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Comité de Madrid del PCE (m-l)

“Los socialchovinistas repiten el engaño burgués de que la guerra se hace en defensa de la libertad y de la existencia de las naciones, con lo cual se ponen del lado de la burguesía contra el proletariado. Entre los socialchovinistas figuran tanto los que justifican y exaltan a los gobiernos y a la burguesía de uno de los grupos de potencias beligerantes como los que, a semejanza de Kautsky, reconocen a los socialistas de todas las potencias beligerantes el mismo derecho a 'defender la patria'" (Lenin, El socialismo y la guerra, 1915).

El imperialismo ha optado una vez más por la guerra como recurso para salvar su maquinaria económica de explotación y miseria. Y lo hace, de nuevo, ocultando sus verdaderos intereses bajo un falso discurso de solidaridad y defensa de los pueblos.

Pero la realidad es muy distinta. Ucrania se ha convertido en el eslabón más débil de la cadena imperialista mundial, el terreno de juego en el que los intereses de las burguesías yanquis, europeas y rusas se enfrentan en el campo político, económico y ahora también militar.

La burguesía rusa lleva décadas optando por la exaltación nacionalista para recomponer su “zona de influencia” perdida tras el colapso del bloque socialista, en un camino de confrontación directa con las aspiraciones imperialistas tanto de una Unión Europea (que no dudó en atacar y destruir Yugoslavia en 1999, y que mantiene férreos lazos coloniales con África), como con unos Estados Unidos de América que tratan de recuperar la hegemonía mundial a través de las guerras de rapiña (Aganistán, Irak, Siria, etc.).

Las consecuencias políticas y militares del ataque ruso contra Ucrania son aún imprevisibles, pero sus efectos económicos no tardarán en notarse a nivel mundial; el capitalismo necesita profundizar su crisis permanente antes de recuperar las cotas de ganancia de la burguesía a través de la escalada de precios, la destrucción material de mercancías y el asesinato de trabajadores.

Este dramático escenario internacional se produce mientras el Gobierno “progresista” de España redobla sus demostraciones de sumisión al imperialismo yanqui, permitiendo, exactamente igual que todos los gobiernos precedentes, el incumplimiento sistemático de las condiciones aprobadas en el referéndum sobre la OTAN de 1986 (no incorporar nuestro país a estructuras militares; prohibición de instalación, almacenamiento o introducción de armas nucleares en territorio español y reducción paulatina de la presencia militar estadounidense en suelo español), y adelantándose incluso a las órdenes de Washington con el despliegue de barcos y aviones de guerra en el este de Europa.

Como comunistas, marxista-leninistas, no podemos ser neutrales ante ningún enfrentamiento imperialista, pero no se trata de elegir “un bando” al que apoyar, como declaran abierta o encubiertamente los revisionistas y oportunistas de todo pelaje, resucitando las más traicioneras posiciones de la II Internacional. Igual que entonces, el proletariado no puede tener esperanza en mejorar su situación a través de la victoria de una u otra burguesía, sino en volver sus armas contra sus explotadores capitalistas. Nuestro bando es el de la clase obrera y nuestra guerra es la de clases.

¡NO A LA GUERRA IMPERIALISTA!

¡NI GUERRA ENTRE PUEBLOS NI PAZ ENTRE CLASES!

Comité de Madrid del PCE (m-l), 24 de febrero de 2022