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A. Bagauda

Si bien es verdad que el de Yolanda Díaz es un proyecto aún por definir, creemos que hay suficientes elementos como para poder hacer una valoración inicial, oportuna, a nuestro juicio, entre otras razones porque ha despertado simpatías e ilusiones entre distintos sectores sociales.

El bluf de Podemos (recuérdese que iban a “asaltar los cielos”) ha supuesto una traición a las esperanzas que depositaron en ellos cientos de miles de españoles, lo que aumenta el hartazgo y la desesperanza de muchos de ellos, así como la sima entre la izquierda y las clases trabajadoras que fueron, y son, sus principales votantes. Pudiera darse un desplome electoral y la operación “Yolanda” busca evitarlo. Pero con un “Proyecto de país” que anticipa más de lo mismo, que “no es chicha ni limoná” (Víctor Jara, canta). Nada nuevo bajo el sol.

Ese proyecto, que algunos llaman “frente amplio”, se quiere articular en torno al hiperliderazgo de Yolanda, como en su día Podemos gravitó en torno a Pablo Iglesias, a la que se presenta como salvadora, sin la cual nada es posible. Ya hicimos un comentario al respecto en otro artículo (“Organización, política y movimiento popular”, Octubre, nº 148).

Público.es (02/12/21) recogía unas jugosas declaraciones suyas: “No me gusta que me sitúen a la izquierda del PSOE, no es verdad y además yo trabajo para todos los ciudadanos. No quiero estar a la izquierda del PSOE, le regalo al PSOE esa esquinita. Yo no trabajo desde la izquierda de la izquierda, las políticas que despliego y lo que me seduce es pensar en un país en grande”.

Toda una declaración de intenciones. Ese “proyecto de país” parece ajeno a la construcción de un espacio de unidad de la izquierda. Por otro lado, si la señora Díaz no quiere “estar a la izquierda”, ¿dónde quiere estar? ¿Desde dónde quiere construir tal “Proyecto”? Como lo que la “seduce es pensar en un país grande” pareciera que quiere, como Dios, tener el don de la ubicuidad (ideológica y política), “Poner una vela a Dios y otra al diablo”. Igual que para Podemos, para ella está superada la dicotomía izquierda-derecha. Así, la cosmovisión de izquierdas desaparece, y con ella sus correspondientes principios y políticas. Para ella esa ideología, principios y políticas son una estúpida “esquinita”, un estorbo hacia su meta de “un país en grande”. También se evidencia que las clases y la lucha de clases le resultan una rémora del pasado, porque Yolanda trabaja “para todos los ciudadanos” sin distinción, ricos y pobres, trabajadores y patronos, burgueses y proletarios.

La renuncia a reivindicar la Izquierda (con mayúsculas), la aceptación de la superación de la dicotomía izquierda-derecha; el rechazo a la lucha de clases y a la centralidad de la clase obrera como sujeto político de cambio y el abrazo al “ciudadanismo” y a las políticas de identidad, todo ello conforma el planteamiento estratégico del “Orballo” y los suyos.

E. M. Wood, sobre la izquierda intelectual postmarxista y postmoderna, escribía: “Estos nuevos guerreros no clasistas de izquierda aceptan en la práctica la construcción neoliberal del universo social. Tampoco para ellos hay clases o política de clases; simplemente un mundo postmoderno en el que la fragmentación, la diversidad y las identidades “múltiples” han acabado con las viejas solidaridades de clase”. Para ellos, el “capitalismo era la única opción viable y la lucha de clases ya no está en la agenda” (E.P. Thompson, la centralidad política de la clase y la izquierda académica actual; sin permiso, 22/09/2013). Yolanda es una nueva “guerrera no clasista de izquierda”, genuflexa ante el capitalismo, al que solo pretende edulcorar.

Significativa también es su visita al Papa y sus palabras en twitter: “Hoy me he reunido con el @Pontifex_es en el Vaticano para dialogar sobre el trabajo decente, la crisis de la Covid-19 y el futuro del planeta. Construir un mundo más solidario y más justo solo es posible con diálogo entre diferentes en favor del bien común. Hay esperanza”; “Frente a las desigualdades y la precariedad, la mejor vacuna es la fraternidad y la justicia social”.

Podemos inferir que con la Iglesia Católica “hay esperanza” de “un mundo más solidario y más justo”, “a favor del bien común”, un trabajo decente e igualdad, y de que se haga, “así en la tierra como en el cielo”, la “fraternidad y la justicia social”.

Más elocuente y explícita es la explicación que da su compañero, el otanista (1) Enrique de Santiago: “Siempre ha habido una unidad entre el partido y los sectores de la iglesia que buscan proteger lo común. Y este Papa es un aliado en este camino”. Queda claro: la Iglesia Católica es una aliada para “construir un mundo más solidario y más justo”. ¡Con amigos así para qué quieres enemigos!

Comulgan con la Iglesia Católica y con la OTAN. ¿Qué proyecto transformador pueden abanderar quienes han traicionado a su propio proyecto originario (IU nació de la lucha contra la OTAN) al abrazar a una organización que es el brazo armado del imperialismo yanqui (y europeo); quienes se alían a una organización (y su estado Vaticano) que es la quintaesencia de lo retrógado y el oscurantismo?

Estas son algunas de las mimbres ideológicas con las quieren armar su “frente amplio”, como un “tsunami feminista” para hacer una “política bonita” (Mónica G.), donde todo se consigue con diálogo, buen rollo y mucho amor. No con el combate férreo y la lucha de clases, que generan mucha “crispación y ruido”, cosa que desagrada a estos señoritos de la política. Estamos ante una propuesta vieja con una nueva cara. Nada nuevo bajo el sol.

Su eclecticismo ideológico (“El eclecticismo es la antesala de la traición”, Bergamín dixit), su estéril ambigüedad política y dispersante transversalidad, no pueden crear nada nuevo con verdadero potencial de cambio, y sí generar más derrotas y frustración, y abrir las puertas de par en par a las fuerzas más oscuras de la sociedad. Solo desde unas bases ideológicas y políticas nítidas de izquierdas, que se mantengan firmes, se puede construir algo que dé esperanzas al proletariado y clases populares, a los parias, a los olvidados, algo que les ilusione, que les lleve en volandas al torrente de la lucha obrera y popular; sólo así se puede crear algo grande, “un país en grande”.

Llevamos décadas de dominio del campo popular por el revisionismo, cada vez más envilecido; de degeneración ideológica, política y organizativa. ¿Y a dónde nos ha llevado? Al desarme de la clase obrera, a la actual situación de debilidad y dispersión de dicho campo, mientras avanza la crisis, la explotación y opresión, la pobreza y desigualdad, la reacción y el fascismo.
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(1) Declaraba hace escasas fechas: “preferiríamos no estar en la OTAN (…) a partir de ahí, si formamos parte de una organización internacional y tenemos obligaciones, es obvio que mientras formemos parte hay que cumplirlas”.

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