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C.Hermida

El 20 de noviembre de 1975 murió Franco, pero el aparato represivo del estado franquista siguió cometiendo crímenes impunemente. El 24 de enero de 1977, por la mañana, hubo en Madrid una manifestación en protesta por el asesinato, el día anterior, del estudiante Arturo Ruiz a manos de un grupo de extrema derecha. Como siempre, la policía reprimió brutalmente la protesta y la joven Mariluz Nájera resultó muerta por el impacto en la cabeza de un bote de humo. Por la noche, un grupo de pistoleros fascistas irrumpió en un despacho laboralista de la calle Atocha en el que trabajaban abogados de Comisiones Obreras y del PCE, asesinando a cinco personas y dejando heridas a otras cuatro. Acontecimientos trágicos que figuran en todos los libros de Historia que abordan la etapa de la Transición y que muchos españoles recuerdan por su edad o conocen por reportajes de televisión.

Sin embargo, casi nadie se acuerda de Eduardo Serra Lloret, militante del Partido Comunista de España (marxista-leninista), que murió ese mismo día a consecuencia de las secuelas que en su cuerpo dejaron las bárbaras sesiones de tortura sufridas en Valencia durante su detención.

Serra Lloret “Rubén”, militante de nuestro partido en la zona de Xátiva desde 1973, fue detenido a finales de 1975 y conducido a la Jefatura Superior de Policía de Valencia. Allí fue sometido a brutales palizas por Benjamín Solsona Cortés “El Galletas”, jefe de la Brigada Política de Valencia. Trasladado a la cárcel en grave estado y ante la posibilidad de que muriera allí, le concedieron la libertad condicional. Un año después de su detención murió.

 

“El galletas” se sobrepasó en su función de torturador demasiadas veces y recibió tantas denuncias que fue de comisaría en comisaría hasta que el gobierno socialista le premió con una jugosa jubilación en Canarias por los servicios prestados: Benjamín Solsona pasó por la Jefatura Superior de Bilbao, fue Jefe Superior de Policía en Baleares y se jubiló, ya durante el gobierno del PSOE, como Jefe Superior de Policía en Canarias. Al servicio de este siniestro torturador trabajó el policía Antonio Moreno Piquer, conocido como “El Infiltrado” y que en 2012, también en Valencia, reprimió con extrema violencia las manifestaciones de estudiantes de Instituto.

Nuestra modélica monarquía no ha tenido, ni tiene, problemas morales para premiar, ascender y condecorar a los criminales franquistas, pero pone todo tipo de obstáculos para impedir que los familiares de las decenas de miles de víctimas del franquismo obtengan Verdad, Justicia y Reparación. Esta monarquía miserable y corrupta es una rémora para el desarrollo de nuestro país, constituye un permanente insulto para nuestro pueblo. Aunemos fuerzas y forjemos la unidad popular para acabar con este régimen indigno y proclamar la República Popular y Federativa.