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Agustín Bagauda

El primero de enero de 1959 triunfaba, con las armas en la mano, la revolución en Cuba. Batista caía bajo el empuje de las fuerzas revolucionarias, que cortaban las cadenas que uncían a Cuba al carro del imperialismo yanqui.

Ese triunfo, que lo era también de los pueblos hermanos de América Latina y el Caribe (y del mundo entero), suponía un mazazo al ejercicio de dominación yanqui en esas longitudes, y un ejercicio de dignidad popular tomando cuerpo el principio de autodeterminación de los pueblos. Los nuevos gobierno y estado revolucionarios pusieron en marcha toda una serie de políticas y medidas en beneficio de los trabajadores y el pueblo cubano: reforma agraria, nacionalización de las empresas estadounidenses, sanidad, educación, seguridad social,…
Desde entonces, el imperialismo yanqui no ha parado de actuar, de mil y una formas, contra la revolución cubana, contra el gobierno revolucionario, para echarlos abajo, para poner de nuevo el yugo de la opresión, extorsión y explotación al cuello del heroico pueblo cubano. Desde varios intentos de magnicidio y ejecución de atentados terroristas al boicot económico y campaña difamatorias, pasando por Bahía Cochinos.


En la primera quincena del pasado julio, bajo la consigna “Patria y vida” (en oposición a la revolucionaria “Patria o muerte”), tenían lugar en varias ciudades de Cuba manifestaciones de protesta contra el gobierno cubano. “Curiosamente”, al mismo tiempo y bajo el mismo lema, se produjeron también en Miami. Las manifestaciones fueron orquestadas por el gringo a través de agentes a sueldo, que utilizó la situación de pandemia y sus consecuencias y los problemas reales del pueblo cubano (carencia de alimentos, medicinas, cortes de electricidad,…) para movilizarlo a modo de ariete contra el Gobierno y el sistema cubanos. Esa problemática deriva, en gran parte, del bloqueo económico que EEUU lleva imponiendo a la isla durante décadas (1): … en lo fundamental, esas carencias objetivas, tienen relación directa con el bloqueo económico que se le ha impuesto a Cuba, que no le permite desarrollar un intercambio económico y comercial justo con otros países, mediante el cual pueda vender, y adquirir, bienes y servicios que dinamicen su economía (2).
Un mes antes, concretamente el 23 de junio, la inmensa mayoría de los miembros de la ONU pidieron una vez más a EEUU el levantamiento del criminal bloqueo. Los yanquis, ya con nuevo presidente, no solo lo han mantenido sino también las 243 medidas coercitivas adicionales que D. Trump implementó durante la pandemia para asfixiar al pueblo cubano y a su gobierno, que afectan a la compra de medicamentos y alimentos. Y esto cuando, en abril de 2020, relatores especiales de la ONU señalaron que en la actual situación de crisis del Covid-19 la falta de voluntad del gobierno de Estados Unidos para suspender las sanciones puede conducir a un mayor riesgo de sufrimiento en Cuba. Precisamente eso es lo que buscan, un mayor sufrimiento del pueblo cubano que lleve, por desesperación, a determinados sectores a abrazar propuestas secesionistas.
EEUU y su actual presidente promueven las privaciones y sufrimiento del pueblo cubano a fin de utilizarlas vilmente para abrir una brecha en la revolución. Eso sí, cínica retórica que no falte: Apoyamos al pueblo cubano (Biden dixit).
No obstante, es preciso apuntar que Esas necesidades insatisfechas que se expresan en la inconformidad de apreciables sectores de las masas son, también, resultado de las concepciones y políticas del gobierno (2). Son consecuencia de las deficiencias de la revolución cubana, que en su día asumió, equivocadamente, la teoría de las “Ventajas comparativas”, obviando, en buena medida, el principio comunista de “Basarse en sus propias fuerzas”. Así, centró su economía en la especialización en aquella producción (y exportación), como el monocultivo, de la que tenían grandes recursos y con costes más bajos, y en la importación de bienes que, a priori, carecían o suponían costes más elevados de producción. En gran parte en esto se basaba la relación comercial (la más importante) que mantenía con la extinta URSS y que, de facto, suponía una relación de dependencia económica respecto a ésta (3). La dependencia siempre es mala compañera (4). Ésta limitó, cuando no imposibilitó, el desarrollo económico autónomo e integral de Cuba, con los consiguientes problemas. Limitación y problemas que se manifestaron con toda su crudeza en 1990-91 con el colapso y desaparición de la URSS, que fue un duro golpe para Cuba y su economía y que a día de hoy aún se observa (5), y les ha “empujado” a llevar a cabo una serie de medidas y políticas económicas que ha abierto las puertas a la empresa y capital privados.
Esas deficiencias, o debilidades, deben ser superadas para consolidar y desarrollar las conquistas y triunfos de la revolución (vital para el pueblo cubano, pero fundamental también para los pueblos de Latinoamérica y del resto del mundo) y para avanzar hacia la única alternativa que garantiza la independencia y la satisfacción de los intereses y necesidades de los trabajadores y de los pueblos: el socialismo.
Dicho esto, hay que tener en cuenta que las citadas manifestaciones se dieron en un contexto internacional de dura pugna interimperialista, cada vez más acentuada (fundamentalmente entre EEUU y China); con una agudización, también, de la contradicción entre el imperialismo y los pueblos, y auge en los últimos años del fascismo internacional. Amén de que EEUU redobla la presión sobre lo que considera su “patio trasero” (A. Latina) y arrecia, como estamos viendo, su agresión contrarrevolucionaria contra Cuba.
En este contexto reviste gran transcendencia el apoyo al pueblo cubano, a su revolución, a su proyecto antiimperialista y la consigna de autodeterminación de los pueblos. Cuba es uno de los principales, si no el principal, puntales antiimperialistas; una barricada contra el imperialismo hegemónico y más agresivo, el yanqui, especialmente en A. Latina y el Caribe. Y todo lo que debilita al imperialismo favorece al proletariado.
Nos sumamos a la declaración de la CIPOML que reitera su firme rechazo al bloqueo económico que por 60 años ha mantenido el imperialismo norteamericano contra Cuba, así como las políticas de embargo; al tiempo que apoya de manera categórica el derecho que tiene su pueblo a la protesta social, a la lucha por sus intereses y derechos, así como a la autodeterminación, decidir su propio régimen político y social sin presiones ni imposiciones extranjeras de ningún tipo (2). ¡Hasta la victoria, siempre!


Notas:
(1) Según declaraciones del Canciller cubano en la ONU (junio 2021), hasta diciembre del 2020 dicho bloqueo había supuesto una pérdida de 144.413 millones de dólares.
(2) “Rechazamos el bloqueo económico y la injerencia imperialista en Cuba, respaldamos el derecho del pueblo a su autodeterminación” (16 de julio de 2021), Declaración del Comité Coordinador de la CIPOML.
(3) Fernando R. Funes-Monzote (“Cuba hacia la ruptura del monocultivo”, noviembre 2009) señala, en lo referente a la agricultura, que Entre 1960 y 1990 la agricultura cubana se caracterizó por el empleo de tecnologías de producción intensivas, especializadas y dependientes de altos insumos externos. Y más adelante: El modelo convencional alcanzó incrementos sustanciales (…), pero al costo de altos niveles de insumos adquiridos a precios subsidiados. A cambio, Cuba exportaba a los países socialistas de Europa del Este materias primas y productos agrícolas a precios preferenciales. En un inicio esta situación podría resultar favorable para la agricultura cubana, con un acceso casi ilimitado a tecnología y recursos, así como a energía y capital en forma de subsidios (…). Sin embargo, creó una enorme dependencia con serias consecuencias en términos de inseguridad alimentaria, que se manifestó dramáticamente a inicios de la crisis de los noventa, cuando se demostró la alta fragilidad e ineficiencia del modelo.
(4) Me viene a la memoria lo ocurrido con la nación indígena Siux. En los tratados de 1851 y 1868 la nación indígena otorgó concesiones a Estados Unidos que dieron carácter legal a una dependencia económica que iba en aumento (…). En las llanuras los siux abandonaron gradualmente la agricultura y se volcaron enteramente en la caza del búfalo para su subsistencia y para el comercio. Esta creciente dependencia del búfalo significó, a su vez, una mayor dependencia de las armas y municiones, que había que comprar con más pieles: un círculo vicioso que caracterizó al colonialismo moderno. (…). Para 1868 (…) su dependencia del búfalo y el comercio permitió el aumento del control federal [de EEUU] cuando el búfalo fue exterminado deliberadamente por el Ejército entre 1870 y 1876. De ahí en adelante, la lucha de los siux fue por la supervivencia (R. Dunbar-Ortiz, La historia indígena de Estados Unidos, ed. Capitán Swing, 2018, pp. 247 y 248).
(5) Los cálculos en dólares del nivel de capital físico (…), ponen de relieve la descapitalización que viene experimentado la economía cubana. El valor del capital físico ha disminuido de manera continuada desde los años 90 (…). Desde 1990 hasta 2005 disminuyó en promedio 2,5 por ciento cada año. De 2006 hasta 2014 la tasa de disminución se redujo a 0,7 por ciento. En 2014 el valor en dólares corrientes del capital físico era 37 por ciento menor que en 1989 (Pavel Vidal, “Cuba: la descapitalización y las crisis financieras cíclicas”, 2/05/18, cubayeconomia.blogspot.com).
En el mismo blog y sentido, Mañalich Gálvez y Pérez Abreu resumen: La industria manufacturera cubana muestra en las últimas décadas un patrón de contracción de su aporte global, a la vez que mantiene una estructura productiva con mayor presencia de actividades de bajo valor agregado y poco intensivas en conocimiento. Esta situación es reflejo del atraso tecnológico del aparato productivo nacional, cuya confirmación está en la marcada tendencia a la desindustrialización, la descapitalización y obsolescencia tecnológica (“Industria, competitividad e innovación: desafíos para Cuba”, 20 julio 2018).
Paolo Spadoni (“Enfrentando problemas sistémicos y un triple golpe: la economía cubana a principios de 2021”, febrero de 2021), en ese blog, apunta que (…) el país sigue dependiendo de grandes cantidades de importaciones-- principalmente combustibles, alimentos, maquinaria y equipo y productos manufacturados-- para complementar la insuficiente producción nacional y aliviar las necesidades de su sociedad; (…) en 2019 la producción de la industria manufacturera fue solo el 70% de su nivel de 1989.