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Es imprescindible superar el actual marco político

noviembre 16, 2014 por  
Publicado en: Artículos

tricolorEditorial de Octubre, nº 77 (noviembre 2014)

La detección del primer caso de ébola en España ha puesto de manifiesto una vez más la ineptitud del gobierno en situaciones de emergencia. Negligencia, irresponsabilidad y mentiras han sido la tónica dominante del equipo de Rajoy y, como en ocasiones anteriores –Prestige, Yak 42-, se ha trasladado la culpa a las víctimas, en un ejercicio monumental de cinismo y desfachatez ética. Mientras cundía la alarma social, un nuevo caso de corrupción –las tarjetas opacas de Bankia– provocaba la indignación ciudadana y ponía al descubierto que los consejeros de esa entidad bancaria son una pandilla de ladrones que han saqueado y llevado a la quiebra a una institución fundada en el siglo XVIII.

Hay en nuestro país una sensación de desgobierno y un profundo deseo de cambio que no logra plasmarse políticamente. La izquierda sigue desunida y fuerzas como “Podemos” se mueven en la ambigüedad ideológica y difunden un discurso que favorece la desorganización de las clases populares e impide la toma de conciencia de clase. El resultado es que en amplios sectores sociales se ha instalado el fatalismo, la resignación y una especie de nihilismo que culpa a todos los políticos de ser los causantes de la corrupción y la crisis y criminaliza la política. Una situación muy peligrosa porque la desesperación social y la falta de una alternativa política dejan la puerta abierta al fascismo.

En este difícil panorama, nosotros, comunistas, tenemos que asumir en primer lugar un papel de clarificación política e ideológica, hacer pedagogía entre las masas. La situación actual, la catástrofe económica y social en que está sumido el pueblo español, no se soluciona con un cambio de gobierno o caras nuevas. Porque no estamos en presencia de una crisis de gobierno, sino que se trata de una crisis del sistema político, de una crisis del régimen. Es la monarquía impuesta por Franco, la Constitución de 1978 y el bipartidismo lo que está en quiebra. Es el sistema forjado durante los años de la Transición el que constituye el máximo obstáculo para superar los graves problemas que tiene nuestro país. La miseria y el paro no pueden solucionarse en el actual marco político, es imprescindible su superación. Necesitamos una verdadera ruptura democrática que se materialice en la proclamación de la III República.

El enemigo principal no es la “casta política”, como predican algunos, sino la oligarquía financiera y su expresión política: la monarquía borbónica. Ni todos los políticos ni todos los partidos son iguales. El bloque de poder oligárquico debe ser sustituido por un bloque popular capaz de llevar a cabo transformaciones estructurales en nuestro país. Este es el discurso que los comunistas debemos transmitir a la población. Y, simultáneamente, junto a esa labor pedagógica, tenemos que trabajar por la unidad de la izquierda para forjar un frente popular que haga realidad esa ruptura. La movilización sin objetivos políticos y sin dirección política es estéril, conduce al cansancio y, en consecuencia, a la inacción. La movilización en la calle debe servir para elevar la conciencia de la gente e incrementar su nivel de comprensión de la situación política. Marchas, manifestaciones y huelgas deben ser en las actuales circunstancias un instrumento para organizar la unidad popular.

Los comunistas debemos crear organización, combatiendo sin descanso la idea de que un difuso movimiento ciudadano es suficiente para cambiar la correlación de fuerzas. Nunca ha sido así históricamente. Los grandes cambios políticos, las revoluciones que han transformado el mundo, han tenido como base la organización. Las revueltas campesinas espontáneas sin dirección política y sin objetivos precisos siempre fueron aplastadas. Es, por tanto, una tarea prioritaria fortalecer organizativamente nuestro partido, tanto desde el punto de vista numérico como ideológico. Una sólida formación marxista-leninista nos permitirá combatir adecuadamente las desviaciones políticas e ideológicas que tanto daño nos han hecho.

Como dijo Lenin, un comunista es un propagandista, un agitador y un organizador. No lo olvidemos. No nos dejemos arrastrar por corrientes populistas y demagógicas maquilladas de izquierda. El PCE (m-l), con 50 años de combate al lado de los trabajadores, lucha por la República Popular y Federal, con el objetivo irrenunciable de la revolución socialista.

Lo que el virus ébola ha puesto en evidencia

noviembre 16, 2014 por  
Publicado en: Artículos

ebolaPor D. Urzaiz

Liberia, Guinea, Sierra Leona: el ébola en África Occidental era algo ajeno a nosotrosLlevaba meses diezmando a su población, algo propio del mundo “subdesarrollado”.

Allyson Pollock, profesora de Política e Investigación de la Salud Pública en la Universidad Queen Mary de Londres declara en una entrevista publicada en CAS Madrid: «Se sabe los mecanismos de trasmisión. En la mayoría de situaciones normales debería ser fácilmente controlado con una cuarentena y aislando a los enfermos, pero el gran problema en los países donde es más prevalente, es que son países muy, muy pobres, donde la infraestructura está cada vez más destrozada, especialmente en lo que se refiere a los sistemas sanitarios, y el virus está presente ya en zonas urbanas, donde se da un estrecho contacto entre humanos; por eso es muy difícil de contener y controlar, sobre todo cuando aparece en zonas superpobladas y muy pobres y con muy escaso saneamiento.

Liberia y Sierra Leona han pasado cada uno por largos períodos de guerra civil, han tenido conflictos con refugiados desplazados, el PIB y la economía han quedado muy desangrados y lo que hemos visto en todos esos países es un vaciamiento de todo tipo de servicios públicos y especialmente de sistemas sanitarios. Supongo que la OMS confiaba en que iba a contenerla con bastante facilidad, al igual que en el anterior gran brote en la década de 1970. ¿Sucedió quizá que no pensaron en el hecho de que esos países en los que está brotando se hallan realmente entre los países más pobres de entre los pobres? Por todo ello es muy, muy difícil contenerlo, pero a lo que tenemos que enfrentarnos sobre todo es a problemas muy reales de pobreza. Supongo que confiaban en contener fácilmente la enfermedad, pero se trata de un virus que tiene una tasa de mortalidad muy alta, se dice que hay un 55% de probabilidades de morir si se contrae. Esto es muy grave, pero uno de los grandes problemas es que el mundo occidental, sobre todo el gobierno de EEUU, está respondiendo con soluciones de armas y balas mágicas muy vistas ya: el anuncio de Obama de que va a enviar 3.000 soldados y el anuncio paralelo de que van a centrarse en la producción rápida de la vacuna. Y esto supone la total eliminación del importante factor estructural y social de la sanidad pública, y los principios de toda la salud pública se hallan en soluciones muy sencillas y básicas. Se trata de disponer de agua potable, saneamiento, buena nutrición, es decir, que hay que luchar contra los males de la pobreza. Y, por encima de todo, se necesitan sistemas sanitarios competentes que dispongan de doctores y enfermeras bien formados e instalaciones donde puedas aislar a la gente y puedas también hacer lo que se denomina “rastreo de contactos”: volver a la comunidad para averiguar con quién han estado en contacto las personas afectadas para que puedas entonces ponerlas en cuarentena y aislarlas hasta estar seguros de que realmente no se han contagiado de la enfermedad ni la han trasmitido durante el período de incubación. Y todas esas posibilidades han desaparecido. Eso es lo que esos países están viviendo al haber sufrido una erosión y colapso totales de sus sistemas de atención sanitaria y esa es la tragedia. La solución a esta epidemia no son balas mágicas de vacunas y no está en enviar tropas. Es un problema estructural, social, económico, medioambiental y se resuelve poniendo en marcha medidas de salud pública en todos los sectores».

Todo esto pasaba en África. La respuesta internacional coordinada está llegando tarde y solo tras el contagio de víctimas occidentales. El ébola se combate con esfuerzos e inversiones allí donde nace. Es una emergencia sanitaria global, con orígenes locales. Las imágenes que salieron en TV de un enfermo de ébola que había escapado del hospital donde estaba en aislamiento para conseguir comida en un mercado por el hambre que sufrían en el hospital, es tan brutal… ¿cómo se pretende controlar a la población enferma si no se les da de comer?

Ejemplar respuesta la de Cuba y unas pocas organizaciones no gubernamentales que están proporcionando lo que se necesita con mayor urgencia: profesionales médicos dispuestos a atender pacientes. Con apoyo técnico de la Organización Mundial de la Salud, el gobierno cubano capacitó a 460 médicos y enfermeros en las estrictas precauciones necesarias para atender a los pacientes que padecen un virus altamente contagioso.

España: Hospital Carlos III, centro de referencia de Enfermedades Infecciosas, antes de su desmantelamiento por los planes de “ahorro” de la Comunidad de Madrid, contaba con las instalaciones y el personal más capacitado para abordar emergencias de salud pública en el país… Las previsiones de brotes epidémicos eran tan remotas que decidieron que un hospital de crónicos era más barato y rentable.

En agosto, el gobierno adoptó una decisión temeraria al importar el virus ébola con el traslado de los misioneros, ya moribundos, con un despliegue de medios y propaganda que quería dar lecciones al mundo del potencial desplegado por España en su evacuación.

La sexta planta del Carlos III, cerrada durante meses, se tuvo que habilitar en unas horas, la formación del personal inexistente (unos minutos de demostración teórica de cómo ponerse y quitar el traje de aislamiento)… Unos protocolos de seguimiento de las personas que tuvieron contacto con enfermos infectados claramente erróneos. Las consecuencias son conocidas: Teresa Romero, auxiliar de enfermería que de forma voluntaria asistió a los enfermos, se contagió, fue la primera persona infectada por ébola fuera de África. La decisión del gobierno de repatriar a los misioneros ha tenido dramáticas consecuencias, ha puesto de manifiesto la incompetencia de las distintas administraciones sanitarias, la ausencia de información, de formación y de recursos del personal en todo el sistema sanitario público.

El papel de la ministra de sanidad, Ana Mato (la que no se enteraba de los coches que tenía en su garaje), la desfachatez del consejero de sanidad de la CAM, Javier Rodríguez, que acusó a Teresa de mentir y que resolvió que no hace falta un máster para poner y quitar un traje, cuando los profesionales que atienden estos casos se están jugando la vida, son de un desprecio tal que no es concebible que no hayan sido fulminados de sus cargos, cosa que reclama toda la sociedad y particularmente la indignación de los sanitarios.

Las políticas de privatización de la Sanidad Pública no buscan mejoras de funcionamiento o de sostenibilidad económica, el único objetivo es la rentabilidad de negocio de las empresas privadas y del capital especulativo en el sector sanitario.

La Salud Pública va más allá del tratamiento de las enfermedades, tiene que garantizar la salud individual y colectiva y eso tiene que ver con garantizar las condiciones mínimas de alimentación, vivienda, educación, tratamiento de aguas, control de alimentos… Un pilar básico es la Atención Primaria, para la promoción de la salud individual y comunitaria, para la detección de los problemas de salud en sus fases iniciales y abordarlas por el bien de las personas y por economizar recursos.

La salud pública es incompatible con la expulsión de la red sanitaria de la población migrante sin regularizar: además de atentar contra uno de los derechos humanos más básicos, es un atentado contra la salud comunitaria.

En estas semanas se están produciendo nuevos atentados contra la Sanidad Pública: apertura del Hospital de Villalba en manos de la empresa IDC, desmantelamiento de Centros de Salud Mental en la Comunidad de Madrid… pero todo esto da para otro artículo.

¿A quién sorprende el alcance de la corrupción?

noviembre 16, 2014 por  
Publicado en: Artículos

Defiende la corrupciónPor J. Romero

En el último mes, se han conocido varios escándalos que ilustran sobre el carácter generalizado de la corrupción: el uso fraudulento de más de 15 millones de euros por los consejeros de Caja Madrid que utilizaban tarjetas opacas de la entidad, y la “Operación Púnica” en la que están implicados de momento alcaldes y conocidos cargos del PP y del PSOE.

Todos los dirigentes políticos del régimen se han apresurado a expresar su asombro y pesar ante tanta desvergüenza, cuyo conocimiento coincide en el tiempo con el de datos estremecedores sobre la situación insostenible de millones de familias trabajadoras (el 25% de los niños españoles, por ejemplo, viven por debajo del umbral de la pobreza y un porcentaje parecido padece algún tipo de desnutrición). Pero el escándalo de las “tarjetas B” es una pequeña muestra de un sistema mucho más extendido, Caja Madrid es una más de quién sabe cuántas tramas mafiosas: quizás algún día lleguemos a saber, por ejemplo, qué pasó en Caja Sur, controlada por la jerarquía católica y que fue la primera en ser “rescatada” con dinero público, o en la CAM, etc; más dudoso es que sepamos las razones por las que se archivaron las querellas interpuestas contra Emilio Botín, por ejemplo, tras la intervención, entre otros, de Teresa Fernández de la Vega, o…

A estas alturas, ¿a quién puede sorprender el alcance de las corruptelas?, ¿nadie sabía del cobro de comisiones ilegales en las instituciones de la España borbónica? No hace tantos años estalló un escándalo en el Parlament catalán cuando uno de sus más ilustres miembros se defendió de acusaciones parecidas, reconociendo que era normal el cobro de comisiones (curiosamente habló del 3% como norma, igual que ahora) con las que se financiaban elecciones y se lograban apoyos y compromisos para mantener el consenso.

No, una mayoría sabía que el entramado político e institucional del régimen se ha lubricado con dinero procedente de comisiones ilegales. Una
mayoría sabía que la política económica de todos estos años, que ha enriquecido a las grandes empresas, se ha sostenido sobre la íntima relación entre los dirigentes de las fuerzas del régimen y los grandes empresarios y especuladores. Siempre ha sido evidente que la corrupción es consustancial al continuismo borbónico y alcanza directamente a sus principales instituciones, empezando por la Casa Real (qué ¿paradójico? resulta estos días el ruido sobre la corrupción en Caja Madrid, en contraste con el silencio sobre las andanzas de Juan Carlos I o el caso Noos).

Sin ir más lejos, nada menos que el actual ministro de Economía, Luis de Guindos, fue miembro del Consejo Asesor en Europa y director para España y Portugal de Lehman Brothers, la empresa financiera cuya quiebra fraudulenta inauguró oficialmente la actual crisis; el ministro de
Defensa fue consejero y representante de Instalaza S.A, una empresa de producción de armas prohibidas… Felipe González, Zaplana, Rato, etc., etc., la lista de políticos relacionados directamente con las grandes empresas y entidades financieras se haría demasiado larga. Lo mismo que la lista de grandes grupos que han accedido a jugosos contratos con la administración para gestionar servicios públicos o se han hecho con lucrativos servicios privatizados. Y en esto (como en todo) el interés de clase ha transcendido las barreras nacionalistas y podemos encontrar personajes como Josu Jon Imaz (ex presidente del PNV) ligados a grandes empresas como Repsol, de cuya filial Petronor es Presidente, al igual
que de la Asociación Española de Operadores de Productos Petrolíferos (AOP).

En el ámbito sindical, los oportunistas que han dirigido los grandes sindicatos de masas, CCOO y UGT, durante los últimos años, quienes han
comprometido activamente al sindicalismo en una constante política de sumisión y paz social, quienes se han empeñado en un diálogo social que solo ha existido en la medida y hasta donde le ha interesado a la patronal y al gobierno de turno, han podido hacer su corte de brazos de madera para ganar congresos o reprimir a los sindicalistas de clase, a fuerza de dinero; o “dejando hacer” a cuatro ganapanes sin escrúpulos que vendieron así su fidelidad al aparato oficialista.

Y es precisamente ese el problema: la corrupción en el ámbito sindical (también en el político) está ligada con un determinado modelo político,
una determinada estructura administrativa y judicial que la propicia para asegurar (hasta donde ha sido posible) la paz social. La práctica del amiguismo, el compadreo, la compra de voluntades, boyante ya en el franquismo, es una de las características de la política en nuestro país, que ha permitido a la derecha controlar las instituciones y a un puñado de oportunistas mantener su dominio en las organizaciones de izquierda y someter a estas a los dictados del consenso tan querido para los implicados en la transición.

¿Por qué ahora?

La pregunta es esa: ¿Por qué ahora? Hace unas semanas, pasaba prácticamente desapercibida para los medios de comunicación la condena a 17 años de inhabilitación profesional del juez Elpidio Silva, quien ha sido el único que se atrevió a enviar a la cárcel al más que presunto corrupto Miguel Blesa, expresidente de Caja Madrid, muñidor de la trama de las preferentes que ha arruinado a miles de familias trabajadoras y dirigente de una red de corruptelas de la que probablemente solo terminemos conociendo la sombra. Y, sin embargo, ahora, una acción judicial pone en marcha un proceso en el que están implicados muchos de los nombres más conocidos de la política de los últimos años.

¿Por qué ahora? Señalemos a grandes trazos la situación: el régimen se descompone a ojos vista, el gobierno del PP está amortizado… Necesitan un cortafuego para evitar que el incendio llegue al centro del régimen. Por eso, consciente del peligro de estallido social, el régimen intenta cerrar en falso su crisis, centrando en esta cuestión el problema real, que no es otro que su propia naturaleza antisocial de la que la corrupción generalizada es causa y consecuencia a un tiempo. Se centra así la cuestión en un grupo de canallas, obviando el entramado de captación de sobornos, el caciquismo, la sumisión del aparato de Estado a los intereses de un puñado de grandes empresas y especuladores. Todo con tal de salvar el culo de los principales responsables del régimen surgido del pacto con los franquistas.

Lo dijimos en su día, cuando el gobierno Rajoy comenzaba con la reforma laboral su política de recortes: la propia brutalidad de las medidas y
su rápida sucesión pretendía generar un estado de shock que dificultara la reacción de la clase trabajadora o desviarla hacia la respuesta concreta a un cúmulo de medidas que se sucedían sin tregua, para eludir la respuesta general política.

Ahora pueden estar intentando algo parecido, para desviar la cuestión y la solución del aspecto principal: la imperiosa necesidad de unir a la izquierda para superarlo; crean así una sensación de impotencia, de inoperancia de la lucha política; todo se centra en cambiar los actores de la farsa, manteniendo el mismo guión del consenso interclasista, de aceptación del sistema y sus desmanes como mal evitable con un mayor control de “los políticos”.

Hay muchos intereses en juego y medios muy importantes que trabajan por desarrollar esta segunda transición, cerrando en falso una crisis que podría ser definitiva para el régimen. De momento, han conseguido que gran parte de la izquierda se pierda con el ruido del ciudadanismo, de la reivindicación aislada y dispersa; en el rechazo a la organización y a la política; en el formalismo de una pretendida regeneración (imposible sin un cambio de raíz), del consenso por encima de las clases, etc.

La conclusión, evidente: para acabar con la corrupción se necesita, en primer lugar, un cambio político radical que empieza por poner fin al régimen monárquico.

Notas sobre los PGE 2015

noviembre 16, 2014 por  
Publicado en: Artículos

PGE2015Por Agustín Bagauda

La semana pasada empezaba el debate en el Parlamento de los Presupuestos Generales del Estado 2015, presentados por el Gobierno del PP.

¿Son «unos presupuestos para el crecimiento y el empleo», para mejorar la situación económica de las clases trabajadoras, para combatir la pobreza? La respuesta es no.

De entrada, son unos presupuestos que parten de una premisa falsa, de la consideración de que hay una recuperación económica (que “ya nadie discute”, Montoro dixit) y que va a continuar (crecimiento del PIB para 2015 del 2 %), cuando resulta que la UE está entrando en una nueva recesión (la tercera) y que si bien España lleva varios trimestres de incremento del PIB se verá arrastrada por esa situación que afecta a las principales economías de la Zona Euro: Italia, Alemania y Francia (1). Todos los grupos parlamentarios coinciden en esta consideración inicial.

El Gobierno ha dicho que uno de sus objetivos con estos presupuestos es reducir el déficit hasta 4,2% del PIB. Si la previsión del déficit público para 2014 no es inferior al 5,5 %, está claro que esa reducción bien se hará aumentando ingresos, bien disminuyendo gastos. Dicen que aquellos aumentarán gracias a una mayor actividad económica, pero ya hemos visto que es pura ilusión. No queda otra que rebajar el déficit a base de disminuir el gasto público. Más recortes. ¿Beneficia esto a la inmensa mayoría de la población? No.

La rauda modificación de la Constitución del 78 (art. 135), por los dos principales puntales del Régimen, PSOE y PP (¡dónde está la soberanía del pueblo con la que se les llena la boca!), garantiza la prioridad del pago a los acreedores, a los usureros, en detrimento de las personas, familias trabajadoras y pequeñas empresas. La satisfacción de sus necesidades vitales no es su problema. Así, los PGE contemplan una partida como pago de los intereses de deuda pública (ahora por encima del 97,5 % del PIB se prevé supere el 100 % para 2015) de 35.490 millones €. Compárese con el gasto total destinado a las prestaciones por desempleo, que se reduce un 15% (4.427 millones € menos), respecto a 2014, y es de 25.300 millones de euros. ¿A quién beneficia y a quien perjudica esto?

El Ejecutivo lo justifica asegurando que este recorte se debe a la “mejora del mercado laboral”, pero sin embargo la bolsa de desempleados que no recibe ningún tipo de prestación ha ido aumentando con los años, abarcando actualmente al 40 % de los parados, y la recesión, que está llamando a nuestra puerta, llevará a un repunte del paro. Por otro lado, si bien es cierto que el pago de intereses se reduce un 3%, en relación con 2014, resulta que es más del doble de la cantidad que se pagaba al inicio de la crisis: 16.631 millones (2008).

La deuda pública, cada vez mayor, y los intereses de la misma son consecuencia de una política económica neoliberal. Ahoga cualquier atisbo de reactivación económica sólida. Una política económica de signo distinto, con un importante gasto público y fuertes inversiones públicas, donde el Estado juegue un papel protagonista en la economía, permitiría desarrollar sectores productivos, sobre todo la industria, que impulsarían la economía y generaría empleo en cantidad como la situación requiere.

Sin embargo, tenemos, por ejemplo, que estos PGE dedican sólo 763 millones a inversiones públicas. Esto, hablando en plata, es una birria cuando se requiere, si buscamos esos objetivos, la inversión de decenas de miles de millones. Los siervos políticos del capital son conscientes de ello pero, en tanto que tales, les importan un bledo dichos fines, puesto que el suyo es garantizar el aumento de la tasa de ganancia y los intereses de sus amos.

Veamos otras partidas significativas destinadas a protección social. Así, los presupuestos del SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal) se ven reducidos en un 10,8 %, con un montante de 30.245 millones €. El IPREM (Indicador Público de Renta de Efectos Múltiples) mantiene congelada su cuantía (desde 2010, lo que supone una pérdida de poder adquisitivo) en 532,5 €/mes. Se congela también la financiación del SAAD (Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia) en 1.087 millones, sin olvidar que la cobertura para 2015 se ampliará a más de medio millón de beneficiarios. El gasto en Sanidad sufre un nuevo descenso hasta situarse en la mitad de lo que se presupuesto para 2011.

En resumen, estos presupuestos conllevarán una mayor exclusión social y pobreza, ayudarán a mantener el paro crónico (la OIT ya ha dicho que hasta 2023 no volveremos a los niveles de empleo previos a la crisis) y el exilio forzoso de miles de nuestros jóvenes; al desmantelamiento de los servicios públicos y sociales y a la pervivencia de la crisis. Una vuelta de tuerca más para el proletariado y clases populares. Sin embargo, algunos harán sus agostos.

Y eso sí, Rajoy y sus ministros se congelan el sueldo por cuarto año consecutivo. También la Casa del Rey…

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(1) La entrada en recesión supondrá una disminución de las importaciones de esos países y, por tanto, una disminución de las exportaciones españolas a los mismos y, como consecuencia, un freno a la economía, lo que corrobora el Ministro de Economía, De Guindos, haciendo una afirmación en sentido contrario, al asegurar que la «velocidad de crucero» próxima al 2%” de la economía española se puede mantener dada la «buena» evolución de las exportaciones y un repunte de la demanda doméstica (lainformacion.com, 24/10/14).

Las secuelas de la guerra del 14

noviembre 16, 2014 por  
Publicado en: Artículos

PGMPor Carlos Hermida

La guerra que comenzó en 1914 fue conocida en su momento como “La Gran Guerra”, debido a la enorme movilización de recursos humanos y materiales, al número de países participantes y, por supuesto, por las consecuencias que tuvo. Fue una contienda que cambió el mundo, hasta el punto de que puede afirmarse, como hizo el historiador Eric Hobsbawm, que el siglo XX comenzó en 1914.

La guerra fue una hecatombe demográfica. Nueve millones de muertos y veintiún millones de heridos fue el balance de cuatro años de sangrientos combates, que dejó en los principales contendientes inmensos desequilibrios por sexo y edad. En Francia y Alemania, la mayoría de las familias habían perdido a alguno de sus miembros o habían sufrido lesiones de consideración. Las ciudades se llenaron de hombres lisiados, sin piernas, brazos o con el rostro terriblemente desfigurado. Fue el resultado de una guerra imperialista y de la actuación criminal de los Estados Mayores, empecinados en una táctica de guerra de trincheras que muy pronto se demostró incapaz de alcanzar una victoria definitiva. Las ofensivas y contraofensivas se convirtieron en picadoras de carne humana.

Desde el punto de vista territorial, el final de la guerra produjo una transformación radical del mapa de Europa. El imperio austro-húngaro se desintegró y en su lugar surgieron Austria, Hungría y Yugoslavia. Polonia se convirtió en país independiente, Rumanía amplió sus fronteras y, a consecuencia de le revolución rusa, Estonia, Letonia, Lituania y Finlandia adquirieron la independencia. Alsacia y Lorena volvieron a Francia y Alemania sufrió algunas pérdidas territoriales. La cartografía política de 1914 era inservible tras los tratados de paz de 1919.

En el orden político, los cambios fueron trascendentales. Los cuatro imperios existentes en 1914 desaparecieron. La “Caída de las Águilas”, convirtió a los imperios alemán y turco en Repúblicas, el imperio austro-húngaro desapareció como entidad territorial y política y una buena parte de los nuevos países adoptó el régimen republicano. Con relación a 1914 se había producido una democratización de la vida política. Pero, sin duda, la consecuencia política decisiva fue la revolución bolchevique. La revolución socialista de Octubre impactó decisivamente en la marcha de la guerra. La firma de la paz con Alemania en marzo de 1918 (Paz de Brest-Litovsk) y la publicación por el gobierno bolchevique de los tratados secretos firmados por el zar con sus aliados causó una tremenda conmoción en las masa de combatientes. El año 1917 se rompió el consenso social alcanzado por la burguesía en 1914 gracias a la traición de los partidos socialdemócratas, proliferaron las huelgas en las fábricas de armas y en el ejército francés hubo motines entre los soldados. La ilusión de la guerra patriótica se desvanecía a marchas aceleradas y se creaba una situación revolucionaria. En noviembre de 1918, un movimiento revolucionario de marineros y soldados derrocó en Alemania al emperador, fue proclamada la República y el nuevo gobierno aceptó la rendición. Incluso en los países vencedores la agitación social fue la tónica de los primeros años de posguerra. Los ecos de la revolución rusa llegaron a todos los rincones del mundo y el comunismo se expandió con rapidez entre el proletariado. Sin embargo, la guerra tendría otra consecuencia política de signo contrario. La crisis económica, social y política de los años 1919-1923 engendró el fascismo. Entre los excombatientes que retornaban a sus pueblos y ciudades, habituados a la violencia extrema de la guerra y que ahora se hallaban sin trabajo, prendió un mensaje nacionalista, anticomunista y “anticapitalista” que prometía una regeneración revolucionaria. No es una casualidad que Hitler y Mussolini fueran excombatientes y que los primeros grupos fascistas surgieran en 1919.

La guerra también provocó cambios políticos en las colonias. La contienda debilitó a las potencias europeas y los líderes nacionalistas comprendieron que esa debilidad suponía una oportunidad para lograr la independencia o mayores cotas de autonomía. Hubo otro factor que incidió en el auge del nacionalismo anticolonial. La burguesía había justificado el imperialismo con la coartada ideológica de que los europeos estaban llevando la civilización a regiones bárbaras y atrasadas. Esa supuesta superioridad moral se derrumbó con la guerra mundial. Los civilizados europeos se habían masacrado durante cuatro años en una contienda que nunca había tenido lugar en otros continentes. Después de la batalla de Verdún, ¿quiénes eran los bárbaros?

En el orden militar las consecuencias fueron notables. Los militares estudiaron a fondo la guerra y comprendieron que la victoria de la Entente se debió a la superioridad de recursos humanos y económicos; es decir, fueron el esfuerzo industrial y el mantenimiento de la moral entre los ciudadanos los factores de la victoria. En consecuencia, en la siguiente guerra el objetivo sería destruir el potencial económico del enemigo y destruir la moral de sus ciudadanos. Atacar la retaguardia iba a constituir un elemento tan importante como ganar batallas en el frente. Es muy significativo que en el período de entreguerras las grandes potencias se dotaran de una fuerza aérea capaz de bombardear ciudades, arrasar fábricas y destruir infraestructuras.

El arte, la literatura y el mundo de la cultura en general se vieron afectados por la Gran Guerra. Cundió el pesimismo y la fe en el progreso y la democracia sufrieron un duro golpe tras cuatro años de matanzas. En ese contexto de desilusión y frustración se extendió el fascismo entre las clases medias y la pequeña burguesía. Solo la Rusia soviética aparecía como valladar frente a la reacción y el oscurantismo y ofrecía un modelo alternativo a la barbarie capitalista. De las entrañas de la guerra surgió la luz de Octubre que nos sigue iluminando y marcando el camino hacia la liberación de la humanidad.

SÁHARA: 39 años de los ignominiosos acuerdos anti saharauis

noviembre 16, 2014 por  
Publicado en: Artículos, Internacional

Sahara_niñaPor Alia (*) | Octubre nº 77

Se agolpan recuerdos, sentimientos. Nunca olvidaré aquel tiempo de solidaridad, de penalidades, de miedos, y sobre todo de hacer frente a tanta injusticia, a tanto crimen, a un genocidio consentido, ocultado por los muy demócratas países europeos. Éramos un puñado de militantes que apoyábamos y arriesgábamos nuestras vidas, en solidaridad con los saharauis, como se hiciera con el pueblo vietnamita, o el argelino. Lucha contra el imperialismo colonialista. Los más parias de la tierra en rebeldía contra la opresión y la prepotencia imperialista, incluso de las más miserables como la de la España franquista. No, no olvido esos años, no quiero ni puedo olvidarlos. Hacerlo sería renegar de mis anhelos de libertad, de la lucha de los camaradas que me han precedido, de los que todo lo han dado por su dignidad, de los que siguen en la lucha aquí y en todo el mundo, y de ese querido pueblo saharaui que continúa su lucha.                                                                                                      

Noviembre de 1975: el régimen franquista tiene el rechazo de los pueblos del mundo, buena parte de los gobiernos retiran sus embajadores en repulsa por el asesinato de los cinco antifascistas (tres del FRAP y dos de ETA) fusilados el 27 de septiembre. Franco agoniza, su heredero, Juan Carlos de Borbón, es Jefe de Estado en funciones.

En los meses precedentes, la ofensiva del Frente POLISARIO y las movilizaciones de la población saharaui son incontenibles. El 12 de mayo, la misión de la ONU que llega al Aaiún es recibida por 11.000 saharauis que vitorean al Polisario; en mayo comienza la evacuación de mujeres y niños europeos del Sáhara; saharauis integrados en la Patrulla Nómada se sublevan y capturan vehículos y militares del ejército español; deserción de soldados saharauis encuadrados en la fuerzas españolas…

Agosto-septiembre: entrevista en Madrid de El Ouali Sayed (Secretario General del Frente Polisario) y Cortina Mauri (Ministro de Asuntos Exteriores de España), que negocian el intercambio de prisioneros.

14 de octubre: la ONU declara que el pueblo saharaui apoya al Frente Polisario y el TIJ, en sus conclusiones, no reconoce derechos jurídicos sobre el Sáhara español ni a Marruecos ni a Mauritania.

Hassan II anuncias una «marcha pacífica» para el 28 de octubre. España amenaza con trasferir sus responsabilidades a la ONU. El Frente Polisario afirma que opondrá la fuerza armada. El 24 de octubre se produce una entrevista hispano-marroquí en Madrid y se llega a un acuerdo. España cancela la reunión prevista con el Frente Polisario y prohíbe la contramarcha.

28 de octubre: el ejército español pone en marcha la “Operación Lazo”: imposición del toque de queda. Despliegue de tropas alrededor del Aaiún. Cerco de alambradas alrededor de barrios nativos. Desarme de las tropas indígenas (3000 hombres). Evacuación forzosa de la población europea.

7 de noviembre: la Marcha Verde cruza la frontera y acampa en el Sáhara. Fuerzas españolas abandonan las posiciones de contención de la Marcha Verde.

14 de noviembre: “Acuerdos de Madrid”. España, renegando de anteriores declaraciones, cede a las presiones imperialistas (Francia, EEUU…), traiciona al pueblo y firma la entrega del Sáhara a Marruecos y Mauritania el 28 de febrero de 1976.

28 de noviembre: 67 miembros de la Djemaa (Asamblea General del Sáhara) y jefes de tribu deciden en Guelta Zemmur la disolución de la Djemaa, la constitución de un Consejo Provisional Saharaui y la adhesión al Frente Polisario.

Diciembre: resistencia armada, represión generalizada, bombardeo de la Güera; el Polisario denuncia un «genocidio deliberado». Comienza el éxodo de refugiados hacia las zonas liberadas de Tifariti, Guelta Zemmur y Tinduf.

Enero de 1976: Huelgas en Fos Bu Craa. Bombardeo aéreo de los campos de refugiados. El Comité de Liberación de la OUA reconoce al Frente Polisario. La VI Flota norteamericana llega a Casablanca y se entrevista con Hassan II y Ahmed Bensouda (gobernador marroquí en la administración tripartita del Sáhara).

Buscando en los archivos de estos 50 años de historia del PCE (m-l) he encontrado documentos históricos:

Agosto de 1974 (Vanguardia Obrera nº 90): El artículo «Denunciemos los crímenes y maniobras del colonialismo franquista contra el pueblo del Sáhara Occidental» denuncia las maniobras del franquismo para realizar un “referéndum”, creando una especie de “Asamblea de Notables” vendidos, haciéndoles pasar por representantes del pueblo saharaui, por el que quieren aprobar un régimen neocolonialista, legalizado con los votos de los 60.000 saharauis, sin tener en cuenta los 300.000 saharauis huidos, exiliados o emigrados a las zonas limítrofes, y bajo la presión de 50.000 efectivos de las fuerzas ocupantes del ejército, la Legión, policía nómada… (casi una bayoneta por habitante). En dicho artículo se denuncia la represión generalizada contra los patriotas saharauis y la detención, tortura y “desaparición” del dirigente polisario Batsir Sidi Mohamed.

Enero de 1975 (VO 98): ¡Fuera las tropas franquistas del Sahara! […] intensificar nuestro trabajo entre los soldados que sin duda serán tarde o temprano empleados contra el pueblo saharaui.

Febrero de 1976 (VO 123): Se reproduce el llamamiento del Frente Polisario al pueblo español emitido por la emisora “La voz del Sáhara libre” el 4 de febrero, con motivo de la llegada a Madrid del enviado del Secretario General de la ONU encargado de «estudiar el problema del Sáhara Occidental».

Especial emotividad me producen algunos de los documentos editados por el FRAP:

Septiembre de 1974: Cuadernos Políticos nº 4, dedicado íntegramente al Sáhara: «¡Fuera el colonialismo franquista del Sáhara!» Es un estudio de divulgación sobre la historia, recursos, empresas españolas, INI y monopolios yanquis en la explotación de fosfatos, el colonialismo español, la lucha anticolonial, España como plataforma de la VI Flota Norteamericana e intereses geoestratégicos…

21 de junio de 1975: Comunicado conjunto del FRENTE POLISARIO y el FRAP. Ambas organizaciones «están de acuerdo en intensificar su lucha común, como parte de la lucha de todos los pueblos oprimidos del mundo contra el imperialismo, el colonialismo y la reacción. En particular, el FRAP llama a todos los antifascistas y a todo el pueblo español a levantar un poderoso movimiento de solidaridad y apoyo a la heroica lucha del pueblo del Sáhara contra el colonialismo, por su independencia nacional y su libertad».

Mayo de 1976: en la proclamación de la Convención Republicana de los Pueblos de España (creada para dar continuidad y profundidad a la lucha política en la nueva situación creada ante la fraudulenta maniobra de la transición), ésta manda un mensaje al Gobierno de la República Árabe Saharaui Democrática: «La CRPE, que tiene como objetivos fundamentales el derrocamiento de la monarquía fascista, el rescate de la independencia nacional, la implantación de la República y la autodeterminación de las nacionalidades, no puede pasar por alto las criminales responsabilidades del colonialismo español y en particular el determinante papel que jugó el actual rey, impuesto a España, en un complot internacional contra vuestro pueblo, que ha abierto las puertas a los agresores marroquíes y mauritanos. Deseamos la libertad y la independencia del Sáhara Occidental tanto como la nuestra.   Estamos seguros que la razón y la victoria están de vuestro lado».

39 años de esos ignominiosos acuerdos; decenas de resoluciones de la ONU que son violadas por Marruecos con la aquiescencia internacional; generaciones de saharauis que nacen y crecen en los campos de refugiados; represión brutal de los saharauis en los territorios ocupados por Marruecos; expolio de las riquezas naturales y los caladeros saharauis con la participación directa del gobierno español.

Dignidad de un pueblo que en el exilio y en el interior lucha por su libertad e independencia. Vergüenza e ignominia de todos los gobiernos de España de estos 39 años de traición hacia el pueblo saharaui.

¡Solidaridad y apoyo a la justa causa del pueblo saharaui!

¡Denuncia a los gobiernos de España y a los intereses imperialistas en este lugar del mundo!

*Nombre saharaui de la enfermera del FRAP que participó en la ayuda activa al Frente Polisario en los campamentos de refugiados, desde 1975 hasta 1977.

Entrevista: Desenmascarando mitos, visualizando porqués y dando alternativas [audio]

octubre 26, 2014 por  
Publicado en: Artículos, Multimedia

El profesor e historiador Carlos Hermida nos ofrece esta agradable entrevista de interés obrero y revolucionario.
Saquen sus conclusiones.
¡POR EL FRENTE POPULAR Y UNA REPÚBLICA POPULAR Y FEDERAL!

La corrupción es sistémica

octubre 25, 2014 por  
Publicado en: Artículos

CorrupciónPor Cano Iglesias |

Día tras día, semana tras semana, en los voceros de la gran burguesía se nos habla constantemente de corrupción. Largas listas con nombres de reconocidos políticos, banqueros y empresarios colman los noticieros de la prensa, radio o televisión. En definitiva, últimamente pareciese como si los medios de comunicación no tuviesen otros asuntos con los que informar.

Pero los periodistas y politólogos al servicio de los “mass media” se olvidan de una cuestión fundamental. Los escabrosos casos de corruptela tienen su origen en la total ausencia de democracia en todos sus aspectos, tanto en el plano económico como en el plano político. Es decir, en el propio modelo capitalista y en el Estado burgués, cuya expresión concreta en las naciones y pueblos de España es el Régimen Monárquico, el cual salvaguarda tal sistema productivo. Veamos:

La esencia del capitalismo se inscribe en la explotación del hombre por el hombre, la cual propicia en los seres humanos actitudes egoístas, que inequívocamente conducen al individualismo. Al vivir bajo esta visión una parte de la ciudadanía se realiza sumando ganancias,  acumulando bienes y expropiando recursos naturales.

Teniendo clara esta primera premisa, el individualismo y la corrupción se relacionan en razón de que si somos individualistas nos alejamos más de los derechos de la colectividad, trayendo como consecuencia el mero interés personal, satisfaciendo nuestros egos y placeres, sin importar como conseguirlos. Es un hecho indiscutible.

Además, no podemos olvidar que en la división de la sociedad en distintas clases, consubstancial al propio capitalismo, descubrimos la mayor de las perversiones. Ésta es ni más ni menos que la desigual distribución de las recompensas materiales y simbólicas, generando así pobreza para una mayoría.

Los comunistas señalamos alto y claro que las élites se están enriqueciendo descaradamente con los dolorosos impuestos que pagamos los trabajadores, aun más en tiempos de latente crisis. Es indignante que los partidos políticos del turnismo nos impongan austeridad, materializada en recortes en lo público y, sin embargo, despilfarren en a saber qué tipo de masajes y demás lujos innecesarios a la par que costosos. Cada euro que nos roban es fruto de nuestro sudor y sangre. Repetimos, indignante.

A continuación, y no por ello menos importante, hay que recalcar el papel continuista de la Monarquía Parlamentaria con el franquismo, es decir, con la misma clase oligárquica de antaño, aquella que nos esclaviza, aquella que tienes más posibilidades de prosperar. Por lo tanto, los actuales poderes ejecutivo, legislativo y judicial en España se nutren en gran medida de los altos niveles del caciquismo en la dictadura fascista, perviviendo éste en nuestras actuales instituciones, ya que uno hubo una auténtica brecha entre los dos períodos. Se trata de una cuestión del carácter ideológico del Estado, que pertenece al poder económicamente dominante, el cual en la actualidad maneja la administración y el dinero público como si fuese un cortijo.

Irónicamente, hay quienes elaboran hipótesis acerca de lo que algunos expertos de la comunicación llaman “inicio de una nueva era”. Esa ” nueva era ” la sitúan tras la abdicación del anterior rey Juan Carlos de Borbón, el debilitamiento del bipartidismo ( que se hizo evidente con los resultados de las últimas elecciones al parlamento europeo ), e indudablemente, los múltiples casos de corrupción que se están dando, pero sin definir en que consiste realmente esa posible etapa. Es cierto que se han dado algunos movimientos judiciales en el sentido de combatir el soborno o el cohecho, pero son ocasionales y no tocan en lo esencial. Incluso el revisionismo, con Podemos a la cabeza, ha salido al centro de la actividad política en nuestro país con nuevas fórmulas. Sí, algo se está ” cocinando “, pero a muchos ya no nos pueden engañar. Este ciclo no es ni más ni menos que un lavado de cara del modelo impuesto para frenar el avance de las organizaciones marxistas y populares, las que luchamos en las calles codo con codo por un nuevo porvenir más justo e igualitario.

Seamos claros, la depravación es un ataque directo contra el proletariado, la mujer o el estudiantado, e incluso un daño a la integridad física de la mayoría social oprimida. Nos referimos, por ejemplo, a la llamada “Operación Carioca”, la cual salpica a políticos, empresarios y agentes de los cuerpos represores en la provincia de Lugo en una trama de prostitución, todo ello acompañado de asesinatos de varias meretrices. No caben medias tintas, la lucha contra la corrupción debe de ser tarea diaria de los marxistas leninistas aquí y en el resto del mundo.

Por ello, para los revolucionarios solo cabe una respuesta decidida y consecuente. Apelamos, como siempre, a la unidad de la izquierda transformadora por un sistema totalmente democrático, tanto en lo político como en lo económico. Combatir semejante panorama no es ni más ni menos que fortalecer las posiciones, y filas, del Partido Comunista, para la instauración de una República del pueblo, como camino inexcusable hacia la conquista socialista.

Éste es nuestro compromiso, trabajar unidos por la ruptura democrática y la planificación de la economía, porque la única manera de acabar con semejantes actitudes deshonestas es poniendo los medios de producción en mano de la clase obrera e impulsando la democracia participativa real.

Tened por seguro, compañeros, que el futuro poder obrero que construiremos todos juntos barrerá cualquier vestigio de actitudes mafiosas, indecentes, porque el bien común será de primer orden.

¡¡¡Ánimo, y a cumplir!!!

El Bloque histórico

octubre 16, 2014 por  
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Por Efrén H. | Una de las aportaciones fundamentales de  Antonio Gramsci al marxismo fue el concepto de BLOQUE HISTÓRICO, elemento clave en la articulación del pensamiento gramsciano (1).

El bloque histórico se refiere a una situación histórica concreta en la que se distingue una  estructura social  –las clases sociales–, que depende directamente del desarrollo y la relación de  las fuerzas productivas, y una superestructura ideológica y política. La relación que se establece entre ambas es el aspecto esencial de la noción del bloque histórico:  “la estructura y la superestructura forman un «bloque histórico», o sea que el conjunto complejo, contradictorio y dis¬corde de las superestructuras es el reflejo del conjunto de las relaciones sociales de producción. De ello surge: sólo un sis¬tema totalitario de ideologías refleja racionalmente la contradicción de la estructura y representa la existencia de las condiciones objetivas para la subversión de la praxis” (2).

Entre la estructura y la superestructura hay una unidad orgánica,  una relación de interdependencia y reciprocidad. Una relación, en fin, dialéctica.

Gramsci concedió una especial importancia a  la superestructura, donde distingue dos esferas: la sociedad civil y la sociedad política. La primera comprende el campo extremadamente complejo de  la ideología, mientras que la sociedad política se refiere al ámbito del Estado y los aparatos de coerción. Entre ambas hay una estrecha relación, puesto que las clases dominantes ejercen su poder no solo a través de la coacción, sino mediante la hegemonía ideológica sobre las clases dominadas, de tal forma que el Estado podría definirse como la suma de coerción más hegemonía. Esta hegemonía estaría asegurada por la capa social de los intelectuales, encargados de transmitir la concepción del mundo de la clase dominante a todos los grupos sociales. El intelectual se encuentra ligado a la clase a la que representa, aunque este vínculo no es mecánico, sino que mantiene una relativa autonomía respecto a esa misma clase.

Resumiendo, el bloque histórico se estructura en dos esferas complejas. Por un lado una estructura económica a la que corresponde una determinada sociedad  en la que domina una clase fundamental; por otro, una superestructura en la que esa clase organiza la hegemonía ideológica y la dirección política sobre las otras clases. Los intelectuales vinculados a esa clase dominante son los encargados de mantener esa hegemonía y ligar la estructura económica y la superestructura.

En el desarrollo histórico se puede abrir en el seno  de ese bloque una crisis orgánica,  resultado de la evolución y los cambios en la estructura económica que no tienen su correspondencia en la superestructura. En la medida que la clase dominante ya no es capaz de ejercer la hegemonía ideológica,  se produce una ruptura entre la clase dominante y las clases dominadas, se abre una situación revolucionaria. El desenlace de esa situación dependerá de una diversidad de factores. Si la clase dominada fundamental –el proletariado– es capaz de organizar un sistema  hegemónico alternativo mediante la creación de su propia dirección política e ideológica, puede alcanzar el poder y estructurar un nuevo bloque histórico. Ahora bien, teniendo en cuenta la situación de los países de Europa occidental, en los que hay una fuerte sociedad civil, Gramsci pensaba que la clase obrera debería optar por una guerra de posiciones contra la burguesía; es decir, dar prioridad a  lucha ideológica, conquistar la sociedad civil mediante la disgregación del bloque intelectual dominante, atrayendo a los intelectuales al campo del proletariado, lo que no excluye la conquista del poder mediante una guerra de movimientos en determinadas circunstancias.

La aportación de Gramsci sobre el bloque histórico tiene plena actualidad en España. Por muy grave que sea la crisis económica, el capitalismo no está condenado necesariamente a desaparecer ni la burguesía va a ser inevitablemente derrocada. La crisis del 29 ya demostró la capacidad de resistencia de la burguesía y  la salida política de la crisis fue la derrota de la clase obrera y la difusión del fascismo. La burguesía tiene suficientes recursos materiales e intelectuales para mantener su hegemonía. De lo que se trata, por tanto, es de dilucidar, en primer lugar, si estamos en presencia de una crisis del bloque histórico propiciada por la crisis económica y, si es así, establecer por parte de la izquierda la táctica y la estrategia adecuada.

Es evidente que en nuestro país el consenso político de la transición se ha roto y un sector muy importante de las fuerzas populares ya no se siente representada por los partidos del sistema. En este sentido, la burguesía española ha comenzado a perder la hegemonía ideológica sobre las clases dominadas y recurre cada vez más abiertamente a la represión policial, pero también es cierto que la clase obrera no logra organizar una alternativa política  ni atraerse a la mayor parte de los intelectuales. Es necesario, por tanto, la unidad del las organizaciones de izquierda en torno a un programa de ruptura   capaz de aglutinar a amplios sectores de la sociedad española. Esa será la base sobre la que se forme el Frente Popular, que  no puede generarse espontáneamente a partir de movimientos ciudadanos que en muchos casos responden a intereses concretos y parciales. En torno a la ruptura republicana puede tejerse un nuevo bloque histórico que  afronte y solucione los gravísimos problemas de nuestro país. En caso de que esa unidad no se materialice, la burguesía puede recomponer su hegemonía mediante la promoción de nuevas fuerzas políticas que generen ilusión  entre las clases populares sin apostar por una ruptura del sistema. Esa recomposición pasaría por captar a un sector de intelectuales  instalados actualmente en el espacio de posiciones de izquierda, pero que no están ligados orgánicamente al proletariado y susceptibles, por tanto, de elaborar un discurso capaz de reorganizar el bloque histórico dirigido por la burguesía. ¿Es este el caso de “Podemos”?
——————————-
1. Sobre este tema es especialmente interesante la obra de PORTELLI, Hugo: Gramsci y el bloque histórico. México, Siglo XXI, 1973.

2. GRAMSCI, A: El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce. México, Juan Pablos Editor, 1986. Pág. 48.

Organización y organización de clase, por J. Romero

octubre 16, 2014 por  
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J. Romero. Junto a la indeterminación política, la moda pequeñoburguesa del “ciudadanismo”,  proclama la obsolescencia de la organización de clase, centralizada y permanente: Las plataformas ciudadanas, dicen, permiten que la gente (los ciudadanos) participen en sus problemas reales; los partidos son estructuras esclerotizadas que no facilitan la participación de la gente en sus asuntos; los grandes objetivos políticos, los ideales (la ideología), hacen que la ciudadanía pierda interés en los problemas “que tienen solución”; la rigidez de la organización política les aleja de la política, por eso se necesitan formas más flexibles y más difusas de militancia.
Ahora bien, la tendencia pequeño burguesa en la organización no es nueva, ni es propia de España. La hemos visto aparecer en otros países, en situaciones de crisis política: Los Verdes alemanes*(1); el Partido Radical Transnacional de Marco Pannella en Italia, el Movimiento de los Forajidos en Ecuador*(2), son otros tantos ejemplos de “nuevos modelos organizativos”. Su resultado ha quedado probado: se diluyeron o derivaron en formaciones políticas rígidamente centralizadas e implicadas objetivamente en el sostenimiento del capitalismo. Y en todos los casos contribuyeron a desviar  al proletariado de su objetivo revolucionario
Todos estos ejemplos usaron como banderín de enganche el rechazo a la política y al modelo de partido “tradicionales”, el desprecio a los políticos como casta de técnicos ineficientes, la exaltación de las formas espontáneas de intervención política, la dispersión de sus objetivos, la exacerbación de las formas “democráticas” burguesas y la aceptación del sistema que únicamente se proponen hacer más eficiente, etc.
¿Es necesaria la organización?
Que la organización centralizada es imprescindible para intervenir en la vida política no lo decimos solo los leninistas; incluso un abanderado de las formas más dispersas de organización, como JC Monedero, señalaba recientemente: “Si alguien en un círculo dice una cosa, otro la contraria en otro lado y cada uno dice lo que le viene en gana…qué bien, que libres somos, pero esto no es entonces una formación política. …la tensión justa entre ejecución y participación sólo se encuentra de manera dialéctica con mucha deliberación” Entrevista en “Público.es” 1/6/2014. Cabría añadir que tras esa fórmula mágica (la deliberación), finalmente, la tensión dialéctica solo puede resolverse con la ejecución de lo acordado, por lo que al final, su modelo de  organización sirve para lo que todos: establecer unas normas de adopción de las decisiones (que necesariamente deben incorporar una estructura orgánica), priorizar los objetivos acordados, controlar su aplicación, garantizar la participación de los militantes y delegar la dirección de los asuntos en órganos específicos. *(3)
Claro que la táctica política está sujeta a cambios y, por tanto, es preciso garantizar un debate constante en la organización para adecuarla a las modificaciones que se producen, máxime en situaciones tan fluidas como la actual, pero las decisiones deben ser aplicadas si se quiere hacerlas viables y contrastar su idoneidad con la realidad.
¿Es necesaria la organización de clase?
Para el “ciudadanismo”, la lucha política se reduce a un problema técnico: determinar cuál es la opinión de la mayoría y aplicar su decisión. Se olvida que en una sociedad dividida en clases, una de ellas (la que ostenta el poder político) impone a las demás no solo un determinado modelo económico, social, cultural, ideológico, etc., sino unas reglas jurídicas e instituciones que condicionan totalmente las relaciones políticas.
Por esa razón, los intereses de los distintos sectores deben articularse de forma permanente en estructuras orgánicas con reglas claras y unificadas para establecer los objetivos colectivos, de clase. Sólo así podrán expresar en la lucha política sus propias reivindicaciones. Lenin señalaba: “…Los marxistas entienden…que…para que las masas de determinada clase puedan comprender sus intereses y su situación, aprender a aplicar su política, es necesaria, cuanto antes y por encima de todo, la organización de los elementos más avanzados de la clase, aunque al principio sólo constituyan una parte ínfima de la misma”
Y, si las formas de organización están mediadas por los intereses de la clase a los que sirven, toda organización que se defina a sí misma como ajena a la división de clases podemos calificarla como burguesa, porque sólo la burguesía considera que el modelo social actual, el capitalista, es el único realmente posible, y por lo tanto entiende que no existen intereses de clase que deban organizarse de forma independiente. Esa es la razón por la que la burguesía ve “ciudadanos” y no trabajadores y considera tanto la organización como la lucha política algo ajeno a la lucha de clases.
No nos engañemos, la lucha de la clase obrera por su objetivo central: el derrocamiento revolucionario del capitalismo le enfrenta a una clase, la burguesía, que lleva decenios controlando un poderoso aparato de coerción, que tiene a su servicio un ejército de especialistas en las más diversas materias capaces de legislar, crear opinión, intoxicar y desinformar;  conoce los “secretos” de la administración, dispone de una red de relaciones e interconexiones internacionales enorme, etc. Y la mejor prueba de lo que decimos la dan los medios de comunicación ligados a sectores “más inteligentes” de la oligarquía, que están promoviendo activamente alguna de estas corrientes pequeño burguesas, para intentar debilitar la organización independiente del proletariado.
Por eso, enfrentarse a ella requiere determinación y firmeza políticas y una organización centralizada que las garanticen, que establezca qué objetivos son los prioritarios en cada momento y supedite a ellos los demás, mediante el análisis, la toma de decisiones y el control de su aplicación colectivos y una rígida disciplina consciente que garantice el cumplimiento de los acuerdos, etc. (ver artículo de Octubre nº 74: Sobre el centralismo democrático)
El modelo leninista de Partido, entiende la organización proletaria como un instrumento que agrupa al sector más lúcido, de vanguardia, del proletariado; como algo más y distinto a una suma de sectores y sensibilidades: su función es dotar de objetivos emancipadores a las luchas parciales, orientándolas hacia la  superación revolucionaria del capitalismo, dirigir y centralizar todos los esfuerzos hacia este objetivo. Puede, por tanto,  llegar a acuerdos tácticos con otras organizaciones ajenas a la clase obrera, pero no diluirse en ellos.
Sin embargo, para los oportunistas de todo tipo,  no existe una identidad única para toda la clase y por tanto, la organización, central y centralizada, expresión de esa identidad de clase, se fragmenta en una suma de identidades parciales que se constituyen en centro del interés y de la actividad de cada militante. Y esta dispersión de objetivos tiene una lógica relación con la renuncia de todas estas corrientes al objetivo central del proletariado que es la superación del capitalismo.
El modelo leninista es, por esa razón, centro de los ataques de las diversas corrientes oportunistas y pequeño burguesas que intervienen en el campo popular. Frente a la organización centralizada, ellas levantan el “libre pensamiento”, la dispersión organizativa, la militancia sin compromiso, con asambleas decisorias “no presenciales” u otras fórmulas de moda según los tiempos; frente a los principios de clase ellas propugnan el interclasismo, tendencias todas que llevan a la inoperancia o a una mayor centralización, por cuanto no garantizan unas reglas claras que permitan al militante participar realmente en la vida orgánica.
Alguna de estas corrientes se define como “anticapitalista”, pero no se plantean la superación revolucionaria del capitalismo, sino únicamente su reforma: únicamente quieren corregir sus imperfecciones, volver, como señalaba Lenin, al capitalismo “bueno” de libre competencia que respeta las libertades democráticas (esa fue la bandera de la burguesía en su lucha contra el antiguo régimen, hasta que logró controlar el estado y convertirlo en su instrumento de dominación de clase). Para evitar las crisis y recuperar la normalidad democrática, basta con atajar las imperfecciones concretas del capitalismo no es necesario destruirlo,  basta con eliminar la casta ineficiente que sirve al estado capitalista, castigar la ineficiencia de los “políticos”, y establecer métodos novedosos para que opine la mayoría. No comprenden (o no quieren comprender) que para garantizar estas cuestiones, es preciso ejercer una presión política contra la minoría oligárquica y echar abajo el régimen que sustenta su dominio.
¿Es más democrático el modelo disperso de organización?
No faltan experiencias históricas de que la aparente libertad orgánica del anarquismo, por ejemplo, contradice frontalmente su obsesión conspirativa, que le llevó ya en los albores de la organización proletaria, en el s. XIX a depender de pequeños núcleos de activistas y de la personalidad de un reducidísimo número de dirigentes. Su tendencia a la dispersión y su rechazo de la lucha política condujeron, por otra parte, a dolorosas derrotas frente al enemigo de clase.
Tampoco faltan ejemplos recientes que apuntan en ese mismo sentido. Así, en España, tras la muerte de Franco, conforme la izquierda “marxista” abandonaba el principio leninista de organización  fue imponiéndose un modelo más liberal (en el pleno sentido burgués del término). En él, cada “jefe de filas” marcaba su propia línea y establecía compromisos con sus pares, formando familias y capillas que  han terminado por minar la vida democrática interna; los grupos de representación institucional se independizaron del control de la organización (si cada “barón” era libre de decidir si aplicaba o no los acuerdos colectivos, ¿por qué razón los diputados o alcaldes debían sujetarse a ellos?) y terminaron controlando la actividad política de la organización, etc.
En definitiva, desde hace muchos años, amparado en una liberalización formal de la militancia, en un relajamiento de la disciplina, se impuso en realidad un modelo de organización disperso, en el que cada militante tenía formalmente la posibilidad de intervenir sin sujetarse a ningún cauce orgánico, pero el control real y efectivo pasaba cada vez en mayor medida a un aparato reducido y dividido, sin objetivos comunes: un modelo  antidemocrático además de ineficaz.
Frente a las modas que diluyen la fuerza política del proletariado en una indeterminación constante y pretenden convertir su organización en un instrumento inútil, los comunistas no debemos olvidar  ni por un instante lo que señalaba Lenin: “la inevitabilidad de la lucha de clase del proletariado por el socialismo contra la burguesía y la pequeña burguesía más democráticas y republicanas…de la que se desprende la necesidad absoluta de que tenga un partido propio, independiente y rigurosamente clasista” (Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática). Política y organización de clase son conceptos dialécticamente relacionados.

*(1).- La evolución del Partido Verde alemán queda perfectamente definida al decir que, nacida como una formación eco pacifista, fue un Ministro de ese partido, Joschka Fischer el que ordenó el despliegue de un contingente militar alemán, para intervenir en acciones de combate fuera de sus fronteras, por primera vez desde la II Guerra Mundial.
*(2).- En Ecuador, al calor de la lucha popular contra Lucio Gutiérrez, se aireó el éxito (que resultó efímero) de un movimiento pretendidamente “espontáneo”, contra la tiranía de la partitocracia. Este movimiento de los Forajidos, potenciado y articulado por la socialdemocracia y la democracia cristiana, con medios controlados por la burguesía (radios, periódicos, etc.) fue saludado por algunas fuerzas españolas de izquierda como ejemplo de una nueva corriente política capaz de articular a las más amplias masas populares y situarlas bajo la dirección de “movimientos sociales” libres del control de los partidos “tradicionales”. Terminó preparando el terreno para que Rafael Correa y su “revolución ciudadana” dirigida por el “Movimiento Alianza País”, se hicieran  con el gobierno de Ecuador, sobre unas bases “ciudadanistas”. La política populista de Correa ha ido derivando paulatinamente hacia formas autoritarias y la represión de las organizaciones de la clase obrera ecuatoriana son una constante de su actuación.
*(3).- “…Corresponde a la Asamblea Ciudadana Estatal, o los órganos en los que delegue, todas las decisiones relativas a las líneas básicas de acción política general, los objetivos organizativos, las vías de financiación, la representación,…, la planificación de las estrategias electorales en todos los niveles territoriales, la definición de acuerdos o eventuales alianzas con otros grupos sociales o políticos”  Punto 9  Pre-borrador Principios Organizativos de Podemos. (el subrayado es nuestro).

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