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El Bloque histórico

octubre 16, 2014 por  
Publicado en: Artículos, Destacado

Por Efrén H. | Una de las aportaciones fundamentales de  Antonio Gramsci al marxismo fue el concepto de BLOQUE HISTÓRICO, elemento clave en la articulación del pensamiento gramsciano (1).

El bloque histórico se refiere a una situación histórica concreta en la que se distingue una  estructura social  –las clases sociales–, que depende directamente del desarrollo y la relación de  las fuerzas productivas, y una superestructura ideológica y política. La relación que se establece entre ambas es el aspecto esencial de la noción del bloque histórico:  “la estructura y la superestructura forman un «bloque histórico», o sea que el conjunto complejo, contradictorio y dis¬corde de las superestructuras es el reflejo del conjunto de las relaciones sociales de producción. De ello surge: sólo un sis¬tema totalitario de ideologías refleja racionalmente la contradicción de la estructura y representa la existencia de las condiciones objetivas para la subversión de la praxis” (2).

Entre la estructura y la superestructura hay una unidad orgánica,  una relación de interdependencia y reciprocidad. Una relación, en fin, dialéctica.

Gramsci concedió una especial importancia a  la superestructura, donde distingue dos esferas: la sociedad civil y la sociedad política. La primera comprende el campo extremadamente complejo de  la ideología, mientras que la sociedad política se refiere al ámbito del Estado y los aparatos de coerción. Entre ambas hay una estrecha relación, puesto que las clases dominantes ejercen su poder no solo a través de la coacción, sino mediante la hegemonía ideológica sobre las clases dominadas, de tal forma que el Estado podría definirse como la suma de coerción más hegemonía. Esta hegemonía estaría asegurada por la capa social de los intelectuales, encargados de transmitir la concepción del mundo de la clase dominante a todos los grupos sociales. El intelectual se encuentra ligado a la clase a la que representa, aunque este vínculo no es mecánico, sino que mantiene una relativa autonomía respecto a esa misma clase.

Resumiendo, el bloque histórico se estructura en dos esferas complejas. Por un lado una estructura económica a la que corresponde una determinada sociedad  en la que domina una clase fundamental; por otro, una superestructura en la que esa clase organiza la hegemonía ideológica y la dirección política sobre las otras clases. Los intelectuales vinculados a esa clase dominante son los encargados de mantener esa hegemonía y ligar la estructura económica y la superestructura.

En el desarrollo histórico se puede abrir en el seno  de ese bloque una crisis orgánica,  resultado de la evolución y los cambios en la estructura económica que no tienen su correspondencia en la superestructura. En la medida que la clase dominante ya no es capaz de ejercer la hegemonía ideológica,  se produce una ruptura entre la clase dominante y las clases dominadas, se abre una situación revolucionaria. El desenlace de esa situación dependerá de una diversidad de factores. Si la clase dominada fundamental –el proletariado– es capaz de organizar un sistema  hegemónico alternativo mediante la creación de su propia dirección política e ideológica, puede alcanzar el poder y estructurar un nuevo bloque histórico. Ahora bien, teniendo en cuenta la situación de los países de Europa occidental, en los que hay una fuerte sociedad civil, Gramsci pensaba que la clase obrera debería optar por una guerra de posiciones contra la burguesía; es decir, dar prioridad a  lucha ideológica, conquistar la sociedad civil mediante la disgregación del bloque intelectual dominante, atrayendo a los intelectuales al campo del proletariado, lo que no excluye la conquista del poder mediante una guerra de movimientos en determinadas circunstancias.

La aportación de Gramsci sobre el bloque histórico tiene plena actualidad en España. Por muy grave que sea la crisis económica, el capitalismo no está condenado necesariamente a desaparecer ni la burguesía va a ser inevitablemente derrocada. La crisis del 29 ya demostró la capacidad de resistencia de la burguesía y  la salida política de la crisis fue la derrota de la clase obrera y la difusión del fascismo. La burguesía tiene suficientes recursos materiales e intelectuales para mantener su hegemonía. De lo que se trata, por tanto, es de dilucidar, en primer lugar, si estamos en presencia de una crisis del bloque histórico propiciada por la crisis económica y, si es así, establecer por parte de la izquierda la táctica y la estrategia adecuada.

Es evidente que en nuestro país el consenso político de la transición se ha roto y un sector muy importante de las fuerzas populares ya no se siente representada por los partidos del sistema. En este sentido, la burguesía española ha comenzado a perder la hegemonía ideológica sobre las clases dominadas y recurre cada vez más abiertamente a la represión policial, pero también es cierto que la clase obrera no logra organizar una alternativa política  ni atraerse a la mayor parte de los intelectuales. Es necesario, por tanto, la unidad del las organizaciones de izquierda en torno a un programa de ruptura   capaz de aglutinar a amplios sectores de la sociedad española. Esa será la base sobre la que se forme el Frente Popular, que  no puede generarse espontáneamente a partir de movimientos ciudadanos que en muchos casos responden a intereses concretos y parciales. En torno a la ruptura republicana puede tejerse un nuevo bloque histórico que  afronte y solucione los gravísimos problemas de nuestro país. En caso de que esa unidad no se materialice, la burguesía puede recomponer su hegemonía mediante la promoción de nuevas fuerzas políticas que generen ilusión  entre las clases populares sin apostar por una ruptura del sistema. Esa recomposición pasaría por captar a un sector de intelectuales  instalados actualmente en el espacio de posiciones de izquierda, pero que no están ligados orgánicamente al proletariado y susceptibles, por tanto, de elaborar un discurso capaz de reorganizar el bloque histórico dirigido por la burguesía. ¿Es este el caso de “Podemos”?
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1. Sobre este tema es especialmente interesante la obra de PORTELLI, Hugo: Gramsci y el bloque histórico. México, Siglo XXI, 1973.

2. GRAMSCI, A: El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce. México, Juan Pablos Editor, 1986. Pág. 48.

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