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Por Jaime | JCE (m-l) Murcia

Se cumplen diez años del asesinato del joven antifascista Carlos Palomino a manos de un militar neonazi en el metro de Madrid, un hecho que conmocionó a todos los antifascistas.

Lamentablemente, diez años después, el panorama no mejora, pues vivimos en un momento en el que las agresiones fascistas se han convertido en un hecho cada vez más habitual y que, en muchos casos, quedan totalmente impunes (como el asesinato de Jimmy a manos de miembros del Frente Atlético, en 2014). No es casual este envalentonamiento de las bandas fascistas, pues la deriva represiva del estado monárquico contra el pueblo de Cataluña, que ha culminado con la aplicación del artículo 155 de la constitución monárquica y la encarcelación de los líderes de ANC y Òmnium, y de los miembros del Govern que seguían en Cataluña, ha dado pie a que estos grupos actúen cada vez más a sus anchas: hay que destacar, en los últimos meses, las agresiones en Valencia y la ''noche de los cristales rotos'' en Barcelona.

Todo esto ha creado una situación en la que el Estado está mostrando cada vez con más claridad su naturaleza fascista, por lo que no podemos desligar de ninguna manera la existencia de estos grupos y bandas de extrema derecha del régimen monárquico del 78, del cual son producto y cuyos intereses defienden. Cabe recordar que detrás del discurso aparentemente ''social'' de estas nuevas (o más bien renovadas) organizaciones fascistas (Hogar Social en Madrid, Lo Nuestro en Murcia, etc.) se encuentran los intereses del capital: la captación de sectores atrasados de la sociedad con el fin de hacer ver como enemigo al inmigrante y no al burgués, la suplantación de la lucha de clases por un cínico y grotesco patrioterismo españolista, etc.

Es por ello que de nada sirve combatir un efecto si no se combate su causa. Y la causa de las agresiones fascistas, como la sufrida hace diez años por nuestro compañero Carlos Palomino, es el régimen monárquico heredero del franquismo. Sólo si combatimos a la monarquía, sólo si luchamos por la unidad de las organizaciones populares y antifascistas por la III República, la victoria será nuestra, pues sólo la República Popular y Federativa puede librar a nuestro pueblo del yugo monarco-fascista.

Diez años después, nosotros no olvidamos.

¡Carlos vive! ¡Ni olvido, ni perdón!