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En la madrugada del 27 de febrero ha fallecido Carlos Álvarez, un extraordinario poeta en el que se aunaron el compromiso político, la lucha contra el fascismo y una inmensa calidad literaria.

Nació en Jerez de la Frontera el 27 de diciembre 1933. Su padre, capitán de los Guardias de Asalto, fue fusilado el 24 de julio de 1936 por orden de Queipo de Llano, a los pocos días de iniciarse el golpe de estado militar. En 1941, con su madre y sus cuatro hermanos se traslada a Madrid, donde cursó el Bachillerato, a cuyo término ingresó en el banco Hispano Americano, iniciando las carreras de Derecho y Filosofía.

Militante activo del PCE desde 1963, su lucha contra el franquismo le llevo a la cárcel en numerosas ocasiones. A lo largo de esos años de combate, persecución y presidio, Carlos Álvarez fue elaborando una obra poética que es inseparable de su militancia política. En 1963, su libro Escrito en las paredes recibió el Premio Lovemanken en la bienal de los poetas daneses y ese mismo año fue finalista en París, con esa misma obra, del Premio Antonio Machado.

Prohibido en su país, y conocido y galardonado en Europa, especialmente en los países nórdicos, hasta 1969 no se publicará en España su primer libro: Estos que ahora son poemas. En 1967 publica Papeles encontrados por un preso, al que siguen Eclipse de mar (1973), Aullido de licántropo (1975) y Versos de un tiempo sombrío (1976).

Encuadradoen la llamada generación de los cincuenta, Carlos Álvarez fue un poeta con mayúscula, que da testimonio de las preocupaciones del ser humano, que refleja en sus versos el dolor, la represión y la lucha por la libertad. Su poesía es resistencia y denuncia. A diferencia de tantos intelectuales, que tras la muerte de Franco se acomodaron a la nueva situación política surgida tras la mal llamada Transición democrática y consiguieron cargos y prebendas a la sombra de la nueva monarquía, Carlos Álvarez representó, por el contrario, la honestidad personal y la coherencia política e ideológica, la fidelidad a los principios comunistas y la reivindicación republicana.

Sin renunciar nunca a su militancia en el PCE, colaboró con nuestro partido en numerosos actos y escribió en nuestras publicaciones. Fue un gran amigo de Raúl Marco –ambos se estimaban, respetaban y les unía una sólida amistad--, con quien compartió durante muchos años comidas y tertulias en compañía de otros intelectuales.

Todos los que tuvieron el honor de conocerle, pudieron comprobar su gran humanidad, su inmensa lucidez, fina ironía y extraordinario talento poético.

El Partido Comunista de España (marxista-leninista) lamenta su pérdida y transmite a todos sus familiares sus más sentidas condolencias.