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J. Romero

“...El nuevo imperialismo, se distingue del viejo, primero, en que, en vez de las aspiraciones de un solo imperio creciente, sostiene la teoría y la práctica de imperios rivales, guiado cada uno de ellos por idénticos apetitos de expansión política y de beneficio comercial; segundo, en que los intereses financieros o relativos a la inversión de capital predominan sobre los comerciales...”Lenin “El Imperialismo fase superior del capitalismo”. Ed PCMLE 

            Esta cita del libro “El Imperialismo” del autor inglés Hobson es recogida por Lenin en “El imperialismo fase superior del capitalismo”. Lenin, que en esta obra caracteriza magistralmente desde un punto de vista marxista la nueva etapa del capitalismo agonizante, acomete contra la degeneración social choivinista de los revisionistas de su época, que embellecían el carácter depredador y violento del capitalismo, creando falsas ilusiones sobre la competencia pacífica entre las potencias en un “ultraimperialismo” que anticipara su auto superación. En relación a esas fantasías idealistas, escribe: “...Vemos que Kautsky, que pretende continuar defendiedo el marxismo, en realidad da un paso atrás con relación al social liberal Hobson, el cual tiene en cuenta con más acierto que él, las dos particularidades histórico concretas del imperialismo contemporáneo: 1) concurrencia de varios imperialismos; 2) predominio del financiero sobre el comercial...”.

            Y añade: “...Lo esencial consiste en que Kautsky separa la política del imperialismo de su economía, hablando de las anexiones como una política “preferida” por el capital financiero y oponiendo a la misma otra política burguesa posible, según él, sobre la misma base del capital financiero.

Resulta que (para Kautsky) los monopolios en la economía son compatibles con el modo de obrar no monopolista, no violento, no anexionista en política. Resulta que el reparto territorial del mundo, terminado precisamente en la época del capital financiero y que constituye la base del carácter particular de las formas actuales de rivalidad entre los más grandes estados capitalistas, es compatible con una politica no imperialista. Resulta que de este modo se disimulan, se atenúan las contradicciones más radicales de la fase actual del capitalismo en vez de ponerlas al descubierto en toda su profundidad; resulta un reformismo burgués en lugar del marxismo...” (Resalto en negrita las partes del texto de Lenin que permiten comparar mejor la tendencia del oportunismo de entonces con el actual).

            Nuestro partido siempre combatió el carácter socialimperilalista de la política exterior de la URSS revisionista; entonces teníamos enfrente a los viejos partidos revisionistas que defendían con virulencia la tesis de las vías nacionales al socialismo y justificaban la alianza chovinista de los dirigentes revisionistas con todo tipo de corrientes populistas que contribuyó a debilitar el campo del sociallismo.

            A partir de la implosión de la URSS, traicionada desde dentro por la camarilla en la que se formaron los Yeltsin, Putin y gran parte de la actual mafia oligárquica que controla el poder en Rusia y en los estados que surgieron tras su destrucción, los revisionistas, lejos de abandonar su apoyo a las tesis del oportunismo chovinista, han redoblado sus esfuerzos por presentar como avanzada y progresista la política de algunas de las potencias imperialistas más agresivas y han dado un paso más: antaño rechazaban la política de China, un país formalmente “socialista” y “rival” de la URSS, que ya se preparaba para el salto al Capitalismo Monopolista de Estado (bien es verdad que su oposición tenía como única intención el defender a la dirección del PCUS de las críticas formales de los dirigentes chinos que les acusaban de revisionistas); hoy, sin embargo han extendido a la potencia imperialista china su apoyo explícito en su lucha contra el “imperiallismo Occidental”.

            No hay límites en este afan de los revisionistas por justificar su política social chovinista complaciente con un imperialismo frente a otro. En su ansia de lacayos de la burguesía lo justiifican todo: desde las guerras de anexión de los imperialistas “buenos”, hasta la penetración financiera de estos en los países dependientes para colocarlos bajo su férula política, la actividad de sus “ejércitos” privados en los “patios traseros” donde se dirime de hecho la guerra interimperialista, etc.

            Cuando es necesario (a menudo) y para embellecer al imperialismo amigo, se callan las contradicciones más evidentes: que existan ejércitos privados al servicio de sus intereses económicos y políticos, que estos intenten un golpe de estado contra el gobierno cuyos intereses amparan; que estados ultrareaccionarios que son el motor de guerras y conflictos causantes de cientos de miles de víctimas inocentes y que han sido aliados firmes (y siguen siéndolo) del brutal imperialismo yanqui durante décadas, como Arabia Saudí, den pasos hacia las tesis del otro campo imperialista para seguir una via propia de expansión para su capital financiero; incluso, como luego veremos, defender sin parpadear ni sonrojarse la política del bloque imperialista “occidental” al tiempo que alaban los intentos de sus rivales “orientales” por crear lo que cínicamente llaman un mundo “multipolar” más “justo”. Como señalaba Lenin en la cita de arriba, para ellos, como para Kautsky: “los monopolios en la economía son compatibles con el modo de obrar no monopolista, no violento, no anexionista en política”.

            Lenin escribió su libro sobre el imperialismo hace más de un siglo (1916), cuando aún no se había llevado a cabo la primera revolución sociallista de la historia dirigida por él, y Europa se desangraba en una cruel guerra en la que se dirimían los intereses de las principales potencias de entonces; una carnicería cuya conclusión fue solo una tregua que daría paso al más brutal enfrentamiento de la historia de la humanidad: la II Guerra Mundial. Desde entonces, los historiadores burgueses solo reconocen un largo periodo de paz entre las grandes potencias imperialistas, sujetas al orden impuesto por la potencia que salió reforzada de la II Guerra Mundial, EEUU, cuya política se impuso al resto para regular las relaciones entre ellas y repartirse el mundo; un imperialismo brutal que ha mantenido “el orden” con mano de hierro; una potencia imperialista en declive que, sin embargo, tiene el mayor presupuesto militar del planeta, muy por delante de sus competidores, dispuesta a mantener a toda costa su poder sobre el resto.

            Pero esa paz siempre fue relativa; a lo largo de los años se han sucedido decenas de conflictos que han hecho desaparecer países, han cambiado los mapas, destrozado economías y provocado guerras que acabaron con la vida de millones de personas: golpes de Estado, invasiones y ocupaciones militares, ataques criminales contra Estados independientes con le escusa de luchar contra el terrorismo, etc. Solo la burguesía y sus acólitos hablan de paz cuando se trata de la política imperialista.

Sobre el BRICS.-

            “...Lo que caracterizaba al viejo capitalismo,,,era la exportación de mercancías. Lo que caracteriza al capitalismo moderno, en el que impera el monopolio, es la exportación de capital...el desarrollo desigual, a saltos, de distintas empresas y ramas de la industria y de distintos países, es inevitable bajo el capitalismo...mientras el capitalismo es capitalismo, el exceso de capital no se consagra a la elevación del nivel de vida de las masas en un país determinado, ya que esto significaría la disminución de las ganancias de los capitalistas, sino al acrecentamiento de estos beneficios mediante la exportación de capital al extranjero, a los países atrasados. En estos países atrasados el beneficio es ordinariameente elevado, pues los capitales son escasos, el precio de la tierra es relativamente poco considerable, los salarios bajos, las materias primas baratas...” Lenin Ibidem páginas 76 y 77

            El revisionismo no distingue (nunca lo ha hecho) las tendencias en los cambios que se producen en las distintas formaciones sociales y económicas que iban surgiendo conforme el capitalismo ha ido desarrollándose, porque han renunciado al análisis marxista y a su objetivo revolucionario. El revisionismo es una ideología burguesa que parte de la idea de que el modo de producción capitalista es mejorable pero no superable; por eso sus conclusiones están absolutamente desenfocadas.

            Los comunistas sabemos que en un régimen socialista (como el de la URSS de Lenin y Stalin) la economía no solo está centralizada, sino socialmente controlada; pero no está al margen del mundo. Entre tanto la revolución no haya alcanzado al conjunto del planeta o, al menos, a los estados más desarrollados, el Estado proletario necesariamente deberá mantener relaciones comerciales y financieras con otros países capitalistas, incluídas, claro está, las grandes potencias imperialistas, económica y políticamente hostiles. Pero eso no quiere decir que las relaciones con aquellos países no desarrollados se establezcan sobre la base de obtener su control económico o político, ni que actúe obviando la naturaleza depredadora del capitalismo.

           

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            No quiere decir tampoco que, en las condiciones actuales, amparados en esa interconexión entre las distintas economías, cualquier política enfrentada a la política del Estado yanqui sea justificable por esa única razón. En la actualidad, las economías capitalistas están profundamente interrelacionadas, quien domine los mecanismos y organismos que regulan esas relaciones y facilitan las inversiones podrá favorecer, como hasta ahora ha hecho EEUU, la expansión de su capital y controlar la economía de otras naciones y regiones económicas. Por ese motivo, lo que antes era un avance silencioso del capitalismo de estado chino ha pasado a ser una pelea encarnizada con EEUU por el control de las áreas de influencia y de los organismos y mecanismos que regulan las relaciones interimperialistas. Hoy, la pelea entre los estados imperialistas que dominan el mundo ha dado un salto cualitativo: los movimientos financieros tienen alcance global y están marcados por los intentos de China de disputar las areas hasta ahora controladas por otras potencias imperialistas y limitar el control de EEUU y su moneda, el dólar, en el movimiento internacional de capital, por un lado; y por la política de EEUU dirigida a mantener el statu quo actual a toda costa, por el otro.      

            El denominado BRICS (acrónimo de los países que lo componen: Brasil, Rusia, India, China y, a partir de 2010, Sudáfrica) desde el principio ha tenido para China el interés de ayudar a crear un “contrapoder” frente al imperialismo yanqui. A pesar de sus profundas contradicciones internas, de las que luego hablaré, este foro sirve a China y Rusia para intentar delimitar poco a poco un nuevo bloque en la pelea interimperialista por el reparto del mundo, frente al constituído por el “occidental” encabezado por EEUU.

            Los responsales de las dos potencias imperialistas abanderadas de los BRICS tampoco ocultan sus intenciones; el pasado mes de marzo se celebró una entrevista entre XI JinPing y Putin en la que el lider chino dijo al despedirse: “Se están produciendo cambios que no hemos visto en cien años y somos nosotros quienes los estamos liderando juntos”.

            Quizá por el pasado o por el disfraz “socialista” de estos Estados, los revisionistas se han convertido en sus propagandistas y repiten a quien quiera oirles las monsergas sobre el altruismo de su política, el carácter pacífico de sus inversiones y la posibilidad bienaventurada de un nuevo orden “multipolar” que acabaría con las contradicciones internas de la economía imperialista y en cuya gestación ocupa un lugar prominente el BRICS en la medida en la que, según ellos, está sirviendo para atraer nuevos estados hacia una alternativa “humanista” a los distintos organismos (OCDE, FMI, G20, etc) que regulan las relaciones interimperialistas de la época del dominio yanqui. Veamos pues, qué carácter de clase tienen y qué política realizan las dos potencias aliadas: China y Rusia.

            A la hora de analizar las relaciones económicas y políticas entre los Estados, los marxistas leninistas nos guiamos siempre por un criterio de clase: una economía socialista, como señalo más arriba, no solo está centralizada, sino también socialmente controlada por el pueblo y, por tanto, en ella la iniciativa privada está restringida a la pequeña producción y distribución local. Por eso, a la hora de tratar sobre las relaciones económicas y políticas entre los países en un momento tan confuso como el actual, comparar la política de la URSS en vida de Stalin con la del revisionismo que le siguió, y, menos aún, con la del emporio gansteril que hoy controla el Estado ruso y el de los países surgidos de la implosión de aquella, es una traición al marxismo que ayuda a mantener la confusión.

            A la muerte de Stalin, la economía de la URSS siguió siendo formalmente “socialista” en la medida en la que existía una economía centralizada y la mayor parte de las empresas eran formalmente propiedad del Estado, aunque la economia sumergida y el robo del producto social por la casta que controlaba la actividad de las empresas estatales y las instituciones del Estado fueran paulatinamente creciendo conforme se debilitó el control social, hasta llegar a la desaparición de la URSS y el reparto de la propiedad colectiva entre los ganster que hoy controlan esos Estados. Hoy, el proletariado ruso está sometido a uno de los más feroces sistemas de explotación capitalista; de la heróica experiencia de la Unión Soviética únicamente queda el recuerdo que hábilmente utiliza la camarilla dirigente encabezada por Putin cuando le interesa para justificar su política agresiva.

           

           

China.-

           

                “El Partido Comunista de China ya en los primeros pasos de su actividad, manifestó tendencias abiertamente nacionalistas y chovinistas, las cuales, como demuestran los hechos, tampoco pudieron ser erradicadas en los periodos posteriores. Li Da-Chao, uno de los fundadores del PCCh decía: “Los europeos piensan que el mundo pertenece exclusivamente a los blancos y que estos constituyen la clase superior, mientras que los pueblos de color la clase inferior. El pueblo chino debe estar dispuesto a desarrollar una lucha de clases contra las otras razas del mundo , en el curso de la cual manifestarán una vez más sus propias pecularidades nacionales”. Con estas concepciones se modeló desde un comienzo el PC de China” E. Hoxha “El Imperialismo y la Revolución”. Ed. Cuestión, Página 453.

            En el caso de China, nunca existió una economía socialista. Su partido comunista, prácticamente desde el principio, “adaptó” el marxismo a una particular ideología que los dirigentes chinos denominaron “pensamiento Mao-Tse Tung”. El confuso galimatías idealista de ese pensamiento pasó inicialmente inadvertido cuando el revisionismo moderno se hizo con el control del PCUS, por cuanto el partido chino se presentó como abanderado de los núcleos ml que surgían en los viejos partidos y rechazaban la podrida ideología de los Jruchev y cia. Poco tardó en verse la verdadera catadura de la “Via china al socialismo”.

            En su libro, “El imperialismo y la revolución” Enver Hoxha recoge esta cita que orienta sobre el carácter idealista y pequeño burgués del denominado “pensamiento MaoTse Tung”: “...Aunque hoy todos los ultrareaccionarios del mundo son ultrareaccionarios y lo serán mañana y pasado mañana, no pueden serlo eternamente; al final cambiaran...los ultrareaccionarios, en esencia, son testarudos, pero no inmutables...ocurre que los ultrareaccionarios cambian para bien...reconocen sus errores y se ponen en el camino justo...” Mao Tse Tung. Obras escogidas.Edición albanesa, T3, pag 239

            El camarada Enver Hoxa añadía: “partiendo de tales concepciones antimarxistas, según las cuales los enemigos de clase con el paso del tiempo se enmiendan, ha predicado (el PCCh) la conciliación de clase con ellos, y ha permitido que continúen enriqueciéndose, explotando, expresándose y actuando libremente en contra de la revolución. Para justificar esta actitud de capitulación hacia los enemigos de clase, Mao Tse Tung escribía: “Ahora estamos muy atareados. Atacarlos todos los días y durante cincuenta años, es imposible. Al que rehúse corregirse podemos dejarle así y que, llevando sus errores al ataud se presente ante los soberanos del infierno” Mao Tse Tung Obras escogidas edición Francesa Pekín 1977 pag 321

            Las tesis del PCCh, siempre fueron benevolentes con el papel de la burguesía, renegaron del papel del proletariado en el cambio social centrando el papel dirigente de la revolución en el campesinado y siempre han mantenido una actitud indulgente y oportunista para con las clases explotadoras. Esta actitud guió desde su inicio la política del PCCh.

            A lo largo de su historia, paso a paso, los revisionistas chinos han ido modelando una política aparentemente errática pero guiada siempre por el objetivo de ocupar el cénit del campo imperialista: la denominada “teoría de los tres mundos” dió carta de naturaleza a la llamada “diplomacia del ping pong” que durante años hizo del gobierno chino un aliado objetivo del imperialismo yanqui. De ahí al: “enriquecerse es glorioso”, grito de guerra de Deng Xiaoping, China ha ido aplicando su modelo de capitalismo de estado, aunque utilizando siempre como coartada para los ingénuos su “Socialismo con características chinas”.

            Conviene releer a Enver Hoxha, cuando recordaba: “El capitalismo de Estado, tal como ya lo ha probado una larguísima historia, es impulsado y mantenido por la burguesía, no para crear las bases de la sociedad socialista..., sino para reforzar las bases de la sociedad capitalista...para explotar y oprimir aún más a los trabajadores...Quienes dirigen el “sector público” no son los representantes de los obreros, sino gente del gran capital, son los que manejan los hilos de toda la economía y del Estado. La posición social del obrero en las empresas del “sector púbico” no se diferencia en nada de la que tiene en el sector privado”. E.Hoxha “Eurocomunismo es anticomunismo” Tirana 1980.

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            China ha multiplicado por cinco su PIB desde 2001 y es el primer acreedor mundial. Hoy el, para algunos, paladín de un mundo más justo y multipolar es ya la potencia que disputa la hegemonía del campo imperialista a EEUU. Pero no es la clase obrera la que controla ese desarrollo.

            Como señalara el camarada Enver Hoxa: “La planificación única y centralizada sólo es posible allí donde existe la plena dominación de la propiedad social de los medios de producción, que solo es característica del socialismo. La propiedad privada de cualquier forma que sea, jamás se ha sometido ni se someterá a la planificación centralizada E Hoxha, Ibidem, pág 231

            La agencia oficial de noticias Xinhua hacía público en Junio de 2022 que el número de empresas privadas se había multiplicado por cuatro en los últimos diez años (de 10,85 millones a 44,57 millones). El sector privado aportaba más del 50% de los ingresos fiscales, más del 60% del PIB, más del 70% de las innovaciones tenológicas y el 80% del empleo urbano. ¿Donde ven sus apologistas el socialismo de la economía china?

            Unos meses más tarde, Sputnik Mundo recogía la lista de los diez principales supermillonarios chinos, encabezada por Zhong Shanshan con 65.000 millones de dólares y cerrada por Colin Huang Zheng con 24.300 millones de dólares...¿Donde ven el socialismo los aduladores del “Socialismo con características chinas?

            Ahora resulta aún más sencillo entender lo que quería decir el camarada E. Hoxa cuando afirmaba: “Como resultado de estas concepciones antimarxistas sobre las contradicciones, sobre las clases y sobre su papel en la revolución, preconizadas por el “pensamiento Mao Tse Tung” China jamás marchó por el justo camino de la construción socialista. En la sociedad china continúan existiendo, no ya remanentes económicos, políticos, ideológicos y sociales del pasado, sino también las clases explotadoras en tanto que clases, las cuales han estado y siguen en el poder. La burguesía no solo no ha dejado de existir, sino que además continúa beneficiandose de las rentas de sus antiguos bienes”.

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            Es decir, la pelea por configurar un bloque afín, responde al interés de China en romper el statu quo actual en el campo imperialista: su economía representa el 18% del PIB mundial y es el mayor acreedor del mundo, incluso en 2019 tenía en su poder 1,2 billones de dólares de deuda yanqui; mientras que su principal rival, EEUU, que hasta hoy controla los principales organismos que ordenan las relaciones económicas, políticas y militares del capitalismo, es, sin embargo, una gran potencia en declive que hace frente a una dura crisis y afronta una deuda pública que alcanza los 30 billones de dólares, una cantidad equivalente a casi el 133% del PIB (la cifra más alta de su historia). Y sin embargo, China solo tiene una cuota de voto del 5% en el principal brazo crediticio del Banco Mundial (los máximos cargos directivos del BM y del FMI se siguen repartiendo entre EEUU y Europa desde su creación).

            El Estado chino, pues, no pelea por asegurar un “gobernanza mundial más justa y equitativa” como dijo su presidente en su discurso en el encuentro (ver más adelante), sino por “equilibrar” su peso económico en el campo imperialista con su peso político en los organismos que regulan las relaciones en él; por resolver una contradicción que le impide ser reconocida como “primer inter pares” en el olimpo del capitalismo. Y, para ello, mueve sus peones para lograr influir en áreas que hasta ahora “pertenecían” a sus rivales occidentales e invierte ingentes cantidades de dinero en países no desarrollados, porque, como señalara Lenin, en ellos el beneficio es elevado, los capitales escasos, las materias primas más baratas al igual que la tierra en la que, en algunos casos, abundan materias raras esenciales para los procesos productivos más modernos.

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Rusia.-

           

            El proletariado de ese inmenso país encabezó la primera revolución socialista y creó la URSS, el primer Estado proletario de la historia; durante casi cuarenta años contruyó una economía socialista, garantizó inmensos progresos sociales, políticos y culturales a su pueblo, ayudó a los revolucionarios del mundo a organizarse y avanzar frente a sus respectivas burguesías y derrotó a la bestia nazi fascista. Durante esos años, todos los ataques del imperialismo se estrellaron contra el muro infranqueable de un pueblo en marcha dirigido por un Partido Comunista armado de una ideología científica y formado por los mejores cuadros surgidos del pueblo.

            Hoy, aquel estado ha desaparecido y en su lugar el revisionismo terminó alumbrando un Estado reaccionario formado y dominado por burgueses que se apropiaron de la riqueza creada por el pueblo soviético; una burguesía implacable que se encubre tras el glorioso pasado de la URSS para asegurarse una cierta estabilidad social cuando el hartazgo del pueblo con su explotación gansteril resulta insoportable. Hoy la burguesía rusa intenta que olvidemos aquella experiencia y muestra el espantajo de la “Gran Rusia” zarista al tiempo que se apropia de la victoria del glorioso Ejército Rojo contra el nazi fascismo; todo para embellecer su brutal explotación y el repugnante nacionalismo de su política internacional.

            En un artículo de junio de 2001 publicado por el FMI, se decía que, según estimaciones oficiales, ya en el año 2000, el sector privado ruso generó más del 70% del PIB, en comparación con menos del 10% apenas ocho años atrás, cuando comenzó la “reforma”; y añadía: “se trata de un logro notable, pero la expansión del sector privado se debe principalmente a la privatización de empresas de propiedad estatal, y no a la creación de nuevas empresas”.

            No le ha ido mal al gran capital ruso: en 2019, la revista FORBES, informaba de que las 200 empresas privadas más grandes de Rusia vieron aumentar sus ingresos totales en un 22% en 2018, alcanzando alrededor de 618.110 millones de euros. De hecho, solo 19 de las empresas incluidas en la encuesta tuvieron indicadores descendentes en comparación con el año anterior.

           

            La invasión de Ucrania, por más que quieran justificarla en la presión ejercida por EEUU y la OTAN y por el carácter reaccionario del régimen ucraniano (ambas cosas ciertas, desde luego) ha supuesto una escalada más en el pulso de matones entre los imperialistas. A la vista está que, en lugar de evitar la expansión de la OTAN hacia oriente, la agresión rusa únicamente ha servido para iniciar un conflicto armado que se está cobrando miles de víctimas, extender la tensión militar entre las potencias imperialistas y reforzar las tendencias nacionalistas en la zona. En definitiva, no son los intereses del pueblo ruso ni los del ucraniano los que se dirimen en esta pelea, sino los de sus respectivas oligarquías y de los sectores más reaccionarios de ambos países cuya política no dista nada del nazismo.

            Tras los sesudos análisis de politólogos, historiadores y estrategas militares burgueses, tras los sermones de políticos y líderes religiosos sobre la paz y la democracia; tras las falsas razones basadas en hermandades históricas, imperios compartidos e identidades nacionales o raciales, hay una única explicación real: la oligarquía financiera enfrenta una crisis demoledora que únicamente puede superar disputando al rival sus presas. La Rusia de Putin no tiene nada que ver con la Unión Soviética; el Ejército que hoy cañonea y bombardea Ucrania no es el ejército Rojo en el que rusos y ucranianos combatieron juntos contra el nazi fascismo hasta derrotarlo. Putin, lo mismo que sus enemigos ucranianos, es la cabeza de un régimen reaccionario, controlado por gánsteres políticos.

            Rusia actúa también como gendarme en otros lugares del planeta, especialmente en África, donde, como complemento de la “invasión” del capital chino, ofrece poderío militar: armas, asesoramiento y entrenamiento, etc, incluso su propio ejército de mercenarios, el grupo Wagner, a cambio de materias primas e influencia política de cara a futuros conflictos. Aprovechando la justa ira de los pueblos de la zona contra la cruel explotación del imperialismo “occidental” el imperio ruso ocupa las posiciones que éste deja vacías. Ocurrió en Libia y hoy la penetración rusa a través del grupo privado de mercenarios en el Sahel se extiende a la República Centroafricana, Chad, Burkina Faso, Mali, etc. La codicia del imperialismo francés interesado exclusivamente en obtener el máximo de beneficios, ignorando los sufrimientos de los pueblos que ocupa con el argumento de la “lucha contra el terrorismo yihadista” ha provocado constantes revueltas y golpes de estado y facilitado la entrada de tropas rusas en la zona, también en “defensa de la paz contra el terrorismo yihadista”, la excusa tantas veces repetida para desangrar África en guerras interminables. Poco a poco, Rusia aumenta su presencia y su influencia en África. Y al igual que el imperio occidental, extiende su control, presentándose como un actor más de la política africana: recientemente, por ejemplo, se informaba de la construcción de una base naval rusa en Sudan, con acceso al Mar Rojo.

           

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Sobre la cumbre de los BRICS

            “...Puesto que hablamos de la política colonial de la época del imperialismo capitalista, es necesario hacer notar que el capital financiero y la política internacional correspondiente, la cual se reduce a la lucha de las grandes potencias por el reparto económico y político del mundo, crea toda una serie de formas de transición “de dependencia estatal”. Para esta época son típicos no solo...los países coloniales, sino también las formas variadas de países dependientes políticamente independientes, desde un punto de vista formal, pero, en realidad, envueltos por las redes de la dependencia financiera y diplomática...” Lenin Ibidem

            El grupo BRICS ya representaba antes de la cumbre de agosto más del 42% de la población, el 30% del territorio, el 23% del PIB y el 18% del comercio mundiales. De entre la veintena de países que han solicitado formalmente la adhesión al grupo y los alrededor de 40 que se han mostrado interesados en el proyecto (incluso la Francia de Macrón ha “tonteado” con la idea), Arabia Saudí, Argentina, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía e Iran, han sido formalmente invitados a unirse al bloque a partir de enero de 2.024. Con ello, las economías de los BRICS sumarían el 36,38% del PIB global frente al 30,39% que reprentan los países del G7 (Alemania, Canada, EEUU, Japón, Francia, Reino Unido e Italia) y detentarán el 45% de la producción mundial de petróleo y un peso más que considerable en la industria de extracción del hierro, carbón y bauxita, por no mencionar la producción agrícola (tomado de El País 24 de septiembre 2023).

            La ampliación acordada en la cumbre representa, pues, una innegable victoria para China que ve aumentar su influencia geopolítica: no debemos olvidar que el PIB chino representa cerca del 70% del PIB total de los Brics y Pekín está detrás de muchas de las iniciativas que atraviesan estos países, desde las Nuevas Rutas de la Seda, hasta el Nuevo Banco de Desarrollo con sede en Shanghái. 

            En su discurso ante la Asamblea, Xi Jinping manifestaba en Johannesburgo: “...Los BRICS son una fuerza importante en la configuración del panorama internacional...Debemos contribuir a reformar la gobernanza mundial para hacerla más justa y equitativa, y aportar mayor certidumbre, estabilidad y energía positiva al mundo...Deberíamos ampliar la cooperación política y de seguridad para mantener la paz y la tranquilidad. Como sugiere un dicho chino: «Nada es más beneficioso que la estabilidad, y nada más perjudicial que la agitación»...La historia de la humanidad no terminará con una civilización o un sistema en particular...Los países de los BRICS deben practicar el verdadero multilateralismo, defender el sistema internacional centrado en la ONU, apoyar y fortalecer el sistema de comercio multilateral centrado en la OMC, y rechazar los intentos de crear pequeños círculos o bloques exclusivos. Debemos aprovechar al máximo el papel del Nuevo Banco de Desarrollo, impulsar la reforma de los sistemas financiero y monetario internacionales y aumentar la representación y la voz de los países en desarrollo...China está dispuesta a trabajar con los socios de los BRICS para perseguir la visión de una comunidad con un futuro común para la humanidad, fortalecer la asociación estratégica y profundizar la cooperación en todos los ámbitos. Como miembros de los BRICS, debemos hacer frente a nuestros desafíos comunes con un sentido compartido de misión, forjar un futuro más brillante con un propósito común y recorrer juntos el camino de la modernización.Tomado de GrandContinent

            Todo un monumento al cinismo, una renuncia explícita a cualquier cambio revolucionario socialista, (recomiendo pararse a pensar sobre las intenciones expresadas en las líneas subrayadas del discurso); un ditirámbico y melifluo canto a la “justicia universal” incompatible con la práctica imperialista de los Estados capitalistas.

            Desde hace meses los apologistas del “nuevo orden multipolar” han venido propagando la buena nueva de este encuentro, centrada en dos cuestiones que se señalaban constantemente como principales objetivos de la cita: la ampliación del grupo y las propuestas para la “desdolarización” de la economía mundial.

            El primer objetivo, la ampliación, como digo, ha sido alcanzado, aunque a costa de incrementar las contradicciones internas de un grupo muy heterogéneo en el que las principales potencias buscan su propio interés en la asociación. Conviene remitirse de nuevo al texto de Lenin, que afirmaba: “...aquí vemos patentemente como, en la época del capital financiero, los monopolios del Estado y los privados se entretejen formando un todo, y como, tanto los unos como los otros, no son, en realidad, más que distintos eslabones de la lucha imperialista entre los más grandes monopolistas por el reparto del mundo...” Ibidem Pag 91

            Para cualquier analista despierto resulta sorprendente que estados como Irán y Arabia Saudita, enfrentados desde hace décadas por razones sociopolíticas (Irán enemigo declarado de EEUU y Arabia Saudí uno de sus aliado más firmes), económicas (ambos entre los principales productores de petróleo) e incluso religiosas (el uno cabeza del islamismo chiíta y el otro del sunita) se encuentren en un mismo foro en el que se trata de trabar alianzas y acuerdos comunes entre los socios...parece que la velocidad a la que se desenvuelven los acontecimientos en época de crisis imperialista ayuda a los líderes capitalistas a ser extremadamente “creativos”.

            Es cierto que desde la década de 1990, China se ha convertido gradualmente en el principal socio comercial de Arabia Saudita: las exportaciones de China a Arabia Saudita han aumentado a una media del 15,3% interanual, ascendiendo de 905 millones de dólares en 1995 a 31.800 millones de dólares en 2020. Mientras tanto, durante el mismo periodo, las importaciones de China procedentes de Arabia Saudita pasaron de 393 millones de dólares a 33.400 millones de dólares, lo que supone un incremento medio anual del 19,4%. Tomado de De conversatio marzo 2023.

            Pero, la cuestión es que los países del BRICS tienen sus propios intereses y van a trabajar por ellos. Así lo explicaba, en el caso de Arabia Saudita el diario Expansión en septiembre pasado: “...la pérdida de influencia de Estados Unidos en Oriente Próximo ha llevado a la monarquía árabe a buscar aliados más poderosos y se ha girado hacia Rusia y, sobre todo, hacia China. No es casualidad que el entendimiento entre Arabia Saudí e Irán se firmara en Pekín. El gobierno de Xi Jinping tiene la capacidad de controlar a Teherán, porque el régimen iraní depende del oxígeno económico que le suministra el gigante asiático...Además, la intermediación de China lanza un serio mensaje a Washington. Le recuerda que si renuncia a su influencia en Oriente Próximo otras potencias asumirán el lugar que queda vacante...Sus petrodólares están sirviendo para suavizar las críticas que aún suscita su deficitaria relación con los derechos humanos...”*(1)

            Ese giro no impide que la monarquía teocrática árabe juegue con dos barajas en su afán por buscar una via propia a las inversiones de su oligarquía financiera (la reciente compra del 9,9% de las acciones de Telefónica y la lluvia de “petrodólares” en el mundo del balompié han llevado a los titulares una práctica que alcanza otras muchas áreas).

            Esto señalaba por su parte, The Wall Street Journal el mes pasado: “EEUU y Arabia Saudí están conversando sobre una posible alianza para conseguir metales en África que son claves para sus respectivas transiciones energéticas...Arabia Saudí baraja invertir 15.000 millones de dólares en activos mineros en el continente, en países como República Democrática del Congo, Guinea y Namibia...Aunque los detalles no están cerrados, un posible acuerdo entre Washington y Riad implicaría que ciertas compañías estadounidense tendrían derechos para comprar parte de la producción de esos activos de propiedad saudí. De esa manera Arabia Saudita ayudaría a EE.UU. a ganar posiciones frente a China en la carrera por el desarrollo de los vehículos eléctricos, que requieren cobalto, litio y otros metales para la fabricación de baterías..”

           

            Otro tanto cabe decir de India; socio del BRICS desde un principio, tiene frontera común con China, lo que en 1962 provocó una corta guerra entre ambos países; ambos son los más poblados del mundo y la India se postula para reemplazar a China como motor de crecimiento mundial... El primer ministro Modi, predice que la India alcanzará el nivel de país desarrollado en 2047, pero, hoy en día, es un gigante con pies de barro porque sus desequilibrios son inmensos: su desarrollo no alcanza para absorber los 12 millones de jóvenes que ingresan anualmente al mercado laboral y continúa siendo un país rural con muy bajo nivel de ingresos, en el que la agricultura emplea al 44% de la población y solo contribuye con el 15% del PIB. Tomado de El Economista 24 Sep 2023.

            Por eso, los representantes de su estado, firmes valedores del capital monopolista, juegan también con dos barajas: unos días después de la cumbre de los BRICS, India presidía como anfitrión el G20, una cumbre a la que no asistiría Jinping. En ella, el primer ministro indio hizo toda clase de fintas diplomáticas para tocar todos los temas en conflicto, sin decir nada, en el comunicado final, dejando satisfechos a todos los líderes imperialistas por la falsa imagen de paz y entendimiento “por encima de las diferencias” que transmitió. Todos se felicitaban encantados, reconociendo que Narendra Modi y sus diplomáticos habían logrado el objetivo de convertirse en el país bisagra de la geopolítica internacional.

            En cuestiones más prácticas, coincidiendo con la cumbre del G20, EEUU, la Unión Europea, India y Arabia Saudí, anunciaban el acuerdo sobre un megaproyecto de ferrocarril, puertos y conexiones energéticas que pretende ser una alternativa a la Ruta de la Seda de China. La presidenta de la Comisión europea, arrobada, calificaba el proyecto de “histórico”; Narendra Modi afirmaba que “no tiene precedentes”. Como vemos la ampliación de los BRICS no ha hecho sino aumentar también las contradicciones internas del grupo.

           

            Respecto del segundo objetivo, el acuerdo ha sido mucho más magro, limitándose a recomendar el pago con monedas nacionales en las compras entre los socios, algo que ya era una práctica común y que conviene especialmente a potencias como Rusia, que afronta duras sanciones de las potencias occidentales, para poder comerciar con otros países sin utilizar ni vincular su moneda al dólar (ahora bien, la confianza de cada uno de los países en la moneda de sus socios es limitada). Pero China no parece tener particular interés en ello.

            El hecho de que el dólar sea la moneda de reserva mundial significa que se utiliza para fijar el precio de todos los productos básicos, como el petróleo. El Consejo de Relaciones Exteriores de EEUU en su informe sobre “El futuro de la hegemonía del dólar” afirma: “casi el 60% de las reservas mundiales de divisas se mantienen en dólares, con el euro a un distante segundo lugar con alrededor del 20%. Alrededor del 90% de las transacciones en los mercados cambiarios se facturan en dólares, al igual que la mitad del comercio mundial. Es decir, la dolarización de la economia capitalista mundial es clave para el dominio estadounidense de la economía global, por cuanto la Reserva Federal de EE UU controla la oferta de dólares estadounidenses y, por tanto, es, de hecho, el banco central del mundo...” Tomado de El “Observatorio de la Crisis

            A día de hoy, cerca del 45% de todos los pagos mundiales realizados a través del SWIFT se hicieron en dólares estadounidenses, mientras que el 32% se hicieron en euros. Solo el 2,3% de las transacciones SWIFT se realizaron en yuanes. De igual manera, en el cuarto trimestre del 2022 , el dólar acaparó el 54% de las reservas mundiales de divisas según datos del FMI. El euro representaba el 20% de las reservas, mientras que el yuan solo suponía el 2,5% de estas. De hecho, en agosto de 2018, China era el mayor tenedor de dólares en sus reservas de divisas, con 3,08 billones de dólares.

            De modo que la brusca caída del dólar en las relaciones económicas entre los países imperialistas, perjudicaría al resto de economías, también a las que forman parte del BRICS y en particular a China. Por otra parte, el control de las cuentas públicas de alguno de los países que se incorporan al grupo a partir de enero próximo, no es muy edificante y como consecuencia de ello sus divisas tienen una gran depreciación respecto al dólar: el 98% el peso argentino; 90% el rial iraní; 78% la libra egipcia, o el 55% el real brasileño. Con estos mimbres resulta muy difícil construir una moneda común. En definitiva la desdolarización será un proceso más lento de lo que anticipan los social chovinistas.

            Sobre los BRICS y África.-La cumbre de Johannesburgo, en la que estuvieron presentes representantes de 60 países, se celebró bajo el lema: “BRICS y África: Asociación para un crecimiento mutuamente acelerado, desarrollo sostenible y multilateralismo inclusivo”. Tras esta “exuberante” semántica tan del gusto del lenguaje diplomático, existe una realidad bien distinta de dominio financiero sobre las economías de los países africanos en disputa entre las potencias imperialistas “occidentales” (en especial Francia y EEUU) y el nuevo “benefactor oriental”.

            Desde hace años, aprovechando el justo hartazgo de los pueblos africanos con los explotadores europeos y yanquis, China con sus inversiones financieras, y Rusia utilizando su “asesoramiento” militar, la venta de armas e, incluso, la intervención directa de fuerzas militares privadas, avanzan posiciones en el continente africano, invierten en infraestructuras que facilitan la entrada de sus productos, aprovechan el menor coste de la mano de obra y las facilidades jurídicas y administrativas de los estados de la zona para crear empresas “mixtas”; obtienen en condiciones ventajosas materias primas (en paticular metales raros, oro, etc) y ganan posiciones en la guerra geopolítica entablada con sus rivales imperialistas (el continente africano, por ejemplo, supone 54 asientos en la Asamblea General de la ONU) y cabezas de puente para el avance de sus tropas en caso de conflicto. En la relación entre las potencias imperialistas y los países dominados hay de todo menos internacionalismo o altruismo.*(2)

           

            Esta realidad a la que son absolutamente inmunes los social chovinistas no es algo nuevo, es la consecuencia de una tendencia esencial en el modo de producción capitalista en su última fase imperialista. Ya en 1916, Lenin señalaba: “...La exportación del capital influye sobre el desarrollo del capitalismo en los países en que es invertido acelerandolo extraordinariamente...la utilización de las “relaciones “ para las transacciones gananciosas reemplaza la competencia en el mercado libre. Es muy corriente que, como una de las condiciones del empréstito, se exiga la inversión de una parte en la compra de productos al país acreedor, particularmente armamentos, buques, etc... La exportación de capital al extranjero pasa a ser un medio de estimular la exportación de mercancias ...” Lenin Ibudem Pgs 80 y 81

           

            ¿Por qué África? En los últimos años la línea del enfrentamiento interimperialista se ha ido trasladando hacia África y la región del Indo Pacífico (en el Pacífico son constantes los choques entre China y EEUU, Japón y otras potencias imperialistas “occidentales” -recientemente se constituyó el Aukus, una alianza militar explícitamente orientada contra China- particularmente a cuenta del status de Taiwan, la isla cuya soberanía reclama China desde el fín de su guerra civil).

            Es decir, en el Indo Pacífico existen ya grandes potencias (Chinss, India, Japón, Australia, etc) y por tanto allí imperan las relaciones “de igual a igual”; pero África, sin embargo, es un territorio de nuevo “en disputa” para el acceso del capital financiero imperialista.

            En África, de 1978 a 2017, el comercio de China se incrementó en más de 200 veces. Hoy, la inversión china en el continente africano asciende a más de 100 mil millones de dólares y alrededor de 3100 empresas chinas de diversos sectores han invertido en el continente africano. Es evidente que esta inversión está conectada con la competencia y el acceso a las materias primas y recursos naturales que China necesita para sostener su crecimiento económico. Infolibre señalaba en agosto de 2023: “El volumen comercial de China con África es de 282 mil millones de dólares, de 72 mil millones el norteamericano y solo de 18 mil millones el ruso. Desde luego, China se halla en la mejor posición para poder decir de ella que se está apropiando de África. Uno de cada tres importantes proyectos de infraestructuras es construido por compañías chinas y uno de cada cinco financiado por bancos chinos. Pekín ha ocupado el lugar dejado por Occidente, que dudaba sobre la financiación de estos proyectos...Es cierto, en cualquier caso, que Pekín obtiene determinados beneficios “marginales”. Por ejemplo, algunos contratos de mantenimiento pueden extenderse hasta 99 años y determinados proyectos financiados implican la utilización exclusiva de trabajadores chinos, si bien algunos Gobiernos africanos reclaman cuotas para trabajadores locales..”

            En el mismo sentido, la revista digital “Idees”, apuntaba en 2022 lo siguiente: “La influencia de China en la economía política africana es significativa a muchos niveles. Es el primer socio comercial y también uno de los principales inversores, sobre todo en infraestructura. Por otra parte, los compromisos adquiridos por las instituciones del país asiático tienen una clara visión de largo plazo. Por parte china, la necesidad de tejer alianzas estratégicas con otros países en desarrollo hace que la presencia en el continente africano sea sólida y duradera...A pesar de ello, son observables algunos desequilibrios. En primer lugar, el patrón de comercio reproduce el esquema clásico según el cual los países africanos exportan esencialmente materias primas, e importan productos manufacturados. En segundo lugar, se advierten riesgos de sobreendeudamiento, que se han acentuado con motivo de la pandemia de la COVID-19. Aunque la política de condonaciones y reestructuraciones ad hoc de la deuda por parte de las autoridades chinas ha evitado grandes crisis de impagos, habrá que estar atentos a esta cuestión...”

           

            Es decir, en África se está librando una guerra abierta desde hace años. No solo la OTAN despliega su fuerza en el continente africano en apoyo de las potencias occidentales. De la misma forma que Rusia tiene acuerdos de cooperación técnico-militar con 40 países africanos, China formó en 2018 el Primer foro China-África de Seguridad y Defensa y tiene desde 2017 su primera base naval en el extranjero, en Yibuti, país estratégico, pues se encuentra en un estrecho marítimo hacia el Canal de Suez, por el que navegan el 25% de las exportaciones mundiales, en su mayoría petróleo.

            Uno de los ejemplos más sangrantes de la ocupación militar de los imperialistas y de su intromisión en los asuntos internos de los países africanos es el de Libia; otrora una de las potencias regionales que, tras la agresión de la OTAN en 2011*(3) es hoy un país dividido en dos estados controlados respectivamente por gobiernos títeres del imperialismo occidental (el sector occidental) y ruso (el oriental). La reciente inundación de la ciudad de Derna que ha provocado más de 11.000 muertes y miles de desaparecidos ha probado las consecuencias de la pelea interimperialista en África. *(4)

            ¿Altruismo? Por supuesto que no. En el informe de nuestro CC Ampliado de abril del año pasado se incluía el siguiente comentario aparecido en el portal de internet “Investing.com”:En la época del dominio colonial, la apropiación de las materias primas era bastante sencilla. Un lugar de la tierra fue conquistado por la fuerza de las armas, la población fue esclavizada y las codiciadas materias primas fueron enviadas a casa..Hoy las cosas son similares, pero no tan evidentes. Las antiguas colonias quedaron destrozadas tras la marcha de sus ocupantes. Para que la gente pudiera trabajar, había que reconstruir todo, lo que no era posible sin dinero...Los bancos de los amos coloniales entraron en escena y, por pura caridad, dieron a los países recursos de capital para permitir la extracción de materias primas, que luego se exportaron. Lo que hacían los negreros con sus látigos funciona en una sociedad (capitalista) moderna con deudas e intereses...Todo fue bien al principio, pero el mercado está ahora tan sobresaturado de crédito que este sistema se dirige visiblemente hacia un abismo que algunos colegas equiparan con el fin del mundo. Cada vez es más difícil generar crecimiento y atender los pagos de intereses”. Es decir, tras las buenas palabras sobre “crecimiento mutuamente acelerado, desarrollo sostenible y multilateralismo inclusivo“ solo hayamos la misma ocupación financiera de los países dependientes, idénticos objetivos de dominio.

            La guerra interimperialista es sobre todo una guerra económica sin concesiones. Para avanzar posiciones, China lleva años recurriendo a ofrecer “ayudas desinteresadas” que atan a los países con el “dogal de la deuda” (5) y los hacen girar en el sentido que marca quien controla la soga; a cambio, se obtiene como botín el control de las materias primas y de la mano de obra y ventajas “geoestratégicas” para sus fuerzas armadas, en previsión de enfrentamientos abiertos; nada que no hayan hecho antes y continúen haciendo los imperios que les precedieron en África: Inglaterra, EEUU, Francia, etc. Al final, como dijera Lenin: “el acreedor está más sólidamente ligado con el deudor que el vendedor con el comprador

           

Sobre los social chovinistas

            El pasado 11 de Septiembre, se publicaba en Mundo Obrero, el órgano de expresión del PCE, un artículo firmado por su presidente José Luis Centella, con el título: “influencia de la cumbre de los BRICS en el proceso de reconfiguración del orden internacional” en el que se defiende identica posición social chovinista a la de otras fuerzas surgidas del largo proceso de descomposición del revisionismo carrillista que hoy se definen fieramente comunistas y, en otros temas referidos a la política nacional atacan con virulencia el reformismo del PCE.

            El artículo en su conjunto es un cerrado alegato en defensa del “nuevo orden” impulsado por China y Rusia y una muestra impagable del grado de entreguismo al que ha llegado el revisionismo en su afan por embellecer el capitalismo y proclamar su renuncia a la revolución.

            El autor parece no darse por enterado del inmenso contrasentido que supone la defensa del bloque cuya articulación se pretende precisamente a partir de este organismo, BRICS, apoyándose en el cual China aspira a avanzar en la disputa de la hegemonía con los EEUU, y el hecho objetivo de que su partido, el PCE, defiende y participa de la política del gobierno español, directamente implicado en todas aquellas decisiones que adopta el imperialismo occidental encabezado por la potencia yanqui: la implicación en la guerra de Ucrania en su bando frente a Rusia, la participación activa en la OTAN, incluído el envío de armas y tropas a distintos conflictos en los que se dirimen intereses de las potencias imperialistas occidentales, el aumento del presupuesto militar español, etc.*(6)

            Cuando JL Centella habla de los objetivos que se plantearon en la cumbre del BRICS, su lenguaje alcanza las cotas de “lírica política” del presidente chino en su intervención ante la cumbre de Johannesburgo. En el punto primero afirma: “el planteamiento de los BRICS es el de constituir un sistema multilateral que tiene que estar basado en un sistema comercial verdaderamente abierto y multilateral, transparente, justo, inclusivo y equitativo, no discriminatorio, basado en normas claras y transparentes que aseguren el beneficio mutuo

            Y, al valorar las inciativas que se discutieron para avanzar en un nuevo marco para las relaciones internacionales y el modelo de seguridad global, JL Centella olvida cualquier noción de la dialéctica para afirmar: “la construcción de un Nuevo Orden Internacional, tiene que poner fin a un centralismo de occidente a la hora de entender la vida y asumir que la historia de la humanidad ni empezó, ni terminará en una única civilización, por lo que es necesario defender una convivencia pacífica y una coexistencia entre los diferentes pueblos, las diferentes culturas...”

            El autor ignora completamente no solo la lucha de clases, sino su existencia misma; para él las contradicciones son culturales y de civilización; calla sobre el modo de producción que condiciona la vida y las relaciones entre los países y dentro de ellos entre las diferentes clases. Habla de los problemas que afrontan los países como si tampoco allí existieran clases, como si los distintos gobiernos y regímenes africanos defendieran “su nación”, como si no existiera explotación en África. Esto equivale a justificar regímenes tan podridos como el egipcio o el marroquí.

            Tras tanto ditirambo necesariamente debía llegarse a una conclusión igualmente antimarxista:Por lo tanto, a pesar de saludar los avances, no se puede cantar victoria. El enemigo es potente y está decidido a utilizar todos los recursos a su alcance para conseguir sus objetivos, por ello es necesario ser capaces de conjugar los avances que en el plano institucional, político, económico está teniendo el multilateralismo, con conseguir una mayor capacidad de respuesta y movilización popular en defensa de los planteamientos de reformas de las instituciones internacionales que se plantean desde los BRICS, porque sin una presión popular el bloque que ha sido hegemónico hasta el momento no está dispuesto a renunciar a sus privilegios en favor de construir una comunidad internacional que no tenga centros de poder hegemónicos, sino que tenga unas relaciones multilaterales de beneficio mutuo. Para ello es necesario construir de forma colectiva un plan que transforme en acciones concretas los análisis y propuestas que se realizan para que sean realmente efectivas y quede todo referenciado en las acciones institucionales de los gobiernos”.

            Todo, para terminar reclamando la acción de los pueblos, no para avanzar en su liberación, sino para cambiar de amo. Esto es lo que plantean los social chovinistas: “ En este sentido se debería estudiar cómo aprovechar espacios de articulación política y social ya existentes para elaborar y sobre todo para ejecutar, lo que podemos llamar un gran consenso en defensa del planeta, en clave de movilización ciudadana que configure la más amplia y plural alianza de gobiernos, pueblos, organizaciones sociales, políticas y sindicales que permita acumular fuerzas para hacer fracasar la estrategia imperialista de llevarnos a una nueva Guerra Fría y permita construir un mundo multilateral que asegure un futuro de paz y progreso para la humanidad en armonía con la naturaleza”. (Los subrayados son míos)

           

            Lenin criticaba las posiciones de los social chovinistas de su época que ocultaban a los ojos de los trabajadores el caracter del capitalismo y su verdadera esencia, creando la falsa ilusión de un mundo en paz, sin contradicciones, en el que las distintas potencias coexistiesen entre ellas en armonia, sin conflictos; y lo hacía en estos términos: “ Desde el punto de vista puramente económico-escribe Kaitsky-no es imposible que el capitalismo pase todavía por una nueva fase: la aplicación de la política de los cartels a la política exterior, la fase del ultraimperialismo” Esto es, añadía Lenin, “ el ultraimperialismo, la unión de los imperialismos de todo el mundo, no la lucha de los mismos, la fase de la cesación de las guerras bajo el capitalismo, la fase de la explotación general del mundo por el capital financiero unido internacionalmente...Las divagaciones inconsistentes de Kautsky sobre el ultraimperialismo estimulan, entre otras cosas, la idea profundamente errónea y que echa agua al molino de los apologistas del imperialismo, según la cual la dominación del capital financiero atempera la desigualdad y las contradicciones de la economía mundial cuando, en realidad, lo que hace es acentuarlas”. Lenin, Ibidem páginas 119 y 120

            La historia ha venido a ratificar plenamente las tesis defendidas por Lenin. De la misma forma que en la política interna los revisionistas han intentado conciliar la posibiidad de mantener las conquistas de la clase obrera y hacer avanzar la democracia, sobre la base y dentro de los límites del Estado Liberal, o, como en España, de un Estado echo a la medida de los intereses de una oligarquía surgida durante y unida por mil lazos a las instituciones de la dictadura franquista, en lo que atañe a la política internacional, debilitan la lucha contra el imperialismo creando una falsa ilusión respecto de la posibiidad de superar el sistema capitalista sin combatirlo, y afirmando que en esta etapa imperialista es posible atemperar las contradiciones entre los Estados burgueses y alcanzar una paz justa y equitativa entre ellos, sin acabar de una forma revolucionaria con un sistema que está detrás de esas contradicciones que no son sino la expresión de la tendencia hacia la crisis, la confrontación y la guerra inserta en el modo de producción capitalista en su fase imperialista.

            Revisionistas y oportunistas vienen dando cobertura a todo tipo de teorías irracionales que pretenden dar por superado el análisis marxista y presentan la China capitalista y la Rusia de Putin como Estados legítimamente interesados en fomentar el desarrollo pacífico de la economía mundial y el bienestar de los pueblos; ven su intromisión en la política de otras naciones como una actitud “altruista” cuando no “internacionalista”, comparten el análisis místico y nacionalista de líderes imperialistas como Putin o Jimping sobre pretendidas razones de identidad racial, de un pasado imperial compartido, seguridad nacional, etc., para justificar la imposición de espacios vitales, áreas de influencia y rígidas fronteras frente al competidor imperialista.

            Olvidan sistemáticamente lo que Lenin afirmaba en su obra, y la historia posterior ha venido confirmando de forma irrefutable: “ Los capitalistas reparten el mundo, no como consecuencia de su particular perversidad, sino porque el grado de concentración al que se ha llegado les obliga a seguir este camino para obtener beneficios; y se lo reparten “según el capital”, “según la fuerza” de cada uno; ...la fuerza varía a su vez en consonancia con el desarrollo económico y político...sustituir la cuestión del contenido de la lucha y las transacciones entre los grupos capitalistas por la cuestión de la forma de esta lucha y de estas transacciones (hoy pacífica, mañana no pacífica, pasado mañana otra vez no pacífica) significa descender hasta el papel del sofista... La época del capitalismo moderno nos muestra que entre los grupos capitalistas se están estableciendo determinadas relaciones sobre la base del reparto económico del mundo y que, al mismo tiempo, en conexión con esto, se están estableciendo entre los grupos políticos, entre los Estados, determinadas relaciones sobre la base del reparto territorial del mundo, de la lucha por las colonias, de la lucha “por el territorio económico...” Lenin Ibiden pags 94 y 95

            Nada nuevo, nada que no haya vivido la humanidad cuando la degeneración ideológica de la social democracia, pasada con armas y bagajes al campo de la reacción y de la colaboración de clases, justificó la labor parasitaria de su oligarquía financiera haciendo pasar de matute su despiadada explotación colonial como imperialismo “bueno”, y el rancio nacionalismo que justificaba su militarismo basado en pasadas grandezas imperiales, como necesario para garantizar la paz frente a la agresividad del competidor. Aquella traición dio paso en su día al primer baño de sangre en Europa, la Primera Guerra Mundial.

            En conclusión, el debilitamiento de EE UU como potencia hegemónica avanza; a pesar de su poderío militar indiscutible (su enorme gasto militar, superior a los 800.000 millones de dólares anuales, dobla el del país que le sigue en gasto), la economía yanqui se hunde en una espiral de crisis de producción, creciminto de la deuda, etc que no puede solucionar a pesar de la constante intervención del Estado capitalista para salvarse del crac que atenaza su economía.

            También avanza la constitución de un nuevo polo que, a pesar de sus contradicciones internas cada día mayores, pueda aglutinar en un futuro bloque hostíl encabezado por China a estados hoy sujetos al dogal del imperialismo yanqui. Ambos procesos parecen evidentes a los ojos de una persona atenta.

            Hoy, los datos objetivos no permiten aventurar la conclusión final de procesos sujetos a la influencia de factores cuya determinación dependerá, en última instancia, de los intereses de los diferentes sectores de la oligarquía internacional en un mundo en crisis que se interna cada vez más y más rápido en una tormenta económica que afecta al conjunto de la economía imperialista. Y dependerá sobre todo, de que la clase obrera recupere su fuerza, de que los comunistas ayudemos a orientar las futuras luchas del proletariado reforzando el internacionalismo y siendo implacables con las ideologías que confunden a los pueblos negando la necesidad de luchar por objetivos claros y de clase, para acabar con la explotación, la destrucción y la guerra.

            En cualquier caso, la cuestión para los comunistas es si ese cambio hacia un mundo “multipolar” que venden los social chovinistas representa un avance hacia la estabilidad y la paz entre las naciones y los pueblos, o un simple estado temporal dentro de la tendencia del capital en su fase imperiallista hacia la confrontación; es decir, la confirmación de las tesis del gran dirigente proletario, Lenin, quien recordaba: “...Algunos escritores burgueses (a los cuales se ha unido ahora Kautsky, que ha traicionado completamente la posición marxista...) han expresado la opinión de que los cárteles internacionales siendo como son una de las expresiones de mayor relieve de la internacionalización del capital, permiten abrigar la esperanza de la paz entre los pueblos bajo el capitalismo...La forma de lucha puede cambiar y cambia constantemente como consecuencisa de diversas causas, relativamente particulares y temporales, pero la esencia de la lucha, su contenido de clase no puede cambiar, mientras subsistan las clases...”

            A la vista de los hechos, parece evidente que los comunistas no podemos ser propagandistas de ningún “mundo multipolar” regido por las leyes del capital financiero. Hacerlo es mentir y traicionar la revolución; pretender que el capitalismo puede superar su tendencia hacia la crisis y la confrontación, es embellecer la explotación, la miseria y la guerra, además de un atentado contra la razón.

*(1).- En 2019 Un informe de inteligencia de Estados Unidos implicó al príncipe heredero y actual Primer Ministro de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, en el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, ocurrido en 2018. Biden, después de prometer que haría de Arabia Saudita “un Estado paria”, le concedería en 2022 la inmunidad por considerarle “inimputable” por su condición de Primer Ministro.

*(2).- África tiene una deuda de 153.000 millones de dólares con Chinaa, que entre el 2000 y 2020 ha concedido 1143 préstamos a gobiernos del continente, según los datos de la Universidad Jhons Hopkins

*(3).- Por cierto: quien entonces formaba parte del centro militar español en el ataque contra este país, el general Julio Rodriguez, en aquel momento Jefe del Estado Mayor de la Defensa y máximo responsable operativo de las Fuerzas Armadas Españolas, es hoy responsable del Think Tank de Podemos

*(4).- La falta de un Estado centralizado viable y la consiguiente descoordinación ha sido la causa última de la falta de mantenimiento de las dos presas cuya destrucción provocó la avalancha que arrasó al menos la cuarta parte de la ciudad.

*(5).- EEUU, cinicamente se queja de que la actuación china implica una “trampa de deuda” para África porque, afirma, Pekín ofrece créditos para proyectos de infraestructuras caros y cuando un determinado país no puede cumplir con el préstamo, China toma el control de sus activos estratégicos... En fín, el ladrón sabe perfectamente como sus colegas consiguen entrar en las casas ajenas, porque ya lo ha ensayado antes.

            Y, respecto al denominado “dogal de la deuda” y su utilización política para controlar espacio en los países dependientes, cabe decir que desde el principio forma parte del “modus operandi” del imperialismo, también del chino; un ejemplo: El puerto de Hambantota en Sri Lanka, se construyó con un empréstito chino de 1.100 millones de dólares y resultó un fracaso comercial...En 2017, quedó en manos de Pekín con un acuerdo de alquiler por 99 años, tras los aprietos del gobierno de ese país para satisfacer sus deudas. Desde entonces se ha hablado varias veces de la posibilidad de que China quiera usarlo para patrullar el océano Índico.

            Así justificaba el asunto la embajada de China en Panamá: “Aquí van los hechos—verídicos, no ficticios...Sri Lanka enfrentó (y sigue enfrentando) una crisis de deuda. Ha tomado importantes cantidades de préstamos de China en los últimos años y acordó en 2017 otorgar un contrato de arrendamiento del puerto de Hambantota a China por 99 años en un canje de deuda por capital, con la condición de que no se puede usar con fines militares...Pero es un mito que el puerto fue “cedido” a China—de entrada, la figura de cesión no se aplica por cuanto se trata de un arreglo de arrendamiento bajo el cual Sri Lanka siempre cuenta con el derecho a suspender el contrato y recuperar los títulos del puerto de conformidad con los procedimientos y términos acordados por las partes contratantes—, (es decir si paga), porque Sri Lanka tuvo problemas para pagar los préstamos chinos.

*(6).- Este cinismo recuerda al “marxismo” del célebre cómico Groucho Marx y su conocido: “estos son mis principios...si no le gustan, tengo otros”. Pero, símplemente forma parte del modo de operar del oportunismo revisionista: se trata de lanzar redes por ambas bandas para ver qué se pesca