nuestra experiencia en el movimiento estudiantil

 

JCE(m-l) Madrid

A lo largo de varios años hemos estado participando en el movimiento estudiantil en Madrid. Este artículo aborda las experiencias y enseñanzas de varios camaradas en la Facultad de Físicas de la Universidad Complutense de Madrid.

Durante un tiempo la táctica que hemos llevado ha sido la de participar en las asociaciones de estudiantes que ya existían. En Físicas esto supuso empezar a trabajar en Hypatia, una organización cultural antifascista, feminista, etc., que llevaba activa desde finales de los años 90.

Al empezar a trabajar ahí, originalmente un solo camarada, encontramos una asociación con bastante influencia en los estudiantes pero numéricamente escasa. La influencia se la habían ganado a fuerza de llevar casi 20 años realizando actividades culturales y luchando por los derechos estudiantiles. Sin embargo, acorde al momento histórico que vivíamos, se encontraban en una situación de desmovilización importante.

Las pocas personas que aún participaban estaban muy avanzadas políticamente, muchas de ellas definiéndose marxista-leninistas. Aun así se esforzaban en involucrar a la gente de la facultad sin convertir a la asociación en un grupo de chavales “radicales” al margen del resto de estudiantes.

Las actividades que organizaba la asociación consistían en actividades de ocio o culturales, como sangriadas y cineforums; y en otras más explícitamente políticas, como pancartas reivindicativas que colgábamos en la entrada de la facultad o charlas sobre la lucha antifascista (por ejemplo, realizamos una con una camarada que había sido miembro del FRAP).

En muy poco tiempo nos ganamos influencia en la asociación por dos motivos: el camarada que participaba allí trabajaba muchísimo, y el resto de personas de la asociación eran muy receptivas a nuestras posturas políticas.

Pese a que otros camaradas pueden no tener tanta suerte de encontrar a marxista-leninistas al llegar a un nuevo colectivo, lo determinante a la hora de influir y ganar la hegemonía es nuestro trabajo cotidiano y especialmente nuestro compromiso a la hora de cumplir las tareas. Si nos comprometemos a redactar una octavilla, a preparar un cartel o a organizar una charla, debemos cumplir. Y cuando sean otros los que se comprometan debemos asegurarnos de que cumplen también. Que no nos dé vergüenza ser “pesados”.

Otra lección importante que sacamos es que tenemos que conocer, exponer y defender las posturas de nuestro Partido, de la J y de la CIPOML. Llevar estos textos y discusiones a los frentes de masas sirve muchísimo para elevar tanto el nivel político de la gente como el de nosotros mismos. El Octubre (y, en particular, la página de la Joven Guardia) tiene una importancia especial: nosotros mismos participamos en la redacción de estos textos y estas posturas, a diferencia de los textos clásicos (de Marx, Engels y compañía). Esto da lugar a un proceso de crítica y autocrítica mucho más profundo y nos permite relacionar más fácilmente la teoría con nuestra práctica.

Volviendo a Hypatia, llegamos al Covid y al confinamiento. Mantuvimos la actividad como pudimos, con charlas online y cineforums. Aun así notamos que nos costaba más atraer a gente nueva a la asociación, mientras que los más veteranos se iban yendo a medida que acababan la carrera. Esto no solo se daba en Hypatia, pues muchas asociaciones universitarias desaparecieron después del Covid porque no había gente nueva para sustituir a los “viejos”.

Durante todo el tiempo que hemos estado en Hypatia ha habido muchos intentos de organizarnos con gente de otras facultades, pero ninguno ha durado mucho. Es muy difícil coordinar a organizaciones tan variadas, donde los egos y las rencillas personales pueden sobreponerse a las necesidades políticas. Además, la actividad “natural” de cada asociación tiende a centrarse en su propia facultad: son limitadas por diseño.

Después del Covid continuamos la actividad. Otro camarada de la JCE (m-l) empezó a estudiar en la facultad de físicas y se incorporó también a la asociación. Organizábamos charlas, participábamos en protestas y preparábamos formaciones internas. Aun así,  poco a poco se iban graduando los veteranos y no se unían chavales nuevos.

A partir de 2022 cambiamos la táctica de la célula de la JCE (m-l) a la hora de abordar el movimiento estudiantil. En Ciudad Universitaria quedaban muy pocas asociaciones activas; además habíamos acumulado suficiente conocimiento y experiencia para darnos cuenta de que esa forma de organización no da buenos resultados . Los estudiantes necesitamos una organización común para todas las facultades y capaz de relacionar los problemas y reivindicaciones cotidianos y específicos con un proyecto social transformador.

Así, pasamos a centrar nuestra actividad en levantar una Asamblea Republicana en Ciudad Universitaria. Este paso no fue rápido y, pese a que tuvimos varias reuniones para discutir y preparar nuestro trabajo, tardamos meses en ponernos manos a la obra. De hecho, aunque acudieron varias personas a las primeras asambleas que convocamos, no fuimos capaces de organizar ninguna actividad. Además, con la llegada del verano perdimos a casi todos los miembros.

También, víctimas de la inercia y la costumbre, seguimos trabajando en Hypatia. Se unieron varios chavales nuevos, algunos hasta se incorporaron a la JCE (m-l) y, a día de hoy, parece que la asociación marcha con buen pie.

Aunque lo prioritario para nosotros es impulsar la Asamblea Republicana no debemos menospreciar otras formas de organización. Es decir, tenemos que ser conscientes de dónde son más necesarias las fuerzas que tenemos, pero no pensemos que las asociaciones u otro tipo de organizaciones merecen desaparecer. Hasta las organizaciones de ocio o deportivas son necesarias, cada una cumple su papel. Nosotros tenemos fuerzas limitadas y, por lo tanto, tenemos que ver cómo aprovecharlas mejor. Pensar algo así como que la única organización valida es el Partido Comunista y todo lo demás es reaccionario puede parecer más “revolucionario” o “radical” en la superficie, pero nos llevaría a aislarnos y separarnos de la propia clase obrera en lugar de acercarlos a nosotros y hacerlos avanzar políticamente.

A comienzos de este curso nosotros, los miembros de la JCE (m-l), no estábamos organizados. No teníamos un plan de trabajo, ni nos habíamos puesto unos objetivos, ni habíamos planteado como intervenir en la asamblea. Ocurrió entonces que la iniciativa de retomar la Asamblea Republicana salió de una persona ajena a la JCE (m-l). Las masas nos estaban adelantando. De hecho, a raíz de esta primera reunión que tuvimos la Asamblea está moviéndose de nuevo, y mejor organizada que el año anterior a pesar de ser menos. Nosotros tenemos que “espabilar”, preparar colectivamente cómo queremos intervenir en la Asamblea y cómo acercar a la gente allí a la lucha por la República Popular y Federativa. En definitiva, debemos ponernos manos a la obra.