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INFORME AL PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PCE(M-L)

junio 30, 2013 por  
Publicado en: Comunicados, Documentos

 (para descargar en PDF y en RTF, para ver comunicado aqui)

logonuevopñoSituación internacional

La crisis económica sigue profundizándose. La prensa da cuenta continuamente de noticias que vienen a confirmar que la recesión del mundo capitalista va  para largo: el vicepresidente del organismo regulador del sistema financiero de EEUU, afirmaba recientemente que el principal banco alemán estaba técnicamente en quiebra. Las tensiones arancelarias entre las potencias crecen conforme intentan establecer acuerdos de libre comercio, entre EEUU y la UE, entre ésta y China, etc.

Noticias que hace unos meses alarmarían, ahora se consideran algo normal; por ejemplo el cierre de la radio televisión pública griega, cuya decisión (que deja en la calle a toda la plantilla a la espera de una futura reanudación de las emisiones con una plantilla muy inferior) la adoptó y aplicó el gobierno en un solo día.

Por otro lado, la configuración de un nuevo escenario internacional, sigue su curso paso a paso. La reciente cumbre entre Obama y el Presidente de la RP China, Xi Jinping, se presentó como una reunión entre amigos, concertada para que los dos “líderes” se conozcan y entablen una “relación personal” que propicie un clima de entendimiento futuro entre las dos potencias.

Poco ha trascendido del contenido real de esa reunión, más allá de vagas referencias a la lucha contra el espionaje electrónico y la decisión de seguir la “charla de amigos” en China. Con todo es significativo este encuentro en el que Xi Jinping planteó también que se reconozca el nuevo papel que debe jugar China (que está jugando ya, como hemos indicado en anteriores informes) en el área del Pacífico.

China es reconocida  no sólo como un agente activo en el diseño de las nuevas áreas de influencia internacional entre las potencias, sino como el único interlocutor capaz de negociar con EEUU de tú a tú, como cabeza  de un nuevo polo de alianzas en formación entre potencias económicas y economías “emergentes”. China y EEUU se preparan para reforzar su posición en todos los órdenes y reconocen abiertamente su disposición a utilizar todos los recursos para ello.

La denuncia de un ex agente de la CIA sobre la política del espionaje generalizado de las comunicaciones por internet, no hace sino sacar a la luz un secreto a voces; la utilización generalizada de aviones no tripulados (drones) para realizar asesinatos (se ha adelantado una cifra superior a los 2.000 en los últimos años, muchos de ellos de civiles) ha sido reconocida por el ejército yanqui que justifica estos crímenes como necesarios en “la guerra contra el terrorismo”.

Como señalábamos en nuestro anterior informe, la tensión internacional y el desarrollo de las contradicciones interimperialistas más profundas se desplaza a la zona del Pacífico. El régimen de Corea del Norte fue hace unas semanas el centro de un nuevo episodio de tensión que inició EEUU con el desarrollo de unas maniobras conjuntas con Corea del Sur, que provocaron la respuesta de Pyongyang que, en su tono acostumbrado, amenazó con un ataque militar general, lo que forzó, por primera vez, a China a proponer sanciones para su aliado.

Otro foco de conflicto permanente se localiza en Próximo Oriente que, por su posición estratégica y sus reservas de energía es el centro de confluencia de todo tipo de intereses imperialistas. Siria, Irán, están expuestas a la permanente amenaza de intervención, que es una realidad en otros países de la región como Irak o Afganistán que sufren la ocupación permanente por parte de ejércitos extranjeros, al igual que el pueblo palestino soporta la criminal ocupación del ejército nazi sionista.

La cumbre del G8 que comienza en Dublín el 17 de junio tenía entre los temas a debate el acuerdo para proporcionar armas a la oposición siria en su guerra contra el régimen de Al Assad. El G8 seguiría así los pasos de EEUU cuyo departamento de estado acaba de aprobar el envío de armas a aquel país, sin excluir la posibilidad de establecer una zona de exclusión aérea (que dio inicio en Libia a la intervención directa de los ejércitos imperialistas) lo que supone un paso más en la escalada de tensión en la zona. La oposición de Rusia ha impedido un acuerdo del G8, pero va a poner punto final a la intervención imperialista.

Ya hemos señalado también el permanente y silencioso neocolonialismo en África. Desde nuestro último Pleno, la guerra en Malí con la participación directa del ejército francés ha sido un nuevo episodio de intervencionismo imperialista. Tras las primaveras árabes, las potencias imperialistas mueven sus hilos con más sigilo, pero de forma igualmente intensa: en Egipto, han fracasado todos los intentos de llevar al reaccionario Mubarak ante los tribunales para que pague sus crímenes; en Libia, después de la intervención directa de la OTAN, las multinacionales mantienen la explotación de sus recursos en un clima de inestabilidad política silenciada por la sordina impuesta por los medios de comunicación.

En término generales, parece que el imperialismo ha optado por apoyar a las fuerzas islamistas reaccionarias que siendo “incómodas” defienden los intereses de la oligarquía local y no cuestionan la dominación económica de las potencias imperialistas.

El régimen de Tayyip Erdogan intenta exportar su modelo de “islamismo moderado”, tiránico con su pueblo y sumiso aliado del imperialismo. Las recientes movilizaciones, iniciadas en Estambul, se han extendido por todo el país con la participación de miles de personas. La durísima represión (al menos cinco muertos y miles de heridos y detenidos) no ha logrado mermar la combatividad de las masas que se movilizan por reivindicaciones políticas y democráticas A pesar de los intentos de ahogar las protestas con cañones de agua a presión y gas pimienta, las movilizaciones continúan en las calles y plazas de las principales ciudades turcas. En estas luchas participan activamente y en vanguardia los camaradas del EMEP, con los que debemos redoblar la solidaridad.

Conforme se profundiza la crisis capitalista y se agravan sus consecuencias para los trabajadores y los pueblos del mundo, se incrementa también la respuesta de éstos. Para hacer frente a las luchas populares, los Estados capitalistas endurecen sus políticas represivas y recortan derechos: hemos visto el caso de Turquía, donde el régimen ha amenazado con utilizar al ejército (y no dudará en hacerlo) para acallar las movilizaciones. Pero hay muchos otros países en los que se  reprime de mil formas a las organizaciones revolucionarias y encarcela a los luchadores: Es lo que sucede, por ejemplo, en el Ecuador, donde la reciente sentencia que condena a la camarada Mery Zamora a ocho años de cárcel por terrorismo, ha sido la última muestra del carácter reaccionario del régimen de Correa, y del carácter sumiso y seguidista del revisionismo, respecto del caudillismo burgués.

En la guerra de posiciones cada vez más abierta entre las potencias imperialistas, las alianzas son fluidas y cambian constantemente, aunque el sentido final del proceso apunte hacia la conformación de dos grandes bloques imperialistas y al incremento de las contradicciones entre ellos.

La Rusia de Putin apuesta por mantener su papel en la arena internacional apoyándose en su poderío militar y, en ocasiones, aparentando un  papel mediador: así lo hizo, por ejemplo, hace meses cuando resultaba claro que la guerra en Siria se extendía y enconaba; proponiéndose como árbitro ante Al Assad; igualmente ha intentado “mediar” ante las presiones y amenazas de EEUU y los nazi sionistas israelíes contra Irán; o, tras conocerse las escuchas del espionaje yanqui incluso a sus “aliados” europeos, cuando apoyó públicamente la política de “guerra contra el terrorismo” de Obama.

Ya hemos señalado en otros informes el proceso de regionalización en curso que se traduce en la conformación de áreas de libre comercio (particularmente activas en América Latina) seguida de bruscos conflictos arancelarios. Recientemente ha estallado uno entre China y la Unión Europea, con represalias mutuas traducidas en el establecimiento de fuertes aranceles sobre determinadas mercancías (es el caso de vino europeo en China o del acero chino en la UE),

En este contexto, una de las cuestiones determinantes del panorama internacional sigue siendo el lento declive de la potencia imperialista europea, ahogada por una crisis económica profundísima que salpica incluso al núcleo duro y no solo a las economías periféricas como la española (la zona euro lleva meses en recesión). El proceso de unidad política en la Europa imperialista se atasca en una continua pelea entre las potencias centrales y entre éstas y sus socios menores (el partido de Cameron ha librado una dura batalla interna entre quienes proponen el abandono y los partidarios de la UE).

El eje franco-alemán presenta ya los primeros síntomas de disensión, al tiempo que surgen nuevas contradicciones y problemas en el seno de cada país (sirva como ejemplo el que se haya forzado al Tribunal Constitucional alemán a considerar si la participación del estado en los “rescates” de las economías periféricas, violan o no la norma constitucional del país) entre las diversas fuerzas burguesas respecto a su papel en el juego de intereses económicos que se libran en las instituciones europeas.

Acuciados por el descrédito y la deslegitimación, los gobiernos del viejo continente y las instituciones imperialistas han iniciado desde hace un tiempo un juego de trileros (del que Rajoy es consumado jugador) que pretende desviar la atención sobre quién es el enemigo de los pueblos y responsable de los recortes antisociales que recorren Europa, por la vía de culparse unos a otros de la política de ajustes: Rajoy intenta articular, como luego veremos, su Pacto de Estado, con la excusa de reforzar la posición de España frente a la política de recortes que impone Alemania; el FMI “reconoce” el error de haber ido más allá de lo razonable en los ajustes impuestos a Grecia (pero no por ello, cambia su decisión) y culpa a la UE de haberle presionado para imponer condiciones tan draconianas como las que recaen sobre el pueblo griego.…

No hay dudas, sin embargo, entre las distintas oligarquías nacionales de la Europa capitalista, ni en las instituciones que aplican sus políticas, en cargar contra los pueblos las consecuencias de la crisis capitalista.

A pesar de los recortes, hay un capítulo de gastos que crece de año en año: los gastos del aparato de estado ligado a la represión; se recortan derechos y libertades, se atiza a los cachorros de la bestia fascista (la connivencia entre los servicios secretos y los grupos de extrema derecha nazi y xenófoba en Alemania ha indignado a la ciudadanía; lo mismo que la dulce actitud de la policía británica con los desmanes de grupúsculos fascistas tras el asesinato de un militar, o la estrecha relación entre una parte de las instituciones húngaras o griegas con los grupos fascistas más virulentos),… La oligarquía prepara sus fuerzas para las expresiones más crudas de la lucha de clases que están por venir.

Y entre los alumnos aventajados de la reacción europea en materia de represión, también destaca el estado español: el dirigente de un sindicato de la Guardia Civil afirmaba en una entrevista que España es el Estado de la Unión Europea con la mayor ratio de policías: 5,3, enfrente del 3,2 de la UE. Estamos muy por encima de EEUU, Canadá, Japón… Sólo para ponernos a la misma altura que Alemania, a España le sobrarían 75.000 policías, esto comportaría un ahorro de unos 4.000 millones de euros, que es lo mismo que ha supuesto quitar la paga extra a los funcionarios, o los recortes en educación. En España hay casi el doble de policías por cada 100.000 habitantes que en Gran Bretaña.

Mientras se despiden profesores, se recortan becas y disminuye el gasto sanitario, el gobierno no duda en despilfarrar miles de millones en presupuesto militar. Un gasto improductivo, pero absolutamente lógico desde la perspectiva de la oligarquía: hay que mantener contento al brazo armado del capital y defender y salvaguardar sus intereses allende las fronteras. Los cuerpos represivos del Estado, y en concreto el Ejército,  son la última línea de defensa del orden capitalista.

Disfrazadas de ayuda humanitaria, las Fuerzas Armadas españolas colaboran en misiones bélicas al servicio de los intereses de la oligarquía española y del imperialismo. La última aventura militar tiene como objetivo Mali. A pesar de la opacidad del gobierno en cuanto al coste real de estas operaciones, entre 2002 y 2011 se gastaron 4.000 millones de euros en intervenciones en el extranjero. Sólo la misión en Afganistán ha costado más de 2.000 millones de euros desde 2002.

Hasta ahora las protestas sociales se han centrado en la oposición a los recortes y la privatización de los servicios públicos, pero apenas se ha criticado el gasto militar. El gobierno de Rajoy ha logrado apartar a las Fuerzas Armadas del huracán de la contestación social. Hora es ya de que esta cuestión salte a la calle. El Ejército, tal como está hoy diseñado, es una elemento parasitario en el cuerpo social, con su propio régimen especial de Seguridad Social (ISFAS), residencias, casinos, etc. Exigimos la inmediata retirada de las tropas españolas en el exterior, la salida de la OTAN, la reducción drástica del presupuesto militar y el fin de todas las prebendas y privilegios de la casta militar”.

Situación interna.-

Los datos de mayo del paro inscrito en el registro, señalan un incremento de las contrataciones en más de 90.000 personas, lo que ha dado pie al gobierno Rajoy para anunciar el inicio del fin de la crisis. Pero el optimismo del dirigente reaccionario no tiene fundamento: El paro recogido trimestralmente en las encuestas de población activa (EPA), que son mucho más fiables y por ello son las manejadas por la oficina Euroestat para hacer sus “predicciones”,  coloca el número de parados reales muy por encima, superando los 6,2 millones de trabajadores. La razón de esa diferencia entre paro registrado y EPA, que crece conforme avanza la recesión, es simple: muchos trabajadores en paro no se inscriben en el registro, desalentados sobre la capacidad de las oficinas de intermediación para lograr empleo.

Frente al optimismo de Rajoy, las dudas son mayores que las certezas en relación a la existencia de supuestos brotes verdes en la economía española. Algunos estudios ponen en duda incluso que la caída del PIB español sea la que señalan los datos aportados por el Gobierno y apuntan hacia un retroceso mucho mayor que vendría a explicar el porqué en países como Grecia o Portugal registros oficiales de caídas iguales o mayores del PIB se corresponden con  aumentos más moderados de los índices de paro.

Se apunta también la posibilidad de que sean necesarias nuevas ayudas adicionales a la banca española para hacer frente a los desfases en sus balances. En cualquier caso, nadie, ningún estudio con un mínimo de fiabilidad ve, como el gobierno,  próximo el final de la crisis en España; sino que, bien al contrario, la mayoría apuntan a un crecimiento de los desequilibrios, de la recesión y, consecuentemente, del paro.

El Gobierno nacional y los autonómicos continúan, con distinta intensidad y ritmo, pero con idéntica orientación la política de recortes y privatizaciones. Una política que liquida los derechos sociales, laborales, políticos y democráticos de la mayoría trabajadora. Una política que está provocando la creciente desafección  hacia el régimen y el descrédito de sus instituciones; y un estado general y generalizado de movilización sectorial que ha pasado a conocerse por los colores de las distintas “mareas” que identifican sus demandas.

Tras las grandes movilizaciones de finales del año pasado, simbolizadas en la Huelga General del 14 N y en la marea blanca de la sanidad madrileña, el Gobierno ha cambiado de táctica: con la colaboración de los principales dirigentes oportunistas de los sindicatos aparenta una relativa “moderación” en los ataques y adopta una actitud de calculada vaguedad en sus declaraciones que sintetiza a la perfección las palabras de Rajoy ante la prensa en el sentido de que no subiría los impuestos…salvo que la situación lo hiciera necesario: todo un monumento al cinismo.

Pero lo cierto es que sigue adelante con sus planes en todos los órdenes: En el primer trimestre, impuso la Estrategia de Emprendimiento y Empleo Joven que supone nuevos incentivos a la patronal para la contratación en condiciones más precarias de jóvenes; y una reforma de las pensiones que endurece las condiciones de acceso para determinados colectivos en riesgo de exclusión social (parados mayores de 55 años, prejubilados forzosos, etc.) y ataca la jubilación parcial (el contrato de relevo que antes permitía la sustitución de trabajadores cercanos a la edad jubilación, con una dilatada carrera profesional, por nuevos). Además de estas dos nuevas agresiones, sigue en marcha otras reformas reaccionarias: del Código Penal, de la Ley del Aborto, etc.

A todo ello hay que añadir los numerosos escándalos de corrupción que salpican a todas las instituciones del régimen, incluida la Casa Real: al escándalo Gürtel, cuya instrucción judicial se prolonga desde hace años y ha supuesto la expulsión de la carrera judicial de uno de los jueces estrella de la Audiencia Nacional (Baltasar Garzón), se ha unido este año las revelaciones del caso Bárcenas (antiguo responsable nacional de las finanzas  del PP): este escándalo en el que se han visto involucrados la práctica totalidad de los dirigentes peperos que cobraban comisiones millonarias en sobres y sufragaban las campañas electorales con las “ayudas” de grandes empresarios, provocó una oleada de indignación que poco a poco ha ido acallando el formalismo jurídico y el miedo de la “oposición” a tirar de la manta para no verse salpicada por otros procedimientos que les afectan: el de los EREs en Andalucía (cuya instrucción corre a cargo de una juez muy relacionada por vínculos de amistad con el actual alcalde de Sevilla, del PP) o Bankia (en cuyo Consejo de Administración se sentaban algunos “representantes” de la izquierda institucional que comparten “pecados” con la derecha más rancia).

Entre los casos más sonados de corrupción, el denominado caso Noos, que salpica al yerno del Borbón, I. Urdangarín y a su hija (para evitar la implicación de ésta, la fiscalía, y la Casa Real han recurrido a todo tipo de argucias legales. Su abogado, en una parábola simbólica de la España monárquica, es Miguel Roca, uno de los padres de la Constitución del 78 y conocido representante del nacionalismo burgués catalán). Finalmente es probable que no se termine imputando a Cristina de Borbón; pero el escándalo ha permitido constatar que la más alta institución del estado heredero del franquismo está implicada hasta el fondo en la corrupción. Y, al tiempo, ha mostrado la íntima ligazón entre los Borbones y la casta de politicastros reaccionarios que gobiernan las instituciones del régimen.

Es cierto que las movilizaciones han logrado limitar o suavizar los ataques aunque no hayan terminado con ellos. Y esto es importante tenerlo en cuenta, en la medida en que, ante la falta de una referencia que sea capaz de articular y dirigir todas las luchas en un sentido de superación del régimen, la sensación de frustración puede extenderse y provocar el desánimo del movimiento popular.

Y es que el miedo de los reformistas, empeñados en librar su batalla de guante blanco en el seno de las instituciones a golpe de comisión de investigación y enmienda, junto al desdén sectario de los radical-oportunistas, están contribuyendo a la dispersión de las luchas y a su falta de objetivos. Ni unos, ni otros, han hecho nada por llevar a efecto la consigna de: gobierno dimisión, que ha prendido, sin embargo, entre las más amplias masas. Una vez más, el movimiento y  sus objetivos van por separado: Por un lado los scraches, y todo tipo de manifestación espontánea de indignación y hartazgo; por el otro, el guante blanco parlamentario. Por un lado las mareas: verde, blanca, negra, etc., por el otro el Pacto de Estado que ofrece la mayoría de los partidos de “oposición” parlamentaria y que los dirigentes oportunistas de los dos principales sindicatos de masas, Toxo y Méndez, reforzaron con su acuerdo con gobierno y patronal puesto en escena el 16 de mayo en el Palacio de la Moncloa.

Rajoy ha marcado los límites del “diálogo”: no van a cambiar ni uno solo de sus planes de recortes. A cambio de nada, los oportunistas que dirigen CCOO y UGT ofrecen un “ineludible consenso de país” (sic). En la declaración conjunta firmada por gobierno, patronal y sindicatos, se acuerda también  una “unidad de actuación en el seno de las instituciones europeas para reforzar los intereses nacionales en el ámbito comunitario” Esta parece ser la línea principal del pacto que quiere el gobierno. Con ello se intenta cargar en el debe de la Unión Europea toda la responsabilidad de los recortes, eximiendo de ella al gobierno, que se limitaría a aplicar los ajustes para evitar una intervención más dura de la Europa imperialista.

En el mismo documento, se acuerda, lograr la “evolución moderada de los salarios y beneficios empresariales… y precios”. Un reciente informe del Banco Central Europeo, demuestra que la realidad no tiene nada que ver con tan “buenos propósitos”: los beneficios de las grandes empresas son excesivos (subieron de media un 1,4% en 2.012) lo mismo que los precios, especialmente los productos de primera necesidad (han subido un 3%); en tanto que los salarios han bajado (más de un 8% en el mismo año). Los firmantes reconocen también que la denominada Estrategia de Emprendimiento y Empleo Joven, aprobada por el Gobierno por decreto, fue fruto de un proceso de diálogo y participación con los interlocutores sociales, lo que viene a dejar (una vez más) en mal lugar a los dirigentes oportunistas de CCOO que dijeron estar en desacuerdo con esa medida y “reconocieron” el error de su foto en el Ministerio de Trabajo en la presentación de la estrategia.

Los firmantes de la declaración manifiestan en otro punto su acuerdo en la búsqueda y eliminación de duplicidades y gasto no necesario en la Administración Pública, lo que viene a reforzar la intención del gobierno de reformar la Ley de Bases de Régimen Local. *(1)

Y por último, se adelantaba la intención del Gobierno de asestar un nuevo y demoledor golpe al sistema de pensiones (siguiendo las “recomendaciones” de la UE) adelantando la aplicación de la reforma de 2011 y definiendo el denominado “factor de sostenibilidad” que es el primer paso para desligar las pensiones públicas del IPC y bajarlas cuando el gobierno de turno lo considere.

La primera prueba del alcance real del diálogo iniciado el 16 de mayo, no tardó en darla el propio Rajoy, en su visita a Durao Barroso, el día 5 de junio. Allí expresó su acuerdo con las recomendaciones de la Comisión Europea, que dejan pocas dudas sobre el sesgo de la reforma en ciernes:

El diario El País, en su edición del 6 junio 2.013, publicaba: <<Antes de que termine 2013 debe estar regulado el factor de sostenibilidad de las pensiones estableciendo la edad de jubilación en función de la esperanza de vida”. Además, “a principios de 2014 debe estar en vigor la ley de Desindexación”, que desvinculará el aumento de pensiones y sueldos públicos de la inflación. Rajoy aseguró, también, que descarta aumentar el IVA “a corto plazo”, pero no cerró la puerta a elevar el gravamen de algunos productos de consumo>>.

Y, por si cabía alguna duda, el diario insistía: <<Las recetas de la UE no son una imposición por la sencilla razón de que estas “coinciden sustancialmente”, en las medidas y en los plazos,…con las  que figuran en su Programa de Estabilidad o en el Plan Nacional de Reformas. Aunque Rajoy haya descartado públicamente en los últimos meses subir el IVA, adelantar el aplazamiento de la edad de jubilación o tocar la reforma laboral… Al contrario. Alegó que, si las reformas son buenas para España, lo mejor es hacerlas “cuanto antes”. Así, consideró “probable” que la reforma del sistema de pensiones “pueda estar terminada antes de final de año” y que la reforma completa del sistema tributario se apruebe el año que viene”>>.

Como vemos una completa vaciedad de contenido real en un acuerdo que supone en sí mismo un balón de oxígeno al Gobierno que rechaza la inmensa mayoría de los ciudadanos y que debería caer para abrir un nuevo periodo político. Y una traición de los dirigentes oportunistas de CCOO y UGT.

El viernes 7 de junio se hacía público el denominado  “informe  de los expertos” sobre la definición del “factor de sostenibilidad” del sistema público de pensiones, un término éste que ya aparecía en el texto del ASE (pacto de pensiones) de enero de 2.011. La mayoría de los “expertos” que elaboraron el informe (ver comunicado del Secretariado del 8 de junio) están a sueldo de entidades financieras o compañías aseguradoras (BBVA, CECA, UNESPA, etc.); pero la sorpresa saltaba al confirmarse que el “experto” propuesto por CCOO, Miguel Ángel García, votaba a favor del informe que proponía la desvinculación de las pensiones del IPC y su determinación futura a partir de dos nuevas fórmulas que condicionan las pensiones a otros factores: número de pensionistas, ingresos del Estado, etc.

En España, donde el gasto público en pensiones es del 10% del PIB frente al 13% de media en la Unión Europea, un grupo de falsos “expertos independientes” aprobaban un informe que justifica nuevos recortes con el apoyo del representante del principal sindicato. Como se puede suponer la conmoción ha sido enorme: miles de afiliados y cuadros sindicales pedían explicaciones; la dirección confederal emitía un primer informe absolutamente bochornoso en el que se limitaban a decir: “el informe es  eso, un informe, que no vincula al Gobierno, ni a las Cortes Generales, ni a los interlocutores sociales”. Con ello no conseguían sino aumentar la indignación de los trabajadores.

Sendos documentos del sector crítico y del Gabinete técnico confederal desautorizaban a MAG (por cierto, asesor de UPyD) y pedían responsabilidades, no sólo a este elemento sino a la dirección Confederal del sindicato, porque parece evidente que el “experto” no actuó sin consultar previamente, al menos con quien en la Ejecutiva dirige la secretaría de la SS: Carlos Bravo.

Han sido muchas las organizaciones que han emitido resoluciones críticas con este nuevo patinazo de los oportunistas de derecha que dirigen CCOO en un momento en el que el prestigio del sindicato está bajo mínimos; resaltamos aquí, además de los dos comunicados señalados antes, las resoluciones de las Federaciones de Enseñanza de Madrid y Castilla León y la Sección Sindical de Nissan. Han sido muchos los que, llevados por un impulso visceral, se han desafiliado; no han sido pocos los delegados que el lunes 10 estaban “enfermos” para evitar la presión de sus compañeros de Sección Sindical, a la espera de recibir una mínima explicación sobre lo que estaba pasando.

Todo apunta a que el plan que habían urdido el pequeño grupo de dirigentes oportunistas que dictan la política de CCOO al margen de los órganos de dirección (incluida la propia Ejecutiva Confederal) cometieron un error de apreciación (probablemente fruto del creciente aislamiento de la realidad de los Toxo y Cía, que no comprenden la nueva coyuntura y se ven a sí mismos como un interlocutor aceptable y aceptado): esperaban dar un nuevo golpe, como el de 2011, planteando el apoyo a las conclusiones del informe, como mal menor. Pero la brutalidad de las propuestas del documento, su falta de mínimo rigor, el carácter absolutamente parcial de la opinión de sus autores y la torpeza sin límite de su “experto”, su chulería y actitud sumisa y vendida, han provocado la primera revuelta interna de CCOO desde que el traidor Antonio Gutiérrez (quien, por cierto, ha sido también muy crítico en esta ocasión  con su sucesor en el trono) aplicara un giro derechista a la política del principal sindicato. Una convulsión cuyas consecuencias van a durar, pues, aunque en la reunión extraordinaria de la Ejecutiva Confederal, el martes 11 por la mañana, y de Secretarios Generales de federaciones y territorios, el mismo día por la tarde, se llamó a cerrar filas, este golpe ha sembrado la desconfianza sobre el estilo de dirección en muchos (una mayoría) cuadros.

Toxo, fiel a su estilo, no ha reconocido su responsabilidad ni la de ninguno de sus colaboradores; se ha limitado a considerar que la dirección había cometido un error, y punto, se ha negado a sancionar al autor del desaguisado, cuya sanción pedían muchos y ha terminado criticando a quienes con su toma de posición rápida evitaron un descrédito mayor del sindicato: el sector crítico y los miembros del gabinete técnico confederal.

Que nadie dude que los Carlos Bravo y Cía intentarán acallar la respuesta al más que probable golpe que prepara el gobierno contra las pensiones (es muy posible que aproveche el verano para asestarlo). Pero con el patinazo del “experto” Miguel Ángel van a tener muy complicado justificar una nueva traición como la de enero de 2011. En cualquier caso habrá que estar atentos, no confiarse y reforzar el sindicalismo de clase para las luchas que han de venir en los próximos meses.

Como vemos, cuando el movimiento sindical debería encabezar las movilizaciones, dotarlas de unos objetivos comunes (entre los que debería figurar en primer lugar la dimisión del gobierno) y dirigir  las luchas en un sentido de clase, los dirigentes oportunistas agachan la cabeza y ofrecen un “consenso de país” con la derecha neofranquista y la gran patronal parasitaria y especuladora y se comprometen torpemente en una farsa urdida para justificar un golpe de gracia al sistema público de pensiones

Toxo, Méndez y sus respectivos equipos de colaboradores saben perfectamente que “la foto” del día 16 de mayo es, además, un golpe contra la credibilidad, ya de por sí debilitada en extremo por su continuo titubeo y cobardía, de los sindicatos de masas, a los que se les termina asimilando a una más de las instituciones del régimen desacreditado a los ojos de una mayoría de ciudadanos.

¿Por qué esta nueva rendición? ¿Por qué este gesto innecesario que provoca más desorientación en los cuadros y afiliados de los sindicatos y debilita el sindicalismo en unos tiempos en los que cada vez es más necesaria la organización de los trabajadores para la defensa de sus derechos?

Hay muchos factores que explican esta actitud: entre ellos el miedo de los Toxo, Méndez y Cía a que salgan a la luz las tropelías de algunos de los brazos de madera que les han garantizado su apoyo y sostenido la paz interna a golpe de represión contra los sindicalistas de clase (coordinados en el sector crítico, como en CCOO, o no) a cambio de consentir sus juegos de nuevos ricos incompetentes en los Consejos de Administración de las Cajas de Ahorros, o permitirles mantener engrasada una compleja estructura de captación de subvenciones que asegurara el “sindicalismo de servicios” que a falta de política de clases mantuvo el control de CCOO y UGT en manos de los Fidalgo o Gutiérrez de turno.

Ahora salen a la luz las fotos de un personaje impresentable como Mª Jesús Alende con un narcotraficante, de la época en la que era dirigente del sindicato de sanidad de CCOO (en ese período se aprobó la ley 15/97) y pareja del entonces consejero del ramo en el Gobierno de Fraga, Núñez Feijóo; se conoce que en  el consejo de Administración de Bankia (antes Caja Madrid) además de sinvergüenzas de la derecha más reaccionaria, se sentaban personajes que sin preparación técnica, intervenían “de por libre” y a título individual en las decisiones de la entidad financiera. Se terminará sabiendo que en no pocas ocasiones, los aparatos de algunas federaciones controlados férreamente por incompetentes, pero  dispuestos a arrasar con cualquier oposición interna, utilizaban los Expedientes de Regulación de Empleo como sucedáneo de acción sindical, y permitían por acción u omisión la actividad de un puñado de caraduras, que se han aprovechado de la entrega y el trabajo de miles de delegados y militantes sindicales que daban la cara y se esforzaban por mantener unidas las plantillas frente a los ataques de la patronal.

El enemigo de clase conoce la íntima ligazón entre los patronos y algunos dirigentes oportunistas porque fue él quien fomentó esa connivencia; y ahora está dispuesto a utilizar esa información, no contra los que hayan podido corromperse (que esos siempre cuentan con la impunidad real que el sistema judicial ha garantizado en este país a los corruptos, mediante procesos dilatados, obstáculos formales, etc.) sino contra la propia idea del sindicalismo, entendido como organización independiente para la defensa de nuestra clase frente a la burguesía.

Y en esta tarea, el enemigo de clase encuentra un inesperado aliado en las corrientes radical-oportunistas, que se suman al ataque al sindicalismo de masas, extendiendo la miseria de sus dirigentes sin principios al conjunto de sindicalistas que milita en ellos, sin entender que no son los Alende, Paredes y Cía los que están en peligro, sino la misma idea del sindicalismo.

El miedo a que el gobierno, amenazado por los continuos escándalos de corrupción, encienda el ventilador que termine salpicando de mierda  a todos es, como decimos, uno de los probables factores que explican esta nueva rendición del aparato oportunista; pero no es el único, ni siquiera el principal. Por encima de él, está la esencia de clase de la corriente que domina el aparato sindical en España. Una corriente surgida del revisionismo en todas sus variantes (reformista, trotskista, etc.) que durante años consolidó un tipo de sindicalismo centrado en los sectores de la aristocracia obrera, acostumbrado al pacto y al consenso, y que se encuentra ahora fuera de tiempo, en una coyuntura en la que su mentor ya no necesita sus servicios si no se compromete de hoz y coz  en la defensa de la política de la oligarquía.

El “exceso de responsabilidad” de los Toxo y Méndez, que firman lo que les echen aún sabiendo que con ello pierden apoyo entre los trabajadores, se ha forjado a golpe de represión interna y amenaza del aparato de poder: el caso de la Cooperativa de viviendas PSV, por ejemplo, fue el pago de Felipe González al intento del entonces Secretario General de UGT, Nicolás Redondo (padre) de distanciarse de la política antiobrera del Gobierno de míster X; en CCOO son constantes las represalias contra la oposición interna. Así se ha venido cincelando un tipo de sindicalismo sumiso con el poder, temeroso y cobarde, más pendiente de mantener a toda costa el control de la organización que de hacer frente a sus responsabilidades con los trabajadores.

Y, sin embargo, muy a pesar de sus dirigentes,  las organizaciones sindicales de masas son hoy imprescindibles porque constituyen estructuras organizadas potentes, que organizan a los sectores más conscientes de nuestra clase. Es por esa razón que, precisamente ahora, los comunistas llamamos a redoblar los esfuerzos por asentar y consolidar los sectores de clase de los sindicatos de masas. Es precisamente ahora cuando hay que redoblar la batalla por aislar a los que se presten a colaborar con el enemigo de clase; cuando debemos disputar con más ahínco la dirección a los oportunistas de derecha.

La nueva traición, puesta en escena el 16 de mayo, tiene corto el vuelo, porque la realidad vendrá a colocar, de nuevo, las cosas en su sitio. La organización en su conjunto: afiliados y cuadros de ambos sindicatos, está incómoda frente a esta nueva renuncia que los dirigentes oportunistas “venden” como un acuerdo sin contrapartidas que les permite mantenerse en el “centro del conflicto”; los afiliados no entienden, con toda la razón, cómo sus dirigentes miran para otro lado, y contra toda evidencia apuntalan a un Gobierno al que vuelven la espalda la inmensa mayoría de la ciudadanía (incluidos sus propios votantes). La pifia del 7 de junio no ha hecho más que agravar esa incomodidad.

La batalla no ha hecho más que empezar. La actitud de otras corrientes sindicales autotituladas como “revolucionarias”, únicamente contribuye a la dispersión de las luchas. Hay que trabajar por la unidad también en el ámbito sindical; y por el refuerzo de las principales organizaciones capaces de articular las luchas generales del movimiento obrero. Si los sindicalistas de clase dejan el campo libre, la consecuencia será una debilidad aún mayor del movimiento obrero.

Van a venir (y a no tardar) nuevas movilizaciones masivas y Huelgas Generales. A corto plazo, como seguidamente veremos, la batalla política va a pasar a primer plano; no sólo por la proximidad de las citas electorales, sino porque sólo la lucha política puede dar la coherencia que necesitan el movimiento sindical y el ciudadano.

Las organizaciones sindicales de masas representan, desde hace tiempo, el único bastión organizado capaz de hacer frente (con sus limitaciones) a la avalancha reaccionaria que domina en la agenda política. Es cierto que son un instrumento cuya dirección está copada por dirigentes indignos. Pero, algo parecido (si no peor) ocurre en el ámbito de la izquierda política. Y, el caso es que, con un movimiento popular desarticulado (a pesar de los avances, así es) desvertebrado y sin orientación, la ORGANIZACIÓN (con mayúsculas) es un bien imprescindible. No podemos renunciar a ella, ni estamos en condiciones de presentar otra alternativa orgánica capaz de representar el papel que CCOO y UGT deben jugar.

Por otra parte, no podemos intervenir sin ton ni son: Nuestro partido apuesta desde hace años por reforzar el sector crítico. Por muchas razones: es el único sector que interviene, con mayor o menor acierto, pero organizadamente, en el seno de un sindicato de masas; la mayor parte de sus cuadros y militantes proceden de la izquierda política y están, por tanto, interesados en trabajar por la unidad de ésta; la propia irresponsabilidad de la dirección oficialista de CCOO está creando las condiciones que permiten el acercamiento de otros sectores hacia las posiciones críticas lo que viene a reforzar el sindicalismo de clase; y, por último, el sector crítico está haciendo un esfuerzo serio por mejorar su coordinación y aparecer de forma más clara y firme, (como ha demostrado con sus tomas de posición en mayo y junio) con sus propias posiciones, frente a la burocracia oportunista.

Ésta sigue siendo, con más razón que nunca, nuestra orientación central de trabajo para los comunistas en el seno del movimiento obrero. No estamos en CCOO para contemplar pasivamente la actitud destructiva de los oportunistas, sino para combatirlos, para llegar a nuestra clase y organizarla para la lucha.

Sobre la unidad de la izquierda

Tras un año de gobierno PP, cuyo balance no puede ser más brutal, y después de meses de movilizaciones generalizadas, incluidas dos Huelgas Generales, hasta los ojos más miopes de los dirigentes políticos de la izquierda perciben claramente que no es posible continuar sin dar una salida política, o correr el riesgo de que el desánimo y la frustración se apoderen de las masas, lo que traería consecuencias verdaderamente preocupantes.

Se ha convertido en un lugar común de todos los analistas hablar de la desafección de la ciudadanía respecto de la política. Existe el peligro de que la frustración de las masas ante la evidencia de que sus luchas y esfuerzos son ignorados con verdadera altanería por el poder institucional, termine abriendo paso a la tesis que los sectores fascistas hoy dominantes en el aparato de Estado, en el Gobierno y en el PP, plantean sin tapujos: es necesario un Gobierno fuerte que afronte los problemas sin formalismos políticos, un gobierno de técnicos que no esté sujeto a criterios de control democrático, la contradicción no se da entre la burguesía y el proletariado ni entre la derecha y la izquierda como su expresión política, sino entre “los de arriba” y “los de abajo”, entre los políticos (en general) y el pueblo (en general, sin matices de clase).

Desde nuestro anterior CC han continuado los ataques del capital y la movilización generalizada de las masas. El 23 de febrero (el día en el que terminaba el Congreso Confederal de CCOO) se celebraba una marcha de mareas ciudadanas que sacó a la calle a cientos de miles de personas. En Murcia se celebró la marcha el 16 de marzo. Estas convocatorias tenían una característica nueva: miles de banderas republicanas, las consignas y los gritos espontáneos pidiendo la dimisión del gobierno, mostraban que el movimiento popular pasaba de la candidez inicial puesta en evidencia en las movilizaciones del 15M, a una actitud más consciente, de búsqueda de una salida a la situación en términos políticos.

Y esta característica no ha pasado desapercibida a las distintas fuerzas: el gobierno Rajoy, como señalábamos más arriba, conocedor de que ha perdido su capital político y está quemado, ha ido cambiando de táctica, al encuentro de apoyos en otras fuerzas políticas y sociales.

Incluso hemos tenido oportunidad de criticar en las páginas de Octubre las posiciones de un cierto sector del trotskismo que desde las páginas de ATTAC llamaba a defender a Rajoy, frente a un supuesto complot de los especuladores financieros, dolidos por la “valentía” de Mariano frente a los mercados, al reclamar a la UE una política de inversiones y “negarse” a aplicar las reformas que ésta le reclaman.

En estos días, se ha venido hablando con insistencia de la inminencia de un Pacto de Estado. Las condiciones de ese Pacto, como decimos, las ha marcado muy claramente el PP, al circunscribir el acuerdo a un “consenso” de las fuerzas políticas del régimen ante las Instituciones Europeas, pero dejando claro que el gobierno no cambiará su política de recortes.

Y a la vista de los acontecimientos más recientes todo indica que para llevar a la práctica sus planes, Rajoy cuenta con el apoyo abierto de PSOE y  la disposición de los dirigentes de CCOO a consensuar los nuevos recortes para “evitar males mayores” y la leal oposición parlamentaria de la izquierda institucional.

Al tiempo de terminar este informe, se ha hecho público el acuerdo entre Rubalcaba y Rajoy para “reforzar” la posición de España en la cumbre europea del próximo 27 de junio. Un acuerdo compartido por la práctica totalidad de las fuerzas parlamentarias, por más que las reacciones de CIU, PNV, etc., haya sido de rechazo debido a que, una vez más, las dos fuerzas principales que representan los intereses de la oligarquía nacional les han ignorado.

Conforme avanza la crisis vienen confirmándose nuestras predicciones políticas. Las distintas fuerzas muestran su esencia de clase por encima de la fraseología más o menos comprometida con el sistema, hasta el punto de que los dirigentes oportunistas, obligados a optar, acuden raudos a engrosar las filas del neoliberalismo más reaccionario, aun siendo conscientes de que esa actitud sumisa les desacredita y deslegitima aún más ante los trabajadores.

Como venimos insistiendo en los últimos informes, dada la envergadura de los ataques, los gobiernos reaccionarios suelen dejar abierto el desarrollo temporal de las medidas para avanzar en su aplicación paulatina, conforme van venciendo la resistencia popular, incluso aparentan un tibio enfrentamiento entre ellos, para dar la impresión de que sus golpes son medidos y no van más allá de lo estrictamente necesario para “el interés general de la nación”: los ejemplos son muchos, citemos solo uno: el repago de un euro por receta, retirado por el TC a propuesta del gobierno  central en contra de los gobiernos madrileño y catalán.

Pero, el gobierno Rajoy es un cumplidor aventajado de las órdenes de la troika imperialista europea y seguirá aplicando implacable su política de recortes. De modo que, pasados los meses y tras una general y generalizada movilización sectorial, ante nuestra clase, ante los pueblos de España se plantea la situación con toda su crudeza: sin organización y sin política no va a ser posible defenderse con eficacia frente a las oleadas de recortes que mes tras mes desata el gobierno. Para lograr ambas cosas, organización y política, hay que comenzar a plantear con todo rigor la necesidad de la unidad. Y para avanzar en la unidad, necesitamos superar los mil obstáculos de todo tipo que ponen y pondrán en el camino los dirigentes que siguen empeñados en respetar las reglas y el campo de juego del enemigo.

Ahora, el gobierno Rajoy y el inmenso aparato de propaganda que lo sustenta, se presenta como adalid de una corriente de países que pelean porque la UE apueste por una política de inversión y gasto público; dice que el pesimismo está en retirada y habla de brotes verdes apoyándose en el paro registrado de los tres últimos meses, por más que todos los datos (incluidos los de la EPA) indiquen todo lo contrario.

Se ha sabido, incluso, que el mismo sucesor coronado de Franco se ha reunido “discretamente” con los tres últimos presidentes del Gobierno: González, Aznar y Zapatero, para pedirles unidad. Unidad de las fuerzas de la oligarquía para defender sin caretas los intereses del capital, para apuntalar un régimen desacreditado antes la mayoría trabajadora. Unidad para seguir golpeando de forma inmisericorde a un pueblo que soporta ya tasas de paro, precariedad y miseria intolerables.

No obstante, el miedo a que la tensión social termine explotando, pone nervioso a los dirigentes del capital y hace aflorar  las contradicciones internas en las filas del propio partido en el gobierno: la amenaza de Aznar de volver a la actividad política, las continuas declaraciones de Esperanza Aguirre que, si bien dimitió como Presidenta del gobierno regional de Madrid, mantiene su cargo de Presidenta del PP en esa comunidad y aprovecha cualquier oportunidad de intervenir criticando a los ministros de Rajoy, las últimas declaraciones de personajes como Mayor Oreja apartados de la primera línea desde hace años, etc., indican que las contradicciones se extienden también al campo de la reacción. De igual forma las fuerzas nacionalistas remueven oportunamente el fantasma del soberanismo  controlado y se enzarzan en una pelea sin sentido, entre ellos y con los representantes del PP y PSOE, a cuenta en los últimos días del concierto económico del País Vasco y de Navarra.

Es decir, aunque, aparentemente parezca que vivimos una situación de relativa calma, se sigue acumulando tensión. Realmente, si aún no se ha producido la explosión política que todos esperan inminente, es porque las fuerzas que las masas han identificado hasta hoy como la izquierda en las  instituciones siguen comprometidas  de una u otra forma en el sostén del régimen y temen confrontar claramente con el gobierno, para no provocar una situación que se les vaya de las manos.

Las encuestas apuntan a un descrédito general de todas las fuerzas políticas parlamentarias, de las instituciones y de los sindicatos. Pero también dan cuenta de que la desorientación de las masas sujeta su indignación a un criterio pragmático, electoral, marcado por la utilización del voto como castigo o de apuesta por lo nuevo, pero dentro de lo conocido: en todas las encuestas se confirma el crecimiento de la abstención, del voto nulo y la dispersión del voto. El bipartidismo se hunde, sí; pero esa tensión aún no se traduce suficientemente en términos de respuesta organizada, articulada y unida, en un sentido de superación del régimen. Esta insuficiente madurez del movimiento está siendo utilizada por la izquierda institucional y los dirigentes sindicales para justificar su pasividad, cuando no su compromiso con el régimen reaccionario y heredero del franquismo.

Una reciente encuesta señala, por ejemplo, que hoy por hoy ERC superaría en voto a CiU en Cataluña; lo mismo señala otra sobre el voto a IU respecto al PSOE en Madrid, anticipando la posibilidad de un sorpasso. No estamos en condiciones de saber si finalmente se confirmarán estas predicciones, porque si su cobardía les lleva, como hasta ahora, a dar respiro al PP, pueden llevarse la sorpresa que ya apunta alguna encuesta, de una cierta recuperación de este partido (no cuentan tampoco con que la mayoría ciudadana identifica a todas las fuerzas parlamentarias como instituciones del régimen del que se separan día a día).

En cualquier caso, con su actitud, los dirigentes de la izquierda institucional contribuyen objetivamente a prolongar la agonía social y política que vive nuestro pueblo desde hace cinco largos años y a aumentar la frustración, muy peligrosa porque puede canalizarse desde el populismo y el fascismo.

El panorama que venimos describiendo, ha desatado un maratón de iniciativas que tienen en común la búsqueda, al menos formal, de la unidad de la izquierda. Una parte de estas iniciativas comparten de forma cada vez más abierta con nosotros la tesis de que la unidad debe darse en torno a un objetivo político mínimo: sin ruptura con el régimen continuista, sin volver al punto de partida y terminar la tarea que la izquierda institucional abandonó al aceptar la transición y su compromiso de no romper con la estructura de poder franquista, no es posible afrontar un cambio real de la situación económica, social y política ni superar la crisis capitalista, sin un coste enorme en términos sociales. Otro sector que está siendo manipulado por los jefes de fila de las distintas familias revisionistas, viene a coincidir en negar que esa sea la prioridad del movimiento popular.

En situaciones como las que vivimos, en las que lo viejo muere a ritmo acelerado, sin que surja algo nuevo y esperanzador, se corre el peligro de sufrir un retroceso serio en términos políticos y democráticos. Conviene por eso recordar experiencias pasadas en  países europeos que se enfrentaban a encrucijadas provocadas por crisis políticas: la incapacidad de la izquierda de articular una alternativa de la mayoría trabajadora independiente de la burguesía imperialista, su miseria consensuada en las instituciones, llevaron al surgimiento de fuerzas ajenas a una concepción de clase como el Partido Verde en Alemania (reconvertido en uno de los más firmes adalides “ecológicos” del neoliberalismo); o el partido radical italiano, diluido nada más surgir en el magma pútrido de la política italiana (alguno de sus dirigentes, como Emma Bonino, han terminado votando con los neofascistas en el Parlamento Europeo y finalmente a la cabeza del liberalismo en la Comisión Europea); o el final del propio PCI, siempre a la espera del sorpasso electoral mientras sostenía con su pasividad un estado de cosas en descomposición que terminó conociéndose con el término peyorativo de “Tangentópolis” y preparó el camino a Berlusconi.

La cuestión es que, en España, estamos asistiendo, desde hace tiempo, a un baile incesante de iniciativas de “convergencia”, incluidos auténticos “experimentos” de constitución de nuevos “referentes” que repiten muchas de las desviaciones ensayadas con anterioridad en la vieja Europa capitalista, conforme la denominada “crisis de valores de la izquierda” se extendía.

Desde la refundación de IU, apadrinada entre otros por Enrique de Santiago, hasta el Frente Cívico de Julio Anguita, pasando por las Mesas de Convergencia, etc., se ha sucedido un maratón de propuestas coincidentes en un punto: lo importante es el programa que se proponga, no importa el objetivo. Unos lo dicen expresamente *(2). Otros lo adornan con un lenguaje más radical: “los comunistas deben estar en primera línea de los experimentos (sic) de unidad de acción que son el preludio de las batallas más amplias (Javier Parra, director de la república.es, “Los comunistas y la agitación social en curso: hacia el Frente Único”). Todos toman nota de la crisis del liberalismo y la creciente actividad e influencia de los movimientos sociales entre amplias capas de la sociedad (Ibídem) *(3) para, finalmente, recluir el movimiento popular a la protesta callejera: la política queda para los que han representado hasta ahora los intereses populares en las instituciones, de una forma tan lamentable.

Todos proponen apartar a las masas de la batalla política. El papel de la movilización social es para ellos una suerte de demiurgo del Bloque Social Alternativo, término de confusas reminiscencias gramscianas que malinterpreta al gran dirigente comunista italiano, confunde el papel de la organización de clase como dirigente del movimiento y justifica la inacción (cuando no la complicidad) de la izquierda en las instituciones en la falta de hegemonía social de la ideología de clase; como si las organizaciones de izquierda no fueran las principales responsables de esa anemia política que aqueja al movimiento popular.

La versión más clara (y más cínica) de esta tendencia la da, como era de esperar, la dirección de esa izquierda que sí está en las instituciones enredada en sus enmiendas y comisiones de investigación: necesitamos el Boletín Oficial del Estado, es decir, necesitamos ser mayoría en las instituciones para poder plantear el cambio de fondo, para traer la III República. Hasta entones debemos limitar la velocidad del convoy a la del último de sus elementos, o lo que es igual, el más atrasado, debemos defender un programa legal aunque sepamos que es absolutamente inviable en el marco de una legalidad hecha a la medida de una minoría. Lástima que la legalidad esté limitada cada vez más por un régimen surgido del fascismo y controlado por la oligarquía que apadrinó la dictadura.

Y es que, confiando en recoger, como auguran las encuestas, el desgaste del bipartidismo en apoyo electoral (algunas encuestas, por ejemplo, apuntan a que IU puede alcanzar los 50 escaños), los dirigentes de esta coalición, quienes dirigen realmente su papel en las instituciones, marcan sus grandes líneas de actuación y, controlan finalmente, la elaboración de las listas de la coalición, alientan todo tipo de iniciativas para contentar a los jefes de familias de segunda fila, pero, sobre todo, para acallar la oposición de una militancia honrada que paso a paso asume que la unidad no podrá hacerse sin Izquierda Unida, pero tampoco la representa Izquierda Unida, cuya dirección en su mayor parte sustenta, con su pasividad política, el régimen dominante en España.

Los principales dirigentes de IU, quienes realmente controlan el poder interno y dominan la política de pactos y componendas con la que se urden las mayorías de la coalición: los Ángel Pérez, Llamazares, Meyer y Cía, creen que el ruido unitario, si sigue sonando en los términos “místicos” de las salmodias de la mayoría de esas iniciativas, engordará la cesta de votos a las listas que controlan ellos.

Este sector de dirigentes no quiere realmente un bloque unitario de la izquierda y, menos aún, está dispuesto a que ese bloque plantee un programa de ruptura con el régimen. Se pelearán entre sí con saña, pero unirán sus fuerzas contra los intentos de verdadera unidad de clase, porque su verdadera apuesta es la del “sorpasso” a la italiana: una mayoría de IU en la izquierda que fuerce al PSOE a pactar, como en Andalucía. Es ese modelo y no el de AGE en Galicia, el que interesa a los dirigentes revisionistas.

Y sin embargo, son importantes (cada vez más) los sectores que dentro de IU/PCE (y del PSOE) apuestan por la unidad en el único sentido que es posible al punto que hemos llegado: unidad para traer la III República y alzar un bloque político de la izquierda contra la oligarquía.

 

Nuestras tareas.-

En nuestro anterior Pleno Ampliado insistíamos en la necesidad de reforzar nuestros contactos con los sectores de los partidos de la izquierda institucional que comparten nuestras posiciones unitarias, de avance hacia la conformación de un Frente Popular, o Bloque popular frente a la minoría oligárquica.

Lo ocurrido estos últimos meses confirma la justeza de aquella apuesta. La celebración de actos en Galicia, Valencia, Cantabria, etc. ha probado que aumenta la tensión interna en las organizaciones de izquierda, el malestar frente a los elementos oportunistas de su dirección y la conciencia unitaria.

El acto del día 18 de mayo en el Auditorio Marcelino Camacho de CCOO de Madrid, es un ejemplo de lo que decimos: ese acto ha levantado muy importantes expectativas en una parte del PCE y de IU y ha permitido mejorar la coordinación de sectores que comparten con nosotros la necesidad de la unidad para la ruptura democrática.

Debemos profundizar la tarea que nos marcamos en nuestro anterior Pleno Ampliado: tender puentes con estos sectores, ayudarles a coordinarse con nosotros. Debemos tener claro, no obstante, que conforme se acerque el periodo electoral, crezca la tensión y avance nuestra apuesta, va a crecer exponencialmente la presión de los revisionistas (no solo de los reformistas, también de los radical-oportunistas), sus maniobras y ataques.

Como hemos visto con ocasión del fiasco del representante del oportunismo en la comisión de “expertos” que ha suscitado un importante revulsivo interno, una parte cada vez mayor de la izquierda organizada comienza a moverse en el buen sentido, dispuesta a aparcar diferencias secundarias para apostar por objetivos comunes. Vamos a tener que afrontar dificultades, pero tenemos que trabajar con entusiasmo por desarrollar un bloque popular que permita iniciar un cambio cualitativo en la correlación de fuerzas actual, claramente favorable a la reacción.

Sin olvidar nunca que nuestra prioridad es la de reforzar nuestro propio campo, porque sabemos que también necesitamos cambiar la correlación de fuerzas en el seno de la izquierda para impulsar la unidad, y crear equipos de dirección con camaradas y compañeros capacitados y preparados para la lucha política. Porque uno de los problemas fundamentales a los que nos enfrentamos es el de atraernos a la masa de trabajadores que siguen ajenos a la política y desorientados; un ejército que en movimiento es imparable, pero que últimamente da muestras de un cierto desánimo, frustrado por la miseria política de este país, por el miedo y mansedumbre de quienes dirigen las organizaciones que hoy deberían encabezar la respuesta social.

Juventud:- Nuestra principal apuesta sigue siendo: acercarnos a los jóvenes que, por razones objetivas, no sienten reflejadas sus inquietudes y necesidades en ninguna organización, pero, sin embargo, llenan las movilizaciones y encabezan los núcleos más combativos de las luchas. En este sentido, como concluíamos en el CC anterior, debemos promover formas de actividad prepolíticas: culturales, lúdicas, deportivas,…

La degradación del sistema educativo sigue acelerándose: el Gobierno, consciente de que unido el sector educativo es un hueso muy duro de roer, ha adoptado la decisión de dividirlo intentando la ruptura por los eslabones débiles: las nueva regulación de las interinidades provocó a finales de curso y en las fechas inmediatas a la huelga general del sector del 9 de mayo, una primera quiebra de la unidad del profesorado.

Con todo, la Huelga General de la Enseñanza, la primera convocada por toda la comunidad educativa, fue un éxito, aunque se notaron también síntomas de desorientación y cansancio en algunos territorios.

La Ley Wert (LOMCE) es un salto hacia el pasado: establece hasta cuatro reválidas a lo largo del itinerario educativo; reduce drásticamente los ya escasos controles de las direcciones por la comunidad educativa; aumenta la dependencia de los directores respecto a las directrices del Gobierno; refuerza el control de la Iglesia sobre los planes de estudio; precariza las carreras del profesorado; etc.

En las universidades, los problemas se acumulan. El aumento de las tasas, los recortes drásticos de los presupuestos de algunas comunidades, etc., está provocando un auténtico caos. En la Universidad Politécnica de Madrid, por ejemplo, se han despedido 301 trabajadores del PAS y se amenaza con nuevos despidos; se conocen miles de casos de estudiantes que han tenido que abandonar sus estudios universitarios por no poder pagar las tasas (situación que se agravará tras la reciente decisión de endurecer la política de becas).

Es todo un símbolo de la orientación de la política universitaria, el nombramiento por el PP, para la cobertura de una vacante del Tribunal Constitucional, del rector de la Universidad Rey Juan Carlos, García Trevijano, miembro del Opus Dei, un auténtico tirano reaccionario que ha recurrido a todo tipo de tretas para lograr su tercer mandato en el rectorado de esa Universidad, que fue la primera en que se aplicaron los recortes que han supuesto el cese de decenas de profesores.

Las graves limitaciones de algunos tramos educativos: falta de plazas en Educación infantil y Formación Profesional; las privatizaciones y recortes de plantillas en los tramos de enseñanza obligatoria; los recortes de subvenciones y ayudas (en comedor, transporte, etc.) están haciendo saltar las alarmas al conocerse, por ejemplo, casos de malnutrición infantil que afectan a miles de niños.

La conclusión que se impone es la de que tenemos que seguir trabajando en el frente estudiantil, como hasta ahora.

La juventud española vive una situación de completo bloqueo de sus expectativas vitales: millones de jóvenes carecen literalmente de salida de futuro. En el campo del trabajo, la falta de oportunidades es agobiante: cifras de paro que superan el 54% y de precariedad que sobrepasan ampliamente el 60%.

A la última reforma Laboral de hace un año, hay que sumar la propuesta de Emprendimiento y Empleo Juvenil de enero pasado, que contribuye a abaratar el despido, prolongar la explotación en condiciones de práctica esclavitud de los jóvenes que acaban de terminar su formación académica. No es ya que a los jóvenes no les quede otra opción que el empleo barato y sin derechos; además, a través de contratos como “meritorios”,  falsos contratos de prácticas, etc.,  miles de jóvenes trabajan sin regulación, en condiciones de práctica esclavitud.

Este panorama  desolador tiene como consecuencias (que ya reseñábamos en nuestro anterior informe) por un lado la combatividad en las movilizaciones de los jóvenes acuciados por una falta casi absoluta de salidas; pero también un peligroso desarraigo de la organización, que en no pocas ocasiones se suple con formas alternativas de socialización.

Por eso insistimos en la necesidad de utilizar todos los recursos para acercarnos a los jóvenes y atraerlos hacia la organización. No solo las estructuras de sindicatos y asociaciones de estudiantes, sino también, el fomento de actividades culturales, sociales, etc.

Como conclusión, los próximos meses, van a ser trascendentales: el desarrollo de la crisis económica va a provocar nuevos movimientos de lucha y no son de descartar  incluso  estallidos sociales espontáneos o localizados. La lucha por construir la unidad por la ruptura democrática con el régimen va a ser un eje fundamental de nuestra intervención. Y en ese camino debemos trabajar por unificar las luchas y movilizaciones sectoriales y dotarlas de contenido político, de objetivos políticos generales, que sitúen el centro de la diana sobre el que disparar. “Gobierno dimisión” y “Frente Popular por la III República” son nuestras consignas tácticas.

Es posible que el gobierno no termine la legislatura, pues, a pesar de las miserias y debilidades de su leal oposición, las contradicciones incluso en sus propias filas no dejan de aumentar, lo mismo que crece la distancia entre la mayoría trabajadora y un régimen que ha probado, más allá de toda duda, su carácter reaccionario que le convierte en un freno formidable a cualquier reforma democrática y progresista. En cualquier caso, a partir de junio de 2.014, cuando se celebren las elecciones al Parlamento Europeo, se inicia un periodo de citas electorales en el que estas cuestiones se colocarán en el centro del debate político.

En los próximos meses, va a aumentar el riesgo de que el malestar que incuba el movimiento popular termine en una peligrosa frustración que pueda abrir la puerta a alguna fuerza populista de extrema derecha. Pero también hace la vida política más fluida, hace más comprensible para los trabajadores nuestras propuestas, facilita nuestro trabajo y abre expectativas nuevas a la unidad de las fuerzas populares. Los enemigos son muchos, los obstáculos también, pero de lo que hagamos ahora para asentar las bases de nuestro trabajo, consolidando y desarrollando nuestro entorno, reforzando las organizaciones estudiantiles y sindicales en las que intervenimos, va a depender que el proletariado sea más fuerte para encarar un periodo de combates muy duros.

 

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Notas:

*(1).- Del borrador que se conoce de la reforma se desprende un ataque sin precedentes a los derechos democráticos y a la maltrecha participación de los ciudadanos: se quiere obligar a los Ayuntamientos a sujetarse a los criterios de gasto impuestos por el Gobierno, con la amenaza incluso de intervención; limitar el número de representantes elegidos en los ayuntamientos y someter en general a la Administración Local al control directo de las Comunidades Autónomas y Diputaciones Provinciales que son los dos puntales principales de la corrupción y el caciquismo.

*(2).- Anguita, como ya analizamos en su día en las páginas de Octubre lo exponía en estos términos erróneos: “La velocidad de un convoy es la del último de sus elementos”, lo que le llevaba a defender la construcción de su alternativa a partir de un programa concreto, aplicable, perfectamente factible, desarrollable y legal (ver artículo Octubre)

*(3).- Javier Parra,  en el mismo escrito, deja claro también que su propuesta no quiere tocar el centro del problema al afirmar: un frente único, social y popular, que nada tiene que ver con procesos electorales, ni con la representatividad en las instituciones locales o nacionales, sino con la puesta en marcha de mecanismos participativos y ejecutivos que sea capaces de ejercer de contrapoder efectivo”.

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