Comunicado del Secretariado del PCE (m-l)

“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”. Antonio Gramsci

Lo que empezó siendo un intento de la dirección del PSOE de remodelar sus alianzas acercando a Ciudadanos a su campo ha permitido al PP hacer lo propio en el campo de la derecha, que gira claramente hacia posiciones filofascistas. La soberbia altanera de niña pija de Ayuso ha terminado, a falta de ningún otro atributo político, por ser decisiva para aglutinar el voto de una mayoría hastiada del buenismo retórico de la izquierda reformista, empantanada en un quiero y no puedo constante que es percibido por los votantes de las clases populares alejados de la política como lo que es: impotencia. A falta de alternativas que realmente puedan mejorar su situación, la actitud altanera de Ayuso y su equipo, su apuesta por la identidad casposa de “lo madrileño”, su seguridad en la pelea contra sus rivales políticos son percibidas como fuente de seguridad frente al descalabro general.

La situación recuerda a la del tamayazo de 2003, cuando la traición de dos diputados socioliberales abrió las puertas del gobierno de la Comunidad a Esperanza Aguirre, otro personaje cuya única cualidad política era el desparpajo, con el que lideró durante años el proceso de demolición del sector público y su venta a precio de saldo al capital privado.

Recuerda, sí, pero la situación no es igual. Hoy, la crisis es aún más profunda que las anteriores; hoy, la oligarquía, a cuyo servicio está un aparato de Estado trufado de fascistas en todas las instituciones que deciden finalmente en las grandes cuestiones políticas, desde la alta judicatura a las fuerzas policiales, pasando por el estamento militar, en el que proliferan los jefes y conmilitones que añoran la dictadura fascista, no necesita tantos adornos “democráticos” y prepara a sus fieles para imponer a sangre y fuego su ley en tiempos de incertidumbre. A su servicio un fiel aparato de propaganda que, hora tras hora, alecciona a las masas desde las cajas tontas.

Los resultados de las elecciones de ayer van a tener sin duda una repercusión, quizá determinante a corto plazo, en el ámbito estatal, donde al gobierno de coalición le espera un auténtico via crucis que probablemente les sirva a las Calviño y cía. para justificar el no llevar a cabo el programa pactado en su día. El ciudadanismo termina, como empezó, ahogando su impotencia política en un rosario de retóricas vacías. Todo un símbolo que su líder estos años anunciara su abandono de la política al final de la jornada electoral. Y que lo hiciese presentando como sucesora a Yolanda Díaz, la tercera vicepresidenta del Gobierno, paladín del oportunismo, cuya gestión política en Galicia laminó a la izquierda en esa comunidad y desarticuló los sectores críticos con el reformismo revisionista, que hubieran podido encarar la articulación de las organizaciones de izquierda. Parecen no haber entendido nada.

A lo largo de los años se ha separado a las clases trabajadoras de la política, se han desarticulado sus organizaciones de base en barrios, centros de trabajo y de estudio. Durante años, se ha apartado de la batalla política a los trabajadores suplantando sus organizaciones por personalismo y cháchara; a los mismos trabajadores que ganaron combatiendo palmo a palmo cualquiera de los avances conquistados hasta hoy, todas y cada una de las cesiones arrancadas al Estado monárquico hoy puestas en cuestión por este.

La última vez, hace siete años, la gigantesca movilización de masas surgida contra los recortes de Rajoy se canalizó hacia el voto, dispersando el potente movimiento de masas que respondía a los recortes.

Esa izquierda reformista que hablaba de tomar los cielos por asalto, usurpando la cita de Marx refiriéndose a la gloriosa Comuna de París, y afirmaba estar a punto de ganar las generales a Rajoy y a Sánchez, diciendo “nos tienen miedo porque somos eficaces”, ha confirmado en estos siete años lo que parecía ya entonces evidente: la ineficacia de cualquier alternativa de cambio real que no empiece la tarea derribando un modelo político pactado con el franquismo, y rompiendo las trabas que impiden de verdad acometer los cambios que las clases trabajadoras precisan con mayor urgencia cada día.

¿De qué nos extrañamos ahora? Sí, la clase trabajadora está al margen de la lucha política; es la izquierda la que ha agostado el terreno con su política reformista y pacata hasta llegar a esta situación. ¿De qué se queja ahora?

Ha sido una derrota sin paliativos de la izquierda reformista y el descalabro del PSOE, acompañado de una remodelación interna de su campo: el PSOE es superado por primera vez en votos por Más Madrid, la marca “asumible” de Podemos. Se puede decir que el PSOE deja de ser el jefe de la oposición (realmente nunca lo ha sido), y su izquierda pasa del morado al verde.

Ahora queda sacar conclusiones de esta derrota: todos, nosotros también. Y prepararnos y preparar a los trabajadores para futuras batallas, que serán duras, nadie lo dude. El fascismo se encarama al gobierno en Madrid, pues aunque puede que no entre en él, su aliento anima la actitud política de los Ayuso, Almeida y Casado.

Ahora, la derecha reaccionaria terminará por mostrar que su madrileñismo de taberna es incapaz de frenar la miseria que su política ha extendido en nuestros barrios. Y sus rivales deberán mostrar, desde el gobierno de la nación, su determinación para cumplir con sus compromisos al constituirse.

La primera y más urgente conclusión de estas amargas elecciones, con todo, corresponde entenderla a la izquierda de verdad, la que pelea en los barrios y en los tajos. No son necesarias más pruebas de lo que venimos diciendo desde hace tanto tiempo. La única muralla capaz de impedir el paso del fascismo es la unidad popular, hablando claro a nuestra gente, contribuyendo e implicándonos en la tarea de ayudar a su organización, volviendo a la pelea por los derechos colectivos, por los problemas vitales, materiales y palpables de la gente de a pie, contra un régimen que siempre ha usado la democracia como careta para seguir pisando la vida de la gente y dictando su política con unas u otras caretas.

Madrid, 5 de mayo de 2021.

Secretariado del Comité Central del PCE (m-l)