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HONDURAS: La oligarquía vuelve a golpear en América Latina E-mail
PCE (m-l)   

Los sectores privilegiados hondureños, con el inestimable apoyo de los mandos de un ejército formado en las técnicas de la Escuela de las Américas, han hecho gala una vez más de su atroz reaccionarismo. Habituados durante décadas a gobernar con mano de hierro el país, bajo el manto protector de los EEUU, no han podido tolerar siquiera una consulta no vinculante al pueblo de Honduras.

No se trataba de dar un giro revolucionario a la política hondureña, como dejan claro el propio contenido de la propuesta presidencial y el mismo origen oligárquico del presidente Zelaya. Pero la experiencia de los últimos años en América Latina ha enseñado a las clases privilegiadas que es muy difícil arrebatar a los pueblos las conquistas políticas y sociales, una vez alcanzadas. De ahí que se hayan propuesto acabar de un plumazo con cualquier veleidad democrática como la que se iba a desarrollar este fin de semana, y que significaba reconocer el valor de la opinión popular para emprender reformas políticas de calado. El cinismo de los oligarcas hondureños es tanto más notorio por cuanto se escudan en una legalidad ad hoc que ellos mismos se han preocupado de tejer en los últimos tiempos, fielmente servidos por Parlamento y tribunales, para bloquear cualquier paso hacia la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, como pretendía Zelaya. Una legalidad que, además, se basa en una Constitución (la de 1982) promulgada en los años más negros de la intervención reaganista en Centroamérica. No es casualidad, pues, que la táctica empleada recuerde a la utilizada en aquel período, con un inmediato toque de queda, represión y “apagón informativo”, pero más todavía al golpe de abril de 2002 en Venezuela.

Más clarificadora resulta la exigencia hecha por Micheletti, nombrado nuevo presidente por los golpistas para dar la impresión de normalidad constitucional, quien se ha mostrado dispuesto a recibir a Zelaya, pero «sin apoyo de Hugo Chávez». Esta exigencia deja a las claras las intenciones de los golpistas, alarmados por el acercamiento del Estado hondureño a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Pero, además, se aproxima a las declaraciones de Barack Obama, quien, en el momento de redactarse este comunicado, aún no ha condenado el golpe de Estado ni lo ha calificado como tal, pero sí ha exigido que el conflicto sea resuelto a través de un «diálogo libre de interferencia exterior», que obviamente se dirige contra los gobiernos progresistas del continente. Tales ambigüedades, junto al silencio de la embajada norteamericana en el momento del golpe, ponen de relieve, cuando menos, el cinismo de la nueva Administración de los EEUU y hacen recaer las sospechas sobre el «vecino del Norte». Pero también ha sido llamativa la lenta reacción de la UE en los primeros momentos, consecuencia lógica de su tradicional doble rasero hacia los Estados americanos. En este sentido, el papel jugado por los medios de comunicación europeos en general, y españoles en particular, ha sido tan nefasto y pro-oligárquico como en los momentos más difíciles del proceso venezolano.

A estas horas, los hondureños se concentran en Tegucigalpa para mostrar su rechazo al golpe y hay convocado un paro nacional, con el mismo objetivo, que desafía las órdenes de los militares. La capacidad de resistencia popular va a estar muy condicionada por el apoyo que se le preste desde el exterior; por eso, es fundamental que todas las gentes de izquierda demostremos nuestra solidaridad activamente, sumándonos a las movilizaciones que se están llevando a cabo para apoyar al Gobierno hondureño legalmente constituido y para forzar al Estado español a implicarse contundentemente y de forma sostenida en el rechazo al golpe.

Por el internacionalismo proletario,

¡Fuera imperialistas de América Latina!

PCE (m-l)

Secretariado del Comité Central

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