Paul Robenson en los Países del Este
Enero 29, 2010 por PCE (m-l)
Publicado en: Cultura, Multimedia
Hijo de un esclavo fugitivo que se había convertido en predicador protestante y que logró licenciarse en la Universidad de Lincoln. Su madre era proveniente de una familia de cuáqueros que había luchado por la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos.
En 1910, la familia Robeson se tralada a Somerville, Nueva Jersey. Luego de estudiar Derecho en la Universidad de Rutgers, Robeson se graduó de abogado. Fue el tercer estudiante de origen negro en aquella universidad. En su juventud, fue jugador de rugby, de béisbol y de baloncesto en la Universidad.
Si no hubiese sido por su condición de persona negra, Robeson hubiese constituido el prototipo heroico de la sociedad norteamericana de su época. El estigma era tan grande que llega al punto de que las demás universidades americanas, en general, se negaban a desarrollar competencias con la de Universidad de Rutgers, debido a que en su nómina tenía a un jugador negro. Jugó fútbol americano profesional en la American Professional Football Association (llamada después National Football League) con los Akron Pros y los Milwaukee Badgers.1 Después fue entrenador asistente en la Universidad Lincoln en Pensilvania.
A su ingreso en el Colegio de Abogados de Princeton, una mecanógrafa blanca rechazó escribir al dictado de un abogado negro, y esto lo hizo desistir de ser abogado, por lo que se dedicó a otras labores. Se convirtió en actor de teatro y de cine.
Fue amigo del gran cinesta soviético Sergéi Eisenstein y del dirigente keniano Jomo Kenyatta, así como de otros líderes mundiales de la época (de Nehru y de Emma Goldman). Como artista y como figura pública, fue aclamado por escritores y pensadores como Pablo Neruda, James Joyce y Ernest Hemingway.
A su hijo lo envió a estudiar a una universidad soviética, debido a que no quería que éste padeciera los prejuicios racistas estadounidenses.
De personalidad rebelde y asertivo, dirigió las primeras campañas de Estados Unidos reivindicando los derechos de la población afroamericana.
En la década de 1930, en sus viajes por Europa y la URSS, Robeson tomó contacto con los miembros de organizaciones antifascistas de los citados lugares, con los oprimidos y con la dirigencia de la clase obrera de la época. Empezó a comprender que su arte tenía la capacidad de servir a la lucha de los trabajadores de todo el mundo. Se convenció de que los afroamericanos, como descendientes de esclavos, tenían una cultura común con los trabajadores de otros países, que como sucedía en Rusia, eran descendientes de siervos. En la Unión Soviética fue donde según sus palabras se sintió tratado como un completo ser humano y vio que no había perjuicios contra los afroamericanos ni ningún tipo de discriminación racial.
Cantó blues, canciones contra la explotación y la esclavitud, himnos de los presidiarios, de los remeros del Volga, de los maquis, de las Brigadas Internacionales de la Guerra Civil Española, marchas rusas de los obreros y fragmentos del Porgy and Bess de George Gershwin, y su pieza emblemática Old Man River. También tradujo el Himno de la Unión Soviética al inglés en 1943.
A partir de la llegada del nacional-socialismo a Alemania en 1933, Robeson se convirtió en un activo opositor a esta ideología. Participó en la Guerra Civil Española dentro la Brigada Lincoln, compuesta por voluntarios antifascistas estadounidenses. En un mitin antifascista contra el levantamiento de Francisco Franco contra la República en 1936, Robeson dijo: “El artista debe tomar partido. Debe elegir luchar por la libertad o por la esclavitud. Yo he elegido. No tenía otra alternativa”.
Con una imponente calidad de actor, Robeson interpretó a dos personajes gemelos: un criminal disfrazado de reverendo eclesiástico y un joven comerciante, ambos enamorados de la misma mujer. Esta constituyó una película intensa sobre temas y valores colectivos, una película muda en donde, de manera paradójica, la poderosa voz de Robeson estuvo ausente. Sin embargo, era interpretada por un acompañamiento musical de gran significación en la historia del jazz contemporáneo, ya que se trató de la orquesta de jazz del Lincoln Center, que dirigía en ese entonces Wynton Marsalis, que había encomendado a otro ícono del jazz, Wycliffe Gordon, la elaboración de un acompañamiento que fue ejecutada en vivo durante las dos proyecciones de la película de Oscar Micheaux y Robeson, tal como se estilaba en la época presonora del cine. Tanto Marsalis como el pianista Marcus Printup, acompañados de un grupo de jazz de los más importantes del momento, rindieron este homenaje a los precursores del cine afroamericano.
Paul Robeson no constituyó el típico cantante o actor norteamericano, carente de formación, ya que era poseedor de una extensa ilustración y una amplia cultura, ya que tenía una extraordinaria preparación intelectual y hablaba más de veinte idiomas. En 1952 la Unión Soviética le concedió el Premio Lenin de la Paz (por aquel entonces llamado Premio Stalin de la Paz).
Sufrió la persecución feroz del macartismo y del propio FBI. Durante un interrogatorio ante el Senado norteamericano, cuando le preguntaron que por qué no se quedaba en la Unión Soviética, contestó: “Porque mi padre era un esclavo, y mi gente murió para construir este país, y voy a permanecer aquí y a tener una parte de él, exactamente igual que usted, y ningún fascista importado me sacará de él.”
El Comité de Actividades Antiamericanas acabó declarando que Robeson había intentado construir un Estado prosoviético en el sur de los Estados Unidos y le privó de su pasaporte.
Este hecho acabó con su carrera. Cerca de 80 de sus conciertos fueron cancelados. En 1949, dos conciertos al aire libre en Peekskill (Nueva York) fueron atacados por grupos racistas sin que la Policía estatal hiciera nada para impedirlo. Para la ocasión, Robeson declaró: “Voy a cantar donde quiera que la gente quiera que cante… y no me asustan las cruces que arden (en alusión al Ku Klux Klan), ni en Peekskill ni en cualquier otro lugar”.
21 de Enero de 1921: Nace el Partido Comunista de Italia
Enero 21, 2010 por PCE (m-l)
Publicado en: Comunicados, Cultura
Han transcurrido 89 años desde aquel 21 de enero de 1921 cuando en Livorno los comunistas y elementos de vanguardia de la clase obrera italiana fundaron el Partido Comunista de Italia, Sección de la Internacional Comunista.
La fundación del Partido Comunista tiene lugar en una situación revolucionaria creada en Europa durante la Primera Guerra Mundial y la revolución proletaria en Rusia que en Italia fue el origen, durante el bienio 1919-20 de una serie de tenaces luchas obreras y populares que culminaron en la ocupación de fábricas: una situación que todavía hoy tienen la mejor descripción en páginas escritas cinco años después por Antonio Gramsci en el diario del Partido «l’Unità»
« La ocupación de las fábricas no ha sido olvidada por las masas. […]Ello fue la prueba general de la clase revolucionaria.[…] Si el movimiento fracasó, no se puede echar la culpa a la clase obrera en tanto que tal, sino al partido socialista que no cumplió con sus deberes, que era incapaz, inepto, que iba a la cola de la clase obrera en vez de ir a la cabeza.[…] Los obreros que ocuparon las fábricas estuvieron, en tanto que clase, a la altura de sus tareas y funciones. […] NO se ocuparon los ferrocarriles ni la flota. […] No fueron ocupados los bancos ni los centros comerciales. No pudieron resolver los grandes problemas nacionales e internacionales, porque no conquistaron el Poder de Estado. Esos problemas deberían haber sido afrontados por el Partido socialista y los sindicatos, que en vez de ello capitularon vergonzosamente so pretexto de la inmadurez de las masas; la realidad es que eran los dirigentes los inmaduros e incapaces, no la clase. Eso llevó a la ruptura de Livorno y a la creación de un nuevo partido, el Partido Comunista.» («l’Unità», 1 de Octubre de 1926)
«El proletariado era lo bastante fuerte en 1910-1920, como para someterse pasivamente a la opresión capitalista. Mas su fuerza organizada era titubeante, debilitada interiormente porque el Partido socialista era una amalgama de al menos tres partidos» (l’Unità, 26 de septiembre de 1926)
Esto no es una reflexión de ayer. Es algo que atañe directamente a la clase obrera italiana de hoy, de la que una parte continúa a identificarse política y organizativamente con los partidos de Rifondazione Comunista y del P de CI, la proyectada Federación no es más que una confusa amalgama de posiciones ideológicas y políticas que no tiene nada que ver con el marxismo revolucionario, con el leninismo, va del más clásico reformismo de la socialdemocracia de derecha al maximalismo centrista típico de la socialdemocracia de «izquierda» europea. Este último siembra hoy las peores ilusiones: lucha de clases, sí, incluso dura si es necesario, pero ninguna perspectiva de ruptura revolucionaria con el sistema institucional del Estado burgués y con su falsa democracia parlamentaria que según el centralismo maximalista es el terreno en el que se logrará la emancipación de la clase obrera.
El Gramsci de ayer es más actual que nunca:
«¿Qué quiere hacer el maximalismo con este incómodo viraje? O aquí o allá; o con la socialdemocracia o con el comunismo. […] Desde que existe la socialdemocracia es natural e inevitable que a través de sus variopintos agentes introduzca continuamente en la clase obrera su propia ideología y contamine y desvíe la ideología proletaria.. La escisión clara y resuelta de esa ideología es inevitable y absolutamente necesaria. Primero dividirse, es decir, separar la ideología revolucionaria de la ideología burguesa (la socialdemocracia de cualquier tipo); luego unirse, o sea, unificar a la clase obrera en torno a la ideología revolucionaria» («l’Unitá», 9 de enero de 1926)
En los años 20 del pasado siglo, los partidos comunistas nacieron en clara ruptura con el revisionismo de aquel período histórico; Antonio Gramsci sintetizó eficazmente la lucha del marxismo revolucionario:
«Primera fase. Socialismo utópico, con la impronta nacional de cada país, que manifiesta la revuelta instintiva de las primeras organizaciones proletarias. […]Segunda fase. Socialismo proletario de Marx y Engels o comunismo. Actuar contra los distintos socialismos nacionales y utópicos y hacerse con la victoria. En la II Internacional, esta tendencia renace bajo la bandera del marxismo como revisionismo de la doctrina marxista. […] Tercera fase. Por una parte el leninismo. Que renueva en una situación histórica cambiante, más compleja y más rica, la lucha de Marx y Engels, y restaura y desarrolla la doctrina marxista. Y por otra parte, un ulterior desarrollo de los revisionismos nacionales.» («l’Unità», 22 octubre de 1926)
Esa misma dialéctica se ha reproducido en los años 50, del pasado siglo, con el desarrollo del revisionismo moderno, con nuevas formas de los revisionismos nacionales, los cuales –con sus ataques a Stalin- renegaban de la esencia revolucionaria e internacionalista del leninismo enmascarado con una formal y mistificadora adhesión a Lenin. Si en Italia el revisionismo moderno tiene su forma principal en el «togliatismo», no ha desaparecido con la autoliquidación del PCI togliatiano, y ha asumido –en otros partidos y formaciones políticas- múltiples formas caracterizadas por la combinación ecléctica de inocuos «residuos» del marxismo con ideologías ajenas a él, como el viejo obrerismo, el anarquismo, las tendencias pequeñoburguesas de los movimientos ecologistas, feministas y pacifistas, hasta la última aparición oportunista, el llamado «socialismo y comunismo del siglo XXI»
En 1921, cuando nació el Partido Comunista de Italia, la homogeneidad ideológica de sus dirigentes y militantes no era total. Pero bajo la dirección de la Tercera Internacional y mediante el llamado proceso de «bolchevización» la asimilación del leninismo fue esencialmente asumida entre 1924 y 1927, y el Partido – mediante las tesis de su Tercer Congreso- pudo dotarse finalmente de una plataforma consecuentemente internacionalista y revolucionaria.
Hoy en Italia, los auténticos comunistas, mediante la confrontación, el debate abierto, la crítica y la autocrítica, debemos luchar por lograr la unidad ideológica y política sobre la base del marxismo-leninismo y del internacionalismo proletario. Estrechar los lazos con los elementos más conscientes y avanzados de la clase obrera y con su lucha, esto es, de un punto de vista estratégico, la tarea fundamental para la reconstrucción del Partido Comunista en nuestro, país.
21 de Enero de 2010 Piattaforma Comunista.
“Apuntes Históricos sobre la Rusia Soviética” (1917-1945)
Tomaron el Palacio de Invierno, y al grito de “¡Todo el poder a los sóviets” iniciaron una gesta que conmovió al mundo, y que llenó de esperanza y fervor revolucionario a los trabajadores y de pavor a la reacción por doquier.
Eran obreros, jornaleros, campesinos pobres, que cargaban sobre sus espaldas años de hambrunas y sufrimientos; eran soldados cansados de meses de guerrear en condiciones inhumanas en defensa de intereses que no eran los suyos; eran jóvenes estudiantes e intelectuales ahítos de censura, de negrura, de mentes obtusas y sumisas.
Un profesor de Historia, Carlos Hermida, analiza sus artículos, parte de los cuales dan forma a este libro, la situación de la URSS en cada período concreto, y echa por tierra las falsificaciones y deformaciones sobre diferentes cuestiones, desde el pacto germano-soviético, a la hambruna de Ucrania, el papel de la URSS en la II Guerra Mundial, etc. Y lo hace con una claridad de lenguaje, verdaderamente didáctico, que deja al desnudo la falsía de algunos, digamos historiadores, y sesudos intelectuales, que, conscientemente unos e inconscientemente otros, hacen el juego a la reacción y al anticomunismo.
Carlos Hermida, no se deja arrastrar por la pasión. Fríamente, en tanto que historiador, analiza los hechos, su origen, sus consecuencias, sus afirmaciones y refutaciones, están solidamente argumentadas; sus conclusiones pueden ser cotejadas con datos concretos, claros e irrefutables.
“Apuntes Históricos sobre la Rusia Soviética (1917-1945), por el profesor de Historia Carlos Hermida Revillas.
Editado por la Asociación Aurora 17
120 páginas, ISBN:978-84-613-5668-3
PVP: 12 € (gastos de envio aparte)
Pedidos contra reembolso en: aurora17edito @ gmail.com
SOROK PERVYY – El Cuarenta y Uno
Enero 11, 2009 por PCE (m-l)
Publicado en: Cultura, Multimedia
“La Guerra Nacional Revolucionaria del Pueblo Español contra el Fascismo”"
A modo de aclaración
Cuando hace cerca de treinta años procedimos a elaborar (en comisión del Comité Central de entonces), el análisis sobre la guerra contra el fascismo, y como se señala en la introducción, pretendíamos acabar con los tópicos de unos y otros, refutar las patrañas, embustes y deformaciones que, tanto los trotskistas (siempre a la vanguardia en falsificar y tergiversar los hechos, como el agente de los servicios secretos ingleses, George Orwell), y por supuesto la reacción, como sectores anarquistas amén de los “lúcidos” intelectuales burgueses, difundían sobre aquella gesta heroica de los pueblos de España.
Nos interesaba particularmente, desenmascarar las manipulaciones de los revisionistas de Carrillo y su equipo, manipulaciones que desfiguran lo sucedido en los tres años de guerra, sin contar ya la falsificación llevada a cabo sobre lo acaecido en la posguerra.
En plena batalla ideológica contra el revisionismo jruschovista, abrazado por Carrillo y Cía., muchas direcciones comunitas de entonces acabaron asumiendo el jruschovismo, o plegándose a él, posiciones rechazadas explicita y consecuentemente por China, Albania, Corea…, era vital para esa lucha desenmascarar a “nuestros” revisionistas. La visión y análisis que daban de aquella guerra iniciada por la traición de los “cuatro generales”, que con la ayuda de la Alemania hitleriana, la Italia mussoliniana y el Portugal salazarista 1, trataba de justificar en último análisis, la traidora política de reconciliación nacional, el abandono de la lucha por la república y las torticeras alianzas con sectores de la burguesía “ilustrada”, los ataques a Stalin, etc…
Al releer ahora aquel análisis, me parece que habría que matizar algunos aspectos, profundizar en otros, desarrollar más. Por ejemplo, pienso que no es justo calificar de renegado a Enrique Líster. Cierto es que, quizá por seguidismo hacia Carrillo, durante tiempo defendió posturas revisionistas y oportunistas, que después de muchas vacilaciones y de luchas intestinas (Semprún, Claudín,Gallego y otros miembros de la dirección del PCE), rompió con Carrillo, al que denunció en un libro que aclaraba bastantes puntos oscuros. Pero sus posiciones oportunistas, no dan pie, en mi opinión, para calificarlo de renegado y olvidar el importante papel que desempeñó durante la guerra. Igualmente, “meter en el mismo saco” a Dolores Ibárruri con Santiago Carrillo, tampoco es correcto. No se trata de negar u olvidar las posturas erróneas y oportunistas que adoptó “Pasionaria” (véase la diferencia entre lo que ella dice con lo manifestado por José Díaz, meses antes 2, y que durante años se plegó, o por lo menos no manifestó su oposición a las posturas revisionistas del renegado Carrillo, ese sí. Empero, su responsabilidad no fue nunca, repito, a juicio mío, comparable con la del gran traidor. Son aspectos que merecen matizaciones.
Cuando surja el partido marxista-leninista por el que trabajamos, deberá abordar esta tarea y profundizar algunos temas, como, por ejemplo, el siniestro papel de los trotskistas del POUM (de su dirección, evidentemente) que provocaron una criminal insurrección contra el Gobierno de la República, del Gobierno del Frente Popular, cuando se hallaba en lucha dificilísima contra la otra insurrección, la fascista. Aquellos dirigentes trotskistas, tan admirados por el chivato Orwell, desempeñaron objetivamente (faltaría saber si no hubo alguno que actuó subjetivamente) como agentes de la reacción. Eso es así de crudo.
Igualmente, hace falta analizar más a fondo, la situación del Partido, de sus organizaciones en España después de la derrota, y la heroica lucha de los guerrilleros, si se les prestó la ayuda necesaria, si estuvieron orientados y dirigidos correctamente; además de algunos puntos oscuros que necesitan aclaración. Son preguntas sin respuestas…por el momento.
Los comunistas concebimos proyectos, hacemos planes, señalamos tareas, etc., etc., que luego la realidad material, el tiempo, nos limita.
De todas formas, y pese a las lagunas evidentes, el análisis es correcto y sirve para que las nuevas generaciones, puedan hacerse una idea de lo que fue aquella heroica lucha, sin caer en los tópicos ni en las empalagosas “batallitas del abuelo”.
R.Marco, Mayo de 2006
1 Cuando se habla de la ayuda que el nazifascismo prestó a la sublevación fascista en España, se olvida generalmente que el Estado dirigido por el dictador Salazar, además de ayuda material en armas, envió soldados. La dictadura salazarista colaboró también, al final de la guerra, cerrando sus fronteras a los republicanos que trataban de escapar a la feroz represión franquista. Sin ir más lejos, no olvidemos que Miguel Hernández, que consiguió cruzar la frontera fue detenido y entregado a los franquistas, en cuyas mazmorras murió.
2 Es ilustrativa la lectura del libro de José Díaz, “Tres años de lucha”, cuya primera versión (y no otras posteriores, ya cercenadas cuando no manipuladas) reproducimos en nuestra página web.










