Por P. Recife

Casi todos tenemos un smartphone y en él casi todos estamos conectados a una red como whatsapp, telegram, twitter, o tenemos activado nuestro correo y, además, también tienen activada la geolocalización. Muchos tienen el teléfono que le da la empresa y muchos más tienen entre sus contactos a su jefe. Esta situación ha abocado a que muchos trabajadores ya no tienen horario laboral, están controlados por la empresa: saben dónde están, les llaman en cualquier momento fuera de su jornada laboral y no contestar puede significar el despido.

Es una situación que se repite cada vez con más frecuencia. Has terminado tu jornada laboral y estás haciendo uso de tu tiempo libre pero suena el móvil, a cualquier hora, con un mensaje de tu jefe: que quiere saber tal o cuál dato, que se le ha olvidado preguntarte algo, que ya que estás en la ciudad a ver si puedes acercarte para resolver este o aquel problema, que si mandaste los emails a Fulano o Zutano u otras muchas excusas más por las que puede truncarte una jornada de ocio personal, de diario o de fin de semana, que se transforma en laboral ipso facto.


Las empresas hoy en día pueden saber si has leído un mensaje (la tecnología lo refleja de múltiples modos, como en whatsapp con el doble tick azul o acusando recibo en un email) creando una dependencia a la empresa y un stress adicional al trabajador.
Tras la crisis las empresas han optado por ceder menos móviles propios a sus asalariados y hacen uso, cada vez más, de los móviles particulares de sus trabajadores. Con ello, ahorran comprar móviles y pagar líneas y evitan que se apague el terminal cuando se acaba la jornada de trabajo ya que nadie apaga su teléfono particular para evitar a la empresa.
La presencia de los móviles que ha logrado que sea muy rápido y sencillo contactarnos, ha hecho que la vida laboral y de ocio se entremezclen en una clara invasión a nuestra intimidad y derechos laborales. No hablamos del teletrabajo, eso es otra situación muy distinta. Tambien ha cambiado nuestros hábitos, según estudios miramos unas cien veces el móvil al día y eso hace que nos impida abstraernos del trabajo. Algunos datos: un tercio de los trabajadores españoles son incapaces de desconectar durante sus vacaciones, un 39% está conectado por iniciativa propia y un 56% admite que su empresa espera que esté disponible por teléfono o correo electrónico en sus horas de ocio.
Derecho a la desconexión
Esta clara violación de los derechos laborales adquiridos está sobre la mesa. Francia en su última reforma laboral ya ha incluido ese derecho “a la desconexión” de tal modo que las empresas plantillas de cincuenta o más trabajadores deben negociar con su plantilla en qué horas los obreros tienen derecho a no a ser molestados y a apagar el móvil. La medida no es nueva ya hay grandes multinacionales que bloquean el acceso al correo en los teléfonos cuando los obreros terminan su jornada en las fábricas.
En España el Gobierno y los partidos representados en el Congreso han entrado al trapo y todos dicen estar dispuestos a regularlo sin embargo ya van poniendo peras al olmo cuando afirman que “dependiendo del sector y del tamaño de la empresa” o tomar medidas que permitan más flexibilidad en el trabajo como un banco de horas y, por su parte, la patronal ya ha puesto el grito en el cielo diciendo que hay sectores dónde no es posible la desconexión.
Los sindicatos estiman que legislar esto sería positivo pero que “tiene que hacerse en la negociación colectiva, porque depende de los sectores” y añaden “ya existen unos derechos laborales recogidos en el Estatuto de los Trabajadores, pero también existen una precariedad, y eso presiona a cualquier trabajador a tirar sus condiciones para abajo”. Es decir, en España sí tenemos una legislación laboral en la que los trabajadores pactan con sus empresas las horas laborales y fuera de ellas no tienen ninguna obligación para con la empresa pero la precariedad laboral y las medidas tomadas con la reforma laboral hacen que los trabajadores estén en un estado de indefensión al tener la espada de Damocles de verse represaliados o despedidos (aunque sería un despido improcedente) si hacen caso omiso a esa intromisión en su ocio ya que la situación sería que el trabajador se quedaría en la calle sin cobrar nada mientras que la empresa cubriría su puesto rápidamente.
Obviamente las empresas están en su derecho en entregar un móvil a sus empleados para su uso laboral, lo que ya no puede hacer es obligar a que el empleado se lleve el terminal a su casa. Sin embargo eso se ha impuesto. Como se ha impuesto, si no te dan un terminal, te añadan, sin tú pedirlo, al grupo de whatsapp de la empresa. Pero a la clase trabajadora nos tiene que quedar claro que es una meridiana violación de nuestros derechos laborales ya que no tenemos ninguna obligación de trabajar fuera de nuestro horario laboral, ni a distancia ni presencialmente.
Por ello, mientras hacen o no una ley que regule este tema, la clase obrera debe hacer fuerza para no permitir que la empresa le quite sus horas personales negándose a contestar sus mensajes o ser obligado a ello. No está de más recordar que sindicalistas anarquistas fueron ejecutados en Estados Unidos por participar en las jornadas de lucha por la consecución de la jornada laboral de ocho horas, que tuvieron su origen en la huelga iniciada el 1 de mayo de 1886 y su punto álgido tres días más tarde, el 4 de mayo, en la Revuelta de Haymarket. Por aquellos héroes y su sangre derramada por los derechos de la clase obrera no permitamos este retroceso en lo que nos corresponde.