el becario no tiene quien le escriba

 

Nicolás García

Desde sectores obreros y especialmente estudiantiles, se ha aplaudido la nueva ley sobre la FP Dual, pero, como siempre, el diablo está en los detalles.

Al presentar la ley, se hablaba de romper con el régimen de explotación en el que se encontraban las prácticas; hay que recordar que consisten en estar 3 meses trabajando entre 6 y 8 horas sin cobrar, pagando por transporte, comida, etc. De hecho, en caso de que les interese contratarte, la recompensa es un contrato en prácticas donde tu salario suele ser 1080 euros al mes: ¡menudo lujo!

Si bien ahora esas horas van a cotizarse, este dinero sale en un 90 % del estado y, en cuanto al sueldo, si se atiende a las notas de prensa del ministerio, tan solo la FP superior —o intensiva como la van a llamar ahora— va a recibir ese contrato en prácticas. Mientras tanto, el resto tendrá una formación con cotización a la seguridad social, pero sin remuneración.

Es decir, solo una parte del alumnado de prácticas cobrará un sueldo y, lo que es más, tanto si cobran, como si solo cotizan, las empresas pagan un 10 % de lo cotizado. Se trata de un negocio redondo para la patronal, que no parece conforme en algunos casos y llega a pedir en varias empresas que el gobierno subvencione el 100 % de la cotización a la Seguridad Social.

Además, hay que tener en cuenta la figura del tutor empresarial. Es decir, es el propio empresario que les explota, día a día, el que les tiene que aprobar las prácticas, indispensables para recibir el título de FP. Así, este alumnado de prácticas queda totalmente indefenso ante la patronal, con lo que esta pueda explotar a su gusto, sin respetar ningún derecho salarial o laboral que, como trabajador o trabajadora, le debería corresponder.

La Formación Profesional se ha convertido en la punta de lanza del modelo que quieren imponer al conjunto del sistema educativo. Se trata, en definitiva, de la transformación de la educación pública en un negocio al servicio de las grandes empresas, con un ejército de estudiantes forzados a trabajar por un sueldo mísero en el mejor de los casos. Por eso, cuando a lo largo de los últimos años tanto el PSOE, como el PP, repetían como un mantra que uno de sus objetivos era dignificar las FP, se referían a estandarizarlas para la patronal, ahora que cada vez más gente elige la formación profesional, ya sea por falta de medios o por simple desencanto con el modelo universitario.