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Veinte Años de la Caída del Muro de Berlín: Nada que Celebrar

diciembre 2, 2009 por  
Publicado en: Artículos

El 9 de noviembre de 1989 fue la fecha en la que se inicia el derribo de un muro que separaba y dividía no solamente a la ciudad de Berlín y a Alemania, sino también a dos Europas y a dos sistemas sociales, económicos y militares que abarcaban medio mundo y que estuvieron enfrentados cara a cara durante medio siglo. La caída del muro fue el preludio de la desaparición de la República Democrática Alemana (RDA) poco tiempo después, y más tarde de la descomposición de la Unión Soviética y del bloque de países que lideraba.

Hoy, tras veinte años de haber caído el muro, y a pesar de los juicios fáciles sobre lo apropiado o inapropiado de una medida tan drástica que afectó personalmente a muchas familias, es preciso valorar la decisión en su contexto histórico: a pesar de que la propaganda anticomunista ha utilizado la existencia del muro como una muestra de la «naturaleza criminal de la RDA», y por extensión, de la idea del socialismo como sistema antagónico al capitalismo, lo cierto es que la edificación del muro fue un acto de soberanía por parte de un país que trataba de proteger una frontera que también separaba dos alianzas militares de carácter mundial, la OTAN y el Pacto de Varsovia, enfrentadas cara a cara en las dos Alemanias. Por otra parte, solamente la RDA había realizado un proceso de “desnazificación” y de depuración de criminales nazis, mientras que en Alemania occidental se habían reciclado y muchos de ellos ocupaban altos cargos en la administración del Estado, del ejército o en partidos políticos. El revanchismo siempre estuvo presente en los dirigentes de Alemania occidental y del imperialismo norteamericano, quienes se habían visto obligados a reconocer oficialmente la existencia de la RDA muy a su pesar.

El muro de Berlín se edificó el 13 de agosto de 1961 como respuesta a graves problemas económicos y sociales que estaban afectando a la RDA: contrabando a gran escala de productos subvencionados a bajo precio para ser revendidos en Alemania occidental; fuga de miles de profesionales y técnicos de la RDA y otros países del Este en busca de salarios mucho mayores en los países occidentales, con lo cual se desangraba gravemente la economía; provocaciones de Alemania occidental y del bloque imperialista con el objetivo de estimular un éxodo masivo y llevar al caos a todo el país; y, finalmente, la necesidad de frenar la penetración masiva de espías y saboteadores, la mayoría antiguos nazis, al servicio de la CIA y otros organismos de espionaje occidentales. Recordemos tan sólo que menos de diez años antes, en 1953, la antigua red de espionaje nazi al servicio de la CIA, había provocado la insurrección de Berlín Este y otras ciudades, tratando de colapsar a la RDA.

Se puede discutir si el muro fue la solución o agravó los problemas de la RDA, pero lo cierto es que durante casi cuarenta años de la existencia del muro, la RDA tuvo una elevada estabilidad social y un desarrollo económico importante, colocándose entre las primeras potencias industriales del mundo y como primera potencia tecnológica del bloque del Este. Asimismo, hubo un elevado nivel de bienestar social y material que creó una identidad cultural germano-oriental entre la población, y que todavía es añorada hoy por una buena parte de la población del Este de Alemania. Posteriormente, a principios de los años setenta se consolidó el reconocimiento internacional de la RDA por parte de la mayoría de países, incluyendo sus más acérrimos enemigos, EE.UU. y Alemania occidental.

Pero el declive económico, político e ideológico que se desarrollaba en la URSS desde los años cincuenta y que emergió abruptamente durante la época de Gorbachov afectó muy negativamente a la RDA y al bloque del Este. En 1989 Gorbachov había decidido entregar la RDA a Alemania occidental, y conspiró para deshacerse de sus dirigentes más incómodos. La crisis económica y el espejismo de la opulenta sociedad de Alemania occidental, estimuló el descontento de un sector de la sociedad, amplificado por Gorbachov y sus partidarios en la RDA, y por los dirigentes occidentales que prometían grandes beneficios a los que abandonaran el país. Así se extendieron las protestas de algunos sectores sociales que provocaron la destitución del presidente Honecker y otros dirigentes partidarios del mantener la RDA y contrarios a las posiciones internacionales de Gorbachov. Rápidamente se sucedieron los acontecimientos que llevaron al derribo del muro y a la desaparición de la RDA que fue absorbida por Alemania occidental. Todo ello se celebró a nivel mundial como el «triunfo de la libertad» sobre la «tiranía comunista».

Con la caída del muro no sólo desapareció un bloque antagónico al occidental: sin armas para combatir, en Nicaragua, el Frente Sandinista entregaba el poder poco después en las elecciones a los candidatos apoyados por el imperialismo, en El Salvador y Guatemala las guerrillas abrían procesos negociadores con los regímenes genocidas, Cuba entraba en una de las épocas más duras de su historia con un futuro muy incierto, y los gobiernos africanos llamados “de orientación no capitalista”, sin aliados económicos y militares, giraban hacia la socialdemocracia o el neoliberalismo en busca de salvación. En los países occidentales, se abría una etapa de retrocesos importantes en los derechos sociales y laborales, con una oleada de privatizaciones, precarización laboral, etc., mientras que los antiguos países del Este y la ex–URSS sufrían un descenso catastrófico de la producción económica, la pérdida de los servicios públicos, educacionales y de salud, despidos masivos, empobrecimiento generalizado, retroceso demográfico agudo y otras calamidades sociales como la drogadicción, prostitución, miseria infantil, etc., que en gran parte habían sido erradicados en esas sociedades. Finalmente, tras la caída del muro se produjo la primera guerra en territorio europeo desde 1945, en la antigua Yugoslavia, que provocó decenas de miles de víctimas civiles. En su desencadenamiento Alemania occidental tuvo un papel destacado, consiguiendo además su sueño histórico de extenderse por el Este de Europa mediante el dominio económico y político de algunos de los antiguos países del bloque soviético.

Veinte años después, el muro permanece como mito del anticomunismo y de la “lucha por la libertad”, pero para los habitantes de la antigua RDA hay poco que celebrar: Alemania occidental desmanteló la mayoría del tejido industrial, encarceló a muchos dirigentes, depuró y expulsó a cientos de miles de funcionarios, universitarios y obreros, y provocó el desempleo y la miseria de millones de alemanes del Este. Despojados de su identidad y humillados como ciudadanos de segunda, recibiendo el mismo trato que en un país colonizado, los ciudadanos de la antigua RDA, piensan en una idea de socialismo como sistema de justicia social que es capaz de resolver las necesidades de los trabajadores.

En medio de la crisis económica del capitalismo y de la miseria de las poblaciones del Este, hoy se convierte en algo grotesco las celebraciones de los capitostes del imperialismo y de sus marionetas como Gorbachov, mientras los grandes medios de propaganda del imperialismo ocultan el verdadero “muro de la vergüenza” y del racismo edificado por Israel y tolerado por los “defensores de la libertad”.

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