Páginas de la ciencia y la cultura soviéticas: la exploración del cosmos, por C. Hermida

mayo 30, 2011 por  
Publicado en: Artículos, Cultura

El comienzo de la exploración del Cosmos se sitúa el 4 de octubre de 1957, cuando la Unión Soviética realizó el lanzamiento del primer satélite artificial, que durante 92 días orbitó alrededor de la Tierra. A pesar de la gigantesca devastación que sufrió el país durante la Segunda Guerra Mundial, la economía planificada permitió una rápida recuperación y la URSS se colocó por delante de Estados Unidos en la que pronto se denominaría carrera espacial. La furiosa propaganda burguesa, con su campaña de difamaciones y mentiras, ha intentado por todos los medios tergiversar la realidad social, económica y cultural de la desaparecida Unión Soviética, a la que presentaba como un país dominado por una tiranía comunista que había implantado un modelo económico ineficaz y mantenía a los ciudadanos en una situación de escasez crónica. Pero los hechos son tozudos y demostraban una y otra vez que la revolución bolchevique de 1917 y el socialismo habían convertido a uno de los países más atrasados de Europa en una potencia mundial. La industrialización de los años treinta, la victoria sobre la Alemania nazi y los éxitos científicos desmentían de manera contundente las falsedades vertidas por las clases dominantes del mundo capitalista. Si el socialismo era un fracaso completo, ¿qué hacía un satélite soviético en el espacio?
El fundador de la cosmonáutica moderna fue el científico ruso Konstantin Eduárdovich Tsiolkovsky (1857-1935). En 1879 obtuvo el título de maestro y desde 1880 explicó matemáticas y física en las ciudades de Borovski y Kaluga. Desde 1885 trabajó en dos proyectos sobre un dirigible y un avión de carcasa metálica, aunque sus trabajos teóricos no pudieron llevarse a la práctica por falta de medios. En 1895 construyó el primer túnel aerodinámico de Rusia.
Sus trabajos más valiosos tratan sobre la teoría del movimiento reactivo, planteando en 1883 la idea de utilizar ese movimiento en un aparato volador interplanetario. En 1903 publicó “Investigación de los espacios universales mediante aparatos reactivos”, donde exponía las leyes del movimiento del cohete como un cuerpo de masa variable en un espacio sin gravedad y en un campo de gravitación, y fundamentaba la posibilidad de utilizar cohetes en las comunicaciones interplanetarias.
Tras la Revolución de Octubre, las investigaciones de Tsiolkovsky recibieron un gran apoyo del Estado soviético. En 1929 publicó el trabajo “Un tren cósmico de cohetes”, en el cual se expone la teoría sobre un tipo especial de cohetes de varias fases. Entre sus muchas aportaciones científicas destacan las bases teóricas sobre la construcción de cohetes de propulsante líquido.
En el avance de la cosmonáutica soviética destaca también la figura de Iván Vsevolodovich Meshchersky (1859-1935), cuya producción teórica trató fundamentalmente sobre la dinámica de una masa variable.
El triunfo de la revolución bolchevique abrió una nueva etapa en la investigación científica en general y en la cosmonáutica en particular. La ciencia y la cultura fueron impulsadas decisivamente por el gobierno bolchevique para sacar al país del atraso secular causado por la autocracia zarista. A principios de 1921 se creó en Moscú el primer Laboratorio Soviético de Investigación, Pruebas y Diseño de Cohetería, fundado por Nikolái Ivánovich Tijomirov. En 1927 se trasladó a Leningrado, pasando a denominarse “Laboratorio de Dinámica de los Gases” (GDL).
En junio de 1932 se organizó en Moscú el Grupo de Estudio del Movimiento Reactivo (GIRD), bajo la dirección de S. P. Korolev (1906-1966), cuyas investigaciones fueron la base para la construcción de los primeros cohetes de propulsante líquido. El nombre de Korolev está vinculado directamente a la exploración espacial. Tras la contienda mundial, se dedicó al diseño de de diferentes prototipos de cohetes que culminaría en el lanzamiento del Sputnik en 1957. Este primer satélite artificial pesaba 83,6 kg, tenía forma esférica y un diámetro de 580 mm. Estaba dotado de 4 antenas y las emisiones de radio funcionaban con una frecuencia de 20,005 y 40,002 MHz. El siguiente paso fue enviar un animal al espacio (la perra Laika), el 3 de noviembre de 1957, y el 12 de abril de 1961 Yuri Gagarin realizó el primer vuelo espacial tripulado. En junio de 1963 la soviética V.V Tereshkova se convirtió en la primera mujer cosmonauta. Dos años más tarde, el cosmonauta A.A. Leonov salió de la nave Vosjod-2 y realizó el primer paseo espacial.
Los éxitos soviéticos provocaron la reacción de Estados Unidos. Con un presupuesto gigantesco, los norteamericanos lograron colocar un hombre en la Luna en 1969 y asegurarse de este modo un éxito propagandístico que intentó minusvalorar y ocultar los avances soviéticos; pero, antes de que el Apolo XI realizara su histórico vuelo, el programa espacial de la URSS había lanzado sondas automáticas de exploración lunar. La sonda Luna-3 envió las primeras fotografía de la cara oculta de la Luna y el Luna-9 realizó en 1966 el primer alunizaje en la superficie del satélite. Posteriormente, se acometió el programa LUNAKHOD, que consistió en situar en la superficie lunar vehículos teledirigidos que disponían de paneles solares para cargar sus baterías y se desplazaban mediante ruedas. Llevaban incorporadas cámaras de televisión y transmitieron a la Tierra imágenes de elevado valor científico.
El Lunakhod estaba formado por un compartimento tipo bañera redonda, cubierto por una tapa integrada por células fotovoltaicas que le suministraban energía. Tenía unas dimensiones de 135 cm de alto, 170 de largo y 160 de ancho, con un peso de 840 kg. Se movía con un sistema de ocho ruedas metálicas que contaban con motores, sistemas de amortiguación y frenos independientes. Podía pasar obstáculos de  hasta 40 cm de altura o cavidades de hasta 60 cm. Un conjunto de controles automáticos lo hacían detenerse en los casos de inclinación peligrosa, bloqueo de alguna rueda o sobrecalentamiento. Para sus comunicaciones con la Tierra, contaba con una antena cónica omnidireccional y una antena altamente direccional helicoidal. Además de cuatro cámaras de televisión, los instrumentos científicos comprendían un detector de rayos X solares, un astrofotómetro para medir los niveles de luz, un magnetómetro, un radiómetro, un fotodetector para los experimentos de detección láser y dispositivos extensibles para estudiar la densidad del suelo lunar.
El primer Lunakhod comenzó su recorrido lunar el 17 de noviembre de 1970 y terminó su misión el 30 de septiembre de 1971, tras haber enviado más de 20.000 imágenes. El segundo vehículo se posó en suelo lunar el 16 de enero de 1973 y hasta el 9 de mayo del mismo año recorrió 37 kilómetros.
La última hazaña soviética en la exploración del Cosmos fue el lanzamiento de la estación espacial MIR en 1986, que constituyó la culminación del programa espacial de la URSS. Fue la primera estación permanente de investigación en el espacio. Diseñada para que funcionase durante 5 años, estuvo operativa 13 años, hasta su destrucción controlada en 2001. La MIR fue ensamblada en órbita, conectando de forma sucesiva varios módulos desde el 19 de febrero de 1986 hasta el año 1996. Los módulos acoplados fueron: MIR 1, KVANT, KVANT-2, KRISTALL, SPEKTR, DOCKING, MODULE y PIRODA.
En la estación MIR se realizaron trascendentales investigaciones científicas y se batieron marcas de permanencia en el espacio. En 1988 comenzaron las misiones conjuntas con cosmonautas de países socialistas, a las que siguieron tripulaciones integradas por franceses, británicos, alemanes y estadounidenses.

Lanzamiento de aparatos espaciales soviéticos entre 1957 y 1969

AÑO                    NÚMERO  DE APARATOS
1957……………………………………. 2
1958……………………………………..1
1959……………………………………..3
1960……………………………………..4
1961……………………………………..6
1962…………………………………….18
1963…………………………………….15
1964…………………………………….34
1965…………………………………….67
1966…………………………………….44
1967……………………………………113
1968…………………………………….74
1969…………………………………….21

FUENTE: Enciclopedia Soviética. Cosmonáutica. Moscú, editorial Mir, 1969. Págs. 556-608.

Cualquier persona medianamente informada sabe que fue un estadounidense el primer hombre que pisó la Luna, pero probablemente ignore el papel pionero de la URSS en la exploración espacial. Sirvan estas líneas para rendir homenaje a todos los cosmonautas soviéticos y también para tratar de recuperar, frente a la amnesia programada, la memoria histórica de la Unión Soviética.

Páginas de la ciencia y la cultura soviéticas: A. I. Oparin , por C. Hermida

abril 30, 2011 por  
Publicado en: Artículos, Cultura

El problema del origen de la vida ha sido, sin duda alguna, una de las cuestiones fundamentales del pensamiento humano en todas las épocas. Hasta el siglo XIX, la teoría de la generación espontánea fue ampliamente aceptada. Se basaba en la observación empírica de que en cualquier sustancia orgánica, colocada en un recipiente durante cierto tiempo, aparecían los más diversos organismos. De esa experiencia se deducía que esos organismos se formaban espontáneamente, sin necesidad de haber sido engendrados o creados por otros. Los experimentos de Louis Pasteur en 1860 demostraron sin ningún género de dudas que todos los seres vivos proceden necesariamente de otros seres vivos. Al ser desmontada definitivamente la generación espontánea, quedó abierto de nuevo el problema científico del origen de la vida.
En 1924, el bioquímico ruso Alexander Ivánovich Oparin (1894-1980) publicó un pequeño folleto en el que formulaba sus tesis fundamentales sobre el tema. De forma esquemática planteaba la posibilidad de la síntesis primaria, sin intervención de organismos vivos, de los compuestos orgánicos más elementales (los hidrocarburos) en nuestro planeta. Posteriormente, la evolución de esas sustancias habría conducido a la formación de compuestos albuminoideos y, ulteriormente, de sistemas coloidales susceptibles de experimentar un progresivo perfeccionamiento de su organización interna merced a la selección natural. Estas tesis fueron ampliamente desarrolladas años más tarde en su libro Origen de la vida sobre la Tierra, publicado en 1936. Oparin se había graduado en la Universidad de Moscú en 1917 y en 1927 consiguió la cátedra de Bioquímica. En 1935 fundó el Instituto Bioquímico, que dirigió hasta 1946, y en 1970 fue nombrado Presidente de la Sociedad Internacional para el Estudio de los Orígenes de la Vida.
Según Oparin, la vida era el resultado de complejos procesos químicos que habían tenido lugar en la Tierra en condiciones muy diferentes a las actuales:
«Una fracción considerable de los miliardos de años transcurridos entre su aparición como astro independiente y el origen de los primeros seres vivos estuvo ocupada por los procesos de evolución abiógena de los compuestos del carbono. Los hidrocarburos y sus derivados azoados y oxigenados más sencillos comenzaron a formarse desde los primeros instantes de su existencia» (Oparin, A. I.: Origen de la vida sobre la Tierra. Madrid, Tecnos, 1970).
La primitiva atmósfera terrestre estaba formada por metano, amoníaco, hidrógeno y vapor de agua, era reductora y anaerobia. Bajo la acción de descargas eléctricas y rayos ultravioleta, esos componentes reaccionaron y se formaron sustancias orgánicas de molécula compleja. Estos compuestos (azúcares, aminoácidos, proteínas, polisacáridos y ácidos nucleicos, entre otros) pasaron a formar parte de la hidrosfera al ser arrastrados por la lluvia, dando lugar a una disolución espesa de agua y moléculas orgánicas e inorgánicas. En ese “caldo primitivo” algunas moléculas formaron membranas, originando estructuras esféricas (coacervados):
«La aparición de los coacervados en aguas de la hidrosfera primitiva representó una importantísima etapa en el desarrollo evolutivo de los compuestos orgánicos primarios y en el proceso del origen de la vida. Hasta aquel momento, la sustancia orgánica se había encontrado inextricablemente confundida con el medio, hallándose distribuida de manera uniforme en su seno. Pues bien, la formación de los coacervados hizo que las moléculas de los polímeros orgánicos se concentrasen en puntos definidos del espacio, al tiempo que se separaban del medio envolvente merced a unos límites más o menos concretos. De esta forma, surgieron sistemas polimoleculares de carácter integral (gotas coacervadas), cada uno de los cuales dotado de cierta individualidad claramente distinguible del mundo exterior restante. Asimismo, estas gotas poseían una estructura definida y propia. Con anterioridad a su aparición, las sustancias orgánicas habían existido tan solo bajo el aspecto de partículas aisladas en movimiento desordenado, cuyas propiedades venían simplemente determinadas por su estructura molecular. En el interior de la gota coacervada, por el contrario, estas partículas se dispusieron las unas con respecto a las otras conforme a un plan bien organización espacial. Como resultado de ello, a los factores puramente organoquímicos vinieron a sumarse unos procesos nuevos, de naturaleza coloidoquímica, basados en la interacción entre sustancias de molécula pesada de un sistema pluricompuesto (integrado por numerosos componentes)».
Algunos de estos coacervados concentraron en su interior enzimas con las que fabricar sus propias moléculas y obtener energía. Finalmente, algunos pudieron adquirir su propio material genético y la capacidad de reproducirse, originando los primitivos procariotas. Los primeros organismos vivos fueron, por tanto, el resultado del «perfeccionamiento progresivo de unas tramas químicas situadas en el interior de unos sistemas coloides individualizados y en permanente interacción con el medio exterior. Como resultado de las continuas transformaciones sufridas por estos sistemas (dentro de los límites de su estabilidad dinámica) y la selección interrumpida de los mismos, se produjeron las siguientes consecuencias: en primer lugar, los distintos catalizadores se perfeccionaron funcionalmente, adquiriendo una elevada potencia y una mayor especificidad de acción. Más adelante, se establecieron ciertas correlaciones entre la función de estos últimos, surgiendo así las diferentes cadenas y ciclos de reacciones fermentativas que constituyen las porciones aisladas del metabolismo. Más tarde todavía, se produjo un perfeccionamiento de la organización espacial de los sistemas y de la localización de los procesos, lo cual tuvo como consecuencia la racionalización de las conexiones entre los fenómenos energéticos y sintetizantes del metabolismo (lo que a su vez garantizaba la autopreservación y autorreproducción del sistema vivo dentro de ciertos límites)».
Con la aparición de esos organismos primarios quedaba resuelta la cuestión del origen de la vida. A partir de ese momento se iniciaba la evolución que daría lugar a los animales y a los vegetales. Oparin demostró brillantemente de forma teórica que la vida representa una forma especial del movimiento de la materia, regida por las leyes de la dialéctica. Los planteamientos idealistas y las concepciones religiosas eran puras especulaciones oscurantistas e irracionales.
No obstante, las teorías deben ser demostradas en la práctica. El enorme despliegue de erudición y conocimientos químicos que Oparin desarrollaba en su obra necesitaba una comprobación experimental. Y ésta llegó en 1953, cuando Stanley Miller, joven estudiante de Química en la Universidad de Chicago y alumno del profesor Harold Hurey, realizó un experimento trascendental. Diseñó un dispositivo compuesto por dos recipientes de vidrio. En el más grande se introdujeron metano, amoniaco, hidrógeno y vapor de agua, los componentes primitivos de la atmósfera terrestre, y en el pequeño había agua hirviendo. La mezcla de gases fue sometida a una serie de descargas eléctricas mediante electrodos y posteriormente pasaba al recipiente menor. Al cabo de varios días, al tomar las muestras del agua, Miller encontró una gran cantidad de compuestos orgánicos, entre ellos varios aminoácidos, que son la base de las proteínas.
Las hipótesis de Oparin quedaron corroboradas por la experimentación de Miller, pero el mundo académico, las instituciones religiosas y los aparatos ideológicos de la burguesía no pueden aceptarlas, porque supondría reconocer el triunfo del materialismo dialéctico como método de análisis, interpretación y transformación del mundo, algo sumamente peligroso para el capitalismo. Las teorías creacionistas, que niegan la evolución, y las interpretaciones metafísicas con pretendidos mantos científicos son ampliamente difundidas para contrarrestar la influencia del marxismo. El escepticismo o el abierto rechazo de los postulados de Oparin encubren la lucha abierta que la burguesía mantiene contra las posiciones revolucionarias del proletariado.

Ciclo de documental proletario en Madrid

abril 2, 2011 por  
Publicado en: Cultura

El MNCARS ha programado este ciclo de cine en el contexto de la exposición Una luz dura, sin compasión. El movimiento de la fotografía obrera, 1926-1939, que traza la historia del documental fotográfico proletario amateur. Este movimiento debe entenderse en el contexto de las prácticas documentales en el cine y la fotografía que eclosionaron hacia 1930 a escala internacional, y cuya principal misión era la representación de la crisis económica posterior a 1929 y sus efectos sociales, particularmente entre las clases desfavorecidas. El género documental surgió como tal en ese momento, precisamente con la misión de visibilizar a las clases populares emergentes, pero reflejando en su discruso los conflictos entre revolución y reformismo.

El documental reformista encontró su forma cinematográfica clásica en el Movimiento Documental Británico de John Grierson, mientras que la identificación de movimientos sociales revolucionarios y nuevo cine surgió de los experimentos soviéticos de Vertov y Eisenstein y del documental poético de Joris Ivens, así como de las producciones de las organizaciones amateurs obreras, como la Workers’ Film and Photo League norteamericana. El cine documental proletario produjo dos retóricas principales. Por un lado, planteaba una alianza entre los cineastas y los movimientos sociales. En este sentido, era característico el tono épico de las producciones soviéticas. Por otro lado, la consigna programática de mostrar la fealdad y el horror de la miseria y la explotación llevaba a retóricas naturalistas que formalizaban la identificación entre abyección y vida proletaria. Se trataba de mostrar la indignidad del proletariado en el capitalismo, y particularmente bajo las condiciones de la crisis económica de la época de Weimar, de cara a favorecer las políticas revolucionarias. Éste, en definitiva, sería uno de los efectos más decisivos e influyentes del documental proletario a lo largo de los años treinta: la interiorización y diseminación de una producción visual enraizada en la descripción de la vida popular y de los desposeídos, más allá de las redes del propio movimiento.

El ciclo tendrá lugar del 11 al 19 de mayo, en el Edificio Sabatini (Auditorio) a partir de las 19 h.

Programa

Sesión 1: Sinfonías proletarias
Fecha: 11 de mayo

Dziga Vertov. Entuziazm: Simfoniya Donbassa (Entusiasmo. Sinfonía del Donbass), 1931. Película 35 mm., 67’, b./n., sonido.

Joris Ivens. Komsomolsk (Komsomol o El canto de los héroes), 1932. Película de 35 mm. transferida a DVD, 50’, b./n., sonido.

Sesión 2: Weimar en crisis
Fecha: 12 de mayo

Phil Jutzi. Um’s Tägliche Brot/ Hunger in Waldenburg (El pan de cada día / Hambre en Waldenburg), 1928-29. Película 35 mm., 37’, b./n., muda.

Slatan Dudow. Kuhle Wampe, oder: Wem gehört die Welt? (Kuhle Wampe o ¿A quién pertenece el mundo?), 1932. Película 35 mm., 71’, b./n., sonido.

 

Sesión 3: Poéticas de desposesión
Fecha: 13 de mayo

Mijail Kalatozov. Sol’ Svanetii(La sal de Svanetia), 1930. Película 35 mm., 74’, b./n., muda.

Joris Ivens y Henri Storck. Misère au Borinage (Miseria en el Borinage), 1934. Película 35 mm. 34’, b./n., muda.

Luis Buñuel. Las Hurdes/Tierra sin pan, 1933. Película 35 mm. 28’, b./n., sonido.

Sesión 4: La Workers’ Film and Photo League y Paul Strand
Fecha: 18 de mayo

The Film and Photo League. Compilación: Programas 1 y 2, 1931-34. Película 16 mm., 66’, b./n., muda.

Leo Hurwitz y Paul Strand. Native Land (Tierra natal), 1942. Película 16 mm., 89’, b./n., sonido.

Sesión 5: La Guerra Civil española
Fecha: 19 de mayo

Roman Karmen y Boris Makasseiev. K sobytiyam v Ispanii(Sobre los sucesos de España nº 10), 1936. Película de 35 mm. transferida a DVD, 8’. b./n., sonido.

Joris Ivens. The Spanish Earth(Tierra española), 1937. Película de 35 mm. transferida a Betacam SP, 52’, b./n., sonido.

Herbert Kline. Heart of Spain (El corazón de España), 1937. Película de 35 mm. transferida a betacam, 30’, b./n., sonido.

Fuente: MNCARS

Páginas de la ciencia y la cultura soviéticas: V.I. Vernadsky, por C. Hermida

marzo 30, 2011 por  
Publicado en: Artículos, Cultura

La revolución de Octubre de 1917 abrió una nueva etapa en la historia de la humanidad. Era la primera vez que los obreros y los campesinos conquistaban el poder y comenzaban la edificación de una sociedad socialista. El socialismo pasaba de ser un planteamiento teórico, contenido en las obras de Marx y Engels, a convertirse en una realidad. En medio de inmensas dificultades, los bolcheviques destruyeron la autocracia zarista y transformaron la Rusia semifeudal de 1917 en un país moderno, poderoso y dueño de sus propios destinos. Bajo la dirección de Stalin, la  planificación económica y la colectivización del campo de los años treinta  convirtieron a la Unión Soviética en una gran potencia en los ámbitos económico, militar y científico.
El entusiasmo que despertó la revolución bolchevique entre los trabajadores de todo el mundo y el peligro que suponía para el capitalismo, provocó la reacción de la burguesía a escala mundial. Desde la intervención militar en los años 1918-1920 hasta las campañas más infames de intoxicación ideológica, las clases dominantes ensayaron todos los medios para destruir y desprestigiar la experiencia soviética.
Los aparatos de propaganda burgueses se dedicaron durante decenios a tergiversar groseramente la realidad económica, social, política y cultural de la Rusia Soviética., negando sus evidentes logros sociales y su espectacular avance científico. La difamación y las burdas mentiras, o el simple ocultamiento, se utilizaron para impedir la difusión de la cultura soviética. Tras la desintegración de la URSS, un espeso manto de silencio ha venido a cubrir la experiencia socialista de la Unión Soviética. El resultado es que la ciencia y la cultura soviéticas son, con algunas excepciones, completamente desconocidas en la actualidad. En cualquier país del mundo, prácticamente todos los ciudadanos saben que los estadounidenses llegaron a la Luna, pero esos mismos ciudadanos ignoran que los primeros vuelos espaciales los realizaron los soviéticos. Y lo mismo ocurre con los grandes matemáticos, físicos, biólogos, poetas, dramaturgos, historiadores… ¿Cuántos científicos, escritores o pintores de la URSS sabría citar un universitario español? En la inmensa mayoría de los casos, ninguno.
La lucha de clases se libra en todos los niveles y es imprescindible que los jóvenes militantes y cuadros comunistas adquieran una sólida formación intelectual que les permita rebatir los planteamientos ideológicos burgueses. Parte fundamental de esa formación es el conocimiento del espectacular desarrollo que experimentó la ciencia en la Rusia soviética. Fue la economía socialista la que puso las bases materiales que permitieron a un país dominado por  analfabetismo, la ignorancia  y el oscurantismo situarse a  la cabeza del desarrollo científico.
Con el título de «Páginas de la ciencia y la cultura soviéticas» iniciamos una serie de breves semblanzas biográficas y profesionales de figuras clave del pensamiento soviético, cuya obra forma parte del patrimonio intelectual de la humanidad, y que han sido ninguneados,  intencionadamente ignorados  y tergiversados  por los mandarines culturales de las denominadas democracias occidentales, fieles servidores de laboratorios multinacionales, fundaciones patrocinadas por grandes empresas y universidades privadas.
Uno de los científicos más brillantes de la desaparecida Unión Soviética fue VLADÍMIR IVÁNOVICH VERNADSKI (1863-1945). En 1885 se graduó en Física y Matemáticas por la Universidad de San Petesburgo, continuó su formación en varias universidades europeas y desde 1900 fue profesor de mineralogía y cristalografía en la universidad de Moscú. Perteneció a  la Academia Rusa de Ciencias desde 1912 y en 1918 fundó la Academia Ucraniana de Ciencias. Vernadsky fue miembro del Partido Kadete, viceministro de Educación en el gobierno de Kerenski y no se identificaba con los bolcheviques, pero, aun teniendo oportunidad de quedarse a vivir en Francia tras residir en París entre 1922 y 1926, volvió a la Unión Soviética y colaboró en la planificación económica. El hecho de que un científico que no apoyó la revolución decidiera permanecer en su país y recibiera todo el apoyo material del régimen para sus investigaciones, contradice una vez más la imagen de unos intelectuales implacablemente controlados por el gobierno y amenazados permanentemente con el encarcelamiento si se desviaban un ápice de la ortodoxia ideológica.
Vernadsky fue un investigador multidisciplinar que trabajó en diversos campos. En 1924 publicó “Geoquímica”, donde puso las bases de esa disciplina científica, pero sin duda su obra más importante es “La Biosfera” (1926), a la que definía como la única envoltura terrestre en la que puede existir la vida. En la biosfera diferenciaba la materia viva de la inerte. Esta última predominaba en gran medida en forma de masa y volumen, produciéndose una interacción dialéctica entre ambas, una migración continua de átomos desde la materia inerte hacia la viva y viceversa.
Sus investigaciones sobre la relación entre la actividad humana y la biosfera desembocaron en la formulación de un concepto nuevo, la Noosfera, a la que definió como un estado geológico provocado por el trabajo del hombre:
«Vivimos una época geológica brillante y totalmente nueva. El hombre, por medio de su trabajo -y su relación consciente con la vida- transforma la envoltura de la Tierra, la región geológica de la vida, la biosfera. El hombre la lleva a un nuevo estado geológico: a través de su trabajo y su conciencia, la biosfera está en proceso de transición a la noosfera. El hombre crea hoy en día procesos bioquímicos que nunca antes habían existido. La historia bioquímica  de los elementos químicos -un fenómeno planetario-  cambia drásticamente. Se crean en la Tierra enormes masas de metales libres (como el aluminio, el magnesio y el calcio) y sus aleaciones, que nunca antes existieron aquí. Se cambia y altera la vida vegetal y animal de la manera más drástica. Se crean nuevas especies y razas. La faz de la Tierra cambia profundamente. Se está creando la fase de la noosfera. Dentro de la biosfera de la Tierra, un intenso florecimiento está en marcha, cuya historia posterior, nos parece, será grandiosa».
(«Sobre la distinción energético-material esencial entre cuerpos naturales vivos y no vivos en la biosfera», 1938).
Esta nueva fase abría al género humano la posibilidad de alcanzar los ideales de liberación y justicia. En el artículo titulado «La biosfera y la noosfera», publicado en enero de 1945 en el número 33 de la revista “American Scientist”, planteaba esa perspectiva de futuro: «En el siglo XX, el hombre, por vez primera en la historia de la Tierra, ha conocido y abarcado la biosfera en su totalidad, ha completado el mapa geográfico del planeta Tierra y ha colonizado toda su superficie. La humanidad se ha convertido en una sola totalidad en la vida de la Tierra. No hay lugar alguno en la Tierra en que el hombre no pueda vivir si así lo desea. Por vez primera en la historia de la humanidad, los intereses de las masas por un lado, y el libre albedrío de los individuos, por otro, determinan el curso vital de la humanidad y proporcionan estándares para las ideas humanas de justicia. Tomada en su conjunto, la humanidad se está convirtiendo en una poderosa fuerza geológica. Se plantea entonces el problema de la reconstrucción de la biosfera en interés de la humanidad librepensadora como totalidad. Este nuevo estado de la biosfera, al que nos aproximamos sin darnos cuenta, es la noosfera… La noosfera constituye un nuevo fenómeno geológico en el planeta. En él, y por vez primera, el hombre deviene una fuerza geológica de enorme magnitud. Puede y debe reconstruir su campo vital por medio de su trabajo y de su inteligencia, debe reconstruirlo de forma radical en comparación con el pasado. Ante él se abren posibilidades creativas cada vez más amplias. Podría ser que la generación de nuestros nietos se acercase a la plenitud…
Parece que será posible realizar en el futuro los bellos sueños contenidos en los cuentos: el hombre está intentando traspasar los límites de este planeta para entrar en el espacio cósmico, y probablemente lo logrará…»
La preocupación por el impacto del hombre en la naturaleza convierten a Vernadsky en un precursor de la ecología, pero muy alejado de las corrientes que hoy reclaman esta denominación, porque el investigador soviético no habla de crecimiento cero ni de volver a estadios previos. Por el contrario, la noosfera representa un escalón superior evolutivo de la biosfera. Cuando en 1926 regresó a Leningrado después de su estancia en Francia, donde estuvo en contacto con Marie y Pierre Curie, organizó un laboratorio de bioquímica, y en 1934 presentó en Moscú los resultados de sus primeras investigaciones sobre la influencia de determinados minerales, como el estroncio y el bario, en la salud humana. Posteriormente trabajó sobre los efectos de las radiaciones en los organismos vivos y demostró la posibilidad de datar los estratos geológicos con elementos radiactivos, lo que más tarde constituirá el método del carbono 14 utilizado por os paleontólogos. También realizó investigaciones relacionadas con el uranio y la energía atómica.
Pionero y fundador de la geoquímica, la biogeoquímica y la radiogeología, Vardnesky es indudablemente uno de los grandes científicos del siglo XX. Sin embargo, en España hubo que esperar hasta 1997 para que apareciese traducida al castellano “La biosfera”, editada en 1926 y, como ya hemos indicado más arriba, su obra fundamental. Aquí, en el solar hispano, ese desconocimiento hay que atribuirlo a una doble causa: el anticomunismo visceral y la indigencia intelectual que, desde 1939, ha caracterizado a los máximos responsables políticos de nuestro sistema educativo

La revolución de Octubre de 1917 abrió una nueva etapa en la historia de la humanidad. Era la primera vez que los obreros y los campesinos conquistaban el poder y comenzaban la edificación de una sociedad socialista. El socialismo pasaba de ser un planteamiento teórico, contenido en las obras de Marx y Engels, a convertirse en una realidad. En medio de inmensas dificultades, los bolcheviques destruyeron la autocracia zarista y transformaron la Rusia semifeudal de 1917 en un país moderno, poderoso y dueño de sus propios destinos. Bajo la dirección de Stalin, la planificación económica y la colectivización del campo de los años treinta convirtieron a la Unión Soviética en una gran potencia en los ámbitos económico, militar y científico.

El entusiasmo que despertó la revolución bolchevique entre los trabajadores de todo el mundo y el peligro que suponía para el capitalismo, provocó la reacción de la burguesía a escala mundial. Desde la intervención militar en los años 1918-1920 hasta las campañas más infames de intoxicación ideológica, las clases dominantes ensayaron todos los medios para destruir y desprestigiar la experiencia soviética.

Los aparatos de propaganda burgueses se dedicaron durante decenios a tergiversar groseramente la realidad económica, social, política y cultural de la Rusia Soviética., negando sus evidentes logros sociales y su espectacular avance científico. La difamación y las burdas mentiras, o el simple ocultamiento, se utilizaron para impedir la difusión de la cultura soviética. Tras la desintegración de la URSS, un espeso manto de silencio ha venido a cubrir la experiencia socialista de la Unión Soviética. El resultado es que la ciencia y la cultura soviéticas son, con algunas excepciones, completamente desconocidas en la actualidad. En cualquier país del mundo, prácticamente todos los ciudadanos saben que los estadounidenses llegaron a la Luna, pero esos mismos ciudadanos ignoran que los primeros vuelos espaciales los realizaron los soviéticos. Y lo mismo ocurre con los grandes matemáticos, físicos, biólogos, poetas, dramaturgos, historiadores… ¿Cuántos científicos, escritores o pintores de la URSS sabría citar un universitario español? En la inmensa mayoría de los casos, ninguno.

La lucha de clases se libra en todos los niveles y es imprescindible que los jóvenes militantes y cuadros comunistas adquieran una sólida formación intelectual que les permita rebatir los planteamientos ideológicos burgueses. Parte fundamental de esa formación es el conocimiento del espectacular desarrollo que experimentó la ciencia en la Rusia soviética. Fue la economía socialista la que puso las bases materiales que permitieron a un país dominado por analfabetismo, la ignorancia y el oscurantismo situarse a la cabeza del desarrollo científico.

Con el título de «Páginas de la ciencia y la cultura soviéticas» iniciamos una serie de breves semblanzas biográficas y profesionales de figuras clave del pensamiento soviético, cuya obra forma parte del patrimonio intelectual de la humanidad, y que han sido ninguneados, intencionadamente ignorados y tergiversados por los mandarines culturales de las denominadas democracias occidentales, fieles servidores de laboratorios multinacionales, fundaciones patrocinadas por grandes empresas y universidades privadas.

Uno de los científicos más brillantes de la desaparecida Unión Soviética fue VLADÍMIR IVÁNOVICH VERNADSKI (1863-1945). En 1885 se graduó en Física y Matemáticas por la Universidad de San Petesburgo, continuó su formación en varias universidades europeas y desde 1900 fue profesor de mineralogía y cristalografía en la universidad de Moscú. Perteneció a la Academia Rusa de Ciencias desde 1912 y en 1918 fundó la Academia Ucraniana de Ciencias. Vernadsky fue miembro del Partido Kadete, viceministro de Educación en el gobierno de Kerenski y no se identificaba con los bolcheviques, pero, aun teniendo oportunidad de quedarse a vivir en Francia tras residir en París entre 1922 y 1926, volvió a la Unión Soviética y colaboró en la planificación económica. El hecho de que un científico que no apoyó la revolución decidiera permanecer en su país y recibiera todo el apoyo material del régimen para sus investigaciones, contradice una vez más la imagen de unos intelectuales implacablemente controlados por el gobierno y amenazados permanentemente con el encarcelamiento si se desviaban un ápice de la ortodoxia ideológica.

Vernadsky fue un investigador multidisciplinar que trabajó en diversos campos. En 1924 publicó “Geoquímica”, donde puso las bases de esa disciplina científica, pero sin duda su obra más importante es “La Biosfera” (1926), a la que definía como la única envoltura terrestre en la que puede existir la vida. En la biosfera diferenciaba la materia viva de la inerte. Esta última predominaba en gran medida en forma de masa y volumen, produciéndose una interacción dialéctica entre ambas, una migración continua de átomos desde la materia inerte hacia la viva y viceversa.

Sus investigaciones sobre la relación entre la actividad humana y la biosfera desembocaron en la formulación de un concepto nuevo, la Noosfera, a la que definió como un estado geológico provocado por el trabajo del hombre:

«Vivimos una época geológica brillante y totalmente nueva. El hombre, por medio de su trabajo -y su relación consciente con la vida- transforma la envoltura de la Tierra, la región geológica de la vida, la biosfera. El hombre la lleva a un nuevo estado geológico: a través de su trabajo y su conciencia, la biosfera está en proceso de transición a la noosfera. El hombre crea hoy en día procesos bioquímicos que nunca antes habían existido. La historia bioquímica de los elementos químicos -un fenómeno planetario- cambia drásticamente. Se crean en la Tierra enormes masas de metales libres (como el aluminio, el magnesio y el calcio) y sus aleaciones, que nunca antes existieron aquí. Se cambia y altera la vida vegetal y animal de la manera más drástica. Se crean nuevas especies y razas. La faz de la Tierra cambia profundamente. Se está creando la fase de la noosfera. Dentro de la biosfera de la Tierra, un intenso florecimiento está en marcha, cuya historia posterior, nos parece, será grandiosa».

(«Sobre la distinción energético-material esencial entre cuerpos naturales vivos y no vivos en la biosfera», 1938).

Esta nueva fase abría al género humano la posibilidad de alcanzar los ideales de liberación y justicia. En el artículo titulado «La biosfera y la noosfera», publicado en enero de 1945 en el número 33 de la revista “American Scientist”, planteaba esa perspectiva de futuro:

«En el siglo XX, el hombre, por vez primera en la historia de la Tierra, ha conocido y abarcado la biosfera en su totalidad, ha completado el mapa geográfico del planeta Tierra y ha colonizado toda su superficie. La humanidad se ha convertido en una sola totalidad en la vida de la Tierra. No hay lugar alguno en la Tierra en que el hombre no pueda vivir si así lo desea. Por vez primera en la historia de la humanidad, los intereses de las masas por un lado, y el libre albedrío de los individuos, por otro, determinan el curso vital de la humanidad y proporcionan estándares para las ideas humanas de justicia. Tomada en su conjunto, la humanidad se está convirtiendo en una poderosa fuerza geológica. Se plantea entonces el problema de la reconstrucción de la biosfera en interés de la humanidad librepensadora como totalidad. Este nuevo estado de la biosfera, al que nos aproximamos sin darnos cuenta, es la noosfera…

La noosfera constituye un nuevo fenómeno geológico en el planeta. En él, y por vez primera, el hombre deviene una fuerza geológica de enorme magnitud. Puede y debe reconstruir su campo vital por medio de su trabajo y de su inteligencia, debe reconstruirlo de forma radical en comparación con el pasado. Ante él se abren posibilidades creativas cada vez más amplias. Podría ser que la generación de nuestros nietos se acercase a la plenitud…

Parece que será posible realizar en el futuro los bellos sueños contenidos en los cuentos: el hombre está intentando traspasar los límites de este planeta para entrar en el espacio cósmico, y probablemente lo logrará…»

La preocupación por el impacto del hombre en la naturaleza convierten a Vernadsky en un precursor de la ecología, pero muy alejado de las corrientes que hoy reclaman esta denominación, porque el investigador soviético no habla de crecimiento cero ni de volver a estadios previos. Por el contrario, la noosfera representa un escalón superior evolutivo de la biosfera.

Cuando en 1926 regresó a Leningrado después de su estancia en Francia, donde estuvo en contacto con Marie y Pierre Curie, organizó un laboratorio de bioquímica, y en 1934 presentó en Moscú los resultados de sus primeras investigaciones sobre la influencia de determinados minerales, como el estroncio y el bario, en la salud humana. Posteriormente trabajó sobre los efectos de las radiaciones en los organismos vivos y demostró la posibilidad de datar los estratos geológicos con elementos radiactivos, lo que más tarde constituirá el método del carbono 14 utilizado por os paleontólogos. También realizó investigaciones relacionadas con el uranio y la energía atómica.

Pionero y fundador de la geoquímica, la biogeoquímica y la radiogeología, Vardnesky es indudablemente uno de los grandes científicos del siglo XX. Sin embargo, en España hubo que esperar hasta 1997 para que apareciese traducida al castellano “La biosfera”, editada en 1926 y, como ya hemos indicado más arriba, su obra fundamental. Aquí, en el solar hispano, ese desconocimiento hay que atribuirlo a una doble causa: el anticomunismo visceral y la indigencia intelectual que, desde 1939, ha caracterizado a los máximos responsables políticos de nuestro sistema educativo.

VII Edición del Concurso de microrelatos mineros

diciembre 8, 2010 por  
Publicado en: Cultura

La VII Edición del Concurso fue convocada por la Fundación Juan Muñiz Zapico en septiembre de 2010, recibiéndose 155 microrrelatos. Un año mas el concurso ha marcado su claro componente estatal con 45 participantes de Asturias y 80 del resto de España. Sin olvidarnos de la participación internacional con 17 concursantes, principalmente de Latinoamérica, pero también de EEUU, Alemania, Noruega o Italia. Sigue siendo este concurso único en el mundo por su temática exclusivamente minera.

El Primer Premio recayó en el relato La última puerta abierta de la madrileña Paloma Hidalgo Díez. El Accésit Asturiano es para Texedora de suaños de turones Alberto Carrio Sampedro. El Accésit Joven (menor de 26 años) para El gato del Astronauta de la santanderina Laura González Tirador. Y el Accésit Testimonio Histórico para Octubre de David Fernández Tamayo, de Madrid.

La calidad de los microrrelatos presentados fue resaltada por el jurado mediante la mención, en sus respectivas categorías, a otros 9 microrrelatos. Siendo Mención Especial en Asturiano Colás, el de Rufona de Miguel Redondo García y Por un poco de maíz de Roberto Fernández Osorio. Con Mención Especial Testimonio Histórico Es otoño y no llueve de Rosi Serrano Romero, Truco de magia de Juan Luís Ruiz Sánchez de Molina y De la Pañoleta al mar de José Quesada Moreno. Mención Especial Joven a La primera mina de Lorena Escudero Sánchez y De cuando truena de Elena Martínez Martínez Por último, se hizo Menciones Especiales en Castellano a El carbón perpetuamente es negro de David Castrillo Cachón y El mensaje de la lámpara de Gabino Busto Hevia

El jurado estuvo compuesto por el catedrático de literatura Benigno Delmiro Coto, presidente del mismo. Junto al escritor boliviano afincado en suecia Víctor Montoya. Ana Alonso Cabrera, Secretaria de Mujer y Cultura de CCOO de Asturias. Marcelino Álvarez, Presidente del CJPA y la periodista Matu Fernández. Editándose el libro correspondiente a principios del 2011.

El fallo del jurado se hace público en nuestra web www.fundacionjuanmunizzapico.org el 4 de diciembre de 2010, festividad de Santa Bárbara. Leyéndose ese mismo día el ganador en el festival musical «De castilletes y carbón» organizado por la Fundación Nuberu en el Pozo Mª Luisa.

ACTA DEL JURADO

PREMIOS

Novedad editorial: “Guerra o Revolución”

noviembre 10, 2010 por  
Publicado en: Cultura

Paul Robenson en los Países del Este

enero 29, 2010 por  
Publicado en: Cultura, Multimedia

Hijo de un esclavo fugitivo que se había convertido en predicador protestante y que logró licenciarse en la Universidad de Lincoln. Su madre era proveniente de una familia de cuáqueros que había luchado por la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos.

En 1910, la familia Robeson se tralada a Somerville, Nueva Jersey. Luego de estudiar Derecho en la Universidad de Rutgers, Robeson se graduó de abogado. Fue el tercer estudiante de origen negro en aquella universidad. En su juventud, fue jugador de rugby, de béisbol y de baloncesto en la Universidad.

Si no hubiese sido por su condición de persona negra, Robeson hubiese constituido el prototipo heroico de la sociedad norteamericana de su época. El estigma era tan grande que llega al punto de que las demás universidades americanas, en general, se negaban a desarrollar competencias con la de Universidad de Rutgers, debido a que en su nómina tenía a un jugador negro. Jugó fútbol americano profesional en la American Professional Football Association (llamada después National Football League) con los Akron Pros y los Milwaukee Badgers.1 Después fue entrenador asistente en la Universidad Lincoln en Pensilvania.

A su ingreso en el Colegio de Abogados de Princeton, una mecanógrafa blanca rechazó escribir al dictado de un abogado negro, y esto lo hizo desistir de ser abogado, por lo que se dedicó a otras labores. Se convirtió en actor de teatro y de cine.

Fue amigo del gran cinesta soviético Sergéi Eisenstein y del dirigente keniano Jomo Kenyatta, así como de otros líderes mundiales de la época (de Nehru y de Emma Goldman). Como artista y como figura pública, fue aclamado por escritores y pensadores como Pablo Neruda, James Joyce y Ernest Hemingway.

A su hijo lo envió a estudiar a una universidad soviética, debido a que no quería que éste padeciera los prejuicios racistas estadounidenses.

De personalidad rebelde y asertivo, dirigió las primeras campañas de Estados Unidos reivindicando los derechos de la población afroamericana.

En la década de 1930, en sus viajes por Europa y la URSS, Robeson tomó contacto con los miembros de organizaciones antifascistas de los citados lugares, con los oprimidos y con la dirigencia de la clase obrera de la época. Empezó a comprender que su arte tenía la capacidad de servir a la lucha de los trabajadores de todo el mundo. Se convenció de que los afroamericanos, como descendientes de esclavos, tenían una cultura común con los trabajadores de otros países, que como sucedía en Rusia, eran descendientes de siervos. En la Unión Soviética fue donde según sus palabras se sintió tratado como un completo ser humano y vio que no había perjuicios contra los afroamericanos ni ningún tipo de discriminación racial.

Cantó blues, canciones contra la explotación y la esclavitud, himnos de los presidiarios, de los remeros del Volga, de los maquis, de las Brigadas Internacionales de la Guerra Civil Española, marchas rusas de los obreros y fragmentos del Porgy and Bess de George Gershwin, y su pieza emblemática Old Man River. También tradujo el Himno de la Unión Soviética al inglés en 1943.

A partir de la llegada del nacional-socialismo a Alemania en 1933, Robeson se convirtió en un activo opositor a esta ideología. Participó en la Guerra Civil Española dentro la Brigada Lincoln, compuesta por voluntarios antifascistas estadounidenses. En un mitin antifascista contra el levantamiento de Francisco Franco contra la República en 1936, Robeson dijo: “El artista debe tomar partido. Debe elegir luchar por la libertad o por la esclavitud. Yo he elegido. No tenía otra alternativa”.

Con una imponente calidad de actor, Robeson interpretó a dos personajes gemelos: un criminal disfrazado de reverendo eclesiástico y un joven comerciante, ambos enamorados de la misma mujer. Esta constituyó una película intensa sobre temas y valores colectivos, una película muda en donde, de manera paradójica, la poderosa voz de Robeson estuvo ausente. Sin embargo, era interpretada por un acompañamiento musical de gran significación en la historia del jazz contemporáneo, ya que se trató de la orquesta de jazz del Lincoln Center, que dirigía en ese entonces Wynton Marsalis, que había encomendado a otro ícono del jazz, Wycliffe Gordon, la elaboración de un acompañamiento que fue ejecutada en vivo durante las dos proyecciones de la película de Oscar Micheaux y Robeson, tal como se estilaba en la época presonora del cine. Tanto Marsalis como el pianista Marcus Printup, acompañados de un grupo de jazz de los más importantes del momento, rindieron este homenaje a los precursores del cine afroamericano.

Paul Robeson no constituyó el típico cantante o actor norteamericano, carente de formación, ya que era poseedor de una extensa ilustración y una amplia cultura, ya que tenía una extraordinaria preparación intelectual y hablaba más de veinte idiomas. En 1952 la Unión Soviética le concedió el Premio Lenin de la Paz (por aquel entonces llamado Premio Stalin de la Paz).

Sufrió la persecución feroz del macartismo y del propio FBI. Durante un interrogatorio ante el Senado norteamericano, cuando le preguntaron que por qué no se quedaba en la Unión Soviética, contestó: “Porque mi padre era un esclavo, y mi gente murió para construir este país, y voy a permanecer aquí y a tener una parte de él, exactamente igual que usted, y ningún fascista importado me sacará de él.”

El Comité de Actividades Antiamericanas acabó declarando que Robeson había intentado construir un Estado prosoviético en el sur de los Estados Unidos y le privó de su pasaporte.

Este hecho acabó con su carrera. Cerca de 80 de sus conciertos fueron cancelados. En 1949, dos conciertos al aire libre en Peekskill (Nueva York) fueron atacados por grupos racistas sin que la Policía estatal hiciera nada para impedirlo. Para la ocasión, Robeson declaró: “Voy a cantar donde quiera que la gente quiera que cante… y no me asustan las cruces que arden (en alusión al Ku Klux Klan), ni en Peekskill ni en cualquier otro lugar”.

21 de Enero de 1921: Nace el Partido Comunista de Italia

enero 21, 2010 por  
Publicado en: Comunicados, Cultura

Han transcurrido 89 años desde aquel 21 de enero de 1921 cuando en Livorno los comunistas y elementos de vanguardia de la clase obrera italiana fundaron el Partido Comunista de Italia, Sección de la Internacional Comunista.

La fundación del Partido Comunista tiene lugar en una situación revolucionaria creada en Europa durante la Primera Guerra Mundial y la revolución proletaria en Rusia que en Italia fue el origen, durante el bienio 1919-20 de una serie de tenaces luchas obreras y populares que culminaron en la ocupación de fábricas: una situación que todavía hoy tienen la mejor descripción en páginas escritas cinco años después por Antonio Gramsci en el diario del Partido «l’Unità»

« La ocupación de las fábricas no ha sido olvidada por las masas. […]Ello fue la prueba general de la clase revolucionaria.[…] Si el movimiento fracasó, no se puede echar la culpa a la clase obrera en tanto que tal, sino al partido socialista que no cumplió con sus deberes, que era incapaz, inepto, que iba a la cola de la clase obrera en vez de ir a la cabeza.[…] Los obreros que ocuparon las fábricas estuvieron, en tanto que clase, a la altura de sus tareas y funciones. […] NO se ocuparon los ferrocarriles ni la flota. […] No fueron ocupados los bancos ni los centros comerciales. No pudieron resolver los grandes problemas nacionales e internacionales, porque no conquistaron el Poder de Estado. Esos problemas deberían haber sido afrontados por el Partido socialista y los sindicatos, que en vez de ello capitularon vergonzosamente so pretexto de la inmadurez de las masas; la realidad es que eran los dirigentes los inmaduros e incapaces, no la clase. Eso llevó a la ruptura de Livorno y a la creación de un nuevo partido, el Partido Comunista.» («l’Unità», 1 de Octubre de 1926)

«El proletariado era lo bastante fuerte en 1910-1920, como para someterse pasivamente a la opresión capitalista. Mas su fuerza organizada era titubeante, debilitada interiormente porque el Partido socialista era una amalgama de al menos tres partidos» (l’Unità, 26 de septiembre de 1926)

Esto no es una reflexión de ayer. Es algo que atañe directamente a la clase obrera italiana de hoy, de la que una parte continúa a identificarse política y organizativamente con los partidos de Rifondazione Comunista y del P de CI, la proyectada Federación no es más que una confusa amalgama de posiciones ideológicas y políticas que no tiene nada que ver con el marxismo revolucionario, con el leninismo, va del más clásico reformismo de la socialdemocracia de derecha al maximalismo centrista típico de la socialdemocracia de «izquierda» europea. Este último siembra hoy las peores ilusiones: lucha de clases, sí, incluso dura si es necesario, pero ninguna perspectiva de ruptura revolucionaria con el sistema institucional del Estado burgués y con su falsa democracia parlamentaria que según el centralismo maximalista es el terreno en el que se logrará la emancipación de la clase obrera.

El Gramsci de ayer es más actual que nunca:

«¿Qué quiere hacer el maximalismo con este incómodo viraje? O aquí o allá; o con la socialdemocracia o con el comunismo. […] Desde que existe la socialdemocracia es natural e inevitable que a través de sus variopintos agentes introduzca continuamente en la clase obrera su propia ideología y contamine y desvíe la ideología proletaria.. La escisión clara y resuelta de esa ideología es inevitable y absolutamente necesaria. Primero dividirse, es decir, separar la ideología revolucionaria de la ideología burguesa (la socialdemocracia de cualquier tipo); luego unirse, o sea, unificar a la clase obrera en torno a la ideología revolucionaria» («l’Unitá», 9 de enero de 1926)

En los años 20 del pasado siglo, los partidos comunistas nacieron en clara ruptura con el revisionismo de aquel período histórico; Antonio Gramsci sintetizó eficazmente la lucha del marxismo revolucionario:

«Primera fase. Socialismo utópico, con la impronta nacional de cada país, que manifiesta la revuelta instintiva de las primeras organizaciones proletarias. […]Segunda fase. Socialismo proletario de Marx y Engels o comunismo. Actuar contra los distintos socialismos nacionales y utópicos y hacerse con la victoria. En la II Internacional, esta tendencia renace bajo la bandera del marxismo como revisionismo de la doctrina marxista. […] Tercera fase. Por una parte el leninismo. Que renueva en una situación histórica cambiante, más compleja y más rica, la lucha de Marx y Engels, y restaura y desarrolla la doctrina marxista. Y por otra parte, un ulterior desarrollo de los revisionismos nacionales.» («l’Unità», 22 octubre de 1926)

Esa misma dialéctica se ha reproducido en los años 50, del pasado siglo, con el desarrollo del revisionismo moderno, con nuevas formas de los revisionismos nacionales, los cuales –con sus ataques a Stalin- renegaban de la esencia revolucionaria e internacionalista del leninismo enmascarado con una formal y mistificadora adhesión a Lenin. Si en Italia el revisionismo moderno tiene su forma principal en el «togliatismo», no ha desaparecido con la autoliquidación del PCI togliatiano, y ha asumido –en otros partidos y formaciones políticas- múltiples formas caracterizadas por la combinación ecléctica de inocuos «residuos» del marxismo con ideologías ajenas a él, como el viejo obrerismo, el anarquismo, las tendencias pequeñoburguesas de los movimientos ecologistas, feministas y pacifistas, hasta la última aparición oportunista, el llamado «socialismo y comunismo del siglo XXI»

En 1921, cuando nació el Partido Comunista de Italia, la homogeneidad ideológica de sus dirigentes y militantes no era total. Pero bajo la dirección de la Tercera Internacional y mediante el llamado proceso de «bolchevización» la asimilación del leninismo fue esencialmente asumida entre 1924 y 1927, y el Partido – mediante las tesis de su Tercer Congreso- pudo dotarse finalmente de una plataforma consecuentemente internacionalista y revolucionaria.

Hoy en Italia, los auténticos comunistas, mediante la confrontación, el debate abierto, la crítica y la autocrítica, debemos luchar por lograr la unidad ideológica y política sobre la base del marxismo-leninismo y del internacionalismo proletario. Estrechar los lazos con los elementos más conscientes y avanzados de la clase obrera y con su lucha, esto es, de un punto de vista estratégico, la tarea fundamental para la reconstrucción del Partido Comunista en nuestro, país.

21 de Enero de 2010 Piattaforma Comunista.

“Apuntes Históricos sobre la Rusia Soviética” (1917-1945)

enero 16, 2010 por  
Publicado en: Cultura

Tomaron el Palacio de Invierno, y al grito de “¡Todo el poder a los sóviets”  iniciaron una gesta que conmovió al mundo, y que llenó de esperanza y fervor revolucionario a los trabajadores y de pavor a la reacción por doquier.

Eran obreros, jornaleros, campesinos pobres, que cargaban sobre sus espaldas años de hambrunas y sufrimientos; eran soldados cansados de meses de guerrear en condiciones inhumanas en defensa de intereses que no eran los suyos; eran jóvenes estudiantes e intelectuales ahítos de censura, de negrura, de mentes obtusas y sumisas.

Un profesor de Historia, Carlos Hermida, analiza sus artículos, parte de los cuales dan forma a este libro, la situación de la URSS en cada período concreto, y echa por tierra las falsificaciones y deformaciones sobre diferentes cuestiones, desde el pacto germano-soviético, a la hambruna de Ucrania, el papel de la URSS en la II Guerra Mundial, etc. Y lo hace con una claridad de lenguaje, verdaderamente didáctico, que deja al desnudo la falsía de algunos, digamos historiadores, y sesudos intelectuales, que, conscientemente unos e inconscientemente otros, hacen el juego a la reacción y al anticomunismo.

Carlos Hermida, no se deja arrastrar por la pasión. Fríamente, en tanto que historiador, analiza los hechos, su origen, sus consecuencias, sus afirmaciones y refutaciones, están solidamente argumentadas; sus conclusiones pueden ser cotejadas con datos concretos, claros e irrefutables. 

“Apuntes Históricos sobre la Rusia Soviética (1917-1945), por el profesor de Historia Carlos Hermida Revillas.

Editado por la Asociación  Aurora 17

120 páginas, ISBN:978-84-613-5668-3

PVP: 12 € (gastos de envio aparte)

Pedidos contra reembolso en:  aurora17edito @ gmail.com

SOROK PERVYY – El Cuarenta y Uno

enero 11, 2009 por  
Publicado en: Cultura, Multimedia

Página siguiente »

Alojado en Wesped.