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Los corruptos de antes son los corruptos de hoy

julio 9, 2010 por  
Publicado en: Internacional

Colaboración de J.L. Forneo.

Uno de los mayores peligros del socialismo son los burgueses comunistas, como ya sabían los grandes teóricos del marxismo y del leninismo. El progresivo triunfo de esta burocracia interna en los paises socialistas, tras la renuncia a la lucha de clases y la llamada a la coexistencia pacífica con el capitalismo de los que se hicieron con las riendas del poder político en la URSS tras la muerte de Stalin, fue haciendo que la nueva clase burocrática fuera minando la sociedad socialista hasta provocar su destrucción.

Y la destrucción llegó, nada más y nada menos, que de manos de esta elite comunista que se había convertido en una especie de burguesía interior, ansiosa de privilegios y beneficios privados, abriendo de par en par la puertas al capitalismo, y abandonando a sus propios pueblos a cambio del premio del enriquecimiento personal.

En realidad, los mismos que provocaron los golpes de estado que acabaron con la sociedad socialista en la Unión Soviética y en los países del bloque comunista, fueron los que se hicieron con el poder político y económico cuando se instauró el régimen de la dictadura del capital.

El caso de Rumania está claro: la antigua elite del partido comunista, los mismos que habían abandonado los principios socialistas y se habían transformado en una clase dominante similar a la de los países capitalistas, aunque con características menos exageradas debido a la pervivencia de la estructura social del sistema, fueron los que propiciaron su hundimiento y abrieron sus brazos a la reinstauración burguesa. Desde hacía tiempo lo estaban deseando, y si el proceso fue más lento de lo que algunos deseaban fue debido a la identificación de los pueblos con los triunfos del socialismo.

Cuando esta identificación se fue difuminando, los cimientos del sistema fueron más fáciles de derrumbar. Los que antes del hundimiento ya se habían convertido en pequeños miembros de la aristocracia comunista, fueron los mismos que tomaron posiciones para que sus privilegios y riqueza se multiplicaran en el nuevo sistema.

El caso más claro es el del presidente actual de la República de Rumania, Traian Basecu. Apoyado por las buenas relaciones militares y gubernamentales de su padre, el marinero fue subiendo en los escalafones del Partido Comunista Rumano y en graduación en la marina comercial. Al final, cuando llegó el momento del golpe de estado en diciembre de 1989, Basescu era un alto cargo del Ministerio de Transportes, en el que llegó a ser secretario de estado.

La mayoría de los corruptos de hoy ya lo eran entonces, aunque lógicamente se han ido sumando nuevas incorporaciones, además de que la corrupción de entonces era tanto cuantitativa como cualitativamente bastante menor.

El presidente Traian Basescu no se quedaba atrás. Parece ser que el entonces comandante de la marina comercial rumana (por cierto, una de las diez más grandes del mundo en la década de los 80, y sin embargo hoy inexistente después de sospechosas ventas de la flota como hierro viejo, cuando Basescu era ministro de Transportes en uno de los gobiernos liberales) fue investigado por la Milicia rumana, por contrabando ilegal de cigarros, y sancionado con una multa y un voto de censura, que le dejó en una posición delicada durante cierto tiempo.

La revelación fue del actual diputado del Partido Socialdemócrata, Cristian Rizea, que fue testigo de la investigación que estuvo a punto de terminar con la carrera exitosa de Traian, excluyéndole de su rampa de lanzamiento, el Partido Comunista Rumano (el propio Basescu ha reconocido con “orgullo” que ser miembro entonces del PCR fue para él sólo una manera de hacer carrera, lo que deja bastante claras las principales motivaciones del presidente en sus acciones políticas, de entonces y de ahora).

Parece ser que en cada salida con su barco hacía escala en Chipre, con el fin de aprovisionarse de cigarros. El propio Traian Basescu ha reconocido, vanagloriándose de ello, que la “Revolución” de diciembre de 1989 le había pillado con un millón de lei y 10000 dólares bajo el colchón, sin explicar cómo los había conseguido (evidentemente, en aquel entonces, aunque se había formando una cierta elite comunista, tener tal cantidad de dinero sólo era posible mediante la corrupción).

El diputado del PSD Cristian Rizea hizo las declaraciones en el canal de televisión Antena 3. Segun Rizea, su antiguo colega marinero Basescu compraba cientos de cajas de cigarros en Chipre, y las vendía ilegalmente en Rumania. En un momento determinado, cuando el petrolero que comandaba estaba entrando en el puerto de Constanza, comprobó que le esperaban miembros de la Milicia, que durante un tiempo habían sospechado del actual presidente del país. Ante la flagrante realidad de que las bodegas de su nave estaban repletas de cigarrillos, Basescu, al descubrir que le esperaban, dio órdenes de dar marcha atrás al petrolero, en una maniobra extremadamente peligrosa, y se mantuvo más de seis horas sin atracar, anunciando que se había producido una avería.

Cuando todo terminó, y sin que sepamos qué es lo que se descubrió realmente del asunto, Basescu fue investigado y multado con 48000 lei, además de puesto en discusión en la organización del PCR de la cual formaba parte. La decisión fue sancionarle con un voto de censura, que limitaba su participación en las decisiones del partido, y que era la sanción más grave después de la exclusión.

Como vemos, los grandes políticos y hombres de negocios rumanos del régimen capitalista fueron, en su mayoría, antiguos traidores del comunismo, que eran corruptos ya entonces y que, sin duda alguna, traicionaron al pueblo rumano ya durante los últimos años del socialismo, y lo siguen haciendo hoy.

Por supuesto que Traian Basescu no es el único exponente de esta clase privilegiada que salió de la degeneración del comunismo revisionista y se convirtió en la clase dominante durante el capitalismo. La mayoría de los grandes líderes políticos y empresariales de la Rumania actual hicieron su fortuna especialmente en la década de los 90 del siglo XX, tras colocarse en los últimos años del comunismo en la parrilla de salida para la carrera del saqueo de la todavía hoy no alcanzada riqueza nacional del pueblo rumano en diciembre de 1989.

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