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INFORME AL PLENO DEL COMITÉ CENTRAL (Enero de 2013)

febrero 24, 2013 por  
Publicado en: Comunicados, Documentos

(para descargarlo en PDF o en DOC)

Sobre la situación internacional

La crisis del imperialismo se profundiza: la Unión Europea ha entrado de nuevo en recesión; el fulgurante desarrollo de la economía china también se frena y, una vez celebradas las elecciones presidenciales, en EEUU se reconoce abiertamente la ralentización de su economía.

Por todo el mundo, los gobiernos burgueses desatan planes de recortes, anulan derechos sociales, ignoran normas democráticas y descargan sobre la espalda de los trabajadores las devastadoras consecuencias de una crisis que está poniendo al descubierto el carácter anárquico del modo de producción capitalista.

Los mismos organismos e instituciones imperialistas que coordinan y fuerzan la aplicación de los planes de ajuste cuyas consecuencias son las que señalamos, muestran cínicamente su alarma porque, de seguir la presión, se puedan “desajustar” las válvulas que hasta ahora han permitido al capitalismo contener la explosión social en aquellos países que, como España y Grecia, se acercan a la catástrofe económica y social.

La Unión Europea no logra salir de la espiral que ha llevado a la zona euro a entrar de nuevo en la recesión. Por el contrario, las drásticas medidas que impone el núcleo central de poder en el bloque imperialista capitaneado por el Gobierno alemán, afectan seriamente a alguna de las principales economías: además de la española, la italiana, donde la dimisión del gobierno “técnico” de Mario Monti es el último capítulo conocido de una crisis social y política de hondo calado; y amenaza con extender el contagio a uno de los baluartes del imperialismo europeo: Francia.

La, de momento soterrada, pelea por el control y reparto de las áreas de influencia entre las grandes potencias, se traduce en un incremento de la tensión en aquellas zonas en las que chocan sus intereses, y con particular intensidad en el Próximo Oriente, un área de mucho valor para los imperialistas por su riqueza en petróleo y gas y por su situación geoestratégica. La guerra, atizada por los imperialistas yanquis en Siria, las constantes amenazas a Irán y la prepotencia criminal del nazisionismo, amenazan continuamente con desatar una guerra abierta1.

En el Próximo Oriente es quizá donde con mayor intensidad se producen las contradicciones interimperialistas. Cuando la URSS ocupaba Afganistán, mediante acuerdos con el gobierno afgano, el imperialismo estadounidense apoyaba a los llamados talibanes comandados por Bin Laden, y financiados por Washington que los presentaba como luchadores contra la tiranía y por la libertad. Lo que esos «liberadores» eran está ya claro para todo el que lo quiera tener claro. Con la desintegración de la URSS y la ocupación militar de Afganistán por los EE.UU. y sus socios de la OTAN, salen a la luz los motivos verdaderos por los que los EE.UU. intervinieron y ocuparon ese país: las enormes riquezas apenas explotadas, así como su posición geoestratégica frente a Rusia y sus aliados, y sobre todo China.

Antes del hundimiento de la URSS, Moscú, había planificado ya una refinería capaz de producir un millón de toneladas de gas por año. Los EE.UU. ocuparon el país, no para liberar a la

1 El diario El País del 20 de diciembre titulaba una información así: «Los perfiles nacionalistas de los nuevos dirigentes de China, Japón y Corea del Sur, agravan las disputas fronterizas y el desencuentro entre Pekín y Washington.»

población del dominio fanático de los Talibán, sino, lógicamente para hacerse con las riquezas del país, pero sus objetivos económicos han sido un fracaso.. Pese a los trescientos mil soldados de la OTAN y miles de mercenarios, no ha logrado sus objetivos. Más de tres mil soldados muertos, centenares de civiles muertos por los «daños colaterales», y un gasto de varios miles de millones mensuales y finalmente es China la que se ha asegurado la explotación de las reservas petrolíferas en Afganistán. La empresa estatal china, CNPC ha firmado el mayor contrato de petróleo en Afganistán para asegurarse la explotación de los yacimientos de Amo Darya y la construcción de la primera refinería del país. De ahí algún que otro rifirrafe y cabreo de Washington con el presidente Karzai, impuesto por los mismos EE.UU.

En julio del pasado año (2012) se celebró en Japón una conferencia sobre Afganistán en la que los países de la OTAN decidieron invertir 16.000 millones de dólares en infraestructuras para iniciar la explotación del fuel afgano. Pero una vez más, China se adelantó. Según la escritora N.Arman «Por primera vez en cincuenta años, altos cargos del gobierno chino visitaron Afganistán para consolidar la estrategia de reconstruir la vieja Ruta de la Seda, crear una extensa red de gaseoductos con los países “Stan”, y así garantizar su seguridad energética. En aquellas localidades que se encuentran bajo control Talibán, los chinos han conseguido su colaboración-previo pago a ellos o al gobierno de Pakistán-, mientras contratan a aldeanos para trabajar o como vigilantes, construyen clínicas, escuelas, viviendas y llevan agua potable y electricidad a los pueblos de alrededor…presentándose como el “imperialismo con rostro humano”»

También China ha conseguido hacerse con la mina de cobre de Aynak, la mayor de la zona, la segunda reserva mundial de cobre, después de Chile, valorada en cuatrocientos cuatro mil millones de dólares (404 mil millones).

En África, las continuas tensiones en países como Malí, Benín, Sudán, etc., que esporádicamente ocupan los titulares de la prensa con noticias de golpes de estado, guerras sectarias, etc., son el contrapunto de la aguda crisis que viven los países árabes y del Magreb, donde, mediante la intervención militar directa como en el caso de Libia, o la constante intromisión política, las potencias imperialistas intentan controlar los movimientos populares puestos en marcha con las denominadas “primaveras árabes”, que mantienen abierta la lucha por la democracia y la dignidad en países como Túnez, Egipto y Marruecos.

En Latinoamérica continúa la penetración del capital chino y la intromisión del imperialismo yanqui. La tendencia que ya esbozábamos en nuestro informe de enero pasado se agudiza por la interacción de diversos factores, como la enfermedad del comandante Chávez en Venezuela. Merece especial mención la situación en Ecuador, donde el desgaste del populismo reaccionario de Correa y el logro de la unidad de las principales organizaciones populares (entre ellas, con carácter principal, el MPD) están provocando una reacción brutal del régimen correísta en forma de un aumento desproporcionado de la represión contra los comunistas y los dirigentes populares. La izquierda revisionista “bienpensante” mantiene una irresponsable y criminal actitud de apoyo hacia el populismo de ese personaje, que deriva a marchas forzadas hacia formas fascistas.

Paso a paso avanzan las contradicciones interimperialistas, en un mundo sumido en una profundísima crisis; y todo ello va acompañado de una mayor coordinación y unidad regional y nacional de las oligarquías locales; el crecimiento exponencial de la represión, del paro y de la miseria.

La consecuencia es que crece también la respuesta de las organizaciones sindicales y populares: en Europa, la experiencia del Front de Gauche en Francia y Syriza en Grecia; la unidad lograda en Ecuador a la que nos referíamos antes, o el Frente Popular en Túnez, son otros tantos ejemplos de un proceso incipiente que, no obstante, hace frente también a inercias, miedos y obstáculos que los comunistas peleamos por superar. El crecimiento de la CIPOML es una expresión muy positiva de esta tendencia hacia la unidad popular y de los comunistas, que empieza a ser uno de los puntos prioritarios en la agenda de las organizaciones proletarias y progresistas.

En Europa, la gravísima situación que atenaza a la clase obrera ha provocado una primera y esperanzadora (aunque limitada) respuesta sindical, en la convocatoria de Movilización General del pasado 14 de Noviembre (que en España, Portugal y otros países tuvo el carácter de masiva Huelga General). Ese día, por primera vez, los oportunistas que dirigen los principales sindicatos del continente se vieron obligados a salir de su consensuada e impotente pasividad, para enseñar los dientes a una oligarquía ensoberbecida y dispuesta a todo. A pesar de lo limitado de la convocatoria, ha sido un primer paso que tiene su previsible continuidad en otra jornada de movilizaciones prevista, en principio, para mediados de marzo.

Uno de los problemas a los que, conforme se desarrolla la apabullante ofensiva del imperialismo, debemos hacer frente de forma urgente es el de la caracterización de la crisis que sufre el capitalismo imperialista, en la medida en que la respuesta a esa cuestión tiene consecuencias políticas trascendentales:

Aparentemente, la coincidencia en el diagnóstico entre las diferentes fuerzas y corrientes de la izquierda es prácticamente total. Pero un sector de los intelectuales y dirigentes de izquierda hoy mayoritario (sobre todo en las instituciones) han hecho suya una consigna: «no es una crisis, es una excusa». Este pegadizo mantra, que se repite en muchas movilizaciones, vendría a ser la síntesis de una tesis errónea que viene a argumentar que no hacemos frente a una crisis real del modo de producción capitalista, sino a la utilización torticera de una crisis generada por la falta de control “político” del capital, para recortar derechos y traspasar renta del trabajo al capital. La conclusión debería ser, por tanto, que el capitalismo es controlable, a condición de que los estados lo regularan.

Si bien es cierto que la oligarquía imperialista aprovecha la crisis para cercenar y recortar más allá de sus “necesidades inmediatas” en la lucha de clases que constituye el trasfondo del proceso político que se vive en España, por ejemplo; y que, por consiguiente, un cambio de marco como el que defendemos tácticamente, una República democrática y federal que defina objetivos colectivos y garantice mayor control social de la economía, podría atemperar muchas de las terribles consecuencias que sufren las clases trabajadoras, lo cierto es que la crisis del capitalismo es real, profunda, incluso podríamos decir que terminal, a condición de que el sector consciente y organizado del proletariado consiga imponer su dirección.

La crisis existe y tiene causa en las leyes internas propias del modo de producción capitalista y en particular en su ley fundamental, la de la busca del máximo beneficio, que provoca una tendencia ingobernable a la anarquía productiva.

Si bien es cierto que el desorbitado incremento del crédito que facilitó el consumo de las familias, permitió al capitalismo superar la crisis de los setenta, provocó también el rápido despegue del sector financiero de la economía capitalista. La crisis de la deuda de los ochenta que provocó gravísimas consecuencias en numerosos países de Latinoamérica y Asia fue la primera consecuencia de este proceso. La creciente financiarización económica ha provocado el aumento de los desequilibrios internos, lo que ha terminado provocando el estallido de la presente crisis: una de las más graves (sino la mayor) de todas las que han salpicado el desarrollo histórico del modo de producción capitalista.

En la medida en la que la tasa de ganancia del capital invertido en los sectores productivos decrece y aumenta por consiguiente el peso del sector financiero en la economía, la inversión en la esfera de producción de bienes y servicios pasa a ser cada vez menos rentable para el capital privado, aumenta la separación y la distancia entre la economía “real” y la especulación, se acelera, en suma, la tendencia señalada por C. Marx que lleva a la transformación del mundo en un casino global; y el modo de producción capitalista termina frenando el desarrollo de las fuerzas productivas.

En definitiva, la financiarización, que inicialmente era una vía de escape a la inversión del capital, que contribuía al tiempo a sostener la capacidad de producción por medio del consumo de masas, apoyado en el crédito generalizado, ha terminado por ser la causa última de una crisis para la que, como señalábamos en nuestro documento de noviembre de 2.008, la oligarquía imperialista únicamente prevé una salida: la masiva destrucción de fuerzas productivas.

No comprender esto lleva a los revisionistas y trotskistas a dar un enfoque economicista a su práctica política, centrando sus objetivos en lo inmediato, en los avances de programas de reivindicación concretos, sin tener en cuenta el objetivo general.

Las diversas corrientes revisionistas critican nuestras posiciones de ruptura democrática con el régimen monárquico: bien por no considerarla prioritaria frente a los avances sobre el programa de objetivos inmediatos que se puedan alcanzar con la movilización social; bien por ver en ellas una “renuncia” a los objetivos estratégicos (la lucha por el socialismo) de los comunistas2.

De esa forma, por la derecha o por la izquierda, una de las consecuencias más graves de este error es, en el caso de España, la de subvalorar la importancia de los objetivos políticos democráticos ligados a la lucha contra la expresión concreta que la dictadura del capitalismo adopta en nuestro país: un régimen heredero de una dictadura fascista, cuya existencia condiciona negativamente el desarrollo de la propia lucha política del proletariado.

Estas corrientes suelen definirse genéricamente a sí mismas como “anticapitalistas”. Creen luchar contra el sistema capitalista, enarbolando reivindicaciones concretas a las consecuencias globales que provocan sus tendencias inherentes. De ese modo se desarma al proletariado, dispersando sus objetivos en la suma de intereses parciales, secundarios y dispersos.

Ya hemos señalado en otras ocasiones que la dureza de la lucha está abriendo un campo que debemos aprovechar los comunistas para educar al proletariado en las cuestiones políticas, reforzar la pelea ideológica y evitar así la dispersión de objetivos. Hemos de tener siempre en cuenta que la burguesía monopolista responde al malestar social que provoca su política recortando derechos democráticos, incrementando la represión, fomentando el individualismo y las posiciones antipolíticas y desorganizadas y dando alas a las fuerzas fascistas o populistas que les sirven de recambio para imponer su control en los momentos de crisis: de ahí los constantes ataques de los medios de propaganda burgueses contra el sindicalismo; la proliferación de presentaciones y mensajes digitales insistiendo en enfocar a la “política” y a los “políticos” en general, como el centro de todos los males y causa última de los problemas; de ahí la generalización de mensajes dirigidos a idealizar la espontaneidad de las masas y a reclamar la auto organización, la respuesta sectorial, etc.

Algunas de las convocatorias de los últimos meses han tenido un contenido formal aparentemente general (“global” es la expresión de moda): contra el sistema, contra la denominada “clase política”, etc.; pero su nula perspectiva de continuidad; su carácter esporádico, desvinculado de la organización sindical, social o política; su carencia de objetivos que vayan más allá de la expresión de malestar, les resta toda virtualidad revolucionaria.

La izquierda en su conjunto coincide en avisar sobre las consecuencias futuras de la crisis y en el análisis de la alarmante situación que viven las masas, arrastradas en apenas cuatro años al borde del abismo; llega un momento en el que el propio alarmismo de los mensajes que lanza la izquierda política, al no ir acompañado de un esfuerzo real por responder organizada y unitariamente a la situación, ni desentrañar las causas políticas que están detrás de la crisis, únicamente sirve para incrementar la sensación de alarma entre las masas y afianzar el miedo y la sensación de inevitable de los ataques, lo que desarma al movimiento popular, aísla a las masas en su centro de interés más cercano y las separa de los objetivos generales (que aparecen ante ellas como inalcanzables, etc.).

Por todo ello, la generalización de la protesta, el incremento de la receptividad política de la gente, no ha conseguido aún romper la costra de desconfianza hacia la organización política, lo que impide unificar objetivos y elevarlos hacia la lucha contra un enemigo común.

Hoy nos encontramos con una ciudadanía dispersa y por ello fácilmente manipulable por el procedimiento de enfrentar unos sectores con otros, unos intereses inmediatos con otros, ocultar los intereses comunes, etc. Es paradójico que, cuando cientos de miles de personas acuden a las convocatorias de manifestación por objetivos globales, sin embargo, la participación en alguna de

2 Incluso hay majaderos que nos llaman “etapistas” porque contamos con la realidad objetiva y concreta para desarrollar nuestro trabajo hacia tareas superiores. Estos “radical-oportunistas” afirman luchar por el socialismo y, sin embargo, a la hora de definir “socialismo” no pasan de enumerar una serie de tópicos revisionistas del más puro pragmatismo, que sitúan al proletariado a la zaga de la burguesía y confunden deliberadamente objetivos tácticos (para los que son inflexibles) con estratégicos (que entienden de una manera extremadamente flexible).

ellas (es el caso de las promovidas por el movimiento 15M y 25S, por ejemplo) se exprese en general a nivel individual: muchos compañeros señalan la actitud expectante (a la espera de ver qué pasa) que muestran muchos de quienes acuden a estas convocatorias. Y, sin embargo, cuando las reivindicaciones son sectoriales, existe un esfuerzo por agruparse y establecer objetivos comunes; cierto que el agrupamiento se busca también en torno al sector de intereses más inmediato (categoría laboral, barrio, centro de estudio, etc.), pero esa actitud indica una tensión política que crece entre las masas, pero aún no se expresa suficientemente definida en términos orgánicos.

Todo ello muestra que aún no se percibe la importancia de la organización política; lo cual no es de extrañar porque, además de la lógica desconfianza fruto de todos estos años de compromiso real de la izquierda política con el orden establecido, la inercia lleva a las organizaciones de izquierda a seguir compitiendo con las estructuras de organización sectoriales3, lo que explica que la mayor parte de quienes participan en esas convocatorias sean militantes de la izquierda que, cansados de no encontrar en su propia organización el impulso de unidad, ni perspectivas ideológicas u objetivos políticos, buscan en ese “acercarse” colectivo una salida. Niegan así en la calle la política que defiende la dirección de su organización, contra la que no saben cómo enfrentarse.

Y precisamente por todos estos motivos: porque la dispersión de objetivos generales se acompaña de un carácter generalizado de la lucha; porque la desorganización y desestructuración del movimiento de masas (producto fundamentalmente de la acción consciente de la izquierda institucional, que tuvo buen cuidado de romper los núcleos de organización que se consolidaron en la lucha contra el franquismo y que constituían un obstáculo para la política consensuada, formalista y limitada que han practicado sus dirigentes tras la consolidación de la transición monárquica) han terminado por separar a las masas de la acción política, vaciando de vida los núcleos organizados donde se expresaban las inquietudes concretas de éstas; precisamente por ese divorcio real entre la izquierda y las más amplias masas, necesitamos comenzar a andar desde los núcleos más cercanos al interés concreto de las masas, para elevar la lucha hacia lo general. Por eso insistimos en restablecer los lazos de solidaridad concreta, reforzar la autoestima y la confianza de las masas, el orgullo de clase.

Podemos concluir que la movilización crece y lo hará más en los próximos meses, pero las masas se presentan a la batalla con una organización incipiente, aún muy débil y sin una dirección que unifique y oriente sus esfuerzos. Esto va a limitar la efectividad de la movilización popular; incluso, en un futuro inmediato, puede facilitar que la expresión de la crisis social y política que se está trasladando al seno de las propias fuerzas burguesas, en forma de una crisis interna que se cuidan mucho en ocultar o suavizar4, termine expresándose por la derecha.

Por eso, insistimos en centrarnos en preparar las condiciones para el futuro; porque, a pesar de los posibles retrocesos de la lucha, la dureza de los ataques del capital y su más que previsible continuidad en el tiempo, terminarán a corto o medio plazo provocando un repunte de la politización y facilitarán la toma de conciencia de sectores amplios de las masas.

Situación interna

Desde su llegada al gobierno, el PP ha desarrollado una política aún más dura contra los trabajadores que la de Zapatero. Sólo en el ámbito financiero ha llevado a cabo tres reformas

3 En cierto sentido podemos decir que la izquierda política, en lugar de servir para orientar y canalizar la expresión general de las reivindicaciones concretas; en lugar de unificar en un sentido general las demandas sectoriales, suplantó la rica vida orgánica en barrios, centros de estudio y fábricas y ocultó los objetivos más generales que guiaban y daban coherencia a la pelea sectorial.

4 ¿Cómo explicar, si no, las peleas en el PP madrileño que se tradujeron en la brusca dimisión de Esperanza Aguirre; las tensiones entre PP y CiU; el surgimiento, en muchos casos capitaneado por exdirigentes del PSOE o del PP, de corrientes con programas extremadamente reaccionarios, adornados con fraseología populista, como UPyD o Ciutadans?

encaminadas a salvar los intereses de la gran banca y de sus gestores, aun a costa de anular prácticamente el flujo del crédito a familias y empresas, reforzar el control de la economía española por la UE y aplicar durísimos recortes que agravan la dramática situación de millones de familias, contraen más el consumo y, en definitiva, nos hunden más en la crisis (una de las imposiciones de la “troika” imperialista para salvar a la banca española, por ejemplo, ha sido la negativa a restituir 12.000 millones de euros estafados a los miles de pequeños inversores que suscribieron las denominadas acciones preferentes).

En el informe de junio hacíamos hincapié en tres cuestiones que caracterizan la política de los neofranquistas y sus consecuencias: la mayor contundencia en los ataques, el incremento de la movilización social y de la receptividad de nuevos sectores populares hacia la política y la inmadurez de la izquierda institucional y de la radical oportunista que, incapaces de afrontar con responsabilidad la situación, se limitan a seguir viviendo en el “río revuelto” de la efervescencia de luchas.

El tiempo, de nuevo, ha venido a darnos la razón plenamente: a lo largo de estos seis meses, la sucesión de agresiones ha sido constante, han atacado a todos los sectores populares: pensionistas, estudiantes, inmigrantes, discapacitados, funcionarios; las medidas no han dado tregua alguna: subida del IVA (en algunos casos, como los servicios culturales, ha pasado del 8% al 21% de una sola vez), incremento de las tasas universitarias, imposición del copago sanitario, privatizaciones generalizadas, etc.

En esta oleada salvaje de recortes han participado todos los gobiernos, con especial intensidad aquellos presididos por el PP o CiU.

En todos los casos se ha dado una característica que ya señalábamos en nuestro anterior informe: la aparente improvisación, que no es tal, de los planes de “ajuste”: la mayoría de ellos se han aprobado sin haber previsto su desarrollo. Decimos que la improvisación forma parte del esquema general con el que se acometen los ataques, porque al no definir desde un primer momento su extensión, la reacción gana tiempo, desorienta a la ciudadanía y acumula al factor “sorpresa” las dudas sobre el alcance real de las medidas según los sectores. No obstante, conforme van pasando las citas electorales, a las que luego nos referiremos, el descaro de los politicastros reaccionarios va en aumento.

Tras la reforma laboral de febrero, que prácticamente anula la negociación colectiva y limita drásticamente los derechos laborales de los trabajadores del sector privado, los recortes de estos últimos meses se han centrado con particular intensidad en los servicios y el empleo públicos. El objetivo de privatizar a marchas forzadas la sanidad y la educación y dar los pasos para reducir el número de empleados públicos es ahora una prioridad del Gobierno nacional y de los autonómicos.

A finales de octubre pasado, por ejemplo, el gobierno de la Comunidad de Madrid aprobaba, de nuevo por sorpresa y sin ningún tipo de negociación, debate o justificación previos, un paquete de recortes dirigidos al sector sanitario que prevé la privatización total de seis hospitales y 27 Centros de Salud y la privatización de los departamentos no sanitarios (limpieza, comedor, etc.) de todos los hospitales públicos, entre otras medidas que, junto al establecimiento del repago de un euro por receta médica, recientemente suspendido por el Tribunal Constitucional, suponen un salto cualitativo en el proceso de destrucción del servicio público sanitario.

Todo con la excusa de “ahorrar” 300 millones de euros, en una comunidad que mantiene en vigor regalos fiscales inaceptables para las grandes rentas y se niega a recuperar el Impuesto de Patrimonio, medidas estas que por sí solas permitirían a la Administración obtener muchos más ingresos. La decisión ha desatado una auténtica revuelta ciudadana: la marea blanca de la sanidad madrileña sigue adelante cuando redactamos este informe y hasta ahora se ha traducido en masivas huelgas en el sector, manifestaciones multitudinarias y un clamor ciudadano contra el gobierno regional.

El empuje espontáneo de los trabajadores de la sanidad pública ha creado un clima de unidad entre sectores que hasta ahora han mantenido reivindicaciones separadas en el ámbito profesional y laboral y ahora aúnan sus fuerzas en un ambiente de solidaridad y combatividad que hacía años que no se daba.

[…] Los dirigentes del PP se muestran inamovibles, pero los González, Lasquetty y cía. han quemado su futuro político. Hay que insistir en ello, por cuanto uno de los peligros de la falta de unidad y de valentía política de los dirigentes de la izquierda en las instituciones es que los trabajadores terminen por considerar inútiles sus luchas cuando, en realidad, el clima de movilización permanente está teniendo consecuencias muy importantes en términos políticos y contribuye a desgastar al régimen.

El de Madrid no es un caso aislado. En todo el Estado, la brutalidad de las medidas ha levantado una auténtica oleada de indignación popular que se ha traducido en numerosas movilizaciones inicialmente dispersas que poco a poco van siendo coordinadas, aún con dificultad. El neoliberalismo sin caretas ha catalizado una contestación social generalizada traducida en la última Huelga General del 14 de Noviembre que, a diferencia de otras anteriores, ha sido seguida por sectores de la pequeña y mediana empresa, además de un variopinto conglomerado de organizaciones sociales, que al calor de las movilizaciones se han reactivado.

De hecho, el descrédito de las formaciones que sostienen a los gobiernos neoliberales terminó forzando el adelanto electoral en Galicia, País Vasco y Cataluña, en un intento del PP, PSOE y CiU, respectivamente, de frenar su constante desgaste. El resultado de estas elecciones, analizado ya por el Partido, viene a confirmar algunas cuestiones en el orden político interno, que debemos tener en cuenta para desarrollar nuestro trabajo en los próximos meses. Estas son algunas de las más importantes:

  • El penoso papel de la dirección de las fuerzas de la izquierda institucional de ámbito estatal, desde el inicio de la crisis, tiene como consecuencia que la tensión política únicamente se haya expresado en el ámbito de las nacionalidades históricas.
  • En todas las citas electorales, la derecha y los social liberales han continuado su caída (en el caso del PSOE, mucho más profunda de lo que su dirección reconoce): el patinazo de Artur Mas, quien pretendía aprovechar el mensaje “soberanista” para afianzar su política ultraliberal y reaccionaria, es el mejor ejemplo de ello.
  • La actitud de las diversas fuerzas y sectores de la izquierda en estas elecciones permite establecer las tendencias que comienzan a abrirse paso en el bloque popular y las inercias que impiden su desarrollo: en Cataluña, el seguidismo de ICV respecto del nacionalismo burgués ha traído como consecuencia que, a pesar de las declaraciones triunfalistas de Joan Herrera, esa formación no haya logrado ni de lejos traducir en apoyo popular las constantes movilizaciones del proletariado y las clases populares catalanas contra los recortes.

 

En el País Vasco, la división de IU, no por razones políticas, sino de pelea entre familias, ha traído como consecuencia su debilitamiento. Respecto a la izquierda abertzale, ha obtenido su mejor resultado histórico, constituyéndose en segunda fuerza electoral, es decir, Bildu ha logrado aglutinar el voto de izquierda y progresista. Ello coloca al sector dominante en su dirección en una incómoda posición, forzado a definir más claramente si su objetivo central sigue siendo “construir nación” (lo que objetivamente convierte al PNV en su principal aliado), o enfrentarse, junto con el resto de los trabajadores y ciudadanos de España, con el enemigo común. Hasta el momento, su actitud frente al PNV, una fuerza nacionalista reaccionaria, sigue siendo ambigua, lo que muestra que, frente a los intereses de clase de la mayoría de su electorado, la dirección de la izquierda abertzale se inclina por cooperar con la derecha nacionalista.

En el caso de Galicia, en un tiempo récord se ha logrado articular una fuerza, AGE (Alternativa Galega de Esquerda), que apunta en la buena dirección: la de unir en un bloque común a las fuerzas de izquierda, en torno a propuestas de ruptura con el régimen, como paso previo para avanzar en la solución de los problemas económicos, sociales y políticos (incluida la cuestión nacional) que afectan a las clases populares. El espectacular resultado de AGE (que, en apenas dos meses, ha logrado nueve actas de diputado) prueba que, cuando las masas tienen una referencia conocida y capaz de expresar sus inquietudes políticas, apuestan por ella.

No es casualidad que esto haya sido posible en Galicia. Allí, un sector del PCE e IU mantiene posiciones de clase fuertemente ligadas al proletariado. Son compañeros con los que nos une una gran identidad ideológica y que desde hace años libran una lucha constante, no solo contra la patronal y los gobiernos burgueses, sino también contra la dirección vacilante, oportunista y cobarde de sus propias organizaciones.

Debemos retener este ejemplo en la medida que indica un cambio de tendencia, aún muy incipiente, pero que comienza a abrirse camino en las organizaciones de izquierda.

Hemos tenido otro ejemplo de ello en el comunicado conjunto de RPS con el PCE e IU de Segovia de convocatoria de la manifestación del 6 de diciembre, en el que se desgranan posiciones, que compartimos totalmente, a favor de la unidad de la izquierda y por la ruptura con el régimen.

Otra de las características de la política del PP, que viene determinada por el origen franquista del régimen borbónico y de esa formación, es su acelerada fascistización. Conforme aumentan los recortes, crece la contestación social en toda Europa; pero el grado de represión con el que el régimen borbónico está respondiendo no tiene comparación con el resto de países de la UE: las detenciones arbitrarias […]; identificaciones masivas seguidas de multas desproporcionadas; prohibición de manifestaciones (hasta a organizaciones tan “integradas” en el orden constitucional como CCOO y UGT se les prohibió recientemente celebrar una concentración el día que la Mesa del Congreso rechazaba, con dos años de retraso, la ILP contra la reforma laboral de Zapatero); la reforma del Código Penal, con nuevos tipos que cercenan en la práctica derechos democráticos elementales; o la nueva ley de tasas del fascista Gallardón, que prácticamente anula la tutela judicial de los derechos sociales y democráticos para los sectores populares, son otros tantos ejemplos de un proceso que no hace sino crecer […]. El guante de seda que la izquierda institucional siempre ha mantenido con los fascistas tiene su contrapunto en la conocida brutalidad criminal de éstos, en su desprecio a los derechos democráticos y a la dignidad de los ciudadanos.

Este aumento de la represión en todos los órdenes hemos de tenerlo en cuenta, para reforzar la solidaridad en las luchas populares.

 

Movimiento obrero

Sobre nuestros objetivos tácticos generales en este ámbito ya hemos insistido en numerosos documentos, a los que remitimos. Centrémonos ahora en repasar someramente los cambios intervenidos en los últimos meses y en tratar sobre nuestro trabajo en el movimiento obrero.

En primer lugar, debemos tener en cuenta que las condiciones objetivas que viven los trabajadores influyen de modo extraordinario en su organización: […] el número de parados supera los 6 millones (más de un 25% de la población activa)5. Si a eso unimos que un 24,6% de quienes trabajan lo hacen con contratos temporales […], y que otra de las características de la estructura económica española es el enorme peso de las microempresas, llegamos a la conclusión de que cerca de la mitad de los trabajadores españoles no tienen un trabajo de referencia o trabajan en una pequeña empresa donde no existe prácticamente ningún derecho sindical reconocido por el patrón, lo que dificulta mucho la acción y la organización sindical.

Esta situación tiende a agravarse conforme aumentan las agresiones y los despidos, y las modificaciones de las condiciones de trabajo se generalizan también en el sector público (el Gobierno Rajoy acaba de aprobar un Decreto de desarrollo de la reforma laboral que permite el despido por causas objetivas del personal laboral de la Administración, y se rumorea la aprobación de otra que facilitaría el despido de los funcionarios) y en la gran empresa.

La cuestión es que, hasta ahora los “ajustes” impuestos por la oligarquía se centraban en los sectores con empleo más precario; los trabajadores con empleo indefinido, de gran empresa y sector público estaban más protegidos de las consecuencias de las políticas de recortes, al menos

5 Según un informe elaborado por «Analistas Financieros Internacionales (AFI) y la patronal de grandes empresas de trabajo temporal (Agett)», España acapara el 90% del empleo eventual y el 40% del indefinido destruidos en la UE-27. a lo largo de la crisis.

en términos de empleo y de degradación acelerada de sus condiciones de trabajo. La pasada Reforma Laboral de Rajoy ha dinamitado la negociación colectiva y cambiado radicalmente esta situación, de modo que la destrucción de empleo alcanza ya a estos sectores, que eran los más organizados y de donde se nutría el grueso del aparato sindical6.

Como consecuencia, se resiente la estructura de organización que ha sustentado al movimiento sindical los últimos años. Al fin de la denominada concertación social, que se erigía como aval del “contrato social” suscrito entre el capital y sus representantes en el movimiento obrero, se une un sistemático recorte de los derechos sindicales conquistados por nuestra clase, la constante campaña propagandística contra la organización sindical, etc.; todo ello da como consecuencia que, a lo largo de estos meses, desde el inicio de la crisis, la organización sindical se haya resentido y los dirigentes oportunistas que han copado la dirección de los grandes sindicatos de masas se hayan sumido en un estado de confusión y desorientación que incide negativamente en el desarrollo de las luchas; pero también ha traído como consecuencia una activación de los sectores más conscientes del sindicalismo de clase.

Los titubeos de los dirigentes oportunistas que controlan los sindicatos de masas en la respuesta a los primeros recortes emprendidos por Zapatero, en mayo de 2010, dieron paso a un periodo de colaboración cuya expresión más lamentable fue la firma del Pacto sobre las Pensiones en febrero de 2011. La política de los Toxo, Méndez y cía. contribuyó a desorientar a los cuadros sindicales y llevar la confusión a los afiliados y trabajadores; pero no evitó, sino todo lo contrario, que la oligarquía profundizara en sus planes de recorte.

La dirección sindical oportunista se ha visto forzada por la presión interna a desarrollar una acción más combativa, expresada en la convocatoria de dos huelgas generales este año. La característica común de estas movilizaciones ha sido su carácter masivo y su combatividad, así como la implicación (particularmente evidente en la del 14 de noviembre) de sectores trabajadores no proletarios (en especial los autónomos y pequeños empresarios), así como la activación de un sector del movimiento social y ciudadano hasta ahora dormido a la sombra del potente aparato institucional del régimen.

Pero también han sido características de las movilizaciones (no solo de las dos grandes huelgas generales, sino de los numerosísimos conflictos sectoriales que, en ocasiones fueron muy importantes) su dispersión y la falta de orientación y coordinación entre ellas, que han llevado a un goteo de luchas sin planificación, con objetivos muy limitados. De seguir así las cosas, conforme avance la crisis y vayan a más los recortes, esta combatividad puede desgastarse. Por eso, hemos insistido en la necesidad de coordinar los esfuerzos y darles una orientación general, dirigida contra los Gobiernos y contra el régimen.

La anunciada jornada de movilización europea de marzo puede ser otro hito en el proceso de desarrollo del movimiento obrero a metas más elevadas y hacia la coordinación entre los trabajadores para hacer frente a la reaccionaria Unión Europea que coordina los ataques contra los pueblos del viejo continente.

El incremento de la movilización social y sindical ha coincidido en el tiempo con la celebración del proceso congresual en el principal sindicato del país: CCOO, en el que centramos la mayor parte del esfuerzo del trabajo de nuestros cuadros y militantes, por ser el único en el que existe articulada una corriente de clase, crítica con la dirección oficial.

El resultado del proceso congresual (que acabará a finales de febrero, cuando se celebre el X Congreso Confederal) hasta el momento confirma alguna de las previsiones hechas en nuestro pasado Pleno. Hemos de decir, en primer lugar, que la coyuntura social y política ha condicionado en gran medida el desarrollo del Congreso, por cuanto aún no se han desarrollado completamente

6 Los trabajadores del sector bancario, por ejemplo (los planes de rescate de la gran banca van acompañados de la imposición de durísimas condiciones que, entre otras medidas, prevén el despido de más de 20.000 trabajadores), de las empresas de transportes y medios de comunicación (Iberia, El País, Telemadrid, etc.) han pasado a centrar el objetivo de los ataques de la oligarquía.

las contradicciones que los continuos recortes de derechos sociales, laborales y sindicales, junto a los cambios intervenidos en la estructura económica producto de la crisis, están provocando en el sindicato.

Muchas de las decisiones que deberá adoptar la nueva dirección que surja de los congresos para hacer frente al cese de los planes de formación, las reducciones de derechos sindicales, etc., se están ocultando para no perturbar el “delicado” juego de alianzas entre las diversas familias del aparato sindical oportunista, ni poner en riesgo la “fidelidad” de los brazos de madera que suelen garantizar el triunfo de los oportunistas en los Congresos.

[…] El sector crítico, al que los oficialistas daban por desaparecido, ha confirmado, pese a todos los problemas, su vitalidad. Con una característica nueva, que confirma lo que decíamos más arriba en el ámbito de la izquierda política: un sector que hasta ahora tomaba partido por el oficialismo se ha acercado a las posiciones críticas, al tiempo que un sector de los críticos se ha adocenado y se resiste a definir claramente el perfil del sindicalismo de clase frente al oportunismo sindical de derecha. Hoy podemos confirmar que los críticos tienen garantizada la posibilidad de presentar lista alternativa en el Congreso Confederal, si fuese necesario.

Nosotros seguiremos defendiendo en los próximos meses la necesidad de reforzar la unidad del sindicalismo (y de CCOO en particular) y especialmente la coordinación de los sectores de clase, al tiempo que se mantienen y profundizan con más claridad los objetivos de clase que defiende el sector crítico; todo ello para hacer frente a un escenario tan duro como el que se avecina.

[…] Los próximos meses van a exigir una mayor coordinación de las luchas: las organizaciones sectoriales y territoriales del sindicato deben hacer un esfuerzo serio (que hasta ahora no se ha hecho) para establecer objetivos comunes a todos los sectores y para articular las movilizaciones con un criterio: la batalla va a ser larga y no podemos quemar a los trabajadores con una secuencia de luchas que no tenga en cuenta este hecho y pretenda concentrar en poco tiempo las movilizaciones. Es de vital importancia, también, elevar los objetivos de las movilizaciones dirigiéndolas contra los Gobiernos y el régimen, introduciendo reivindicaciones políticas sin las que se autolimitan y pierden fuerza.

[…] Como conclusión, podemos afirmar que en las organizaciones de la izquierda social y política comienzan a marcarse nítidamente diferencias entre los militantes dispuestos a avanzar en la unidad y defender unos objetivos políticos de ruptura, hacia la conformación de un Frente Popular, y las direcciones revisionistas y oportunistas, que no están dispuestas a salirse del marco que pactaron en la transición, de sumisión a una estructura política que facilita el control de la oligarquía y de sus representantes de la derecha más reaccionaria.

Esos dirigentes se limitan a esperar el tirón electoral que les auguran las encuestas, como consecuencia del descrédito de las fuerzas que han representado hasta ahora los intereses de la oligarquía (PP, PSOE, CiU, etc.) y que, por ello, se están quemando políticamente.

A la espera de ese momento, la dirección oportunista y reformista de IU refuerza su “consenso” interno entre las familias políticas, aplicando la “geometría variable” entre intereses diversos, para pactar equipos de gobierno en los que participan representantes de las más diversas camarillas, que defienden una cosa y la contraria.

Creen así mantener la ilusión formal de que se avanza en la “reconstrucción de la izquierda”, cuando lo que realmente se hace es retrasar el inevitable combate político e ideológico que debe darse en la izquierda, para avanzar en la unidad real y en la conformación de un frente popular, sin el que la expresión de las contradicciones de clase, cada vez más aguda, se puede terminar dando a corto plazo por la derecha más extrema, que también se organiza (con el apoyo del entramado institucional de la falsa democracia borbónica) y unifica sus posiciones.

Los términos en los que se da este proceso de “enroque” de la izquierda institucional podemos contrastarlos en el resultado de los congresos de IU de Madrid y Federal, recientemente celebrados. En Madrid, las principales corrientes de la coalición (entre ellas la de Cayo Lara y la del ultraoportunista Ángel Pérez) pactaron una lista de consenso que se impuso a otras dos, a cambio de pasar sobre las ascuas de un análisis serio de su política a lo largo del último mandato (no es menor la miseria del acuerdo con Aguirre sobre Caja Madrid). Algo parecido sucedió en la Asamblea Federal celebrada en diciembre, donde se pactó una dirección de casi 200 personas en la que tienen cabida representantes de todas las familias, aunque resulte virtualmente ineficaz semejante órgano elefantiásico.

Queda así legitimada la triste práctica política de elementos sumisos y objetivamente complacientes con el orden actual, como el citado Ángel Pérez y su testaferro, Gregorio Gordo, o Llamazares y su corriente de “izquierda abierta”; y, al tiempo, se legitima una política de pasteleo entre camarillas que históricamente ha desangrado la vida democrática de la coalición, poniendo todos sus recursos al servicio de los intereses de una minoría de oportunistas sin principios7.

Ahora bien, aunque, como venimos insistiendo en este informe, las condiciones para la necesaria unidad de la izquierda en torno a posiciones de ruptura aún no están maduras, nunca debemos olvidar que existen contradicciones en todas las fuerzas políticas, que el desarrollo de la crisis amplía y profundiza. […]

Queda claro que, si pretendemos (fruto de un análisis que nos lleva a la conclusión de que, en la actual coyuntura, el proletariado necesita afianzar un nuevo marco político, para poder encarar misiones superiores) trabajar por la unidad popular, deberemos ir determinando los puntos esenciales que nos unen a las diversas fuerzas de izquierda en cada coyuntura concreta, lo que exige apoyar a aquellos sectores y organizaciones del PSOE y de IU-PCE más proclives a trabajar con nosotros en esa tarea. No van a romper con su organización, ni lo pretendemos. Queremos trabajar juntos y para ello debemos ir estableciendo lazos con ellos, creando una mínima coordinación.

Sólo el tiempo y nuestra inteligencia determinarán si es posible y cómo se dará esa unidad, pero hay algo que resulta evidente: la unidad va a requerir cesiones de todos, también de nuestra parte.

Sí, hay un punto que consideramos imprescindible en la medida en que define el objetivo común de la unidad: una unidad para la ruptura, superación del régimen continuista y creación de un nuevo marco republicano. Sin este objetivo, la unidad sería inútil. Pero este objetivo, que se va abriendo camino en una parte de las organizaciones de la izquierda, se enfrenta a una actitud abiertamente hostil de sus principales dirigentes. Por ese motivo, hasta llegar a él, debemos dar pasos para influir en ese sentido junto a los sectores más consecuentes que ya asumen esta propuesta, por muy comprometidas que estén sus direcciones con el statu quo actual.

Para ello, proponemos valorar para los próximos meses el desarrollo de una doble campaña dirigida, por un lado, a hacer avanzar la idea del Frente Popular como la única salida al marasmo económico, social y político al que nos aboca el régimen continuista y al asfixiante dominio de la derecha más cavernícola; por otro, el desarrollo de una campaña con un objetivo central, la dimisión del Gobierno Rajoy. Las razones son obvias y las comparte una mayoría social: es un gobierno ilegítimo que se sustenta en un gran fraude electoral, ninguna de sus medidas formaban parte de su programa electoral y, por lo tanto, no está legitimado para imponer los recortes.

Puede considerarse que esta campaña rebaja nuestro objetivo táctico centrado en la ruptura con el régimen, pero realmente contribuye a facilitar el desarrollo de las contradicciones que están surgiendo en la izquierda.

Sí, es cierto que la convocatoria de unas elecciones anticipadas no iba a poner fin al problema: seguramente el rechazo se expresaría con un incremento de la abstención; por la derecha en el aumento del voto a formaciones populistas como UPyD y, por la izquierda con un crecimiento de IU; incluso es posible que finalmente la salida se dé aún más a la derecha; pero ese paso, la

7 El Comité elegido en la Asamblea (176 miembros) es, como decimos, la expresión práctica del falso consenso interno entre corrientes; lo mismo que su comunicado final, en el que, junto a alguna mención crítica de la «cada vez más democracia formal», se insiste una y otra vez en «ganar hegemonía», para que, entre tanto, los Pérez, Alcaraz y cía. sigan gestionando, desde el flanco izquierdo, las miserias del régimen.

constatación de que no existen soluciones intermedias que permitan solventar los problemas dentro de los márgenes del régimen, puede ser necesario que sea percibido por las masas, antes de decidirse a avanzar en sus objetivos de lucha; y, en cualquier caso, parece evidente que el hacer caer a un gobierno como el de Rajoy es no solamente una exigencia democrática mínima, sino algo que daría ánimos, en la medida que mostraría que una política tan reaccionaria y brutal como la del PP no es gratuita, sino que tiene consecuencias políticas para quien la practique.

El reforzar nuestro trabajo unitario y nuestra coordinación con otros sectores de las organizaciones de la izquierda, no se contradice con incrementar nuestros esfuerzos para definir la ideología marxista-leninista y la política revolucionaria consecuente con ella, sino todo lo contrario. Es precisamente fruto de un análisis objetivo de la realidad y de nuestro empeño en desmarcarnos de las desviaciones antidialécticas tan queridas a los revisionistas y oportunistas de toda condición, nuestra apuesta por aumentar la confianza del campo popular en su fuerza y por lograr el máximo de unidad para enfrentar a un enemigo común que dispone hoy por hoy de un inmenso poder para imponer sus intereses.

 

Sobre la Juventud

No debemos olvidar nunca, por más que se haya repetido muchas veces, las durísimas condiciones objetivas que enfrenta la juventud trabajadora en España desde hace mucho tiempo y que empeoran continuamente. Cifras de paro que superan ampliamente el 50%, más del 60% de contratos precarios, empeoramiento general de la educación, y en particular de la universitaria con aumento de tasas, disminución de recursos y falta de salidas profesionales, etc.

Podemos decir que la política de los sucesivos gobiernos de la monarquía continuista ha traído como consecuencia la anulación de las perspectivas vitales de las generaciones jóvenes. Esto, junto con la falta de contacto con el mundo del trabajo de una mayoría de jóvenes8, tiene unas consecuencias evidentes en términos políticos y organizativos: la principal de ellas es, probablemente, la falta de referencias que encuentran los jóvenes para canalizar su rabia y combatividad. Este desapego respecto de la organización en general, y de la organización política en particular, es una característica que todos los estudios han resaltado desde hace lustros y que se agrava conforme lo hacen las condiciones objetivas que viven los jóvenes.

¿Qué cabría esperar, cuando la juventud ha tenido negado el acceso a un trabajo regular y, por lo tanto, a establecer lazos formales con otros compañeros, compartir experiencias de lucha comunes, aprender a organizarse y establecer prioridades; cuando el ambiente político que se ha respirado tras la consolidación de la transición, lejos de fomentar o favorecer la organización de los intereses colectivos, ha combatido con saña cualquier intento de reconstrucción del entramado asociativo que se había levantado en la lucha contra el franquismo? Muchas de las expresiones de ingenuidad que hemos visto y analizado en el movimiento 15M son producto precisamente de esta desorientación inicial, de la falta de perspectiva, de la debilidad política e ideológica de los jóvenes, producida por la ruptura con la experiencia histórica de lucha del proletariado español.

Y sin embargo, como era de esperar, la reactivación de la movilización social que vivimos estos meses ha tenido en los jóvenes su principal impulsor y, sobre todo, el ejemplo de combatividad. Precisamente porque la juventud ha sido el sector más combativo, se ha convertido en el objetivo prioritario de la represión del régimen monárquico; las detenciones, identificaciones arbitrarias y amenazas se han centrado en ellos: recordemos las cargas en el Luis Vives de hace un año, las detenciones y cargas policiales en la Complutense o la detención del joven vallecano Alfon, en la huelga del 14N, etc.

[…] Los gobiernos buscan frenar en su raíz la respuesta del sector que puede garantizar la continuidad de la movilización, aplicando la pura represión policial.

8 Como consecuencia, se incrementa la emigración al extranjero, sobre todo de los jóvenes mejor preparados, en busca de un futuro mejor

Debemos tener como una prioridad nuestro trabajo entre los jóvenes y, consecuentemente, la consolidación y reforzamiento de nuestra Juventud. Puede parecer un tópico más, pero la Juventud es fundamental para los comunistas por muchas razones: porque es la garantía de la continuidad de la organización proletaria, porque el instinto rebelde de los jóvenes y su predisposición para la lucha los hace más permeables a la ideología revolucionaria; porque constituyen el sector más golpeado por el imperialismo; porque no muestran las inercias y rigidez de las generaciones que han vivido en sus carnes la brutalidad del franquismo, la traición revisionista, el consenso borbónico de los años de transición, y que, por consiguiente, se han vuelto suspicaces, reacios a cualquier compromiso, ajenos a la organización…

La celebración del Segundo Congreso de la JCE (m-l) fue un hito importante que permitió constatar que, pese a todos los problemas, nuestra juventud crece y consolida su organización. […] Debemos valorar muy positivamente el esfuerzo que ha hecho la Juventud por incrementar su presencia e intervención en el movimiento obrero organizado, y en particular en los sindicatos, donde ya se han cosechado algunos éxitos importantes. Ha sido especialmente significativo el trabajo de los camaradas en la organización y desarrollo de la última Huelga General del 14 N (y apuntamos que, como consecuencia de ello, nuestros jóvenes han sufrido directamente las consecuencias de la represión).

La realización, en el verano, de la Escuela de Formación permitió también constatar que nuestros militantes realizan un esfuerzo muy serio para formarse ideológicamente, una cuestión ésta prioritaria en la coyuntura actual, en la que tenemos que hacer frente no solo a las constantes agresiones de la oligarquía contra las clases populares, sino también a la influencia de las teorías revisionistas y oportunistas, que enturbian el campo popular y alejan a los jóvenes de las posiciones revolucionarias. El compromiso de la dirección de la JCE (m-l) de continuar estas escuelas y ampliarlas a la participación de compañeros de nuestro entorno compromete a todo nuestro Partido y a su dirección.

Los meses por venir van a ser muy duros: los recortes que se avecinan, la fascistización del aparato de estado, el incremento de la represión en todos los órdenes, etc., van a crear una situación insostenible en un país como el nuestro, que soporta ya un clima social insoportable. […] Va a ser entonces cuando más necesario resulte mantener nuestra ligazón con las masas, ganar posiciones en sus organizaciones, reforzar nuestra preparación teórica, la calidad de nuestros análisis, la riqueza de la vida colectiva de nuestra organización. Solo así pasaremos mejor los duros tiempos que se avecinan, de lucha en condiciones muy difíciles. […]

Algunas conclusiones sobre la coyuntura y nuestro trabajo inmediato

En tanto la situación objetiva se desarrolla rápidamente, llegando a un estado de movilización permanente y aumentando consecuentemente la permeabilidad de los sectores más conscientes hacia la política revolucionaria, la situación subjetiva no avanza. La dirección de las organizaciones de izquierda no está madura para encarar las urgencias que se plantean al movimiento popular: los reformistas insisten en seguir siendo sostén objetivo del régimen, cuyas contradicciones se empeñan, contra toda lógica, en suavizar; y los radical-oportunistas siguen al margen de todo intento de unidad, anclados en su purismo ultraizquierdista y su desprecio aristocrático a las organizaciones de masas […]. El escasísimo interés de estas fuerzas en la convocatoria del pasado 6 de diciembre contra la Constitución monárquica, que debiera haber sido una oportunidad de expresar, en el terreno político, la tensión social acumulada y sin perspectiva, ha sido la última prueba de la inmadurez general de los dirigentes de izquierda.

No obstante, algunos sectores avanzan rápidamente en la dirección correcta. La actitud de los camaradas de Galicia y de Segovia es indicativa de esta tendencia, que debemos seguir y apoyar en el próximo futuro.

En definitiva, si bien aún no están dadas las condiciones para plasmar en el terreno concreto la unidad por la ruptura, esta consigna va ganando apoyo entre las masas y muchos militantes y cuadros de organizaciones de la izquierda. Por eso, no debemos olvidar nunca que la crudeza de la lucha de clases provoca una gran fluidez en el desarrollo de los acontecimientos políticos, de modo que en días pueden producirse cambios trascendentales que modifiquen bruscamente la correlación de fuerzas. Es probable que, a corto plazo, estos cambios se den hacia la derecha, como señalamos más arriba; pero hay que dar tiempo al tiempo.

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