J.P. Galindo

Todas las fórmulas aplicadas para tratar de contener la descomposición política, económica y social del Régimen del 78 se muestran incapaces de enderezar un rumbo de colisión cada vez más evidente: la alianza monarco-burguesa no puede mantener sus crecientes privilegios de clase y, al mismo tiempo, garantizar unas mínimas condiciones dignas de vida para las clases trabajadoras del país.

Sin embargo (y esto es un dato fundamental), las clases trabajadoras y populares no sólo parecen lejos de reaccionar ante esto inclinándose hacia posturas revolucionarias, sino que su desengaño y decepción hacia el modelo impuesto de vida capitalista se canalizan hacia posiciones conservadoras, reaccionarias e incluso abiertamente fascistas en muchos casos. Esto demuestra dos cosas: el grado de influencia ideológica que ejercen actualmente las clases dominantes sobre el proletariado, y el grado de desconexión que éste sufre actualmente respecto a las organizaciones de su propia clase social.

 

No obstante, el camino hacia la Revolución debe comenzar a andarse más pronto que tarde, por mucho que en este momento se presente ante nosotros largo y lleno de rodeos. En ese sentido, nuestro Partido ha señalado la lucha por la Tercera República como la guía para iniciar ese camino partiendo de la realidad material del momento, siendo plenamente conscientes de que esta lucha no será la definitiva para la emancipación de las clases trabajadoras de nuestro país, sino el necesario motor de arranque de la verdadera lucha de clases y hacia la República Popular y Federativa.

El Régimen del 78 tiene unas características propias y originales, nacidas de nuestra historia particular a lo largo del último siglo, que imprimen a la alianza monarco-burguesa española una naturaleza reaccionaria endémica. Esa alianza está basada, primero, en el aplastamiento de las fuerzas democrático-populares en la guerra de 1936-39 (mientras que en otras monarquías europeas se fraguó precisamente en la defensa de la democracia burguesa contra el nazi-fascismo), y más tarde en la “generosa concesión” de libertades constitucionales por parte de la oligarquía franquista, encabezada por la propia casa real, en la denominada Transición.

Esto hace de la Monarquía española el punto de confluencia de la burguesía más reaccionaria del país (incluida la que se disfraza de “socialista”, como la del PSOE), ya que ambas fuerzas se apoyan mutuamente en la explotación y la represión más descarnada de las clases trabajadoras. Por eso, sacar a la luz la verdadera naturaleza del Régimen del 78, exponiendo la imposibilidad de cualquier avance democrático y popular en el marco constitucional vigente es el paso fundamental e inevitable para comenzar el camino hacia la transformación revolucionaria de nuestra sociedad; para deslindar los campos de la burguesía reaccionaria y de la pequeña burguesía progresista (igualmente perjudicada por la oligarquía monarco-burguesa), con la que el proletariado deberá contar como aliada en sus primeros pasos en la lucha de clases.

Lenin explicó una y otra vez, demostrando después lo acertado de sus reflexiones, que en la ciencia de la revolución no hay atajos, sino que cada avance está precedido por múltiples titubeos, pasos en falso e incluso retrocesos aparentes. Quienes pretenden hoy presentar la revolución en España como un camino recto, se engañan o pretenden engañar al proletariado.

Por ello, la constitución y el desarrollo de Asambleas Republicanas en cada municipio, en cada distrito y en cada centro de estudio o trabajo, como proclama el Partido Comunista de España (marxista-leninista), es tan importante. Porque crean un punto de encuentro desde distintas críticas a un mismo modelo político para, más tarde, orientar esas críticas hacia aspectos más profundos y complejos, más radicales, siendo ésta una tarea mucho más sencilla una vez establecidas unas bases comunes.

Para poder pasar al ataque bajo la bandera roja del proletariado, necesitamos reagrupar primero a las fuerzas populares bajo la bandera tricolor; una bandera históricamente consagrada como el símbolo del cambio de modelo social, democrático y territorial del país. Con ello, los marxista-leninistas no estamos aplazando la revolución sino que, con Lenin, decimos: “no la aplazamos, sino que damos el primer paso hacia la misma por el único procedimiento posible, por la única senda certera, a saber: por la senda de la república democrática. Quien quiera ir al socialismo por otro camino que no sea el del democratismo político, llegará infaliblemente a conclusiones absurdas y reaccionarias, tanto en el sentido económico como en el político. Si en un momento determinado tales o cuales obreros nos preguntan por qué no hemos de realizar nuestro programa máximo, les contestaremos indicándoles cuán ajenas son aún al socialismo las masas del pueblo, impregnadas de un estado de espíritu democrático, cuán poco desarrolladas se hallan aún las contradicciones de clase, cuán desorganizados están aún los proletarios.” (V. I. Lenin, Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática.)

¡Por la Tercera República! ¡Por la República Popular y Federativa! ¡Adelante hacia el socialismo!