J. Fernández

El 16 de febrero la asociación de estudiantes Hypatia organizó una charla en la facultad de ciencias físicas de la Universidad Complutense de Madrid, en la que participó nuestro camarada Juan Morales. Allí, abordamos cuestiones jurídicas enormemente importantes, como los tipos de contrato o las leyes aplicables en cada caso.

No obstante, puesto que los sindicatos ya las analizan a través de folletos y guías extremadamente útiles (por ejemplo, esta de CCOO), quiero centrarme en algunas de las cuestiones más políticas que se trataron.

La primera de todas señala que la precaria situación de los estudiantes en prácticas no se da por error o por despiste de las universidades o centros de FP, sino que responde a la lógica de la acumulación capitalista, a la fuerza motriz de la sociedad en la que vivimos.

Observamos que las empresas (y, en primer lugar, las más grandes) disponen de numerosas herramientas para explotar a los trabajadores sin ni siquiera estar obligadas a pagarles un salario: no olvidemos que, legalmente, los estudiantes en prácticas no están reconocidos como trabajadores y por lo tanto no tienen derecho a un sueldo. Así, esto es consecuencia de un modelo de producción cuyo objetivo es la obtención del máximo beneficio económico para los capitalistas, por mucho que algunos pinten estas prácticas como formación para los estudiantes.

 

Por si fuera poco, además de usar las prácticas para obtener mano de obra barata, e incluso gratuita, la influencia de los capitalistas sobre la educación no acaba ahí. Por ejemplo, medidas como la FP Dual o su equivalente universitario permiten a las empresas influir sobre el temario que se imparte. De esta forma lo moldean para ahorrarse costes de formación a sus trabajadores y quitar peso a aquellas materias que no sirvan directamente al proceso de producción, como la filosofía.

Sin embargo, no es suficiente con entender de dónde viene la explotación, sino también cómo combatirla, algo que la charla no desatendió. Es posible enfrentarse a la explotación individualmente, denunciando a la empresa e intentando ganar la batalla judicial. Ahora, si hemos entendido que el origen de esta explotación no es tal o cual empresa particular que se aprovecha de los estudiantes, sino que el problema es sistémico, tenemos que enfrentarnos a él colectivamente. Organizándonos en el sindicato con nuestros compañeros de trabajo, en la asociación de estudiantes, estableciendo una red de apoyo y unos mecanismos colectivos para enfrentarnos a los capitalistas es la única manera de lograr victorias sustanciales para todos. Hablamos de cambios profundos que nos acerquen a liberarnos de este sistema que nos exprime para inflar las cuentas bancarias de unos pocos explotadores.
En definitiva, la contradicción principal en la sociedad es entre el capital, que aspira a crecer y acumularse sin parar, y el obrero, que con su trabajo crea la riqueza del capital; esta contradicción empapa todas las facetas de la vida, incluyendo la educación. Por ello tenemos que organizarnos, estudiantes y trabajadores, y dar una respuesta colectiva para evitar que el precio de esta crisis económica y sanitaria la paguemos los de siempre, los que más penurias sufrimos.