JCE (m-l) Elx

El estudio y la formación teórica de los jóvenes comunistas es una tarea primordial, pero en ocasiones se confunde cómo desarrollar esta labor.

Hemos repetido innumerables veces que la formación teórica debe ir siempre ligada a la práctica, mas también debe ser íntegra. Es decir, los jóvenes comunistas debemos tener conocimientos de todos los ámbitos que se engloban en la sociedad, aunque sea a un nivel genérico sobre determinados temas muy específicos o técnicos. Nos referimos a la literatura, la música, las artes plásticas, la ciencia, la filosofía, etc. También sobre temas de actualidad y que sean de preocupación para nuestra clase y entorno. En ocasiones nos encontramos a jóvenes comunistas que subestiman, o incluso abandonan, el conocimiento de estas materias, sin darse cuenta de la importante capacitación ideológica y política que estas nos pueden proporcionar. ¡Como si no hubiera que plantear batalla en el espacio cultural! ¿A caso no se difunde ideología de la clase dominante en el cine, la música, la literatura o la prensa? ¿Acaso la burguesía no hegemoniza el pensamiento ideológico a través de todos estos mecanismos?

Es preciso estar alerta, puesto que la lucha de clases se da en todos los terrenos. El analfabetismo cultural nos hace fácilmente manipulables ante unos contenidos que no son inocuos, aunque puedan parecerlo. El estudio de todas estas materias nos ayudará a mejorar nuestro análisis y cultivar un pensamiento crítico. El arte nos aporta multitud de cosas: la lectura de una novela, por ejemplo, nos puede aportar conocimientos técnicos de redacción, léxicos, etc. Pero también sirve como marcador para entender cuál es el pensamiento de una época, la manera en la que se concebía el mundo o la heterogeneidad, el grado de desarrollo de las fuerzas productivas y las contradicciones que puede haber dentro de un mismo momento histórico-social. Recordemos que el marxismo-leninismo necesita de la asimilación del conocimiento acumulado hasta el presente a lo largo de la historia. Por lo que, para asimilar la base teórica marxista-leninista, necesitamos reforzar nuestro estudio con otro tipo de obras.

Como es materialmente imposible abarcar toda la producción cultural pasada y presente, la elección del contenido que vamos a estudiar también es algo que debemos tener en cuenta. Los mecanismos de difusión de la cultura transmiten un modo de actuar y unas ideas que en muchas ocasiones pueden ser degenerativas para los trabajadores y no podemos permitir que sea la burguesía la que marque el contenido que debemos consumir. También es tarea de los comunistas difundir y fomentar obras que transmitan los efectos de la vida colectiva, el desarrollo de las sociedades y los cambios en el pensamiento de las personas, puesto que estas obras se encuentran evidentemente en inferioridad representativa frente a aquellas que promueven el individualismo y las degeneraciones que abandera el capitalismo. Esto no quiere decir que no debamos estudiar a la burguesía: simplemente se trata de intentar adivinar qué materiales nos van a aportar o enriquecer más y mejor. Si en diversos sentidos nos es útil, nos enseña algo o nos muestra la forma del progreso humano, es bueno. No nos limitemos a la lectura solo de grandes pensadores marxistas y revolucionarios. Destaquemos los aspectos positivos que nos aportan otros autores y desechemos lo negativo. Una buena manera de asegurarnos estudiar contenido de calidad es acudiendo a los clásicos. Una obra que ha llegado a nuestros días, que ha sobrevivido a los siglos y que ha pasado por distintas formas de sociedad, seguramente refleje aspectos universales que nos serán de mucha utilidad para nuestra formación. ¿Cómo pretendemos aspirar a crear una nueva cultura popular o proletaria si desconocemos el desarrollo que ha tenido la cultura a lo largo de la historia?

Tampoco podemos caer en la intelectualitis. Aunque todos los hombres sean intelectuales y no haya actividad humana de la que se pueda excluir toda intervención intelectual, no todos los hombres tienen la función de intelectuales en la sociedad. Esto se refiere a la inmediata función social de la categoría profesional de los intelectuales. Antonio Gramsci decía en “Los intelectuales y la formación de la cultura”: El modo de ser del nuevo intelectual ya no puede consistir en la elocuencia, motora exterior y momentánea de los afectos y de las pasiones, sino en su participación activa en la vida práctica, como constructor, organizador, ‘persuasivo permanentemente’ no como simple orador y, sin embargo, superior al espíritu matemático abstracto; a partir de la técnica-trabajo llega a la técnica-ciencia y a la concepción humanista histórica, sin la cual se es ‘especialista’ y no se llega a ser ‘dirigente’ (especialista + político).[…] Los intelectuales son los ‘empleados’ del grupo dominante para el ejercicio de las funciones subalternas de la hegemonía social y del gobierno político. El aprendizaje intelectual no puede separarse del trabajo productivo ni político. Del estudio debemos sacar las conclusiones para nuestra orientación política en el trabajo práctico.

Aunque en ocasiones nos podemos ver desbordados por todas nuestras actividades y ocupaciones, no podemos ampararnos en excusas basadas en la falta de tiempo para estudiar.

Revisando nuestros métodos de trabajo, planificando y organizándonos, seremos capaces de encontrar la manera para no rehuir de nuestra formación ni de hacerla en condiciones de cansancio o agotamiento, ya que necesitamos estar en las mejores condiciones para poder asimilarla. No lo tomemos como un castigo, sino como una necesidad militante. Que el estudio sea incesante no quiere decir tenga que ser un atiborramiento. Aprovechemos también todos los medios de los que disponemos, que hoy son más que nunca.

Por último, merece la pena señalar que este tipo de formación no tiene que ser tratada de manera exclusivamente individual. Apoyémonos en nuestros camaradas y en nuestra clase para esta tarea. No convirtamos esto en algo alejado de la vida y la lucha de los trabajadores, sino en una herramienta que nos permita enriquecer nuestro pensamiento y que nos sea de provecho para trabajar por un mundo más justo, por el socialismo. Las pinturas de Goya, los Episodios nacionales de Galdós, los poemas de Mayakovski… El arte ha demostrado a lo largo de la historia que el júbilo de la lucha y la búsqueda de transformar la sociedad, de hacerla mejor, siempre han sido sentidas por las personas más adelantadas como algo admirable y grandioso. El conocimiento rompe las cadenas de la esclavitud.