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Julio Calafat

«No hay verdades estériles-habla Juan de Mairena- ni aun siquiera aquellas que se dicen mucho después que pudieron decirse, porque nunca para la verdad es tarde. Lo censurable es que se pretenda confundir y abrumar con la verdad rezagada a quienes acertaron a decirla más oportunamente. Esto encierra una cierta injusticia y, en el fondo, falta de respeto a la verdad» (Antonio Machado).

Sabido es que la Iglesia no sólo abusa de los creyentes, de los verdaderos, incluso de los fariseos e hipócritas que participan en el engaño generalizado. Se sabía que se apoderaban de bienes públicos, de tierras, de fortunas heredadas mediante presiones y amenazas… Y que los gobiernos de este país, con un descaro tremendo participan de una u otra forma en el latrocinio que llevan desde hace siglos los súbditos del Vaticano. Los concordatos con el Vaticano, son un medio más que sirve a esos príncipes de Roma, concordatos que después de la muerte de Franco, se han podido arreglar y rebajar, pero, de nuevo los gobiernos, han dejado las cosas como estaban cuando no las han empeorado. Gracias a uno de esos presidentes de Gobierno, el tal Aznar, la iglesia ha podido «legalizar» sus robos. Ejemplo, la famosa mezquita de Córdoba, obra genial de la cultura árabe, ha pasado a pertenecer a la Iglesia por el precio de 30 euros. Son miles los robos así efectuados. Los registradores de la propiedad han pasado la lista con todo detalle al Gobierno. Resultado, silencio administrativo, creo que lo llaman. «La religión es el opio del pueblo» administrado por los secuaces del jefe de los cuarenta ladrones.

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Isabel Díaz Ayuso, flamante presidenta de Madrid, implicada en la corrupción, levantamiento de bienes (llevados a cabo por su padre para escapar a la justicia), al tratar de explicar esa corruptela se metió en tal embrollo mental, que trató de justificarse con la siguiente frasecita: «las medias verdades son complicadas.» Decía Stefan Zweig: «Una verdad a medias no vale nada, la verdad tiene que ser completa.» Javier Sádaba es categórico: «La verdad si no es entera se convierte en aliada de lo falso». A la presidenta, le conviene tener en cuenta que «es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar toda duda» (Mark Twain).