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En Marcha, órgano de expresión del PCMLE

Tras el azote mundial a los mercados, provocados por la aparición del covid-19 durante el año 2020, la crisis de suministros trae riesgos para las economías exportadoras y un incremento de los precios finales para los consumidores. Esta crisis abarca fundamentalmente a las industrias de producción de chips, electrodomésticos, telefonía, juguetes, componentes electrónicos para autos, entre otras.

Durante el curso de la pandemia, las industrias se vieron obligadas a paralizar la producción de innumerables artículos, por lo que ahora se está sintiendo un efecto rebote al incrementar las necesidades de los consumidores por adquirir estos productos, especialmente en la época prenavideña. La demanda de los artículos, especialmente los que provienen de China o India, produce un mercado sediento de consumo y las empresas son incapaces de abastecer esta necesidad.

 

Otro factor es la paralización de los servicios de transporte durante la pandemia. El cierre total o parcial de importantes puertos a nivel mundial, genera dificultades en el embarco y desembarco de productos. Las empresas de transportación marítima han sabido aprovechar esta dificultad incrementando los costos de los embarques hasta en cinco veces su precio en relación a años anteriores. Las únicas beneficiadas son estas empresas, que reportaron ingentes ganancias en el año 2020.

Las dificultades en el transporte golpearon a las economías exportadoras de materias primas, quienes se vieron abocados a pagar millones de dólares por el envío de sus productos a otros países, generando retrasos en la producción y desabasteciendo los mercados. Este círculo vicioso se repite una y otra vez, y es por esto que los mercados no logran satisfacer las necesidades de los consumidores.

Este atasco mundial se siente en el incremento de los precios de productos plásticos, juguetes, insumos tecnológicos para celulares, computadores; los alimentos y bebidas encarecen, así como los insumos agrícolas; el mercado energético sufre incrementos de precio constantes. En todos estos casos, los perjudicados son los pueblos y los trabajadores, quienes se ven obligados a consumir a los precios que se les impongan.

La falta de planificación en el capitalismo es la que ha llevado a que sucedan estos problemas. Si bien es cierto que la pandemia trastocó también las relaciones comerciales, es cierto que una economía planificada no derivaría en esta situación que golpea tanto a productores como a consumidores. Este es otro de los efectos del capitalismo voraz, sin planificación y sin más metas que abarcar ganancias.