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Sobre las Últimas Movilizaciones

marzo 14, 2010 por  
Publicado en: Artículos

J.Romero

Dentro del sindicato, crecen las voces que reclaman más contundencia y menos dispersión de las movilizaciones. En efecto, la dirección de UGT se encuentra muy incómoda, forzada a ir en contra de sus mentores políticos; la mayoría de la dirección de CCOO, por su parte, está desorientada al ser consciente de su soledad política, del permanente sabotaje del sector fidalguista recalcitrante y de la falta de “tono” de muchos de sus cuadros sindicales, poco acostumbrados en los últimos años a fomentar la participación de los trabajadores y a realizar una actividad sindical constante en las empresas. Como consecuencia, la iniciativa política de los sindicatos de masas, es insuficiente, responden de forma esporádica y dispersa a las agresiones y provocaciones constantes de la derecha, el Gobierno y la patronal y falta, en definitiva, un plan sistemático de lucha. Pero, a pesar de estas limitaciones, es evidente que la movilización avanza, cosa imposible bajo el liderazgo del aventurero derechista JM Fidalgo: Entre el 23 de febrero y el 4 de marzo, de nuevo, centenares de miles de trabajadores se echaron a la calle en 57 ciudades de toda la geografía nacional, convocados por CCOO y UGT, contra los anunciados recortes en las pensiones. Centenares de miles de trabajadores unidos frente a la agresión en ciernes.

En plena crisis, la situación de paz social y entronización del consenso interclasista ha cambiado completamente.Las cartas están encima de la mesa y las distintas perspectivas de clase son cada vez más determinantes.

Esto lo tiene muy claro la oligarquía, que ha empezado a buscar con empeño el máximo grado de unidad entre las fuerzas que representan sus intereses (la mayoría del parlamento), para constituir frente a las clases populares un bloque unido, un frente oligárquico. Y el Gobierno de Zapatero que siempre ha buscado, más allá de su retórica de izquierda, el consenso con la derecha en los temas de Estado, ha pasado sin matices al campo del neo liberalismo puro y duro.

Zapatero ha decidido (si es que alguna vez tuvo, cosa dudosa, alguna veleidad social) no mover nada de lo esencial de su política económica centrada en ayudar a toda costa a los empresarios y financieros; y va a aplicar a rajatabla el programa de recortes que le dictan desde las instituciones imperialistas. Los elementos más reaccionarios de su partido y fuera de él : Solbes, Blanco, Almunia, Salgado, Mafo, González, etc, son sus asesores y representantes plenipotenciarios en materia económica.

Pasado el primer embite de la crisis en el que ha gastado la friolera de 190.000 millones de euros en apoyo al sector financiero, sin que éste haya hecho fluir el crédito, con el déficit público disparado y nula disposición a modificar en un sentido progresista la política fiscal, el Gobierno se dispone a cumplir los planes que quiere la oligarquía española y las instituciones de la Europa capitalista, recortando drásticamente el gasto público y aumentando los impuestos indirectos a partir de Julio, lo que va a agravar la situación económica y social en España. Consciente de que estas medias pueden radicalizar la movilización popular y, desde luego, van a tener un gran costo en términos políticos y electorales, necesita un pacto con la derecha neo franquista y nacionalista.

Hasta donde puede llegar ese acuerdo entre las fuerzas parlamentarias, está por ver: el pasado día 3 de marzo, José Blanco uno de los tres ultraliberales ministros designados por Zapatero para encabezar la delegación del Gobierno que negocia el “pacto de estado”, afirmaba que es más lo que les une con el PP, que lo que les separa. Parece claro, sin embargo, que , a pesar de los “guiños” continuos del Gobierno (pacto educativo, aval ministerial a la ley madrileña de área única sanitaria, etc), Rajoy no quiere un acuerdo global, sabedor como es, de que el tiempo es un arma de desgaste del Gobierno que juega a su favor. Es probable, pues, que, siguiendo la jerga de la Europa Capitalista, establezcan acuerdos de “varias velocidades”. Pero de lo que no cabe duda es de que todas ellas tendrán puesta la marcha atrás.

Y, para preparar el terreno para este pacto parlamentario, se está levantando un impresionante muro de la vergüenza, construido a base de mentiras, amenazas (veladas o no tanto), consejos “paternales” e interesados de todo tipo de “gurús” de medio pelo, expertos en casquería política y económica y , por encima de todo, perros siempre fieles a la voz de su amo. Y como argamasa, una insistente e insidiosa campaña de propaganda, vestida con ropajes de “información imparcial”, que utiliza las técnicas fascistas de manipulación de masas y aplica la máxima del nazi Goebbels: “una mentira repetida mil veces, se transforma en verdad”

Varían los matices: desde el insulto y el sarcasmo, a la recomendación “amigable”; pero la idea con la que se martillea la conciencia de las masas, es siempre la misma: las fuerzas políticas deben tomar con urgencia medidas necesarias, por muy dolorosas e impopulares que sean para todos (eso sí, cuando ellos utilizan el término “todos”, se refieren exclusivamente a la mayoría trabajadora).

Un aspecto central de esta campaña, es el ataque a los sindicatos de masas: conforme se recrudezca el clima social, va a aumentar la presión de la oligarquía y también el ataque contra ellos. En los años de bonanza económica, cuando la dirección de los sindicatos de masas era un puntal de las políticas de ajuste y “paz social”, la oligarquía alababa su “responsabilidad”; hoy, los oportunistas de derecha que dirigen los sindicatos, no pueden garantizar el consenso sin enajenarse el apoyo de los trabajadores y las organizaciones que dirigen, que se han convertido, frente a la atonía general de la izquierda política, en las únicas organizaciones capaces de encauzar eficazmente el movimiento obrero en esta batalla.

Como ya hemos advertido en otras ocasiones, no va a ser suficiente con estas masivas manifestaciones; probablemente tampoco, con la Huelga General que, sin embargo, se impone a corto plazo y que hay que empezar a preparar desde ya, respondiendo a la manipulación política con los datos implacables que prueban el latrocinio de la oligarquía española.

El problema que tiene planteado el proletariado español, es más político que sindical: en el Parlamento, dominan de forma abrumadora, las fuerzas de la derecha franquista o nacionalista y del social liberalismo. Y todas ellas, defiende los intereses de la oligarquía empresarial y financiera. Del puñado de diputados, formalmente de izquierda, todos han probado sobradamente su miedo a atacar (lo que resulta imprescindible) los cimientos del sistema monárquico surgido tras la transición. Todos están firmemente comprometidos con un sistema que ha hecho bandera del consenso interclasista.

Esta misma cuestión: la extrema debilidad de la izquierda política que abandonó el campo de la lucha de clases y el debilitamiento del sindicalismo reformista, se plantea en toda la UE. De hecho, la CES, que, con la única excepción, forzada por sus bases, de la CGT frances, se movilizó a favor de la reaccionaria Constitución de la Europa del Capital y de la Guerra, en 2.004 y 2.005, ha sido incapaz hasta el momento, de articular un programa de respuesta común del proletariado europeo, a las políticas neoliberales que se imponen en el viejo continente, planes de ajuste brutales, medidas “anticrisis” que recortan derechos sociales y laborales, directivas reaccionarias que unifican el ataque a los trabajadores europeos, etc. Y el resultado se ve: un ascenso del fascismo sin velos.

El escenario al que se encara el proletariado es duro, incluso podríamos decir que, desolador: sin izquierda digna de ese nombre en las instituciones, frente a un bloque común de la oligarquía y con la presión añadida de las instituciones de la Europa imperialista. Pero la clase obrera española ha soportado situaciones peores y en peores circunstancias, trabajando con perspectiva, unidad y objetivos claros. Se dirá que eran otros tiempos, pero se trata de recuperar aquél nivel de compromiso y las movilizaciones de éstos días pueden ser un paso más en ésa dirección.

Hoy se trata de pasar a la ofensiva en todos los órdenes, enfrentando al bloque de la oligarquía un frente popular, que una a todas las personas y organizaciones en las que se agrupa la mayoría social, en la pelea por un nuevo marco político y democrático que meta en cintura a la gran patronal empresarial y financiera y coloque en el eje de la acción de Gobierno los intereses colectivos de la mayoría. Como dice el viejo aforismo: esta batalla la podemos perder, pero si no la libramos,estamos perdidos.

Las movilizaciones de estos días prueban, a pesar del ocultamiento y la manipulación informativa, verdaderamente escandalosos, que el proletariado es fuerte y está dispuesto para la pelea. Por eso es preciso reforzar sus organizaciones sindicales y de masas y polítizar sus luchas. Las clases populares españolas, con el proletariado a la cabeza, se enfrentan a un enemigo de clase dispuesto a avanzar hasta donde sea necesario para frenar en seco su capacidad de movilización y cortar de raíz los derechos cuya conquista ha costado generaciones de permanente combate de clase. Solo queda, pues, prepararse para una lucha larga y difícil.

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