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Valoración de CEAS-SAHARA ante la nueva ronda de conversaciones

febrero 23, 2010 por  
Publicado en: Noticias

ENTRE MARRUECOS Y EL FRENTE POLISARIO

Una nueva reunión entre Marruecos y el Frente Polisario acaba de celebrarse y no puede decirse que sea en un momento esperanzador. Las dos partes, junto con representantes de Argelia y Mauritania, se han encontrado los días 10 y 11 de febrero, en una localidad de las afueras de Nueva York, para discutir acerca de la posible convocatoria de una quinta ronda de negociaciones sobre el futuro del Sáhara Occidental.

La ONU espera que ambas partes acudan con un ánimo “productivo y serio”, tras las tensiones producidas por “el caso Haidar”. Un deseo alejado de la realidad, pues la voluntad negociadora del reino alauita se halla en entredicho como consecuencia del mantenimiento de una política represiva, incrementada los últimos meses, sobre las organizaciones civiles saharauis (lo mismo que con quien disiente de la política oficial entre los ciudadanos marroquíes), ejemplificada en la torpeza con que se trató de impedir la vuelta de Aminatu a su tierra y en una rectificación interesada y mercenaria, comprada a peso de oro.

No cabe duda de que la legalidad internacional, reconoce y garantiza el derecho de libre determinación del pueblo saharaui. Esta base legal está asentada en la doctrina que emana de los principios del derecho internacional, de la Carta de las Naciones Unidas y de las múltiples Resoluciones aprobadas por la Asamblea General en relación con este contencioso.

¿Cuáles son las razones por las que no se ha podido, hasta la fecha, aplicar por las Naciones Unidas la vigencia de este principio básico de legalidad en el territorio del Sáhara Occidental?

En primer lugar, porque no existe voluntad política de hacerlo cumplir y, en consecuencia, no se realiza ningún tipo de presión diplomática y política hacia Marruecos, que le exija el respeto de las Resoluciones internacionales. Estas conversaciones no pasarán de ser una pantomima, mientras que las Naciones Unidas no actúen de forma clara y contundente, y ello será difícil mientras algunos de los Países miembros permanentes del Consejo de Seguridad sigan colaborando en la persistente prolongación de esta ocupación.

Hora es ya de que las democracias occidentales dejen de adjudicarle a Marruecos el papel de aliado preferente o guardián y garante de los intereses del mundo desarrollado en el Magreb, pues ni esa visión corresponde ya a un análisis político actual ni facilita la resolución de los múltiples problemas que afectan a la estabilidad del Magreb e impiden el desarrollo de su potencial.

Por otra parte, la Unión Europea, instrumentalizada por la voluntad proteccionista de Francia hacia su antigua colonia, y con la actitud cómplice del Estado español, incapaz de asumir con dignidad las consecuencias de un tratado de Madrid en el que se traficó con el pueblo Saharaui como rehén, no solo premia las arbitrariedades del estado marroquí con la concesión de un estatuto de asociación preferencial sino que se apropia de los recursos pesqueros del banco sahariano en complicidad con su aliado preferente.

Un cinismo político que se hace más patente e inaceptable en la medida en que la comunidad europea viene silenciando todas las denuncias que se hacen sobre el respeto a los derechos humanos tanto en Marruecos como en el Sáhara Occidental, emitidas hasta por una Comisión de su propio Parlamento, de las que sólo se hizo eco ante la presión de la opinión pública en la dramática coyuntura que hizo peligrar la vida de Aminatu Haidar.

Marruecos sigue obstaculizando una solución democrática. Tiene el control de facto del Sáhara Occidental, tras su ocupación militar del territorio, y ahora tiene la pretensión de ampliarlo a un sometimiento de “jure” mediante su plan de autonomía, dentro de un anunciado proyecto de regionalización del país.

La oferta de autonomía de Mohamed VI resulta inaceptable, porque parte de la premisa de que su soberanía sobre el territorio es incuestionable, a pesar de que se trata de un territorio invadido que nunca, a lo largo de la historia, ha formado parte del Reino de Marruecos. Y, sobre todo, porque supone seguir ignorando tanto la legalidad internacional como la decidida voluntad de los y las saharauis. Esta nueva maniobra, desacreditada por la realidad cotidiana de las tensas relaciones entre la población saharaui y sus ocupantes, supone un “chantaje” al intento de negociaciones entre las dos partes, sin asumir que la única solución definitiva para la cuestión del Sáhara Occidental será la resultante del libre ejercicio de la autodeterminación del pueblo Saharaui mediante un plebiscito realizado con las debidas garantías, un derecho indiscutible que Marruecos lleva pisoteando desde 1975.

La Resolución 1871/2009 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, hace un llamamiento a Marruecos y al Frente Polisario “… para continuar las negociaciones bajo los auspicios del Secretario General, sin condiciones previas y de buena fe, a fin de lograr una solución justa, duradera y mutuamente aceptable para apelar a la determinación del pueblo del Sáhara Occidental”. La pretensión de Marruecos de imponer su engañosa solución, lo hace improbable. Y ello, justamente, cuando España ostenta la presidencia de turno de la Unión Europea, desde donde debería de trabajar, de verdad, para liderar la búsqueda de una solución a un conflicto que dura ya demasiado tiempo y que sangra sin cesar en la memoria de una gran parte del pueblo español.

Es una provocación más que los amigos del pueblo Saharaui y todos quienes en el mundo entero se identifican con la defensa de la dignidad y la justicia no deberíamos de admitir. Y que requiere una constante vigilancia del proceso y la denuncia de todas las dejaciones, tibiezas e insidias que constantemente se producen y, sin duda, se producirán.

Madrid, 12 de febrero de 2010

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