Por Agustín Bagauda

El 7 de septiembre, en la cárcel de Carabanchel, escribía Xose Humberto Baena:

“Mi palabra, / el eco de mi voz que, tras la muerte, / arengará a los míos; / ¿se callará algún día? / Mi palabra, / justicia combativa, grita fuerte / al pueblo que el 36 vencido / ¡tendrá para siempre vida!”

No, Xose, no se ha callado. De continuo la escuchamos. Seguís vivos en nuestros corazones, en nuestra lucha. Y nos sigue infundiendo ánimo, fuerza y seguridad en la victoria. Vuestras mismas inquietudes políticas de libertad y democracia real siguen vivas en nuestro pueblo. El Partido, tu Partido, mantiene en alto las banderas por cuya causa, la del pueblo, la del proletariado, la de la emancipación de la humanidad, derramasteis vuestra sangre. Vuestra voz, vuestra palabra, vuestro ejemplo, los hemos propagado como nuestras fuerzas nos han dejado. Ten presente, que nunca estaréis bajo tierra pues, como dijo Txiki, sois “viento de libertad”.

Por enarbolar esa bandera nos han seguido golpeando, Xose, pero hemos sabido encajar los golpes y reponernos, golpe que también ha venido de dentro y sus autores siempre han terminado enfangados, más pronto que tarde, en la charca del revisionismo. Nos han puesto zancadillas y hemos tropezado por nuestros errores, pero nos hemos levantado. Y lo hemos hecho porque tenemos donde asirnos: a los nobles y altos ideales de la república, el socialismo y el comunismo. Vuestros ideales. Es cierto que nos queda mucho por andar, pero seguimos caminando.

Hemos luchado, luchamos, por esos ideales y, por tanto, contra aquellos que los quieren mancillar, tergiversar, amputar, para desorientar y desviar de su camino de libertad, democracia y emancipación a nuestros pueblos, a la clase obrera; contra el variopinto oportunismo, contra el viejo revisionismo y el de nuevo cuño, ese “ciudadanismo” que reniega de la clase obrera y la mira altivo, de calculada ambigüedad, enfermo de institucionalismo, tan ávido de poltronas, populista. Y en esa honrosa pelea están nuestros jóvenes, jóvenes como tú, Xose, como José Luis, Ramón y Cipriano. Creo os sentiríais orgullosos si los conocierais, si los hubierais visto en nuestro último campamento de la juventud debatir, confraternizar, en un ambiente de camaradería, mostrando siempre determinación por un futuro mejor, aquel por el que disteis vuestra vida.

Xose, poco después de que os asesinara murió en la cama (¡lástima!) el “Caudillo de las Españas/ yunque de forja y martillo/ herrero condecorado/con bombardeos y gritos/ de combatientes absortos/ y montañas de caídos”, ese “Ángel exterminador de primaveras y lirios” (en palabras de Ramón Hernández). Murió como empezó, asesinando a cinco antifascistas y revolucionarios. Crimen que mostró la naturaleza fascista y sanguinaria, de principio a fin, del franquismo, contra el que (siempre lo hemos defendido) todas las formas de lucha eran legítimas.

Los tres camaradas representabais la lucha consciente, organizada y de masas. No podían permitir que sectores populares avanzados se organizaran en un frente de lucha, en el FRAP, que, como bien sabes, nacía en un contexto concreto de agudización de las luchas, de intensificación del terrorismo de Estado y de “las maniobras de cara a la transición con el apoyo de Carrillo, totalmente entregado a la burguesía”. Un FRAP que tomaba fuerza y que les causaba miedo porque, además de lo dicho, llegado el momento había visto la “necesidad de pasar a una forma más elevada de lucha”, la lucha armada, donde vital era “vitalizar la calle, que la calle en España pase a ser el escenario de la voluntad del pueblo español”, que enfatizara Álvarez del Vayo. Erais y representabais un muy mal ejemplo para el pueblo, pensaban, y había que dar un escarmiento. Vosotros, camarada, pagasteis con vuestras preciadas vidas tal castigo “ejemplar”. A ello obedece vuestro asesinato a manos de quien siempre fue verdugo de pueblos.

Xose, el genocida murió, pero siguió con vida porque (permíteme hablar así aunque seamos ateos) su espíritu pasó al siniestro J. Carlos, a quien, como tú sabes, Franco designó a dedo para sucederle; ese que dijo que “todo lo que soy se lo debo a Franco”. Este ser despreciable, Xose, apareció junto al felón pocos días después de que os mataran, en los balcones del palacio de la Plaza de Oriente, en un acto de adhesión al régimen como reacción ante la masiva movilización internacional de solidaridad con vosotros cinco y de condena del franquismo.

Este personaje, Xose, no juró la Constitución, que se aprobó fraudulentamente en el 78, porque previamente había jurado los Principios Fundamentales del Movimiento. Este individuo participó y fue promotor de un golpe de Estado en el 81, que utilizó para consolidarse. Y abandonó a su suerte al pueblo saharaui. Le hemos tenido, y a toda su familia, cargado a nuestras espaldas durante casi 40 años. Su reinado, te diré, ha estado salpicado de todo tipo de escándalos y corruptelas, hasta tal punto que tuvo que abdicar en su hijo Felipe, hace cuatro años, para lavar la cara a la Monarquía. El espíritu de Franco cambiaba de cuerpo. Así se hizo la “Transición”, dirigida por sus acólitos y donde las mismas clases dominantes continuaron dominando.

Y así, camarada, 43 años después seguimos teniendo un régimen cuya legitimidad se la otorgó el 18 de julio, y una constitución que se pergeñó sin proceso constituyente, con presos políticos en las cárceles, partidos ilegalizados, represión generalizada y docenas de muertos en las calles a manos de la policía o fuerzas paramilitares fascistas que tenían el apoyo y/o connivencia del Estado, ahora monárquico. Te puedes imaginar, pues, qué tipo de “democracia” tenemos. Los derechos sociales y políticos y conquistas que hoy disfrutamos son los que los pueblos de España y la clase obrera con su lucha, con sus organizaciones de clase, como el PCE (m-l) y el FRAP, con sus dirigentes y su vanguardia, como vosotros, esas “cinco espigas jóvenes” que dijo Carlos Álvarez, lograsteis arrancar a la oligarquía y al franquismo.

¿Y qué decirte de Felipe VI? Este individuo mantiene relaciones con estados que financian y apoyan un terrorismo islámico alimentado por las guerras imperialistas en Oriente próximo y África y que en 2004 y 2017 se cobró decenas de víctimas inocentes en Madrid y Barcelona (“¡Vuestras guerras, nuestros muertos!”, claman los manifestantes contra la guerra); mantiene amistad con “compiyoguis” (así les llama su mujer) de más que dudosa reputación; calló y calla las miserias e ilegalidades (supuestamente) de su padre; y, recientemente, hizo un llamamiento a emplear mano dura contra el pueblo de Cataluña, que solo quiere hablar y decidir democráticamente su propio destino. Porque, Xosé, el Estado monárquico es, como antes lo fuera el franquismo, una cárcel de pueblos.

El tal Felipe encabeza un estado que legisla la represión, encarcela a jóvenes por ejercer derechos democráticos como el de huelga y de libertad de expresión, cercena derechos y libertades. Un estado, camarada, que ha iniciado una deriva autoritaria a rebufo de una crisis que explotó hace diez años, y que ha sido utilizada para aumentar la explotación de la clase obrera y empeorar las condiciones de vida de las clases populares en beneficio… del capital.

Estamos en un régimen donde la corrupción es sistémica, la desigualdad toma carta de naturaleza y la pobreza se enseñorea en barrios, pueblos y ciudades de nuestra maltratada España. Un régimen, Xose, que se cae a pedazos. Pedazos que quieren pegar poniendo en práctica la peor acepción de ese verbo. El franquismo nunca murió; permaneció vivo en todas las instituciones de la Monarquía. “De aquellos polvos, estos lodos”. Te harás una idea mejor si te digo que ahora, ¡43 años después!, un gobierno del PSOE parece que quiere sacar al felón del Valle de los Caídos donde se le enterró (no puede ir más allá por la hipoteca con la “Transición”) y que, movidos por ello, un centenar de militarotes han firmado, impunemente (¡aquí no pasa nada si se hace apología del genocidio fascista!), un manifiesto de exaltación de Franco y del franquismo. ¡Y 43 años después, docenas de miles de honorables republicanos permanecen en las cunetas!

Y en esa recomposición, en esa segunda transición, del edificio monárquico, para que no caiga, participan no solo los vetustos partidos monárquicos, PP (los herederos de Franco, Xose) y PSOE, sino también los novísimos, como el filofascista Ciudadanos (lobo con piel de cordero) y, también, aunque buscando alguna que otra (estéril) reforma, queriéndolo dar una aire “progresista”, eliminando lo más sangrante y reaccionario del régimen, bajo la máxima de Lampedusa, nos encontramos con el ciudadanismo del que te he hablado.

Así están las cosas. Como ves, vuestra lucha de antaño es la nuestra de hogaño.

Es hora de terminar, Xose. Antes de tu muerte escribiste con serenidad y entereza que si llegaba “el último momento y el fascismo nos ejecuta, moriremos orgullosos de nuestra militancia en el PCE (m-l) y en el FRAP, y de haber contribuido a que España se convierta en una República Popular y Federativa”. Yo me quiero despedir de ti con las palabras finales del mensaje de solidaridad que el Comité Permanente del FRAP envió a vuestras familias al día siguiente de vuestra ejecución: “Cerramos filas, fortalecemos nuestra voluntad de combate e incrementamos nuestra lucha hasta alcanzar los ideales por los que ellos han dado sus jóvenes vidas y por los que todos nosotros estamos dispuestos a luchar, sin escatimar ni esfuerzos ni sacrificios, hasta la victoria final”.

¡Por la República Popular y Federativa! ¡Por el socialismo! ¡Hasta la victoria, camarada!