A. González

Que la Banca en este país hace lo que le da real gana no es descubrir nada nuevo. Hoy en día ingresar dinero, hacer una trasferencia o pagar recibos se ha convertido en un auténtico calvario para los usuarios. Realizar un trámite en algunas oficinas (da igual el banco que sea porque es algo común en todos) se traduce en largas colas y esperas de mas de una hora. Esto se debe al cierre de oficinas y cajeros, no por la pandemia como podría pensarse, y a la remodelación de la propia banca y sus fusiones o absorciones de otras entidades (como Caixa Bank con Bankia).

El calvario es aun mayor cuando tratas de hacer tus trámites por el cajero: o no funciona, o está de mantenimiento, o no te reconoce la cartilla y el próximo que tienes más cercano de tu banco está en el quinto pino dónde el viento da la vuelta. O eso o irte al de otra entidad y pagar abusivas comisiones (la banca nunca pierde).

La intolerable desvergüenza de la banca no tiene límites. Eres el cliente, sí, pero tú tienes que gestionarte todo y encima pagas por ello. Dicho de otro modo: es como si fueras a la carnicería y el carnicero te diera el cuchillo y el solomillo para que te cortes tú los filetes, así “trabaja” la banca. Un ejemplo práctico (y real) que están viviendo miles de personas con Caixa Bank. El 26 de marzo de 2021, se produjo la fusión de Bankia por absorción por CaixaBank. A partir de entonces, la marca “CaixaBank” comenzó a sustituir a la marca “Bankia” hasta que, en junio de 2021, se culminó la unificación de ambas marcas.

Pero la inmensa mayoría de los clientes de Bankia nunca fueron informados de esa fusión. CaixaBank les cerró las oficinas de las que eran habituales y han tenido que desplazarse a otras más lejanas en las que se enteraban del cambio; no les funcionaba la cartilla y al ir a que se la miraran a la sucursal tienen que esperar kilométricas colas –aun con cita previa- para que se la anulen y les hagan una nueva cartilla; con la nueva cartilla se dan cuenta de que CaixaBank cambió sus números de cuenta sin ningún aviso (ni siquiera al darles la nueva cartilla) y han tenido que volver a las largas colas y esperas para que les informen de cómo gestionar sus pagos, trasferencias a personas o entidades de Bankia pero que ya no tienen el mismo número de cuenta. Mas sangrante aun han sido los cajeros: no reconocían las cartillas nuevas, el software da errores constantemente o simplemente no están operativos. Y vuelta a la sucursal, esperando largas colas y pérdidas de tiempo, para que te arreglen el problema (o no).

Y digo sangrante porque la mayoría de las personas clientes de Bankia son personas humildes y mayores que se han visto desbordados por esta situación y, cuando por fin eran atendidos en alguna sucursal de CaixaBank eran tratados de malas maneras y, las más de las veces, no les resolvían el problema del todo.

Así se han dado situaciones surrealistas como ir a reclamar que tu tarjeta nueva no funciona y decirte que debes ir a tu sucursal. Cuando se les responde que tu no tienes sucursal, que la han cerrado, y que los datos que precisan los tienen en el ordenador, ¿para que tienes que ir a otra sucursal? Tratan de justificarse con razones peregrinas y cuando ven que tu cabreo está rozando ya la idea de quemar la sucursal con todos ellos dentro, es cuando te sale un directivo y te dice que tranquilo que te lo van a resolver (entonces sí). O la de personas mayores que no tienen ningún conocimiento informático que se ven impotentes ante un cajero –que además han cambiado el software que ya conocía- y tienen que pedir ayuda a alguien, preferiblemente de la sucursal, por aquello de los ladrones. Otra vez largas colas y esperas.

En definitiva, ya va tocando la hora de ajustarles las cuentas a la Banca que además de quedarse con 60 mil millones pertenecientes a las arcas públicas, destrozan nuestras vidas apoyando a fondos buitre que nos quitan las viviendas, financian oscuros negocios y apoyan a las grandes fortunas para que sigan su tren de vida y de corrupción con el sufrimiento de la mayoría.