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Responder al capital. Organizar la Huelga.

febrero 14, 2010 por  
Publicado en: Artículos

J. Romero

Los datos conocidos en los últimos días, confirman la catástrofe que vivimos: a finales de Enero, la cifra de paro según la EPA, que es el registro más fiable, superaba los 4.300.000 trabajadores, es decir, el 18,83% de la población activa*(1); 1,2 millones de familias tienen a todos sus miembros activos en paro; el déficit público se ha disparado hasta el 11,4% del PIB, etc.

Días después y por sorpresa, comienza una febril sucesión de amagos, globos sonda, insinuaciones y decisiones del Gobierno y sus ministros, alguna desmentida apenas cuatro horas después de adoptada. Todas ellas, absolutamente todas, en una misma dirección: atacar a la mayoría trabajadora y reforzar los intereses de la oligarquía empresarial y financiera: subida de la edad de jubilación de 65 a 67 años, prohibición de las prejubilaciones, drástica limitación de la jubilación parcial, aumento del período de cómputo; recorte en 50.000 millones de euros del gasto público, a lo largo de tres años, (sólo se salvarían de la quema un puñado de partidas, entre ellas, faltaría más, los gastos de las misiones militares en el extranjero, gracias a los cuales, Zapatero puede asistir como invitado de honor al “desayuno nacional de la oración” en EEUU); reducción del 30% al 10% de la tasa de reposición de efectivos en las Administraciones Públicas, etc. Un programa de recortes, acordados de prisa y corriendo, incumpliendo acuerdos previos, alguno de ellos firmado hace apenas unas semanas.

Sin duda este alocado baile es producto de la torpeza supina de “bambi” y su equipo; pero, hay algo más. Tantas declaraciones y desmentidos seguidos, el continuo sobresalto en la orientación económica del Gobierno socioliberal, ha tenido para la oligarquía la virtud de llevar el debate a su terreno, colocando en el centro las propuestas del Gobierno, la derecha y la patronal (tanto da, porque todas van en el mismo sentido de reducción del gasto público, mantenimiento de la fiscalidad regresiva, fomento de la transferencia de rentas del trabajo al capital y recorte de los derechos sociales y laborales de los trabajadores).

Con esta ofensiva la oligarquía quiere recuperar la iniciativa, hurtando del debate otras propuestas, no sólo posibles, sino absolutamente necesarias y urgentes, para frenar la crisis de una forma racional y eficaz y con una perspectiva de progreso.

En nuestro tríptico de propuestas contra la crisis, publicado en Noviembre de 2.008, (ver en nuestra página Web: www.pceml.info), después de advertir que la única solución definitiva es la superación revolucionaria del capitalismo y su sustitución por un modelo productivo planificado y controlado socialmente, señalábamos una serie de medidas que conformaban un programa de intervención inmediata y urgente en la economía, en un sentido de progreso social y que permitirían paliar los demoledores efectos de la crisis sobre las clases populares. Muchas de las medidas propuestas por los sindicatos en los meses siguientes, coincidían con ellas.

Desde el principio, hemos insistido en que es imprescindible la intervención del Estado en la economía, imponiendo, sí, imponiendo a la oligarquía empresarial y financiera, que ha demostrado sobradamente no estar dispuesta a ceder voluntariamente un ápice de su control, un plan dirigido en primer lugar a mejorar la situación de los parados y los sectores que más sufren las consecuencias de la crisis: inmigrantes, mujeres y jóvenes (restablecimiento de la causalidad en los contratos, subida del Salario Mínimo hasta el 60% del Salario Medio; fomento de la vivienda pública en alquiler, mantenimiento del subsidio de paro a los parados de larga duración; prórrogas en las hipotecas, etc.).

Un programa que asegure, bajo estricto control público, la concesión de crédito a las pequeñas y medianas empresas y a las familias, llegando a la nacionalización de aquellas entidades que se nieguen a contribuir a mejorar la situación; y que obligue a los empresarios a destinar una parte de su beneficio a la creación de empleo e inversión productiva. Tratábamos también de la prioridad de reforzar el empleo, primero el empleo público, desarrollando los servicios y actividades sociales y creando un sector público industrial, financiero y empresarial; prohibiendo el recurso a la contratación eventual sin causa justificada; recuperando la opción por el trabajador, entre la readmisión o la indemnización en caso de despido improcedente, etc.

Como vemos, las medidas que proponíamos y en las que han venido insistiendo con más o menos intensidad los dos principales sindicatos de masas, son todas, medidas que van en un sentido diametralmente opuesto al que quiere imponer el Gobierno, la derecha y la oligarquía empresarial y financiera.

Al punto que hemos llegado, el gobierno socioliberal de Zapatero debe ser combatido con todas las fuerzas. Es cierto que tras el revuelo generado, han desmentido sus últimas amenazas y suavizado su propuesta de reforma laboral, pero nadie puede fiarse de su sinceridad. Más bien al contrario, queda claro que el social liberalismo se ha quitado la careta del talante dialogante, para ponerse la de la “responsabilidad de gobierno”. Nada cabe esperar de él, sino más de la misma política reaccionaria, aderezada con retórica social.

Decíamos en nuestro número anterior que, tras el 12 de Diciembre, la clase obrera debía reforzar su unidad y organización y comenzar a preparar las condiciones para una Huelga General. Los acontecimientos de los últimos días vienen a reforzar este criterio.

Conocidas las últimas decisiones del Gobierno, luego desmentidas cínicamente, como decimos, por sus portavoces, CCOO de Madrid, convocó en dos días una Asamblea General, celebrada en un ambiente de gran combatividad, con la presencia de más de 2.000 delegados, que desbordaban sobradamente el Salón de Actos de la sede de Lope de Vega.

En ella, el Secretario General, Ignacio Fernández Toxo, amenazaba con responder con una contundencia proporcional al ataque del Gobierno y anunciaba la decisión de convocar, conjuntamente con UGT, movilizaciones en todas las capitales españolas, en la semana del 22 al 26 de Febrero. Sin duda eso está bien como respuesta urgente, pero el ambiente general iba mucho más allá.

Al cierre de esta edición la prensa informaba de que la dirección de los sindicatos, consideraba aceptables las nuevas propuestas de Zapatero, para iniciar la negociación de la reforma laboral. En los próximos días se reune el Consejo Confederal de CCOO, y es posible que éste decida no ir más allá de la convocatoria de las manifestaciones anunciadas. Pero la radicalización de la lucha de clases es solo cuestión de tiempo, porque la oligarquía y sus valedores políticos no van a cejar en sus planes.

Por eso, es ya urgente que el movimiento obrero comience a preparar la Huelga General. Antes del 12 de Diciembre, la falta de movilización previa y de agresiones claras del Gobierno (aunque su condescendencia con la gran patronal, es de por sí, una agresión, máxime en época de crisis), junto al miedo a que, a falta de referencias políticas, la movilización terminara reforzando al PP, eran argumentos para retrasar su convocatoria. Hoy no lo son.

El social liberalismo muestra su verdadera faz y se ha rendido sin condiciones, ni matices, a la derecha más dura y, con ello, puede dar por perdidas las próximas elecciones, (si el desarrollo de la crisis, no termina imponiendo un adelanto electoral). En cualquier caso, ellos solos se habrán ganado a pulso la derrota.

Ahora bien, si la clase obrera enseña su fuerza, que es mucha, como demostró en la movilización general de diciembre, el Gobierno, sea el que sea, podrá aprender dos lecciones: la primera, que la oligarquía no puede seguir imponiendo su programa político, sin una respuesta contundente. Y, la segunda, que, aunque la fuerza social y el poder reivindicativo del proletariado no tienen aún una expresión política organizada, eso no significa que sea indiferente a la política que adopte el Estado capitalista.

Tras la Huelga General, seguirá pendiente el problema de construir esa referencia sin la que la lucha del proletariado perderá gran parte de su eficacia, pero hoy es tiempo de actuar. Y cuanto más se tarde en hacerlo, más difícil será recuperar la iniciativa frente a la oligarquía.

¡¡Adelante pues, a organizar la Huelga General!!

*(1).- Si se aplicara la metodología actual, el record de paro anterior, que data de marzo de 1994, el 24,5%, equivaldría hoy al 18,2 %. El País, 31 de Enero de 2.010)

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