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M.H.G.

Con el lema La salud mental, un derecho necesario. Mañana puedes ser tú, hace unos días, el 10 de octubre, se celebraba el “Día Mundial de la Salud Mental”,

En un contexto cada vez más sensibilizado con este tema, tanto que ha sido objeto de una campaña mediática y política bastante importante en los últimos meses: deportistas que renunciaban a sus competiciones; el diputado Errejón lanzando una campaña solicitando más medios para la salud mental “Es necesario que el Gobierno pase de las palabras a los hechos en salud mental. En España hay una pandemia de salud mental, de gente que no puede dormir si no es con pastillas, de gente que no aguanta el día a día y el Gobierno hasta ahora no ha hecho nada”; numerosos medios de comunicación organizando coloquios de versados “tertulianos” de los que de todo saben y de todo opinan; el estudio 'World Mental Health 2021' de Ipsos que desvela de que el 35 % de la población española considera que (la salud mental) es el principal problema de salud.. y así un largo etcétera.

Reconociendo la escasez de profesionales de salud mental en la sanidad pública, que en la mayoría de los casos se tarda dos meses en conseguir una cita para atención,...

que en muchas ocasiones no se destina un tiempo suficiente al acompañamiento de las personas con sufrimiento psíquico sino que se limita a una atención puntual y a extender una receta; reconociendo todo eso, permítanme ser la nota discordante en toda esta historia: una nota discordante pero no la única. Existen más personas en esta línea, aunque en este momento quizás no sea todo lo políticamente correcto, no esté dentro del pensamiento dominante y dominado por los grandes medios de comunicación, pensar así.

Si nos paramos a analizar las principales enfermedades mentales- en cuanto a número de personas afectadas- en nuestro país en este momento (ansiedad, estrés, depresión, ataques de pánico, adicciones) es también fundamental analizar las causas. Si no, estamos cayendo en la trampa de hacer pasar por problemas individuales, aquellos que tienen carácter social. Estamos responsabilizando al individuo, estamos convirtiendo en una enfermedad, lo que no es sino una grave falta de derechos sociales y laborales: unas condiciones de trabajo absolutamente precarias, la enorme dificultad de acceso a una vivienda digna, el paro juvenil estructural, la pobreza energética, la dependencia de bondadosas ONGs para saber si mi familia va a comer mañana…

Este concepto de salud mental, es un concepto puramente ideológico.

Si alguien tiene ansiedad porque trabaja para una empresa que le hace contratos semanales y que puede prescindir de él de un día para otro; si otro tiene depresión porque está en un proceso de desahucio y en cualquier momento se va a ir a la calle sin tener un techo donde acomodar a su familia; si un tercero consume drogas para soportar el ritmo de trabajo al que le somete su empresa con jornadas extenuantes…. ¿Acaso eso se va a curar con psicoterapia? ¿No estamos responsabilizando a la persona cuando el responsable es un sistema que exprime a los trabajadores hasta el extremo para sacar el máximo beneficio posible destinado a llenar los bolsillos de unos pocos? ¿Es la persona la que tiene que curarse o es el sistema el que tiene que cambiar? ¿De verdad el papel del Estado es el de poner más médicos que traten a personas enfermas o es el de derogar la reforma laboral, nacionalizar eléctricas para que podamos encender la luz en casa, garantizar el acceso a una vivienda digna, permitir la conciliación laboral para que los hijos se críen acompañados de sus padres en lugar de pasar horas solos desde su más tierna infancia porque los padres trabajan larguísimas jornadas por un sueldo miserable para darles de comer? ¿Es ético decirle al trabajador, “cúrese”, “tome pastillas”, “vaya al psicólogo”, “el problema es suyo”…..en lugar de asumir que el problema es social, laboral, político…y como tal hay que darle solución no a través de la autoayuda, la motivación y los ansiolíticos sino a través de la lucha colectiva por los derechos de las clases trabajadoras?

En definitiva, no nos dejemos engañar: más profesionales en la sanidad pública, sí, pero también menos individualismo y más organización, menos ir al síntoma y más a la causa, menos “culpa” personal y más responsabilidad colectiva, menos diazepam y más redistribución de la riqueza.