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Álvaro Heredia

Cualquier militante de la JCE (m-l) se ha encontrado en la situación siguiente: cuenta con la táctica y la estrategia adecuadas, pero las masas no participan de estas (o quizá muy escasamente). Esta circunstancia resulta frustrante, tanto por el aislamiento que representa, como por la impotencia que experimentamos a la hora de encontrar soluciones.

No es ningún secreto que el grueso de las masas se encuentra desorganizado y, en muchos casos, despolitizado. Es más, aquellos sectores de nuestra clase más conscientes y avanzados ideológicamente suelen participar en organizaciones y movimientos revisionistas, posmodernos, ciudadanistas, etc. Igualmente, una proporción enorme de estas personas concentra su actividad política, su “activismo”, según la jerga posmoderna, en luchas parciales, que rara vez forman parte de una cosmovisión que aúne las distintas corrientes y luchas que se enfrentan al modelo de producción capitalista. Naturalmente, el recorrido de estas corrientes, pese a sus buenas intenciones, adolece del carácter cosmovisionario que les permitiría constituir una amenaza para el capital, con lo que acaban diluyéndose, amoldándose a las vías parlamentarias y burguesas.

¿Y qué sucede con quienes forman parte de dichos movimientos? Algunos se acomodan en ellos, otros logran mejorar sus condiciones materiales de existencia a través de un puesto en la parcela de poder irrelevante que les concede el estado burgués.

La mayoría, no obstante, abandona la vida política ante la frustración que provoca comprender que las reformas, dentro de este marco político y económico, no solucionan el problema en cuestión.

Difícil papeleta nos queda entre manos, ya que no solo debemos lidiar con la reacción, la ideología burguesa o la frustración ligada a las luchas parciales. Encima, estamos generalmente aislados de las masas. ¿Qué hacer?

Un comunista no se resigna ante la situación que describen los párrafos anteriores, sino que la aborda de manera revolucionaria y encuentra soluciones. Las condiciones objetivas están muy claras, pero ¿y las subjetivas? ¿Qué podemos hacer nosotros para mejorar la situación? ¿Qué acciones correctas llevamos a cabo? ¿Cuáles debemos erradicar?

El liberalismo contribuye decisivamente a aislarnos aún más de las masas, a través de gestos de calado y actitudes intolerables para un comunista.

Preguntémonos cuándo fue la última vez que nos decidimos a dialogar con las masas, a preguntarles por sus inquietudes, sus experiencias. Analicemos si aprovechamos adecuadamente las concentraciones y manifestaciones de nuestra clase para repartir nuestra propaganda y hacer contactos. Me dispongo a explicar el ejemplo de los camaradas de la JCE (m-l) en Salamanca, junto con los compañeros del Colectivo Republicano de dicha localidad:

En los últimos meses, hemos llevado a cabo un trabajo de ligazón con las masas en conocimiento de nuestra falta de medios y limitaciones humanas. Existe en la ciudad un problema mayúsculo en relación con las condiciones laborales de los trabajadores de hostelería, que, mayoritariamente, trabajan para un cacique bien conocido en la zona. Este indeseable paga salarios de miseria, emplea alcohol de ínfima calidad, chantajea a trabajadores y extrabajadores. Asimismo, hace pocos meses, propinó una paliza a un empleado al que después despidió. ¿Cómo debe conducirse un comunista ante todos estos hechos intolerables? En primer lugar, establecimos con el propio trabajador los pasos a seguir para que su causa no quede en balde; después de fijar un plan de trabajo, que llevamos a cabo en el Colectivo Republicano de Salamanca, junto con nuestros compañeros, comenzamos las acciones concretas:

No podemos limitarnos a cruzarnos de brazos, que para algo somos comunistas: hablemos con las masas, literalmente: que no pase una manifestación en la que no intentemos ligar a personas del entorno a nuestra causa, que no nos quede una sola oportunidad sin aprovechar para contribuir a la organización. Tenemos que desterrar la timidez de una vez por todas y tomarnos en serio aquello de ir a donde está la gente. Naturalmente, a lo largo de la historia, los contextos cambian, la relación con nuestra clase evoluciona, mas algo que ha caracterizado siempre al movimiento m-l es su voluntad de ligarse a las masas. Aprendamos de nuestra historia y pongámonos las pilas para que la próxima manifestación sea un lugar de contacto y no de aislamiento.