Páginas de la ciencia y la cultura soviéticas: Lev Landau, por Carlos Hermida
Entre las figuras más eminentes de la Física del siglo XX destaca el soviético Lev Davidovich LANDAU (1908-1968). Nació en Bakú, en el seno de una familia judía. Su padre era ingeniero de la industria petrolífera y su madre ejercía la medicina. Su prodigiosa capacidad para las matemáticas le encaminó hacia las ciencias desde una edad muy temprana. A los 14 años se matriculó en la Universidad estatal de Bakú, donde estudió simultáneamente dos cursos de Ciencias Físico-Matemáticas y Química. En 1924 se trasladó a Leningrado, se dedicó a la Física Teórica y se graduó en 1927. En el Instituto Físico-Técnico de esa ciudad se matriculó en estudios de posgrado y se doctoró con 21 años de edad.
Su inmenso talento le hizo acreedor en 1929 de una beca de viaje concedida por el gobierno soviético y, tras una breve estancia en Göttingen y Leipzig, se trasladó a Copenhague para trabajar en el prestigioso Instituto de Física Teórica dirigido por Niels Böhr, al que consideró siempre como su maestro. Después de visitar Cambridge y Zurich regresó a la Unión Soviética en 1932.
Entre 1932 y 1937 dirigió el Departamento de Física Teórica en el Instituto de Mecánica y Construcción de Maquinaria de Járkov. En 1938, en respuesta al requerimiento de Pyotr Kapitsa, uno de los más prestigiosos físicos de la Unión Soviética, se trasladó a Moscú para dirigir la división técnica del Instituto de Problemas de Física. El 28 de abril de ese mismo año, Landau fue arrestado y encarcelado por actividades contrarrevolucionarias. Sin embargo, Kapitsa escribió a Molotov, presidente del gobierno, solicitando su puesta en libertad para que le ayudase en un importante descubrimiento en el que estaba trabajando. Landau salió en libertad condicional en abril de 1939 y retomó sus investigaciones.
Este episodio nos parece relevante en varios sentidos. El físico holandés Hendrik Casimir, que conoció a Landau en Copenhague, le recuerda como un comunista ferviente que ensalzaba las oportunidades que la revolución había deparado al desarrollo de la Física. Es probable que fuera objeto de una falsa acusación y, por tanto, víctima de una represión que respondía a causas extremadamente complejas, entre ellas la agresividad que las potencias fascistas mostraban hacia la URSS, los sabotajes internos y la oposición a la política de planificación y colectivización. Ahora bien, el hecho de su liberación, tras un año de encarcelamiento, desmiente que el sistema penitenciario soviético fuera una especie de inmenso agujero negro que engullía a millones de personas cuyo destino indefectiblemente era la muerte. El caso de Landau no es una excepción y demuestra que el sistema penal de la URSS, del que formaban parte los campos de trabajo, no tenía nada que ver con el universo concentracionario de arbitrariedad y exterminio que dibujan los historiadores anticomunistas.
Landau desarrolló un amplio campo de trabajo que incluye la teoría de la superconductividad y la superfluidez, la electrodinámica cuántica, la física nuclear y la física cuántica. En 1962 obtuvo el Premio Nobel de Física por su teoría para explicar la superconductividad del helio II, estado del helio líquido por debajo de los 2,2º K.
La superconductividad es un estado de la materia en el cual no existe resistencia eléctrica, lo que significa que no hay disipación de energía al pasar corriente eléctrica por un material superconductor, y sus aplicaciones son de tres tipos: generación de campos magnéticos intensos, la fabricación de cables de conducción de energía eléctrica y la electrónica. Dentro del primer tipo destaca la posibilidad de fabricar trenes “levitados”; es decir, que flotan sobre los raíles sin tener fricción con ellos, alcanzando altísimas velocidades. El helio II es una mezcla de dos fluidos, conocidos como componente normal y componente superfluido. A medida que va disminuyendo la temperatura y se llega a los 0º Kelvin, todo el helio II es superfluido. En ese estado se convierte en un elemento con propiedades de superconductor. Landau estableció la teoría que explicaba esa propiedad especial, cómo se producía y a través de qué mecanismos.
Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, Stalin aceleró el programa atómico soviético y Landau tuvo una importante participación en el proyecto, especialmente en la faceta de cálculos matemáticos. Tal y como sus colegas afirmaban, «en el inmenso edificio de la física del siglo XX, no hay ninguna puerta cerrada para Landau». Bajo su dirección trabajaron renombrados científicos, como Lev Pietaevskii, Alexei Alexeevich Abrikosov, Evgeny Lifshitz, Lev Gorkovo o Isaac Jalatnikov. Aficionado a las clasificaciones, estableció una lista en la que incluyó a diferentes físicos ordenándolos con notas de 0 a 5, siendo el 0 la calificación más alta. Este fue el grado que mereció Isaac Newton. Albert Einstein recibió un 0,5. Los padres de la física cuántica, Niels Böhr, Werner Heisenberg, Paul Dirac y Edwin Schrodinger recibieron un 1 y él mismo se otorgó un 2,5, que mejoró después con un 2.
En 1962 sufrió un gravísimo accidente automovilístico que le ocasionó lesiones de las que nunca llegó a recuperase completamente, falleciendo en 1968.
Landau publicó numerosas obras, destacando el “Curso de Física Teórica”, escrito en colaboración con E. M. Lifshitz, y publicado en siete volúmenes en 1938, que después se ampliarían a diez. Su trabajo fue ampliamente reconocido. Además del Premio Nobel, obtuvo el título de “Héroe del Trabajo Socialista” (1954), la “Orden de Lenin” en tres ocasiones (1949, 1954 y 1962), la “Orden de la Bandera Roja del Trabajo” (1945) y tres “Premios Stalin” (1946, 1949 y 1953). También fue galardonado en Alemania con el Premio Planck en 1960. Fue miembro de la Royal Society de Londres y de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.
UNA VISITA MENOS CONOCIDA, por C. Hermida
El actual Papa Benedicto XVI nos tiene acostumbrados a pronunciar discursos en los que condena en durísimos términos a todos los que no comparten la moral católica.
El matrimonio homosexual, el aborto, la investigación genética o la muerte digna son definidas habitualmente por este nuevo cruzado de la fe como prácticas criminales e inhumanas. Curiosamente, quien se autoerige en defensor de supremos y trascendentales valores morales ingresó en 1941 en las Juventudes Hitlerianas y luchó en el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial. En pocas palabras, el Jefe de la Iglesia Católica vistió el uniforme nazi y combatió en defensa de la ideología más criminal que ha existido en la historia de la humanidad.Es cierto, como afirma el propio Papa en sus Memorias y defienden sus partidarios, que era obligatorio afiliarse a las juventudes nazis y también lo era servir en el Ejército durante la contienda. Este hecho, por tanto, no sería relevante en la biografía de Joseph Ratzinger. A lo sumo, un pecadillo venial, como el de millones de alemanes atrapados en unas circunstancias muy especiales. Sin embargo, y a la vista de hechos posteriores, la ideología nazi dejó una huella profunda en el que muchos años después estaría llamado a ser el pastor del rebaño católico.
El 7 de julio de 1989, el entonces cardenal Ratzinger, que contaba 62 años de edad y ya no era el mozalbete obligado a ingresar en las Hitlerjugend, visitó el Valle de los Caídos, tras impartir una conferencia en los Cursos de Verano de El Escorial. Acompañado del cardenal Suquía, y del Rector de la Universidad Complutense, Gustavo Villapalos, recorrió la basílica durante dos horas, observando todos los detalles y siguiendo con atención las explicaciones que le daban. En un momento de la visita, un monje le comentó:
“Este Valle de los Caídos, recostado bajo la silueta de la Cruz, parece esperar, como el Valle de Josafat, el día del juicio final, precisamente a la sombra de la Cruz”.
El cardenal afirmó: “Sería un lugar incomparable”-
Tras hacerse una foto con la cruz de fondo, regresaron a Madrid, y durante el viaje de vuelta el cardenal comentó al Rector de la Universidad Complutense que el Valle de los Caídos le había interesado más que El Escorial, debido a la originalidad de la concepción y a su fuerte espiritualidad.
Como es ampliamente conocido, Benedicto XVI es un hombre de vasta cultura y, por descontado, con un conocimiento preciso de la historia del monumento erigido en la sierra madrileña. No ignoraba que fue un monumento construido por presos políticos republicanos en régimen de trabajos forzados; ni tampoco desconocía que fue levantado por el régimen fascista encabezado por Franco; ni que ese régimen colaboró ampliamente con Hitler durante la Segunda Guerra Mundial. Y sabía que la basílica albergaba las tumbas del propio Franco y de José Antonio Primo de Rivera. Y, por supuesto, era plenamente consciente de que la dictadura franquista había sido un régimen ilegal, ilegítimo y genocida, bendecido por la iglesia católica española.
Pero todo esto no era, ni es, condenable por el ocupante de la Cátedra de San Pedro, porque los asesinados por el franquismo eran rojos despreciables, hijos de Caín que merecían el fusilamiento y ser arrojados a fosas comunes. Sorprendente doble rasero para el máximo representante de una religión que afirma sustentarse en el amor al prójimo, la caridad y la fraternidad.
El pueblo de Madrid que padeció durante decenios la dictadura fascista, y se enfrentó a ella heroicamente, rechaza y condena la presencia de un Papa que define como un lugar incomparable el monumento que testimonia la criminalidad del franquismo.
Fuente: Plataforma de Ciudadanos por la República
Llueve sobre mojado, por J. Romero
Llueve sobre mojado. En tres años la crisis de la economía capitalista ha traído como consecuencia un deterioro enorme de las condiciones de vida y trabajo de la mayoría social: cinco millones de parados, decenas de miles de desahucios, recortes de los servicios públicos, constante degradación del clima social y laboral. Las políticas de los distintos gobiernos (nacional y autonómicos) han ido dirigidas siempre a favorecer a las grandes empresas y a las entidades financieras, nunca se han planteado mitigar las desoladoras consecuencias de la crisis en la vida de la gente: inicialmente se entregaron decenas de miles de millones de euros para facilitar la liquidez y garantizar el crédito, pero todo ese dinero que ha procurado un fuerte endeudamiento del Estado, parece haberse volatilizado en las cuentas de resultados de los bancos que siguen negando el crédito a familias y pymes; seguidamente se aprobaron planes de recortes laborales, se congelaron las pensiones, se aumentó la edad de jubilación, se recortó el salario de los empleados públicos, se aceleró la privatización de servicios, etc, medidas todas que vinieron a agravar la profunda recesión económica.
Estas políticas antipopulares las han aplicado con el objetivo de “calmar a los mercados”. Ningún Gobierno, ninguna institución ha planteado medida alguna para controlar el capital especulativo lanzado a una loca carrera que está minando las ya maltrechas bases de la economía productiva.
Nada de eso ha servido, como era previsible, los “mercados” no se han calmado. En los últimos días, la llamada crisis de la deuda ya no afecta solo a los países periféricos de la UE; ha saltado a alguna de las principales economías imperialistas y, particularmente a la primera de todas: EEUU; otras grandes potencias como Francia, están directamente amenazadas*(1). Los brotes verdes, las declaraciones optimistas de los últimos meses no han sido más que un espejismo para justificar los sacrificios impuestos a la mayoría trabajadora.
¿Por qué crece la presión de los mercados? Porque el capitalismo (y los especuladores financieros son su más depurada expresión) es un modo de producción que no busca la satisfacción de las necesidades colectivas: su ley fundamental es la obtención del máximo beneficio en el menor plazo; una ley antisocial que provoca crisis de las que históricamente se han valido los grandes empresarios para reforzar su poder y concentrar su capital, destruyendo fuerzas productivas y sembrando la ruina entre los trabajadores y pequeños empresarios
A las puertas de una recaída grave en la recesión del sistema capitalista, todos los dirigentes políticos aventuran y exigen nuevos y más brutales recortes, una mayor destrucción del sector público; menores derechos laborales, etc; medidas todas que como a estas alturas resulta evidente, no solo no van a “calmar a los mercaderes” sino que van a empeorar aún más las condiciones para la recuperación económica y dejarán tras de sí la consecuencia de un retroceso histórico en términos económicos, políticos y sociales.
En el caso de España las nuevas amenazas se ciernen sobre una realidad económica y social ya de por sí extremadamente grave: más de cinco millones de parados (el 21% de la población activa, uno de cada cinco trabajadores, cifra que dobla la media de la UE y es la más alta de la OCDE); la industria en claro retroceso, el empleo cada vez más precario, los servicios sociales en vías de acelerada privatización; un clima político cada vez más escorado a la derecha, etc; por lo que las medidas que puedan imponer van a crear un clima absolutamente insostenible que necesita respuestas desde la izquierda, sin misticismo, ni engaños reformistas.
En el terreno político, en España también llueve sobre mojado: la izquierda sigue mostrándose incapaz de responder con un mínimo de solvencia y responsabilidad a esta cascada de ataques: la institucional se limita a capear el vendaval esperando obtener un rédito electoral que no se merece en absoluto; los radical oportunistas, desprecian el valor de la unidad y se separan deliberadamente de las necesidades concretas de las masas; la nacionalista contribuye conscientemente a la división, trabajando no por unir esfuerzos en el campo popular frente al enemigo común, sino por construir nuevas fronteras de separación entre los trabajadores, empeñada en buscar alianzas “nacionales” con su propia burguesía reaccionaria que, por su parte, apoya en el parlamento de la nación a su clase, representada por el PSOE o el PP, en la aplicación de las recetas neoliberales que afectan a todos.
Sí, en España llueve sobre mojado y a cántaros; y el agua de esa lluvia acelera la erosión de los podridos cimientos del régimen monárquico: El Borbón, su séquito de canallas y su corte de vividores sinvergüenzas, ya parecen lo que son, sin falsas galas “democráticas”: unos servidores a sueldo del becerro de oro.
Pero el agua amenaza también al campo popular, que no tiene resguardo suficiente, arrastra sus derechos, ahoga sus esperanzas y destruye sus conquistas. Por eso es imprescindible que la izquierda española se asiente sobre unas sólidas bases políticas, un dique de contención frente a la avenida reaccionaria.
A la vieja izquierda ya no le sirven sus certezas de estos últimos 35 años: unos, esforzándose hasta lo grotesco por respetar las reglas de un juego que no debería ser el suyo; otros desdeñando de forma irresponsable el mojarse en la arena política real, arropados con una falsa pureza que no es más que el ropaje de la cobardía. Pero, a pesar de la que está cayendo, parece que unos y otros siguen empeñados en representar un papel secundario en el futuro por venir.
Y sin embargo, nunca como ahora, es tan necesario un esfuerzo de unidad y de firmeza. El régimen está desacreditado, las formas de hacer política en las que se ha amparado la izquierda que aceptó el pacto de la transición, también; las viejas certezas de la izquierda comprometida con aquella traición, se desvanecen.
Por eso es una noticia esperanzadora, en este verano por lo demás tan árido en esperanzas, la constitución de Republicanos, una federación que quiere empezar ese camino inaplazable de unidad de la izquierda sin ataduras, entorno a una primera certeza: el movimiento popular debe desbordar los cauces que nos impusieron en 1975 a la muerte del asesino Franco para dejar atado y bien atado su régimen.
Esta España de borbones, botines, rajoys y zapateros se muestra más lejos que nunca de ser garantía de futuro para las clases trabajadoras. No basta con una reforma de la Constitución monárquica de 1.978, (una reforma, por otra parte prácticamente imposible porque la propia norma exige el acuerdo de las 4/5 partes -el 80%- de ambas cámaras). Un programa de progreso social precisa para ser aplicado de una Constitución que garantice la plena eficacia jurídica de los derechos sociales y políticos; el control social de la economía; la separación real y efectiva entre la Iglesia y el Estado; una política exterior de paz y sin implicación en conflictos armados fuera de nuestras fronteras, que permita la federación de los pueblos que así lo quieran; que obligue a la celebración de referendums vinculantes para aquellos temas trascendentes para los ciudadanos; que asegure un control real y efectivo del poder público, unas normas electorales y de participación ciudadana plenamente democráticas; que no coloque al ejército sobre el poder civil como garante del orden constitucional; que, en definitiva, establezca el carácter elegible de todas las instituciones, incluida la máxima representación del Estado.
Esta no es una cuestión menor: sin un pilar sólido, la política de la izquierda española seguirá encerrada en el círculo vicioso en el que aceptó entrar al renunciar a la ruptura con la dictadura. Pero para que se avance en la conformación de un referente de la izquierda libre de las ataduras con el régimen continuista, no basta con que desaparezca lo viejo, de ello se encargará la lógica implacable del tiempo.
Hoy el pueblo español, necesita otro cauce democrático, tricolor. Por eso la constitución de Republicanos es una excelente noticia, porque plantea un objetivo primero, sin el cual la iniciativa la seguirá teniendo una minoría de parásitos que están decididos a seguir presionando al precio que sea.
No va a ser fácil lograr ese objetivo: en un nuevo gesto antidemocrático, el régimen ha aprobado una reforma de la ley electoral que limita más aún el derecho de participación democrática*(2). Va a ser necesario vencer también las inercias y los miedos de un sector importante de la izquierda social y política, que sigue dudando en dar el paso de comprometerse con un cambio radical de planteamiento: de la conformidad o la marginación, a la lucha en todos los órdenes, también en el electoral, unidos en torno a un programa de ruptura con las viejas ataduras.
Por eso es preciso ayudar a nacer a lo nuevo, trabajar por dar sentido y orientación a la pelea de las clases trabajadoras que se enfrentan a un enemigo común implacable y muy fuerte, frente al que no cabe dispersar esfuerzos o rebajar objetivos; un enemigo que está dispuesto a aplastar toda resistencia si ésta es débil y frente al que, sin embargo, es más fuerte una mayoría social que comparta objetivos.
Asentar este brote esperanzador debe ser una tarea común de quienes estén hartos de la situación actual: no cabe desentenderse de ella sin ser cómplice de un estado de cosas que en los próximos meses puede llegar a niveles intolerables. El futuro se construirá entre todos, pero no es posible ya postergar el inicio del camino común.
*(1).- Al tiempo de escribir estas líneas, la agencia Standard & Poor’s acababa de rebajar la calificación de la deuda estadounidense desde el excelente AAA a AA+. En la semana del 1 al 5 de agosto el IBEX 35 perdía un 15,3 % y el lunes 8 todas las bolsas caían bruscamente: un 5,54% el Dow Jones, 3,4% Frankfurt, 3,9% París, etc
*(2).- La reforma exige que todas las fuerzas políticas que no tengan representación parlamentaria, presenten sus listas avaladas por el 0,1% del censo electoral. Más inaceptable aún, si tenemos en cuenta que esta reforma no se ha desarrollado aún, por lo que nadie sabe a ciencia cierta, ni la Junta Electoral Central ha aclarado aún, cómo se concretará esta exigencia (plazos, modelo de aval, etc).
Intervención del camarada S. Baranga en la mesa redonda La revolución tunecina y sus repercusiones internacionales
El pasado lunes 25, horas antes de la fiesta con la que el PCOT cerró su Congreso, las diferentes delegaciones extranjeras allí presentes fueron invitadas a participar en una mesa redonda junto a nuestro veterano camarada sueco Nils Andersson, que expuso una de las ponencias centrales del acto. Los intervinientes debían explicar las repercusiones de la revolución tunecina en sus países respectivos, así como los factores que dificultan, particularmente en Europa, la unidad de la izquierda revolucionaria.
Camaradas, amigos,
En nombre del PCE (m-l), partido miembro de la CIPOML, quisiera explicaros la importancia que la revolución tunecina ha tenido para nosotros, para nuestra táctica, y también para incrementar el deseo de cambio entre los pueblos de España y, particularmente, entre la juventud.
Desde diciembre y aun antes, hemos seguido con particular atención lo que ha sucedido en Túnez, mientras nuestros hermanos marroquíes y nuestros queridos hermanos saharauis daban una valiente respuesta al régimen del Majzén, estrechamente aliado al imperialismo.
En enero, las televisiones intentaron ocultar una realidad: el RCD era un partido ligado a la Internacional Socialista, con la aceptación sin duda alguna del PSOE y otros. La dictadura era (y es aún, como vosotros bien sabéis) uno de los gendarmes del imperialismo en el Magreb.
Pero en España, como en toda Europa y África, la juventud ha visto una revuelta triunfante, como ya ha señalado el camarada marxista-leninista Nils Andersson, con cuya última intervención nos identificamos plenamente. Los jóvenes españoles han comprendido (tras años de no haber conocido más que la política oligárquica, opuesta a los intereses populares) que es posible cambiar las cosas, pero también que no basta con internet o las redes sociales (herramientas sin duda muy eficaces), si no ocupan las calles, las plazas, como han hecho nuestros hermanos árabes.
Así pues, estas son preciosas lecciones que nuestros jóvenes han recibido, y que han traducido a través del movimiento 15-M. Y, si bien habrá que trabajar mucho todavía para hacer madurar este movimiento y proporcionarle objetivos políticos más definidos, es un síntoma de que nuestros jóvenes, al igual que vosotros, los jóvenes tunecinos, han empezado a comprender que no tienen nada que perder sino las cadenas que les impone el capitalismo.
En este punto, respondiendo a las cuestiones apuntadas por el camarada moderador, acerca de las condiciones que dificultan la colaboración entre las fuerzas de la izquierda en Europa, debo señalar que hay algunas de ellas, incluso comunistas, que no han querido en absoluto intervenir en este movimiento, olvidando que todo espacio político abandonado por los comunistas corre el riesgo de ser ocupado por el fascismo.
En cuanto a nosotros, marxistas-leninistas, la revolución tunecina nos ha dado un precioso ejemplo de lo que debe ser la táctica de los comunistas, de la relación entre las tareas de la revolución democrática y las de la revolución socialista.
Como en los siglos pasados, las revoluciones populares han ido cruzando, rápidamente, de un lado al otro del Atlántico, desde América al Magreb, y luego al norte del Mediterráneo. Por ello, es necesario ser conscientes de que no hay terceras vías posibles, que hay que desarrollar la revolución, con el trabajo entre las fuerzas populares y, como hizo el PCOT antes que nadie en Túnez, desde el respeto a los principios marxistas leninistas (y, más aún, precisamente por el hecho de basarse en estos principios), ser valientes para proponer las más amplias alianzas entre las fuerzas progresistas y democráticas.
Nosotros, en nuestra lucha por la República democrática popular, contra la monarquía de la oligarquía, de las fuerzas que permanecieron en la total impunidad tras la dictadura fascista, hemos recogido todas estas lecciones para continuar nuestro combate, con aún más determinación, por la democracia, la justicia social y la soberanía, contra la expoliación que lleva a cabo el capital, especialmente francés y alemán, a través de la Unión Europea, contra nuestros pueblos.
Camaradas, desgraciadamente nosotros conocemos bien las consecuencias de las traiciones, de las concesiones, especialmente las realizadas en nuestro país por las fuerzas que no se decidieron a hacer la revolución y a liberarse del yugo de la dictadura y del capitalismo. Pero el PCOT dispone de su energía militante, que hemos podido conocer directamente, y de una presencia fuerte y sólida entre los sectores populares, los obreros, las mujeres, los jóvenes, los campesinos; y cuenta, asimismo, con la ciencia que le proporciona su marxismo-leninismo, sobre cuya base no dudó, desde el primer día, de la necesidad de organizar al pueblo, mediante comités populares a todos los niveles, para llevar a cabo el derrocamiento de la dictadura y con la intención de formar un nuevo Gobierno provisional. Este es un segundo elemento que nos interesa particularmente a los marxistas leninistas españoles, en consonancia con nuestra política dirigida a la conformación de un Frente Popular contra la oligarquía, y que desde luego no comparten otras fuerzas.
Es por estas características, pues, por lo que estamos seguros de que la revolución tunecina alcanzará todos sus objetivos. Nosotros, desde luego, os estamos profundamente agradecidos por vuestros esfuerzos y también por esta revolución que, sin duda, pronto se verá culminada. Hasta ese momento, seguiremos exigiendo para Túnez, junto a vosotros, «pan, libertad y dignidad nacional».
Túnez, 25 de julio de 2011
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TÚNEZ: Los camaradas del PCOT celebran su Congreso
Saludo del PCE (m-l) al Congreso del PCOT
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Precisiones históricas sobre el 75º aniversario del golpe militar fascista, por C. Hermida
Hace 75 años un sector del ejército se sublevó contra el régimen republicano, que de forma absolutamente legal y legítima se había establecido en España el 14 de abril de 1931. La rebelión comenzó el 17 de julio de 1936 en el Protectorado marroquí y al día siguiente se extendió por todo el país. Los generales que encabezaron el golpe de estado y las fuerzas derechistas que los apoyaban –Falange Española y de las JONS, CEDA, Renovación Española y Comunión Tradicionalista– no tenían un proyecto político definido, pero había una coincidencia en el odio que profesaban hacia la República y en el deseo de exterminar a lo que ellos despectivamente denominaban la anti-España. Con la bendición y apoyo de la Iglesia Católica, los golpistas desencadenaron desde el primer momento una represión salvaje contra los defensores de la legalidad republicana. Las “Instrucciones” reservadas del general Mola, dictadas antes de la sublevación, incidían en que la acción de los militares debía ser extremadamente violenta y en la necesidad de sembrar el terror.
El fracaso del golpe en buena parte del país dio paso a una guerra civil que sirvió a la oligarquía española para destruir y aniquilar todo lo que significase libertad de pensamiento, reivindicación social, progreso y modernización. Por ello, el terror alcanzó a intelectuales, líderes sindicales, alcaldes, dirigentes políticos y a cualquiera que se identificase con el ideal republicano. Fue una operación vastísima de limpieza ideológica y social, que pretendió destruir hasta sus cimientos todo el entramado de organizaciones sociales y culturales de la clase obrera.
A pesar de los obstáculos de todo tipo con que se han enfrentado los historiadores que investigan la represión franquista, actualmente disponemos de una bibliografía científica que ha roto los muros de silencio levantados en torno a este tema. Entre 1936 y 1948, las cifras mínimas de fusilados alcanza las 150.000 personas, a las que habría que añadir 50.000 fallecidos en cárceles y campos de concentración a causa del hambre, las enfermedades y los malos tratos. Al terminar la guerra había 300.000 encarcelados y 200.000 españoles marcharon al exilio. Una represión a tal escala, de dimensiones tan gigantescas, sólo puede entenderse en el marco de una política de exterminio perfectamente planificada, cuidadosamente organizada y ejecutada con la máxima frialdad; es decir, una política de genocidio.
La peculiar Transición Política española (1975-1978), con sus pactos vergonzantes, sus amnesias programadas y sus consensos, no sólo dejó impunes los crímenes del franquismo y permitió que los nombres de los asesinos golpistas sigan denominando calles y plazas, sino que, al evitar una condena tajante del régimen franquista, ha hecho posible que la derecha inicie un revisionismo histórico que convierte a la izquierda en culpable de la guerra civil y ensalza a Franco como artífice de un régimen autoritario que trajo la prosperidad económica y la paz a España.
Un pequeño grupo de pseudohistoriadores, que jamás han pisado un archivo, viene dedicándose desde hace unos años a poner de nuevo en circulación las apolilladas tesis franquistas sobre la República y la Guerra Civil. Con un desparpajo y desvergüenza sin límites, pero con un enorme apoyo político y mediático, los cuatro nuevos jinetes del apocalipsis –César Vidal, Jiménez Losantos, Pío Moa y Ricardo de la Cierva– difunden que la sublevación de julio de 1936 salvó a España de la tiranía comunista. No hay duda de que aprovecharán este aniversario para publicar sus reiteradas falsificaciones y elucubraciones, tarea en la con toda seguridad se verán acompañados por “Telemadrid”, “Libertad Digital” e “Intereconomía”.
A medida que se acerque la fecha del 18 de julio, volveremos a escuchar las tradicionales cantinelas de la derecha sobre «la anarquía del Frente Popular», «el execrable asesinato de Calvo Sotelo» o «la desintegración de la Patria». Como este argumentario ha terminado por calar en ciertos sectores sociales, se hace necesario combatirlo desde una posición rigurosamente histórica.
Los generales que se sublevaron contra la República eran conscientes de que su acción constituía el delito más grave que puede cometer un militar. Levantaban sus armas contra el poder establecido al que habían jurado defender y obedecer. Faltando a su juramento y arrastrando por el fango su honor, algo tan querido por el estamento castrense, necesitaban urgentemente justificar su sedición. Muy pronto se construyeron por los servicios de propaganda franquistas tres justificaciones que sirvieron para sustentar jurídica, política e ideológicamente el golpe de estado: 1) España se encontraba en una situación de total anarquía; 2) El Partido Comunista iba a desencadenar un movimiento revolucionario e implantar un régimen soviético; y 3) el gobierno del Frente Popular estaba detrás del atentado contra José Calvo Sotelo.
Con respecto a la primera justificación, hay que señalar ante todo que el Frente Popular ganó limpiamente las elecciones del 16 de febrero de 1936. A pesar de las insidiosas sospechas que arrojan los historietógrafos de turno, la victoria frentepopulista está sobradamente acreditada por la historiografía científica. El gobierno, presidido por Casares Quiroga, estuvo integrado exclusivamente por ministros de los partidos republicanos de la coalición –Izquierda Republicana y Unión Republicana– y puso en marcha el programa de reformas del bienio 1931-1933 que habían sido sistemáticamente suprimidas durante los años de gobierno radical-cedista.
Es indudable que en los meses de febrero a julio de 1936 hubo una conflictividad social importante, pero eso no tiene nada que ver con la imagen de anarquía absoluta que difundían las fuerzas de derecha. Es preciso tener en cuenta que nos encontramos en los años de la Gran Depresión, caracterizados por un descenso drástico de la producción industrial y un incremento rapidísimo del desempleo. En todos los países con un régimen parlamentario había numerosas huelgas y conflictos, y España no era una excepción, pero los datos indican con claridad que el gobierno mantenía el control sobre el orden público y que era la Falange, con sus atentados terroristas, quien estaba interesada en crear un clima de crispación y caos que favoreciese la intervención militar. El historiador Rafael Cruz, en su libro En el nombre del pueblo (2006), demuestra estadísticamente como el número de atentados mortales fue disminuyendo entre febrero y julio de 1936. En febrero hubo 44 víctimas y 15 en el mes de julio. De las 262 víctimas de esos meses, 148 eran de izquierda y 50 de derecha, y, además, las fuerzas policiales fueron las causantes de las muertes en 112 de los casos. A la vista de estos datos parece evidente que no era precisamente la derecha ni la “gente de bien” la que estaba siendo exterminada, como todavía hoy se lee y se escucha en determinados medios de agitación y propaganda de la derecha.
El segundo elemento de justificación coloca a los comunistas a punto de encabezar una revolución que convertiría a España en un satélite de la URSS. Incluso se llegaron a falsificar documentos, de manera muy burda, para intentar demostrar los planes revolucionarios del PCE. Es bien conocido que la mayoría de los militares españoles no se ha caracterizado históricamente, ni tampoco en los tiempos actuales, precisamente por su brillantez intelectual, pero en este caso su tosquedad alcanzó los límites del encefalograma plano. No hace falta ser un historiador profesional para saber que en 1936 los comunistas de todo el mundo defendían la democracia parlamentaria y la alianza con fuerzas incluso burguesas para frenar al fascismo. Los comunistas españoles no pretendieron tomar el poder en 1936 ni durante la guerra civil. Habían impulsado el Frente Popular y siguieron haciéndolo durante la contienda. Desde el VII Congreso de la Internacional Comunista, celebrado en Moscú en 1935, la revolución socialista había dejado paso a la defensa del sistema parlamentario. Sólo los malos cuentistas pueden seguir insistiendo en este tema.
Sin duda el atentado que costó la vida a Calvo Sotelo es el argumento estrella al que se agarran con fuerza franquistas y neofranquistas, el último asidero al que aferrarse para demostrar el carácter malévolo de la II República española. La película de los hechos es sobradamente conocida. El 12 de julio de 1936 pistoleros de extrema derecha, falangistas o carlistas, asesinaron al teniente Castillo, oficial de los Guardias de Asalto, y persona muy conocida y cercana a los socialistas. El atentado era el último de una larga serie de acciones terroristas que había obligado al gobierno, en marzo de 1936, a ilegalizar a Falange Española y encarcelar a José Antonio Primo de Rivera, su principal dirigente. Algunos de los compañeros del teniente Castillo decidieron vengar su muerte atentando contra Gil Robles, el jefe de la CEDA, pero al no encontrarlo en su casa fueron a buscar a Calvo Sotelo, máximo dirigente de Renovación Española. En la madrugada del día 13 se presentaron en el domicilio del líder monárquico, le conminaron a que les acompañara a la Dirección General de Seguridad y, tras subirlo a un vehículo policial, le dispararon en la cabeza, dejando su cadáver en el cementerio del Este.
La derecha y los militares golpistas utilizaron el atentado como el ejemplo perfecto de que el país se hundía en el caos, dirigido por un gobierno ilegal que no dudaba en recurrir al crimen para silenciar a los opositores. El Ejército, por tanto, se sublevaba para restablecer el orden y el imperio de la ley.
Diremos en primer lugar que no existe relación alguna entre esa muerte y la rebelión militar. Dejando a un lado el hecho de que, en su condición de diputado, Calvo Sotelo tenía inmunidad parlamentaria, no podía ser detenido y, en consecuencia, no debió abandonar su domicilio, atenta contra el sentido común pensar que un golpe de estado se puede organizar en cuatro días. Hay que recordar que al conocerse el triunfo del Frente Popular, Franco y Gil Robles visitaron a Portela Valladares, entonces presidente del gobierno, y le presionaron para que anulara el resultado electoral e implantase el estado de guerra. Como no lograron su objetivo, inmediatamente comenzó a urdirse la trama conspirativa para derrocar el régimen republicano. Con Calvo Sotelo vivo o muerto, el golpe militar ya tenía sus fechas fijadas. Lo que es evidente, es que el atentado sirvió a los golpistas como excusa perfecta para sus sediciosos planes.
Convertido en el “protomártir” (el “mártir” indiscutible es José Antonio Primo de Rivera), Calvo Sotelo se ha convertido en el argumento recurrente de la derecha española para criminalizar al régimen republicano. Conviene por tanto que repasemos algunos datos biográficos del considerado un hombre ejemplar víctima del odio “rojo”.
José Calvo Sotelo nació en 1893. Abogado del Estado, y miembro del Partido Conservador, uno de los dos partidos caciquiles que se alternaban en el poder falsificando sistemáticamente las elecciones durante la larga etapa de la Restauración (1875-1923), fue Ministro de Hacienda con la dictadura de Primo de Rivera, un régimen ilegal instaurado mediante un golpe de estado en septiembre de 1923. La Dictadura cometió todo tipo de arbitrariedades e ilegalidades, entre ellas la manipulación de de los Presupuestos del Estado para ocultar el enorme endeudamiento con que se sufragaban las obras públicas del régimen. El déficit público se enmascaraba con operaciones de ingeniería financiera y contable para mostrar ante la opinión pública la imagen de una Dictadura que presumía de buena gestión económica.
Tras la proclamación de la República, nuestro protomártir huyó del país para no tener que responder de su gestión ante la Comisión creada por las Cortes republicanas para depurar las responsabilidades de la Dictadura, y solamente volvió a España tras la amnistía concedida por Alejandro Lerroux tras la victoria de las fuerzas derechistas en las elecciones celebradas en noviembre de 1933. En estos años de turismo europeo tuvo ocasión de vivir en Italia, donde se convirtió en un admirador del fascismo.
En España asumió la jefatura de Renovación Española, un partido monárquico fundado en 1933 cuyo objetivo era destruir el régimen republicano mediante un golpe militar. En 1934 participó activamente en la preparación de la entrevista que se celebró en Roma entre Mussolini y dirigentes carlistas y de Renovación Española. Fruto de esa entrevista fue un acuerdo secreto por el cual el dictador italiano se comprometió a financiar y apoyar con armamento un movimiento insurreccional contra la República española. En caso de triunfo, el nuevo gobierno español y el régimen italiano firmarían un tratado de amistad y neutralidad.
En 1936 formaba parte activa de la conspiración golpista y, amparándose en su condición de diputado, pronunciaba en las Cortes discursos incendiarios invocando al Ejército para que se sublevase contra la República y refiriéndose al pueblo como turbamulta.
Resumiendo, la figura que la derecha nos presenta como modelo de caballero cristiano, padre y esposo ejemplar, virtuoso patriota y político intachablemente honrado, asesinado alevosamente por la horda republicana, era en realidad un individuo que se inició políticamente en un partido corrupto cuyo único mérito para alcanzar el gobierno era falsificar las elecciones. Continuó su vida política colaborando con una dictadura ilegal encabezada por un dictador borrachín, y desde su puesto de Ministro de Hacienda se dedicó, dicho con suavidad, a maquillar las cuentas públicas. Aunque presumía de hombría y valor personal, no dudó en huir de su país para evitar hacer frente a sus responsabilidades como ministro de la dictadura encabezada por Primo de Rivera. El Diccionario de la Real Academia define esa actitud como cobardía.
Desde su vuelta a España, se dedicó activamente a conspirar contra el régimen republicano y no dudó en aceptar la ayuda de Mussolini contra su propio país. O sea, que el nacionalista español era en realidad un traidor vendepatrias. Y, como culminación de tan edificante currículum vitae, en el año 1936 se dedicaba a pronunciar provocadores discursos adornados con la chulería propia de los señoritos fascistas.
A la luz de tan notable biografía, quizás se entiendan mejor los hechos del 13 de julio de 1936.
22 de junio de 1941: invasión de la URSS por los nazis
Discurso de Stalin:
«Es una gran guerra del pueblo soviético contra las fuerzas del fascismo alemán»
¡Camaradas!, ¡Ciudadanos! ¡Hermanos y Hermanas! ¡Hombres de nuestro Ejército y nuestra Marina!. ¡Me dirijo a vosotros, mis amigos!
El pérfido ataque militar a nuestra tierra, iniciado el 22 de junio por la Alemania de Hitler, continua. A pesar de la heroica resistencia del Ejército Rojo, y aunque las más selectas divisiones enemigas y las mejores unidades de la fuerza aérea han sido hechas pedazos y han encontrado su muerte en el campo de batalla, el enemigo sigue avanzando, lanzando fuerzas de refresco al ataque.
Las tropas de Hitler han logrado capturar Lituania, una considerable parte de Letonia, el Oeste de la Rusia blanca y parte del Oeste de Ucrania. La fuerza aérea fascista está ampliando el ámbito de operaciones de sus bombardeos y está bombardeando Murmansk, Orsha, Mogilev, Smolensk, Kiev, Odessa y Sebastopol. Un grave peligro se cierne sobre nuestro país.
¿Cómo puede haber sucedido que nuestro glorioso Ejército Rojo haya rendido un número de nuestros ciudadanos y distritos a los Ejércitos fascistas? ¿Es realmente cierto que las tropas de la Alemania fascista son invencibles, como es pregonado sin cesar por los jactanciosos propagandistas fascistas? ¡Por supuesto que no!
La historia muestra que no hay ejércitos invencibles, y nunca han existido (…) Lo mismo debe ser dicho hoy del ejército fascista alemán de Hitler. Este ejército aún no se ha encontrado con una seria resistencia en el continente europeo. Sólo en nuestro territorio ha encontrado una resistencia seria, y si como resultado de esta resistencia las mejores divisiones del ejército fascista alemán de Hitler han sido derrotadas por nuestro Ejército Rojo, significa que este ejército, también puede ser machacado y será machacado como lo fueron los ejércitos de Napoleón y Guillermo.
No puede haber duda de que esta efímera ventaja militar para Alemania es sólo un episodio, mientras que la tremenda ventaja política de la URSS es un serio y permanente factor, que tienen el deber de formar las bases para el logro de los éxitos militares decisivos del Ejército Rojo en la guerra contra la Alemania fascista(…).
En caso de una retirada forzosa de las unidades del Ejército Rojo, todo el material rodante debe ser evacuado; al enemigo no debe dejársele ni una sola máquina, ni un solo vagón, ni una sola libra de grano o un galón de fuel. Las granjas colectivas deben ser trasladadas con sus ganados y entregar su grano a la custodia de las autoridades estatales para su transporte a la retaguardia (…) En las áreas ocupadas por el enemigo, unidades guerrilleras, montadas y a pie, deben formarse, los grupos deben organizarse para combatir a las tropas enemigas, fomentar la guerra de guerrillas por todas partes, volar puentes, carreteras (…). En las regiones ocupadas las condiciones deben ser insoportables para el enemigo y todos sus cómplices. (…)
Esta guerra con la Alemania fascista no puede ser considerada como una guerra ordinaria. No sólo es una guerra entre dos ejércitos, es también una gran guerra del pueblo soviético contra las fuerzas del fascismo alemán. El objetivo de esta guerra nacional de nuestro país contra los opresores fascistas, no es sólo la eliminación del peligro que pende sobre nuestro país, sino también ayudar a todos los pueblos europeos que sufren bajo el yugo del fascismo alemán.
En esta guerra de liberación no debemos estar solos. En esta guerra tendremos aliados leales en los pueblos de Europa y América, incluidos los alemanes que están esclavizados por los déspotas hitlerianos. Nuestra guerra por la libertad de nuestro país se mezclará con la de los pueblos de Europa y América por su independencia, por las libertades democráticas.
Será un frente unido de pueblos defendiendo la libertad y contra la esclavitud y las amenazas de esclavitud del ejército fascista de Hitler(…). Camaradas, nuestras fuerzas son innumerables. La arrogancia enemiga pronto les descubrirá su coste. Juntos en el Ejército Rojo y en la Armada, miles de trabajadores, granjeros colectivos e intelectuales están alzándose para golpear al enemigo agresor.(…)
Con el fin de asegurar la rápida movilización de todas las fuerzas de las gentes de la URSS, y rechazar al enemigo que traicioneramente atacó nuestro país, ha sido formado un Comité Estatal de Defensa en cuyas manos ha sido delegado enteramente el poder del Estado. El Comité Estatal de Defensa ha entrado en funciones y ha llamado al servicio militar de nuestro pueblo para reunirse en torno al partido de Lenin-Stalin y alrededor del Gobierno soviético así como abnegadamente para apoyar al Ejército Rojo y a la Armada, para demoler al enemigo y asegurar la victoria.
¡Todas nuestras fuerzas para apoyar a nuestro heróico Ejército Rojo a nuestra gloriosa Armada Roja! ¡Todas las fuerzas del pueblo para la demolición del enemigo!
¡Adelante, a por nuestra victoria!
Stalin
Moscú, 3 de julio de 1941
Terrorismo, por C. Hermida
La inmensa mayoría de los medios de comunicación españoles, así como la “clase política” casi al completo, han celebrado y aplaudido la muerte de Bin Laden. Eliminación, liquidación, venganza o acto de justicia han sido los términos empleados por los periodistas para referirse a un hecho que, en estricto sentido jurídico, sólo puede ser definido como ASESINATO. ¿Se puede calificar de otra forma al hecho de enviar un comando a un país extranjero con la única finalidad de matar a una persona? Porque no se trataba de detenerlo para juzgarlo posteriormente, sino de eliminarlo físicamente. Y esto en Derecho se llama asesinar.
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Provoca sonrojo escuchar a los políticos y tertulianos de derechas, que hace unos años condenaban tajantemente las acciones de los GAL en nombre del Estado de Derecho, justificar hoy el terrorismo de estado norteamericano. Ahora valen todos los atajos y se afirma sin pudor que el fin justifica los medios. Pero no solamente la derecha alaba a Estados Unidos. También la izquierda oficial se congratula porque el mundo occidental se ha librado de lo que denominan un enemigo maligno.
La presunción de inocencia, el derecho a un juicio imparcial en el que el acusado cuente con un abogado defensor, y todas las garantías que debe tener cualquier acusado, incluso aunque haya cometido crímenes execrables, son ignoradas y pasadas por alto en este caso. Y los que celebran un crimen cometido con todos los agravantes son personas que afirman defender la democracia. Justificar una acción criminal en nombre de la democracia es un sarcasmo trágico que muestra el verdadero rostro de un sistema político corrupto y envilecido. «Lo llaman democracia y no lo es», el lema coreado por miles de ciudadanos en las manifestaciones contra la guerra de Irak, Afganistán y Libia, resume acertadamente la situación política española.
Asistimos a una perversión política e ideológica de gravísimas consecuencias. Terrorismo es la palabra mágica, el concepto global, ubicuo, que permite justificar la tortura, promulgar legislaciones de excepción, conculcar los derechos civiles, anular las libertades cívicas e incrementar los poderes de la policía. Invocando la defensa de la seguridad nacional y la necesidad de combatir la amenaza terrorista, los gobiernos atemorizan a la población y destruyen el sistema democrático con el pretexto de defenderlo. Guantánamo es el paradigma del nuevo fascismo que se instala en nuestras sociedades; un fascismo que, a diferencia de los años treinta del pasado siglo, mantiene las formas democráticas vaciándolas de contenido, y contando, además, con el apoyo de una parte importante de los ciudadanos, sometidos a una propaganda oficial masiva y víctimas de sistemas educativos que anulan la capacidad crítica.
Como en “Matrix”, la famosa película de ciencia ficción, los ciudadanos europeos y norteamericanos viven atrapados en un mundo virtual de mentiras fabricadas por los gobiernos y las oligarquías económicas, cuyo único objetivo es impedir que la población sea consciente de la realidad y descubra que el verdadero terrorismo está instalado en nuestra vida cotidiana.
Terrorismo es un sistema económico que en España condena al paro a cinco millones de personas. Terrorismo es el embargo de la vivienda por no poder pagar hipotecas diseñadas por ladrones profesionales. Terrorismo es el empleo precario, la privatización de la sanidad y la enseñanza públicas y el retroceso continuo de los derechos sociales. Terrorismo es el fraude fiscal sistemático cometido por las clases dominantes. Terrorismo es la impunidad en la que viven los especuladores que han ocasionado la actual crisis económica y que, como premio a su actividad criminal, reciben cientos de miles de millones del erario público. Terrorismo son los planes de ajuste de la Unión Europea que conducen a millones de personas al desempleo, la miseria y la desesperanza. Claro que hay terrorismo, y su objetivo son las clases trabajadoras, las clases populares, los jóvenes, los jubilados, los desempleados. Somos las víctimas de una banda terrorista que no lleva turbantes ni habita en las montañas afganas. Los terroristas que destruyen nuestras vidas, nos niegan el futuro y aspiran a implantar de nuevo las condiciones laborales del siglo XIX planifican sus operaciones en suntuosas oficinas, visten trajes de diseñadores de moda, llevan relojes de oro en la muñeca y viajan en coches de lujo. Algunos lucen uniformes con estrellas en la bocamanga y otros van ataviados con sotanas. Ellos son los enemigos y deben ser juzgados por crímenes contra la Humanidad.
Stéphene Hessel, miembro de la resistencia francesa contra la ocupación nazi y redactor de la “Declaración Universal de Derechos Humanos”, ha escrito un breve folleto titulado “Indignez-vous” (Indignaos), que ha tenido un enorme eco en la sociedad francesa. Ese es, sin duda, el primer paso, la indignación, para rasgar la pesada cortina de resignación y pasividad. Pero no es suficiente. A continuación es imprescindible la rebelión, la lucha popular, para recuperar la libertad, la dignidad y la justicia, secuestradas por unos individuos que presiden Consejos de Administración y Consejos de Ministros.
Páginas de la ciencia y la cultura soviéticas: la exploración del cosmos, por C. Hermida
El comienzo de la exploración del Cosmos se sitúa el 4 de octubre de 1957, cuando la Unión Soviética realizó el lanzamiento del primer satélite artificial, que durante 92 días orbitó alrededor de la Tierra. A pesar de la gigantesca devastación que sufrió el país durante la Segunda Guerra Mundial, la economía planificada permitió una rápida recuperación y la URSS se colocó por delante de Estados Unidos en la que pronto se denominaría carrera espacial. La furiosa propaganda burguesa, con su campaña de difamaciones y mentiras, ha intentado por todos los medios tergiversar la realidad social, económica y cultural de la desaparecida Unión Soviética, a la que presentaba como un país dominado por una tiranía comunista que había implantado un modelo económico ineficaz y mantenía a los ciudadanos en una situación de escasez crónica. Pero los hechos son tozudos y demostraban una y otra vez que la revolución bolchevique de 1917 y el socialismo habían convertido a uno de los países más atrasados de Europa en una potencia mundial. La industrialización de los años treinta, la victoria sobre la Alemania nazi y los éxitos científicos desmentían de manera contundente las falsedades vertidas por las clases dominantes del mundo capitalista. Si el socialismo era un fracaso completo, ¿qué hacía un satélite soviético en el espacio?
El fundador de la cosmonáutica moderna fue el científico ruso Konstantin Eduárdovich Tsiolkovsky (1857-1935). En 1879 obtuvo el título de maestro y desde 1880 explicó matemáticas y física en las ciudades de Borovski y Kaluga. Desde 1885 trabajó en dos proyectos sobre un dirigible y un avión de carcasa metálica, aunque sus trabajos teóricos no pudieron llevarse a la práctica por falta de medios. En 1895 construyó el primer túnel aerodinámico de Rusia.
Sus trabajos más valiosos tratan sobre la teoría del movimiento reactivo, planteando en 1883 la idea de utilizar ese movimiento en un aparato volador interplanetario. En 1903 publicó “Investigación de los espacios universales mediante aparatos reactivos”, donde exponía las leyes del movimiento del cohete como un cuerpo de masa variable en un espacio sin gravedad y en un campo de gravitación, y fundamentaba la posibilidad de utilizar cohetes en las comunicaciones interplanetarias.
Tras la Revolución de Octubre, las investigaciones de Tsiolkovsky recibieron un gran apoyo del Estado soviético. En 1929 publicó el trabajo “Un tren cósmico de cohetes”, en el cual se expone la teoría sobre un tipo especial de cohetes de varias fases. Entre sus muchas aportaciones científicas destacan las bases teóricas sobre la construcción de cohetes de propulsante líquido.
En el avance de la cosmonáutica soviética destaca también la figura de Iván Vsevolodovich Meshchersky (1859-1935), cuya producción teórica trató fundamentalmente sobre la dinámica de una masa variable.
El triunfo de la revolución bolchevique abrió una nueva etapa en la investigación científica en general y en la cosmonáutica en particular. La ciencia y la cultura fueron impulsadas decisivamente por el gobierno bolchevique para sacar al país del atraso secular causado por la autocracia zarista. A principios de 1921 se creó en Moscú el primer Laboratorio Soviético de Investigación, Pruebas y Diseño de Cohetería, fundado por Nikolái Ivánovich Tijomirov. En 1927 se trasladó a Leningrado, pasando a denominarse “Laboratorio de Dinámica de los Gases” (GDL).
En junio de 1932 se organizó en Moscú el Grupo de Estudio del Movimiento Reactivo (GIRD), bajo la dirección de S. P. Korolev (1906-1966), cuyas investigaciones fueron la base para la construcción de los primeros cohetes de propulsante líquido. El nombre de Korolev está vinculado directamente a la exploración espacial. Tras la contienda mundial, se dedicó al diseño de de diferentes prototipos de cohetes que culminaría en el lanzamiento del Sputnik en 1957. Este primer satélite artificial pesaba 83,6 kg, tenía forma esférica y un diámetro de 580 mm. Estaba dotado de 4 antenas y las emisiones de radio funcionaban con una frecuencia de 20,005 y 40,002 MHz. El siguiente paso fue enviar un animal al espacio (la perra Laika), el 3 de noviembre de 1957, y el 12 de abril de 1961 Yuri Gagarin realizó el primer vuelo espacial tripulado. En junio de 1963 la soviética V.V Tereshkova se convirtió en la primera mujer cosmonauta. Dos años más tarde, el cosmonauta A.A. Leonov salió de la nave Vosjod-2 y realizó el primer paseo espacial.
Los éxitos soviéticos provocaron la reacción de Estados Unidos. Con un presupuesto gigantesco, los norteamericanos lograron colocar un hombre en la Luna en 1969 y asegurarse de este modo un éxito propagandístico que intentó minusvalorar y ocultar los avances soviéticos; pero, antes de que el Apolo XI realizara su histórico vuelo, el programa espacial de la URSS había lanzado sondas automáticas de exploración lunar. La sonda Luna-3 envió las primeras fotografía de la cara oculta de la Luna y el Luna-9 realizó en 1966 el primer alunizaje en la superficie del satélite. Posteriormente, se acometió el programa LUNAKHOD, que consistió en situar en la superficie lunar vehículos teledirigidos que disponían de paneles solares para cargar sus baterías y se desplazaban mediante ruedas. Llevaban incorporadas cámaras de televisión y transmitieron a la Tierra imágenes de elevado valor científico.
El Lunakhod estaba formado por un compartimento tipo bañera redonda, cubierto por una tapa integrada por células fotovoltaicas que le suministraban energía. Tenía unas dimensiones de 135 cm de alto, 170 de largo y 160 de ancho, con un peso de 840 kg. Se movía con un sistema de ocho ruedas metálicas que contaban con motores, sistemas de amortiguación y frenos independientes. Podía pasar obstáculos de hasta 40 cm de altura o cavidades de hasta 60 cm. Un conjunto de controles automáticos lo hacían detenerse en los casos de inclinación peligrosa, bloqueo de alguna rueda o sobrecalentamiento. Para sus comunicaciones con la Tierra, contaba con una antena cónica omnidireccional y una antena altamente direccional helicoidal. Además de cuatro cámaras de televisión, los instrumentos científicos comprendían un detector de rayos X solares, un astrofotómetro para medir los niveles de luz, un magnetómetro, un radiómetro, un fotodetector para los experimentos de detección láser y dispositivos extensibles para estudiar la densidad del suelo lunar.
El primer Lunakhod comenzó su recorrido lunar el 17 de noviembre de 1970 y terminó su misión el 30 de septiembre de 1971, tras haber enviado más de 20.000 imágenes. El segundo vehículo se posó en suelo lunar el 16 de enero de 1973 y hasta el 9 de mayo del mismo año recorrió 37 kilómetros.
La última hazaña soviética en la exploración del Cosmos fue el lanzamiento de la estación espacial MIR en 1986, que constituyó la culminación del programa espacial de la URSS. Fue la primera estación permanente de investigación en el espacio. Diseñada para que funcionase durante 5 años, estuvo operativa 13 años, hasta su destrucción controlada en 2001. La MIR fue ensamblada en órbita, conectando de forma sucesiva varios módulos desde el 19 de febrero de 1986 hasta el año 1996. Los módulos acoplados fueron: MIR 1, KVANT, KVANT-2, KRISTALL, SPEKTR, DOCKING, MODULE y PIRODA.
En la estación MIR se realizaron trascendentales investigaciones científicas y se batieron marcas de permanencia en el espacio. En 1988 comenzaron las misiones conjuntas con cosmonautas de países socialistas, a las que siguieron tripulaciones integradas por franceses, británicos, alemanes y estadounidenses.
Lanzamiento de aparatos espaciales soviéticos entre 1957 y 1969
AÑO NÚMERO DE APARATOS
1957……………………………………. 2
1958……………………………………..1
1959……………………………………..3
1960……………………………………..4
1961……………………………………..6
1962…………………………………….18
1963…………………………………….15
1964…………………………………….34
1965…………………………………….67
1966…………………………………….44
1967……………………………………113
1968…………………………………….74
1969…………………………………….21
FUENTE: Enciclopedia Soviética. Cosmonáutica. Moscú, editorial Mir, 1969. Págs. 556-608.
Cualquier persona medianamente informada sabe que fue un estadounidense el primer hombre que pisó la Luna, pero probablemente ignore el papel pionero de la URSS en la exploración espacial. Sirvan estas líneas para rendir homenaje a todos los cosmonautas soviéticos y también para tratar de recuperar, frente a la amnesia programada, la memoria histórica de la Unión Soviética.
Grandes hombres soviéticos (50º aniversario de la hazaña de Yuri Gagarin)
El 12 de abril de 1961, en el primer vuelo allende la atmósfera de la Tierra, despegó Yuri Gagarin…
Cincuenta años han transcurrido de esta gran hazaña y Gagarin sigue con nosotros.
El cosmonauta número uno (así le llamaban sus amigos) era un verdadero hombre soviético y, aunque cada ruso se enorgullecía al ver en él los mejores rasgos de su pueblo, Yuri era también hijo de todos los hombres. El georgiano, el alemán, el español, el egipcio… se enorgullecían de él porque era un hombre íntegro y representaba a toda la humanidad, después de dar el primer paso hacia lo desconocido. Descubrir lo ignoto siempre entraña riesgos, pero el ser humano se ha arriesgado conscientemente desde la cuna de la historia. De no ser así, no conoceríamos los contornos de los continentes, las profundidades del océano, las extensiones del desierto, etc. Cada paso dado es una muestra de valor, un reto a los peligros y privaciones. Nuestra memoria guarda los nombres de los hombres más destacados y el siglo XX completó la lista con Yuri Gagarin.
Los hombres de hoy viven en el cosmos semanas, meses enteros, pero fueron necesarios los cien minutos vividos ahí arriba por Gagarin para que fuera posible todo lo demás.
El héroe de la Unión Soviética nació en Smolensk, en una casa campesina. De niño corría descalzo por los caminos y conoció privaciones. El mayor orgullo de la gente sencilla y trabajadora es ver a una persona de su medio en la cumbre del éxito. Esto le da al hombre comunista esperanzas, fuerzas y fe.
Yuri Gagarin tenía rasgos que son necesarios a cada cosmonauta. La serenidad y la imperturbabilidad. La capacidad de no alterarse en situaciones monótonas y largas (en esto también era un modelo para todos). Amaba la vida, a la gente y a su país. Sabía alegrarse con toda su alma, pero en el trabajo era extraordinariamente estricto y, cuando hacía falta ser exigente y severo para consigo mismo y para con los demás, lo hacía sin titubear.
Obrero, después piloto y, posteriormente, cosmonauta, Gagarin recorrió el glorioso camino del hombre nuevo. Toda su experiencia de la vida, los conocimientos acumulados, su clara orientación hacia un objetivo y su educación comunista se condensaron en ciento ocho minutos de vuelo cósmico. Recordemos a Gagarin, gloria de los luchadores.
Páginas de la ciencia y la cultura soviéticas: A. I. Oparin , por C. Hermida
El problema del origen de la vida ha sido, sin duda alguna, una de las cuestiones fundamentales del pensamiento humano en todas las épocas. Hasta el siglo XIX, la teoría de la generación espontánea fue ampliamente aceptada. Se basaba en la observación empírica de que en cualquier sustancia orgánica, colocada en un recipiente durante cierto tiempo, aparecían los más diversos organismos. De esa experiencia se deducía que esos organismos se formaban espontáneamente, sin necesidad de haber sido engendrados o creados por otros. Los experimentos de Louis Pasteur en 1860 demostraron sin ningún género de dudas que todos los seres vivos proceden necesariamente de otros seres vivos. Al ser desmontada definitivamente la generación espontánea, quedó abierto de nuevo el problema científico del origen de la vida.
En 1924, el bioquímico ruso Alexander Ivánovich Oparin (1894-1980) publicó un pequeño folleto en el que formulaba sus tesis fundamentales sobre el tema. De forma esquemática planteaba la posibilidad de la síntesis primaria, sin intervención de organismos vivos, de los compuestos orgánicos más elementales (los hidrocarburos) en nuestro planeta. Posteriormente, la evolución de esas sustancias habría conducido a la formación de compuestos albuminoideos y, ulteriormente, de sistemas coloidales susceptibles de experimentar un progresivo perfeccionamiento de su organización interna merced a la selección natural. Estas tesis fueron ampliamente desarrolladas años más tarde en su libro Origen de la vida sobre la Tierra, publicado en 1936. Oparin se había graduado en la Universidad de Moscú en 1917 y en 1927 consiguió la cátedra de Bioquímica. En 1935 fundó el Instituto Bioquímico, que dirigió hasta 1946, y en 1970 fue nombrado Presidente de la Sociedad Internacional para el Estudio de los Orígenes de la Vida.
Según Oparin, la vida era el resultado de complejos procesos químicos que habían tenido lugar en la Tierra en condiciones muy diferentes a las actuales:
«Una fracción considerable de los miliardos de años transcurridos entre su aparición como astro independiente y el origen de los primeros seres vivos estuvo ocupada por los procesos de evolución abiógena de los compuestos del carbono. Los hidrocarburos y sus derivados azoados y oxigenados más sencillos comenzaron a formarse desde los primeros instantes de su existencia» (Oparin, A. I.: Origen de la vida sobre la Tierra. Madrid, Tecnos, 1970).
La primitiva atmósfera terrestre estaba formada por metano, amoníaco, hidrógeno y vapor de agua, era reductora y anaerobia. Bajo la acción de descargas eléctricas y rayos ultravioleta, esos componentes reaccionaron y se formaron sustancias orgánicas de molécula compleja. Estos compuestos (azúcares, aminoácidos, proteínas, polisacáridos y ácidos nucleicos, entre otros) pasaron a formar parte de la hidrosfera al ser arrastrados por la lluvia, dando lugar a una disolución espesa de agua y moléculas orgánicas e inorgánicas. En ese “caldo primitivo” algunas moléculas formaron membranas, originando estructuras esféricas (coacervados):
«La aparición de los coacervados en aguas de la hidrosfera primitiva representó una importantísima etapa en el desarrollo evolutivo de los compuestos orgánicos primarios y en el proceso del origen de la vida. Hasta aquel momento, la sustancia orgánica se había encontrado inextricablemente confundida con el medio, hallándose distribuida de manera uniforme en su seno. Pues bien, la formación de los coacervados hizo que las moléculas de los polímeros orgánicos se concentrasen en puntos definidos del espacio, al tiempo que se separaban del medio envolvente merced a unos límites más o menos concretos. De esta forma, surgieron sistemas polimoleculares de carácter integral (gotas coacervadas), cada uno de los cuales dotado de cierta individualidad claramente distinguible del mundo exterior restante. Asimismo, estas gotas poseían una estructura definida y propia. Con anterioridad a su aparición, las sustancias orgánicas habían existido tan solo bajo el aspecto de partículas aisladas en movimiento desordenado, cuyas propiedades venían simplemente determinadas por su estructura molecular. En el interior de la gota coacervada, por el contrario, estas partículas se dispusieron las unas con respecto a las otras conforme a un plan bien organización espacial. Como resultado de ello, a los factores puramente organoquímicos vinieron a sumarse unos procesos nuevos, de naturaleza coloidoquímica, basados en la interacción entre sustancias de molécula pesada de un sistema pluricompuesto (integrado por numerosos componentes)».
Algunos de estos coacervados concentraron en su interior enzimas con las que fabricar sus propias moléculas y obtener energía. Finalmente, algunos pudieron adquirir su propio material genético y la capacidad de reproducirse, originando los primitivos procariotas. Los primeros organismos vivos fueron, por tanto, el resultado del «perfeccionamiento progresivo de unas tramas químicas situadas en el interior de unos sistemas coloides individualizados y en permanente interacción con el medio exterior. Como resultado de las continuas transformaciones sufridas por estos sistemas (dentro de los límites de su estabilidad dinámica) y la selección interrumpida de los mismos, se produjeron las siguientes consecuencias: en primer lugar, los distintos catalizadores se perfeccionaron funcionalmente, adquiriendo una elevada potencia y una mayor especificidad de acción. Más adelante, se establecieron ciertas correlaciones entre la función de estos últimos, surgiendo así las diferentes cadenas y ciclos de reacciones fermentativas que constituyen las porciones aisladas del metabolismo. Más tarde todavía, se produjo un perfeccionamiento de la organización espacial de los sistemas y de la localización de los procesos, lo cual tuvo como consecuencia la racionalización de las conexiones entre los fenómenos energéticos y sintetizantes del metabolismo (lo que a su vez garantizaba la autopreservación y autorreproducción del sistema vivo dentro de ciertos límites)».
Con la aparición de esos organismos primarios quedaba resuelta la cuestión del origen de la vida. A partir de ese momento se iniciaba la evolución que daría lugar a los animales y a los vegetales. Oparin demostró brillantemente de forma teórica que la vida representa una forma especial del movimiento de la materia, regida por las leyes de la dialéctica. Los planteamientos idealistas y las concepciones religiosas eran puras especulaciones oscurantistas e irracionales.
No obstante, las teorías deben ser demostradas en la práctica. El enorme despliegue de erudición y conocimientos químicos que Oparin desarrollaba en su obra necesitaba una comprobación experimental. Y ésta llegó en 1953, cuando Stanley Miller, joven estudiante de Química en la Universidad de Chicago y alumno del profesor Harold Hurey, realizó un experimento trascendental. Diseñó un dispositivo compuesto por dos recipientes de vidrio. En el más grande se introdujeron metano, amoniaco, hidrógeno y vapor de agua, los componentes primitivos de la atmósfera terrestre, y en el pequeño había agua hirviendo. La mezcla de gases fue sometida a una serie de descargas eléctricas mediante electrodos y posteriormente pasaba al recipiente menor. Al cabo de varios días, al tomar las muestras del agua, Miller encontró una gran cantidad de compuestos orgánicos, entre ellos varios aminoácidos, que son la base de las proteínas.
Las hipótesis de Oparin quedaron corroboradas por la experimentación de Miller, pero el mundo académico, las instituciones religiosas y los aparatos ideológicos de la burguesía no pueden aceptarlas, porque supondría reconocer el triunfo del materialismo dialéctico como método de análisis, interpretación y transformación del mundo, algo sumamente peligroso para el capitalismo. Las teorías creacionistas, que niegan la evolución, y las interpretaciones metafísicas con pretendidos mantos científicos son ampliamente difundidas para contrarrestar la influencia del marxismo. El escepticismo o el abierto rechazo de los postulados de Oparin encubren la lucha abierta que la burguesía mantiene contra las posiciones revolucionarias del proletariado.





