Espacio Republicano de Madrid
Las clases populares llevamos escuchando año tras año, desde 2008, palabras como “sacrificio”, “esfuerzo”, “dificultades”… como única respuesta a una situación económica, política y social que nos asfixia lentamente. La realidad es la de siempre; las grandes fortunas, los delincuentes legitimados por el Régimen del 78, con la corrompida y criminal familia Borbón en cabeza, no sufren las consecuencias de una gestión pública organizada para blindar sus privilegios y redoblar nuestras agonías.

Nuestros oligarcas (pues aquí también sufrimos una oligarquía) no tienen problema alguno en contradecir las leyes que nos imponen a los demás, empezando por su “sagrada” constitución. Lo acabamos de ver con la censura a los medios de comunicación rusos y el envío de armas a Ucrania, efectuados sin la obligatoria aprobación previa por las Cortes, y sin apenas críticas parlamentarias. Sin embargo, cuando se trata de proteger sus privilegios, la ley se convierte en un arma implacable, que no deja lugar a interpretaciones ni matices. Vivimos bajo la Ley del Embudo.

Quince años de crisis aguda permanente, justificada por multitud de causas circunstanciales, de las que la pandemia y la guerra no son más que los últimos ejemplos, no logran esconder que estamos ante una crisis estructural. Una crisis total, que trasciende lo económico y alcanza los valores mismos de una sociedad construida sobre las mentiras y los silencios (interesados e impuestos), de la llamada “Transición democrática”.

El Régimen del 78 está agotado. Si alguna vez despertó ilusiones y esperanzas por contraste con la negra noche del franquismo, hoy no logra engañar prácticamente a nadie y trata de sobrevivir canalizando, no sin cierto éxito, la desilusión y el desengaño popular hacia la ultraderecha, hacia los más fieles defensores de la corrupción y los privilegios de clase, es decir, de la Monarquía.

La única salida para las clases populares, sin embargo, es avanzar hacia la Tercera República; hacia un régimen de igualdad de derechos, oportunidades y obligaciones para todos, en el que las correrías borbónicas sean un triste recuerdo. Un régimen de solidaridad entre pueblos de dentro y de fuera de nuestras fronteras, donde la guerra no sea nunca más un instrumento de política nacional. Un régimen de justicia social donde la economía esté realmente al servicio de la mayoría y se persiga la explotación del pobre a manos del rico. Ellos, nuestros oligarcas, lo saben muy bien y ponen todo su esfuerzo, sin escatimar recursos, en dificultar esa salida.

La Tercera República es una necesidad, pero no nos la van a regalar. Hace falta mucha fuerza, mucha unidad y mucha firmeza para doblegar la resistencia de la oligarquía y sus lacayos, tanto progresistas como ultraderechistas. Tenemos un mundo nuevo que empezar a construir, hoy mismo, y necesitamos todas las manos posibles, porque el viejo mundo, podrido, amenaza con enterrarnos entre sus escombros.

POR LA TERCERA REPÚBLICA

VIVA LA REPÚBLICA

Espacio Republicano de Madrid. Abril de 2022