de España. Las reivindicaciones básicas son: No al pago de la deuda, No a los recortes, Fuera los Gobiernos de la Troika, Pan, trabajo y techo para todos.
Estos son los puntos básicos que aprueban todas las columnas, aunque cada una tiene sus reivindicaciones en función de los conflictos de cada territorio. Por ejemplo, en Asturias cuya columna está organizada por mineros y las mujeres del carbón  sus reivindicaciones están enfocadas a la problemática de las cuencas mineras. En general, las marchas tratan de ser una unificación de las distintas luchas que se han dado en los últimos años en el Estado español, dejando atrás el carácter sectorial de las distintas reivindicaciones.
¿Cómo se está organizando en vuestra ciudad?
A raíz de la visita de Cañamero a Elche, el 13 de diciembre, surgió la primera asamblea organizativa de las marchas a la que acudieron diferentes colectivos sociales y políticos de la izquierda ilicitana. Poco a poco se fueron sumando diferentes organizaciones hasta llegar a englobar a casi todo el espectro social y político que lucha contra los recortes. De momento el trabajo se ha centrado en la planificación de la ruta, la logística, la financiación, difusión y contenido político de las marchas.
¿Y en el resto del país? ¿Como os coordináis con el resto de asambleas?
A nivel estatal se ha creado una asamblea estatal donde están representados tanto los partidos políticos, movimientos sociales y sindicatos que participan en la organización de la marcha así como los grupos de trabajo de cada zona. De momento nos hemos reunido tres  veces en Madrid, en Sevilla y en Murcia; la proxima reunion sera en Bilbao.
Existen problemas de coordinación debido a la amplitud y heterogeneidad del movimiento. Pero a pesar de los problemas iniciales, se está avanzando a grandes pasos en la organización entre los diferentes territorios debido al consenso que existe sobre la necesidad de la unidad para la lucha contra los recortes sociales.
¿Qué objetivos reales os proponéis?
Como todos los problemas que intentamos solucionar con las diferentes mareas y luchas sectorales tienen su raíz en el sistema social y económico, nuestro objetivo superar este régimen echando a los gobiernos que recortan los derechos sociales. Otro de los objetivos es aumentar la conciencia social y la participación política de todo ese grupo de personas que aun siendo víctimas de los recortes aun no están teniendo una participación activa en la lucha contra estos. Además, el trabajo conjunto en la organización de las marchas está ayudando a que las diferentes organizaciones de izquierdas adquieran conciencia de lo imprescindible que resulta la unidad de la izquierda para poder plantar cara al régimen.
¿Cuando lleguéis a Madrid como pensáis continuar con el movimiento?
Todavía no está claro que hacer cuando lleguemos a Madrid y ese será el punto central de la siguiente reunión estatal. Hay sectores que hablan de acampar en Madrid, otros de forzar a los sindicatos grandes para convocar una huelga general o crear una movilización continua en Madrid para forzar la dimisión del Gobierno. Aun así lo más interesante de las marchas es conseguir que la estructura organizativa creada se mantenga después del 22M y se convierta en una herramienta para la ruptura con el régimen del 78. Entendemos que no es suficiente con la dimisión del gobierno de Mariano Rajoy o con la convocatoria de elecciones anticipadas, pues la legalidad del régimen nos tiene atados de manos, el artículo 135 de la Constitución obliga a nuestros gobiernos a pagar la deuda mientras desatiende las necesidades básicas del pueblo como la educación o la sanidad pública. Por eso lo más importante es construir organización. Los unicos acuerdos que hay es que los actos deben de ser masivos y pacíficos, para evitar la criminalización de los medios. Aun así se está apostando por la desobediencia civil como medida para combatir la más que posible represión.
Hay muchos jóvenes en desempleo, como pensáis que podéis involucrarlos
Estamos organizando actos en la universidad, institutos o difundiendo las marchas entre los centros del INEM. La juventud está muy desilusionada, la gente no sabe como participar y no tiene mucha formación política. Por eso nuestra misión consiste en explicarles como hacer frente de forma colectiva a los problemas de su día a día, enseñarles a golpear juntos.

Arbitrariedad, indefensión, inseguridad y disuasión: salto cualitativo en la represión

marzo 7, 2014 por  
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Agustín Bagauda. El anteproyecto de “Ley para la Protección de la Seguridad Ciudadana” es el espejo donde se refleja el rostro de la burguesía reaccionaria, encabezada ahora por el PP, que ha dado un salto cualitativo en cuanto a la represión, el recorte de libertades y derechos políticos y la criminalización de la lucha política y social. De tal suerte que hasta el propio Consejo General del Poder Judicial, en un informe previo, ha manifestado que muchos artículos son de “dudosa constitucionalidad”.
Con el cinismo de su título introduce la arbitrariedad como principio jurídico. Así, se le otorga a la policía el papel de juez y parte, que podrá poner multas si a su juicio se ha cometido una infracción, sin que sea necesario, pues, juicio alguno. Y ello porque determinados comportamientos dejan de ser sancionables en el ámbito penal para serlo en el administrativo. La multa aparece, pues, como un importante elemento disuasorio (sobre todo dada la penuria económica de la población) de la protesta política y social. Es preceptivo, además, que esta multa sea primero pagada.
Posteriormente pueden ser recurridas, pero aquí el agraviado se encuentra con otro obstáculo: tendrá que abonar las abusivas nuevas tarifas del “Tasazo” de Ruiz Gallardón. Por tanto: arbitrariedad e indefensión jurídica, inseguridad social y disuasión política. Esta ley refuerza el carácter intimidatorio de la represión, más refinada y perfecta.
Se establece un conjunto de infracciones con una graduación (“leves”, “graves” y “muy graves”) y, acorde con ello, sus correspondientes multas (de 100 a 1.000 €, las primeras; de 1.001 a 30.000 €, las segundas; y de 30.001 hasta los 600.000 €, las terceras). Entre otras, significativas son, dentro de las leves: “Amenazar, coaccionar, vejar e injuriar a los agentes de las fuerzas de seguridad cuando estén velando por el mantenimiento del orden público y la grabación y difusión de sus imágenes…”; “Injurias o calumnias a través de cualquier medio de difusión a las instituciones, autoridades, agentes y empleados públicos, así como su falta de respeto”.
Dentro de las graves: “Concentraciones no comunicadas ante (…) el Congreso, el Senado, los Parlamentos autonómicos o los altos tribunales,…”; “Obstruir a la autoridad en la ejecución de sus decisiones administrativas o judiciales, como en los desahucios”; “Ofensas o ultrajes a España, a las comunidades autónomas y entidades locales o a sus instituciones, símbolos, himnos o emblemas, efectuadas por cualquier medio”.
Dentro de las muy graves: “Convocatoria y asistencia a manifestaciones con finalidad coactiva e inobservancia de la legislación electoral desde que haya finalizado la campaña electoral hasta el fin de la votación”.
Destacamos, también el artículo 22.3, que permite la disolución de reuniones sólo por el hecho de que haya un mínimo riesgo de que “se produzcan alteraciones de la seguridad ciudadana con armas, objetos contundentes o con otros medios de acción violenta”, lo que abre totalmente la puerta a la subjetividad. Igualmente el 29.3, que traslada la responsabilidad de lo que suceda en manifestaciones y reuniones de la persona que ocasione dichos sucesos a los organizadores de dichos actos.
La “Ley de Seguridad Ciudadana”, además, lleva aparejada, y lo pretexta, la reforma del Código Penal con la que se crean delitos “ad hoc” de cara a las distintas formas de movilización que se han venido desarrollando: paralización de desahucios, ocupación de sucursales bancarias, etc.
Esta futura ley y las que la acompañan (Ley de Seguridad privada, Reforma del Código Penal, el “Tasazo”, propuesta de ley de huelga,…) hay que entenderlas en el contexto de crisis y de la ofensiva del capital contra el trabajo; de la ofensiva de la oligarquía contra las clases trabajadoras y sectores populares. Forman parte de una oleada reaccionaria destinada a criminalizar y reprimir al movimiento obrero, sindical y popular; a eliminar los elementos democráticos más fundamentales que en el momento presente resultan molestos al sector más reaccionario de la burguesía que está en el poder. Cuando a la burguesía le molestan sus propias leyes, las normas y derechos democráticos arrancados con el esfuerzo y la lucha colectiva, no tiene reparos en saltárselas, violarlas, lo que, por otro lado, está generando una gran intranquilidad, desasosiego e inseguridad en la población. Lo vimos con la modificación constitucional del artículo 135, impulsada por el PSOE y apoyada por el PP. Los vemos ahora. Es la naturaleza del sistema capitalista.
Mas, también, hay que señalar que este salto en la represión y la criminalización es una muestra del temor de la clase dominante al movimiento y la lucha popular, a que se conduzca por cauces políticos contra sus posiciones de privilegio y dominio y el régimen que los ampara.
Decíamos en la editorial del nº 68 que todas estas leyes y medidas reaccionarias preparan el terreno para un giro reaccionario, incluso, fascista, del régimen. En modo alguno hay que minusvalorarlas y deben ser denunciadas y combatidas desde su origen. Situábamos las palabras de G. Dimitrov (agosto de 1935), que volvemos a recordar: “no menos grave y peligroso es el error de no apreciar suficientemente el significado que tienen para la instauración de la dictadura fascista las medidas reaccionarias de la burguesía que se intensifican actualmente en los países de la democracia burguesa”.

CONTRA EL LIBERALISMO(*), por Elena Ódena

marzo 7, 2014 por  
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Una de las tareas en el frente ideológico planteada hoy en el seno del Partido es la lucha contra el liberalismo.
Por definición, el liberalismo rechaza la lucha ideológica y trata de justificar y cubrir los fallos, errores, modos incorrectos de actuar, buscando siempre justificaciones de carácter secundario o echando la culpa a causas externas, cuando no lejanas. Algunos camaradas responsables se hacen cómplices del liberalismo pensando que si dejan pasar las cosas actúan como personas comprensivas, bien intencionadas y deseosas de que prevalezca la paz y la tranquilidad entre los camaradas.
En ciertos casos el liberalismo se debe a la falta de conocimiento de algunos camaradas con poca experiencia de lo que es en verdad la disciplina y la responsabilidad partidarias, y las nefastas consecuencias que acarrea para todo el Partido y para ellos mismos el adoptar una actitud liberal, pequeño burguesa hacia las tareas, las responsabilidades y la marcha en general de toda su actividad y la de los camaradas que les rodean. En otros y ello es más grave cuando se da en camaradas responsables y maduros, se trata de una desviación ideológica que corroe y mina la disciplina partidaria, convierte a los mejores militantes en irresponsables e incapaces ante sus tareas y ante los problemas planteados en cada fase de su ejecución, siembra la apatía y no permite a la organización afectada por el liberalismo, cumplir debidamente las tareas del Partido.
El liberalismo en las filas del Partido se suele manifestar, por lo general, en no criticar a un camarada cuando éste no han cumplido con sus tareas o lo ha hecho de manera insatisfactoria, a medias; cuando un camarada responsable acepta cualquier excusa superficial para justificarlo; en desobedecer las orientaciones e instrucciones de los órganos de dirección y colocar las opiniones personales en primer plano; en no indignarse o preocuparse cuando se cumplen mal, o no se cumplen por negligencia, las tareas del Partido; en no adoptar las medidas prácticas, concretas, para la ejecución o el control de las tareas planteadas y dejarlo “ a ver si salen o no salen”, por menospreciar la importancia de los detalles concretos y descuidar la minuciosidad y la mayor exactitud en todos los terrenos de la acción partidaria.
Se dan casos de camaradas y organizaciones que consideran normal no cotizar, ni recoger y entregar regularmente las cotizaciones, o el cotizar una cantidad irrisoria; de camaradas que no acuden a las citas fijadas, que encuentran justificaciones para adoptar un estilo de trabajo irresponsable y un método que coincide exclusivamente con sus inclinaciones personales, sin tener en cuenta el ritmo y las necesidades de las tareas y la política del Partido en cada momento de la lucha.
En el terreno político, el liberalismo se manifiesta cuando se escuchan posiciones o ideas incorrectas dentro y fuera del Partido y no se refutan o aclaran y cuando se hace más caso de chismes y opiniones externas al Partido que la propia política y opiniones del Partido sobre tal o cual problema o camarada.
En realidad y en todos los terrenos, el liberalismo es una manifestación de oportunismo que si bien es grave a nivel de un simple militante, lo es mucho más cuando se da en cuadros responsables.
El arma fundamental para combatir el liberalismo es la lucha ideológica y la disciplina, el aplicar un método y un estilo marxista-leninista en el análisis de los problemas, en la ejecución de las tareas, en la vida partidaria…
Aquellas organizaciones y militantes que descubran que el liberalismo se ha infiltrado entre ellos, deben proponerse desde este mismo momento, el iniciar una sincera y firme campaña de rectificación de los métodos erróneos contra el liberalismo y contra todas sus manifestaciones.

………………..
(*)Publicado con el pseudónimo de M. Palencia , en el núm. 96 de “Vanguardia Obrera”, DICIEMBRE 1974. Es primero de una serie dedicada al mismo, tema

A vuelapluma, J. Calafat

marzo 7, 2014 por  
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Dieciséis subsaharianos muertos en las costas de los enclaves coloniales de España en Marruecos. Tratan de llegar a nado a la costa, están  a pocos metros… la Guardia Civil dispara bolas de goma, no los dejan llegar a tierra, se ahogan; los que aguantan, son desviados hacia la frontera marroquí. El director de ese cuerpo civil militarizado, del que decía García Lorca, «tienen,  por eso no lloran, de plomo la calavera» defiende esa barbarie, niega hechos evidentes, grabados, que ya se habían difundido. Miente y amenaza. El ministro, miembro de la secta opusdeísta, se ve obligado a reconocer, parte de los hechos desmintiendo al  Director de la G.C., pero también tergiversa y miente. Esta gente practicantes tenaces de la mendacidad, son además de fachas apenas vergonzantes, chapuceros. El Gobierno, los defiende, se niega a investigar, fieles a la táctica de su presidente, tratan de que pase el tiempo, conjugan la mentira con el silencio. Es lo que han hecho siempre, con total inverecundia. Lo decía muy bien Marx Twain, «Conoce primero los hechos y luego distorsiónalos cuanto quieras.» Pues eso.
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¿Por qué sonreía la hija del Borbón, cuando iba a declarar y cuando salió? ¿Es tonta, como pretenden algunos? ¿O es de un cinismo propio de su estirpe? En este país, pasan cosas curiosas: Una casada que firma con su marido documentos, que recibe dinero a espuertas de una empresa sin ánimo de lucro, y por lo que su marido está acusado de delitos mil. Pero ello no sabe nada, o no recuerda según los casos, (¡cuánta ignorancia, qué ataque de amnesia!) no entiende de negocios por eso con su marido el «Duque empalmado» no hablaba de esas cosas. Si algo ha hecho mal, ha sido por amor… Está claro, esa señora se reía de los gilipollas de este país que tienen más tragaderas que Gargantúa y Pantagruel juntos, y aguantan todas las borbonadas. No es tonta la infantita, nada de eso, tiene consejeros, abogados, hasta el fiscal está de su lado. Y tiene, ¿cómo decirlo sin ofender? una desfachatez que ni la Corina de la corona…

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