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Álvaro Heredia

De continuo, miramos el Tuiter, las noticias de Google, el Instagram de… Después, en la comida, puede que, en un acto masoquista, pongamos el telediario: la vigésima variante del COVID, los mismos tertulianos que, hace dos meses, sentaban cátedra sobre el volcán en La Palma –y luego se especializaron en macrogranjas– ahora dilucidan sobre cómo Rusia planea atacar Ucrania. El hecho de redactar este párrafo ya resulta estresante y su contenido, prescindible.

¿Cómo nos conducimos ante lo que recogen las líneas anteriores? Claramente, constituyen una estratagema más de la prensa burguesa para desviar nuestra atención de las cuestiones importantes: ¿cuándo hablaron por última vez esos voceros del capital sobre que la pandemia acentúa la lucha de clases, así como las diferencias entre los países con más recursos y sus colonias económicas? ¿Reflexionan en vivo sobre las dificultades de las pequeñas explotaciones ganaderas para salir adelante frente a oligopolios que copan las ayudas de la PAC? ¿Mencionan las condiciones materiales de existencia inaceptables del pueblo ucraniano, al que el nacionalismo no para de echar la soga al cuello? De hecho, al plasmar los análisis anteriores, también corremos el riesgo de caer en la trampa de la burguesía: que estemos más preocupados por un conflicto diplomático imperialista que por la situación de la clase trabajadora en Ucrania y Rusia, o por la negociación del convenio de los trabajadores de Nissan en Ávila. Igualmente, una erupción volcánica copa nuestro interés al tiempo que una banda de fascistas ha empapelado un barrio obrero con su propaganda.

¿Qué papel desempeñan las redes sociales en todo esto? Liberales pueriles reclamando atención, comunistas entrando al trapo, progres que fomentan el vegasexualismo y fachas disfrazándose de corderos. Y nosotros, mientras, mirando o respondiendo. Quizá debiéramos preguntarnos la cantidad de tiempo que consume absurdamente todo lo anterior; al fin y al cabo, limita nuestra actividad militante, repercute negativamente en nuestro estudio, nos resta tiempo de un ocio pleno en lo social porque, en lugar de dedicar tiempo a estas actividades saludables, nos obsesionamos con que el liberal de turno haya dicho una sandez. Camaradas, toda esa gente y sus berridos desempeñan un papel ridículamente marginal a la hora de la verdad; crean su submundo en el perfil de una red social donde se creen mayoría e imparten lecciones como una especie de deidad a unos súbditos que les ríen las gracias. Lógicamente, esto nos frustra cuando lo contemplamos. Ahora bien, lo mismo sucede en círculos de redes sociales exclusivamente de izquierda, que, muy erróneamente, podrían llevarnos a concebir que el pensamiento comunista es mayoritario. Al fin y al cabo, hablamos de realidades más espirituales que materiales, de castillos en el aire, de gente que no repartirá una octavilla en la vida: diferenciémonos de ellos. En el último mes, los camaradas de Madrid han acudido a los centros de trabajo a dialogar con nuestra clase respecto a la Reforma Laboral que nos viene encima. Llevan a cabo una labor de concienciación absolutamente necesaria, demuestran su marxismo-leninismo. En lugar de ceñirse a la última invención de la prensa burguesa o de responder al tuit de un imbécil que se tiene por agente de bolsa, los camaradas están abordando los problemas reales, inmediatos y a largo plazo de los trabajadores. Claro que tuitean al respecto, por supuesto que comunican su actividad públicamente, mas ello no desvía la atención de la cuestión fundamental: la teoría aplicada a la práctica frente a 180 caracteres.

Naturalmente, no debemos tapar nuestros oídos ante la prensa ni subestimar el altavoz que proporciona una red social. Esto es, alejarnos de las “noticias” de la burguesía no nos permitiría rebatirlas con nuestra familia y amigos, de la misma manera la repercusión de un tuit puede traducirse en avances organizativos. En realidad, lo que este artículo pretende es concebir dichos elementos en su justa medida: conocer su existencia, pero no seguir la agenda propagandística que marca la burguesía y no hacernos los revolucionarios solo en Tuiter. El empleo de nuestro tiempo se revela como otra batalla contra los elementos burgueses y en nuestra mano se encuentra combatirlos para actuar de acuerdo con nuestra ideología.

En definitiva, tuitear y ver las noticias puede resultar útil para nuestra causa en cuestiones específicas. Por el contrario, nuestra labor a pie de calle, en los trabajos, asociaciones vecinales, coordinadoras, asambleas y centros de estudio siempre constituirá un paso adelante para nuestra clase.