La EU2015: estrategia del capital contra la universidad pública, por JCE(m-l)
«Si alguna Universidad va a cerrar no será por Bolonia, será por el mercado. No le pongamos a Bolonia más problemas de los que tiene. Bolonia solamente permite que las personas con una titulación puedan circular libremente y que, a lo largo de la vida, se le reconozcan las capacitaciones que ha ido adquiriendo en los distintos trabajos. Ese es el proceso inicial de Bolonia, pero aquí se la ha querido incorporar la financiación, la gobernanza, la transferencia, el estatuto, la internacionalización… Y esto es Estrategia 2015, no Bolonia».
Estas declaraciones pertenecen a Màrius Rubiralta, secretario de Estado de Universidades en el año 2008, en plena fase de luchas estudiantiles contra el Plan Bolonia. Su sinceridad se debe a que el problema entonces no era la respuesta a la conocida como Estrategia Universidad 2015, sino la lucha antibolonia planteada con mayor o menor intensidad en todas las universidades de España. Pero ¿qué pretenden el Gobierno español y la Unión Europea con la Estrategia Universidad 2015?
La EU2015 es un nuevo ataque al carácter público, democrático y de calidad del sistema universitario español. Su objetivo fundamental es introducir estrategias de gestión privada en el ámbito universitario, obligar a las universidades a competir entre ellas en vez de cooperar, dificultar el acceso a la universidad a los sectores populares y liberalizar y flexibilizar el empleo ligado a la Universidad, en consonancia con las políticas laborales de la oligarquía española en los últimos años.
De este modo, las Universidades públicas deberán pelear primero por conseguir financiación privada, y si son exitosas en esta labor podrán recibir adicionalmente financiación pública. Se abre también la posibilidad de donaciones, lo que obligará a la Universidad a realizar cambios en el sentido requerido por sus “mecenas”, aumentarán las barreras para el acceso a la formación superior y se producirá una fuerte subida de tasas a los estudiantes, con precios más propios de la privada.
Para que todo esto sea posible, es necesario “dejar a cero” la democracia universitaria. Para ello nace la figura del rector de la nueva Universidad-empresa, que ya no será un académico sino un profesional, un ejecutivo elegido por las empresas que más aporten a la Universidad. Este nuevo rector contará con una nueva remuneración, más ajustada a sus características de ejecutivo de la Universidad-empresa. Este rector elegirá directamente a los decanos, los cuales a su vez elegirán a los jefes de departamento, en un proceso de arriba-abajo sin ningún control democrático.
Estos son los datos, pero, ¿qué objetivos tiene la oligarquía con esta nueva reforma?
La oligarquía, con la EU2015 y anteriormente el Plan Bolonia, pretende abrir nuevos ámbitos de negocio. En la actual situación de crisis y con la necesidad de ser competitiva en el sistema capitalista, la oligarquía española pretende arrancar de manos públicas determinados servicios para que sean explotados de forma privada.
El objetivo de la oligarquía no es privatizar el conjunto de la Universidad pública, sino únicamente aquellos sectores en donde se pueda encontrar rentabilidad económica. Con la nueva EU2015 habrá universidades que tengan, por sus planes de estudio, por la flexibilización de sus empleos, etc. interés para la oligarquía, y en las cuales la gestión pasará paulatinamente al sector privado. Estas universidades serán, en la práctica, universidades de gestión privada, con tasas para los estudiantes propias de la privada, flexibilización de los empleos asociados y masters dirigidos directamente por las grandes empresas del país.
Pero habrá otras universidades que no podrán o no sabrán adaptarse tan rápido a estos cambios y apenas recibirán financiación privada, lo cual repercutirá en una bajada importante de su calidad. Serán el ejemplo de lo mal que funciona la gestión pública. Estas universidades coincidirán con las zonas de España más depauperadas y con menor estructura productiva. Así, habrá universidades de primera y de segunda, en un sistema de dos velocidades que destruye los cimientos del actual sistema público.
Ante la gravedad de la situación, ¿qué hacer?
La situación es grave, porque la privatización de los servicios públicos ataca directamente los intereses de las clases populares. Los servicios públicos universales son parte del salario de los trabajadores, un salario indirecto (que no llega a fin de mes), pero que mejora nuestra calidad de vida. Su deterioro y privatización es por tanto, en primer lugar, un ataque a nuestras condiciones de vida. A su vez, las barreras económicas que se van a introducir para el acceso universitario dificulta que las clases populares podamos acceder a una educación superior.
La experiencia con el Plan Bolonia nos indica que solo la lucha de toda la comunidad educativa podrá parar este ataque. La EU2015 perjudica gravemente a los trabajadores, al introducir mecanismos de flexibilidad en el empleo que redundarán en su precariedad; también perjudica a los estudiantes con subidas de tasas, reducción de titulaciones y pérdida de calidad de la Universidad. Trabajadores y estudiantes están objetivamente interesados en la lucha por una Universidad pública, gratuita y de calidad.
Al mismo tiempo, la oligarquía quiere abrir otros ámbitos de negocio privatizando más servicios públicos, como determinados sectores de la sanidad pública; Aguirre, por su parte, ya ha planteado en la Comunidad de Madrid el Bachiller de excelencia, una propuesta elitista y segregacionista de las que siempre son anticipo de los intentos de privatización. Por tanto, se hace necesaria la lucha unida de las clases populares para parar la acometida neoliberal contra los servicios públicos en su conjunto. Pero esta lucha solo tendrá éxito si somos capaces de poner los objetivos por delante de las movilizaciones, si en definitiva rompemos la baraja de la oligarquía española: la monarquía constitucional y el capitalismo.
El pueblo chileno está dando un ejemplo de lucha unida y propuesta política con su búsqueda de una nueva constitución. Las movilizaciones que vendrán en defensa de los servicios públicos deberán demostrar altura de miras para romper con el sistema que permite el deterioro y privatización de los servicios públicos.
En nuestra web también se puede consultar sobre este tema el detallado artículo de Carlos Hermida El modelo de financiación en el eje de la Estrategia Universidad 2015 (véase la sección Artículos).
El modelo de financiación en el eje de la estrategia Universidad 2015, por C. Hermida
El 26 de abril de 2010, el Consejo de Universidades y el Consejo General de Política Universitaria aprobaron un extenso informe titulado Documento de mejora y seguimiento de las Políticas de Financiación de las Universidades para promover la excelencia académica e incrementar el impacto socioeconómico del Sistema Universitario Español,en el que se plantea una profunda remodelación de la financiación de la Universidad española en el marco de la denominada “Estrategia Universidad 2015”. Dicha Estrategia se propone adaptar el sistema universitario de nuestro país al “Espacio Europeo de Educación Superior” y tiene como objetivo insertar la universidad en los nuevos cambios económicos y en el nuevo modelo de crecimiento económico que se prevé para los próximos años. En esta estrategia, uno de los ejes fundamentales de actuación es el referido a la financiación: “La cuestión es identificar qué cambios organizativos y qué instrumentos de financiación son idóneos para que las universidades españolas puedan convertirse en piezas clave del cambio de modelo de crecimiento económico basado en las mejoras de la productividad que puedan derivarse de un cambio en la especialización de la economía impulsado por el desarrollo científico y tecnológico y por la innovación” (Documento… p. 12).
Adornado por la necesidad de alcanzar la excelencia académica y situar a nuestras universidades entre las mejores del mundo, lo que el Documento plantea es la supeditación de la Universidad a la empresa privada y el sometimiento a las leyes del mercado. De forma explícita se afirma que el cambio propuesto encontrará diversos obstáculos, entre ellos “la falta de tradición y colaboración con el tejido productivo y la escasa cultura para realizar investigación bajo demanda” (p. 12). La Universidad debe, por tanto, adaptarse a las transformaciones que conlleva el modelo económico establecido por el gobierno en la Ley de Economía Sostenible y ajustarse a la “Actualización del Programa de Estabilidad de España 2009-2013”, lo que “obliga a acelerar el proceso de austeridad, racionalización y ahorro en las Universidades” (p.16).
Las reformas que se plantean en el Documento deberán profundizarse y acelerarse teniendo en cuenta el nuevo horizonte que plantea la Unión Europea en la Estrategia 2020: “Por todo ello, en la nueva arquitectura propuesta de Estrategia Europa 2020 debe tenerse en cuenta que la Universidad debe estar presente con un enfoque más adecuado a la nueva situación socioeconómica y a los nuevos retos introducidos por la Comisión. En España, la oportunidad de replantearse el papel de la Universidad en las políticas para salir de la actual crisis, debe complementarse con la necesidad del análisis y redimensión de la actual estructura universitaria y de su eficiencia y eficacia. Cuando la propuesta Europa 2020 sea implantada con la nueva hoja de ruta europea, y por ello de España, el proyecto universitario español deberá reanalizar la oportunidad de adecuar su estrategia Universidad 2015 al horizonte 2020, lo que coincidirá con dos nuevos períodos legislativos” (pág. 23).
Sobre estos presupuestos de tipo esencialmente económico, el Documento establece unas propuestas de financiación universitaria sobre varios ámbitos de actuación, que comprometerían al Estado, a las Comunidades Autónomas y a la Universidad.
-
Becas y ayudas al estudio Universitario y Precios Públicos de matrícula. Observatorio universitario de Becas, Ayudas al Estudio y Rendimiento Académico
En este ámbito se establece que el precio de la primera matrícula será el 15% del coste medio de previsión del servicio docente. Los estudiantes que repitan y se matriculen por segunda vez, pagarán el 50% de ese coste medio y, en caso de una tercera matrícula el coste subirá hasta el 100%. Aunque el cambio se justifica sobre la base de una mayor equidad contributiva, penalizando a los alumnos que permanecen en la universidad sin obtener rendimientos positivos, en realidad se perjudicaría notablemente a los alumnos que compaginan trabajo y estudios y que por esa razón se ven obligados a alargar su tiempo de estancia en el sistema universitario. Es cierto que el documento hace referencia a estos alumnos, pero de una manera marginal y sin concretar, indicando que su “situación será analizada y se les concederá una atención especial” (p. 48).
Otro elemento justificatorio apunta en el sentido de que los estudiantes, al sentirse presionados por el encarecimiento de las matrículas, demandarán mayores niveles de exigencia para con el profesorado. Se introduce aquí un elemento de intimidación preocupante. ¿Se va a juzgar a los profesores universitarios en función del número de suspensos? ¿Qué se entiende realmente por niveles de exigencia?
-
Equidad financiera institucional de las Comunidades Autónomas.
El lenguaje tecnocrático, plagado de referencias a la eficacia, apunta en una dirección muy determinada: la financiación debe basarse en la obtención de resultados y se establecerá en proporción a los servicios producidos, para lo cual es obligatorio eliminar debilidades y deficiencias en el funcionamiento, e impulsar un buen número de mejoras, entre ellas:
-
El ajuste de la oferta a la demanda de estudios: reduciendo los costes de mantener la oferta docente excedente o no atender parte de las demandas insatisfechas permanentes.
-
La reducción de la carga docente presencial: muy superior a la de otros países y que no parece reducirse con los nuevos planes, dificultando la adaptación a una enseñanza más activa.
-
La mayor atención a las actividades de transferencia: promoviendo la captación de proyectos y recursos, que por el momento son, en general, escasos, e intensificando el esfuerzo por ofrecer servicios de formación continua a los profesionales y las empresas.
-
El reconocimiento y apoyo a los grupos de excelencia: tanto a aquellos que alcanzan niveles de reconocimiento internacional en la actividad investigadora y/o en la formación de posgrado, como los que destacan por su vinculación y sus contribuciones a la mejora del tejido productivo.
Parece evidente que la Universidad se concibe, no ya como un organismo autónomo generador de cultura, sino como un elemento más del sistema capitalista, que debe regirse por criterios de rentabilidad y productividad. Más aún, la Universidad se coloca al servicio del modelo económico, con un funcionamiento basado en las reglas del mercado. De generadora de pensamiento crítico, la Universidad pasa a convertirse en una herramienta adaptada a las necesidades del capital, donde profesores y alumnos se convierten en mercancías definidas por la ley de la oferta y la demanda. Bajo el eufemismo de la adaptación a las necesidades de la sociedad, se esconde la realidad de colocar al mundo universitario al servicio de las necesidades de la empresa privada. Especialmente preocupante nos parecen las consideraciones establecidas respecto a la financiación pública de Universidades privadas y de la Iglesia, con el pretexto de que estas instituciones contribuyen a la modernización del Sistema Universitario Español a través de su participación en el llamado Triángulo del Conocimiento: educación, investigación y educación.
-
Recursos humanos
En este capítulo se insiste en la movilidad del personal Docente e Investigador (PDI) como elemento estratégico en la modernización del sistema universitario y como medio de conseguir una mayor eficiencia en la asignación de recursos. Parece evidente que se propone un modelo en el que la vinculación permanente del profesorado a un centro de trabajo desaparece y la movilidad funcional y geográfica pasa de ser la excepción a convertirse en la regla. En el caso del personal de Administración y Servicios (PAS), la formulación es más explícita, afirmando con rotundidad que se “debería llevar a cabo la reformulación funcional de las actuales plantillas, mejorando los niveles de flexibilidad y adaptabilidad que se contemplan en las actuales relaciones de puestos de trabajo, así como un programa de movilidad entre universidades de la misma comunidad autónoma, con el fin de racionalizar plantillas, y entre universidades de diferentes Comunidades Autónomas, en el marco de programas de formación” (pp. 70-71).
-
Adaptación de las infraestructuras universitarias al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) y Espacio Europeo de Investigación (EEI). Campus de Excelencia Internacional (CEI)
Sobre la base de que las Universidades españolas deben afrontar nuevos retos y competir necesariamente con las universidades europeas, se hace necesaria una adaptación a las nuevas necesidades que “además de favorecer la capacidad competitiva de las universidades, impulsará y potenciará la generación de sinergias de creación de valor con el entorno territorial lo que se traducirá en mayor bienestar, mayor cohesión social y potenciación del desarrollo económico” (Pág.72). El lenguaje burocrático-tecno-productivista intenta enmascarar de nuevo el proyecto de vincular estrechamente la universidad a los intereses empresariales. Así, cuando se proponen mejoras en los entornos de I+D+i, se habla de creación de espacios de generación de proyectos empresariales ligados al conocimiento avanzado.
Llama la atención poderosamente, no ya en este apartado, sino en todo el Documento, la ausencia de referencias a la Universidad como generadora de pensamiento crítico, como laboratorio de ideas que promueva valores como la libertad, la igualdad y la solidaridad. Solamente se concibe la institución universitaria con criterios de rentabilidad económica, de eficacia y gestión empresarial que la alejan de su condición de servicio público.
De acuerdo con estos criterios se plantea también la creación de un nuevo complemento retributivo ligado a la productividad, en el que se debería tener en cuenta tanto el rendimiento científico y la excelencia artística/creativa, como la contribución a la difusión del desarrollo tecnológico y “la innovación en la economía productiva” (p. 83). El objetivo de este complemento es “impulsar la transferencia de conocimiento hacia los sectores productivos, y generación en los mismos de hábitos de relación con los productores de conocimiento” (p.83).
El objetivo real de la Estrategia Universidad 2015
Creemos que, a la luz del Documento, no sólo se plantea un modelo nuevo de financiación, sino un cambio radical en la relación entre la Universidad y la Sociedad. La institución universitaria se concibe como un apéndice del sistema económico, supeditado a las necesidades del mundo empresarial. Es evidente que debe existir, y se debe exigir, una gestión eficaz de los recursos públicos, pero la sanidad y la educación públicas nunca pueden regirse por criterios de rentabilidad capitalista. Porque ese es un criterio que va indefectiblemente unido a la empresa privada. Competencia, productividad, eficacia, son conceptos que, aplicados a los servicios públicos, apuntan directamente a la privatización; primero en gestión y, en segundo lugar, en la titularidad jurídica.
El nuevo modelo de financiación adquiere su verdadero sentido cuando se pone en relación con el Documento elaborado por la Fundación Conocimiento Y Desarrollo (CYD), presidida por Patricia Botín, y la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), presidida por Federico Gutiérrez Solana, sobre “La gobernanza de la Universidad y sus entidades de investigación e innovación”, dentro igualmente de la “Estrategia Universidad 2015.”
El Documento parte de que la globalización económica exige de forma inaplazable una modificación radical en la gestión de las instituciones españolas de enseñanza superior. Los fines últimos de la reforma son: 1) garantizar el papel de la Universidad española como elemento clave en la consecución y desarrollo de valores económicos y sociales relevantes; 2) permitir a la Universidad española competir con garantías de éxito en el contexto internacional; 3) propiciar que la Universidad sirva de elemento dinamizador de la economía nacional y 4) garantizar una enseñanza de calidad.
De cara a cumplir estos fines, los objetivos a corto plazo de la reforma son:
-
Incrementar la agilidad en la toma de decisiones
-
Incrementar y fortalecer la relación sociedad-universidad.
-
Posibilitar el diseño y la ejecución de una planificación estratégica integral, estable y coherente.
-
Incrementar la transparencia y la responsabilidad en la rendición de cuentas.
Para alcanzar estos fines y objetivos se realizan varias propuestas. En primer lugar, una reforma legislativa que opte por la desregulación progresiva y flexible tanto de los órganos de gobierno de la Universidad como de las relaciones de carácter estatutario o laboral dentro de la institución. Así, se propone un cambio profundo en la elección del Rector, optando por la adaptación a España del modelo USA, en el que el criterio de eficacia empresarial es decisivo. Los decanos deberían ser designados por el Rector de acuerdo con una Junta de Gobierno que pasaría a estar formada, en su mayoría, por miembros externos a la Universidad. En definitiva, lo que se propone abiertamente es una reforma de carácter antidemocrático, donde las Juntas de Facultad, los Claustros y los mecanismos electivos perderían peso y atribuciones.
En segundo lugar, el Documento defiende la flexibilización en la contratación del profesorado y del personal de Administración y servicios; es decir, el modelo que se pretende implantar supondrá la precarización del trabajo extendida a todas las categorías del personal laboral.
En tercer lugar, se opta por un modelo de financiación mixto, basado en la financiación pública y en la captación de recursos externos.
En definitiva, este documento, que se presenta como un borrador pendiente de revisión, pretende implantar un modelo de Universidad radicalmente opuesto el actual, regido exclusivamente por criterios empresariales y tomando como base el paradigma estadounidense. De aplicarse, supondrá el fin de la Universidad como espacio de participación democrática y como servicio público.
Ambos documentos, el de financiación y el de gobernanza, son complementarios y representan no solamente el pensamiento de la oligarquía española con respecto a la Universidad, sino que también son un reflejo de la estrategia del capitalismo europeo respecto a la crisis económica estructural que padecemos. Frente a esta crisis, la estrategia del capital pasa por privatizar los servicios públicos, desmontar el Estado del Bienestar y reducir al máximo los espacios en los que se puede ejercer la libertad de expresión y crítica. En este sentido, no es casual que la Universidad se haya convertido en un objetivo de las clases dominantes europeas. La privatización de la enseñanza superior abre al capital privado unas amplias expectativas de ganancia, una revalorización de una masa de capital que ahora se encuentra inactiva; por otro lado, las reformas de carácter institucional y de las formas de financiación, acordes con un modelo de gestión empresarial, limitarán seriamente la libertad de pensamiento, convirtiendo a la institución universitaria en una dócil correa de transmisión de las grandes empresas.
La forma de justificar estas reformas es difundir entre la población la idea de que la Universidad pública derrocha recursos económicos e imparte una deficiente educación. Si bien esto es cierto en muchos casos, la forma de subsanar estas deficiencias no es mediante la privatización, sino elaborando una reforma que profundice en los mecanismos democráticos de control, que introduzca unos planes de estudio verdaderamente científicos, que disminuya el número de alumnos por aula., etc. Bolonia y la Estrategia Universidad 2015 pretenden únicamente destruir la Universidad Pública o convertirla en un espacio marginal, aniquilar el pensamiento crítico y convertir a los universitarios en autómatas despolitizados.
La visita del farsante de Roma
Ante la visita del farsante de Roma, Ratzinger, ha habido como no podía ser de otro modo, diversas interpretaciones, manipulaciones, juicios dispares, etc., etc. Vergüenza ajena da leer el artículo de Vargas Llosa. ¿Qué se podía esperar de un Jiménez Losantos, o de Anson (o Ansón), de los plumíferos de “La Razón”, “ABC” y otros, de la Cospedal y la señora condesa consorte, Aguirre, etc.? El fámulo borbónico Jaime Peñafiel califica a uno de los jóvenes manifestantes que increpaba a una de las mochileras, de «hijo de puta», y lamenta que no hubiera quien le sacudiese «un par de hostias» (él, es evidente, no se atrevió a hacerlo por si se las devolvían). Los peperos y otra gente de mal/buen vivir, lamentan la tibieza de la policía contra los manifestantes, reclaman mano dura y hasta policías propias (Dª. Espe dixit), para poner orden. Afortunadamente, se han podido salvar vídeos y fotos que muestran que esos angelitos antidisturbios son unas malas bestias (con excepciones, claro que sí). Hay, como siempre, personas que no venden su conciencia y testimonian sin miedo, varios son los periodistas que lo han hecho; citamos a uno de ellos, David Torres, en “El Mundo” del 21 de agosto, en su columna “Matones de Ley”:
«La escena es espeluznante. Un grupo de matones cruza la calle con decisión, como si la calle fuera suya, y se encara con una pareja que pasa por allí .La joven grita “¿qué pasa?”, y uno de los matones, el más cobarde, el más chulo va y la golpea sin miramientos Todos los demás lo alientan y secundan, el joven intenta protegerla en vano. “Vete a tomar por culo”, grita otro matón. Un reportero dispara su cámara para inmortalizar el abuso pero el flash alerta al macho alfa de la manada, que se lanza contra él: “La cámara, que me des la puta cámara te he dicho”, ordena el machote. Como el hombre no obedece, le cae encima una lluvia de golpes y patadas, entre ellos un porrazo en la nuca que suena a cabeza rota y lo deja tendido en el suelo. […] Esta escena no tuvo lugar en cualquier dictadura vergonzosa de Oriente Medio ni de Sudamérica, sino el jueves mismo en la calle de Atocha de Madrid. Los matones gastaban uniforme, casco y porra, y eran policías, o al menos iban disfrazados de tal. […] La policía española se ha cubierto de gloria con esta actuación digna de una banda de borrachos. Aparte de bestias, de abusones y de cobardes, son tan lerdos que permitieron a las víctimas llevarse las pruebas que testificaban la agresión. […] Habrá que preguntarse también si no saldría más barato prescindir de uniformes y contratar directamente a una pandilla de matones de discoteca. Preguntarse si los ciudadanos no deberíamos llevar armas para defendernos de estos homínidos a los que más valdría encerrar en un zoo, a tiro de cacahuete y bien lejos de mujeres y periodistas. Qué miedo, tú.»
[Ver vídeo en Youtube]
Páginas de la ciencia y la cultura soviéticas: Lev Landau, por Carlos Hermida
Entre las figuras más eminentes de la Física del siglo XX destaca el soviético Lev Davidovich LANDAU (1908-1968). Nació en Bakú, en el seno de una familia judía. Su padre era ingeniero de la industria petrolífera y su madre ejercía la medicina. Su prodigiosa capacidad para las matemáticas le encaminó hacia las ciencias desde una edad muy temprana. A los 14 años se matriculó en la Universidad estatal de Bakú, donde estudió simultáneamente dos cursos de Ciencias Físico-Matemáticas y Química. En 1924 se trasladó a Leningrado, se dedicó a la Física Teórica y se graduó en 1927. En el Instituto Físico-Técnico de esa ciudad se matriculó en estudios de posgrado y se doctoró con 21 años de edad.
Su inmenso talento le hizo acreedor en 1929 de una beca de viaje concedida por el gobierno soviético y, tras una breve estancia en Göttingen y Leipzig, se trasladó a Copenhague para trabajar en el prestigioso Instituto de Física Teórica dirigido por Niels Böhr, al que consideró siempre como su maestro. Después de visitar Cambridge y Zurich regresó a la Unión Soviética en 1932.
Entre 1932 y 1937 dirigió el Departamento de Física Teórica en el Instituto de Mecánica y Construcción de Maquinaria de Járkov. En 1938, en respuesta al requerimiento de Pyotr Kapitsa, uno de los más prestigiosos físicos de la Unión Soviética, se trasladó a Moscú para dirigir la división técnica del Instituto de Problemas de Física. El 28 de abril de ese mismo año, Landau fue arrestado y encarcelado por actividades contrarrevolucionarias. Sin embargo, Kapitsa escribió a Molotov, presidente del gobierno, solicitando su puesta en libertad para que le ayudase en un importante descubrimiento en el que estaba trabajando. Landau salió en libertad condicional en abril de 1939 y retomó sus investigaciones.
Este episodio nos parece relevante en varios sentidos. El físico holandés Hendrik Casimir, que conoció a Landau en Copenhague, le recuerda como un comunista ferviente que ensalzaba las oportunidades que la revolución había deparado al desarrollo de la Física. Es probable que fuera objeto de una falsa acusación y, por tanto, víctima de una represión que respondía a causas extremadamente complejas, entre ellas la agresividad que las potencias fascistas mostraban hacia la URSS, los sabotajes internos y la oposición a la política de planificación y colectivización. Ahora bien, el hecho de su liberación, tras un año de encarcelamiento, desmiente que el sistema penitenciario soviético fuera una especie de inmenso agujero negro que engullía a millones de personas cuyo destino indefectiblemente era la muerte. El caso de Landau no es una excepción y demuestra que el sistema penal de la URSS, del que formaban parte los campos de trabajo, no tenía nada que ver con el universo concentracionario de arbitrariedad y exterminio que dibujan los historiadores anticomunistas.
Landau desarrolló un amplio campo de trabajo que incluye la teoría de la superconductividad y la superfluidez, la electrodinámica cuántica, la física nuclear y la física cuántica. En 1962 obtuvo el Premio Nobel de Física por su teoría para explicar la superconductividad del helio II, estado del helio líquido por debajo de los 2,2º K.
La superconductividad es un estado de la materia en el cual no existe resistencia eléctrica, lo que significa que no hay disipación de energía al pasar corriente eléctrica por un material superconductor, y sus aplicaciones son de tres tipos: generación de campos magnéticos intensos, la fabricación de cables de conducción de energía eléctrica y la electrónica. Dentro del primer tipo destaca la posibilidad de fabricar trenes “levitados”; es decir, que flotan sobre los raíles sin tener fricción con ellos, alcanzando altísimas velocidades. El helio II es una mezcla de dos fluidos, conocidos como componente normal y componente superfluido. A medida que va disminuyendo la temperatura y se llega a los 0º Kelvin, todo el helio II es superfluido. En ese estado se convierte en un elemento con propiedades de superconductor. Landau estableció la teoría que explicaba esa propiedad especial, cómo se producía y a través de qué mecanismos.
Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, Stalin aceleró el programa atómico soviético y Landau tuvo una importante participación en el proyecto, especialmente en la faceta de cálculos matemáticos. Tal y como sus colegas afirmaban, «en el inmenso edificio de la física del siglo XX, no hay ninguna puerta cerrada para Landau». Bajo su dirección trabajaron renombrados científicos, como Lev Pietaevskii, Alexei Alexeevich Abrikosov, Evgeny Lifshitz, Lev Gorkovo o Isaac Jalatnikov. Aficionado a las clasificaciones, estableció una lista en la que incluyó a diferentes físicos ordenándolos con notas de 0 a 5, siendo el 0 la calificación más alta. Este fue el grado que mereció Isaac Newton. Albert Einstein recibió un 0,5. Los padres de la física cuántica, Niels Böhr, Werner Heisenberg, Paul Dirac y Edwin Schrodinger recibieron un 1 y él mismo se otorgó un 2,5, que mejoró después con un 2.
En 1962 sufrió un gravísimo accidente automovilístico que le ocasionó lesiones de las que nunca llegó a recuperase completamente, falleciendo en 1968.
Landau publicó numerosas obras, destacando el “Curso de Física Teórica”, escrito en colaboración con E. M. Lifshitz, y publicado en siete volúmenes en 1938, que después se ampliarían a diez. Su trabajo fue ampliamente reconocido. Además del Premio Nobel, obtuvo el título de “Héroe del Trabajo Socialista” (1954), la “Orden de Lenin” en tres ocasiones (1949, 1954 y 1962), la “Orden de la Bandera Roja del Trabajo” (1945) y tres “Premios Stalin” (1946, 1949 y 1953). También fue galardonado en Alemania con el Premio Planck en 1960. Fue miembro de la Royal Society de Londres y de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.
UNA VISITA MENOS CONOCIDA, por C. Hermida
El actual Papa Benedicto XVI nos tiene acostumbrados a pronunciar discursos en los que condena en durísimos términos a todos los que no comparten la moral católica.
El matrimonio homosexual, el aborto, la investigación genética o la muerte digna son definidas habitualmente por este nuevo cruzado de la fe como prácticas criminales e inhumanas. Curiosamente, quien se autoerige en defensor de supremos y trascendentales valores morales ingresó en 1941 en las Juventudes Hitlerianas y luchó en el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial. En pocas palabras, el Jefe de la Iglesia Católica vistió el uniforme nazi y combatió en defensa de la ideología más criminal que ha existido en la historia de la humanidad.Es cierto, como afirma el propio Papa en sus Memorias y defienden sus partidarios, que era obligatorio afiliarse a las juventudes nazis y también lo era servir en el Ejército durante la contienda. Este hecho, por tanto, no sería relevante en la biografía de Joseph Ratzinger. A lo sumo, un pecadillo venial, como el de millones de alemanes atrapados en unas circunstancias muy especiales. Sin embargo, y a la vista de hechos posteriores, la ideología nazi dejó una huella profunda en el que muchos años después estaría llamado a ser el pastor del rebaño católico.
El 7 de julio de 1989, el entonces cardenal Ratzinger, que contaba 62 años de edad y ya no era el mozalbete obligado a ingresar en las Hitlerjugend, visitó el Valle de los Caídos, tras impartir una conferencia en los Cursos de Verano de El Escorial. Acompañado del cardenal Suquía, y del Rector de la Universidad Complutense, Gustavo Villapalos, recorrió la basílica durante dos horas, observando todos los detalles y siguiendo con atención las explicaciones que le daban. En un momento de la visita, un monje le comentó:
“Este Valle de los Caídos, recostado bajo la silueta de la Cruz, parece esperar, como el Valle de Josafat, el día del juicio final, precisamente a la sombra de la Cruz”.
El cardenal afirmó: “Sería un lugar incomparable”-
Tras hacerse una foto con la cruz de fondo, regresaron a Madrid, y durante el viaje de vuelta el cardenal comentó al Rector de la Universidad Complutense que el Valle de los Caídos le había interesado más que El Escorial, debido a la originalidad de la concepción y a su fuerte espiritualidad.
Como es ampliamente conocido, Benedicto XVI es un hombre de vasta cultura y, por descontado, con un conocimiento preciso de la historia del monumento erigido en la sierra madrileña. No ignoraba que fue un monumento construido por presos políticos republicanos en régimen de trabajos forzados; ni tampoco desconocía que fue levantado por el régimen fascista encabezado por Franco; ni que ese régimen colaboró ampliamente con Hitler durante la Segunda Guerra Mundial. Y sabía que la basílica albergaba las tumbas del propio Franco y de José Antonio Primo de Rivera. Y, por supuesto, era plenamente consciente de que la dictadura franquista había sido un régimen ilegal, ilegítimo y genocida, bendecido por la iglesia católica española.
Pero todo esto no era, ni es, condenable por el ocupante de la Cátedra de San Pedro, porque los asesinados por el franquismo eran rojos despreciables, hijos de Caín que merecían el fusilamiento y ser arrojados a fosas comunes. Sorprendente doble rasero para el máximo representante de una religión que afirma sustentarse en el amor al prójimo, la caridad y la fraternidad.
El pueblo de Madrid que padeció durante decenios la dictadura fascista, y se enfrentó a ella heroicamente, rechaza y condena la presencia de un Papa que define como un lugar incomparable el monumento que testimonia la criminalidad del franquismo.
Fuente: Plataforma de Ciudadanos por la República
Llueve sobre mojado, por J. Romero
Llueve sobre mojado. En tres años la crisis de la economía capitalista ha traído como consecuencia un deterioro enorme de las condiciones de vida y trabajo de la mayoría social: cinco millones de parados, decenas de miles de desahucios, recortes de los servicios públicos, constante degradación del clima social y laboral. Las políticas de los distintos gobiernos (nacional y autonómicos) han ido dirigidas siempre a favorecer a las grandes empresas y a las entidades financieras, nunca se han planteado mitigar las desoladoras consecuencias de la crisis en la vida de la gente: inicialmente se entregaron decenas de miles de millones de euros para facilitar la liquidez y garantizar el crédito, pero todo ese dinero que ha procurado un fuerte endeudamiento del Estado, parece haberse volatilizado en las cuentas de resultados de los bancos que siguen negando el crédito a familias y pymes; seguidamente se aprobaron planes de recortes laborales, se congelaron las pensiones, se aumentó la edad de jubilación, se recortó el salario de los empleados públicos, se aceleró la privatización de servicios, etc, medidas todas que vinieron a agravar la profunda recesión económica.
Estas políticas antipopulares las han aplicado con el objetivo de “calmar a los mercados”. Ningún Gobierno, ninguna institución ha planteado medida alguna para controlar el capital especulativo lanzado a una loca carrera que está minando las ya maltrechas bases de la economía productiva.
Nada de eso ha servido, como era previsible, los “mercados” no se han calmado. En los últimos días, la llamada crisis de la deuda ya no afecta solo a los países periféricos de la UE; ha saltado a alguna de las principales economías imperialistas y, particularmente a la primera de todas: EEUU; otras grandes potencias como Francia, están directamente amenazadas*(1). Los brotes verdes, las declaraciones optimistas de los últimos meses no han sido más que un espejismo para justificar los sacrificios impuestos a la mayoría trabajadora.
¿Por qué crece la presión de los mercados? Porque el capitalismo (y los especuladores financieros son su más depurada expresión) es un modo de producción que no busca la satisfacción de las necesidades colectivas: su ley fundamental es la obtención del máximo beneficio en el menor plazo; una ley antisocial que provoca crisis de las que históricamente se han valido los grandes empresarios para reforzar su poder y concentrar su capital, destruyendo fuerzas productivas y sembrando la ruina entre los trabajadores y pequeños empresarios
A las puertas de una recaída grave en la recesión del sistema capitalista, todos los dirigentes políticos aventuran y exigen nuevos y más brutales recortes, una mayor destrucción del sector público; menores derechos laborales, etc; medidas todas que como a estas alturas resulta evidente, no solo no van a “calmar a los mercaderes” sino que van a empeorar aún más las condiciones para la recuperación económica y dejarán tras de sí la consecuencia de un retroceso histórico en términos económicos, políticos y sociales.
En el caso de España las nuevas amenazas se ciernen sobre una realidad económica y social ya de por sí extremadamente grave: más de cinco millones de parados (el 21% de la población activa, uno de cada cinco trabajadores, cifra que dobla la media de la UE y es la más alta de la OCDE); la industria en claro retroceso, el empleo cada vez más precario, los servicios sociales en vías de acelerada privatización; un clima político cada vez más escorado a la derecha, etc; por lo que las medidas que puedan imponer van a crear un clima absolutamente insostenible que necesita respuestas desde la izquierda, sin misticismo, ni engaños reformistas.
En el terreno político, en España también llueve sobre mojado: la izquierda sigue mostrándose incapaz de responder con un mínimo de solvencia y responsabilidad a esta cascada de ataques: la institucional se limita a capear el vendaval esperando obtener un rédito electoral que no se merece en absoluto; los radical oportunistas, desprecian el valor de la unidad y se separan deliberadamente de las necesidades concretas de las masas; la nacionalista contribuye conscientemente a la división, trabajando no por unir esfuerzos en el campo popular frente al enemigo común, sino por construir nuevas fronteras de separación entre los trabajadores, empeñada en buscar alianzas “nacionales” con su propia burguesía reaccionaria que, por su parte, apoya en el parlamento de la nación a su clase, representada por el PSOE o el PP, en la aplicación de las recetas neoliberales que afectan a todos.
Sí, en España llueve sobre mojado y a cántaros; y el agua de esa lluvia acelera la erosión de los podridos cimientos del régimen monárquico: El Borbón, su séquito de canallas y su corte de vividores sinvergüenzas, ya parecen lo que son, sin falsas galas “democráticas”: unos servidores a sueldo del becerro de oro.
Pero el agua amenaza también al campo popular, que no tiene resguardo suficiente, arrastra sus derechos, ahoga sus esperanzas y destruye sus conquistas. Por eso es imprescindible que la izquierda española se asiente sobre unas sólidas bases políticas, un dique de contención frente a la avenida reaccionaria.
A la vieja izquierda ya no le sirven sus certezas de estos últimos 35 años: unos, esforzándose hasta lo grotesco por respetar las reglas de un juego que no debería ser el suyo; otros desdeñando de forma irresponsable el mojarse en la arena política real, arropados con una falsa pureza que no es más que el ropaje de la cobardía. Pero, a pesar de la que está cayendo, parece que unos y otros siguen empeñados en representar un papel secundario en el futuro por venir.
Y sin embargo, nunca como ahora, es tan necesario un esfuerzo de unidad y de firmeza. El régimen está desacreditado, las formas de hacer política en las que se ha amparado la izquierda que aceptó el pacto de la transición, también; las viejas certezas de la izquierda comprometida con aquella traición, se desvanecen.
Por eso es una noticia esperanzadora, en este verano por lo demás tan árido en esperanzas, la constitución de Republicanos, una federación que quiere empezar ese camino inaplazable de unidad de la izquierda sin ataduras, entorno a una primera certeza: el movimiento popular debe desbordar los cauces que nos impusieron en 1975 a la muerte del asesino Franco para dejar atado y bien atado su régimen.
Esta España de borbones, botines, rajoys y zapateros se muestra más lejos que nunca de ser garantía de futuro para las clases trabajadoras. No basta con una reforma de la Constitución monárquica de 1.978, (una reforma, por otra parte prácticamente imposible porque la propia norma exige el acuerdo de las 4/5 partes -el 80%- de ambas cámaras). Un programa de progreso social precisa para ser aplicado de una Constitución que garantice la plena eficacia jurídica de los derechos sociales y políticos; el control social de la economía; la separación real y efectiva entre la Iglesia y el Estado; una política exterior de paz y sin implicación en conflictos armados fuera de nuestras fronteras, que permita la federación de los pueblos que así lo quieran; que obligue a la celebración de referendums vinculantes para aquellos temas trascendentes para los ciudadanos; que asegure un control real y efectivo del poder público, unas normas electorales y de participación ciudadana plenamente democráticas; que no coloque al ejército sobre el poder civil como garante del orden constitucional; que, en definitiva, establezca el carácter elegible de todas las instituciones, incluida la máxima representación del Estado.
Esta no es una cuestión menor: sin un pilar sólido, la política de la izquierda española seguirá encerrada en el círculo vicioso en el que aceptó entrar al renunciar a la ruptura con la dictadura. Pero para que se avance en la conformación de un referente de la izquierda libre de las ataduras con el régimen continuista, no basta con que desaparezca lo viejo, de ello se encargará la lógica implacable del tiempo.
Hoy el pueblo español, necesita otro cauce democrático, tricolor. Por eso la constitución de Republicanos es una excelente noticia, porque plantea un objetivo primero, sin el cual la iniciativa la seguirá teniendo una minoría de parásitos que están decididos a seguir presionando al precio que sea.
No va a ser fácil lograr ese objetivo: en un nuevo gesto antidemocrático, el régimen ha aprobado una reforma de la ley electoral que limita más aún el derecho de participación democrática*(2). Va a ser necesario vencer también las inercias y los miedos de un sector importante de la izquierda social y política, que sigue dudando en dar el paso de comprometerse con un cambio radical de planteamiento: de la conformidad o la marginación, a la lucha en todos los órdenes, también en el electoral, unidos en torno a un programa de ruptura con las viejas ataduras.
Por eso es preciso ayudar a nacer a lo nuevo, trabajar por dar sentido y orientación a la pelea de las clases trabajadoras que se enfrentan a un enemigo común implacable y muy fuerte, frente al que no cabe dispersar esfuerzos o rebajar objetivos; un enemigo que está dispuesto a aplastar toda resistencia si ésta es débil y frente al que, sin embargo, es más fuerte una mayoría social que comparta objetivos.
Asentar este brote esperanzador debe ser una tarea común de quienes estén hartos de la situación actual: no cabe desentenderse de ella sin ser cómplice de un estado de cosas que en los próximos meses puede llegar a niveles intolerables. El futuro se construirá entre todos, pero no es posible ya postergar el inicio del camino común.
*(1).- Al tiempo de escribir estas líneas, la agencia Standard & Poor’s acababa de rebajar la calificación de la deuda estadounidense desde el excelente AAA a AA+. En la semana del 1 al 5 de agosto el IBEX 35 perdía un 15,3 % y el lunes 8 todas las bolsas caían bruscamente: un 5,54% el Dow Jones, 3,4% Frankfurt, 3,9% París, etc
*(2).- La reforma exige que todas las fuerzas políticas que no tengan representación parlamentaria, presenten sus listas avaladas por el 0,1% del censo electoral. Más inaceptable aún, si tenemos en cuenta que esta reforma no se ha desarrollado aún, por lo que nadie sabe a ciencia cierta, ni la Junta Electoral Central ha aclarado aún, cómo se concretará esta exigencia (plazos, modelo de aval, etc).
Intervención del camarada S. Baranga en la mesa redonda La revolución tunecina y sus repercusiones internacionales
El pasado lunes 25, horas antes de la fiesta con la que el PCOT cerró su Congreso, las diferentes delegaciones extranjeras allí presentes fueron invitadas a participar en una mesa redonda junto a nuestro veterano camarada sueco Nils Andersson, que expuso una de las ponencias centrales del acto. Los intervinientes debían explicar las repercusiones de la revolución tunecina en sus países respectivos, así como los factores que dificultan, particularmente en Europa, la unidad de la izquierda revolucionaria.
Camaradas, amigos,
En nombre del PCE (m-l), partido miembro de la CIPOML, quisiera explicaros la importancia que la revolución tunecina ha tenido para nosotros, para nuestra táctica, y también para incrementar el deseo de cambio entre los pueblos de España y, particularmente, entre la juventud.
Desde diciembre y aun antes, hemos seguido con particular atención lo que ha sucedido en Túnez, mientras nuestros hermanos marroquíes y nuestros queridos hermanos saharauis daban una valiente respuesta al régimen del Majzén, estrechamente aliado al imperialismo.
En enero, las televisiones intentaron ocultar una realidad: el RCD era un partido ligado a la Internacional Socialista, con la aceptación sin duda alguna del PSOE y otros. La dictadura era (y es aún, como vosotros bien sabéis) uno de los gendarmes del imperialismo en el Magreb.
Pero en España, como en toda Europa y África, la juventud ha visto una revuelta triunfante, como ya ha señalado el camarada marxista-leninista Nils Andersson, con cuya última intervención nos identificamos plenamente. Los jóvenes españoles han comprendido (tras años de no haber conocido más que la política oligárquica, opuesta a los intereses populares) que es posible cambiar las cosas, pero también que no basta con internet o las redes sociales (herramientas sin duda muy eficaces), si no ocupan las calles, las plazas, como han hecho nuestros hermanos árabes.
Así pues, estas son preciosas lecciones que nuestros jóvenes han recibido, y que han traducido a través del movimiento 15-M. Y, si bien habrá que trabajar mucho todavía para hacer madurar este movimiento y proporcionarle objetivos políticos más definidos, es un síntoma de que nuestros jóvenes, al igual que vosotros, los jóvenes tunecinos, han empezado a comprender que no tienen nada que perder sino las cadenas que les impone el capitalismo.
En este punto, respondiendo a las cuestiones apuntadas por el camarada moderador, acerca de las condiciones que dificultan la colaboración entre las fuerzas de la izquierda en Europa, debo señalar que hay algunas de ellas, incluso comunistas, que no han querido en absoluto intervenir en este movimiento, olvidando que todo espacio político abandonado por los comunistas corre el riesgo de ser ocupado por el fascismo.
En cuanto a nosotros, marxistas-leninistas, la revolución tunecina nos ha dado un precioso ejemplo de lo que debe ser la táctica de los comunistas, de la relación entre las tareas de la revolución democrática y las de la revolución socialista.
Como en los siglos pasados, las revoluciones populares han ido cruzando, rápidamente, de un lado al otro del Atlántico, desde América al Magreb, y luego al norte del Mediterráneo. Por ello, es necesario ser conscientes de que no hay terceras vías posibles, que hay que desarrollar la revolución, con el trabajo entre las fuerzas populares y, como hizo el PCOT antes que nadie en Túnez, desde el respeto a los principios marxistas leninistas (y, más aún, precisamente por el hecho de basarse en estos principios), ser valientes para proponer las más amplias alianzas entre las fuerzas progresistas y democráticas.
Nosotros, en nuestra lucha por la República democrática popular, contra la monarquía de la oligarquía, de las fuerzas que permanecieron en la total impunidad tras la dictadura fascista, hemos recogido todas estas lecciones para continuar nuestro combate, con aún más determinación, por la democracia, la justicia social y la soberanía, contra la expoliación que lleva a cabo el capital, especialmente francés y alemán, a través de la Unión Europea, contra nuestros pueblos.
Camaradas, desgraciadamente nosotros conocemos bien las consecuencias de las traiciones, de las concesiones, especialmente las realizadas en nuestro país por las fuerzas que no se decidieron a hacer la revolución y a liberarse del yugo de la dictadura y del capitalismo. Pero el PCOT dispone de su energía militante, que hemos podido conocer directamente, y de una presencia fuerte y sólida entre los sectores populares, los obreros, las mujeres, los jóvenes, los campesinos; y cuenta, asimismo, con la ciencia que le proporciona su marxismo-leninismo, sobre cuya base no dudó, desde el primer día, de la necesidad de organizar al pueblo, mediante comités populares a todos los niveles, para llevar a cabo el derrocamiento de la dictadura y con la intención de formar un nuevo Gobierno provisional. Este es un segundo elemento que nos interesa particularmente a los marxistas leninistas españoles, en consonancia con nuestra política dirigida a la conformación de un Frente Popular contra la oligarquía, y que desde luego no comparten otras fuerzas.
Es por estas características, pues, por lo que estamos seguros de que la revolución tunecina alcanzará todos sus objetivos. Nosotros, desde luego, os estamos profundamente agradecidos por vuestros esfuerzos y también por esta revolución que, sin duda, pronto se verá culminada. Hasta ese momento, seguiremos exigiendo para Túnez, junto a vosotros, «pan, libertad y dignidad nacional».
Túnez, 25 de julio de 2011
Más información:
TÚNEZ: Los camaradas del PCOT celebran su Congreso
Saludo del PCE (m-l) al Congreso del PCOT
[Fotos] TÚNEZ: Los camaradas del PCOT celebran su Congreso
Precisiones históricas sobre el 75º aniversario del golpe militar fascista, por C. Hermida
Hace 75 años un sector del ejército se sublevó contra el régimen republicano, que de forma absolutamente legal y legítima se había establecido en España el 14 de abril de 1931. La rebelión comenzó el 17 de julio de 1936 en el Protectorado marroquí y al día siguiente se extendió por todo el país. Los generales que encabezaron el golpe de estado y las fuerzas derechistas que los apoyaban –Falange Española y de las JONS, CEDA, Renovación Española y Comunión Tradicionalista– no tenían un proyecto político definido, pero había una coincidencia en el odio que profesaban hacia la República y en el deseo de exterminar a lo que ellos despectivamente denominaban la anti-España. Con la bendición y apoyo de la Iglesia Católica, los golpistas desencadenaron desde el primer momento una represión salvaje contra los defensores de la legalidad republicana. Las “Instrucciones” reservadas del general Mola, dictadas antes de la sublevación, incidían en que la acción de los militares debía ser extremadamente violenta y en la necesidad de sembrar el terror.
El fracaso del golpe en buena parte del país dio paso a una guerra civil que sirvió a la oligarquía española para destruir y aniquilar todo lo que significase libertad de pensamiento, reivindicación social, progreso y modernización. Por ello, el terror alcanzó a intelectuales, líderes sindicales, alcaldes, dirigentes políticos y a cualquiera que se identificase con el ideal republicano. Fue una operación vastísima de limpieza ideológica y social, que pretendió destruir hasta sus cimientos todo el entramado de organizaciones sociales y culturales de la clase obrera.
A pesar de los obstáculos de todo tipo con que se han enfrentado los historiadores que investigan la represión franquista, actualmente disponemos de una bibliografía científica que ha roto los muros de silencio levantados en torno a este tema. Entre 1936 y 1948, las cifras mínimas de fusilados alcanza las 150.000 personas, a las que habría que añadir 50.000 fallecidos en cárceles y campos de concentración a causa del hambre, las enfermedades y los malos tratos. Al terminar la guerra había 300.000 encarcelados y 200.000 españoles marcharon al exilio. Una represión a tal escala, de dimensiones tan gigantescas, sólo puede entenderse en el marco de una política de exterminio perfectamente planificada, cuidadosamente organizada y ejecutada con la máxima frialdad; es decir, una política de genocidio.
La peculiar Transición Política española (1975-1978), con sus pactos vergonzantes, sus amnesias programadas y sus consensos, no sólo dejó impunes los crímenes del franquismo y permitió que los nombres de los asesinos golpistas sigan denominando calles y plazas, sino que, al evitar una condena tajante del régimen franquista, ha hecho posible que la derecha inicie un revisionismo histórico que convierte a la izquierda en culpable de la guerra civil y ensalza a Franco como artífice de un régimen autoritario que trajo la prosperidad económica y la paz a España.
Un pequeño grupo de pseudohistoriadores, que jamás han pisado un archivo, viene dedicándose desde hace unos años a poner de nuevo en circulación las apolilladas tesis franquistas sobre la República y la Guerra Civil. Con un desparpajo y desvergüenza sin límites, pero con un enorme apoyo político y mediático, los cuatro nuevos jinetes del apocalipsis –César Vidal, Jiménez Losantos, Pío Moa y Ricardo de la Cierva– difunden que la sublevación de julio de 1936 salvó a España de la tiranía comunista. No hay duda de que aprovecharán este aniversario para publicar sus reiteradas falsificaciones y elucubraciones, tarea en la con toda seguridad se verán acompañados por “Telemadrid”, “Libertad Digital” e “Intereconomía”.
A medida que se acerque la fecha del 18 de julio, volveremos a escuchar las tradicionales cantinelas de la derecha sobre «la anarquía del Frente Popular», «el execrable asesinato de Calvo Sotelo» o «la desintegración de la Patria». Como este argumentario ha terminado por calar en ciertos sectores sociales, se hace necesario combatirlo desde una posición rigurosamente histórica.
Los generales que se sublevaron contra la República eran conscientes de que su acción constituía el delito más grave que puede cometer un militar. Levantaban sus armas contra el poder establecido al que habían jurado defender y obedecer. Faltando a su juramento y arrastrando por el fango su honor, algo tan querido por el estamento castrense, necesitaban urgentemente justificar su sedición. Muy pronto se construyeron por los servicios de propaganda franquistas tres justificaciones que sirvieron para sustentar jurídica, política e ideológicamente el golpe de estado: 1) España se encontraba en una situación de total anarquía; 2) El Partido Comunista iba a desencadenar un movimiento revolucionario e implantar un régimen soviético; y 3) el gobierno del Frente Popular estaba detrás del atentado contra José Calvo Sotelo.
Con respecto a la primera justificación, hay que señalar ante todo que el Frente Popular ganó limpiamente las elecciones del 16 de febrero de 1936. A pesar de las insidiosas sospechas que arrojan los historietógrafos de turno, la victoria frentepopulista está sobradamente acreditada por la historiografía científica. El gobierno, presidido por Casares Quiroga, estuvo integrado exclusivamente por ministros de los partidos republicanos de la coalición –Izquierda Republicana y Unión Republicana– y puso en marcha el programa de reformas del bienio 1931-1933 que habían sido sistemáticamente suprimidas durante los años de gobierno radical-cedista.
Es indudable que en los meses de febrero a julio de 1936 hubo una conflictividad social importante, pero eso no tiene nada que ver con la imagen de anarquía absoluta que difundían las fuerzas de derecha. Es preciso tener en cuenta que nos encontramos en los años de la Gran Depresión, caracterizados por un descenso drástico de la producción industrial y un incremento rapidísimo del desempleo. En todos los países con un régimen parlamentario había numerosas huelgas y conflictos, y España no era una excepción, pero los datos indican con claridad que el gobierno mantenía el control sobre el orden público y que era la Falange, con sus atentados terroristas, quien estaba interesada en crear un clima de crispación y caos que favoreciese la intervención militar. El historiador Rafael Cruz, en su libro En el nombre del pueblo (2006), demuestra estadísticamente como el número de atentados mortales fue disminuyendo entre febrero y julio de 1936. En febrero hubo 44 víctimas y 15 en el mes de julio. De las 262 víctimas de esos meses, 148 eran de izquierda y 50 de derecha, y, además, las fuerzas policiales fueron las causantes de las muertes en 112 de los casos. A la vista de estos datos parece evidente que no era precisamente la derecha ni la “gente de bien” la que estaba siendo exterminada, como todavía hoy se lee y se escucha en determinados medios de agitación y propaganda de la derecha.
El segundo elemento de justificación coloca a los comunistas a punto de encabezar una revolución que convertiría a España en un satélite de la URSS. Incluso se llegaron a falsificar documentos, de manera muy burda, para intentar demostrar los planes revolucionarios del PCE. Es bien conocido que la mayoría de los militares españoles no se ha caracterizado históricamente, ni tampoco en los tiempos actuales, precisamente por su brillantez intelectual, pero en este caso su tosquedad alcanzó los límites del encefalograma plano. No hace falta ser un historiador profesional para saber que en 1936 los comunistas de todo el mundo defendían la democracia parlamentaria y la alianza con fuerzas incluso burguesas para frenar al fascismo. Los comunistas españoles no pretendieron tomar el poder en 1936 ni durante la guerra civil. Habían impulsado el Frente Popular y siguieron haciéndolo durante la contienda. Desde el VII Congreso de la Internacional Comunista, celebrado en Moscú en 1935, la revolución socialista había dejado paso a la defensa del sistema parlamentario. Sólo los malos cuentistas pueden seguir insistiendo en este tema.
Sin duda el atentado que costó la vida a Calvo Sotelo es el argumento estrella al que se agarran con fuerza franquistas y neofranquistas, el último asidero al que aferrarse para demostrar el carácter malévolo de la II República española. La película de los hechos es sobradamente conocida. El 12 de julio de 1936 pistoleros de extrema derecha, falangistas o carlistas, asesinaron al teniente Castillo, oficial de los Guardias de Asalto, y persona muy conocida y cercana a los socialistas. El atentado era el último de una larga serie de acciones terroristas que había obligado al gobierno, en marzo de 1936, a ilegalizar a Falange Española y encarcelar a José Antonio Primo de Rivera, su principal dirigente. Algunos de los compañeros del teniente Castillo decidieron vengar su muerte atentando contra Gil Robles, el jefe de la CEDA, pero al no encontrarlo en su casa fueron a buscar a Calvo Sotelo, máximo dirigente de Renovación Española. En la madrugada del día 13 se presentaron en el domicilio del líder monárquico, le conminaron a que les acompañara a la Dirección General de Seguridad y, tras subirlo a un vehículo policial, le dispararon en la cabeza, dejando su cadáver en el cementerio del Este.
La derecha y los militares golpistas utilizaron el atentado como el ejemplo perfecto de que el país se hundía en el caos, dirigido por un gobierno ilegal que no dudaba en recurrir al crimen para silenciar a los opositores. El Ejército, por tanto, se sublevaba para restablecer el orden y el imperio de la ley.
Diremos en primer lugar que no existe relación alguna entre esa muerte y la rebelión militar. Dejando a un lado el hecho de que, en su condición de diputado, Calvo Sotelo tenía inmunidad parlamentaria, no podía ser detenido y, en consecuencia, no debió abandonar su domicilio, atenta contra el sentido común pensar que un golpe de estado se puede organizar en cuatro días. Hay que recordar que al conocerse el triunfo del Frente Popular, Franco y Gil Robles visitaron a Portela Valladares, entonces presidente del gobierno, y le presionaron para que anulara el resultado electoral e implantase el estado de guerra. Como no lograron su objetivo, inmediatamente comenzó a urdirse la trama conspirativa para derrocar el régimen republicano. Con Calvo Sotelo vivo o muerto, el golpe militar ya tenía sus fechas fijadas. Lo que es evidente, es que el atentado sirvió a los golpistas como excusa perfecta para sus sediciosos planes.
Convertido en el “protomártir” (el “mártir” indiscutible es José Antonio Primo de Rivera), Calvo Sotelo se ha convertido en el argumento recurrente de la derecha española para criminalizar al régimen republicano. Conviene por tanto que repasemos algunos datos biográficos del considerado un hombre ejemplar víctima del odio “rojo”.
José Calvo Sotelo nació en 1893. Abogado del Estado, y miembro del Partido Conservador, uno de los dos partidos caciquiles que se alternaban en el poder falsificando sistemáticamente las elecciones durante la larga etapa de la Restauración (1875-1923), fue Ministro de Hacienda con la dictadura de Primo de Rivera, un régimen ilegal instaurado mediante un golpe de estado en septiembre de 1923. La Dictadura cometió todo tipo de arbitrariedades e ilegalidades, entre ellas la manipulación de de los Presupuestos del Estado para ocultar el enorme endeudamiento con que se sufragaban las obras públicas del régimen. El déficit público se enmascaraba con operaciones de ingeniería financiera y contable para mostrar ante la opinión pública la imagen de una Dictadura que presumía de buena gestión económica.
Tras la proclamación de la República, nuestro protomártir huyó del país para no tener que responder de su gestión ante la Comisión creada por las Cortes republicanas para depurar las responsabilidades de la Dictadura, y solamente volvió a España tras la amnistía concedida por Alejandro Lerroux tras la victoria de las fuerzas derechistas en las elecciones celebradas en noviembre de 1933. En estos años de turismo europeo tuvo ocasión de vivir en Italia, donde se convirtió en un admirador del fascismo.
En España asumió la jefatura de Renovación Española, un partido monárquico fundado en 1933 cuyo objetivo era destruir el régimen republicano mediante un golpe militar. En 1934 participó activamente en la preparación de la entrevista que se celebró en Roma entre Mussolini y dirigentes carlistas y de Renovación Española. Fruto de esa entrevista fue un acuerdo secreto por el cual el dictador italiano se comprometió a financiar y apoyar con armamento un movimiento insurreccional contra la República española. En caso de triunfo, el nuevo gobierno español y el régimen italiano firmarían un tratado de amistad y neutralidad.
En 1936 formaba parte activa de la conspiración golpista y, amparándose en su condición de diputado, pronunciaba en las Cortes discursos incendiarios invocando al Ejército para que se sublevase contra la República y refiriéndose al pueblo como turbamulta.
Resumiendo, la figura que la derecha nos presenta como modelo de caballero cristiano, padre y esposo ejemplar, virtuoso patriota y político intachablemente honrado, asesinado alevosamente por la horda republicana, era en realidad un individuo que se inició políticamente en un partido corrupto cuyo único mérito para alcanzar el gobierno era falsificar las elecciones. Continuó su vida política colaborando con una dictadura ilegal encabezada por un dictador borrachín, y desde su puesto de Ministro de Hacienda se dedicó, dicho con suavidad, a maquillar las cuentas públicas. Aunque presumía de hombría y valor personal, no dudó en huir de su país para evitar hacer frente a sus responsabilidades como ministro de la dictadura encabezada por Primo de Rivera. El Diccionario de la Real Academia define esa actitud como cobardía.
Desde su vuelta a España, se dedicó activamente a conspirar contra el régimen republicano y no dudó en aceptar la ayuda de Mussolini contra su propio país. O sea, que el nacionalista español era en realidad un traidor vendepatrias. Y, como culminación de tan edificante currículum vitae, en el año 1936 se dedicaba a pronunciar provocadores discursos adornados con la chulería propia de los señoritos fascistas.
A la luz de tan notable biografía, quizás se entiendan mejor los hechos del 13 de julio de 1936.
22 de junio de 1941: invasión de la URSS por los nazis
Discurso de Stalin:
«Es una gran guerra del pueblo soviético contra las fuerzas del fascismo alemán»
¡Camaradas!, ¡Ciudadanos! ¡Hermanos y Hermanas! ¡Hombres de nuestro Ejército y nuestra Marina!. ¡Me dirijo a vosotros, mis amigos!
El pérfido ataque militar a nuestra tierra, iniciado el 22 de junio por la Alemania de Hitler, continua. A pesar de la heroica resistencia del Ejército Rojo, y aunque las más selectas divisiones enemigas y las mejores unidades de la fuerza aérea han sido hechas pedazos y han encontrado su muerte en el campo de batalla, el enemigo sigue avanzando, lanzando fuerzas de refresco al ataque.
Las tropas de Hitler han logrado capturar Lituania, una considerable parte de Letonia, el Oeste de la Rusia blanca y parte del Oeste de Ucrania. La fuerza aérea fascista está ampliando el ámbito de operaciones de sus bombardeos y está bombardeando Murmansk, Orsha, Mogilev, Smolensk, Kiev, Odessa y Sebastopol. Un grave peligro se cierne sobre nuestro país.
¿Cómo puede haber sucedido que nuestro glorioso Ejército Rojo haya rendido un número de nuestros ciudadanos y distritos a los Ejércitos fascistas? ¿Es realmente cierto que las tropas de la Alemania fascista son invencibles, como es pregonado sin cesar por los jactanciosos propagandistas fascistas? ¡Por supuesto que no!
La historia muestra que no hay ejércitos invencibles, y nunca han existido (…) Lo mismo debe ser dicho hoy del ejército fascista alemán de Hitler. Este ejército aún no se ha encontrado con una seria resistencia en el continente europeo. Sólo en nuestro territorio ha encontrado una resistencia seria, y si como resultado de esta resistencia las mejores divisiones del ejército fascista alemán de Hitler han sido derrotadas por nuestro Ejército Rojo, significa que este ejército, también puede ser machacado y será machacado como lo fueron los ejércitos de Napoleón y Guillermo.
No puede haber duda de que esta efímera ventaja militar para Alemania es sólo un episodio, mientras que la tremenda ventaja política de la URSS es un serio y permanente factor, que tienen el deber de formar las bases para el logro de los éxitos militares decisivos del Ejército Rojo en la guerra contra la Alemania fascista(…).
En caso de una retirada forzosa de las unidades del Ejército Rojo, todo el material rodante debe ser evacuado; al enemigo no debe dejársele ni una sola máquina, ni un solo vagón, ni una sola libra de grano o un galón de fuel. Las granjas colectivas deben ser trasladadas con sus ganados y entregar su grano a la custodia de las autoridades estatales para su transporte a la retaguardia (…) En las áreas ocupadas por el enemigo, unidades guerrilleras, montadas y a pie, deben formarse, los grupos deben organizarse para combatir a las tropas enemigas, fomentar la guerra de guerrillas por todas partes, volar puentes, carreteras (…). En las regiones ocupadas las condiciones deben ser insoportables para el enemigo y todos sus cómplices. (…)
Esta guerra con la Alemania fascista no puede ser considerada como una guerra ordinaria. No sólo es una guerra entre dos ejércitos, es también una gran guerra del pueblo soviético contra las fuerzas del fascismo alemán. El objetivo de esta guerra nacional de nuestro país contra los opresores fascistas, no es sólo la eliminación del peligro que pende sobre nuestro país, sino también ayudar a todos los pueblos europeos que sufren bajo el yugo del fascismo alemán.
En esta guerra de liberación no debemos estar solos. En esta guerra tendremos aliados leales en los pueblos de Europa y América, incluidos los alemanes que están esclavizados por los déspotas hitlerianos. Nuestra guerra por la libertad de nuestro país se mezclará con la de los pueblos de Europa y América por su independencia, por las libertades democráticas.
Será un frente unido de pueblos defendiendo la libertad y contra la esclavitud y las amenazas de esclavitud del ejército fascista de Hitler(…). Camaradas, nuestras fuerzas son innumerables. La arrogancia enemiga pronto les descubrirá su coste. Juntos en el Ejército Rojo y en la Armada, miles de trabajadores, granjeros colectivos e intelectuales están alzándose para golpear al enemigo agresor.(…)
Con el fin de asegurar la rápida movilización de todas las fuerzas de las gentes de la URSS, y rechazar al enemigo que traicioneramente atacó nuestro país, ha sido formado un Comité Estatal de Defensa en cuyas manos ha sido delegado enteramente el poder del Estado. El Comité Estatal de Defensa ha entrado en funciones y ha llamado al servicio militar de nuestro pueblo para reunirse en torno al partido de Lenin-Stalin y alrededor del Gobierno soviético así como abnegadamente para apoyar al Ejército Rojo y a la Armada, para demoler al enemigo y asegurar la victoria.
¡Todas nuestras fuerzas para apoyar a nuestro heróico Ejército Rojo a nuestra gloriosa Armada Roja! ¡Todas las fuerzas del pueblo para la demolición del enemigo!
¡Adelante, a por nuestra victoria!
Stalin
Moscú, 3 de julio de 1941
Terrorismo, por C. Hermida
La inmensa mayoría de los medios de comunicación españoles, así como la “clase política” casi al completo, han celebrado y aplaudido la muerte de Bin Laden. Eliminación, liquidación, venganza o acto de justicia han sido los términos empleados por los periodistas para referirse a un hecho que, en estricto sentido jurídico, sólo puede ser definido como ASESINATO. ¿Se puede calificar de otra forma al hecho de enviar un comando a un país extranjero con la única finalidad de matar a una persona? Porque no se trataba de detenerlo para juzgarlo posteriormente, sino de eliminarlo físicamente. Y esto en Derecho se llama asesinar.
![]()
Provoca sonrojo escuchar a los políticos y tertulianos de derechas, que hace unos años condenaban tajantemente las acciones de los GAL en nombre del Estado de Derecho, justificar hoy el terrorismo de estado norteamericano. Ahora valen todos los atajos y se afirma sin pudor que el fin justifica los medios. Pero no solamente la derecha alaba a Estados Unidos. También la izquierda oficial se congratula porque el mundo occidental se ha librado de lo que denominan un enemigo maligno.
La presunción de inocencia, el derecho a un juicio imparcial en el que el acusado cuente con un abogado defensor, y todas las garantías que debe tener cualquier acusado, incluso aunque haya cometido crímenes execrables, son ignoradas y pasadas por alto en este caso. Y los que celebran un crimen cometido con todos los agravantes son personas que afirman defender la democracia. Justificar una acción criminal en nombre de la democracia es un sarcasmo trágico que muestra el verdadero rostro de un sistema político corrupto y envilecido. «Lo llaman democracia y no lo es», el lema coreado por miles de ciudadanos en las manifestaciones contra la guerra de Irak, Afganistán y Libia, resume acertadamente la situación política española.
Asistimos a una perversión política e ideológica de gravísimas consecuencias. Terrorismo es la palabra mágica, el concepto global, ubicuo, que permite justificar la tortura, promulgar legislaciones de excepción, conculcar los derechos civiles, anular las libertades cívicas e incrementar los poderes de la policía. Invocando la defensa de la seguridad nacional y la necesidad de combatir la amenaza terrorista, los gobiernos atemorizan a la población y destruyen el sistema democrático con el pretexto de defenderlo. Guantánamo es el paradigma del nuevo fascismo que se instala en nuestras sociedades; un fascismo que, a diferencia de los años treinta del pasado siglo, mantiene las formas democráticas vaciándolas de contenido, y contando, además, con el apoyo de una parte importante de los ciudadanos, sometidos a una propaganda oficial masiva y víctimas de sistemas educativos que anulan la capacidad crítica.
Como en “Matrix”, la famosa película de ciencia ficción, los ciudadanos europeos y norteamericanos viven atrapados en un mundo virtual de mentiras fabricadas por los gobiernos y las oligarquías económicas, cuyo único objetivo es impedir que la población sea consciente de la realidad y descubra que el verdadero terrorismo está instalado en nuestra vida cotidiana.
Terrorismo es un sistema económico que en España condena al paro a cinco millones de personas. Terrorismo es el embargo de la vivienda por no poder pagar hipotecas diseñadas por ladrones profesionales. Terrorismo es el empleo precario, la privatización de la sanidad y la enseñanza públicas y el retroceso continuo de los derechos sociales. Terrorismo es el fraude fiscal sistemático cometido por las clases dominantes. Terrorismo es la impunidad en la que viven los especuladores que han ocasionado la actual crisis económica y que, como premio a su actividad criminal, reciben cientos de miles de millones del erario público. Terrorismo son los planes de ajuste de la Unión Europea que conducen a millones de personas al desempleo, la miseria y la desesperanza. Claro que hay terrorismo, y su objetivo son las clases trabajadoras, las clases populares, los jóvenes, los jubilados, los desempleados. Somos las víctimas de una banda terrorista que no lleva turbantes ni habita en las montañas afganas. Los terroristas que destruyen nuestras vidas, nos niegan el futuro y aspiran a implantar de nuevo las condiciones laborales del siglo XIX planifican sus operaciones en suntuosas oficinas, visten trajes de diseñadores de moda, llevan relojes de oro en la muñeca y viajan en coches de lujo. Algunos lucen uniformes con estrellas en la bocamanga y otros van ataviados con sotanas. Ellos son los enemigos y deben ser juzgados por crímenes contra la Humanidad.
Stéphene Hessel, miembro de la resistencia francesa contra la ocupación nazi y redactor de la “Declaración Universal de Derechos Humanos”, ha escrito un breve folleto titulado “Indignez-vous” (Indignaos), que ha tenido un enorme eco en la sociedad francesa. Ese es, sin duda, el primer paso, la indignación, para rasgar la pesada cortina de resignación y pasividad. Pero no es suficiente. A continuación es imprescindible la rebelión, la lucha popular, para recuperar la libertad, la dignidad y la justicia, secuestradas por unos individuos que presiden Consejos de Administración y Consejos de Ministros.





