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29 MARZO: La clase trabajadora impuso la fuerza de sus razones

abril 2, 2012 por  
Publicado en: Comunicados

Los  partes de guerra del enemigo de clase no reflejan la realidad de la batalla de ayer. Los medios de manipulación de masas, las declaraciones de empresarios, politicastros y tertulianos han falseado los datos, ocultado las razones y silenciado las evidencias que prueban el seguimiento masivo de la Huelga General. Se ha sabido, por ejemplo, que, para evitar que quedara constancia gráfica del río humanos que desbordaba el centro de Madrid, el helicóptero contratado para grabar imágenes de la impresionante manifestación que reunió a cerca de un millón de personas, fue obligado a aterrizar diez minutos después de empezar ésta,  alegando razones de seguridad.

A pesar de todo, el despliegue propagandístico del régimen no ha podido ocultar que la Huelga General ha sido una contundente demostración de fuerza del proletariado español.

Como colofón de la jornada, millones de trabajadores y ciudadanos recorrían las calles de Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao  y otras cien localidades, en las manifestaciones más masivas de los últimos años. Ni los piquetes del miedo de la patronal y la policía, ni la constante campaña de intoxicación informativa, ni las amenazas de todo tipo de matones, ni la chulería insultante y provocadora de uno de los siniestros portavoces del fascismo del papel impreso, que llegó a declarar: “al primer piquete que haya mañana, espero que lo atropelle un coche de la policía”  han logrado parar la marea de indignación popular que inundó las calles de España. De nuevo y con más fuerza si cabe, el proletariado español ha probado en la calle su disposición para la lucha.

En los piquetes formados por miles de personas, que recorrieron durante todo el día los polígonos industriales y las calles de las ciudades, lo mismo que en las manifestaciones, resaltaba la presencia de jóvenes estudiantes y trabajadores, que aportaron combatividad y energía. La juventud está aprendiendo rápidamente la experiencia histórica y práctica de combate que el social liberalismo y el revisionismo le hurtaron durante todos estos años.

Las intervenciones de los trabajadores en las asambleas y actos públicos de preparación de la huelga, las conversaciones en tajos, centros de estudios y barrios hacían patente, ya antes del 29,  que las masas populares tienen clara la necesidad de hacer frente a la política de la oligarquía con mas decisión. Eso se tradujo en multitud de propuestas que fueron sumando voluntades: una huelga de consumo, y piquetes ciudadanos organizados por el movimiento vecinal y las plataformas de barrio;  encierros de estudiantes en las universidades que se unieron a los piquetes informativos; asambleas populares y concentraciones en muchos pueblos y ciudades. Todo apuntaba a una jornada que marca un punto de inflexión en la movilización popular, hacia una mayor unidad, combatividad y conciencia política en las luchas por venir.

Es perceptible también un incremento, de momento espontáneo, de la politización: las consignas de piquetes y manifestantes y la numerosa presencia de banderas republicanas indican que paulatinamente se abre paso en la conciencia de la clase obrera la necesidad de elevar los objetivos de la lucha de lo concreto a lo general, de lo social a lo político.

Todo ello nos permite afirmar que, como ya preveíamos, hemos pasado en menos de un año, de la expresión espontánea, limitada y visceral del descontento, al inicio de la acción consciente, aunque no organizada aún, de un sector importante del movimiento de masas. De la ingenuidad de mayo pasado a la disciplina perceptible en los piquetes de ayer, va la distancia que hay entre la dispersión anárquica de las manifestaciones de entonces y la respuesta unitaria y organizada del 29 de marzo.

El escenario está meridianamente claro: el Gobierno insiste en no modificar su política, ni retirar la brutal Reforma Laboral del 10 de febrero. Cuenta para llevar a cabo sus planes con el apoyo de unos (CIU,  por ejemplo está haciendo el papel de liebre en la carrera de la oligarquía por liquidar los derechos populares)  y la pasividad de otros. No puede ocultar que su política agrava la dramática situación social y profundiza la recesión económica. Por ello,  va a intentar a toda costa extender la sensación de que sus medidas son inevitables, apoyándose en la falsa legitimidad de su mayoría en las pasadas elecciones.

Y decimos falsa, porque su victoria  no es más que una monumental estafa basada en el engaño y la falsedad. Que haya ocultado el contenido de su proyecto de Presupuestos Generales del Estado hasta después de las elecciones en Andalucía y Asturias, o que su Ministro de Economía haya presentado el borrador de Presupuestos al Eurogrupo, antes que a los ciudadanos españoles, son ejemplos del grado de degeneración de esta casta de políticos corruptos y su concepto de la “soberanía nacional” y de la democracia.

Los dirigentes sindicales, sin abandonar su empecinamiento en recuperar un diálogo social en el que solo ellos parecen creer, han avisado ya de que la negativa del Gobierno a modificar sus planes, provocará la convocatoria de nuevas movilizaciones. Dan como plazo el 1 de Mayo para conocer en qué se concretan éstas. Pero todos sabemos que el tiempo juega a favor del Gobierno, porque ayuda a extender esa sensación de inevitable, que conviene a su política.

Es, pues, necesario presionar para que se concrete lo antes posible un plan de desarrollo de la movilización popular que tenga en cuenta las dificultades a las que nos enfrentamos: dispersión de los trabajadores, debilidad de la izquierda, miedo al paro, incremento del fascismo rampante y cada vez más agresivo, pero también y sobre todo, nuestra fuerza, que quedó demostrada en la jornada de ayer: la capacidad de organización, la creatividad, la disciplina y el empuje del proletariado.

Los sindicatos ya han presentado un plan con alternativas generales contra la crisis y sus consecuencias que prevén una nueva política económica basada en el refuerzo del papel del Estado como garante del interés colectivo, una reforma fiscal que combata eficazmente el fraude fiscal y aumente la carga impositiva sobre las grandes rentas y una reforma financiera que ponga coto a la parálisis del crédito y a la especulación de los grandes bancos.

Los comunistas consideramos que se debe ir elevando el tono de las propuestas. No caben más treguas. La lucha debe entablarse con objetivos no solo sindicales e inmediatos, sino políticos:

En primer lugar, el desarrollo de la crisis está demostrando que la UE no es una institución que asegure el progreso y el desarrollo de los pueblos de Europa, sino el Estado Mayor de los grandes empresarios y financieros euorpeos, que se sirven de ella para unificar y justificar sus políticas contra los pueblos. No es posible por lo tanto mantener una posición de neutralidad frente a este estado de cosas. La lucha contra la Unión Europea debe ser una prioridad: es preciso derogar los tratados y directivas que santifican las políticas neoliberales y limitan los derechos democráticos. Solo existe otra alternativa: la salida de la Unión Europea y de la zona euro.

Una mayoría de trabajadores europeos perciben ya esta evidencia. Es necesario  trabajar por una respuesta unida contra la política de la UE. Los dirigentes sindicales de la CES son conscientes de lo que decimos, pero no han dado pasos serios en esta dirección. Se impone presionar para unificar la respuesta de los trabajadores europeos en huelgas y movilizaciones comunes.

Por último, nuestro país sufre las consecuencias añadidas de un proceso político que dejó sin solución la ruptura con la dictadura franquista. El régimen monárquico es el símbolo de una estructura institucional, de una casta política y de una clase empresarial particularmente reaccionarias que actúan con la más absoluta impunidad, acostumbrados a hacer y deshacer a su antojo, a vivir de la especulación, del engaño, de la explotación inmisericorde de su propio pueblo.

No caben engaños, la pelea es abierta y el enemigo conocido. No basta pues con oponerse puntualmente a las agresiones del régimen y su Gobierno de turno: Si no modifica su política, el Gobierno Rajoy debe caer, lo mismo que los políticos que lo justifican y apoyan.

Será una lucha larga y difícil, pero la experiencia ya ha probado que es posible hacerlo. Realmente: no hay más opciones.

¡Adelante la lucha!

¡Viva la clase obrera!

30 de marzo de 2012

Secretariado del CC del PCE (m-l)

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