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Entrega XI de la serie Tecnología y capitalismo. Google, paradigma del control tecnológico de la sociedad (I): Inteligencia Artificial

P. Recife

En estos momentos que tanto se habla de la Inteligencia Artificial en realidad muy pocos saben qué es, cómo se usa, cómo influye y transforma la sociedad y cómo es utilizada por empresas tecnológicas y gobiernos de todo el mundo. Como todos los avances tecnológicos de la Humanidad tiene sus luces y sus sombras y, como siempre ha sucedido, depende de qué clase lo controle para que beneficie o no al mayor número de personas.

En este y siguientes artículos vamos a ver cómo la aplicación, cada vez mayor, de la Inteligencia Artificial (IA) en numerosos ámbitos, está tejiendo una tela de araña que, cada día que pasa y avanza su investigación, nos controla, estudia, somete mediante grandes corporaciones tecnológicas –como Google- y gobiernos que han encontrado en esta tecnología, una poderosa herramienta de dominación.

Un poco de historia

Hablar de IA es necesariamente hablar del matemático del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Marvin Lee Minsky uno de los genios más eminentes del siglo XX, pese a que poca gente lo conoce. Minsky fue cofundador del prestigioso laboratorio de inteligencia artificial y, hasta su muerte en enero de 2016, ocupó la plaza de Profesor Toshiba de los Medios de Comunicación y las Ciencias, ambos en el MIT. Es considerado uno de los mas destacados padres de la inteligencia artificial y, sus vaticinios, hechos hace ya mas de 50 años, son hoy una realidad.

 Marvin L. Minsky inventó la mayoría de los conceptos de la inteligencia artificial, especialmente los relacionados con las redes neuronales. Y aunque estaba convencido de que la inteligencia artificial salvaría al mundo, también tenía miedo de que ese poder se nos fuese de las manos. “Cuando los ordenadores tomen el control, quizá ya no lo podamos volver a recuperar. Sobreviviremos mientras ellos nos toleren. Si tenemos suerte, quizá decidan tenernos como sus mascotas”, dijo en 1970, en una entrevista a la revista Life. Todo un augurio de a dónde se ha llegado, teniendo en cuenta que en aquella época no existían los ordenadores domésticos ni Internet, y de lo que aun nos queda por ver.

Entre otras investigaciones y trabajos Minsky contribuyó al desarrollo de la descripción gráfica simbólica, geometría computacional, representación del conocimiento, semántica computacional, percepción mecánica, aprendizaje simbólico y conexionista. En 1951 creó SNARC, el primer simulador de redes neuronales. Fue el inventor de las patentes del casco de realidad virtual en 1963 y del microscopio confocal en 1957 (antecesor de los ampliamente utilizados y modernos microscopios confocales de barrido por láser). Escribió el libro “Perceptrones” (con Seymour Papert), que se convirtió en el trabajo fundacional en el análisis de redes neuronales artificiales. Su crítica a ese campo ha sido indicada como responsable de la desaparición virtual de la investigación académica en redes neuronales artificiales durante la década de los 70 del siglo anterior (ver de Istvan S. N. Berkeley. «A Revisionist History of Connectionism»).

¿En qué consiste la inteligencia artificial y cómo influye ya en nuestras vidas?

La inteligencia artificial ha dejado de ser ciencia ficción y está cada día más presente en nuestras vidas y, aunque aun está en una fase inicial, va a protagonizar unos cambios en nuestros hábitos equiparable a los que ha generado Internet. Su utilización en múltiples sectores —como vigilancia, seguridad, salud, finanzas, transporte o educación, entre otros— han provocado que la Unión Europea desarrolle sus propias Leyes de IA y la Robótica.

La inteligencia artificial es la combinación de algoritmos planteados con el propósito de crear máquinas que presenten las mismas capacidades que el ser humano, como el razonamiento, el aprendizaje, la creatividad y la capacidad de planear. La IA hace que los sistemas tecnológicos perciban su entorno, se relacionen con él, resuelvan problemas y actúen con un fin específico. La máquina recibe datos (ya preparados o recopilados a través de sus propios sensores, por ejemplo, una cámara), los procesa y responde a ellos. Los sistemas de IA son capaces de adaptar su comportamiento en cierta medida, analizar los efectos de acciones previas y de trabajar de manera autónoma.

Así, hoy día la IA la tenemos presente en nuestras vidas por mediación de software (asistentes virtuales, software de análisis de imágenes, motores de búsqueda, sistemas de reconomiento de voz y rostro, etc) o integrada (robots, drones, vehículos autónomos, Internet de las Cosas, etc).

La detección facial de los móviles, los asistentes virtuales de voz (como Siri de Apple, Alexa de Amazon o Cortana de Microsoft) o los dispositivos cotidianos a través de bots (abreviatura de robots) o aplicaciones para móvil, tales como: Lily, un personal shopper en versión digital; Parla, concebida para ayudarnos con el aprendizaje de idiomas o Gyant, un asistente virtual de Facebook que emite ‘diagnósticos’ médicos. El supuesto objetivo de todas ellas: hacer más fácil la vida de las personas. Pero tras todas ellas hay un inmenso manejo de información de todo tipo que recopilan sin que lo sepamos y les produce pingües beneficios pero también un control exhaustivo de las usuarios. Los avances en IA ya están impulsando el uso del big data debido a su habilidad para procesar ingentes cantidades de datos y proporcionar ventajas comunicacionales, comerciales y empresariales que la han llevado a posicionarse como la tecnología esencial (junto a nuevas tecnologías como el 5G con mayor velocidad y cantidad en la trasmisión de esos datos), de las próximas décadas. Seguridad, transporte, educación, sanidad, cultura... ningún sector se resistirá a su implementación.

Aplicaciones a las que se está orientando la inteligencia artificial

Como vemos la IA es la tendencia tecnológica de la actualidad. No por casualidad el presidente ruso Vladimir Putín ha dicho que quien domine esta tecnología gobernará el mundo, y la ONU ha creado un centro de monitoreo de IA en La Haya, Países Bajos, para evaluar sus aplicaciones positivas y negativas. La tendencia en estos momentos de su aplicación es la que sigue:

La consultora estadounidense Gartner predice que para el año 2020 el 85% de la interacción con los clientes será gestionada por IA y, en conjunto, se estima que el mercado de la IA pueda llegar a representar 127.000 millones de dólares en 2025, cifra muy superior a los 2.000 millones de 2015. Estados Unidos y China se situarán a la cabeza en inversiones. La consecuencia es que, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), la IA acabará con 85 millones de puestos de trabajo en cinco años, pero estima que creará 97 millones.

Y aunque haya voces como la del filósofo sueco de la Universidad de Oxford, Nick Bostrom, que anticipa que “existe un 90% de posibilidades de que entre 2075 y 2090 haya máquinas tan inteligentes como los humanos”, o la de Stephen Hawking, que aventuro que las máquinas superarán completamente a los humanos en menos de 100 años, lo cierto es que lejos de convertirnos en obsoletos, la IA nos hará más eficientes y nos permitirá ejecutar acciones que nunca hubiéramos podido realizar debido a su complejidad pero, según en que manos, también de las mayores atrocidades contra el género humano que podamos imaginar.

Siguiente capítulo: Google, paradigma del control tecnológico de la sociedad (II): nacimiento de un gigante