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El populismo, adversario contumaz del proletariado y las masas populares, por Rául Marco

octubre 16, 2014 por  
Publicado en: Artículos, Destacado

Raúl Marco. El populismo, ideología pequeño burguesa, idealista, surgió en Rusia en los años 70 del siglo XIX. Según Lenin, «Representa los intereses de los productores desde el punto de vista del pequeño productor». Los  populistas, creyendo  en la posibilidad  de la revolución social campesina, en la década de los setenta, jóvenes de la intelectualidad no procedente de la nobleza, utilizaban ropas campesinas para ir a las aldeas, al «pueblo» para preconizar sus posiciones «populares».

El populismo, independientemente del nombre que tome, por ejemplo «ciudadanismo», es hostil al marxismo en general y al Leninismo en particular. A estas alturas, no reconocen el papel histórico del proletariado; aunque no lo dicen claramente están contra la organización partidaria, ni derecha ni izquierda. La lucha de clases no existe (no lo dicen así, pues tontos no son y tienen buenas tablas universitarias y apoyo mediático). Se dirigen al «pueblo» en general, e ignoran que el proletariado es la única clase plenamente interesada en acabar con el capitalismo y construir el socialismo, y eso no se hace con soflamas ni demagogia callejera.
Lenin combatió el populismo y desmontó la crítica de los populistas hacia el capitalismo ruso por ilusoria y reaccionaria. Según Lenin, la teoría y la práctica de los populistas constituían un obstáculo para el desarrollo y la propagación del socialismo científico, para el desarrollo del movimiento obrero. Lenin jamás dejó de luchar contra los grupos populistas; fue una lucha contra la ideología pequeñoburguesa, reaccionaria en definitiva.
Los tiempos han cambiado y las formas que toma el populismo también, pero su esencia sigue siendo la misma, y aunque en la forma se encubra con fraseología huera y taimada con la que pretenden manipular la realidad,  es  en el fondo reaccionaria.
El populismo en todas sus formas, no deja de ser anticomunista y por ende reaccionario y peligroso pues logra engañar y hacer creer lo que no es, particularmente entre la juventud, como es el caso en España. Claro que la prolongada desidia ideológica, las desviaciones oportunistas, la politiquería de los partidos tradicionales e incluso traiciones, particularmente del PSOE que hizo posible junto con el equipo de Carrillo, la transición del franquismo al franquismo sin Franco, creó y se mantiene un rechazo, relativamente grande, hacia los «políticos» que han consensuado todas las maniobras contra los pueblos de España, el proletariado, y otras capas populares.
El populismo, no sólo tiene planteamientos pseudo ideológicos, cuando menos equivocados, también siembra el anti partidismo, el rechazo a la organización y a cualquier planteamiento revolucionario claramente expuesto. «Sin teoría revolucionaria, no puede haber tampoco movimiento revolucionario. Nunca se insistirá lo bastante sobre esta idea en un tiempo en que a la prédica en boga del oportunismo va unido un apasionamiento por las formas más estrechas de la actividad práctica» Escribía Lenin en su famoso « ¿Qué hacer?» Y en su no menos famoso «Materialismo y Empirocriticismo», denunciaba:
« La no pertenencia a ningún partido no es en filosofía más que servilismo miserablemente disimulado al idealismo y el fideísmo.»
Acabemos, el populismo o como se quiere presentar y denominar, causa serios daños y problemas. Hay gente que utilizando errores o pretendidos tales, se aferran a las posturas del populismo y atacan y critican a las fuerzas y organizaciones revolucionarias, como nuestro Partido. Eso crea pesimismo, derrotismo. Por ello, hay que estar alerta contra los casos que se puedan dar de camaradas o conjunto de camaradas que teorizan por la negativa (la “teoría” del catastrofismo), que ven únicamente los errores o fallos, y caen en deformaciones y desviaciones graves que los llevará, inconscientemente, a negarse a sí mismos y renegar de todo buscando justificar sus aberraciones y desvaríos.
Es una lucha ideológica presente, actual, que conlleva deriva que no se puede ignorar ni menospreciar. Lo advertía Marx:
« La ignorancia es un demonio que, tememos,  provocará aún numerosas tragedias.»

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