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El Partido Comunista de España (marxista-leninista) expresa su agradecimiento a todas las organizaciones políticas y sociales y a todos los ciudadanos que a título individual han acudido a este acto conmemorativo del Cementerio Civil, en el que no pudimos congregarnos el pasado año debido a la pandemia.

Lo hacemos este año con una ausencia dolorosa, la de nuestro camarada Raúl Marco, fallecido el 16 de octubre de 2020. No está entre nosotros físicamente, pero nos queda, y nos quedará siempre, su lucha, su integridad política y su firmeza ideológica.

Se cumplen cuarenta y seis años de los últimos fusilamientos del franquismo. Y conmemoramos este aniversario en unos momentos en los que la derecha española se ha quitado todas las caretas y actúa, como afirman muchos de sus dirigentes, sin complejos. Suprimen monumentos erigidos para honrar la memoria de conocidos dirigentes de izquierda, justifican abiertamente el franquismo y, en el colmo de la desvergüenza, se atreven a afirmar que el 18 de julio no hubo un golpe de estado. Frente a las miserables tergiversaciones históricas, frente al fascismo, rendimos homenaje un año más a nuestros camaradas y lo hacemos también con todas las víctimas de la dictadura fascista de Franco, un régimen que nació asesinando y terminó de la misma forma.

Decimos alto y claro que la dictadura franquista fue un régimen genocida y terrorista, frente al cual todas las formas de lucha fueron legítimas. Los hombres y mujeres que militaron en el FRAP y en el Partido Comunista de España (marxista-leninista) eran antifascistas, jóvenes que fueron capaces de sacrificar su vida para librar al pueblo español de una dictadura odiosa. Reivindicamos su memoria y su honesta trayectoria de militantes comunistas.

Los que organizaron la dictadura, la mantuvieron, la apoyaron, y la siguen reivindicando, esos sí son terroristas indignos de vivir en nuestro país. Porque este país no es el suyo, no es su finca, no es su propiedad. Es de los millones de personas honradas que trabajan todos los días.

Sentimos rabia y dolor porque el crimen que se cometió hace cuarenta y seis años sigue impune, porque la memoria de Humberto Baena Alonso, Ramón García Sanz y José Luis Sánchez Bravo no se ha reivindicado públicamente por las instituciones políticas, como tampoco se ha hecho con las decenas de miles de víctimas de la dictadura. La impunidad sigue presente en nuestro país porque no se ha producido una ruptura radical con el franquismo. La Transición levantó un muro de impunidad tras el que se cobijaron los torturadores de la Brigada Político-Social, los jueces del Tribunal de Orden Público y los militares que condenaron a muerte a miles de antifascistas en Consejos de Guerra que eran una farsa, una parodia de la verdadera justicia

Vivimos en una situación de drama social. La pandemia ha agudizado las desigualdades, con sus secuelas de pobreza, paro y hambre. Mientras el gran capital sigue obteniendo ingentes beneficios, la exclusión social alcanza a millones de personas.

Y junto a la crisis económica, el inmenso desprestigio de la monarquía, con un rey mal llamado emérito que ha forjado su fortuna mediante prácticas delictivas sistemáticas y que lleva más de una año huido de su país, al amparo del sátrapa de Emiratos Árabes Unidos. Nuestro partido viene denunciando año tras año que la actual monarquía es ilegal e ilegítima en origen, que representa los intereses de la oligarquía y que es el obstáculo fundamental para llevar a cabo las reformas estructurales que nuestro país necesita. Mientras otros preferían callar, mirar para otro lado o hablar de reforma constitucional, el PCE (m-l) siempre manifestó que este sistema no se puede reformar, se diseñó para defender los intereses económicos de un bloque de poder encabezado por la oligarquía financiera. Esta monarquía está al servicio de unos intereses económicos que son incompatibles con los del pueblo español y con la soberanía nacional de nuestro país. Y en todo esto hay un punto de gravedad extrema. La inmensa mayoría de los medios de comunicación han callado durante años, cuando conocían todas las andanzas de Juan Carlos I: sus adulterios pagados con dinero público, el cobro de comisiones ilegales, las cuentas bancarias en paraísos fiscales… Y eso les hace cómplices de los múltiples delitos cometidos por un monarca que había organizado en la Zarzuela una asociación para delinquir. Algún día habrá que pedir responsabilidades a muchas personas por lo que ha sucedido.

El desesperado intento de la oligarquía para separar a Felipe VI de su padre está condenado al fracaso. Porque no es una cuestión de personas. El cáncer es la institución. Monarquía, fascismo y oligarquía son elementos interconectados, hay entre ellos unas relaciones dialécticas evidentes. Poner al descubierto esa conjunción, denunciarla ante las clases populares, debe ser tarea prioritaria de las organizaciones políticas realmente de izquierda. La lucha contra el fascismo pasa por la instauración de una República Popular y Federativa, que represente los intereses de un bloque de poder social diferente, que sea capaz de estructurar y organizar un nuevo aparato de estado al servicio de las clases populares, además de poner en marcha las reformas estructurales que nuestro país necesita. La solución a los múltiples y graves problemas que padecemos no vendrá de ninguna reforma constitucional ni de una segunda transición. El verdadero cambio, la implantación de otro modelo político y económico, solo será posible con la ruptura política. Esa es la clave de la situación actual: o ruptura con la monarquía o un maquillaje reformista para que todo siga igual. No hay otro camino: o República Popular y Federativa o continuismo monárquico.

Pero la izquierda real tiene un problema. Es incapaz de unirse para alcanzar esa República. Es imprescindible dejar a un lado lo que nos separa para conseguir el objetivo que todos deseamos. A nadie se le pide que renuncie a sus principios políticos, ni a su historia, pero debemos acordar un programa mínimo para lograr la unidad popular que haga posible la instauración de un régimen republicano que represente los intereses de los trabajadores y de las clases populares.

Este es el mejor homenaje que podemos rendir a todas las víctimas del franquismo. Los miles de hombre y mujeres que se enfrentaron a la dictadura murieron por la República y nosotros tenemos la obligación moral, el imperativo moral, de continuar ese combate y alcanzar la meta. En la lucha contra esta monarquía corrupta que gangrena el cuerpo social, nuestro partido, el Partido Comunista de España (marxista-leninista), estará siempre en la primera línea de combate.

                   ¡¡¡VIVA EL SOCIALISMO!!!

                   ¡¡¡VIVA LA REPÚBLICA!!!