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Apuntes breves sobre fiscalidad

febrero 14, 2010 por  
Publicado en: Artículos

La simple lógica nos dice que si, como ocurre en España, la inversión privada se desploma, el crédito a pymes y familias está cortado y el consumo cae, como consecuencia del paro masivo y el endeudamiento de las familias españolas, que supera ampliamente el 100% de la renta familiar disponible (en 2.007 el endeudamiento llegaba a los 932.000 millones de euros, es decir, el 120% de la renta familiar), la actividad económica no se recuperará sin la intervención del Estado.

Zapatero se ha quitado la careta social para enseñar el lado ultraliberal de su famoso talante. Y el neoliberalismo predica una retórica contraria a la intervención del Estado en la economía, pero practica de forma implacable otro criterio, resumido en este lema: menos Estado para defender a las clases trabajadoras y más Estado para atacar sus derechos

La médula del debate político y económico de los próximos meses va estar en el papel del Estado en la economía, en su doble vertiente: ingreso y gasto público. Para cumplir con la UE, el Gobierno se ha comprometido a reducir el déficit del 11,4% del PIB actual, hasta el 3%, en los próximos tres años, recortando el gasto. No está dispuesto, sin embargo, a modificar su política fiscal para conseguir más ingresos, gravando a las grandes rentas.

No podemos, por razones de espacio, hacer un análisis más profundo de la política fiscal española. Un rápido vistazo a los principales impuestos, nos permite no obstante, hacerse una idea cabal del problema. Estos son, resumidos, los principales datos:

Distingamos dos tipos de impuestos: los directos (IRPF, Sociedades, Patrimonio, Sucesiones y Donaciones) que gravan según la renta, es decir, más a quien más tiene; y los indirectos que gravan, generalmente el consumo, con independencia de la renta de las personas (IVA; impuestos especiales al alcohol, tabaco, combustibles, etc), de modo que la carga fiscal de un litro de gasolina o de un paquete de tabaco, por ejemplo, es la misma si lo compra Botín o un parado de Vallecas, aunque el consumidor no se dé cuenta de ella, porque va incluida en el precio. Resulta evidente que la imposición indirecta es mucho más injusta y menos eficaz, no sólo en términos sociales, sino de ingresos netos, porque los ricos dedican la mayor parte de su renta a especular, mientras que los más pobres no pueden consumir por encima de sus posibilidades, cada vez más limitadas.

Por otro lado, es más fácil controlar la renta de los trabajadores, a través de la nómina, que la de los empresarios que, además de tener una legión de asesores fiscales a su servicio (los mismos “expertos” a sueldo, que nos sermonean con sus letanías de control del gasto público), disponen de trampas reconocidas por la ley, que les permiten camuflar sus beneficios; como la “estimación objetiva”, que determina los beneficios teniendo en cuenta, no los gastos reales, sino otros gastos, índices y módulos preestablecidos con criterios muy generosos, por Hacienda, o las SICAV, de las que hablaremos luego.

Hechas estas puntualizaciones iniciales, veamos a grandes rasgos, la situación de la fiscalidad en España:

El Impuesto sobre la Renta de las personas Físicas (IRPF), es el principal impuesto directo: Tras las reformas de 1996, 1998 y 2002, el tipo máximo marginal (el que se aplica a las mayores rentas) pasó del 56% al 48%. Hoy, es el 43%. Es decir, las sucesivas reformas han favorecido a quienes más tienen, reduciendo en trece puntos el tipo de gravamen que deben pagar.

La conclusión es esclarecedora: son los asalariados los que soportan la mayor parte del IRPF. La renta media que declaran los empresarios era en 2.006, de 11.642 euros, mientras que la de los asalariados era de 19.733. Es decir, la media declarada por los empleadores, era casi la mitad de la de sus empleados. ¡Un timo!

El impuesto de Sociedades, es otro de los impuestos directos que grava, en este caso, el beneficio de las empresas. Aunque, formalmente, el tipo básico es del 35%, tiene un tipo especial más bajo del 30% al que se acogen la inmensa mayoría de las empresas (en 2.002 el 83% de ellas y ese porcentaje ha subido desde entonces).

En este impuesto, hay, además, otros tipos aún más reducidos; uno en especial, verdaderamente escandaloso, que grava la renta procedente de las Sociedades de Inversión de Capital Variable ( SICAV), ¡con el 1%! . *(1)

¿Qué son las SICAV? Son empresas de inversión, altamente especulativas, que han de tener, para acogerse al beneficioso trato fiscal, un mínimo de cien socios y 2,4 millones de euros de capital. Es en estas sociedades, donde ponen a buen recaudo parte de sus fortunas los grandes empresarios (además, siempre tienen los paraísos fiscales). No exageramos ni un ápice: a modo de ejemplo, según señala el periodista Julián Rodríguez, en su libro: “Señores de Galicia”, las grandes fortunas gallegas, tienen invertidas en SICAV, unos 2.300 millones de euros (el 7% del PIB de esa nacionalidad, aproximadamente).

Sigamos.Conviene recordar, que el Impuesto de Patrimonio ha sido eliminado. Lo mismo ocurre en la práctica con el Impuesto de Sucesiones y Donaciones, que en la mayoría de las CCAA tiene exenciones fiscales de entre el 90% y el 99% de su cuota.

Pero aquí no acaba la cosa: el fraude fiscal roza proporciones astronómicas. Algunos datos: según el Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda, solo el IVA no ingresado fraudulentamente, rozaba en el año 2000 el 0,6% del PIB y en 2.008 el 1,6% (más de 15.000 millones de euros). En el Impuesto de Sociedades, el grado de ocultación se estima en el 36% (los estudios de la propia Agencia Tributaria indicaban que los rendimientos netos reales de las empresas que se acogían al régimen de estimación objetiva, eran un 130% superiores a los declarados). Fuente: “El sistema tributario español de la democracia”. FSE 1º Mayo-CCOO

No debe de extrañarnos, pues, que hace unas semanas, los inspectores de Hacienda señalaran que con un control adecuado del fraude, podrían ingresar en las arcas del Estado, unos 100.000 millones de Euros más, que casi doblarían los 121.000 millones previstos para el año 2.010.

Sirvan estos datos, anotados a vuelapluma, para dejar clara la realidad: es posible aumentar, y mucho, los ingresos del Estado, con una fiscalidad dirigida a que paguen más quienes más tienen, porque son precisamente la gran patronal empresarial y financiera española, las grandes fortunas y la casta de rentistas, vividores y parásitos de la España borbónica, los que salen beneficiados con el actual sistema tributario. Y es a cambiar esta situación donde hay que dirigir las medidas políticas: legislativas y judiciales.

En lugar de eso, Zapatero, ha aumentado el IVA del 16% al 18% (esta subida, que entrará en vigor en julio próximo, traerá, a buen seguro, gravísimas consecuencias sobre el consumo, que caerá aún más, el fraude fiscal y la economía sumergida, que se dispararán); a retirar los estímulos fiscales (verdadera “limosna” populista) e incrementar la tributación del ahorro, del 18% al 21% (básicamente, se trata del ahorro de las familias y pequeños empresarios, no de las grandes fortunas que, como vemos tienen demasiados instrumentos para ocultar su riqueza).

Anotemos que el pacto de solidaridad para salir de la crisis al que tanto se refieren, significa realmente, para la derecha, la patronal y los Ministros socioliberales, medidas para descargar las consecuencias de la crisis sobre los trabajadores.

España necesita una profunda reforma fiscal, sí, y con urgencia. Más es justo la contraria de la que quiere imponernos la oligarquía y sus valedores políticos en el Gobierno y en el Parlamento de su borbónica majestad.


*(1).- En verano de 2.008, la Ministra de Hacienda, Elena Salgado, se negó a aumentar el gravamen de las SICAV, con el argumento de que ello favorecería la evasión de capitales a los paraísos fiscales.


J.R.

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