Imprimir 

 

Rodrigo Hernández

Cada vez es más común ver a la infancia en los grandes medios participando en concursos u opinando de distintos temas. Estos casos se han acrecentado desde el activismo realizado por la entonces menor de edad Greta Thunberg, ya que resulta más convincente un discurso dado por una niña que el de una adulta formada y versada en el tema.

Se vende bien el mensaje de una niña pequeña e inocente es capaz de resolver un conflicto social en el que los adultos se pierden. Así los medios utilizan a la infancia para sus fines. Pero cuando ocurren estos fenómenos de discurso social y político por parte de la infancia es relativamente sencillo desenmascarar que hay intereses detrás y es obvio quiénes les dan voz y a qué propósito sirven. Sin embargo, es más curioso el caso de los Reality Shows donde estos niños y niñas participan y se expresan por sí mismos sin servir a un discurso desde un principio. Recientemente, se hizo viral la participación de una niña en el programa Master Chef Junior que hablaba con un vocabulario muy rico y una actitud más acorde a un joven emprendedor en una situación acomodada que de lo que tendemos a pensar cuando hablamos de infancia.

Tenemos que entender por qué ocurre esto y desde qué perspectiva es tratado por la burguesía y el aparato educativo para poder posicionarnos correctamente. Y es que, para las nuevas metodologías vendidas, entre otros agentes educativos, por los bancos desde su cara más amable, las “Fundaciones” como la Fundación BBVA, “estas actitudes surgen del interés propio de cada persona”. Que una niña de 10 años aspire a ser jueza del Tribunal Supremo dado que posee capacidades de liderazgo y ganas para ello, viene de su propio interés y hay que respetarlo.

Este argumento, además de falso es tramposo. Es tramposo porque genera una coacción argumentativa: ¿quién va a posicionarse en contra del interés de una niña de 10 años? Si te posicionas en contra de estas metodologías, te conviertes automáticamente en una mala persona por ir en contra de la infancia.

Como digo, también es mentira. Y es que se habla de los intereses como una serie de objetivos homogéneos y comunes a toda la infancia. Como comunistas, sabemos que los intereses de la clase obrera no son los mismos que los de la burguesía y, además, son intereses enfrentados. Esto es extrapolable a la infancia, y es que no es lo mismo crecer en un barrio obrero, con una familia que trabaja 10 horas al día que en una familia burguesa dentro de una casa con todos los privilegios. En la primera familia cabe la probabilidad de que se crezca con carencias afectivas, por ejemplo. Sin embargo, en la familia burguesa puede que no tenga estas carencias, y sus deseos vayan más allá. Lo que debería hacer una educación medianamente consciente y comprometida con las causas sociales es suplir las necesidades de la infancia más desfavorecida. No es algo revolucionario con una ideología estrictamente comunista, podría entrar en la agenda de la educación socialdemócrata más básica, pero no es la tendencia actual de la educación. La tendencia actual es el “respeto a los tiempos de la infancia”. Este supuesto respeto consiste en que cada niño haga lo que quiera y busque cumplir los objetivos que quiera cumplir, siendo el profesorado simplemente espectador del proceso con la mínima intervención necesaria. De hecho, este profesorado de escuelas con metodologías innovadoras se denomina a sí mismo “acompañantes” dejando claro que no van a modificar nada, solo a acompañar.

Si no se modifica nada y se deja a su libre acción y decisión a la infancia, no solucionan espontáneamente sus desigualdades, si no al revés; la influencia social se impone y se arraiga. Debemos luchar por una educación que sirva a las clases populares y no a la burguesía, por mucho que se intente disfrazar de caritativa y de respetuosa con la infancia y tenemos que aprender a desconfiar de metodologías que son apoyadas por entidades bancarias y por la ideología dominante, ya que solo servirán a sus propios intereses y verlos con claridad cuando se utiliza a la infancia en los medios de comunicación.