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P. Recife

En el anterior artículo vimos como a las grandes farmacéuticas y a los estados que las amparan lo único que les preocupa es su cuenta corriente y dominación pero no la salud, no ya de la Humanidad en general, ni tan siquiera la de sus propios ciudadanos. La exigencia global pidiendo la liberación de las patentes aun continúa, a pesar de que el debate lleva ya mas de un año en primera línea en todos los foros internacionales1 y gobiernos afectados, en los que ha habido muchos gestos, buenas palabras, estupendas intenciones2 y ninguna medida real para solucionar el problema.

Como “primera” medida en enero de este año, varios países, entre ellos España, anunciaron a bombo y platillo que se comprometían a donar las vacunas que les fueran sobrando como gesto solidario y progresista. La realidad que no contaron es que las vacunas enviadas a terceros países estaban a punto de caducar (Suráfrica las envió a falta de dos días de su caducidad) y, peor aun, que a los países que llegaban esas dosis, no contaban ni con medios ni personal necesario para poderlas poner3.

En ese mismo mes, expertos virólogos, epidemiólogos, médicos y otros científicos profesionales, junto a organizaciones médicas solidarias y sin ánimo de lucro, que veían que el problema de la pandemia se iba a extender a nivel global en poco tiempo y afectar a millones de personas, como así ha sido, hicieron la petición -por diversos medios y a distintos organismos mundiales y gobiernos- de liberar las patentes de las vacunas para que se pudiera producir en todas partes y atajar la pandemia en un plazo más corto y más eficazmente.

 

Liberar las patentes en este caso supone compartir y transferir los conocimientos que se tienen sobre el virus y de cómo combatirlo; supone transferir a terceros la tecnología necesaria para la producción de las vacunas; supone ayudas masivas a terceros países para que puedan crear esos medios de producción y, supone crear las infraestructuras necesarias para crear las cadenas de suministro y vacunación.

Como esos expertos y organizaciones expusieron, poniendo el dedo en la llaga, en un documento fechado el 14 de diciembre de 2021, (aunque las voces ya se oían desde meses atrás), a todas las farmacéuticas: “Es evidente que ni la suya ni ninguna otra empresa puede producir todas las dosis necesarias de una vacuna eficaz y segura para vacunar a toda la población mundial. En consecuencia, el mundo necesita movilizar y mejorar la capacidad de producción disponible en todas partes para garantizar que se pueda fabricar y distribuir equitativamente el máximo número de dosis al precio más bajo posible en todos los rincones del mundo. Esto, a su vez, requiere que las empresas farmacéuticas compartan tecnología, conocimiento, material biológico y propiedad intelectual con otros productores calificados y que lo hagan rápidamente”.

En ese mismo documento4 estas organizaciones, académicos y expertos en salud terminan diciéndoles: “Su empresa se enfrenta a una elección. Puede defender el negocio como es habitual y negar a cientos de millones [de seres humanos] el acceso rápido a la vacuna, defendiendo el poder de su monopolio. O, en cambio, su empresa puede hacer frente al desafío que plantea la pandemia y comprometerse con una vacuna para la gente, haciendo lo necesario para garantizar el acceso a cualquier posible vacuna COVID-19 para todas las personas en todos los países”. Obviamente, y pasados ocho meses del escrito, la actuación de las multinacionales farmacéuticas ha sido la de cerrarse en banda en defensa de los intereses de sus respectivos oligopolios.

Los oligopolios farmacéuticos insisten en rechazar la exención de la propiedad intelectual de los fármacos para luchar contra la COVID-19. Tal es asi que Thomas Cueni, director general de la Federación Internacional de Asociaciones y Fabricantes de Productos Farmacéuticos (IFPMA) publicó un artículo de opinión en The New York Times5 en el que critica la propuesta de «exención de  los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC)” de los fármacos y herramientas para luchar contra la COVID-19 presentada por Sudáfrica e India. La iniciativa, que contó ya con el apoyo de 100 países en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC), plantea una suspensión temporal de ciertas obligaciones de propiedad intelectual farmacéuticas en la OMC. Cueni rechaza la exención y aboga por mantener los actuales monopolios liderados por la industria farmacéutica durante la pandemia.

No olvidemos que del total de todos los cientos de millones de dosis de las vacunas entregadas hasta ahora, los países ricos acumulan un 99,3%, los estados de ingresos medios solo han recibido un 0,0009% y los países en vías de desarrollo, ninguna. Y que según todos los expertos, la vacuna 100% eficaz es la que llega a todas las personas. Hasta que no esté la última persona protegida, no superaremos la pandemia de COVID-19.

Los argumentos que esgrimen las farmacéuticas (y Cueni en su artículo y en el momento actual, en plenas discusiones en la OMC sobre las que la industria trata de influir6 para no liberar las patentes con el apoyo mas o menos disimulado de sus respectivos Gobiernos) se desmontan por sí solos. Básicamente son estos7:

La ‘amenaza’ para a la innovación médica

Se afirma que “[la suspensión de las patentes] pondría en peligro la innovación médica futura, haciéndonos más vulnerables a otras enfermedades”. Si algo nos ha demostrado esta pandemia es que es posible acelerar la investigación y el desarrollo (I + D) impulsados, sobre todo, por las necesidades de salud pública y la financiación pública. A este respecto Médicos sin fronteras puntualiza: “[…] ha habido ejemplos muy visibles durante esta pandemia en los que el ejercicio de los derechos de propiedad intelectual por parte de las empresas farmacéuticas «como si aquí no pasara nada» ha impedido la disponibilidad y el acceso a herramientas médicas necesarias. Y nuestra propia experiencia como organización médico-humanitaria muestra cómo el actual sistema de propiedad intelectual no logra ofrecer innovación a las personas que más la necesitan”.

Las ganancias de la industria no se invierten en nuevas investigaciones

La industria farmacéutica disfruta de algunos de los mayores márgenes de beneficio del mundo, incluso superando a las industrias del petróleo y del gas. Aunque las corporaciones argumentan que las ganancias obtenidas a través de monopolios respaldados por propiedad intelectual son necesarias para recuperar la inversión en I + D y promover futuras investigaciones, son muchos los estudios que han demostrado que las empresas farmacéuticas destinan sus ganancias en mayor medida a marketing, recompra de acciones y reparto de dividendos y de generosos paquetes salariales a los ejecutivos de la empresa.

La industria abusa del sistema de patentes para obtener mayores ganancias

Para maximizar las ganancias, los grandes oligopolios farmacéuticos llevan mucho tiempo presionando para que los estándares de propiedad intelectual sean más flexibles para adquirir y prolongar los monopolios. Muchas grandes compañías viven de las ganancias obtenidas de las patentes de medicamentos que tienen décadas y cuyo monopolio se perpetúan usando una práctica conocida comoevergreening8. Al mismo tiempo, han impulsado una aplicación más estricta de los monopolios adquiridos, de modo que puedan explotar y asegurar más derechos privados a costa de los beneficios para la sociedad; en el caso de los medicamentos, este coste se cuenta en vidas.

La industria altera el equilibrio entre recompensar la innovación y beneficiar a la sociedad

El modus operandi de la industria farmacéutica ha alterado el equilibrio del sistema de patentes, que fue concebido para recompensar la innovación por un lado y asegurar los beneficios de esa innovación para la sociedad por el otro. Las grandes farmacéuticas tienen un solo interés en el sistema de patentes y es el de  usarlo como una estrategia comercial para bloquear la competencia y mantener los precios elevados. Esto ha provocado un espectacular aumento de los costes sanitarios en todo el mundo. Este fallo sistémico ha sido claramente documentado por numerosas instituciones, Naciones Unidas entre ellas, aunque sigue siendo negado por las grandes corporaciones. Si la IFPMA quiere hablar de la “erosión” del sistema de patentes, este es el lugar para comenzar la investigación.

El papel del sector público en la innovación médica

Cueni reconoce el apoyo gubernamental a la investigación, pero afirma que “los gobiernos no tienen ni el dinero ni la tolerancia al riesgo para asumir el papel de las empresas” y que “dirigir los laboratorios gubernamentales para fabricar medicamentos politizaría el desarrollo de fármacos”. Sin embargo, irónicamente, en esta pandemia, son de hecho los gobiernos a quienes la industria farmacéutica ha empujado para asumir el riesgo y las responsabilidades de desarrollar y proporcionar los productos médicos COVID-19. Por supuesto, esta protección contra la responsabilidad se suma a que la industria farmacéutica recibe una financiación pública masiva y un apoyo regulatorio para acelerar el proceso de desarrollo.

Una distribución justa de los nuevos productos COVID-19

Si las grandes farmacéuticas realmente hubieran abrazado el principio de garantizar un acceso equitativo y oportuno para todos, para empezar, nunca deberían haber alcanzado ninguno de los acuerdos bilaterales de compra anticipada de vacunas y medicamentos COVID-19 con países más ricos. Deberían haber publicado sus acuerdos de licencia en aras de la transparencia y la rendición de cuentas. Tendrían que haber llevado a cabo acciones concretas para compartir abiertamente todas las tecnologías y la propiedad intelectual para facilitar la máxima diversidad de producción y suministro a nivel mundial. Nada de esto ha sucedido. En cambio, las corporaciones se han apresurado a cerrar contratos con los estados ricos y ni siquiera pueden cumplir con todas las demandas. El resultado es que millones de personas quedan ahora al final de la fila de vacunas y medicamentos contra la COVID-19.

Por qué es importante la exención global de propiedad intelectual

Una vez mas es la pugna de lo privado y lo público, entre el poder corporativo y la salud pública, y solo una solución política que defienda firmemente lo público, resolverá esta contienda. La propuesta de suspensión de las patentes para COVID-19 brinda exactamente esa oportunidad para una resolución legal y política como primer paso.

La suspensión temporal de la propiedad intelectual y los monopolios no resolverá, de forma aislada, todos los desafíos del acceso mientras tengamos un mundo globalizado en el que imperialismo y los grandes monopolios tengan el poder no resolverá todos los desafíos del acceso. Los retos aun van mas allá, pues además de lo expuesto, en los lugares con catástrofes naturales (Haití), el desplazamiento incontrolado de millares de refugiados o conflictos bélicos alimentados por otras corporaciones y monopolios y sus respectivos gobiernos imperialistas (Afganistán, Siria, Yemen, Sudán, Sahel, Sáhara, Mozambique, etc), dificultan aun mas que la vacuna pueda llegar a todos los sitios.

Es muy preocupante que los oligopolios farmacéuticos estén acumulando silenciosamente patentes y propiedad intelectual que podrían hacer –y seguro que lo harán- cumplir una vez que disminuya la atención pública sobre el COVID-19. La exención también señala una dirección clara y coherente a las oficinas de patentes y los tribunales sobre cómo ver la concesión y el cumplimiento de la propiedad intelectual en medio de una emergencia de salud pública, y evita la posibilidad de disputas que podrían retrasar la fabricación y el suministro locales.

Mientras los casos de COVID-19 continúan aumentando en todo el mundo, ni los gobiernos ni la ciudadanía deben dejarse engañar por esta demostración poco convincente de humanidad por parte de la industria farmacéutica. Este es simplemente un nuevo episodio de la misma crisis de acceso, provocada por los mismos factores estructurales, sistémicos que venimos padeciendo una y otra vez.

La propuesta de suspensión en la OMC es una oportunidad para tomar acciones concretas si de verdad se quieren hacer las cosas bien; que ayuden a prevenir la trágica repetición de los errores del pasado en lo que respecta al acceso a tratamientos vitales. Al mismo tiempo, el debate actual brinda una oportunidad para mirar más allá del paradigma habitual de la innovación biomédica y trabajar hacia la construcción de un sistema de innovación médica más justo, equitativo, transparente y responsable que realmente satisfaga las necesidades de salud pública. Y eso el capitalismo no lo hará nunca.

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NOTAS

1 El G7 acuerda donar 870 millones de vacunas, la mitad antes de que acabe el año, eldiario.es, https://www.eldiario.es/internacional/g7-compromete-donar-870-millones-vacunas-mitad-acabe-ano_1_8033648.html
2 “El repentino apoyo de Biden a la suspensión de las patentes de las vacunas abre la puerta a una reacción mundial”, Público, https://www.publico.es/internacional/repentino-apoyo-biden-suspension-patentes.html
3 “Las donaciones de los países ricos olvidan que las vacunas no se ponen solas”, el diario.es, https://www.eldiario.es/sociedad/donaciones-vacunas-olvidan-no-ponen-solas_1_7855106.html
4 “Hola, farmacéuticas: queremos saber vuestros planes (secretos) sobre la vacuna de la COVID-19”, https://www.msf.es/actualidad/hola-farmaceuticas-queremos-saber-vuestros-planes-secretos-la-vacuna-la-covid-19
5 “The Risk in Suspending Vaccine Patent Rules”, The New York Times, https://www.nytimes.com/2020/12/10/opinion/coronavirus-vaccine-patents.html
6 “El ‘lobby’ de las farmacéuticas presiona a la UE para que rechace la supresión de las patentes de las vacunas de la covid”, Público, https://www.publico.es/sociedad/lobby-farmaceuticas-presiona-ue-rechace-supresion-patentes-vacunas-covid.html
7 Basado en un informe publicado por Médicos sin fronteras
8 Evergreening es una praxis por la cual las farmacéuticas realizan modificaciones menores a medicamentos existentes para extender sus monopolios de patentes durante varios años más