Los trabajadores no pagaremos la guerra imperialista

La guerra en Ucrania está sirviendo como excusa para implantar un recorte de derechos fundamentales y un discurso belicista que no tiene otra intención que la de facilitar la sumisión popular al retroceso democrático que estamos sufriendo en toda Europa.

El artículo 55 de la “sagrada” Constitución Española de 1978 recoge el único procedimiento legal para recortar los derechos y libertades fundamentales que el propio texto reconoce, señalando claramente que cualquier actuación en ese sentido debe estar precedida de los estados de excepción o sitio en los casos más graves, y de una actuación judicial en cualquier otro caso.

Sin embargo, desde que se produjo la invasión rusa sobre Ucrania hemos asistido a la desaparición acelerada de algunos de esos derechos especialmente protegidos, sin guardar las mínimas apariencias democráticas de cara a la galería y sin encontrar apenas críticas desde los partidos institucionales. La guerra en el este de Europa sirve de excusa para imponer una visión unilateral, la de la alianza económico-militar encabezada por los Estados Unidos de América, y silenciar cualquier voz discordante, empezando por los medios de comunicación vinculados al gobierno ruso, pero apuntando ya hacia la posible censura de cualquier crítica a la escalada bélica occidental.

La guerra ideológica es imprescindible para sostener el enfrentamiento permanente entre bloques imperialistas. Todos sabemos que Rusia ha prohibido mencionar la palabra “guerra” bajo amenaza de prisión y reprime cualquier mínima manifestación contra la “Operación Especial” en Ucrania, puesto que nuestros medios de comunicación lo han denunciado detalladamente; sin embargo, la detención de un periodista español en Polonia, acusado de espiar para Rusia, el anuncio del gobierno checo de condenas de hasta 3 años de prisión para quien manifieste opiniones prorrusas, o el propio apagón informativo aplicado por RTVE sacando a sus periodistas de territorio ruso, no han recibido la mínima crítica por parte del colectivo periodístico.

Esta peligrosa deriva viene acompañada por la multiplicación de discursos de odio criminalizando al pueblo ruso y haciéndole responsable de la agresiva política imperialista de su burguesía. Discursos que remiten al siniestro “Rusia es culpable” que usó el franquismo para intentar justificar su vergonzosa participación en la Segunda Guerra Mundial de la mano de la Alemania nazi, y que tienen por objetivo crear un clima social favorable a la rápida degradación de las condiciones de vida de los trabajadores, e incluso al posible enfrentamiento directo entre bloques imperialistas.

No podemos olvidar que los medios de comunicación masivos no dejan de ser grandes empresas entregadas a la búsqueda del beneficio económico y la difusión de la ideología de sus capitalistas; intereses que en lo fundamental coinciden con los de toda la burguesía en general y de la burguesía occidental en particular, alineada contra la burguesía rusa en su competición por repartirse el mundo y sus recursos. La “información” que nos ofrecen es la visión interesada de nuestro enemigo de clase, por lo que, lejos de hacernos más libres, nos encadena mentalmente al carro de la guerra del capitalismo global.

¡NI GUERRA ENTRE PUEBLOS NI PAZ ENTRE CLASES!

Partido Comunista de España (marxista-leninista)
Juventud Comunista de España (marxista-leninista)