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Agustín Bagauda

La clase obrera, por muchas peroratas que durante decenios han vertido sus enemigos y los enemigos del Socialismo (con mayúsculas), los apologistas del fin de la historia, del fin de la clase obrera como clase revolucionaria (no pocos, traidores a la causa), del fin de la lucha de clases; la clase obrera, decimos, es la principal y más consecuente clase revolucionaria de la sociedad. Sin su concurso no hay revolución posible, menos una con carácter socialista; no hay cambio social posible.

Nosotros somos un partido comunista, un partido con el gran objetivo de la revolución social. Y aspiramos, por ello, a ser la vanguardia de la clase obrera, es decir, a dirigirla y orientarla con rumbo revolucionario, a estar en la cabeza de sus batallas. Para ello, tenemos que estar a su lado, entre ella, con sus reivindicaciones, en sus luchas (parciales, sectoriales y generales), en sus conflictos laborales, en sus barrios con sus problemas cotidianos, en los espacios de clase donde el movimiento obrero está organizado. Esto que parece una obviedad, algo evidente, no lo es tanto y surgen toda una serie de problemas a la hora de llevarlo a la práctica. Hemos tropezado con incomprensiones de camaradas que tienen una concepción utilitaria del sindicato (y al que exigen idealistamente una pureza ideológica) en oposición al papel activo y organizado que los comunistas debemos tener allí donde se organiza nuestra clase, con independencia de la ideología de sus cúpulas; hemos tenido (y tenemos) dificultades, de orden política y organizativa, a la hora de llevar a la práctica esta consigna del partido; nos ha faltado audacia e iniciativa para desplegar esta labor.

Estas deficiencias nos impedían desplegar correctamente nuestro trabajo en el movimiento obrero y sindical. Lo primero, pues, que debíamos hacer era ser conscientes de ellas para poder superarlas.

Consecuentemente organizamos una Conferencia ad hoc a finales de 2018. Se situó la centralidad de la clase obrera; clarificó ideológicamente aún más el papel de la organización comunista en el seno del movimiento obrero y sindical; subrayó la importancia de esta tarea para una organización comunista y establecieron unas claves concretas para desarrollarla. Aún así, seguíamos arrastrando deficiencias.

La labor de los órganos de dirección y cuadros, la adopción de acuerdos organizativos y la asamblea de militantes sindicalistas recientemente realizada, que impulsó la consigna, ratificada por nuestro Comité Central del pasado noviembre, de “Lanzar la labor del Partido en el frente de movimiento obrero y sindical”, han constituido un espaldarazo a la política sindical del PCE (m-l), mas también de la JCE (m-l).

Estamos poniendo orden en nuestras filas, condición necesaria para desarrollar esta actividad vital. Hemos establecido pautas básicas de intervención política-sindical y mecanismos de organización y coordinación para garantizar su aplicación y desarrollo. Consecuencia de ello es que estamos avanzando y superando confusiones y defectos. Queda mucho por hacer, por andar, obstáculos que sortear, pero hemos puestos las bases para ello y estamos en el buen camino.
Nuestra labor debe concretarse en el impulso de la labor de (y con) las uniones territoriales de los sindicatos de clase, el traslado al seno de los sindicatos de los problemas y reivindicaciones tratadas con los trabajadores, el fomento del de la participación de la afiliación en la vida del sindicato, la promoción de la solidaridad de clase con los trabajadores de empresas en conflicto, como la que hemos visto con los obreros del metal de Cádiz, por parte, y sirva como botón de muestra, de los mineros del Pozo Santiago, de Asturies, los trabajadores del Astillero Río Santiago, de Argentina, o desde la Coordinadora General de Pensionistas de Madrid, o los trabajadores del hospital público Puerta del Mar, de Cádiz.

Por su parte, nuestra Juventud debe implicarse en los problemas, reivindicaciones y luchas de los jóvenes trabajadores, promover su movilización y organización, acercarles al sindicato o, mejor dicho, acercar el sindicato a ellos; desarrollar una labor con los alumnos de los centros de Formación Profesional, futuros trabajadores en lo inmediato, y propiciar el contacto del sindicato con estos estudiantes.

Ahora bien, para garantizar el desarrollo de esta política es condición sine que non un buen funcionamiento organizativo. En lo concreto, todas las organizaciones territoriales, locales y las células, tanto del Partido como de la Juventud, deben debatir, asimilar y aplicar aquella consigna. Todas nuestras organizaciones deben incorporar en sus planes de trabajo y tratar sistemáticamente en sus reuniones la cuestión de movimiento obrero y sindical. Y los dirigentes, a todos los niveles, tienen la responsabilidad de velar por avanzar en los objetivos trazados y por el cumplimiento y aplicación de esta labor.

Por otro lado, es preciso que compartamos las experiencias que tengamos, nuestro trabajo en este campo, con el fin de aprender, tanto de los éxitos como de los fracasos, unos de otros y enriquecer entre todos el acervo político de nuestro Partido en este frente.

Estamos viendo en estas semanas una fuerte reactivación del movimiento obrero y sindical, donde el proletariado toma consciencia de su fuerza, de la importancia de la solidaridad de clase, de la unidad de clase, más allá del sindicato en el que se esté organizado. La lucha por la defensa sus derechos y mejora de las condiciones salariales y laborales hace avanzar su conciencia de clase. Debemos estar en esa pelea junto (pegados) a nuestra clase, ayudando a que sus reivindicaciones sean una realidad y a que la lucha culmine con victorias; a que avancen en su unidad, en su organización y en su conciencia política; a que avance la lucha de clases. ¡Adelante! ¡El futuro es de la clase obrera!