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Síntomas Inquietantes

abril 18, 2010 por  
Publicado en: Artículos, Prensa de la CIPOML

Carlos Hermida

El diario EL PAÍS, en su número del día 2 de abril, publicaba un artículo del escritor Juan Goytisolo titulado “¡Viva la democracia corporativista!, en el que el renombrado novelista se mostraba perplejo por la escasa respuesta ciudadana ante los gravísimos casos de corrupción protagonizados por políticos del Partido Popular o la querella interpuesta por Falange Española contra el juez Garzón, y mostraba su preocupación ante la perspectiva de una victoria de los populares en las próximas elecciones generales, quienes implantarían en España el modelo político clientelar y caciquil de la Italia de Berlusconi. Aunque compartimos la inquietud del autor de “Juan sin Tierra”, consideramos que sus planteamientos describen sólo los síntomas, pero no la causa de la enfermedad.

Si la corrupción en nuestro país se ha convertido en un elemento estructural del sistema político, y no en algo excepcional como afirman desvergonzadamente los dirigentes del Partido Popular, enfangados por la red Gurtel y el caso Matas; si un juez es capaz de admitir a trámite una querella de la organización fascista Falange Española contra el juez Baltasar Garzón por investigar los crímenes del franquismo; si los partidos de la izquierda abertzale son sistemáticamente prohibidos; si los poderes públicos ignoran los informes de Amnistía Internacional sobre la tortura en España; si el sistema parlamentario es solamente una fachada que encubre realidades siniestras, todo ello tiene una explicación política que nos remite al período histórico de la Transición (1975-1978).

Fue en aquellos años donde se incubó el huevo de la serpiente. El vergonzoso pacto al que llegaron el PSOE y el PCE con las fuerzas franquistas impidió una verdadera ruptura democrática y permitió la continuidad del aparato de estado franquista con la monarquía a la cabeza. Al renunciar a la República, al permitir que los protagonistas de la represión de la dictadura — policías torturadores, jueces del Tribunal de Orden Público y militares– continuaran en sus puestos, incluso ascendiendo en el escalafón profesional, al dar su bendición a la Constitución antidemocrática de 1978, la izquierda oficial se hizo cómplice de una maniobra política mediante la cual la dictadura fascista conservó sus elementos estructurales encubiertos por un decorado formalmente democrático.

La corrupción franquista ha vuelto a aflorar, sin solución de continuidad, en el sistema parlamentario porque nunca ha existido la voluntad de perseguirla ni combatirla. Las corruptelas urbanísticas que han destruido nuestras costas, la malversación de caudales públicos, el cohecho, todas las prácticas delictivas que hoy saltan a las primeras páginas de los periódicos, no son otra cosa que la continuación de los turbios negocios de la dictadura. Y la querella contra Garzón es el fruto de la Ley de Amnistía que dejó en la impunidad a los asesinos franquistas, del pacto de silencio que permitió mantener cerrados durante decenios los archivos que albergan documentación sobre la represión, de la ignominia legal que ha imposibilitado exhumar las fosas comunes en las que están enterrados decenas de miles de republicanos, de la amnesia histórica programada y planificada para que los ciudadanos aceptaran todas estas iniquidades sin protestar.

¿Por qué siguen siendo legales los partidos fascistas en España cuando en sus páginas web se exalta el racismo, se lanzan proclamas contra el sistema democrático, se glorifica a Hitler, y muchos de sus afiliados han cometido asesinatos? ¿Por qué no se persigue el fraude fiscal? ¿Por qué no se considera terrorismo los accidentes laborales con resultado de muerte cuando la causa es el incumplimiento de las medidas de seguridad por parte de los empresarios? ¿Por qué se ha establecido una férrea censura en torno a todas las actividades del Rey y sus negocios? ¿Por qué el gobierno financia generosamente a la Iglesia Católica si estamos en un estado teóricamente no confesional? ¿Por qué se permite el desmantelamiento de la enseñanza y la sanidad públicas?

Demasiadas preguntas y una sola respuesta. No vivimos en un sistema democrático ni parlamentario, sino en un sistema bipartidista parecido al diseñado por Cánovas del Castillo en 1875, al comenzar la restauración monárquica. Allí era la monarquía alfonsina el fundamento del tinglado oligárquico y caciquil que en su momento denunciara Joaquín Costa, y aquí y ahora es la monarquía juancarlista impuesta por Franco, un asesino de masas, la pieza maestra del modelo político.

Se asombra Goytisolo de la pasividad ciudadana, y tiene razón. Hay apatía y desinterés, pero ha sido inducida por los partidos mayoritarios, que han visto en la desmovilización ciudadana la mejor baza para cometer impunemente sus trapacerías. Desde los medios de comunicación, y en especial desde las televisiones, se ha fomentado el individualismo y la insolidaridad, difundiendo mensajes reaccionarios a través de una programación demencial que coloca en las horas punta los llamados “programas del corazón”. Pero también ha influido notablemente la falta de una alternativa política clara. Izquierda Unida tiene en este sentido una responsabilidad enorme porque ha sido incapaz de constituirse en referente de la izquierda real; incapaz de dotarse de un programa capaz de aglutinar a los hombres y mujeres de izquierda.

La desorientación política y la frustración de amplias masas de la población, castigadas por la crisis económica, son el caldo de cultivo que permite el avance del fascismo. Que los falangistas pretendan ser víctimas de una persecución política y se querellen contra el juez que investiga el genocidio cometido por la dictadura franquista, es un síntoma de que entramos en un proceso de fascistización de gravísimas consecuencias. No pretendemos ser alarmistas, sino constatar un hecho objetivo. Hay elementos más que suficientes para afirmar que los derechos civiles y las libertades están sufriendo un retroceso notable, un recorte significativo. Por otra parte, cuando hablamos de fascismo y de fascistización no nos referimos al mismo modelo del período de entreguerras del siglo XX. Lo que afirmamos es que se están imponiendo formas de control de la población y actitudes políticas propias del sistema político e ideológico fascista.

Para frenar este proceso, para cambiar radicalmente la situación política, para solucionar los múltiples y graves problemas de este país, es indispensable articular una alternativa política republicana. Sólo la república popular y federal puede traer la verdadera democracia, devolvernos la soberanía nacional, la dignidad y la libertad. La lucha por la III República es el único camino político para construir un futuro de solidaridad, igualdad y justicia social.

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